El día 18 de abril de 2013, a los 85 años de edad, falleció en el hospital Reina Sofía de Tudela, Navarra, España, Fr. PEDRO FERNÁNDEZ GARCÍA, a consecuencia de una caída.
Fr. Pedro nació en Tudelilla, La Rioja, España, el día 3 de diciembre de 1927. Tras hacer los estudios primarios en su pueblo natal, ingresó en Lodosa, Navarra, el año 1941 para cursar los estudios secundarios, que completó en 1944.
Realizó a continuación el año de noviciado en Monteagudo, Navarra, profesando el 29 de septiembre de 1945. Cursó la filosofía en Monteagudo (1945-1948). Los estudios de teología los inició en Marcilla, Navarra (1948-1949), donde hizo la profesión solemne el 30 de enero de 1949. Continuó sus estudios en la Universidad Pontificia de Comillas, Santander, y allí fue ordenado sacerdote el 13 de julio de 1952 por Monseñor MARIANO VEGA.
Obtuvo la licenciatura en teología en Comillas (1953) y la diplomatura en espiritualidad en el Angelicum de Roma (1954). La primera parte de su vida la dedicó, fundamentalmente, a la formación: su primer destino fue Fuenterrabía, Guipúzcoa (1954-1957), como prefecto de los seminaristas, cargo que desempeñó también en Lodosa (1957-1958); fue durante tres meses vicemaestro de profesos en Marcilla y, a continuación, profesor en Salamanca (1958-1959) y en Lodosa (1959-1964); viceprior de Santa Rita, Madrid (1964-1967) y de Sistina en Roma (1967-1968); prior de Tre Pini-Spinaceto (1968-1970), de Sistina (1970-1973) y del teologado de Marcilla (1973-1976).
La segunda parte de su vida se dedicó más intensamente a la pastoral, como párroco de Monteagudo (1976 1988), colaborador en Lodosa (1988-1990) y capellán de las monjas agustinas recoletas de Somió, Gijón (1990-2007), adscrito a la parroquia de Somió. Los últimos seis años, desde agosto del año 2007 hasta su muerte, residió en Monteagudo. Fr. Pedro fue, durante su larga vida, un religioso ejemplar, bondadoso y alegre, que no faltaba nunca a un acto de comunidad y disfrutaba mucho de la compañía de los hermanos. Siempre observante, fue modelo en el cumplimiento de sus obligacio nes y responsabilidades, fiel a los compromisos de su vida religiosa y entregado en su labor sacerdotal. Su amor a la Orden se plasmó en sus más de veinte años dedica do a la formación con fidelidad y entusiasmo. Su amor a la Iglesia quedó patente en sus treinta años de dedicación al servicio pastoral. En sus últimos años en Monteagudo, fue apóstol de la misericordia y del perdón para muchos sacerdotes y fieles de la comarca. Gran devoto de San Ezequiel Moreno, diariamente celebraba la Misa por los enfermos en la capilla del santo, muy cerca de la imagen de la Virgen del Camino, a la que tanto quería. Que el Padre de la Misericordia conceda a Fr. Pedro gozar de su Vida, de su Paz y de su Amor eternamente. Que la Virgen y los santos de la Orden intercedan por él, y a nosotros nos ayuden a vivir con renovada esperanza de Pascua.

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