domingo, 20 de septiembre de 2026

"Los últimos serán primeros". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La lógica de la justicia humana se rompe ante el abismo de la misericordia divina. En este Domingo XXV del Tiempo Ordinario, la liturgia nos sumerge en una profunda crisis de criterios. Nos confronta con una verdad incómoda para nuestro ego, pero liberadora para nuestra alma: Dios no lleva las cuentas como nosotros. Su amor no se merece, se recibe; su gracia no se negocia, se acoge.

El profeta Isaías nos prepara el terreno con una declaración tajante que derriba cualquier intento de domesticar a Dios: «Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos». Vivimos atrapados en la mentalidad del cálculo, de la recompensa inmediata y del mérito estricto. Pensamos que si hacemos las cosas bien, Dios "nos debe" algo; y si otros actúan mal, Dios "debe" castigarlos. Isaías rompe ese molde. Nos recuerda que la distancia entre nuestra lógica mercantilista y la justicia divina es tan inmensa como la que separa el cielo de la tierra. Sin embargo, esta distancia no es un alejamiento físico, porque el mismo texto nos urge: «Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca». Dios está cerca, pero su cercanía es de una naturaleza distinta: es rico en perdón. El camino de Dios es el de la misericordia persistente, una que no se cansa de esperar al pecador para restaurarlo, desbaratando nuestras estrechas expectativas humanas.

San Pablo, escribiendo desde la prisión a los cristianos de Filipo, encarna de forma perfecta lo que significa asumir los "caminos de Dios" por encima de los criterios del mundo. El Apóstol se encuentra en un dilema existencial conmovedor: se debate entre el deseo de partir para estar definitivamente con Cristo o permanecer en este mundo para seguir sirviendo a las comunidades. Para Pablo, la vida ya no se mide bajo los parámetros del éxito humano, la comodidad o la autopreservación. Pronuncia una de las frases más audaces del Nuevo Testamento: «Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir». Cuando Cristo se convierte en el centro absoluto de la existencia, la lógica del miedo al futuro o de la competencia desaparece. Lo único que importa es que Cristo sea glorificado. Por eso, concluye con una exhortación que nos interpela hoy a todos: «Llevad una vida digna del Evangelio de Cristo». Una vida digna del Evangelio es aquella que renuncia al egoísmo y se gasta por los demás, confiando plenamente en el salario de la vida eterna.

El centro de la liturgia de la Palabra llega con la parábola de los jornaleros de la viña. Un propietario sale a distintas horas del día —a primera hora, a media mañana, a mediodía, a media tarde e incluso a las cinco de la tarde— a contratar trabajadores. Al final de la jornada, decide pagar a todos exactamente lo mismo: un denario; aquí estalla el conflicto. Los que trabajaron doce horas bajo el sol abrasador, protestan. Esperaban recibir -en la lógica humana- más. Su queja nos parece instintivamente justa. Sin embargo, el propietario no comete ninguna injusticia con ellos: les paga lo acordado. Lo que despierta la ira de los primeros no es la falta de justicia, sino el exceso de bondad hacia los últimos. «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?», pregunta el señor. Esta parábola desvela tres grandes verdades espirituales. En primer lugar, que la viña es pura gracia. Nadie tiene el derecho originario de estar en la viña; es el dueño quien sale activamente a buscarnos y nos rescata de la plaza del desempleo y de la falta de sentido.

En segundo lugar, que el denario -como diría San Agustín- es la vida eterna, representa la salvación y la plenitud del amor de Dios. El amor de Dios no se puede fragmentar, no se puede dar "medio denario" de salvación. O se recibe entero o no se recibe. Los que llegaron al final necesitaban el denario completo para alimentar a sus familias tanto como los primeros. Y en tercer lugar, está el peligro de la mentalidad de "hijo mayor". Los primeros trabajadores miran a los últimos con ojos de sospecha y superioridad. A menudo, quienes llevamos años en la Iglesia corremos el riesgo de mirar con recelo al que se convierte al final de su vida, al que regresa herido o al que empieza tarde. Nos creemos con más derechos frente a Dios. El Evangelio nos advierte contra la envidia espiritual. El mensaje de este domingo es una invitación urgente a convertir nuestra mirada. Dios no es un comerciante; es un Padre infinitamente generoso. Y como nos ha recordado el salmo, "Cerca está de los que lo invocan"...

Evangelio Domingo XXV del Tiempo Ordinario



Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña».
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Palabra del Señor

La bandera de la Perdonanza. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

El alpinista se encaramaba esta vez no en una pared de roca, sino en una torre catedralicia por cuya esbeltez subía haciendo largos con su cuerda, mientras aseguraba el arnés a los mosquetones que le protegían. Era todo un espectáculo contemplar tamaña ascensión. El cielo azul de Oviedo hacía de telón de fondo que permitía resaltar la enorme filigrana de la torre campanario mientras se movía con decisión hacia arriba el insólito escalador. No se trataba de un acróbata furtivo que, de pronto, había encontrado una nueva vía de escalada en el corazón de la ciudad. Tampoco era un funambulista caprichoso que de esa manera reclamaba la atención. Era eso, un año más: el alpinista de la Perdonanza. No llevaba más mochila que una bandera, y pareciera que el gran torreón de la Sancta Ovetensis, como se conoce a la catedral asturiana, se tornaba por unos instantes en un mástil especial en el que izar una especial enseña.

Cada año, llegando este mediado septiembre, tiene lugar en nuestra iglesia madre diocesana un octavario especial que se conoce con ese nombre de la Perdonanza. Al comienzo y al final de esos ocho días se muestra la más importante reliquia que se custodia en la Cámara Santa: el Santo Sudario que envolvió la cabeza de Jesús al bajarlo de la cruz y ser trasladado al sepulcro. El evangelio de Juan da noticia de ello. De modo que el día 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando comienza el octavario, tiene inicio esta mirada piadosa de la cruz del Señor y del Santo Sudario, que volverá a ser contemplado el día 21, en la festividad de San Mateo, evangelista y apóstol. Dos fechas que enmarcan un relato que acerca a los corazones la gracia de su bálsamo.

La bandera de la Perdonanza es un dulce reclamo. Nuestra vida puede tener tropiezos y caídas, puede experimentar el acoso y derribo, la confusión y las contradicciones varias con las que deambulamos entre los desgarros y los sobresaltos de toda índole. Pero sabemos que la última palabra no le corresponde al miedo que nos asusta, ni a las heridas que nos desangran, ni a los pecados que nos oscurecen el alma y nos extravían la mirada. La última palabra se la reserva siempre Dios, tras todas nuestras torpes penúltimas palabras deudoras de nuestra humana condición.

Esto es lo que celebramos durante ocho días, justo cuando comenzamos el curso escolar y el curso pastoral mientras calentamos motores para adentrarnos en un nuevo año donde el Señor volverá a sorprendernos con su amable paciencia capaz de provocar nuestra atención y difuminar nuestras distracciones y cansancios. Y es que verdaderamente todos tenemos la necesidad imperiosa de sabernos perdonados sacudiendo la impostura de cuanto nos aísla en soledad, lo que nos señala acusador y excluyéndonos nos desprecia.

La Perdonanza es un canto que sólo Dios entona con todos los registros del pentagrama de su divino Corazón con su música y letra. Tiene versos de ternura y besos de misericordia en cada una de sus estrofas. Sabe otear cada mañana nuestro deseado regreso tras las aventuras pródigas que nos perdieron en caminos sin meta a ninguna parte, que nos fueron alejando de la verdad, de la bondad y la belleza que siempre nos muestran la gracia que perdimos o que ni siquiera hemos podido propiamente estrenar. En ese abrazo renacemos, cuando pidiendo perdón y confesando nuestras faltas y pecados, recibimos inmerecidamente la alegría de una paz que nos llena de gratitud y nos reconcilia todas las costuras del alma. Esta es la bandera que más necesitamos, cuando en el cielo de la vida se mimbrea con aires de esperanza. Bendita torre catedralicia que nos muestra a toda la ciudad la enseña que pone luz en nuestros ojos con ese abrazo perdonador que nunca nos defrauda. ¡Qué hermosa es la bandera de la Perdonanza!

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 19 de septiembre de 2026

Abierto el plazo de inscripción en los cursos del Instituto San Juan Pablo II

(Iglesia de Asturias) El Instituto de Teología y Pastoral San Juan Pablo II inicia el curso con una nueva oferta formativa, un año más. Son numerosas las peticiones que se hacen en la diócesis para poder recibir formación a lo largo del curso y, para responder a esta demanda, el Instituto propone todo un programa dividido en secciones.

«Es el instrumento que tenemos en la diócesis para la formación, para conocer y profundizar en los fundamentos teológicos, pastorales, de la fe cristiana y sobre todo su misión evangelizadora», comenta su responsable, D. David Cuenca. «Los cursos se plantean –explica– divididos en secciones y dirigidos, sobre todo, a laicos, pero también religiosos, diáconos y sacerdotes que quieran renovar su formación. También tenemos una sección dedicada a los sacerdotes con la formación permanente».

Para seleccionar los temas que cada año se proponen, en el Instituto se guían por la demanda de los propios laicos. Las secciones son por tanto muy variadas: Teología, Liturgia, Sagrada Escritura, Moral Social, Jurídica, Cultura y Arte o Enseñanza. «Este año la novedad es la sección de Cultura y Arte, y es que queremos abarcar diferentes ámbitos del conocimiento, allí donde la fe tiene algo que decir», describe Cuenca. «Destacaría también el Curso básico de Cristianismo, sobre el sentido religioso, impartido por D. Manuel Alonso Martín, los viernes en el Seminario. Es un curso muy interesante porque puede acceder todo el mundo y está pensado especialmente para gente joven procedente de movimientos o grupos, que quiera profundizar en la fe y adquirir cierto nivel en ese sentido». «También hay una sección de Liturgia, sobre «Los ministros extraordinarios de la comunión» es decir, aquellos que colaboran para llevar la comunión a los enfermos o ayudar en la Santa Misa», concreta.

Son cursos, por lo general, aptos para cualquier persona mayor de edad y para los cuales no es necesario tener un nivel de conocimientos previo, a excepción de la Sección Jurídica, pensada para profesionales del mundo del Derecho, donde van a poder profundizar sobre las Nulidades Matrimoniales.

La sede en la que por lo general se imparten los cursos es el Seminario Metropolitano, aunque excepcionalmente se imparten otros en distintos lugares, como sucederá este año con uno de los dos que imparte el sacerdote y profesor D. Constantino Bada, «La Biblia desenterrada. Curso de historia y arqueología», que será en la Escuela Bíblica de la Basílica de San Juan El Real de Oviedo. El otro del mismo profesor, «Tras las huellas de Pablo: geografía de un alma y una misión», se desarrollará, como el resto, en el Seminario.


viernes, 18 de septiembre de 2026

Carta del Párroco ante el inicio del nuevo curso pastoral

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Al iniciar este nuevo curso pastoral [2026-2027] en nuestra Unidad Pastoral de San Félix de Lugones y Santa María de Viella, deseo dirigirme a todos vosotros con un corazón lleno de gratitud y una profunda esperanza. Tras el descanso veraniego -que espero os haya permitido renovar las fuerzas del cuerpo y del espíritu- el Señor nos regala un nuevo año como un don precioso para seguir tejiendo la fe, fortaleciendo nuestra vida comunitaria y respondiendo con valentía a nuestra cristiana vocación evangelizadora. Comenzar un curso no es simplemente reanudar un calendario de actividades o reabrir despachos. Es, ante todo, un acto de fe. Supone ponernos de nuevo juntos en camino, dóciles a la acción del Espíritu Santo, sabiendo que Cristo es el centro de nuestra vida y el motor de cada uno de nuestros proyectos.

Para este año que se abre ante nosotros, os propongo centrar nuestra mirada y nuestros esfuerzos en cuatro grandes prioridades:

Una comunidad que celebra y reza: El Corazón en la Eucaristía

No podemos dar frutos hacia fuera si no cuidamos nuestra vida interior. La Santa Misa dominical y los momentos de adoración comunitaria deben seguir siendo la fuente de la que brote todo nuestro dinamismo. Os invito a redescubrir la belleza de la liturgia, a cuidar el silencio interior y a participar activamente en los sacramentos. Sin la oración, nuestras tareas parroquiales corren el riesgo de convertirse en meras rutinas y burocracia.

Una comunidad que acompaña y forma: La Iniciación Cristiana y la Catequesis

Nuestros niños, jóvenes y adultos necesitan encontrar en la Parroquia un espacio de maduración en la fe. Agradezco de corazón el desinteresado servicio de nuestras catequistas, verdaderas servidoras de la alegría de creer. Este curso queremos dar un impulso renovado a la formación integral. No buscamos sólo transmitir contenidos, sino propiciar un encuentro vivo con Jesucristo. Invito de manera especial a los padres de familia a asumir su papel insustituible como los primeros transmisores de la fe en el hogar.

Una comunidad con los brazos abiertos: La Conversión Pastoral 

Siguiendo las orientaciones del Papa León XIV, estamos convocados a ser una Iglesia «llamada a escuchar y servir al mundo de nuestro tiempo». La parroquia no puede ser un club cerrado para unos pocos; debe ser una casa de puertas abiertas, sin juicios ni prejuicios, donde cualquier persona que se acerque —especialmente los más alejados o heridos por la vida— sientan la acogida, la escuchada y el cariño. Debemos aprender a trabajar más en comunión, integrando la riqueza y variedad de todos los carismas, movimientos y realidades, presentes en nuestra feligresía.

Una comunidad que sirve con amor: La Caridad como Testimonio

El rostro más creíble de nuestra fe es el amor fraterno. A través de Cáritas Parroquial y de tantas iniciativas de voluntariado, estamos llamados a ser el consuelo de Dios para quienes experimentan la soledad, la precariedad económica o la falta de rumbo u horizonte. Os pido que mantengamos los ojos muy abiertos para detectar las nuevas pobrezas de nuestro tiempo y responder a ellas con generosidad y ternura.

Queridos feligreses, el reto es hermoso y nos supera, pero no caminamos solos. Contamos con la gracia del buen Dios y con el esfuerzo corresponsable de cada uno de vosotros. Todos somos necesarios en esta gran familia parroquial: los enfermos que sostienen la misión con su oración sufriente, los ancianos con su sabiduría, los jóvenes con su entusiasmo y natural espontaneidad, y los adultos con su compromiso diario.

En los próximos días se irán publicando los anuncios de inicio de cada actividad, grupo y realidad de la Parroquia. Os animo a involucraros y participar a los que nunca se hayan animado a ello. 

Encomiendo este curso pastoral a la intercesión de nuestra Madre, la Virgen María, bajo su advocación de Nuestra Señora de Covadonga, cuya solemnidad siempre marca el final del verano y el inicio del nuevo curso en nuestra Tierra. Que Ella, que siempre supo escuchar la Palabra y ponerla en práctica, nos guíe, nos cuide y nos enseñe a caminar con alegría.

Os deseo a todos un feliz, santo y fecundo inicio de curso pastoral.

Joaquín, párroco

Novena y Fiesta del Cristo de las Cadenas

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Necrológica



Falleció el religioso P. Pedro López López O.P.

Nacido en Mataporquera (Cantabria)

Fue profesor de latín, griego, inglés y francés en los Colegios de Santo Domingo de Guzmán de los PP Dominicos y en el Colegio Dulce Nombre de Jesús de las Dominicas de la Anunciata

Ejerció de Capellán de las Dominicas de la Anunciata

Ha fallecido en la Enfermería de La Virgen del Camino (León) en la mañana del lunes 31 de agosto a la edad de 95 años.

D. E. P.

Su cadáver fue incinerado. Este viernes día 18 de septiembre se celebrará el funeral por su eterno descanso en la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Oviedo a las 12'00 horas.

''Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia'' (Sal 117)