(Infovaticana) La Sociedad Misionera de Cristo Rey ha confirmado el fallecimiento del P. Antonio Turú Rofes, mCR, su Superior General. La noticia, comunicada por los Padres, Hermanas y Hermanos de la Congregación, viene acompañada de la petición fraterna de oraciones y sufragios por su alma. En las próximas horas se dará a conocer el lugar y horario de la capilla ardiente y de la Misa exequial.
Se va un sacerdote de la vieja escuela: de aquellos que entendieron el ministerio como una entrega sin reservas y sin condiciones, y que hicieron de la fidelidad a la Iglesia y del amor a la Virgen María el itinerario silencioso de toda una vida.
Cuarenta y dos años de sacerdocio
Ordenado presbítero en 1980 por Mons. José Guerra Campos, entonces obispo de Cuenca —una de las figuras episcopales más insignes—, el P. Turú desarrolló durante seis años su ministerio en los pueblos de la diócesis conquense. Fueron años de parroquia rural, de catequesis y de proximidad pastoral, en una España todavía marcada por la transición eclesial.
En 1986 recibió un nuevo destino que sería ya definitivo: el Colegio del Corazón Inmaculado de María, en Sentmenat (Barcelona), casa madre de la Sociedad Misionera de Cristo Rey y lugar donde reposan los restos de su fundador, el P. José María Alba Cereceda, SJ. Allí, a la sombra del carisma fundacional, transcurrió la mayor parte de su vida sacerdotal y desde allí condujo, ya como Superior General, los destinos de la Congregación.
Una espiritualidad sin retórica
El propio P. Turú había dejado escrito, al cumplir los cuarenta y dos años de sacerdocio, que «no cambiaría ninguno», porque en cada uno había podido aprender algo que le acercase más al Señor, que le hiciese desear la vida eterna y reavivar su entrega. Una confesión sencilla, sin retórica, que dice más de un sacerdote que muchas biografías oficiales.
El Señor y la Santísima Virgen, decía, eran sus dos pilares: en ellos encontraba refugio, seguridad y consuelo, y de ellos obtenía la fuerza para perseverar —son sus palabras— «en la lucha por ser santo». Pocas veces se oye ya hablar así en la Iglesia de hoy, y conviene escucharlo precisamente ahora.
La Sociedad Misionera de Cristo Rey
Fundada por el jesuita P. José María Alba Cereceda, la Sociedad Misionera de Cristo Rey forma parte de ese tejido de congregaciones de raíz hispana que, sin grandes focos mediáticos, han sostenido durante décadas la educación católica, la vida parroquial y la misión ad gentes.
Exequias
La Sociedad Misionera informará en las próximas horas del lugar y el momento en que quedará instalada la capilla ardiente, así como del día y la hora de la Misa exequial. Sus hermanos en la vida consagrada piden a los lectores que eleven a Dios oraciones y sufragios por el alma del P. Turú.
Descanse en paz.
Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua.






