sábado, 30 de mayo de 2026

La encíclica "Magnifica humanitas": Dos amores, dos ciudades. Por Guillermo Juan Morado

(La Puerta de Damasco) En su obra “La ciudad de Dios” san Agustín elabora una visión teológica de la historia universal. Esta es contemplada como un drama en el que luchan dos amores que fundaron dos ciudades: “el amor propio hasta el desprecio de Dios” fundó la ciudad terrena y “el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio”, la ciudad celestial.

Este drama es evocado por el papa León XIV en su encíclica “Magnifica humanitas”, que trata sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, para distinguir entre un progreso que sirve a la persona y a los pueblos y un progreso que los doblega a la lógica del poder.

La imagen de los dos amores y de las dos ciudades recuerda la diferencia que la Biblia establece entre la construcción de Babel, un proyecto que surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia y que deriva en confusión y desencuentro, y la reconstrucción de Jerusalén narrada por Nehemías, que es el efecto de la responsabilidad compartida de todo un pueblo, reconociendo la centralidad de Dios y generando comunión.

Si se impone en la sociedad el llamado “paradigma tecnocrático”, que privilegia sobre cualquier otra consideración la eficiencia, el control y el lucro, peligra lo humano, ya que lo más poderoso no significa necesariamente lo mejor. Para establecer un equilibrio entre técnica y dominio se hace preciso proteger el primado de la persona, rompiendo la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Lo cual, como explica el Papa, “no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano”, desarmándola y haciéndola acogedora.

Las opciones transhumanistas, que apuestan por una humanidad potenciada por la técnica, y posthumanistas, partidarias de la hibridación del hombre con la máquina, pueden abocar a la pérdida de lo humano. Y en la entraña de lo humano se encuentra también la contingencia, la finitud y el límite: “La finitud – observa León XIV -, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro”. Precisamente porque experimenta el límite – la vulnerabilidad, el dolor, el fracaso -, puede el hombre reconocer la dignidad propia y ajena como inviolable y abrirse a la fraternidad.

El auténtico desafío consiste en “hacer que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón”. El hombre tiene la potencialidad de ir “más allá de lo humano”, pero esta elevación que, como decía Santo Tomás de Aquino, “sobrepasa la capacidad de la naturaleza humana” no es el resultado de una divinización tecnológica, sino el fruto de la acción de la gracia de Dios, que hace posible una relación que libera, una comunión que transforma y una trascendencia que nos hace más plenamente humanos. En Jesucristo la humanidad encuentra el camino que conduce a esa plenitud.

viernes, 29 de mayo de 2026

La Jornada Pro Orantibus pregunta «¿Por quién eres?»

(C.E.E.) La Iglesia celebra el domingo 31 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, la Jornada Pro Orantibus, que este año lleva por lema: «Vida contemplativa: ¿por quién eres?» Los materiales de esta Jornada han sido preparados por la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. 

Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada indican que en España celebra cada año la Jornada Pro Orantibus como una ocasión privilegiada para hacer visible, agradecer y sostener la vida contemplativa presente en nuestras diócesis. En este 2026, el lema «Vida contemplativa, ¿por quién eres?» sitúa ante una pregunta fundamental, capaz de iluminar, a través de la vocación contemplativa, la vida cristiana en su conjunto.

En su mensaje los obispos recuerdan que en un tiempo y contexto cultural marcados por la prisa, la dispersión interior y la tentación de medir la vida desde la eficacia inmediata, junto con una sed de espiritualidad a muchos niveles, «la vida contemplativa recuerda a toda la Iglesia que la pregunta decisiva no es solo qué podemos hacer y esperar, sino también, y sobre todo, por quién somos, vivimos yactuamos, por quién alzamos la mirada».

Además, subrayan la importancia de una existencia dedicada a la contemplación, que proclama, con la entrega de la vida, que «Dios es digno de ser buscado y amado por sí mismo y que situar la vida ante él representa por sí solo un servicio profundo y silencioso, tanto a la Iglesia como al conjunto de una humanidad muchas veces perdida en trincheras de odio y destrucción. Un servicio y una misión que la Iglesia y los hombres y mujeres de todos los tiempos necesitan».

En los materiales también se incluyen testimonios de vida contemplativa, donde dan a conocer su vida dedicada a Dios y puesta al servicio del mundo.

Homilía del Sr. Arzobispo en las Bodas de Oro y Plata Sacerdotales 2026

En nuestro calendario diocesano hay algunas fechas de marcado sabor sacerdotal, cuando al hilo de una fiesta importante de Jesucristo como Sumo y Eterno Sacerdote, como nuestro entrañable Buen Pastor, nos juntamos en su efeméride para dar gracias por los hermanos que celebrar su cumpleaños ministerial con los veinticinco o cincuenta años de andadura como presbíteros.

Lo hemos pedido en la oración colecta: “concede a quienes Él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles”. Cada uno de nosotros sabe bien cómo fue la antesala de aquel día hace ya esos veinticinco o cincuenta años. Larga preparación en nuestros centros formativos donde fuimos leyendo entre líneas el futuro añorado que nos aguardaba como respuesta a la llamada recibida. Cuestiones filosóficas, argumentos teológicos, oraciones litúrgicas, nos fueron acompañando mientras nosotros crecíamos viendo caer las hojas de nuestro almanaque vocacionado.

Y entonces se dieron los sobresaltos previstos en cualquier itinerario serio en lo humano y lo cristiano: momentos de euforia contenida cuando se fue verificando sin alharacas extrañas que Jesús puso nuestro nombre en sus labios y nos dijo aquel inolvidable ¡ven!; momentos de incertidumbre humillada cuando las sombras de las dudas también nos acorralaron más de una vez. Pero fuimos sorteando los vaivenes, abajando los humos cuando nos veníamos demasiado para arriba u ofreciendo las manos cuando el ofertorio se nos tornaba en cansancio y desazón.

¡Cuanta gente buena Dios cruzó en nuestro camino para no plegarnos en nuestra respuesta al Señor! Ahí están personas de nuestro entorno familiar, del círculo de nuestros amigos, compañeros de fatiga y de ilusión, formadores, profesores, religiosas, párrocos. Por todos ellos damos gracias hoy, ya nos estén acompañando en esta celebración o ya estén donde Dios los haya situado si con la hermana muerte los llamó. Por todos damos sentidamente gracias al Señor.

El relato del sacrificio de Isaac que hemos escuchado en la primera lectura, siempre conmovedor, no es una macabra descripción de las entretelas secretas de un implacable Dios, sino la gran lección que el Señor hace con sus hijos cuando se trata de educarlos pedagógicamente en el teresiano “bastar, bastar… sólo basta Dios”. No quería el Señor reírse de un Abrahán asustado y confundido al comprobar que lo prometido solemnemente era quimera sin solución. Sino que trataba de enseñarle dónde está el quicio de una pertenencia del propio corazón con sus proyectos y ensueños que no deben jamás rivalizar con los dones de Dios. No quería arrebatarle al hijo de la promesa pidiendo absurdamente que lo sacrificase como un cordero de inmolación, sino que jamás se apropiase de ese regalo y más bien siempre lo mirase con la gratitud agradecida de quien inmerecidamente recibe tamaño don.

En nuestro ministerio sacerdotal hemos recibido promesas que no queremos apropiarnos, que sabemos agradecer o ofrecer desde nuestra leal disponibilidad para lo que quiera Dios. Sin regateos, sin condiciones, sin negociar con el Señor nuestros cálculos, calendarios e intereses. Responder a Dios el “aquí estoy” como hizo Abrahán, es tener la conciencia clara de que no hay doblez en nuestros entrecejos, no hay trampas en nuestras decisiones, no hay alternativas en nuestros vericuetos… que no las sepa como nadie el mismo Dios. Por este motivo también nosotros podemos decir como Abrahán poniendo nombre a nuestro momento: “el Señor ve”, sí, el Señor ve, sin trampa ni cartón. Ser peregrinos de la voluntad de Dios ofreciendo nuestra disponibilidad firme y sincera con el paso de los años, y no atrincherarnos como turistas de nuestros caprichos e intereses abaratando el sí que dimos en nuestra ordenación sacerdotal.

No estamos ante un cumpleaños más de una efeméride cualquiera, pero tampoco le queremos conceder un valor mágico a las bodas de oro o de plata, porque todos tenemos experiencia que la vida no cambia por llegar estas fechas redondas. Y, sin embargo, no las queremos dejar pasar. Por eso hacemos fiesta, por eso damos gracias, con este motivo pedimos gracia también. Serían las tres actitudes que enmarcan nuestra celebración sacerdotal. Hacer fiesta en primer lugar en este día especial de Cristo Sacerdote. Miramos al Señor como al único y sumo sacerdote, que nos ha llamado a ser prolongación suya poniendo nuestras manos ungidas, nuestros labios consagrados, nuestro corazón e inteligencia ofrecidos, al servicio de la gracia redentora de la que somos ministros. Sí, hacemos fiesta como merece el caso, y ponemos en la patena del altar nada menos que cincuenta o veinticinco años de ministerio, mientras nos disponemos a abrazar fraternamente a estos hermanos que han vivido todo este tiempo amando a Dios, sirviendo a la Iglesia, en el ministerio concreto hacia las personas que se les iba confiando como sacerdotes.

Tenemos a los hermanos dorados que en aquel año 1976 fueron ordenados: Amador Joaquín Galán Caso, Luis Miguel Menes Álvarez, Alberto Reigada Campoamor, Alejandro Rodriguez Catalina y Arturo Muiño Fonticoba. Los cuatro primeros de nuestro presbiterio diocesano con distintas encomiendas en nuestras parroquias y comunidades o en la experiencia misionera plural en África y Centroeuropa, y con responsabilidades varias en la marcha de nuestra vida diocesana. El último, P. Arturo, misionero claretiano entregado a la educación y docencia de la historia, esa de la que formamos parte y seguimos escribiendo cada día.

Vienen luego los hermanos argénteos que recibieron el mismo ministerio cuando se les impuso las manos en el año 2001: Pedro Miguel López Muñoz, originario de Ibiza y que se acaba de integrar en nuestra Archidiócesis. Le felicitamos y le damos oficialmente la bienvenida tras unos años de convivencia entre nosotros. Después tenemos al P. José María Rguez. Olaizola, un ovetense que como jesuita ha recorrido tantos mundos desde la sociología y la espiritualidad y desde hace meses está destinado a las obras que la Compañía tiene en Asturias. Que seas profeta en tu tierra. Finalmente, el P. José Manuel Sueiro Expósito, también misionero claretiano que ha combinado su labor en los colegios de su Congregación con la colaboración pastoral en las parroquias por las que ha pasado.

Dorados y argénteos, como verdaderos regalos preciosos para la vida de nuestra comunidad diocesana. Hubo un punto de inflexión en aquellos años tardíos del fin de siglo que con un reajuste académico nos quedamos con un curso en blanco y vacío, motivo por el cual entre los de las bodas de plata no hay ninguno formado en nuestro Seminario Metropolitano.

El domingo tuvimos la inmensa alegría de ordenar 7 presbíteros y 4 diáconos. Algunos están hoy aquí concelebrando con nosotros. Termino recordando lo que entonces les dije al final de la misa, y que pensando en todos vosotros lo comparto también como discreto y cariñoso mensaje de ánimo y agradecimiento por vuestra entrega:

Vuestro ministerio irá contracorriente y apareceréis ante tantos como signo de contradicción amable y profética, capaz de anunciar la esperanza que nos salva y bendice, denunciando los desmanes malditos que nos desesperan. Os aseguro que no lo tendréis fácil, pero vuestras vidas entregadas abrirán caminos que tienen meta, y curarán heridas que otros desangran, derramaréis el agua bautismal a los nuevos cristianos que se inician con fe en los senderos de las bienaventuranzas. Podréis perdonar los pecados que nos enfrentan con los hermanos y nos extravían de Dios, y pondréis el bálsamo de la unción a los enfermos y ancianos que rematan sus vidas en la confianza. Acercaréis el pan tierno del Cuerpo de Cristo que quita las hambres y escanciaréis el vino convertido en la Sangre de Jesús que nos llena de santa alegría. Como diáconos o como presbíteros esta será vuestra vivencia cotidiana según vuestro ministerio en la Iglesia.

Queridos hermanos sacerdotes, esta fiesta nos recuerda en el prefacio de la misa que Jesús con amor de hermano nos ha llamado. Damos gracias al Señor por este inmenso regalo de unir nuestro nombre, nuestra biografía, nuestro tiempo e inteligencia, nuestro corazón, a su único Sacerdocio como Buen Pastor de cada hombre. Nosotros respondemos con nuestro sí renovado como hace veinticinco o cincuenta años, pero con todo lo que hemos aprendido, vivido y ofrecido después. Toda una vida hecha ministerio, sin horarios ni intereses mundanos, que se pone al servicio de los hermanos con la entrega de la caridad más hermosa y que alaba al Señor con el cántico de la gratitud más bella y sonora. Este es el regalo que Dios nos hace con vuestras vocaciones tan inmerecidamente regaladas por su Providencia. Que María os proteja y acompañe. Nosotros, conmovidos, por cada uno de vosotros, damos las gracias. El Señor os bendiga y os guarde. Amén.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Seminario Metropolitano
28 mayo de 2026

jueves, 28 de mayo de 2026

Los Papas en España

 

 Jesucristo Sacerdote “ La obediencia que se hace camino de entrega”. Por Manuel González López-Corps

Esta fiesta celebra el contenido de la obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual en favor de los hombres, realizado una vez para siempre

El calendario litúrgico general del rito romano celebra una serie de fiestas del Señor Jesús con grado de solemnidad: Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Sagrado Corazón de Jesús y Jesucristo Rey del Universo. El calendario de la Iglesia en España aporta una fiesta propia: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (jueves posterior a Pentecostés).

El Nuevo Testamento, específicamente la Carta a los Hebreos, afirma que sólo Jesucristo es el sumo sacerdote en un sentido diverso al sacerdocio veterotestamentario: él ha cumplido plenamente la antigua alianza, pues su culto es auténtico al consistir en la oblación de su persona. Esa entrega oblativa, santifica a la Iglesia (Jn 17, 19 s.), que por esa consagración ofrece al Padre en el Espíritu el sacrificio espiritual (1P 2, 5-9; Ap 1, 6; 5, 10; 20, 6). Cristo Jesús, siervo obediente, que por su misterio pascual ha entrado en el cielo, lo ha hecho como sumo sacerdote para siempre, no a la manera del sacerdocio levítico de Aarón, sino de Melquisedec (Hb 4, 14-5, 10; 6, 20). A partir de la Encarnación en María, el sacerdocio antiguo con su complejo sistema de sacrificios y holocaustos ha pasado. Al asumir el Verbo un cuerpo se ha convertido en sacerdote y víctima de manera perfecta (cf. Sal 39), lo que le constituye en Mediador de la nueva alianza (lTm 2, 5; Hb 8, 6; 9, 1-28), realizando la comunión entre Dios y los hombres (Jn 14, 6).

Toda esta teología bíblica se ha concentrado pedagógica y magistralmente en esta fiesta que celebra el contenido de la obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual en favor de los hombres, realizado una vez para siempre.

Origen de la fiesta

La Sagrada Congregación de Ritos, de acuerdo con el mandato del papa Pío XI en la encíclica Ad catolici sacerdotii, el día 24 de diciembre de 1935, presenta a la Iglesia un formulario de la misa votiva de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Dos años más tarde, la Santa Sede concede una serie de indulgencias a quienes participen en esta celebración orando y ofreciéndose a Dios en favor de los sacerdotes y los seminaristas, para que sean santificados y formados según el corazón de Cristo Sacerdote.

Sin embargo, recogiendo la rica tradición espiritual hispana, los primeros pasos para la institución de la fiesta se dan en España en el seno de una naciente congregación monástica: Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote. En 1950, sus fundadores, padre José María García Lahiguera y madre María del Carmen Hidalgo de Caviedes, en audiencia con Pío XII, piden la gracia de poder celebrar el 25 de abril, fecha fundacional de la congregación, la fiesta de Cristo Sacerdote. La Sede Apostólica, en rescripto del 25 de junio de 1952, concede a la congregación la posibilidad de celebrar la fiesta con la máxima categoría litúrgica. En 1953, en las casas de Madrid y Salamanca, se celebra con toda solemnidad la primera fiesta en honor de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. El presbiterio de Madrid, formado espiritualmente por monseñor García Lahiguera en su labor de padre espiritual del Seminario Conciliar, acoge favorablemente el significado de la fiesta como jornada de santificación sacerdotal. La Congregación de San Pedro Apóstol de Presbíteros Seculares de Madrid, con la aprobación de su obispo, el patriarca Eijo Garay, recoge el proyecto de difundir la celebración en la Iglesia universal. La congregación matritense se convierte en conducto para recabar adhesiones enviándose, a su vez, cartas e informaciones al resto de las diócesis españolas. En la última sesión del Concilio Vaticano II, el 25 de octubre de 1965, monseñor García Lahiguera interviene en el aula para tratar sobre la responsabilidad de los obispos en relación con la formación sacerdotal y propone que como monumento litúrgico del concilio, se instituya en la Iglesia universal la fiesta de, Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

La madre fundadora de las Oblatas de Cristo Sacerdote solicita, en octubre de 1967, poder rezar el 25 de abril el oficio de Cristo Sacerdote, según un modelo editado en México. El trabajo de elaboración de los textos de la misa y oficio divino por parte de la Congregación de Hermanas Oblatas recibe aprobación romana, íntegra y definitiva, el 21 de diciembre de 1971. El material litúrgico queda en la Congregación del Culto como texto oficial para las diócesis que lo soliciten. Los monjes benedictinos cíe Leyre se encargan de musicalizar los textos eucológicos. Tras no pocas vicisitudes, la Conferencia Episcopal Española aprueba la inserción de la fiesta en el calendario nacional y el 6 de junio de 1974, jueves posterior a Pentecostés, se celebra por primera vez en España entera la fiesta de Cristo Sacerdote. Preside la solemne concelebración eucarística, en el monasterio de las oblatas de Madrid, el cardenal arzobispo de Toledo y primado de España, don Marcelo González Martín, a la sazón superior mayor del rito mozárabe. En 1996, los textos de la liturgia de las horas se envían desde Madrid para ser utilizados en las vísperas solemnes que preside el papa Juan Pablo II con motivo del 50 aniversario de su ordenación sacerdotal. Un año después, el arzobispo de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, establece que esta fiesta sea en la Iglesia diocesana Jornada por la santificación de los sacerdotes».

Teología Litúrgica

La fiesta celebra el sacerdocio de Jesucristo, único acceso al Padre, para la salvación del mundo (cf. Colecta de la Misa y Oficio y Antífona de Tercia). El Señor aparece como Sacerdote y Víctima [cf. Antifona de entrada de la Misa; Primera lectura (Is 52, 13-15; 53,1-12), Segunda lectura (Hb 10, 12-23) y Oración sobre las ofrendas]. Este sacerdocio, por la obediente oblación de su cuerpo en la cruz, realizada una vez para siempre, es eterno (cf. Antífona del Magníficat de las 1 Vísperas —Hb 7, 24s-; Antífona 1 a de las II vísperas —Sal 109, 4—y Antífona de comunión). Su teología pone de manifiesto la doble modalidad en la participación del único sacerdocio de Cristo, ya que éste elige a sus ministros al interno de un pueblo todo él sacerdotal (cf. Lectura breve de Vísperas —Ap 5, 9 s.; Catecismo 1546 s.; 1120 s.; 1132 s.; 1188; 1273; 1557 s.; 1563— 1566; 1409 s.). Especial hincapié se pone en aquellos elegidos por el Señor para servir a la Iglesia en la dispensación de sus misterios, especialmente en la Eucaristía (Cfr. Evangelio de la Misa: Lc 22, 14-20; Prefacio de la Misa). Para ellos se implora la santidad como estilo de vida (cf. Preces de laudes), en el espíritu de oblación de toda la Iglesia (cf. Antífona segunda del Oficio de lecturas). Por el ministerio de los sacerdotes, hoy se sigue ofreciendo el mismo sacrificio que entonces se ofreció en el altar de la cruz.

En la colecta, tanto de la misa como de las horas del oficio, se presentan las dos dimensiones del único plan salvífico que lo son también de la vida sacerdotal: la gloria del Padre y la salvación de los hombres. Desde ahí cobran toda su importancia la oblación y la intercesión (cf. Salmo responsorial, Sal 39. Aquí estoy para hacer tu voluntad, Lectura breve de Laudes con su responsorio y Antífona del Magníficat de las II Vísperas: Padre, yo ruego por ellos...).

El Resucitado que vive para interceder por nosotros (Hb 7, 25), es el sacramento por el que el Padre nos da la vida. El Espíritu, memoria de la Iglesia, nos posibilita celebrar sacerdotalmente la obra de la salvación.

Texto tomado del Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Santoral del día: San Agustín de Cantorbery

(Cope) La evangelización es el cumplimiento del mandato de Dios a los Apóstoles antes de subir a los Cielos. Hoy celebramos a San Agustín de Cantorbery. Su vida transcurre en el siglo VI con toda seguridad. Probablemente, estuvo en los primeros momentos en un Monasterio preparándose a lo que Dios le pidiese. Fue su tiempo de oración y estudio.

Los primeros datos sobre él, nos cuentan cómo en el año 597, el Papa le envió a anunciar el mensaje del Evangelio a Inglaterra. La misión se llevó a cabo, con no pocas dificultades, dada la situación de vacilación en que se encontraba muchas veces el propio Agustín.

El Santo Padre, le tendrá que confortar hasta que la Providencia le pone en el camino al rey Etelberto, pagano y liberal, pero casado con una francesa católica y bastante respetuoso, con los testigos del Evangelio.

Algo que calaba en el corazón de todos los hombre es que nunca imponía la Fe, la proponía y la enseñaba con su sencillez y testimonio de vida. Todos los vieron idóneo para pastorear a la Grey. Pero esa idea, no era sino el Plan de la Providencia.

Consagrado Obispo de Cantorbery, se dedicó totalmente por completo al anuncio del Reino de Dios, convirtiendo a muchos y fundando innumerables comunidades cristianas, en el reino de Kent. Hizo de su Diócesis una Sede de fuerte unión de Fe y cultura, hasta donde se acercaban muchos para profundizar en una experiencia de Dios. San Agustín de Cantorbery muere en el 605.

León XIV advierte contra quienes modifican la liturgia «por iniciativa propia»

(InfoCatólica) El Papa ha exhortado a los sacerdotes a custodiar «el respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia» y ha recordado que el Magisterio conciliar disuade a cualquiera de «añadir o quitar o modificar algo» en las celebraciones por cuenta propia.

León XIV ha dedicado la catequesis de la Audiencia General de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, a la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, con un mensaje que apunta directamente a quienes introducen cambios en los ritos sin autorización. En el marco de su ciclo de catequesis sobre los documentos conciliares, el Pontífice ha abordado la Constitución Sacrosanctum Concilium para explicar la relación entre tradición y progreso en la liturgia, y ha concluido con una firme exhortación a los sacerdotes: nadie puede alterar la misa por iniciativa propia.

Sin embargo todavía no hay ninguna medida concreta contra «creatividad» que sufren los fieles por todo el mundo, a veces, incluso perpretada por obispos.

Tradición y progreso no se oponen

El Papa ha partido de las palabras del Venerable Pío XII en su encíclica Mediator Dei, donde se define a la Iglesia como «un organismo vivo» que «crece y se desarrolla, adaptándose y acomodándose a las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo». En continuidad con este principio, ha recordado que el Concilio Vaticano II reconoció como deber propio «proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia».

León XIV ha querido desmontar lo que considera una falsa dicotomía. Citando un discurso de Benedicto XVI de 2011, ha señalado que «no pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso», cuando «en realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura».

La Sacrosanctum Concilium, ha explicado el Pontífice, establece como fórmula directriz «conservar la tradición y apertura al legítimo progreso», distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina» de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aun deben variar» cuando ya no respondan «a la naturaleza íntima de la misma Liturgia».

La liturgia como motor de evangelización

El Santo Padre ha situado esta reflexión en perspectiva histórica. A lo largo de los siglos, ha explicado, la Iglesia ha adaptado sus formas rituales para permitir a los fieles participar en el misterio pascual de Cristo. El culto se ha «encarnado» en las formas culturales de cada época, llegando incluso a transformarlas. «La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización», ha afirmado, añadiendo que hoy es necesario «renovar esta energía en continuidad con la auténtica y viva tradición católica», orientando a los creyentes «hacia la plenitud de la verdad».

En este punto, el Papa ha recordado también la convicción expresada por San Juan Pablo II de que «existe un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no solo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida».

Nadie puede añadir ni quitar nada por su cuenta

En el tramo más contundente de la catequesis, León XIV ha abordado los criterios que los Padres conciliares fijaron para cualquier revisión de los ritos. Toda modificación debe responder a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», las nuevas formas deben «nacer orgánicamente a partir de las ya existentes» y cualquier reforma ha de ir precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral».

El Pontífice ha subrayado que «el Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia». Y ha precisado que «el progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla».

Exhortación directa a los sacerdotes

El Papa ha cerrado su catequesis dirigiéndose de forma expresa a «todos los que son llamados a preparar la celebración de los divinos misterios», con especial énfasis en los sacerdotes que ejercen «el ministerio de la presidencia litúrgica». Les ha instado a custodiar «ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace del actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios», manifestando «humildad ante su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial».

Las palabras de León XIV llegan en un momento en que los debates sobre la celebración litúrgica continúan muy presentes dentro de la Iglesia, con tensiones entre sectores que reclaman una mayor fidelidad a las normas vigentes y corrientes favorables a una mayor creatividad en las celebraciones.