(Iglesia de Asturias) El pasado miércoles el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, era entrevistado en La Mañana de Cope Asturias. Por su interés, reproducimos la entrevista:
Hemos escuchado en las últimas horas al Papa León XIV dar las gracias a los españoles por la acogida recibida en su paso por Madrid, por Barcelona y por Canarias. El Papa está impresionado y los españoles también. Todavía tenemos en la retina las imágenes para la historia que ha dejado la visita de León XIV a España. Han sido muchos los asturianos que han podido vivirlo en primera persona. Pero si hay alguien que ha seguido cada paso del Papa en esta visita es el arzobispo de Oviedo, Monseñor Jesús Sanz Montes. Don Jesús, buenos días.
Buenos días.
Han sido 2500 kilómetros, que son muchos, 2500 kilómetros entre Madrid, Barcelona y Canarias, que usted también ha hecho. El esfuerzo ha sido importante.
Sí, pero con los mismos medios que ha ido el Papa, que no lo hemos hecho caminando. Hemos visto al Papa como líder de masas, como un hombre cercano. Capaz de conectar con creyentes y no creyentes.
¿Usted cómo lo ha visto?
Lo he visto como una sorpresa imprevista porque teníamos interrogantes, no tanto por lo que nos podría decir el Papa, que no nos ha defraudado lógicamente, sino cuál podría ser la reacción, la receptividad, la acogida, en definitiva, por parte de España, en los que somos creyentes cristianos, en la gente que no lo es. Cómo sería esa recepción a una visita apostólica por una parte tan esperada, tan deseada, pero con no pocas incertidumbres.
La impresión que yo tengo es que de las orfandades que tenemos, que son varias, orfandades porque en el escenario internacional tenemos guerras muy preocupantes y en los episodios nacionales, con permiso de Galdós, pues tenemos también escenarios complejos. Donde estamos saturados de tanta corrupción, de tanta cloaca, de tanta saturación que nos cansa y nos harta. Entonces tenemos esa sensación de orfandad, como si no tuviéramos a quién mirar o un norte al que seguir caminando. Y de pronto, en medio de esta orfandad, emerge la figura de un padre en cuyas palabras te reconoces, en cuyo mensaje recibes la esperanza que más te hace falta. Ha habido como una correspondencia: mi orfandad con la paternidad que se me regala. Y entonces eso puede explicar el entusiasmo, el aplauso y la acogida de unos y otros en lo que el Papa ha dicho con sus textos y en lo que él ha manifestado con sus gestos.
Ha dicho muchas cosas el Papa en esta visita. En sus 23 intervenciones ha tenido muchas palabras, muchos mensajes. A usted ¿cuál le gustaría que perdurara?
Un estribillo de toda la herencia que nos deja es la invitación a la comunión, a la unidad y a una saludable y verdadera convivencia, porque el Papa estaba informado, hizo muestra de su conocimiento de España, de su historia, ya en la intervención que tuvo en el Palacio Real, donde estuve también allí presente, los de la Comisión Ejecutiva estábamos en la primera línea. Entonces, allí ya se vio precisamente que el Papa conoce nuestra historia, conoce nuestros intelectuales, nuestros poetas, también nuestras contradicciones.
En el Palacio Real, como después en el Parlamento, tuvo una serie de señalamientos, de indicaciones, de invitaciones, que no nos resultaban en ningún momento extraños, como diciendo, este hombre sabe de qué habla y sabe a quién se lo está diciendo: la unidad, la comunión, la convivencia, el superar las trincheras y el ser capaces de edificar puentes, llamándonos a esta especie de verdadera fraternidad, es uno de los constantes mensajes que él ha tenido por doquier.
Luego, dependiendo de cuál era el escenario, así hablaba. Una cosa fue el discurso a los jóvenes en Madrid o en Barcelona, en Montjuic. Otra, el mensaje a las familias en Cibeles. Otra también el momento mariano que hubo en Montserrat y también cuando ha estado en los escenarios más dolorosos, como han sido los centros de acogida y el centro penitenciario y, por supuesto, el escenario canario, que era, además de las familias en la última misa, el escenario de aquel puerto en Las Palmas de Gran Canaria con los emigrantes.
Me impresionó que no hubo respuesta que estuviera planteada de modo banal, superficial o frívolo y que todas esas respuestas que respondían a las inquietudes reales de las gentes. Cuando eres joven te preocupa tu trabajo, te preocupa tu inseguridad, pero también tus dudas, tus incertidumbres y las preguntas que hacían los jóvenes en Madrid y en Barcelona, algunas eran conmovedoras por la experiencia que había detrás, a pesar de la juventud de los que las presentaban. Y si las preguntas fueron realmente preciosas, dramáticamente preciosas en algún caso, las respuestas fueron realmente respuestas que no querían pasar por encima con una aportación piadosa, nada más, sino que ese toro lo cogió por sus cuernos y trató de profundizar con ellos en lo que ahí teníamos delante. No ha habido preguntas muy acuciantes, la chica que vio cómo el padre quería matar a la madre, cómo el padre va a la cárcel. Cómo la madre se refugia en las drogas y después ella es recogida por una familia que la acompaña y en la que pudo crecer y salvar su esperanza. Ante un cuadro así, tú no puedes decir un Ave María como diciendo, «Reza que eso te hará bien». Ciertamente que eso siempre hace bien, pero había que decir una palabra cuando ella se preguntaba «Dónde estaba Dios» cuando esto a mí me estaba sucediendo.
Los niños han sido una cosa también preciosa porque ha sido una especie de parábola muda, por donde se movía el Santo Padre había una madre o un padre con un crío casi recién nacido que le ofrecían para que lo bendijese. Yo, que en algunos casos estaba muy cerca, me daba cuenta de cómo el Papa se encaraba con el crío, pero mirándole de tú a tú, como diciendo «qué tal desde la última vez que nos hemos visto», como queriendo decir «somos amigos».
Yo decía que además de la excelente aportación por parte del Gobierno y de las Administraciones locales en torno al orden y a la seguridad que ha sido encomiable, también el Papa traía su propia seguridad, los guardias suizos, que es gente preparadísima, además de hacer esgrima, artes marciales, judo y toda su preparación, tiene que hacer una nueva especialidad que es levantamiento de niños, porque por donde se movía el Papa veías a los guardias suizos levantando niños con una soltura, les preguntamos a algunos y nos decían, es que somos padres, venimos ya entrenados de casa.
Pero vamos, es una parábola, una parábola muda, porque es común decir, hay caminos en esta sociedad que son estériles y hay caminos que tienen vida y por tanto futuro, porque es lo que representa un niño cuando te lo presentan delante para que lo bendigas. Bendices a esa criatura, por supuesto, pero bendices una historia todavía no escrita que tú quieres que se escriba bien, que sea gozosa, que haga bien al pequeñín. Queda bien aquí, a ese pequeño y según vaya creciendo.
Don Jesús ha estado en primera línea en nuestra visita del Papa y también ha tenido la oportunidad de hablar con él. ¿Le ha ofrecido venir a Asturias, a Covadonga, a ver a la Santina?
Bueno, tanto como que «está usted invitado a venir a Covadonga», en este caso no lo he hecho. Sí que le he preguntado si conocía Asturias y me dijo que sí. Vamos a ver de aquí a unos meses si tenemos en la agenda un Año Jubilar Compostelano y si viene finalmente a Santiago, cosa que no está todavía confirmada, no estamos tan lejos. A mí me encantaría que pudiera venir el Santo Padre, no solamente en el marco del Camino de Santiago, porque nosotros estamos en la cuna del Camino Primitivo, sino que también para ver a la Santina, que tiene una repercusión en la historia de España que vale la pena tenerla en consideración. Y ya veremos. Yo cuando estuve con el Papa, que pude estar en la Conferencia Episcopal con él, justamente después de su intervención en el Parlamento, le dije: «Santo Padre, yo trabajo para la Santa Sede en el tema de la cultura. Por ser el director del Departamento de Cultura en la Conferencia Episcopal Europea. Esto que usted ha dicho en nuestro Parlamento debe escucharse en Europa, lo que usted ha mencionado sobre la dignidad de las personas, de las leyes».
Tuvo una frase muy feliz el Papa cuando habló de que la ley no tiene su bondad en la aprobación de una mayoría que la apoya, sino si esa ley, tenga o no esa mayoría aprobatoria, se aviene con la dignidad del hombre, la dignidad de las personas, y si en ese examen puede salir sin avergonzarse, porque claro, como se le ha recordado a algún comentarista y algún político, la ley por la ley no te da la bondad de una legislación en curso.
De hecho, Adolf Hitler hizo su magnicidio nazi con la ley en la mano. Lo de Hitler era legal –inhumano, trágicamente inhumano– pero era legal. La ley por la ley no vale, tiene que ser una ley que tenga que ver con la dignidad de las personas y la libertad de los pueblos. Y esto lo dijo en el Parlamento y yo decía, «Santo Padre, esto sería estupendo que lo pudiera usted decir, o en Estrasburgo o en Bruselas». Y él decía, «Todo se andará, ojalá que así pueda ser».
En esta visita también hemos visto cómo representantes de todas las fuerzas políticas de todas las instituciones han participado en los actos organizados con motivo de la visita del Papa. Viendo ese respeto que ha habido hacia la Iglesia en estos días que ha estado en León XIV en España, ¿a usted le gustaría que también se pudiera recuperar la unidad en Asturias, que todas las fuerzas políticas o que todas las instituciones pudieran estar representados en Covadonga, que llevamos dos años donde hay representantes institucionales que se han distanciado?
Sí, tanto en Covadonga como en tantos otros escenarios. ¿Por qué ha habido esta confluencia? Porque el Papa ha puesto el dedo en una serie de temas y de valores que son fácilmente compartibles. Deberían serlo, al menos. Claro, si tú hablas de la paz, no simplemente hablas de un armisticio, hablas de la paz. La paz, que es el fruto de un diálogo, el diálogo que es fruto de una mirada a la humanidad, una mirada serena al bien de un pueblo, al bien de una comunidad. Si tú hablas de la familia y explicas el derecho que tienen los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, si tú hablas de esta serie de valores, por lo menos el respeto te lleva a aplaudir. O al menos a respetar, y es lo que se escenificó en el Parlamento. Ahora bien, hay otros temas, juntamente con estos que acabo de señalar, donde no siempre tenemos la misma visualización. Nosotros nunca hacemos –lo he repetido muchas veces– política. Mi clave nunca ha sido política ni puede serlo, es una clave moral, una clave moral que responde a estos valores, que tiene que ver con la verdad, que tiene que ver con la bondad, con la justicia, con la paz, con el diálogo, con la convivencia serena y, por tanto, todo lo que sea mentira, todo lo que sea bazofia, todo lo que sea enfrentamiento, división, pues eso no nos ayuda a crecer a nadie. Entonces, un escenario en donde, como sucedió en el Parlamento, la gente aplaude en su inmensísima mayoría, o por lo menos respeta, porque reconoce que ahí hay valores que son muy respetables. Ya me gustaría que esto se diera no solamente en el Parlamento de Madrid, sino también aquí en Asturias y en el mundo entero. Sería un desiderato muy atractivo.
Nos decía el Papa ya al final, cuando estaba a punto de subirse al Falcon, que nos ha dejado una tarea a los Obispos. «Ahora tenéis que llevarla adelante, ayudar a vuestro pueblo a asimilarla y a ver la tarea. Ahora la tenéis vosotros». A ver cómo sale.






