lunes, 15 de junio de 2026

Santoral: Santa María Micaela

(Cope) La Iglesia siempre ha querido llevar a Dios a todos con especial incidencia de los marginados. En la mitad del mes, celebramos a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Nacida en Madrid en el año 1809, tuvo que pasar por una infancia en la que murieron sus padres y algunos de sus hermanos. También sufre por la situación de otras dos hermanas.

Tras dejar toda posibilidad de matrimonio va con su hermano a París y Bruselas donde ejerció como Embajador. A pesar de tantas recepciones nunca dejó la Fe. En una visita a un Hospital de San Juan de Dios, pudo comprobar la situación de mujeres que vivían en malas condiciones.

Muchas de ellas eran víctimas de la trata y la prostitución. Entonces siente que Dios le pide una espiritualidad carismática basa en el Señor Sacramentado para ayudar a estas mujeres que viven en condiciones infrahumanas a reorganizar su vida con la dignidad que tienen. Por eso funda el Instituto de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Muchas personas se escandalizaban de que una mujer de grandes títulos se dedicase a ese servicio. Ella, por su parte, destinó parte de sus bienes a ayudarlas en las Casas que iba fundando. Un día se dio cuenta que el Señor le pedía una dedicación completa a ellas para hacerles ver que su dignidad es intocable. Santa María Micaela del Santísimo Sacramento muere en el año 1865.

«¡Que Dios bendiga a España!». El «gracias» de León XIV por el viaje apostólico

(InfoCatólica) «¡Que Dios bendiga siempre a España!». Con estas palabras, León XIV cerró este domingo su agradecimiento público por el viaje apostólico que le llevó del 6 al 12 de junio a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, la cuarta visita de su pontificado a España. El Papa se dirigió a los fieles congregados en la plaza de San Pedro tras la oración del Ángelus, en una jornada en la que también expresó su cercanía con Filipinas tras el terremoto y recordó a varios nuevos beatos.

«Agradezco al pueblo español, que me ha acogido con gran entusiasmo y devoción; y, de manera especial, a Su Majestad el Rey», declaró el Pontífice desde la ventana del Palacio Apostólico ante unos 20.000 peregrinos, según la crónica de Vatican News. Su gratitud se extendió expresamente «a los obispos, a las comunidades que he visitado y a toda la Iglesia que está en España».

Antes de la oración resonaron en la plaza las notas de «Alza la mirada», la canción inspirada en el lema del viaje papal.

Cercanía con Filipinas tras el terremoto

El Papa dedicó también un momento a la población filipina, golpeada el pasado 8 de junio por un seísmo que, alcanzó una magnitud de 7,8 y se concentró en la isla de Mindanao, causando más de 40 muertos, cientos de heridos y más de 32.000 desplazados.

«Rezo por los difuntos y sus familiares, por los heridos y por todos aquellos que sufren a causa de esta calamidad», afirmó León XIV.
Nuevos beatos mártires en tres continentes

El Pontífice recordó a continuación las recientes beatificaciones celebradas en Europa y América. El 6 de junio fueron elevados a los altares en Brno (República Checa) los sacerdotes diocesanos Venceslao Drbola y Juan Bula, mártires de la persecución comunista en Moravia. El mismo día, en el Santuario de San Juan Pablo II en Cracovia (Polonia), fue beatificado Juan Šwierc junto con ocho compañeros sacerdotes salesianos, víctimas de la persecución nazi.

León XIV se refirió también a la beatificación celebrada el 13 de junio en la parroquia de Jaura (Mato Grosso, Brasil) del misionero italiano Nazareno Lanciotti, sacerdote que sirvió en esa comunidad durante 30 años y fue asesinado por su lucha contra el tráfico de drogas y la prostitución. El Papa lo definió como mártir «porque, en nombre del Evangelio, defendía a los más pobres».

«Que el ejemplo y la intercesión de estos valientes testigos sostengan la misión de los presbíteros y de toda la Iglesia», concluyó el Pontífice.

Diálogo ecuménico y meditación evangélica

León XIV saludó en inglés a los miembros de la Comisión Internacional para el Diálogo entre los Discípulos de Cristo y la Iglesia Católica, organismo creado en 1977 para promover el entendimiento mutuo y el camino hacia la unidad de los cristianos. «Que vuestras reflexiones nos ayuden a crecer en comunión», les deseó.

En la meditación previa al Ángelus, dedicada al Evangelio del día (Mt 9,36-10,8), el Papa reflexionó sobre la mirada compasiva de Cristo ante las multitudes: «Jesús ve y ama. Ama y sufre por nosotros, con nosotros: su compasión expresa no sólo cercanía fraterna, sino voluntad de redención». León XIV subrayó la gratuidad radical del don evangélico: «El don de Jesús es totalmente gratis, porque su valor excede toda medida: es imposible merecerla o "comprarla"».

domingo, 14 de junio de 2026

"Gratis habéis recibido, dad gratis". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La liturgia de la Palabra de este Domingo XI del Tiempo Ordinario nos sumerge en el misterio del amor gratuito y activo de Dios. No podía ser de otra manera en este mes del Sagrado Corazón de Jesús. Hoy las lecturas no nos hablan de un Dios lejano que espera pasivamente a que el ser humano lo alcance a fuerza de méritos morales. Al contrario, contemplamos a un Dios que toma la iniciativa absoluta, un Dios que rescata, que reconcilia y que, al ver nuestra debilidad, se conmueve hasta las entrañas y nos envía a ser prolongación de su amor.

Para comprender el Evangelio de hoy, debemos mirar primero el monte Sinaí en la primera lectura. Dios le habla a Moisés y le recuerda algo fundamental antes de sellar la alianza, la memoria agradecida. Dios dice: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os llevé sobre alas de águila y os traje a mí». La imagen del águila es de una belleza teológica inmensa. El águila real no deja caer a sus crías; cuando están aprendiendo a volar y desfallecen, la madre se coloca debajo de ellas y las sostiene sobre sus propias alas. Dios le recuerda a Israel —y hoy nos recuerda a nosotros— que nuestra fe no nace de un código de leyes, sino de una experiencia previa de rescate y liberación. A partir de este rescate gratuito, Dios define la identidad de su pueblo con tres títulos que san Pedro aplicará más tarde a la Iglesia. Primero propiedad exclusiva: en un mundo lleno de naciones, Israel es el tesoro particular de Dios. No por ser el más grande o el más santo, sino por puro amor. Segundo, reino de sacerdotes: el sacerdote es el mediador entre Dios y los hombres. Todo el pueblo está llamado a ser un puente para que las demás naciones conozcan al Dios vivo. Y tercero, una nación santa: "Santa" significa segregada, consagrada, diferente. Una comunidad cuya vida refleja la santidad misma de Dios. Nuestra primera tarea como cristianos es recordar de dónde nos ha sacado el Señor, y redescubrir que somos su propiedad personal.

En la segunda lectura, San Pablo, al dirigirse a los Romanos, eleva esta teología de la gratuidad a su máxima expresión. El Apóstol realiza un análisis de la lógica humana: es posible que alguien se atreva a morir por una persona buena o justa, es una lógica de correspondencia. Pero la lógica de Dios rompe todos nuestros esquemas: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores». Pablo usa tres palabras contundentes para describir nuestra situación antes de Cristo: impíos, débiles y enemigos. No estábamos preparados, no nos lo merecíamos, ni siquiera éramos simpáticos a los ojos de la santidad divina debido a nuestras rebeliones. Y fue precisamente en ese estado de máxima miseria cuando el Hijo de Dios entregó su vida en la cruz. Esto cambia radicalmente nuestra relación con Dios. Ya no caminamos en la fe por el miedo al castigo o por la angustia de buscar "ganarnos" el cielo. Caminamos desde la certeza absoluta de sabernos amados y reconciliados mediante la sangre de Jesús. Si Dios hizo lo más difícil —reconciliarnos cuando éramos sus enemigos—, ¿Por qué seguimos haciendo lo sencillo complicado?...

El Evangelio de San Mateo une perfectamente las dos lecturas anteriores y nos muestra cómo se encarna este amor de Dios en los gestos de Jesús. El texto se divide en tres momentos clave que transforman la mirada del creyente. El primer momento es la mirada compasiva de Jesús. El Evangelio comienza diciendo que Jesús, al ver a las multitudes, «se compadeció de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor». El término griego original para "compadeció" (esplanjnísthe) hace referencia a las entrañas, a un dolor físico y visceral. Jesús no siente una lástima superficial, siente el dolor de la humanidad en su propio cuerpo: ve a un pueblo "extenuado y desamparado". En el contexto de la época, la gente estaba herida por la opresión política romana, pero también aplastada por el rigorismo religioso de los fariseos, que imponían cargas insoportables "sin mover un dedo" para ayudarlos. Jesús ve a una humanidad cansada de sufrir, perdida, desorientada. Es la misma mirada que el Señor dirige hoy a nuestras ciudades, a nuestras familias rotas, a los jóvenes vacíos de sentido y a los ancianos en soledad. El segundo momento es la oración y la llamada de los Doce. Ante la inmensidad de la necesidad («la mies mucha y los obreros pocos»), Jesús no recurre al activismo desesperado. El primer paso es la oración: «Rogad al dueño de la mies». La misión pertenece a Dios, no es una empresa humana. Inmediatamente después, Jesús convoca a los Doce. San Mateo nos regala la lista de los apóstoles, y es una lista que sana nuestras inseguridades. Llama a Pedro, que lo negará; a Santiago y Juan, ambiciosos de poder; a Mateo, el recaudador de impuestos -considerado traidor a su Patria-; a Judas Iscariote, el que lo entregará... Es un grupo heterogéneo, lleno de tensiones políticas y flaquezas morales. Con esto, el Evangelio confirma lo que decía san Pablo de que "Dios manifiesta su poder en la debilidad". Nadie puede decir "yo no valgo para servir a Dios", porque Jesús no busca hombres perfectos, sino corazones dispuestos a ser moldeados. Y el tercer momento es el envío y la ley de la gratuidad. Jesús dota a los apóstoles de su misma autoridad para sanar, resucitar muertos y expulsar demonios. Los envía primero a las ovejas perdidas de Israel, conectando con la promesa de la primera lectura. El Reino de los cielos se hace visible a través de gestos concretos de liberación, salud y consuelo. La instrucción final de Jesús es el núcleo moral de toda la liturgia de hoy: «Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis». Es el antídoto contra la comercialización de la fe y el clericalismo. Todo lo que somos —la vida, la justificación por la fe, los carismas, el ministerio— nos ha sido dado como un regalo sin precio. Por lo tanto, no podemos administrar la gracia con egoísmo, con tacañería o buscando el propio interés. El amor de Dios recibido, debe convertirse en amor entregado.

Evangelio Domingo XI del Tiempo Ordinario



Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 36 – 10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Palabra del Señor 

Pescador de hombres entre lápidas marinas. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.



Nos ha dejado un cúmulo de palabras bondadosas, bellas y verdaderas el Santo Padre. Tendremos que volver sobre los textos y los gestos que han ido desgranando todo un itinerario que la Iglesia en España estaba necesitando en este momento de profunda orfandad donde no se atisbaba el horizonte donde amaneciese la esperanza. Pero la visita al muelle del puerto de Arguineguín en Gran Canaria, ha sido uno de los mensajes de mayor calado humanitario que todos esperaban. Y el papa León XIV no nos ha defraudado. Él, como el primer papa, San Pedro, se sabe llamado a ser “pescador de hombres” en medio de los mares procelosos que con sus Leviatanes pretenden engullir a los inocentes: «también hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido».

En uno de los momentos más hermosos de su discurso, no le temblará a León XIV la voz para decir en voz alta lo que la Iglesia tiene que decir y hacer cuando está ante una deriva tan terrible: «Creemos en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte... Y así lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: “¡Calla, enmudece!”. Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas».

Los testimonios fueron impresionantes y desgarradores, pero también hermosos por dejar traslucir el atisbo de esperanza que se dejaba ver venciendo el fatalismo. Tantos obispos presentes, tantas realidades diocesanas que con sencillez daban testimonio de mucha entrega. Y tantas autoridades de primer rango que no aparecieron cuando la tragedia se cernía desmedidamente en aquellas costas Canarias, pero fueron ahora aprovechando el momento y la foto. Ante todos, quiso decir el Santo Padre, como quien tiene autoridad moral para gritarlo, lo que más iluminó y consoló de sus palabras:

«No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte. Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante. Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso».

Sí, deberemos ir una y otra vez sobre este discurso, porque se trata de uno de los más importantes pronunciados por el papa en este viaje apostólico a España, habiendo habido tantos y con tanta proyección e iluminación para la vida cristiana y nuestros actuales desafíos. No estamos huérfanos de esperanza cuando ha emergido con tanta fuerza el padre que nos la sostiene y despierta desde Jesús y su Evangelio. Una gran noticia que sabe a Buena Nueva.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 13 de junio de 2026

Inmaculado Corazón de María. Por Pablo Largo Domínguez, c.m.f.

El corazón de María nos evoca el mundo de sentimientos de la Madre del Señor. María es asimismo la creyente que guarda y medita en su corazón los momentos de la manifestación de Jesús; el corazón de María aparece entonces como la cuna de toda la meditación cristiana sobre los misterios de Cristo.

La liturgia propone esta memoria al día siguiente de la gran fiesta del Corazón de Jesús. Así, tras la solemnidad en que se celebra el corazón abierto del Salvador, hacemos un recuerdo más discreto del corazón de la madre, la toda-santa, la obra primorosa del Espíritu.
El corazón de María

El símbolo «corazón de María» nos evoca el mundo de sentimientos de la Madre del Señor: ella conoce la alegría desbordante (cf. Lc 1, 28.47), pero también la turbación (cf. Lc 1, 29), el desgarro (cf. Lc 2, 35), las zozobras y angustias (cf. Lc 22, 48). María es asimismo la creyente que «guarda y medita en su corazón» los momentos de la manifestación de Jesús, ya en el nacimiento (Lc 2, 19), o más tarde en la primera Pascua del niño (2, 51); el corazón de María aparece entonces como «la cuna de toda la meditación cristiana sobre los misterios de Cristo» O. Mª Alonso). María es, además, modelo del verdadero discípulo, que escucha la Palabra, la conserva en el corazón y da fruto con perseverancia (Cf. Lc 8, 11-15.19-21 y 11, 27-28). María es, en fin, la mujer nueva que vive sin reservas ni cálculos el don y los afanes del amor: «el corazón de María es su amor»; «su corazón es el centro de su amor a Dios y a los hombres» (Antonio Mª Claret).

Vamos a desarrollar este último punto, comenzando por el amor a Dios. Si a María le hubieran abierto alguna vez las venas, quizá le habría sucedido, y con más razón, lo que se cuenta de un místico: le abrieron las venas, y la sangre, al caer, en vez de formar un charco, trazaba unas letras, que iban componiendo un nombre, el nombre de Dios. Hasta ese punto lo llevaba metido en su propia sangre. Tan «perdidamente» enamorado de él estaba.

María, bajo el título de su Corazón, nos muestra que la vida cristiana no estriba ante todo en someterse a una ley, asentir a un sistema doctrinal, cumplir un ritual en que se honra a Dios con los labios. Ser cristianos es vivir una relación de acogida, confianza y entrega al Dios vivo; es una adhesión personal a Cristo, Desde ahí se vivirá la obediencia a la voluntad de Dios, se acogerá la enseñanza del Evangelio, se adorará a Dios en espíritu y verdad.

Sobre el amor de María a los hombres nos habla el Papa Juan Pablo II. Jesús —decía el Papa en la encíclica Dives in misericordia, n. 9— manifestó su amor «misericordioso» ante todo en el contacto con el mal moral y físico. En ese amor «participaba de manera singular y excepcional el corazón de la que fue Madre del Crucificado y del Resucitado... En ella y por ella, tal amor no cesa de revelarse en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Tal revelación es especialmente fructuosa, porque se funda, por parte de la Madre de Dios, sobre el tacto singular de su corazón materno, sobre su sensibilidad particular, sobre su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre».

Pero el papa invita en otro lugar a destacar sobre todo el amor preferencial por los pobres: «La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magnificat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús» (Redempioris Mater, n. 37).
El corazón de María se muestra así como un corazón dilatado y poblado de nombres, en especial de los nombres de los últimos. Por eso la presentarán algunos como la mujer toda corazón.
Historia de la piedad y la liturgia

Lo Santos Padres habían reflexionado ya sobre el corazón de la Madre del Salvador, pero será más tarde cuando aparezca la devoción cordimariana. Los primeros testimonios proceden del siglo VIII. […]

San Juan Eudes (1601-1680) será el gran promotor de la devoción a los sagrados corazones de Jesús y de María. Sobre el objeto de la devoción a este último escribía: «Deseamos honrar en la Virgen madre de Jesús no solamente un misterio o una acción, como el nacimiento, la presentación, la visitación, la purificación; no sólo algunas de sus prerrogativas, como el ser madre de Dios, hija del Padre, esposa del Espíritu Santo, templo de la Santísima Trinidad, reina del cielo y de la tierra; ni tampoco sólo su dignísima persona, sino que deseamos honrar en ella ante todo y principalmente la fuente y el origen de la santidad y de la dignidad de todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su misma persona, es decir, su amor y su caridad, ya que según todos los santos doctores el amor y la caridad son la medida del mérito y el principio de toda santidad».

Hacia 1643 empezó a celebrar la fiesta del Corazón de María, que años después aprobaron numerosos obispos, a pesar de la oposición de los jansenistas, y en 1668 confirmó el cardenal legado para Francia. En Roma se denegó la solicitud de que se estableciera la fiesta, por presentar ciertas dificultades doctrinales. En 1805 se concedió la celebración a todos los que lo solicitasen expresamente de Roma. En 1855 la Congregación de Ritos aprobó nuevos textos, pero con la misma restricción.

El 31 de octubre de 1942, en el 25 aniversario de las apariciones de Fátima, Pío XII consagró la Iglesia y el género humano al inmaculado corazón de María. […] El 4 de mayo de 1944, el papa extendió a toda la Iglesia latina la fiesta litúrgica del Inmaculado Corazón de María, fijando la fecha para el 22 de agosto, octava de la Asunción.

Ya antes del Concilio Vaticano II se registraron notables cambios en la imagen de María: se reduce cierta retórica de las grandezas y los privilegios y se contempla la María de Nazaret inserta en la larga historia del Pueblo de Dios. Se destaca más su condición de sierva que su regio esplendor de soberana, más su ejemplaridad que su poder. Se atisba que también ella vivió la fe pasando por el desconcierto, la oscuridad, incluso la noche (cf. Lc 2, 50); que su amor a Dios conoció la sequedad, la prueba, quizá parecido abandono al de su Hijo; que hubo de mantener su esperanza a pesar de aparentes mentís de la experiencia. María vivió de este modo, desde dentro, desde el corazón, la peregrinación de la fe, los caminos arduos del amor, los combates de la esperanza.

Por su lado, las prácticas señaladas conocerán una fuerte crisis. Acaso se explique por distintos factores: la renovación litúrgica y la celebración eucarística vespertina propiciaban el eclipse o la desaparición de las devociones. El lenguaje sobrecargado de epítetos, teológicamente flojo, quizá incluso dulzón en exceso, no prendía ya en las nuevas generaciones. Una tendencia iconoclasta rechazaba todo lo «preconciliar» y sus acentos «triunfalistas». Una nueva estima por la palabra de Dios desplazaba el anterior interés por los mensajes de las apariciones. La secularización de la sociedad, la búsqueda de una nueva forma de presencia cristiana en el mundo y quizá también cierto complejo vergonzante llevó a la supresión de manifestaciones religiosas masivas en la calle. Una nueva conciencia eclesial tendrá como repercusión el abandono de devociones características de los institutos religiosos, vistas como formas de capillismo.

Sin embargo, nuevas experiencias y reflexiones parecen estar contribuyendo a un renacer. Señalamos, entre otras, la recuperación de la riqueza teológica bíblica apuntada más arriba y la renovada consideración del misterio de María: el gozoso mensaje que su corazón nos transmite sobre las profundidades a que llega la obra del Espíritu, la rica interioridad de ese corazón sabio que guarda y medita la historia de Jesús y compara esta obra nueva de Dios con su acción en el pasado de Israel, la fuerza profética de su canto (el Magnificat), la llamada con que ese corazón de madre invita al cultivo de un elemento materno en los evangelizadores.

viernes, 12 de junio de 2026

Textos, imágenes y vídeos del Viaje Apostólico del Santo Padre León XIV a España


Madrid, Sábado 6 de junio de 2026


Palabras del Santo Padre a los periodistas durante el vuelo con destino a Madrid: 

Llegada al aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas:

CEREMONIA DE BIENVENIDA en el Palacio Real de Madrid

Discurso del Santo Padre en el Palacio Real de Madrid

Saludo del Santo Padre en la VISITA A LOS OPERADORES Y ASISTIDOS DEL PROYECTO SOCIAL “CEDIA 24 HORAS” en el Centro de Información y Acogida

Discurso del Santo Padre en la VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES en la “Plaza de Lima”

MADRID, Domingo 7 de junio de 2026


Homilía del Santo Padre en la SANTA MISA en la “Plaza de Cibeles”

ENCUENTRO PRIVADO CON LOS MIEMBROS DE LA ORDEN DE SAN AGUSTÍN en la Nunciatura Apostólica

ENCUENTRO “TEJER REDES CON EL MUNDO DE LA CULTURA, DEL ARTE, DE LA ECONOMÍA Y DEL DEPORTE” en “Movistar Arena”

Cena en la Residencia del Cardenal Arzobispo de Madrid

MADRID, Lunes 8 de junio de 2026


 ENCUENTRO CON EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO en la Nunciatura Apostólica

ENCUENTRO CON LOS MIEMBROS DEL PARLAMENTO ESPAÑOL en el Congreso de los Diputados. Discurso del Santo Padre en el Encuentro con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados 

ENCUENTRO CON LOS OBISPOS DE ESPAÑA en la sede de la Conferencia Episcopal

 Comida con los Obispos en la Nunciatura Apostólica

ORACIÓN Y HOMENAJE A LA VIRGEN DE LA ALMUDENA en la Catedral de Santa María de la Almudena Oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral de Santa María de la Almudena 

 ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DIOCESANA en el Estadio “Santiago Bernabéu”

Madrid - Barcelona, Martes 9 de junio de 2026


ENCUENTRO CON LOS VOLUNTARIOS en el Pabellón 3 de IFEMA Madrid

Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas hacia Barcelona El Papa se despide de Madrid en el aeropuerto de Barajas y coge un avión rumbo a Barcelona

Llegada al aeropuerto internacional “Josep Tarradellas” Barcelona/El Prat LEÓN XIV llega a BARCELONA

REZO DE LA HORA MEDIA en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia

VIGILIA DE ORACIÓN en el Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Barcelona - Montserrat, Miércoles 10 de junio de 2026


VISITA AL CENTRO PENITENCIARIO “BRIANS 1”

ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat

Comida con la comunidad benedictina de Montserrat

 ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE CARIDAD Y ASISTENCIA DIOCESANAS en la Iglesia de San Agustín Discurso del Santo Padre en el Encuentro con las organizaciones diocesanas de caridad y asistencia en la iglesia de Sant Agustí 

SANTA MISA en la Basílica de la Sagrada Familia para la Inauguración de la torre de Jesucristo
Vídeo de la celebración: Santa Misa en la Sagrada Familia

Barcelona - Las Palmas de Gran Canaria, Jueves 11 de junio de 2026


Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Josep Tarradellas” Barcelona/El Prat hacia Las Palmas de Gran Canaria León XIV se despide de Barcelona y pone rumbo a Canarias

Vuelo de Barcelona a las Islas Canarias Así ha sido el vuelo de León XIV a Canarias

Llegada a la base aérea de Gran Canaria/Gando El PAPA llega a GRAN CANARIA

ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA A LOS MIGRANTES en el puerto de Arguineguín Discurso del Santo Padre en el Encuentro con las realidades de acogida de migrantes

ENCUENTRO CON LOS OBISPOS, LOS SACERDOTES, LOS DIÁCONOS, LOS RELIGIOSOS, LAS RELIGIOSAS, LOS SEMINARISTAS Y LOS AGENTES DE PASTORAL 

 SANTA MISA en el Estadio de Gran Canaria 

Las Palmas de Gran Canaria - Santa Cruz de Tenerife, Viernes 12 de junio de 2026


Salida en avión desde la base aérea de Gran Canaria/Gando hacia Santa Cruz de Tenerife

Llegada al aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

ENCUENTRO CON LOS MIGRANTES DEL CENTRO “LAS RAÍCES”

ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE INTEGRACIÓN DE LOS MIGRANTES en la “Plaza del Cristo de La Laguna”

SANTA MISA en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

CEREMONIA DE DESPEDIDA en el aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Tenerife hacia Roma