jueves, 17 de septiembre de 2026

La congregación de las Dominicas de la Anunciata deja Sama tras 130 años, con la marcha de las últimas monjas que vivían en el colegio: "Nos da mucha pena"


(Lne) Llevan 129 años en Sama y ahora se van con el cariño de estudiantes, familias, profesores, exalumnos y vecinos en general. La congregación de las dominicas de la Anunciata abandona el colegio Nuestra Señora del Rosario, que llevan tutelando desde 1897. El colegio seguirá adscrito a la orden pero las últimas religiosas que continuaban residiendo en él se van. Su compromiso con la sociedad, su carisma y sus valores han sido los ingredientes óptimos para que Sama las guarde siempre en la memoria. Las cuatro monjas dominicas que quedaban el colegio se despiden del centro debido a su edad. Ya se habían jubilado hace tiempo. Como despedida, habrá una misa este miércoles 16 a las 13.00 horas, en la Iglesia de Santiago Apóstol de Sama, con una representación del alumnado para homenajearlas.

Las hermanas que se van son María Luz Granda, María Antonia Milagro, Ernestina Alieste y Ángeles Beloso. Las dos últimas se van a ir a una residencia para hermanas en la Virgen del Camino, mientras que Granda se quedará en la casa provincial de Oviedo y Milagro regresará a Tudela con su familia. Pese a la tristeza de la despedida, ellas exponen que "sabíamos que este momento podía llegar. Lo único que tenemos es mucha pena y estamos un poco con la tristeza de tener que marchar, que es un dolor para todos", indicó Granda.

Recuerdos

Las monjas dominicas siempre han sido muy queridas en Sama, según lo sienten ellas. "Agradecemos toda la acogida que hemos tenido desde que llegaron las primeras hermanas. La hemos percibido, lo hemos compartido y vivido. Nosotras hemos atendido a mucha gente, porque aquí hay muchas necesidades aunque no se diga". Añadió la hermana María Antonia que "hemos perdido mucho, para ganar en otra cosa".



Las hermanas junto a alumnas de infantil en un pasillo del Colegio Nuestra Señora del Rosario, en Sama. 

Su actividad se basa en proyectos educativos según los parámetros de la Consejería de Educación y de la Fundación Francisco Coll, del que forma parte el colegio. Explicaron que "es una educación en valores y que responde a las necesidades del día a día. Está muy bien organizada y responde bien a todos los principios educativos. Nosotras hemos estado también abiertas a las necesidades que ha habido en Sama, colaborando con la parroquia". Durante los casi 130 años de la trayectoria de las hermanas, la educación ha ido evolucionando según los diferentes momentos históricos y sociales, pasando varias generaciones por las clases del colegio.

Uno de los recuerdos que destacan es la celebración del centenario en 1997. "Hicimos una comida en el parque con más de 400 personas y pusimos una carpa. Se celebró por todo lo alto, con muchas alegrías, hasta hicimos un libro conmemorativo". También participaron en 2011 en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en verano con más de 50 alumnos universitarios de Austria, que "desayunaban y cenaban en el colegio". También realizaron ofrendas florales en Covadonga, los alumnos venían una vez al mes a cantar a la capilla y hacían talleres en Navidad, donde "había mucha convivencia con los padres".

Cariño

En cuanto a la relación con el profesorado, contaba la hermana Mari Luz que "confiamos en ellos, hace tiempo que lo llevan buenos profesores". Entre esos profesores, el director del colegio, Víctor Menéndez, expuso con nostalgia que siente "una mezcla de tristeza y de agradecimiento tras tantos años compartiendo el día a día con las hermanas. A nivel personal, me han aportado un gran aprendizaje por la calidad humana, la ayuda a los demás y el ver las necesidades de cada uno. Se crea un vínculo que va mucho más allá de lo profesional. Como anécdota, la hermana Mari Luz me ha guiado en la profesión y aprendí mucho de ella, sobre todo el trato humano hacia la comunidad educativa". Menéndez indicó que el colegio va a seguir transmitiendo "los valores que nos han dejado las hermanas, vamos a seguir con su legado".


Las hermanas junto a alumnos de infantil del Colegio Nuestra Señora del Rosario, en Sama.

Una de las profesoras de Lengua y Literatura, Sofía García, explicó que "cuando entré en el cole no había tenido una relación tan estrecha con las hermanas; hoy creo que son un apoyo super bueno para todos. Es una pena que se vayan porque al final son la luz del cole". Paola García, profesora de Inglés, destacó que lleva 20 años dando clases en el centro y que "para mí las hermanas son el colegio, me ayudaron siempre y estoy muy agradecida. Para mí son una bendición, la convivencia siempre fue buena. Seguiremos demostrando todo lo que valieron".

Entre los alumnos también hay palabras de agradecimiento y de cariño. Illán Sánchez, alumno de 4º de la ESO, indicó que "siento mucha pena porque llevo con las hermanas desde los cuatro años, y las conozco muy bien, las quiero mucho. Siempre me acordaré del momento del comedor, cuando no quería comer". Su compañera Ángela Castañón señaló que "llevo con ellas desde los tres años, desde pequeña". Izan Haya expresó que "me da un poco de pena porque llevo aquí desde los tres años, siempre estuve con ellas".

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Información ante el inicio del Curso

 


Inscripción para 1º de Catequesis



Inscripción para 2º y 3º de Catequesis


Nuevos Horarios de Misa en la Unidad Pastoral:

Horario de Invierno : AVISO 

16 de Septiembre: San Cipriano

San Cipriano de Cartago (c. 200 – 14 de septiembre de 258) fue un influyente obispo, teólogo, escritor romano y mártir clave del cristianismo primitivo occidental. Su vida destaca por su brillante formación intelectual, su profunda caridad social y su inquebrantable firmeza ante las persecuciones imperiales de la época. 

 Juventud y Conversión

Nació en el norte de África en el seno de una familia pagana rica y culta. Recibió una esmerada educación clásica y ejerció con gran éxito como profesor de retórica y abogado en Cartago. 

Hacia el año 246, desilusionado por la corrupción del mundo romano y conmovido por el ejemplo moral de los cristianos, decidió convertirse al cristianismo bajo la guía del presbítero Cecilio. Al bautizarse, vendió sus posesiones para repartir el dinero entre los pobres. 

Episcopado y la "Peste de Cipriano"

Debido a sus virtudes intelectuales y pastorales, fue ordenado sacerdote y rápidamente aclamado como obispo de Cartago en el año 248. Poco después de asumir el cargo, una devastadora epidemia conocida históricamente como la Peste de Cipriano asoló el Imperio romano. En lugar de huir, Cipriano movilizó a la comunidad cristiana para cuidar de forma heroica tanto a los fieles como a los paganos que padecían la enfermedad. 

Las Persecuciones y el Conflicto de los Lapsi

Durante la cruenta persecución del emperador Decio (año 250), Cipriano decidió dirigir a su iglesia desde la clandestinidad mediante cartas secretas, una decisión que algunos tildaron de cobardía pero que protegió a su comunidad. 

Al terminar esta ola de violencia, enfrentó la crisis de los lapsi (aquellos cristianos que habían renegado de su fe por miedo a la muerte). Cipriano defendió una postura equilibrada: severa pero misericordiosa, permitiéndoles regresar a la Iglesia tras una sincera y ejemplar penitencia pública. En este contexto escribió su famosa obra de teología eclesial: De Ecclesiae Catholicae Unitate.  

Martirio y Muerte

Con la llegada al poder del emperador Valeriano, los edictos anticristianos se recrudecieron. En el año 257, Cipriano fue desterrado, pero al negarse rotundamente a realizar sacrificios a los dioses romanos, fue formalmente juzgado en el año 258. 

Las actas de su juicio revelan que ante la orden del juez, el santo declaró irrevocablemente: "Soy cristiano y obispo. No reconozco a otro Dios que al único y verdadero". Fue decapitado el 14 de septiembre de 258. Su comportamiento ante el verdugo fue ejemplar: le dio las gracias a Dios, perdonó a sus captores e incluso le regaló 25 monedas de oro a su ejecutor. Su festividad se celebra de manera oficial en la Iglesia católica el 16 de septiembre. 

martes, 15 de septiembre de 2026

AVISO

 

Nuestra Señora de los Dolores: una devoción que mira a la cruz

(EWTN) Cada 15 de septiembre la Iglesia celebra la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, una devoción muy extendida en los países mediterráneos que contempla a María al pie de la Cruz. El origen de esta conmemoración se remonta a finales del siglo XI, cuando comenzaron a surgir en Europa expresiones litúrgicas que destacaban la unión íntima de la Virgen con la Pasión de su Hijo.

En el siglo XIII, los frailes “Siervos de María” impulsaron especialmente esta espiritualidad, hasta que en 1668 se les permitió celebrar la Misa votiva de los Siete Dolores de María. Más adelante, el Papa Inocencio XII autorizó en 1692 la celebración de los Siete Dolores el tercer domingo de septiembre. Fue Pío VII quien, en 1814, extendió la fiesta a toda la Iglesia, y finalmente Pío X fijó la fecha definitiva el 15 de septiembre de 1913, justo después de la Exaltación de la Santa Cruz, cambiando su nombre a Nuestra Señora de los Dolores.

Un testimonio temprano de esta devoción lo encontramos en el célebre himno Stabat Mater, atribuido al beato Jacopone da Todi (1230-1306), que canta con intensidad poética la fidelidad de la Madre que permanece junto al Hijo crucificado.

María al pie de la Cruz

El Evangelio de san Juan relata: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre (…) y María Magdalena. Al ver a su madre y al discípulo a quien amaba, Jesús le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»”. (Jn 19,25-27).

Estas palabras son la última disposición de Cristo: confiar a María al discípulo amado y hacer de él hijo suyo. La tradición ha visto en este gesto un signo para toda la Iglesia: María es confiada a los cristianos y los cristianos son confiados a María. Así, la Madre de Jesús es también la Madre de la Iglesia.

Mujer y nueva Eva

El título con el que Jesús se dirige a María —“Mujer”— la vincula tanto con el episodio de Caná, donde su “hora” aún no había llegado, como con la escena de la Cruz, donde la hora de la redención se cumple. Al llamarla Mujer, Cristo la presenta como la nueva Eva, aquella que con su obediencia y su dolor participa en la obra redentora que el primer pecado había frustrado.

Madre y discípula fiel

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores recuerda que María no solo es Madre, sino también discípula. Ella acompañó a Jesús desde el inicio, permaneció fiel hasta el final y, como había anunciado Simeón en el templo, una espada atravesó su corazón. Su martirio interior se transforma en testimonio de fidelidad radical al Hijo, y en modelo para todo discípulo que quiera seguir a Cristo en el camino de la cruz.

En esta festividad, la Iglesia contempla a María como la Madre que sufre, pero que no se derrumba; la discípula que enseña a permanecer firmes en la fe, incluso en medio del dolor, y la intercesora que acompaña a cada creyente en sus propios sufrimientos.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Las banderas de la Perdonanza ya ondean en la torre de la Catedral de Oviedo

(El Comercio) «Quizá sea la escalada más emocionante que hago a lo largo del año». El escalador y guía de montaña Joaquín Álvarez ha coronado esta mañana, en una operación de aproximadamente una hora que comenzó a las diez, y tras ascender 85 metros de altura, la gran bandera roja con la Cruz de los Ángeles y otras cuatro más pequeñas, en la torre de la Catedral de Oviedo. Una tradición que simboliza la celebración del Jubileo y el inicio de la Perdonanza.

Una gesta que «este año ha sido muy agradable y ha ido muy bien porque estaba todo seco, más tranquilo que otros años con un día de orbayu». Una experiencia que «es una pasada», explica aún emocionado, pero con cierta dificultad a pesar de la experiencia, ya que ha subido el Naranjo de Bulnes más de quinientas veces. «Cuanto más alto y más verticalidad, tienes menos aparatos de seguridad. Vas subiendo por la aguja y tienes que ir adaptándote en los agarres a las formas y gárgolas de la Cruz; es una escalada de verdad», describió el vocal de la Federación de Deportes de Montaña.

Una escalada que le permite disfrutar durante unos minutos de unas vistas privilegiadas de Oviedo, sentir la sensación de estar en un escenario único, lo más alto de la Catedral.

Este es el pistoletazo de salida -recuperado en 2022- a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Hasta el lunes 21, fiesta de San Mateo, los ovetenses y visitantes podrán ganar la indulgencia plenaria con las condiciones que establece la Iglesia: confesión, comunión y rezo por las intenciones del Papa, el Padrenuestro y el Credo.

En este 2026 el tema es 'Unidos en la Cruz, constructores de paz', en referencia a dos de los ejes del Pontificado de León XIV: la unidad y la paz, según indicaron fuentes del Arzobispado de Oviedo.

A partir de ahora, cada día se celebrará la eucaristía a las 18.30 horas en la nave central de la Catedral. Los fieles podrán disfrutar en el Altar Mayor de la Cruz de los ángles, del siglo IX, que habitualmente se custodia en la Cámara Santa. El día de San Mateo, será el deán de la Catedral, don Benito Gallego, quien presida la eucaristía solemne a las 12 horas. Al finalizar esta celebración, al igual que la del día 14 -en este caso a las 18.30 horas-, se mostrará el Santo Sudario fernte al Altar Mayor para la veneración de los fieles.

«Ave crux, spes unica»: por qué la Iglesia exalta hoy la Santa Cruz

(Infovaticana) La Iglesia celebra este lunes 14 de septiembre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, una fecha que puede resultar paradójica: el instrumento en el que murió Nuestro Señor Jesucristo aparece «exaltado» por la liturgia como signo de victoria. La celebración no repite el Viernes Santo, sino que contempla de modo particular la Cruz a la luz de la Resurrección y de la redención obrada por Cristo.

La fiesta hunde sus raíces en la Jerusalén del siglo IV y quedó posteriormente vinculada tanto a la veneración de la Cruz de Cristo como a la recuperación de la reliquia después de que los persas se apoderaran de ella en el siglo VII.

De instrumento de ejecución a signo de victoria

La crucifixión constituía una de las formas más duras y humillantes de ejecución empleadas en el mundo romano. La Iglesia no exalta la crueldad del suplicio ni presenta el sufrimiento como un bien en sí mismo. Lo que celebra es aquello que Cristo obró precisamente a través de la Cruz: el instrumento de muerte quedó convertido por su sacrificio redentor en signo de salvación y victoria.

Benedicto XVI lo explicó durante la Misa celebrada en Lourdes el 14 de septiembre de 2008: «Por su Cruz hemos sido salvados». El instrumento de suplicio se convirtió, por Cristo, en «fuente de vida, de perdón, de misericordia, signo de reconciliación y de paz». «La Iglesia nos invita a levantar con orgullo la Cruz gloriosa», añadió el Pontífice.

Por eso la Exaltación tiene un carácter distinto del Viernes Santo. Este inserta la veneración de la Cruz en la celebración de la Pasión y muerte del Señor. El 14 de septiembre, en cambio, la Cruz misma ocupa el centro de la fiesta y aparece de modo particularmente explícito como estandarte de la victoria de Cristo y árbol de salvación.

Una fiesta nacida en Jerusalén

Uno de los orígenes inmediatos de la celebración se encuentra en la dedicación, el 13 de septiembre del año 335, de las basílicas levantadas en Jerusalén sobre los lugares asociados a la muerte y Resurrección de Cristo. Al día siguiente se expuso solemnemente la Cruz que, según la tradición cristiana, había sido hallada por santa Elena, madre del emperador Constantino.

De esta celebración jerosolimitana procede la fecha del 14 de septiembre.

La tradición del hallazgo de la Vera Cruz se desarrolló ampliamente durante los siglos posteriores y la veneración del madero de la Cruz se difundió desde Tierra Santa a diferentes regiones de la cristiandad.

Los persas se llevaron la Cruz de Jerusalén

Otro episodio histórico reforzó el significado de la fecha. En el año 614, las fuerzas del rey persa Cosroes II conquistaron Jerusalén y se llevaron entre sus trofeos la reliquia venerada como la Cruz de Cristo.

Años después, el emperador bizantino Heraclio derrotó a los persas. Tras la victoria de Nínive, en 627, exigió la devolución de la reliquia, que regresó posteriormente a Jerusalén.

La memoria de aquella recuperación terminó uniéndose a la celebración ya existente y contribuyó a extenderla por Oriente y Occidente.

«No exaltamos una cruz cualquiera»

Los pontífices contemporáneos han insistido en que la celebración no consiste en glorificar un instrumento de tortura. Francisco explicó en 2014 que los cristianos «no exaltamos una cruz cualquiera», sino la Cruz de Jesús, precisamente porque en ella se manifestó el amor de Dios.

El año pasado, León XIV retomó esta idea durante el Ángelus del 14 de septiembre. 

Al comentar el diálogo entre Jesús y Nicodemo, recordó que Dios utilizó «uno de los instrumentos de muerte más cruel que el hombre haya jamás inventado» y lo transformó, mediante la entrega de Cristo, «de medio de muerte a instrumento de vida».

Lea también: León XIV: «Dios, para redimir a los hombres, se hizo hombre y murió en la cruz»

La serpiente de bronce y el Evangelio de la fiesta

Las lecturas escogidas para el 14 de septiembre ayudan a explicar ese significado. El libro de los Números relata cómo, durante la travesía del desierto, quienes habían sido mordidos por serpientes podían salvarse mirando la serpiente de bronce levantada por Moisés.

El Evangelio de san Juan aplica esa imagen a Cristo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre».

La liturgia culmina con una de las afirmaciones centrales del Evangelio: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único».

De ahí procede el sentido cristiano de la «exaltación». La Cruz no es un mero símbolo ni un recuerdo del suplicio romano: la Iglesia venera la Santa Cruz porque en ella Cristo ofreció el sacrificio de nuestra redención y convirtió el instrumento de muerte en signo de su victoria. Como recordó Benedicto XVI, desde entonces la Cruz es «signo de esperanza» y «estandarte de la victoria de Jesús».