miércoles, 13 de mayo de 2026

Oración a Nuestra Señora de Fátima


“Oh Virgen Santísima,
vos os aparecisteis repetidas veces a los niños;
yo también quisiera veros, oír vuestra voz y deciros:
madre mía, llevadme al cielo.

Confiando en vuestro amor,
os pido me alcancéis de vuestro hijo Jesús una fe viva,
inteligencia para conocerle y amarle,
paciencia y gracia para servirle a Él a mis hermanos,
y un día poder unirnos con vos allí en el Cielo.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Madre mía también os pido por mis padres,
para que vivan unidos en el amor;
por mis hermanos, familiares y amigos,
para que viviendo unidos en familia
un día podamos gozar con vos en la vida eterna.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Os pido de un modo especial
por la conversión de los pecadores y la paz del mundo;
por los niños, para que nunca les falten los auxilios divinos
y lo necesario para sus cuerpos,
y un día conseguir la vida eterna.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria

Oh Madre mía, sé que escucharás,
y me conseguirás estas y cuantas gracias te pida,
pues las pido por el amor que tienes de tu hijo Jesús. Amén.

¡Madre mía, aquí tienes a tu hijo, sé tú mi madre!
¡Oh dulce corazón de María, sed la salvación mía!”

Amén

martes, 12 de mayo de 2026

Algunos detalles sobre liturgia en el tiempo de Pascua. Por R. H. M.

Los 50 días del Tiempo Pascual no son simplemente una prolongación de la fiesta, sino una vivencia mística y profunda de la vida nueva en Cristo resucitado. El color litúrgico de este tiempo es el blanco, símbolo de alegría, luz, pureza, resurrección... La decoración y ornato floral han de expresar el gozo de la resurrección del Señor. El Cirio Pascual es el símbolo por excelencia del Resucitado, la Luz del mundo. Debe colocarse de manera visible junto al ambón o cerca del altar. Se enciende en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes de este Tiempo: Misas, Laudes y Vísperas. Al concluir Pentecostés, se apaga y se traslada al baptisterio.

Liturgia Eucarística

La liturgia eucarística durante el tiempo de Pascua adquiere una solemnidad extraordinaria mediante modificaciones estructurales, oracionales y textuales en el misal romano, que tienen como único fin exaltar la Resurrección de Jesucristo. Durante estos cincuenta días todas las partes de la liturgia del altar se transforman para reflejar el gozo del misterio pascual.

Saludo inicial

 Durante toda la Pascua la fórmula de saludo propio del sacerdote es: ''El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo rompiendo las ataduras de la muerte, esté con vosotros''. 

Acto penitencial

Para el "acto penitencial" el misal ofrece tres opciones para emplear durante la cincuentena, con varios tropos propios para estos días en la página 439: ''Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad...''

Se recomienda especialmente en este Tiempo que se sustituya en días especiales de la cincuentena pascual el acto penitencial por la aspersión del agua bendita. En el misal se encuentra en el Apéndice II (pag. 1305). Durante todo el tiempo se bautiza utilizando el agua bendecida en la noche de la Vigilia Pascual.

Cirio Pascual

Solo se inciensa antes del canto del pregón pascual o "exultet" en la Vigilia pascual (institutio del misal 277) y ceremonial de los obispos (cf. 345). Al comenzar la celebración se inciensa el altar y la cruz (cf. Ceremonial 131) como también las imágenes expuestas a la veneración pública si las hay (cf. Institutio 277).

Preces

El modelo de formulario para la oración universal está en la página 1316 del misal.

Presentación de las ofrendas (Ofertorio)

Sentido sacrificial: El pan y el vino se presentan no sólo como frutos de la tierra, sino como elementos que van a ser transformados en el cuerpo y la sangre de la Víctima Pascual.

Prefacios de Pascua

El prefacio abre la gran plegaria eucarística. El Misal Romano contempla cinco prefacios pascuales propios de este tiempo, cada uno con un matiz teológico específico: 

Prefacio I de Pascua (El misterio pascual): Es obligatorio en la Vigilia Pascual. El Domingo de Resurrección y la Octava de Pascua usa la fórmula fija: «pero más que nunca en este día [o en este tiempo] en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado».

Prefacio II (La vida nueva en Cristo): Resalta la resurrección como el inicio de la nueva creación.

Prefacio III (Cristo vivo e intercesor): Enfatiza que Cristo, una vez resucitado, no vuelve a morir, sino que vive para siempre intercediendo por la humanidad.

Prefacio IV (La restauración del universo): Se centra en cómo la resurrección de Cristo restaura el mundo caído y devuelve la dignidad a los hombres.

Prefacio V (Cristo, sacerdote y víctima): Explica el papel de Jesús como el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo mediante su sacrificio voluntario.

Los prefacios de pascua vienen en las páginas 466, 467, 468, 469 y 470, mientras que los textos musicalizados de estos cinco prefacios vienen en las páginas 1170, 1171, 1172, 1173 y 1174.

Embolismos propios en la Plegaria Eucarística

Durante la Octava de Pascua (los primeros ocho días), las grandes plegarias eucarísticas incluyen partes variables obligatorias (embolismos).

En la Plegaria Eucarística I o Canon Romano se utiliza el communicantes propio («Reunidos en comunión para celebrar el día santísimo [o la noche santísima] de la resurrección...») y el Hanc Igitur propio («Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda... que te presentamos también por aquellos que has regenerado por el agua y el Espíritu Santo...»).

En las plegarias eucarísticas II, III y IV: Se inserta una conmemoración propia por los bautizados durante la Vigilia Pascual y los neófitos.

 Rito de la Comunión

Se recomienda vivamente que los fieles reciban la comunión con las especies consagradas en la misma misa para expresar más plenamente la participación en el sacrificio actual.

Para los neófitos (los recién bautizados en la Vigilia Pascual) el misal sugiere la comunión bajo las dos especies durante todo el Tiempo Pascual.

Rito de Conclusión - Bendición solemne

La bendición solemne para el Tiempo Pascual figura en el misal en la página 580

Se utiliza la fórmula de triple invocación propia del Tiempo de Pascua.

Despido Pascual: Durante la Octava de Pascua y el domingo de Pentecostés se añade obligatoriamente el doble Aleluya: «Podéis ir en paz, aleluya, aleluya» 

El pueblo responde: «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya».

Despedida durante la Octava de Pascua

Los primeros ocho días desde el domingo de Resurrección forman la Octava de Pascua. Como ya hemos señalado, se celebra litúrgicamente como una única solemnidad. En la conclusión de la misa y la Liturgia de las Horas se añade el doble Aleluya al "Podéis ir en paz".

Palabra de Dios

Durante todo este Tiempo, la primera lectura no se toma del Antiguo Testamento, sino de los Hechos de los Apóstoles, mostrando el nacimiento y la vida de la Iglesia primitiva. En el evangelio se proclaman los relatos de las apariciones del Resucitado y discursos del evangelio de San Juan.

Música
 
Regresa triunfalmente en todos los cantos y respuestas de la misa tras el ayuno cuaresmal.

El "gloria" se canta en todos los domingos y solemnidades del Tiempo Pascual, así como en la Octava.

Se priorizan cantos de alegría y alabanza que incluyan frecuentemente la aclamación "Aleluya" en lugar de cantos penitenciales o de meditación.

El canto del "Cordero de Dios" (Agnus Dei) resuena con fuerza, reconociendo a Cristo como la Víctima Pascual inmolada que vive para siempre.

Liturgia de las Horas

En el Oficio Divino, la alegría de la Resurrección se manifiesta con rúbricas obligatorias durante los 50 días. Se añade un "Aleluya" al final de cada antífona de los salmos, cánticos y responsorios, salvo que el texto lo excluya expresamente por su sentido.

En la Hora Intermedia durante todo el Tiempo de Pascua, las antífonas de Tercia, Sexta y Nona se unifican y se sustituyen por la aclamación triple: «Aleluya, aleluya, aleluya».

En el rezo de Completas se concluye la oración de la noche con la antífona mariana «Regina Caeli» (Reina del Cielo), que se canta o reza de pie en lugar de las demás oraciones a la Virgen.

El "Te Deum" se reza o canta obligatoriamente en el Oficio de Lectura durante todos los días de la Octava de Pascua.

Los sacramentos en el Tiempo Pascual

La liturgia pascual está íntimamente ligada a la iniciación cristiana, por lo que se prioriza la vida sacramental. Es el tiempo propicio para profundizar en la catequesis sobre el bautismo, la confirmación y la eucaristía.

Primeras Comuniones

Tradicionalmente, las parroquias celebran las primeras comuniones en estos domingos para asociar la primera recepción de la eucaristía con el gozo de la resurrección.

Comunión a los enfermos

El clero y los ministros extraordinarios de la comunión deben facilitar que los enfermos comulguen con mayor frecuencia durante este tiempo jubiloso.

Religiosidad popular

El rezo del "Regina Coeli" sustituye al rezo habitual del "Ángelus" durante los cincuenta días de Pascua. Como antífona propia del Tiempo Pascual es costumbre entonar este canto los sábados, y al concluir las eucaristías de este Tiempo como felicitación a María por la resurrección de su Hijo.

"Vía Lucis": En los años noventa el salesiano P. Sabino Palumbieri S.D.B. ideó esta nueva devoción que medita sobre la Resurrección de Jesús y las apariciones pascuales, actuando como complemento al "Vía Crucis". Esto surgió en torno al año 1990 dentro del movimiento "Testigos del Resucitado", idea que fue muy aplaudida por el entonces pontífice San Juan Pablo II. Hoy, igual que durante el Tiempo Cuaresmal muchas parroquias tienen el rezo del "Vía Crucis", en Pascua se reza el "Vía Lucis". 

Mensaje del Santo Padre León XIV para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Custodiar voces y rostros humanos

Queridos hermanos y hermanas:

El rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos, de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro. Los antigüos lo sabían bien. Así, para definir a la persona humana, los antiguos griegos utilizaron la palabra “rostro” (prósōpon), que etimológicamente indica aquello que está a la vista, el lugar de la presencia y de la relación. El término latino persona (de per-sonare) incluye en cambio el sonido; no un sonido cualquiera, sino la voz inconfundible de alguien.

El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido. Palabra que resonó primero a través de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— la hemos podido escuchar y ver directamente (cf. 1 Jn 1,1-3), porque se dio a conocer en la voz y en el rostro de Jesús, Hijo de Dios.

Desde el momento de su creación, Dios ha querido al hombre como su interlocutor y, como dice san Gregorio de Nisa, [1] ha impreso en su rostro un reflejo del amor divino, para que pueda vivir plenamente la propia humanidad mediante el amor. Por tanto, custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitabile que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás.

La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.

El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos.

No renunciar al pensamiento proprio.

Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.

A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como “amiga” omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.

En los últimos años, los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Gran parte de la industria creativa humana corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor. Mientras que las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas.

La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.

Ser o fingir: simulación de las relaciones y de la realidad

A medida que nos desplazamos por nuestros flujos de información (feeds), cada vez es más difícil saber si estamos interactuando con otros seres humanos o con “bots” o “influencers” virtuales. Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y en las decisiones de las personas. En particular, los chatbots basados en grandes modelos lingüísticos (LLM), se están demostrando ser sorprendentemente eficaces en la persuasión oculta, mediante una optimización continua de la interacción personalizada. La estructura dialógica y adaptativa, mimética, de estos modelos lingüísticos es capaz de imitar los sentimientos humanos y simular así una relación. Esta antropomorfización, que puede resultar incluso divertida, es al mismo tiempo engañosa, sobre todo para las personas más vulnerables. Porque los chatbots excesivamente “afectuosos”, además de estar siempre presentes y disponibles, pueden convertirse en arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales y, de este modo, invadir y ocupar la esfera de la intimidad de las personas.

La tecnología que se aprovecha de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino que también puede dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. Esto ocurre cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, por lo tanto, para construir a nuestro alrededor un mundo de espejos, donde todo está hecho “a nuestra imagen y semejanza”. De este modo, nos privamos de la posibilidad de encontrar al otro, que siempre es diferente a nosotros y con el que podemos y debemos aprender a relacionarnos. Sin la aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.

Otro gran desafío que plantean estos sistemas emergentes es el de la parcialidad (en inglés: bias), que lleva a adquirir y transmitir una percepción alterada de la realidad. Los modelos de la IA están moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen y, a su vez, pueden imponer formas de pensar que replican los estereotipos y prejuicios presentes en los datos de los que se nutren. La falta de transparencia en el diseño de los algoritmos, junto con la representación social inadecuada de los datos, tiende a mantenernos atrapados en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades y las injusticias sociales existentes.

El riesgo es grande. El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de “realidades” paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces. Estamos inmersos en una multidimensionalidad, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.

A esto se suma el problema de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimiento nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces son auténticas “alucinaciones”. La falta de verificación de las fuentes, junto con la crisis del periodismo de campo, que implica un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.

Una posible alianza

Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, hay solo un puñado de empresas, aquellas cuyos fundadores han sido recientemente presentados como los creadores de la “persona del año 2025”, es decir, los arquitectos de la inteligencia artificial. Esto suscita una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia— a menudo sin que nos demos cuenta realmente.

El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.

Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

En primer lugar, la responsabilidad. Según las funciones, esta puede traducirse en honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.

Para quienes están en la cúspide de las plataformas online esto significa asegurarse de que las propias estrategias empresariales no estén guiadas por el único criterio del máximo beneficio, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común del mismo modo que cada uno de ellos se preocupa por el bienestar de sus hijos.

A los creadores y programadores de modelos de la IA se les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios.

La misma responsabilidad se exige también a los legisladores nacionales y a las entidades reguladoras supranacionales, a quienes compete vigilar sobre el respeto de la dignidad humana. Una reglamentación adecuada puede proteger a las personas, de crear vínculos emocionales con los chatbots y contener la difusión de contenidos falsos, manipuladores o confusos, preservando la integridad de la información frente a una simulación engañosa de la misma.

Las agencias de noticias y los medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. La confianza del público se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación. Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad.

Todos estamos llamados a cooperar. Ningún sector puede afrontar por sí solo el desafío de guiar la innovación digital y la forma de governar la IA. Es necesario, por tanto, crear mecanismos de protección. Todas las partes interesadas —desde la industria tecnológica a los legisladores, desde las empresas creativas al mundo académico, desde los artistas a los periodistas y a los educadores— deben implicarse en construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable.

A esto mira la educación: a aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; a permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.

Precisamente por esto es cada vez más urgente introducir en los sistemas educativos de cada nivel también la alfabetización en los medios de comunicación, en los medios de información y en la IA, que algunas instituciones civiles ya están promoviendo. Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu. Esta alfabetización también debería integrarse en iniciativas más amplias de educación permanente, llegando también a las personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, que a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos.

La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes —que podrían ser imprecisas o erróneas— proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. Es importante educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen (foto y audio), el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamentos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento. Al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA, cuáles son los mecanismos que determinan la aparición de determinados contenidos en nuestros flujos de información (feeds), cuáles son y cómo pueden cambiar los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA.

Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.

Al proponer estas reflexiones, agradezco a quienes están trabajando por los fines aquí expuestos y bendigo de corazón a todos los que trabajan por el bien común con los medios de comunicación.

Vaticano, 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales.

LEÓN XIV PP.

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(1) “El hecho de ser creados a imagen de Dios significa que, al hombre, desde el momento de su creación, le ha sido impreso un carácter real [...]. Dios es amor y fuente de amor; el divino Creador también ha puesto este rasgo en nuestro rostro, para que mediante el amor —reflejo del amor divino— el ser humano reconozca y manifieste la dignidad de su naturaleza y la semejanza con su Creador” (cf. S. Gregorio de Nisa, La creación del hombre: PG 44, 137).

lunes, 11 de mayo de 2026

Adolfo Mariño, vicario general: «Habrá que cerrar iglesias parroquiales porque no va nadie»

(El Comercio) Adolfo Mariño Gutiérrez (Avilés, 1953) es vicario general de la Diócesis de Oviedo desde 2024 y a la vez párroco de San Tirso. Se ordenó sacerdote en su propia parroquia de nacimiento, Santo Tomás de Sabugo. Desde aquel momento hasta la fecha ha realizado un buen periplo asturiano que comenzó en Pesoz, pasando como coadjutor en San Pedro de los Arcos, San Melchor de Quirós, durante 14 años. De ahí a San José de Gijón. «De todos los sitios salí a regañadientes porque estaba muy bien y de Gijón me sacaron a Covadonga como abad. Y cuando más feliz estaba, también, pues me dice el arzobispo que tengo que venir para Oviedo». Le pidió al arzobispo que, además de vicario general, le diera una pequeña parroquia «y me colocó en San Tirso, donde estoy muy cómodo y, además, al lado del Arzobispado, lo que me hace más fácil el trabajo por la proximidad».

–¿Retos como vicario general?

–El reto es tender puentes.

–¿Con quién?

–Tender puentes con la sociedad civil, con el clero diocesano y con las comunidades parroquiales. Velar por que los planes pastorales se lleven adelante. Animar a todas las comunidades y un reto muy importante es algo que yo siempre he deseado, que es vivir esa fraternidad sacerdotal que nosotros, como sacerdotes, hemos de mantener siempre muy fresca. Después hay retos de tipo de obras y de cosas de estas, pero me parece que lo más importante son las personas.

–¿Cómo se tienden lazos con la comunidad civil teniendo en cuenta que en Asturias se es muy dinamitero con la Iglesia?

–Los asturianos somos grandones de corazón y por ahí se puede entrar en todos los sitios, es decir, con las instituciones públicas civiles uno entra por medio del diálogo, por medio del acercamiento, no se entra por medio de las crispaciones y de las tensiones. Ese no es mi estilo ni es el estilo de la Iglesia.

–¿Echa de menos la vida contemplativa de Covadonga?

–De vida contemplativa nada, se trabaja mucho. Covadonga es el lugar identitario de nuestra diócesis y de nuestra región porque allí confluyen la historia, la naturaleza y la fe. La fe de un pueblo que siempre está mirando a la Santina. Puedo asegurar que desde las 7 de la mañana que me levantaba hasta el atardecer es un no parar.

–Además de vicario general, es párroco de San Tirso. Usted ya redactó una especie de plan director para la iglesia. ¿Qué necesita la parroquia?

–Primero, que los feligreses que vivimos allí, vivamos con autenticidad nuestra fe. Es decir, que los que vivimos en San Tirso nos sintamos familia, nos sintamos comunidad en torno a Jesús de Nazaret; segundo, las piedras, que siempre dan muchos rompederos de cabeza. Hay muchas dificultades por las humedades, por la polilla de unos altares que tenemos preciosos del siglo XVII y XVIII, y las imágenes de la misma época. Tenemos una piedra fundacional de la época de Alfonso II al Casto, que casi todo el mundo ignora, pero que es muy importante. Y hay que darle el lustre, claro. Ahora tenemos que empezar a dar pasos poco a poco y tímidos porque es una parroquia que económicamente no es fuerte. Pero somos 1.200 habitantes que pertenecemos a San Tirso.

–Mucho que mantener.

–En Oviedo hay 53 parroquias, iglesias, sin contar las capillas que tenemos. Hacer frente a todo el patrimonio es muy complicado. Después tenemos ventas de fincas rectorales sin funcionamiento que se van vendiendo poco a poco cuando se puede y como se puede, que no es fácil. No se pueden vender iglesias y capillas, pero sí rectorales. Con el tiempo, pues a lo mejor se tiene que cerrar alguna iglesia parroquial, porque es que no hay nadie, porque no va nadie. Habrá parroquias que habrá que cerrar, aunque de momento no se ha cerrado ninguna.

–¿Por qué?

–Porque no hay gente. Y los sacerdotes están haciendo esfuerzos sobrehumanos para hacer frente a esas unidades parroquiales que a veces las componen muchísimas parroquias. Cuando yo me ordené en 1979 éramos 750 sacerdotes. Hoy, en total, somos entre 250 y 290.

–¿Cómo ha vivido su primera Semana Santa como vicario general en Oviedo?

–La he vivido acompañando todos los pasos y cofradías porque no puedes hablar de una cosa si no la conoces y si no la ves o no la vives.

–¿Y qué ha visto?

–Que las cofradías de Oviedo tienen un pequeño repunte positivo, que van creciendo, pero todavía queda mucho recorrido. Porque el trabajo de una una cofradía no comienza el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Pascua. Es que es todo el año. Una cofradía tiene que tener formación cristiana. Durante el año, una cofradía tiene que descubrir que su compromiso es en las parroquias donde están viviendo su fe, sea la que sea. En fin, una cofradía tiene muchas aristas y todas importantes y necesarias. No es salir con un capirote. No es poner un hábito. El mejor hábito es tu vida, tu vida de creyente. Es decir, no son espectáculos, son espacios de fe, son catequesis, catequesis que con esos pasos tan hermosos nos dicen lo que ha sucedido hace dos mil años y lo que sigue sucediendo en este momento en tantos lugares del mundo, porque hay mucha pasión, hay mucha muerte, hay mucha persecución religiosa.

–El año que viene es Jacobeo. ¿Le gustaría realizar algo especial?

–Sí. Desde las unidades pastorales hay que hacerlo. Amén de las peregrinaciones que desde la Vicaría de Cultura y Peregrinaciones la cosa tiene mucho tirón porque sabemos que las peregrinaciones partieron de Alfonso II el Casto y el Salvador.

–La plaza de la Catedral es una plaza muy festiva, con muchas ferias, con mucha música, con mucho lío. ¿Cómo lo encaja?

–Yo lo encajo desde mi vivencia personal. Las fiestas de San Mateo las vivo hasta las cuatro y media de la mañana en pie durante 12 días. Los que vivimos en el entorno de la Catedral, que seremos como 12 o 15 familias, somos los sufridores de la fiesta de San Mateo. A mí me gusta mucho que la gente celebre. Yo soy también fiestero, pero ese no es el sitio, porque está precisamente machacando el lugar más emblemático que tiene Oviedo, que es la Catedral, y su entorno. Hay un espacio hermoso en el Campo San Francisco o algún recinto ferial que se construya como en Andalucía adecuado para estas cosas.

«El Arzobispo no se mete en política, la verdad es incómoda»

–Al arzobispo se le acusa de meterse en política. ¿El arzobispo se mete en política?

–El arzobispo no se mete en política. Como hombre creyente lee la actualidad y la situación de España, del mundo y de nuestra región. Yo he formado siempre parte de la acción católica y en la acción católica hablamos de la lectura creyente de la realidad. Hay que leer los acontecimientos a la luz de la fe y saber responder desde la luz de la fe; eso no es meterse en política, pero la verdad es incómoda.

–Pero no parece lo mismo decir las cosas en una homilía para sus fieles que a través de X.

–Ese es el asunto porque tenemos una mentalidad de que la iglesia tiene que hablar de puertas para adentro y no es así. Si olvidamos en un creyente la muestra pública de su fe, no es el seguimiento de las enseñanzas de Jesús lo que estamos haciendo. El creyente tiene que hablar de lo de dentro y de lo de fuera. Tiene que tener esa presencia pública porque debemos y tenemos que estar presentes en esta sociedad y desde ahí, como Jesús, iluminar las situaciones, siempre con respeto. Hay una frase del Evangelio de San Juan que dice: «la verdad os hará libres», y la verdad con mayúsculas es Jesús; nosotros somos portadores de esa verdad y tenemos que ser fieles a esa verdad. España es un país afortunadamente democrático y es un país donde se respetan las libertades. Pues yo tengo que respetar todas esas libertades, también las de los otros. Pero yo exijo también que respeten mi libertad.

–¿Piensa que les intentan acallar con todo el barullo que se monta cada vez que el arzobispo abre la boca, poco más o menos?

–Sí, pero no van a poder acallarle como no pudieron acallar a Jesús. Se trata de que lo religioso también es lo público, no solamente es lo privado. Pueden estar en desacuerdo, pero no se puede descalificar despiadadamente a las personas.

–La obra de ampliación del Museo de Bellas Artes anda medio parada. ¿Cómo está afectando a San Tirso ya que son vecinos?

–Una de nuestras casas está limitando con las excavaciones que se han hecho y lo que se va a hacer después de ampliación del museo. Como vecinos somos buenos y no tenemos ninguna dificultad, ni unos ni otros. El problema es que en todo el casco histórico hay acequias, hay muros, hay cosas que están excavando los arqueólogos y han visto cosas muy importantes. Y, claro, todo eso necesita un parón, necesita un estudio y necesita una nueva licencia y habrá que revisar los proyectos. Estoy convencido de que no tardando más de un mes o dos meses eso ya se dé de paso también con nuevas licencias o con lo que sea. Es decir, eso se va a llevar adelante.

Madonnelle. Por Guillermo Juan Morado

Mayo es el mes de María. Pero, en realidad, a ella están dedicados todos los días y todos los lugares. En la hermosa ciudad de Roma es imposible transitar por sus vías, al menos por las más cargadas de historia, sin encontrarse con alguna de las llamadas “Madonnelle”. Se trata de hornacinas con la imagen de María colocadas en los ángulos de las calles o adosadas a los muros de los antiguos edificios. Expresan una profunda religiosidad popular “di strada”, en plena calle. Parece que su uso tiene precedentes en la antigua Roma pagana, donde se encomendaba a los “Lares Compitales” – los dioses de los lugares- la protección de los cruces de caminos.

En un tiempo había en Roma miles de “Madonnelle”. En la actualidad se conservan unas quinientas. Pintadas al fresco o al olio, esculpidas sobre mármol o terracota, realizadas en mosaico…, suelen estar rodeadas de exvotos dejados por los fieles; muchos de estos exvotos son pequeños corazones plateados. Hasta comienzos del siglo XX eran los habitantes de los barrios los que se ocupaban de ellas, procurando dejar siempre encendidas candelas y lámparas, que tenían la virtualidad añadida de iluminar las calles por la noche para hacerlas más seguras.

He visto muchas de estas imágenes. Me voy a referir, a modo de ejemplo, a cuatro de ellas que se pueden encontrar en un breve paseo romano. Si uno accede a la “Via de’ Cappelari”, una calle del gremio de los sombrereros, que se sigue reivindicando hoy como “strada d’arte e artigianato”, puede contemplar, al borde de la desembocadura en el célebre “Campo de’Fiori”, una preciosa Madonnella, representación de la Inmaculada. Se trata de una pintura del siglo XVIII de la Virgen, a la que le han añadido dos coronas doradas sobre su cabeza y, sobre el cristal que la protege, varias cadenas con corazoncitos votivos. La pintura está inserta en un marco fastuoso, decorado con ramas, hojas, cintas, lirios, conchas y otras flores en estuco de bajo relieve. Debajo, dentro de una pequeña cartela de mármol, se lee: “Tota pulcra es et macula no est in Te” (“Eres toda bella y no hay mancha en ti”). Siempre hay flores frescas adornando el cuadro.

Algo más adelante, en el cruce entre la “Piazza del Teatro di Pompeo” con la “Via dei Baullari”, de los fabricantes de baúles, hallamos otra Madonnella, a mayor altura del suelo y más discreta. Data de finales del siglo XVIII y es conocida como “Madonna della Pietà”.

Ya en la “Piazza Navona”, el antiguo estadio de Domiciano y uno de los lugares más bellos - si no el que más - de toda Roma, podemos descubrir en el edificio que está situado detrás de la “Fontana de Neptuno”, que representa al dios del mar luchando con un pulpo, un fresco de la Virgen sosteniendo al Niño que bendice el mundo. La imagen está protegida por un cristal y rodeada por un marco barroco de estuco. En el pergamino que se encuentra sobre la imagen se lee: “Advocata nostra”, y en el que está debajo: “Ora pro nobis”.

Y una última parada en el “Vicolo della Pace”- que conduce a la preciosa iglesia de “Santa Maria della Pace” -. Adosada sobre un muro lateral de la impresionante iglesia de “Santa Maria dell’Anima” encontramos un relieve del siglo XIX de la Virgen con el Niño, que fue mandado colocar allí por Luis de Baviera con ocasión de una visita a Roma. A los pies de la escultura reza: “Maria Mater Dei ora pro nobis”.

Juan Pablo II, que era muy devoto de la Virgen y que estaba dotado de una enorme sensibilidad pastoral, se extrañó de que en la Plaza más importante del catolicismo, la de san Pedro, no hubiese ninguna imagen de la Virgen. Hizo colocar, en un lugar bien visible en la fachada del Palacio Apostólico, un mosaico que representa a María como “Mater Ecclesiae”. No podía ser que allí faltase su “Madonnella”.

Publicado en Atlántico Diario 

domingo, 10 de mayo de 2026

"Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Queridos hermanos, en el día de San Juan de Ávila, Patrono del clero español, la liturgia y las lecturas de este VI domingo de Pascua nos preparan directamente para la gran solemnidad de Pentecostés y la Ascensión del Señor. La Palabra de Dios hoy nos invita a pasar de la presencia física de Jesús a su presencia mística y sacramental a través del Espíritu Santo, revelando cómo la Iglesia primitiva expandió sus fronteras gracias a la fuerza del Paráclito. En este Domingo celebra también la Iglesia la Pascua del Enfermo, una jornada que nos invita a mirar el sufrimiento humano con los ojos del Resucitado. En la noche oscura del dolor, de la cama de hospital o del fatídico diagnóstico inesperado, el Espíritu Santo actúa como el Consolador divino. Dios no es indiferente al sufrimiento humano; en Cristo, Él ha padecido primero. Los cristianos siempre hemos cuidado con mimo esta realidad, conscientes de que todo bien que se haga a un enfermo es el rostro visible, las manos y las caricias de ese Dios que cuida y no abandona.

El pasaje de los Hechos de los Apóstoles nos sitúa en un contexto de dispersión. La persecución en Jerusalén, lejos de apagar el fuego de la fe, se convierte en el motor de la misión. Felipe, uno de los siete diáconos, no se recluye en el miedo. Baja a Samaría, una región históricamente enemistada y menospreciada por los judíos, para predicar a Cristo. El Evangelio purifica los prejuicios culturales y nacionales. La Palabra también va acompañada de signos. La multitud escucha unánimemente a Felipe porque sus palabras están respaldadas por hechos concretos: liberaciones y curaciones de paralíticos y lisiados. La teología lucana nos muestra que la salvación de Cristo es integral y restaura tanto el alma como el cuerpo. El texto señala que "la ciudad se llenó de alegría". La presencia del Resucitado transforma los entornos de dolor y división en focos de profunda consolación comunitaria. Esta es la experiencia de la alegría pascual. También el pasaje de los Hechos nos muestra cómo va tomando forma la estructura eclesial y la sacramental. Al enterarse los Apóstoles en Jerusalén, envían a Pedro y a Juan; esto fundamenta la unidad de la Iglesia. Mediante la oración y la imposición de las manos, los samaritanos reciben el Espíritu Santo. Este gesto sacramental complementa el bautismo y constituye el origen del sacramento de la Confirmación.

En la epístola, San Pedro escribe a comunidades cristianas que viven la fe en un ambiente hostil, sufriendo incomprensión y marginación por causa de su fidelidad a Cristo. El punto de partida de la apologética cristiana no es un argumento intelectual, sino la centralidad de Cristo en el templo interior del creyente. No basta con decir que uno es cristiano de palabra, hemos de demostrarlo con nuestros hechos, de forma que glorifiquemos a Cristo también con el corazón. El Apóstol exhorta: "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere". Estamos ante la apología de la fe. El cristiano no puede vivir una fe ciega o muda; debe ser capaz de explicar de manera inteligente, coherente y madura por qué confía en las promesas de Dios. El texto subraya que esta defensa debe hacerse "con mansedumbre y respeto", manteniendo una conciencia limpia. La verdad no se impone por la fuerza ni por la agresividad verbal. El respeto al interlocutor y la coherencia de vida otorgan la verdadera autoridad al mensaje cristiano; el estilo de nuestro testimonio es fundamental. También aborda el Apóstol el misterio del sufrimiento redentor. Nos recuerda que Cristo murió por nuestros pecados, el justo por los injustos, para conducirnos a Dios. Sufrir por hacer el bien, siguiendo las huellas de Jesús, es una participación directa en su misterio pascual. El dolor físico o moral es iluminado por la certeza de que el Espíritu devuelve la vida.

El evangelio de este domingo tomado del capítulo 14 de San Juan nos habla de la promesa del Paráclito y la comunión de amor en el discurso de la Última Cena. Jesús estaba preparando las mentes y los corazones de sus discípulos para su inminente partida histórica. Y para ello da algunas premisas y claves. En primer lugar, establece una condición clara: el amor se traduce en fidelidad, por eso afirma "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos". En la teología joánica, el amor no es un sentimiento efímero ni una emoción pasajera, es la adhesión libre de la voluntad a la palabra del Maestro. Después les promete rogar al Padre para que envíe "otro Defensor" (el Paráclito), el Espíritu de la verdad. El término Paráclito significa literalmente "aquel que es llamado al lado de uno", el abogado defensor, consolador y guía en tiempos de prueba. Jesús fue el primer defensor; el Espíritu continúa y actualiza de manera invisible su obra salvífica. Y también les advierte de algo: el rechazo del mundo. El mundo no puede recibir al Espíritu porque se cierra a lo trascendente y prefiere la autosuficiencia. El Espíritu de la verdad sólo es perceptible para quien vive en sintonía con la fe. Nuestro mundo está lleno de personas que creen que sus ideas, sus gustos, sus opiniones, sus versiones... son la verdad, pero ya el Señor el domingo pasado nos dejó claro que sólo Él es la verdad. Y por último, Jesús les/nos tranquiliza: ''No os dejaré huérfanos''. Esta es una de las declaraciones más reconfortantes de Jesucristo. Su partida física da paso a una forma de presencia mucho más íntima y universal. Dios establece su morada permanente en el corazón del discípulo fiel. Necesitamos vivir desde la presencia interna del Espíritu: La mayor seguridad del cristiano radica en que jamás camina sólo. En medio de las dificultades familiares, laborales o de salud, la promesa de Cristo sigue vigente: "Yo vivo y vosotros viviréis".

Evangelio Domingo VI de Pascua



Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor