viernes, 20 de febrero de 2026

Reflexiones Cuaresmales en vídeo, por Mons. Jesús Sanz Montes. 1º Domingo

(Iglesia de Asturias) Un año más, y con este ya van seis, cada semana de la Cuaresma el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, irá publicando una breve meditación en vídeo que se comparte especialmente a través de las redes sociales y el canal de YouTube de la diócesis, pero que también se podrá ver en esta misma página web. Ante el primer domingo de esta Cuaresma 2026 recuerda que «Las tentaciones de Jesús son el espejo en donde podemos ver todas las nuestras, y ahí vemos cómo Él prefirió el designio del Padre antes de secundar los sutiles señuelos del maligno que venía a separarle de su amor en ese sobrecogedor relato que hoy nos acerca el Evangelio». «Es el desierto de todas nuestras tentaciones –dice– en donde se nos salva de la soledad librándonos de nuestras seducciones funestas. Comienza un tiempo de penitencia, de ayuno y de oración, para prepararnos a la acogida renovada de la Luz pascual que viene a iluminar todas nuestras oscuridades, la acogida de la salvación del Hijo de Dios en cuyas heridas todas las nuestras han sido curadas, la acogida de la victoria del Resucitado que viene a triunfar sobre todas nues­tras muertes. La cuaresma es camino de alegría, porque levantándonos de nuestras oscuridades todas nos vuelve a proponer una meta que termina en Pascua».

El camino de la Cruz

 

jueves, 19 de febrero de 2026

«El corazón reclama un cambio». Palabras de nuestro Arzobispo al inicio de la Cuaresma


(Iglesia de Asturias) «Sabemos muy bien lo que hoy da comienzo, que es la Santa Cuaresma, porque tenemos ya muchas a nuestras espaldas y probablemente no estemos en actitud de sorpresa. Pero esta Cuaresma que ahora vivimos nunca sucedió y nunca más se repetirá. Tenemos que desembarazarnos de la inercia que nos empuja según dictan las calendas», afirmó esta mañana nuestro Arzobispo, Mons. Jesús Sanz en su homilía, durante la celebración de la Misa Capitular en la Catedral, en este Miércoles de Ceniza.

«Mirando la Pascua pedimos al Señor que nos sostenga y acompañe en lo que necesita mi vida de conversión. De transformación del corazón, porque el corazón reclama un cambio», afirmó Mons. Sanz, que explicó que «Cuando nos asomamos a las noticias vemos que hay mucha frivolidad, mucha superficialidad, mentira y corrupción. Como también hay mucha tragedia entre gente que lo pasa mal y sin salida». Y apeló a la libertad de «quien se deja acompañar por Dios, empeñándose y comprometiéndose para ser salvado».

Finalmente recordó los tres gestos que nos van a acompañar durante toda la Cuaresma: «el ayuno, de aquello que nos hace daño, que nos separa de Dios y no nos reconcilia con los hermanos»; también la limosna, que supone «no sólo entregar aquello que me sobra sino reconocernos como don para los demás». Y finalmente la oración, que no es «recitación de plegarias aprendidas desde pequeños -que ojalá nunca olvidemos-, sino saberse mirado y sostenido por quién conoce mi vida, mis heridas, mis trampas… vivir filialmente todas las cosas porque no somos huérfanos de Dios aunque a veces seamos pobres y malos hijos». Afirmó finalmente «Nos queremos dejar reconciliar por Dios para que la oración, la limosna y el ayuno nos lleven a un camino hacia la Pascua».

Casuística cuaresmal. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Bienvenidos al tiempo de cuaresma. Espero que todos tengan claras las prácticas penitenciales cuaresmales, en qué consisten y a quién obligan. Por si acaso, ahí va un resumen:

Abstinencia: Prohíbe comer carne (mamíferos y aves) los viernes de cuaresma, especialmente miércoles de ceniza y viernes santo, desde los 14 años en adelante.

Ayuno: Consiste en hacer una sola comida completa y dos más pequeñas que, sumadas, no igualen la comida fuerte. Se aplica el miércoles de ceniza y viernes zanto para personas entre 18 y 59 años.

Y ahora viene la casuística de cada año, exactamente la misma de toda la vida, porque hasta en las pegas hemos dejado de ser originales:

Si no como albóndigas y como langosta vaya penitencia.

Me encanta el pescado, así que la cuaresma para mí es una fuente de alegría y buen comer.

Para mí sacrificio sería justo dejar de comer pescado los viernes.

Qué más dará la abstinencia el viernes o el sábado.

Tampoco creo que a Dios le importe mucho si me desayuno en viernes un bocadillo de mortadela.

Mejor sería ayunar de otras cosas.

Seguro que mis amabilísimos lectores podrían aportar mil casos más. Somos expertos. No me voy a molestar en quitarles la razón. Pero sí en aportar algunas cosas:

PRIMERA. Que la clave de todo se llama obediencia y humildad. Por tanto, si en el cuarto mandamiento de la Iglesia leo “ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la santa madre Iglesia", ya está todo dicho. Se acepta y se cumple simplemente por obediencia. Quizá sea este, y sin quizá, el mayor sacrificio.

SEGUNDA. Mayorcitos somos todos para cumplir con sentido común entendiendo la raíz del mandato. Déjense de bobadas con que si la langosta. Eso lo entiende cualquiera si quiere.

TERCERA. Ayuno y abstinencia son prácticas para toda la Iglesia. Universales. Vamos a cumplir aunque sea solo en afras de sentirnos comunidad más allá de sinodalidades varias.

CUARTA. La cuaresma nos pide, además del ayuno y la abstinencia, perseverar en la oración y dar limosna a los pobres. También eso.

RESUMO. Nuestro mayor pecado, desde el paraíso terrenal, es el orgullo. Todo lo que sea doblegar el yo es avanzar en el proceso de conversión personal de cada uno. Toca agachar la cabeza, aguantarse y cumplir el ayuno y la abstinencia como se nos manda y simplemente por eso.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Miércoles de Ceniza. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy recibimos la ceniza sobre nuestras cabezas. Este gesto no es un rito de tristeza, sino de humildad y realismo. Nos recuerda nuestra fragilidad ("polvo eres") pero, sobre todo, reaviva la esperanza de lo que estamos llamados a ser por la misericordia de Dios: ''conviértete y cree en el evangelio". Es el reconocimiento de que necesitamos al Padre para que transforme nuestra "ceniza" en vida nueva. La ceniza nos habla de esperanza. La voz del Señor nos habla hoy con más fuerza que nunca: "convertíos a mí de todo corazón". La Cuaresma es ante todo, ésto: una llamada a la conversión; no es tanto privarnos de muchas cosas, sino hacer una introspección espiritual de cómo está nuestro corazón en relación a Dios y nuestros hermanos. Si en Adviento me gusta decir que hay que hacer hueco en el corazón al Niño Jesús, la limpieza interior que tenemos que hacer en Cuaresma es aún mayor, pues ahora el que tiene que entrar es Jesucristo adulto: ¡el resucitado! 

El profeta Joel nos invita hoy a "rasgar el corazón y no las vestiduras". La verdadera conversión no es un cambio exterior de ritos, sino un movimiento profundo del espíritu para levantar la mirada de nosotros mismos y ponerla en Dios y en los hermanos. No lo olvidemos: Dios no se cansa de perdonar, por lo que este es el tiempo es oportuno para retornar a Él con confianza. Somos convocados a vivir con hondura la espiritualidad interiormente; sin duda, pero también de forma comunitaria, que es lo que hoy más nos cuesta. Los católicos tenemos claro que no vivimos nuestra fe por libre, ni nos salvamos solos: Para nosotros es esencial la experiencia comunitaria a ejemplo de nuestro Dios que es Trinidad, comunidad de amor. Hoy, que vamos por la calle absortos, inmersos en nuestras situaciones, tantas veces al margen del resto, que cada día cuesta más socializar, decir buenos días, ir a reuniones, trabajar en equipos, convivir... El Señor nos pide precisamente esto: amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Hay un "mantra" muy extendido, especialmente entre las personas que se consideran creyentes ejemplares, y es decir que no necesitan confesar porque "ni robo ni mato": ¡faltaría más! Pero eso no es cierto de todo: hoy más que nunca se roba y se mata. No sólo físicamente en este mundo depredador de sí mismo, también con nuestra lengua muchas veces se puede matar socialmente a otros y robarles la buena fama. 

El Evangelio de San Mateo que hemos proclamado nos propone un "tríada" espiritual para sostener este tiempo de cuarenta días:

La Oración: Para hablar con Dios y escuchar su voz en lugar de las seducciones del mundo. Es el motor que da sentido a las otras prácticas. Como nos diría Santa Teresa, orar es ''tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama''. 

El Ayuno: No sólo de alimentos, sino de posiciones cómodas y egoísmos que nos impiden crecer. Ayunamos para hacernos dueños de nosotros mismos y recordar que somos de Dios: cuánto ayuno necesitamos de palabras hirientes, de críticas mordaces, de comentarios incendiarios, de etiquetas, de chismes... Tenemos una cuarentena por delante para sanar el alma de todo ese mal, de hacer las paces con quienes estamos enfrentados, de cerrar tanta herida abierta. 

Y la Limosna (practicar la Misericordia): Para vencer el egoísmo mediante la solidaridad directa y la caridad con quienes sufren. Pero de poco servirán monedas o billetes para ayudar a rostros desconocidos si antes no ejercemos la misericordia con los rostros que conocemos muy bien, pero no soportamos. 

Las "armas" de la Cuaresma son una ayuda, pero no son un fin en sí mismas; son una ayuda para encauzar nuestras vidas al Señor. San Juan de la Cruz, cuyo año jubilar estamos viviendo en España este 2026 nos regala una propuesta muy directa para este Tiempo: “Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto; no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada; no a andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor”. No olvidemos que la Cuaresma es un camino con una meta: la Pascua de Resurrección. Al salir hoy con la cruz de ceniza en la frente, hagámoslo con una sonrisa y el corazón perfumado, sabiendo que cada pequeño sacrificio es un paso hacia la alegría del Hombre Nuevo.

Camino hacia la Pascua

 

El obispo de Mondoñedo que tradujo al bable el Evangelio de San Mateo

(Martín Fernández/ La voz de Galicia) Antes de ser O Santo, el Muy Ilustre Don Manuel Fernández de Castro, obispo de Mondoñedo, era Manolín, un joven ovetense culto, sensible, espiritual. Un día escribió un poema sobre unas ovejas que le regalaron a un recién nacido: «Que'l niñín les quiera / y faiga caricies, / y peine so llana / coles manines./ Qu'el mesmu las eche/ cabe si xuntines,/ y los pies los tape/ pa que non se enfríen».

Ese mismo candor y cuidado que reclamaba para las merinas lo puso él para proteger una lengua minoritaria y en retroceso, el bable, el idioma de su corazón. En 1861, Louis Lucien Bonaparte, sobrino de Napoleón, el Emperador francés, le encargó traducir al asturiano el Evangelio según San Mateo, entonces uno de los textos más populares de Europa. Y le financió la publicación del libro en Londres, tal vez el único volumen de procedencia astur que haya sido editado en la capital inglesa...

Manuel Fernández de Castro y Menéndez Hevia, que así se llamaba el prelado, nació en Oviedo en 1834 y murió en Lugo, lejos de la tierra que tanto amó, en 1905. Desde muy joven se inclinó por la vida religiosa y, tras ser ordenado sacerdote, fue catedrático de Latín en el Seminario Conciliar de la capital asturiana y fundador del Catecismo de Oviedo. Cuando tenía 55 años, fue nombrado Obispo de Mondoñedo, diócesis en la que prosiguió la labor pastoral que lo caracterizó: el apoyo a las vocaciones religiosas y la difusión de la doctrina y de la moral cristiana.

Un encargo singular

Su condición clerical no le impidió, sin embargo, participar activamente en la vida social y cultural de su tiempo. En el diario La Unidad -medio vinculado al carlismo- escribió artículos que defendían postulados conservadores y tradicionalistas. En revistas eclesiásticas españolas difundió sus tesis y opiniones sobre asuntos de teología moral. Fue autor de dos libros sobre catequesis. Vertió al «asturianu» en 1854 la bula del Papa Pío IX -Pío Nono- Ineffabilis en la que se define el misterio de la Inmaculada Concepción. Y publicó en la prensa regional, en bable, diversos poemas de tipo costumbrista y popular que le dieron una notable fama y gran notoriedad.

Pero, sin duda, su máximo reconocimiento lo alcanzó con la traducción al bable del Evangelio de San Mateo, libro que fue editado en Londres en 1861 con una tirada inicial de 200 ejemplares. De ellos, según fuentes del Instituto de Estudios Asturianos, solo se conservan cinco: tres, en las bibliotecas Nacional de España, Londres y Vaticana y dos en manos privadas en Asturias. El volumen presenta dos características que lo hacen especial y singular. La primera, que tal vez sea el único libro en lengua asturiana que se editó en Londres. Y la segunda, que su publicación se debió al encargo de un personaje también un tanto raro y singular: Louis Lucien Bonaparte, sobrino de Napoleón Bonaparte, El Emperador de Francia. 

Un sobrino de Napoleón que amaba las lenguas minoritarias

En 1861, uno de los libros más populares de Europa era El Evangelio de San Mateo, uno de los cuatro del Nuevo Testamento. Por entonces, a Louis Lucien Bonaparte -que era lingüista, amante de las lenguas minoritarias y sobrino de El Emperador- se le ocurrió comparar cuatro idiomas próximos a su francés materno. Él fue uno de los primeros filólogos que estudiaron las lenguas vivas con métodos rigurosos por medio de la comparación lingüística. Y por eso encargó la traducción del Evangelio de San Mateo al asturiano, al gallego, al portugués y al castellano.

Al bable, se la encargó a un joven sacerdote ovetense que entonces tenía 27 años y que, con el tiempo, llegaría a ser Obispo de Mondoñedo. Para llevar a cabo el pedido, Don Manolín se apoyó en curas y seminaristas asturianos y redactó el texto en la llamada variante central, a la que incorporó usos y palabras de las modalidades oriental y occidental del bable.

La traducción al gallego, Bonaparte la puso en manos del compostelano Vicente Turnes pero, cuando este concluyó su trabajo, el francés consideró que su texto estaba demasiado castellanizado y le hizo un nuevo encargo a José Sánchez de Santa María, un poco conocido traductor gallego que Carballo Calero cita entre los precursores de Rosalía de Castro.

Louis Lucien Bonaparte no solo promovió el estudio de las lenguas de la Península Ibérica sino también los dialectos ingleses, italianos, sardos y albaneses. Y, sobre todo, estudió la lengua vasca, hasta tal punto que sus conclusiones sobre el euskera se mantuvieron en la picota de la investigación hasta el año de 1998 cuando se realizó la actual ordenación dialectal del vasco. Bonaparte había clasificado esta lengua en tres grandes grupos, ocho dialectos, veinticinco «subdialectos» y cincuenta variedades.

Su pasión por el País Vasco lo llevó a mantener largas estancias en él, casarse con una mujer vasca y publicar 33 obras en los distintos dialectos de esta vieja lengua preindoeuropea. Le llamaban O Santo y promovió la creación de la iglesia del Carmen y de rectorales y cruceiros

Manuel Fernández de Castro era un hombre sencillo, próximo y famoso por sus obras de caridad. Los vecinos le llamaban O Santo y entre ellos quedó, por largo tiempo, grato recuerdo y profunda huella, según documentan los historiadores mindonienses Cal Pardo y Andrés García Doural. Cincuenta años después de su muerte, su memoria seguía presente en la diócesis y en 1955 le fue tributado un homenaje en la iglesia parroquial de Nosa Señora do Carmen que él mismo había levantado sobre una vieja ermita de 1664. El nuevo templo fue obra del arquitecto local José Domenech a expensas del obispo De Castro. Su primer párroco fue en 1900 Justo Rivas Fernández, futuro obispo de Plasencia (Cáceres).

Mapa parroquial

En el acto, que contó con gran participación de vecinos y sacerdotes, intervinieron el entonces obispo de Mondoñedo, Mariano Vega Mestre; el deán Vicente Saavedra; el primer párroco de O Carme, Justo Rivas; y los párrocos de Ramil (Vilalba), José Benito Fernández Quintana, y Vilaronte (Foz), Jesús Losada Ares. Por su parte, el Concello de Mondoñedo colocó una lápida y dio su nombre a la avenida que discurre entre la escuela del barrio de Os Muiños de Arriba y la iglesia del Carmen. En su período al frente de la diócesis, Fernández de Castro reordenó en 1895 el mapa parroquial de Mondoñedo, lo que llevó a la desaparición de viejas parroquias como Rilleira de Cesuras, Trigás y Ambroz y a la aparición de las actuales de Os Remedios, San Vicente y O Carmen. Promovió, además, varias obras públicas -cruceiros, petos de ánimas, etcétera- y adquirió inmuebles y terrenos para levantar rectorales en parroquias. A él se debe la construcción del cruceiro de O Fiouco.