viernes, 11 de septiembre de 2026

''Sagrado Corazón'': el documental que actualiza con fuerza una tradición que muchos creen olvidada

(El Debate) Se estrena una película documental francesa que en nuestro país vecino ya ha superado el medio millón de espectadores. Dirigida por Sabrina y Steven Gunell, la película presenta y profundiza en el sentido y la historia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. El origen del film está en un encuentro que los directores tuvieron en 2023 en Notre-Dame-du-Laus, un conocido santuario mariano situado en los Alpes franceses. Allí conocieron el testimonio de personas consagradas al Corazón de Jesús y se dieron cuenta que esta devoción seguía muy viva actualmente y mantenía plenamente su sentido. «Muchos pensaban que hablar de las apariciones del siglo XVII era algo lejano o anticuado -declara la directora Sabrina Gunnell-, pero precisamente queríamos mostrar que este mensaje sigue siendo actual».

El guion cuenta con tres líneas narrativas diferentes que se van trenzando entre sí. Por un lado nos acerca en clave de ficción a la vida de Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) religiosa mística francesa que en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial (Borgoña), recibió las famosas revelaciones sobre el Sagrado Corazón entre 1673 y 1875. Estas recreaciones están interpretadas magníficamente por la actriz Julie Budria, a la que acompaña Grégory Dutoit en el papel de Jesús. En segundo lugar, a esta ficción histórica se añaden intervenciones de expertos y teólogos que van explicando el sentido profundo de esa devoción y sus raíces evangélicas, que se nos ilustran con dramatizaciones de episodios de la vida de Cristo. Es el caso, por ejemplo, del rector de Paray-le-Monial, Étienne Kern, el sacerdote Martin Pradère de la Comunidad Emmanuel o el profesor de teología Matthieu Raffray, entre otros muchos. Y por último, todo ello se va integrando con testimonios actuales de personas marcadas de una u otra manera por la devoción al Sagrado Corazón que viven de forma muy especial. Es el caso de Louis, afectado de una enfermedad degenerativa; de Zoé, una futbolista conversa; de Winz, un cantante francomexicano que fue abandonado por su padre y que descubrió el Amor en el Sagrado Corazón o de Sylvie y Jean-Marc, un matrimonio que reencuentra la fe después de años de casados.

La película también nos acerca a figuras históricas como el pintor Desvallieres, que tantas veces representó al Sagrado Corazón. Resulta curiosa la participación de Clémentine Beauvais, una joven escritora que es descendiente de la familia de Santa Margarita. La película subraya que ya antes de esta santa existía una espiritualidad sobre el Corazón de Jesús, incluso desde tiempos de los Padres de la Iglesia y que había acompañado a diversas místicas de la Edad Media.

El resultado de este abigarrado collage es una película sumamente interesante, que ofrece información y reflexión a partes iguales y que busca mover el corazón del espectador. «Esta película es un acto de amor y un acto de fe», explica Steven Gunnell. «Pensábamos en los peregrinos de Emaús, que caminan junto a un desconocido y, después de escucharlo, se dicen el uno al otro: ‘no ardía nuestro corazón?’ Ese es el proyecto de la película: permitir que cada persona pueda experimentar este amor ardiente de Jesús».

Entrevista al Arzobispo de Oviedo en Ecclesia al Día

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

10 de Septiembre: San Vicente abad y mártir

En los siglos VI y VII, la Península Ibérica fue escenario de profundas transformaciones políticas y religiosas. Entre la dominación de los reinos suevo y visigodo, la lucha teológica entre el catolicismo trinitario y la herejía arriana marcó la vida de miles de fieles. En este contexto de tensiones doctrinales sobresale la figura de San Vicente, abad del monasterio de San Claudio en León, quien prefirió entregar su vida antes que renunciar a la verdad del Concilio de Nicea. Su martirio, acontecido en el año 630, lo convirtió en un referente imperecedero de valentía e integridad espiritual.

Orígenes y Labor Pastoral en San Claudio

San Vicente consagró su vida a la regla benedictina y a la oración monástica. Llegó a ser nombrado abad del influyente monasterio de San Claudio, un centro de espiritualidad y cultura situado a las afueras de la ciudad de León. Bajo su dirección, la comunidad monástica no solo floreció en la contemplación y el estudio, sino que se transformó en un bastión de resistencia teológica frente a las corrientes heréticas que dividían a los gobernantes de la época. Vicente era profundamente respetado por su sabiduría, su rectitud moral y su ferviente defensa de la doctrina trinitaria, que afirmaba la divinidad de Jesucristo en perfecta igualdad con el Padre.

El Desafío Doctrinal y el Martirio

La firmeza del abad no pasó desapercibida para las autoridades civiles. En un momento de resurgimiento de las tensiones con las facciones arrianas, Vicente fue convocado ante un concilio o tribunal civil impulsado por los gobernantes locales. La exigencia era clara: debía abjurar de las conclusiones de Nicea y abrazar el arrianismo para mantener la paz política de la región.

Lejos de ceder ante las presiones, San Vicente defendió la fe con una elocuencia arrolladora y una serenidad que desconcertó a sus jueces. Su negativa rotunda a traicionar sus convicciones selló su destino. Fue condenado a sufrir severos tormentos, siendo flagelado públicamente antes de ser ejecutado en el año 630. Su muerte no fue vista por su comunidad como una derrota, sino como la victoria definitiva de la fe sobre la coacción temporal.

Traslado de Reliquias y Culto Actual

Tras su martirio, la memoria de San Vicente permaneció viva entre los cristianos del norte de la Península. Ante el avance de posteriores invasiones y para asegurar la protección de sus restos, sus reliquias fueron trasladadas pacientemente hacia el norte, encontrando refugio definitivo en Asturias. Hoy en día, sus sagrados restos se custodian en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, un espacio de incalculable valor histórico y espiritual.

El vínculo directo de San Vicente abad y mártir con Asturias radica en el traslado de sus restos mortales. Para proteger sus reliquias de las profanaciones durante la invasión musulmana o el posterior avance de los reinos medievales, sus restos se llevaron a Oviedo. Hoy en día, sus reliquias se custodian y veneran piadosamente en la catedral de Oviedo. La diócesis de Oviedo conmemora su memoria litúrgica cada 11 de septiembre, recordando el sacrificio de un hombre que priorizó la verdad eterna por encima de su propia supervivencia terrenal.

Entre el fidiómetro y el devotómetro. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Me sale poner en medio el idiotómetro, incluso el gilipollómetro, y no me voy a quedar con las ganas.

Ayer terminé las fiestas de mis pueblos. El remate braojeño, ciertamente espectacular: cuatro días con misa solemne, procesión, subasta de varas y ramos y aperitivo popular, y un día de romería a la ermita. Nada mal. Mucha asistencia, especialmente a la romería, con un rito que se repite año tras año: traslado de la Virgen hasta la ermita, con acompañamiento de dulzainas, trajes serranos y baile de jotas. Al llegar, subasta de varas y ramos, ofrenda floral, misa “serrana” solemnísima con compañamiento de guitarras, laúdes, tambor y dulzaina, y, al acabar la misa, presentación de niños a la Virgen. Aperitivo una vez más, y traslado de nuevo a la parroquia.

Yo no tengo homologado fidiómetro alguno que me permita calibrar si la fe de los braojeños y su cariño hacia la Virgen del Buen Suceso son suficientemente conciliares, sinodales, maduros, insertados en la realidad y comprometidos con la causa de los pobres y el calentamiento planetario. Es más, si les preguntase por el particular simplemente me responderían con un muy expresivo ¿mande? Tampoco un devotómetro para discernir entre devociones maduras, superstición, costumbres y repeticiones de loro. Vaya usted a saber.

Eso sí, tengo un gilipollómetro que me permite detectar a distancia tanta cursilería en forma de “falta formación", “hay que actualizarse", “superar lo tradicional” y “ofrecer nuevos enfoques teológicamente más ricos y precisos". Cosas mías.

Romería de la virgen del Buen Suceso. Los braojeños, felices con la Virgen y portando cada uno su ramito de flores para la ofrenda. Los mejores trajes tradicionales para que se note que es fiesta grande, hasta los chiquitines, y la Virgen ese día de serrana, con su refajo y su mantón.

No sé que hubieran marcado este pasado sábado el fidiómetro y el decotómetro. Me da igual. La gente sabe de amores a la Virgen y lo expresan no cómo pretenden los sabios de este mundo, sino según lo aprendido de sus mayores. Y parece que va bien.

Los serranos somos duros a la hora de mostrar sentimientos, pero las lagrimitas asoman incluso alguna vez y si hay que dejar salir los sentimientos un día, pues se hace.

Hablé en la homilía de lo bonito que es querer a la Virgen con apellido, porque si bien es verdad que solamente hay una, uno tiene todo el derecho del mundo a decir que si, que una, pero mi virgencita del Buen Suceso es algo muy especial. Concluí la homilía diciéndoles que me llevo a la Virgen del Buen Suceso en el corazón, y que ante ella seguiré rezando cada día por los braojeños. Se me quebró la voz… y entonces rompieron en un aplauso enorme allí en la ermita que no acababa nunca. Terminamos llorando todos, yo abrazado al buenazo de Cándido, ese sacristán fidelísimo y hoy gran amigo.

Oiga, D. Jorge, que no se puede aplaudir dentro de la misa. Bah. Trabajo para el gilipollómetro.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Santoral del día: Santa María de la Cabeza

(Aciprensa) María de la Cabeza nació en Madrid o no lejos de esta localidad. Sus padres, piadosos y honestos, pertenecían al grupo de los llamados mozárabes. Fue esposa de san Isidro Labrador. No es fácil decir con qué santidad y trabajos llevó su vida de mujer casada. Sus ocupaciones eran arreglar la casa, limpiarla, guisar la comida, hacer el pan con sus propias manos, todo tan sencillo que lo único que brillaba en su vida eran la humildad, la paciencia, la devoción, la austeridad y otras virtudes, con las cuales era rica a los ojos de Dios. Con su marido era muy servicial y atenta. Vivían tan unidos como si fueran dos en una sola carne, un solo corazón y un alma única. Le ayudaba en los quehaceres rústicos, en trabajar las hortalizas, y en hacer pozos no menos que en el oficio de la caridad, sin abandonar nunca su continua oración.

Como ambos esposos no tenían mayor ilusión que llevar una vida pura y fervorosamente dedicada a Dios, un día se pusieron de acuerdo para separarse, después de criar su único hijo, quedándose él en Madrid, y ella marchándose a una ermita, situada en un lugar próximo al río Jarama. Su nuevo género de vida solitaria, casi celeste, consistía en obsequiar a la Virgen, hacer largas y profundas meditaciones, teniendo a Dios como maestro, limpiar la suciedad de la capilla, adornar los altares, pedir por los pueblos vecinos ayuda para cuidar la lámpara, y otros menesteres.

Estando entregada a esta clase de vida piadosa, unos hombres enemigos, sembradores de cizaña en aquel campo tan limpio de malas hierbas, comunicaron a Isidro que hacía mala vida con los pastores. El santo varón, buen conocedor de la fidelidad y del pudor de su esposa, rechazó a los delatores como agentes del diablo. De todos modos quiso saber de donde habían sacado aquellas especulaciones. La siguió los pasos uno de tantos días. Con sus propios ojos vio que su mujer, como de costumbre, con la mayor naturalidad, se acercó al río, que, aquel día bajaba lleno de agua, por las lluvias abundantes caídas y, con mucho ímpetu extendió su mantilla sobre la corriente y, como si fuera una barquilla, pasó tranquilamente a la otra orilla, sin dificultad alguna. Con la contemplación directa de esta escena, repetida en otros días, el honor de esta mujer continuó intacto ante su marido y ante los vecinos de la comarca.

En los últimos años de su vida regresó a Madrid y de nuevo empezó a vivir con la admirable vida santa de antes. Después de morir su marido, volvió a su querida casa de la Virgen, como si fuera una ciudad bien defendida por Dios. En este lugar murió, llena de años y méritos.

Fue enterrada piadosa y religiosamente en la misma ermita, en un lugar, especialmente escogido por miedo a una posible profanación de los sarracenos. Cuando éstos fueron expulsados a sus tierras africanas, vigente todavía el ejemplo de la vida santa de esta mujer, fueron localizados sus restos, gracias a una inspiración del cielo. Al sacarlos, todos advirtieron un olor especialmente agradable, nunca percibido.

Hoy sus restos se veneran en Madrid. Muchos aseguran que hace incontables milagros, principalmente curaciones repentinas de dolores de cabeza. Todas esas circunstancias, examinadas por jueces apostólicos, hicieron que Inocencio XII aprobara su culto inmemorial y que últimamente Benedicto XIV le concediera Misa y Oficio propio, asignando la fiesta para Madrid y toda la diócesis toledana.

Jubileo de la Cruz 2026

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Homilía del Sr. Arzobispo de Oviedo en la Solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga 2026

Queridos hermanos todos: Mons. Braulio Sáez, Sr. Vicario General, Sr. Abad de Covadonga, hermanos sacerdotes y diáconos. Excmo. Sr. Alcalde de Cangas de Onís y corporación municipal. Excmo. Sr. Presidente de la Junta General de Asturias, Parlamentarios autonómicos y nacionales. Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Sra. Presidenta de FADE, Cámaras de Comercio de Oviedo y Gijón, y demás autoridades Judiciales, Civiles, Militares, Académicas, Culturales y Sociales. Miembros de la vida consagrada, seminaristas, fieles cristianos laicos. Hermanos que nos seguís a través de los medios: el Señor os dé Paz y os acompañe con el Bien.

Es hermoso nuestro valle bañado por el río Covadonga mientras el monte Auseva nos preside con majestad con la cruz de Priena en sus crestas que con piadosa reverencia se asoma al Santuario de nuestra Señora. Las campanas lanzaron al vuelo su tañido en este día de fiesta dejando en el aire la amable invitación que reúne en esta Basílica a tantos cristianos de bien que acudimos en la fecha emblemática que engalana el día de Asturias en la festividad de la Virgen nuestra Patrona. Un relato histórico que sabe de reconquistas y debemos respetar, un enclave natural bello que queremos conservar, y un rincón del alma donde tienen hueco nuestras preguntas, heridas y esperanzas. Covadonga es todo eso, así lo reconocemos y vivimos en Asturias con inmensa gratitud, con leal custodia, en este día que todos celebramos mirando a la Santina como españoles y asturianos.

Covadonga sigue siendo ese corazón de Asturias y la Santa Cueva se torna en casa encendida donde se nos conoce a cada cual por nuestro nombre y edad, se nos espera desde nuestros derroteros varios, se pone bálsamo en las heridas abiertas, respuesta a las preguntas más sinceras y horizonte a la mirada que escruta las estrellas. Lo hemos vuelto a vivir acogiendo a tantas familias: padres y madres con sus hijos a los que transmiten el regalo de la vida y de la fe. Hemos visto llegar a tantos jóvenes como los más de dos mil que celebraron las Jornadas Eucarísticas y Marianas, o los otros dos mil que peregrinaron desde Oviedo durante tres días, en ambos casos de más de 23 países; o los ochocientos jóvenes asturianos con los que subí por los bosques desde Cangas de Onís hasta la Santa Cueva el primer sábado de mayo. Una verdadera foto real de una gente sana que ama los valores que han heredado de sus mayores, y sabe situarse en medio de esta sociedad plural y compleja sin renunciar a sus convicciones ni dejarse zarandear por las tormentas.

Pero, como un contrapunto, vemos que hay en el mundo quienes minan la libertad y la convivencia poniendo cualquier precio a su insaciable ambición de poder; existen guerras declaradas de las que tenemos información cotidiana y otras que pasan desapercibidas sin lograr siquiera ser noticia. No sólo es una imagen de la humanidad actual en el espectro internacional. También en nuestros lares hemos podido comprobar que las cosas no marchan siempre como debieran, aunque se intente convencernos de que estamos en el país de las maravillas bajo el timón de la mismísima Alicia. Cuando la inseguridad crece, la convivencia se ve amenazada, la paz puede estar en entredicho o el relato impuesto no siempre responde a la verdad, tenemos entonces un verdadero problema moral que ni siquiera piadosamente podemos ignorar.

Lo hemos visto en los preocupantes acontecimientos de Ceuta. No parece tratarse de un flujo migratorio sin más, sino de riesgos que pudieran apuntar a nuestra debilidad en el panorama geopolítico y a la fragilidad de nuestras fronteras, que lo son también de Europa. No hablamos solo de pateras que vienen de modo continuo, sino de una auténtica avalancha que compromete nuestra soberanía, o de una guerra híbrida (como se ha calificado en términos técnicos) con casi ochenta mil personas -jóvenes en su mayoría- que han tomado una ciudad española dejando a su población sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores. Tamaña tragedia se ha cobrado muchas vidas en el intento y ha dejado a ese entrañable rincón de España bajo la extorsión con muchas consecuencias diarias que hay que solucionar cuanto antes.

No son simplemente “moros en la costa” con otros turbantes que ahora nos turban, sino que esos jóvenes ocupantes son igualmente víctimas de estrategias amañadas. Tantos de ellos vienen huyendo de infiernos políticos que cercenan sus sueños de futuro al no permitirles asomarse al mañana cuando les niegan la libertad, los derechos más elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza. Vienen de hambrunas en las que fenecen por falta de alimentos básicos que no tienen que llevarse a su boca. Escapan de radicalismos religiosos que les sofocan la conciencia en nombre de un dios falseado y tirano que los humilla. Esto les empuja a la gran escapada pensando en España, en Europa, intentando recomenzar la vida que otros destruyen. A los países de procedencia les sale a cuenta esa tremenda estampida, como se ha demostrado en este caso, con sus chantajes con secretos bien guardados, y los cuantiosos recursos que ingresan de instituciones de España y de la Unión Europea, en vez de afrontar sus problemas que deben solucionar en sus lares.

Dijo León xiv en Canarias a los inmigrantes: «no entreguéis la existencia a quienes comercian con ella. No creáis a quienes prometen paraísos fáciles a cambio del cuerpo o de dinero, de silencio o de vuestra libertad… Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen… para las naciones de tránsito… para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».

Y Jesús lo dijo bien claro: tuve hambre y me disteis de comer, estuve desnudo y me vestisteis, fui forastero y me acogisteis (Mt 25,35). Lo recordé hace meses en mis redes sociales: los inmigrantes tienen nuestra agradecida acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? lamentablemente todos no caben, aunque tengamos el deber humano y cristiano de ensanchar nuestra hospitalidad. Por eso hay que establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a cuantos podamos pensando en su dignidad, su integración real y sus posibilidades laborales, educativas y sanitarias, ayudando a resolver los problemas en sus lugares de origen y descartando a cuantos se cuelan con intenciones perversas de toda calaña inconfesables.

En este panorama que nos deja huérfanos de esperanza oscureciendo el horizonte de paz y convivencia, apareció la paternidad del papa León xiv en su visita apostólica a España. Con él alzamos la mirada descubriendo que hay alguien que conoce nuestros nombres, que hace suyas nuestras lágrimas y con nosotros brinda por la alegría que nos levanta. Alzando la mirada descubrimos a Dios que nunca nos defrauda y nos permite seguir adelante con nuestros sueños despiertos y paz en el alma.

Lo acaba de decir el papa en el Meeting per la amicizia tra i popoli, en Rímini (Italia): «desenmascaremos las relaciones injustas de poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales… Se necesitan pioneros valientes que, empezando por su propio cambio de rumbo, hagan convincente y creíble la conversión que se exige a todos. Que no haya sólo quienes aviven el fuego del cansancio y la desesperación; ¡que haya también quienes reaviven los sueños!».

El Evangelio que se lee en la fiesta de Covadonga nos abre un horizonte de esperanza cristiana. María inicia un largo itinerario de más de 120 kms. con aquellos caminos de polvo y desierto. El arcángel Gabriel le propuso: ve a visitar a tu prima Isabel, madre como tú de un milagro. Asómate a la vida y verás que no todo es oscuro, ni torcido, ni mendaz, hay también semillas de luz, de rectitud y de verdad. Porque en el campo de la historia no todo es cizaña que nos enfrenta, nos corrompe y destruye, también hay trigos que despuntan cada mañana madurando sus granos de los que saldrán el pan tierno que nos nutre cada día. Como decía Dante: hay un amor que mueve el sol y las estrellas.

Ahí estaba el reto más desafiante: lo imposible para ti, es posible para Dios. María lo verificó cuando se encontró con Isabel: no sólo había imperios abusivos y corruptos, no sólo había decadencia ética y resignación triste, no únicamente se daba la violencia y el miedo, sino que también existía gente buena cuya bondad no tenía precio, gente verdadera cuya verdad hacía creíble la palabra dada, gente hermosa cuya belleza moral no tenía maquillaje trucado engañando a mansalva. Hay que tener ojos para verlo todo, poniendo nombre con valentía a lo que nos malea, y al mismo tiempo atisbar los rostros junto a los que maduramos como personas. Isabel tuvo un gesto precioso que testimonió ante su joven prima: al llegar a mí tu saludo, la criatura que llevo en el seno ha saltado con alegría en mis entrañas. Joseph Kentenich, sacerdote alemán fundador de Schönstatt, dirá comentando esta escena: ¿por qué nuestros encuentros no generan esa alegría? Es como decir: por qué nos evitamos hasta cambiar de acera, negarnos la palabra o herirnos de tantas maneras, incapaces de construir juntos lo que vale la pena haciendo de nuestras diferencias no armas arrojadizas sino puentes de encuentro que nos enriquecen y complementan.

Aquí estamos una buena representación de la sociedad asturiana: una muestra preciosa de una sociedad plural como la nuestra. Podemos unos y otros cavar trincheras, levantar barricadas, arbitrar condenas y manipular las cosas con mentiras, falta de respeto a la vida y a la libertad en nombre de ideologías de toda ralea. Pero también podemos unos y otros trabajar por la concordia y el bien común sin caer en el buenismo ingenuo que no sirve para nada.

Puede que sean muchas las cosas que nos resulten también a nosotros imposibles ante el duro panorama que se nos abre ante los ojos, pero no lo son para Dios. Él cuenta con nuestras manos para construir un mundo distinto, con nuestros labios para decir sin engaño palabras verdaderas, con nuestro corazón en el que palpite una bondad que no se envilece, con nuestra inteligencia para descubrir recursos que hagan de la vida un regalo sin amenazas. Este es el mensaje de María, y el que en esta festividad de Covadonga pedimos aquí a nuestra Santina. Yo lo deseo con todo el corazón. Que así sea.