martes, 8 de septiembre de 2026

Nuestra Señora de Covadonga en su Natividad. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy el calendario de la Iglesia se viste de gala para celebrar la Natividad de la Santísima Virgen María, el bendito nacimiento de aquella que traería la Luz al mundo. Pero este día 8 de Septiembre, nuestro corazón se traslada también espiritualmente de forma especial hasta los pies de los Picos de Europa. Nos unimos al latido de todo un pueblo para celebrar la Solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga; nuestra querida «Santina», la "reina de nuestra montaña". Qué hermoso es comprobar cómo la liturgia entrelaza el nacimiento universal de María con su manifestación en una pequeña cueva de la montaña asturiana. Celebrar la Natividad de María es celebrar el amanecer de la salvación; celebrar a la Virgen de Covadonga es dar gracias a Dios porque ese amanecer se convirtió en refugio, fortaleza y hogar para todos nosotros en los momentos de mayor dificultad.

El evangelio que contemplamos en esta fiesta nos recuerda que la historia de la salvación no está hecha de casualidades, sino de la fiel providencia de Dios. El nacimiento de una niña sencilla en un pueblo casi olvidado de Judea, fue el acontecimiento que cambió la historia humana para siempre. María nace limpia de pecado; hermosa, pequeña a los ojos del mundo, pero inmensa a los ojos de Dios. Ella es la aurora que anuncia la llegada del Sol de Justicia, que es Jesucristo. Al celebrar hoy su cumpleaños, la Iglesia se llena de esperanza. Dios nunca nos abandona; en los tiempos de mayor oscuridad, el Señor hace florecer la vida. María nos enseña que los planes más grandes de Dios comienzan siempre en la humildad, en lo cotidiano y en el silencio de un corazón dispuesto a decir: "Hágase en mí según tu palabra".

Esa misma jovencita de Nazaret, siglos más tarde, se hizo presente en la memoria, la fe y la historia de un pueblo que se debatía en la dificultad. Covadonga no es sólo un hermoso paisaje de piedra y agua entre verdes montañas; es un altar esculpido por la naturaleza donde Dios quiso ponernos una Madre. La tradición nos recuerda cómo la intervención de la Virgen junto a Don Pelayo devolvió la esperanza a una comunidad que lo daba todo por perdido. Pero Covadonga no empezó únicamente en una batalla, la Cueva ya era casa de la María mucho antes. Y Pelayo y sus soldados cristianos no fueron a aquel lugar por estrategia militar solamente, fueron a los pies de la que es Auxilio de todo creyente. Y Ella intercedió ante su Hijo para que lo que parecía imposible se hiciera posible, para que esta Península en la que ya apenas quedaban cruces en toda su geografía volviera a ser tierra de Jesucristo y, por ende, de María. Pero el milagro de Covadonga no se quedó atrapado en el siglo VIII. El verdadero milagro de la Santa Cueva se repite cada vez que un peregrino sube cansado y agobiado por los problemas de la vida, por las cruces de la enfermedad, de la falta de trabajo o de la soledad, de los problemas familiares o económicos, que al mirar a la cara y ver los ojos de la Santina encuentran paz... La cueva de Covadonga representa el corazón materno de María, un refugio donde siempre hay sitio, donde no se nos juzga, donde se curan las heridas del alma y se abre paso la esperanza, donde las rocas de nuestras dificultades se transforman en fortalezas gracias a la fe.

La Palabra de Dios y la mirada de la Virgen nos hacen hoy una invitación directa: no podemos salir de esta celebración siendo los mismos. El pasaje de la Visitación nos muestra a una María presurosa que no se queda mirándose a sí misma, sino que sale al encuentro de su prima Isabel para servirle y llevarle la alegría de Cristo. Celebrar en una la Natividad de la Virgen y la Solemnidad de Covadonga nos compromete a imitarla. La Santina nos pide hoy que bajemos de la montaña y nos convirtamos en portadores de esperanza en nuestros hogares, en nuestros trabajos y en nuestra sociedad. En un mundo tantas veces herido por la crispación, la división y el individualismo, los cristianos estamos llamados a ser constructores de puentes, artesanos de paz y sembradores de fraternidad. Subir a Covadonga o mirar a la Virgen en su día es pedirle el milagro que tanto necesitamos: que transforme nuestros corazones de piedra —duros ante el sufrimiento ajeno— en corazones de carne capaces de amar, acoger y perdonar.

Al celebrar el nacimiento de nuestra Madre del Cielo, le presentamos nuestras vidas, nuestras familias, nuestras alegrías y nuestras preocupaciones. Rezamos hoy especialmente por el pueblo asturiano, por España entera y por tantos peregrinos que encuentran en ella su estrella y guía. Acudamos a María con la confianza de hijos pequeños. Que en cada tempestad de nuestra existencia sepamos mirar a la Cueva de la esperanza, a la Cova donga (cueva de la Señora). Terminemos nuestra plegaria diciéndole con todo el cariño de nuestra alma: Felicidades, Madre Santa, en el día de tu Natividad. Cuídanos siempre, Santina de Covadonga, y llévanos de la mano hacia tu Hijo Jesús.

lunes, 7 de septiembre de 2026

125° Aniversario de la dedicación de la Basílica de Covadonga

El 7 de septiembre de 1901, las campanas del Santuario de Covadonga resonaron con una fuerza especial. Aquel día se bendijo y consagró oficialmente la Basílica de Santa María la Real de Covadonga, un templo monumental que venía a transformar para siempre el paisaje espiritual, histórico y natural de Asturias. Hoy, al cumplirse 125 años de aquel hito histórico, esta joya arquitectónica de piedra caliza rosa no solo sigue en pie de forma majestuosa frente a la Santa Cueva, sino que reafirma su posición como uno de los símbolos identitarios más potentes de España.

Un proyecto nacido de las cenizas

La necesidad de construir un gran santuario en Covadonga surgió tras el devastador incendio de 1777, que destruyó el antiguo templo de madera colgado en la roca de la Santa Cueva. Aunque inicialmente el rey Carlos III intentó levantar una gran iglesia monumental diseñada por Ventura Rodríguez, las obras se paralizaron por falta de fondos y dificultades técnicas.

Hubo que esperar un siglo para que el proyecto reviviera gracias al firme impulso del arzobispo de Oviedo, Benito Sanz y Forés. Aunque los primeros bocetos corrieron a cargo del polifacético erudito Roberto Frassinelli (conocido como «el alemán de Corao»), el diseño definitivo y la dirección de la majestuosa obra neorrománica fueron ejecutados por el arquitecto Federico Aparici y Soriano.

Integración perfecta con la naturaleza

La construcción, que se prolongó entre 1877 y 1901, supuso una titánica hazaña de ingeniería. La emblemática piedra caliza de tonalidades rosadas y vetas grises se extrajo directamente del propio monte Auseva, en las canteras camino a Peñalba. Los bloques se picaban en unos cobertizos improvisados en la explanada antes de ser encajados con precisión milimétrica en la estructura.

El resultado es un templo de una armonía visual inigualable: una nave central con tres ábsides escalonados y dos esbeltas torres gemelas en la fachada occidental que parecen nacer orgánicamente de la propia montaña, fundiendo la fe con la agreste naturaleza asturiana.

Austeridad exterior, tesoros en el interior

A diferencia de su imponente silueta externa, el interior de la basílica destaca por una sobriedad y austeridad muy cuidadas, donde la luz tamizada por las vidrieras invita al recogimiento. No obstante, alberga piezas artísticas de incalculable valor histórico, como los lienzos de Luis de Madrazo (que retrata al rey Don Pelayo en plena batalla) y de Vicente Carducho, además de una bellísima imagen de Nuestra Señora esculpida por Juan Samsó. Detrás del altar mayor, los peregrinos pueden admirar una réplica exacta de la Cruz de la Victoria elaborada por Pedro Álvarez Miranda. El conjunto musical se corona con el gran órgano instalado en el año 2001 para el primer centenario.

Un siglo y cuarto de memoria viva

Tras 125 años de historia, la Basílica de Covadonga trasciende lo estrictamente arquitectónico. Es el corazón latente de Asturias, un punto de encuentro para miles de peregrinos de todo el mundo y un recordatorio perenne de los orígenes de la región. Su aniversario —celebrado activamente por la comunidad, los cronistas oficiales e incluso plasmado en el cupón conmemorativo de la ONCE— demuestra que la «Basílica de Covadonga» sigue cumpliendo a la perfección la máxima que inspiró su creación: ser un faro de espiritualidad que custodia de forma eterna el paisaje de los Picos de Europa.

Este Martes

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

''Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La palabra de Dios que en este Domingo XXIII del Tiempo Ordinario se proclama, nos sitúa en el corazón mismo de la vida comunitaria y la responsabilidad compartida. En un mundo que nos empuja constantemente al individualismo, donde la regla de oro parece ser "haz tu vida y no te metas en la de los demás", la liturgia de este domingo nos lanza, una vez más, un desafío contracorriente. Dios nos recuerda hoy que no somos "islas", sino miembros de un mismo Cuerpo, y que el destino de nuestro hermano no puede sernos indiferente. Este domingo la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la caridad cristiana expresada en su dimensión más difícil, pero más transformadora: la corrección fraterna y el amor responsable.

En la primera lectura escuchamos al profeta Ezequiel que va a recibir por parte de Dios una misión estremecedora: "A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel"... El centinela era aquel que se colocaba en la parte más alta de las murallas de la ciudad. Mientras el pueblo dormía o trabajaba, éste vigilaba el horizonte. Si veía venir el peligro y no tocaba la trompeta, la ciudad era destruida y Dios le pedía cuentas al centinela por su negligencia. Esta lectura nos confronta con el peligro de la omisión y la indiferencia. Hoy en día, el silencio cómplice se disfraza frecuentemente de "tolerancia" o "respeto a la privacidad". Decimos: "¿Quién soy yo para meterme?"; sin embargo, el texto de Ezequiel rompe esa falsa comodidad. Callar cuando un hermano se está destruyendo a sí mismo, cuando está dañando a su familia o apartándose de la gracia de Dios, no es respeto; es cobardía o, peor aún, desamor. Dios nos pide ser centinelas en el mejor de los sentidos. No nos pide ser jueces, fiscales ni policías que disfruten señalando el pecado ajeno. El centinela avisa por delante para salvar vidas, para evitar condenas. Si advertimos al hermano con el corazón lleno de Dios y él no escucha, al menos habremos salvado nuestra propia vida; pero si por comodidad callamos, nos hacemos cómplices de su caída. El salmista completa este anhelo con su plegaria: "Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»".

San Pablo, en su carta a los Romanos, eleva el listón teológico y nos da el criterio definitivo: "A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley". Aquí encontramos el motor y el límite de todo lo que hacemos en la Iglesia. La corrección de la que hablaba Ezequiel sólo es válida si nace de esta deuda permanente: el amor. El Apóstol resume los mandamientos —no matarás, no robarás, no codiciarás— en una sola dirección: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Quien ama de verdad, busca el bien auténtico del otro. Por lo tanto, cuando nos veamos en la necesidad de hablar con alguien sobre una conducta equivocada, la primera pregunta que debemos hacernos frente al sagrario no es: "¿cómo demuestro que tengo razón?"; sino, "¿lo que voy a decir nace verdaderamente del amor a este hermano, o de mi ojeriza  y resentimiento?"... El amor no hace daño al prójimo; por eso, la corrección fraterna cristiana es una caricia terapéutica, nunca una pedrada destructiva.

El evangelio de hoy, tomado del capítulo 18 de San Mateo, nos habla de la pedagogía de Jesús para "ganar al hermano". El texto pertenece al llamado "Discurso Eclesial", y nos ofrece una ruta pedagógica perfecta en tres pasos para sanar las heridas y los conflictos comunitarios. El primer paso es la privacidad y la discreción: "Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo a solas tú con él". ¡Qué sabiduría la de Jesús! Nuestro instinto humano suele ser el contrario: cuando alguien nos ofende, se lo contamos primero a tres o cuatro personas antes de hablar con el interesado. Eso destruye la fama del hermano y crea chismes, murmuración, maledicencia y calumnias. Jesús nos pide ir directamente a la persona, cara a cara, cuidando su dignidad. El objetivo no es humillar, es "ganar al hermano". El segundo paso es la mediación: "Si no te hace caso, toma contigo a uno o dos". Si el diálogo a solas fracasa, el círculo se amplía mínimamente con personas maduras, testigos objetivos que ayuden a tender puentes, no a encender más el fuego. El tercer paso es la comunidad: "Si ni así los escucha, díselo a la comunidad". La Iglesia entera se convierte en el último espacio de discernimiento y oración por el hermano extraviado.Y si aún así decide apartarse, Jesús dice: "Considéralo como un pagano o un publicano". Pero recordemos cómo trataba Jesús a los paganos y a los publicanos: ¡Los buscaba! Comía con ellos y les ofrecía la salvación. Incluso cuando la disciplina eclesial constata una ruptura, el horizonte final sigue siendo la misericordia y la oración de intercesión. Jesús concluye con una promesa maravillosa: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". La presencia de Cristo no se limita al templo; se manifiesta con fuerza cuando nos unimos en la oración común y cuando superamos las divisiones a través del perdón y la reconciliación.

Tras un verano inolvidable. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.

No tienen pausa las calendas de los días. Vamos cerrando los fragores del verano que nos ha traído sobresaltos dejando al pairo el tranquilo tiempo de holganza. Algunos no han podido gozar de vacación, otros quizás se han parapetado en ella al margen de todo y de todos, y muy bien blindados. Pero para muchas personas, este estío ha salido caro y malparado y tardarán en olvidar y recolocar los malos tragos. En tantos lugares del mundo, las catástrofes naturales, las gobernanzas dictatoriales que minan la libertad y la convivencia, las guerras declaradas de las que tenemos información cotidiana hacen que tengamos un momento complejo y perplejo en nuestro escenario humanitario mundial.

Y como una entrega postrera nos ha llegado ese episodio acontecido con la invasión sufrida en Ceuta, estando Melilla o las mismas Islas Canarias en el punto de mira. No es un flujo migratorio sin más, como algunos se empeñaron en decir, sino una calculada acechanza que ha puesto a la luz nuestra debilidad en el panorama geopolítico de nuestras fronteras españolas, que lo son también de Europa. En este caso, no se trata de pateras cuyos cayucos vienen intermitentes, pero de modo continuo, sino de una auténtica avalancha que nos ha invadido, como una guerra híbrida con casi ochenta mil personas -jóvenes en su mayoría- que han tomado una ciudad española dejando a su población sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores. Se sabía, lo ocultaron, y han sopesado el beneficio de tamaña tragedia que se ha cobrado muchas vidas en el intento y ha desbaratado ese rincón de España bajo la extorsión y la amenaza con incalculables consecuencias diarias.

También esos jóvenes invasores son igualmente víctimas que habría que saber acompañar debidamente. Sabemos que tantos de ellos vienen huyendo de infiernos políticos que cercenan sus sueños de futuro al no permitirles asomarse al mañana cuando les niegan la libertad, los derechos más elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza. Vienen de hambrunas en las que fenecen por falta de alimentos básicos que no tienen que llevarse a su boca. Escapan de radicalismos religiosos que les sofocan la conciencia en nombre de un dios falseado y tirano que los aplasta. Esto es lo que les empuja a la gran escapada pensando en España, en Europa, como la salida de sus males intentando recomenzar la vida que otros destruyen. A los países de procedencia les sale a cuenta esa tremenda estampida, como se ha demostrado con los enjuagues de Marruecos, sus chantajes con secretos bien guardados, y lo que ingresan de instituciones de España y de la Comunidad Europea, en vez de afrontar lo que deberían solucionando sus problemas.

Lo dijo León xiv en Canarias: «son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar… Su vida debe ser protegida. No entreguéis la existencia a quienes comercian con ella. No creáis a quienes prometen paraísos fáciles a cambio del cuerpo o de dinero, de silencio o de vuestra libertad… Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen… para las naciones de tránsito… para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».

En un panorama que nos deja huérfanos de esperanza oscureciendo el horizonte de paz y convivencia, apareció la paternidad del papa León xiv en su visita apostólica a España. Con él alzamos la mirada descubriendo que hay alguien que conoce nuestros nombres, que hace suyas nuestras lágrimas y con nosotros brinda por la alegría que nos levanta. Alzando la mirada descubrimos a Dios que nunca nos defrauda. Por eso hay esperanza que nos permite seguir adelante con nuestros sueños despiertos y paz en el alma.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Evangelio Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor

sábado, 5 de septiembre de 2026

«La Novena a la Santina está siendo un gozo y una esperanza»

(Iglesia de Asturias) Entrevista al Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, sobre la Novena a Nuestra Señora de Covadonga, la próxima Visita Pastoral en la diócesis, los nombramientos recientemente entregados o los retos para este curso pastoral que ya comienza

Estamos ya en septiembre, un mes que marca, quizás, más que el propio enero, el comienzo de muchas cosas, el curso, el trabajo, después de las vacaciones… Por cierto, ¿qué tal han ido sus vacaciones? ¿Cómo ha sido su verano?

Cortas, como siempre, pero he podido descansar. Estuve en Alemania, como suelo hacer, diez días, donde pude rezar, pude estudiar y escribir, pasear… La verdad es que me vienen muy bien esos días, cambias de idioma, cambias de horizonte y vuelves muy reconfortado y con ganas de seguir recomenzando el curso.

Esta semana, el martes concretamente, ha tenido lugar la entrega de nombramientos a los párrocos, con sus nuevos destinos. La organización de la diócesis es siempre tema de conversación, a veces incluso los movimientos de sacerdotes no son comprendidos. ¿Cuesta mucho organizar la vida pastoral dentro de la diócesis?

Cuesta, pero es que, además, es algo inacabado, porque tú no puedes decir «tengo la diócesis organizada» y damos al botón de pausa, o de punto y seguido, o punto final y ya para siempre está así. No, porque este año hemos ordenado a 11 nuevos diáconos y sacerdotes, que hay que darles un primer destino. Hay sacerdotes que han fallecido, que estaban en activo, con lo cual tienes que buscar a alguien que los reemplace en esa comunidad cristiana. Sacerdotes que se jubilan después de haber dado toda una vida al Señor y a la Iglesia. O sacerdotes que se enferman gravemente, y hay que también sustituirlos, al menos de modo temporal. Eso implica, inevitablemente, que tiene que haber movimientos, cambios, traslados o inauguración de ministerio en los que están recién ordenados.

Claro, teniendo una diócesis con 934 parroquias y contando con algo menos de 300 sacerdotes, es inevitable que haya cambios. Que haya una comunidad a la que le pese que le cambien al cura o que el cura se les muera, pues eso es una cosa muy noble, muy hermosa. Pero también puedo decir que hay una altísima comprensión y que son muchos los que se hacen cargo de que esto no es un capricho ni una cosa frívola, sino algo que viene imperado por la propia vida.

El mapa de las Unidades Pastorales en la diócesis está ya rematado, el próximo mes de diciembre van a cumplirse dos años desde la aprobación del decreto de implantación. ¿Cómo ve la realidad de las unidades pastorales en la diócesis?

Como tú apuntas ahora mismo, está prácticamente implantado. No cambia la atención pastoral de nuestras parroquias y comunidades cristianas, cambia el modo de organizarlas y gestionarlas. Una unidad parroquial, una unidad pastoral, no suprime o introduce nuevas parroquias, sino que las organiza de manera diferente. Yo creo que esta geografía diocesana ha quedado bien dibujada con lo que llamamos el mapa de las Unidades Pastorales. Ha entrado bien en los sacerdotes, ha entrado bien en nuestros fieles y religiosos, y, entre todos, estamos haciendo justamente este camino de ayudarnos recíprocamente para, ante desafíos que nos están retando, poder responder también con esta gestión diferente de las unidades pastorales.

El curso pasado llevó a cabo una Visita Pastoral al arciprestazgo de El Caudal. ¿Tiene planteadas nuevas Visitas para este curso que comienza? y además, ¿qué le aporta, qué aprende, qué se lleva de estos encuentros con las parroquias asturianas, con los fieles?

Efectivamente, en el curso que estamos ahora comenzando también incluiremos una Visita Pastoral a alguno de los arciprestazgos que más tiempo hace que no visita el Obispo. Una visita pastoral es el acercarte, de una manera sistemática y organizada con los párrocos y con el arcipreste, a una zona de la diócesis. Es verdad que yo visito las comunidades cristianas, pero también me sé visitado por todas ellas.

Es un encuentro realmente gozoso, porque tú pones distancia corta en lo que es el rostro de las personas a las que, en nombre de Jesucristo, sirves y acompañas, y tú también te sabes por ellos acompañados. Por eso es un encuentro lleno de alegría, donde puedes sobre todo celebrar la fe con ellos, pero también tener conocimiento de qué realidades les preocupan, les hieren, como también les permiten soñar con esperanza. Una Visita Pastoral siempre es esa buena noticia en donde el Pastor de la diócesis visita y es visitado.

En este mes de septiembre, mes de comienzos, como hablábamos antes, ¿qué retos pastorales se plantea para estos próximos meses?

Nos marcamos cada año en Covadonga, al acabar el curso, una serie de objetivos que tienen que ver con la formación cristiana, la catequesis en el sentido más amplio, que tiene que ver con el acompañamiento de las familias en este momento de verdadero desafío en torno a la vida, la vida que nace para dejarla nacer, la vida que crece para saber acompañarla viéndola como madura, y la vida que termina por enfermedad o por la mucha edad para que pueda ser un final no traumático, sino siempre acompañado en esperanza. Por eso la familia es tan importante.

La educación también es un reto, siempre permanente, porque por educación no solamente hablamos de instrucción, de las materias que nuestros chavales en el cole están aprendiendo y descubriendo, sino que la educación es una manera de asomarte a la vida, y por tanto, además de las materias y las asignaturas, hay también la comunicación de unos valores, que son en este caso valores cristianos, desde los cuales sabemos mirar las cosas. Las cosas no cambian para cualquiera que se asome, cambia el modo de mirarlas. Por tanto, la educación para nosotros, además de transmitir con profesionalidad las materias de los currícula que tienen en cada centro, queremos transmitir a través de la enseñanza, a través de la educación, estos valores que constituyen nuestra cosmovisión cristiana.

El nuevo curso a mí siempre me trae el olor a forro de libros, como cuando yo era pequeño, era un rito que teníamos volviendo del colegio con los nuevos libros en la cartera, había que forrarlos y ojearlos por primera vez. Pues este olor a estreno, este olor a proteger lo que tenemos entre manos es también lo que tenemos nosotros como diócesis de Oviedo.
Yo noto que hay una serenidad grande, una alegría por todo recomienzo, y desde las pautas que son muy precisas y muy repartidas, que nos damos, como digo, en Covadonga, al final del curso anterior, trataremos de ponerlas por obra con la colaboración de todos.

Estamos viviendo un año más la Novena a la Santina de Covadonga, el próximo lunes tendremos la Vigilia de jóvenes en el Santuario y el día 8, el martes, la festividad de Nuestra Señora de Covadonga, el Día de Asturias. Usted está presente todos estos días, ¿cómo está siendo este año?
Pues como siempre, conmovedora por la afluencia numerosísima de todas nuestras realidades diocesanas, que en estos días de la Novena los estamos viendo llegar. Pero la Novena no empieza nueve días antes, porque la Virgen de Covadonga y ese Santuario tan querido para nosotros, tiene una Novena todo el año. No en vano son dos millones de peregrinos los que cada año nos visitan. Este año podemos destacar, además, peregrinaciones de jóvenes como la JEMJ de julio, con más de 2.000 jóvenes de 23 países diferentes o la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad, partiendo desde Oviedo hasta Covadonga, con también un número muy generoso de jóvenes, especialmente españoles. Es un botón de muestra de la esperanza inmensa que esto conlleva.
Por eso la Novena de este año en torno a las bienaventuranzas en María y con María, está suponiendo un gran gozo de poder ver a un pueblo que sabe que, yendo a Covadonga, llega a una casa habitada y encendida donde nos espera la Señora.

Comenzamos el curso también, y no de la mejor manera posible a nivel político y social, vivimos conmocionados por la situación en Ceuta. Si algo tenemos en los medios de comunicación y en las redes sociales son mensajes de todo tipo, a veces populistas, a veces más simples, a veces también ingenuos, y uno no sabe muchas veces cómo enfocar esta situación. Quisiera que, ya para terminar, nos diera una pista sobre cómo enfocar este problema, que es mucho más que un tema migratorio, es un problema político, internacional, y hacerlo desde un prisma cristiano, cómo enfocar esta situación que estamos viviendo, angustiosa, desde la fe.
Bueno, yo hace ya unos meses que en mi cuenta de X, en una de las redes sociales, incluí un texto de Mateo 25:35-40 en donde Jesús, de una manera provocativa, nos dijo aquello de «venid a mí, benditos de mi Padre, porque tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo, fui forastero, estuve en la cárcel». Y aquellos discípulos se extrañaban de esas palabras para preguntarle al Maestro, al Señor: «¿Cuándo te hemos visto así?» «Cada vez que lo habéis hecho, o dejado de hacer con uno de mis pequeños hermanos, lo habéis hecho conmigo». Una de las figuras que emplea Jesús en ese texto, es fui forastero, fui extranjero y me acogisteis. La acogida cristiana es un motivo de identidad, como creyentes en Jesucristo y como hijos de la Iglesia. Ahora, la acogida no se puede confundir con una especie de espacios sin fronteras, en donde pueda caber de aluvión el mundo mundial. Lamentablemente, ni en mi casa de mi hogar, ni en mi pueblo de mi región, ni en el espacio de mi patria, cabe todo el mundo, físicamente hablando, no caben todos. Ojalá que podamos ensanchar nuestra generosidad para que quepan cuantos más puedan llegar. Ahora, todos, todos no caben. Entonces, que quepan, que lleguen y que sean acogidos los que podamos realmente, con responsabilidad cristiana, acoger y a los que podemos acompañar, a los que podemos brindar una sanidad y una educación y un modus vivendi donde tengan la vivienda, donde tengan el trabajo que les haga dignos. Si, claro, vienen de pronto a España o a esa ciudad española que se llama Ceuta o se llama Melilla, todo un aluvión, pues no solamente no les vamos a poder atender, sino que además se va a desestabilizar la normalidad de una ciudadanía. Lo que ha ocurrido en Ceuta es algo muy preocupante, porque no es una cuestión de crisis migratoria, sino que aquí hay una opción geopolítica por parte de algunos mandamases. En este verano que hemos tenido Danas que han anegado nuestros campos y casas y pueblos; incendios que nos han puesto en ascuas; terremotos que nos han removido, tenemos también otro tipo de situaciones que, desde la gobernanza, si no es buena gobernanza, generas también incendios, generas movimientos que te tambalean y generas también diluvios que te anegan. Por eso, la perspectiva cristiana ante esta problemática es una perspectiva positiva de acogida, pero con la razonable visión de que no todo el mundo cabe, porque queremos acoger a todos cuantos podamos, sobre todo sabiendo que vienen de infiernos donde no tienen libertad por las dictaduras que están sufriendo y que vienen de hambrunas, en donde por no tener trabajo o no tener pan cada día, intentan salir de esa situación. Por eso, con verdadera conmoción cristiana y con caridad acogedora, abrazamos a los que podemos razonablemente acoger, desde una perspectiva cristiana, no para el postureo de quien, utilizando de alguna manera esa circunstancia, pretende sacar una rentabilidad política en elecciones o en el apoyo popular.

Ellos son para nosotros un rostro de Jesucristo y como tales los queremos acoger dentro de las posibilidades reales que tenemos. Y si vienen de esos infiernos antes señalados, el problema lo tienen en sus países de procedencia, que son los que a veces los empujan porque les sale rentable dejar o promover esta especie de invasión, porque tienen menos bocas que alimentar, menos vidas que sostener, y así debilitan también, con las invasiones varias, a otros países que las sufrimos.