domingo, 8 de marzo de 2026

“Dame de beber”. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Avanzando en el peregrinar cuaresmal llegamos al domingo III de este tiempo de gracia. Hoy nos acercamos a la sed y al manantial, a Jesús que pide de beber -como lo hará en la cruz- y al mismo tiempo, tomaremos conciencia de que sólo Él puede saciar la sed de nuestro corazón desde el manantial que brota de su propio costado. Cuando nuestro cuerpo se deshidrata, nos reclama el agua; lo mismo ocurre con nuestra alma que tiene sed espiritual, tiene sed de Dios. San Agustín lo resumirá de forma ejemplar: ''nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti''. Hoy la liturgia nos sitúa frente a dos realidades vitales que se entrelazan: la sed espiritual y el encuentro transformador con Cristo, el "Agua Viva" que sacia esa sed. 

Acabamos de vivir el primer viernes de marzo, un día en que en España y en Asturias miramos de forma especial a Jesús: Cautivo, Nazareno, Crucificado... Y es que Dios nos salva por amor. Esta es la idea central de San Pablo en su epístola a los cristianos de Roma, en ese magnífico kerygma que hemos escuchado: "justificados en virtud de la fe"; "el acceso a esta gracia"; "nos gloriamos en la esperanza"... Y es que la vida de fe no va de modas, apariencias o conclusiones racionales, sino que se limita a la apertura de nuestro corazón en pleno a Jesucristo. Confiamos en Él porque le reconocemos como nuestra esperanza; no una falsa esperanza, sino la que "no defrauda". Nuestra vida de creyentes la sometemos en estos días de forma especial a examen, a revisión, pues a veces vivimos odiando cuando deberíamos vivir amando. No podemos perder de vista que "quien no ama no ha conocido a Dios, dado que Él es amor". San Pablo nos lo recuerda hoy de un modo más profundo al afirmar que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado". El amor sin medida es la medida de Dios, por eso cuando decimos que ya hemos perdonado mucho o que no se puede perdonar lo imperdonable, decimos mal; si el Señor lo ha hecho, nosotros en su imitación y búsqueda tenemos que intentarlo. La justicia de nuestro Dios es ésta, la cual nos parece difícil; sí, pero no es imposible. Para ello necesitamos llenarnos del Espíritu Santo. A veces tenemos una idea equivocada, pensamos que una vez que lleguemos a la Pascua tenemos que esperar cincuenta días para invocar al Espíritu Santo, y no es así; la Pascua es el tiempo del Espíritu, pues el Resucitado lo insufla sobre nosotros. Pidamos al Espíritu Santo que abra nuestro corazón a su gracia, para que se refleje en nuestra vida que somos agradecidos a la ofrenda de sí mismo que hizo Cristo, que murió por nosotros siendo pecadores.

La primera lectura tomada del Libro del Éxodo, nos presenta una escena muy conocida de la peregrinación por el desierto del pueblo de Israel: lo ocurrido en Masá y Meribá, cuando los israelitas murmuraron contra Moisés. Realmente más que contra Moisés, del que dudaron fue del Señor, y hasta echaron de menos la esclavitud de Egipto. Esto lo experimentamos todos nosotros, especialmente cuando tenemos que tomar decisiones, dar pasos, hacer cambios y atravesar nuestro personal desierto. Cuántas veces cuando vienen mal dadas culpamos al Señor, dudamos, y luego de una piedra nos brota el agua. Y el problema era ése; no la sed, sino la falta de fe. La piedra, la roca del Horeb, era más blanda que los corazones de los hijos del pueblo elegido. Por esto la liturgia de la Palabra nos pone como respuesta a este pasaje el salmo 94: "Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón". El agua en el desierto es un tesoro; la fe, en medio de las dificultades, aún más.

Y así, de la sed de los israelitas pasamos a la sed de la samaritana en el capítulo 4 del evangelio de San Juan. Un primer detalle a tener presente es que la conversación sucede junto a un pozo, y si nos fijamos, en la Biblia siempre que esto ocurre se está subrayando un compromiso (Eliezer y Rebeca, Jacob y Raquel, Moisés con Séfora...). Y este pozo es precisamente uno de esos citados en el Antiguo testamento: el de Jacob. Nos encontramos con un Jesús cansado del camino, sentado, sediento... Y la sorpresa es que el Hijo de Dios pide a una criatura, a una mujer samaritana -con la que no debería ni de tratarse- que encima era pecadora "Dame de beber". Si los israelitas pedían a Dios agua, es ahora Dios mismo quien deja de manifiesto que Él es siempre el que en verdad toma la iniciativa; rompe barreras y divisiones, clichés y límites, sorprendiéndonos más en sus detalles sencillos -como pedir un poco de agua- que en los grandes milagros. Este pasaje en plena cuaresma es una invitación a hacer nuestro personal intercambio: Él nos pide nuestra "agua" (nuestras limitaciones, pecados y esfuerzos humanos) para darnos su Agua Viva: "un surtidor que salta hasta la vida eterna". Pero al igual que la samaritana, a menudo intentamos ocultar nuestras heridas o fracasos. La actitud de Jesús nunca es la imposición, sino la delicadeza, pero sin omitir la verdad con la que nos invita a cada uno de nosotros a enfrentarnos con nuestro particular peregrinar. La actuación de Cristo no fue para condenarla, sino para sanarla; y eso mismo hace con nosotros. Reconocer nuestra sed y nuestra necesidad de Dios es el primer paso para la conversión profunda que la Cuaresma nos propone. También hoy nosotros, como la samaritana, somos llamados a dejar nuestro cántaro y liberarnos de tanto superficial que nos ata en una vida vacía. Somos invitados a beber del agua viva, fortaleciendo nuestra fe mediante la escucha de la Palabra y la eucaristía. Ser testigos: Convertirnos nosotros mismos en milagros para los demás, llevando esperanza a quienes todavía caminan sedientos por el desierto de la vida.

Evangelio Domingo III de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:
«No tengo marido».

Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».

Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Palabra del Señor

Yendo a los confines del mundo. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M



No acabo de habituarme a la dulce provocación de los niños, cuando responden a un sencillo saludo como si te conocieran de toda la vida. Simplemente corresponden con su sonrisa inocente, sus ojos curiosos y el movimiento de sus manitas. Lo he vuelto a comprobar en el periplo misionero que estoy realizando en las tierras de México intentando encontrar un posible lugar donde situarnos como diócesis de Oviedo para anunciar el evangelio a quienes, lo sepan o no, están esperando la llegada de esa Buena Noticia que, sin embargo, no les resulta ni ajena ni extraña.

Han pasado años, siglos, desde que los primeros misioneros franciscanos llegaron a esas tierras tan allende de su Finisterre patrio. Llegaron con ligero equipaje, como corresponde a los hijos de San Francisco, para anunciar la alegría de haber encontrado ellos a Jesús, y compartir con los hombres y mujeres que fueron apareciendo ante sus ojos el gozo de su vida cristiana sencilla y pobre, pero muy llena de caridad, de fe y de esperanza. Id al mundo entero y anunciad del evangelio, dijo Jesús. Ellos lo hicieron.

Lo primero que se te remueve son tus propias seguridades, que de pronto aparecen fatuas y prescindibles con una purificación que las hace esenciales, sin engolamiento, sin dependencias. ¡Cuántas cosas que parecen fundamentales y sin las cuales no parece fácil llevar adelante la vida, en la misión pierden su impostura y te permiten estrenar una liberadora libertad! Las comodidades habituales, los recursos técnicos y electrónicos, lo que constituye tu ambiente, tus relaciones, tus horizontes… se relativizan suavemente, invitándote a aligerar la mochila de la seguridad que tiene tu medida, para entregarte a la confianza de la providencia de Dios que siempre desborda para bien nuestra expectativa.

No sólo lo ves al llegar a lugares donde no hay teléfono, ni luz, ni agua potable, ni wifi e internet, así como tampoco lo que te rodea cotidianamente en tu agenda habitual, con la gente que te codea, en las cosas en sueles llevar entre manos. Sino que lo ves especialmente por ese impacto humano con personas enormemente sencillas que sin pretenderlo te dan lecciones de vida.

Pero, además, estas personas son profundamente religiosas que expresan a su manera la fe a través de símbolos y plegarias transmitidas de padres a hijos durante siglos de vivencia cristiana en soledad, sin la ayuda de sacerdotes o frailes que no volvieron a mantener la llama de la fe que ellos mismos habían prendido tantos años antes. Pero lo sembrado fue bueno y lo hicieron bien, hasta el punto de poder dejar esa semilla bien metida en surco de sus corazones. Una vida que nace, madura y crece, que se enamora, enferma y sufre, y que finalmente fenece. No hay escenario humano triste o gozoso, excepcional u ordinario, donde esa fe arraigada en el corazón de estos cristianos, no deje de mirar al evangelio y a la tradición cristiana como esos referentes en los que apoyarse para vivir cristianamente todas las cosas.

No significa que todo sea perfecto, o que tengan estas gentes una formación religiosa apurada. Sin duda, que el transcurrir de los años y los siglos viviendo la fe a la intemperie sin la ayuda de los pastores y de los maestros que acompañan nuestros pasos y tropiezos, tiene como consecuencia que hay mezcolanzas, sincretismos, y una ignorancia por la falta de una catequesis seria y continuada. Pero la bondad de sus corazones y los ojos puros en su mirada hace que te conmueva ese testimonio, como el saludo de los más pequeños cuando se cruzan en tu camino sin pedir a cambio nada más que tu afecto y tu bendición. ¡Qué hermosa lección en ese intercambio de fe y esperanza! Quiera Dios que se puedan abrir los cauces para acompañar misioneramente a estas buenas gentes, sabiéndonos nosotros acompañados por quien nos envía: el Señor.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 7 de marzo de 2026

Fallece el sacerdote Francisco Fernández Carvajal, autor de «Hablar con Dios» y otras conocidas obras de espiritualidad

(InfoCatólica) Francisco Fernández Carvajal, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei y uno de los autores espirituales más leídos en lengua española de las últimas décadas, ha fallecido en Madrid a los 88 años de edad. La noticia fue dada a conocer este viernes 6 de marzo por la revista Omnes, sucesora de Palabra, la publicación en la que el sacerdote ejerció durante más de diez años como redactor jefe.

Un legado de más de cuatrocientas cincuenta meditaciones

Su obra cumbre, Hablar con Dios, editada por Editorial Palabra, reúne más de cuatrocientas cincuenta meditaciones para cada día del año litúrgico. Traducida al inglés, francés, italiano, portugués, alemán, holandés, rumano, eslovaco, polaco, ruso y húngaro, la colección ha acompañado la oración de millones de lectores en todo el mundo durante décadas. «Lamentamos profundamente el fallecimiento de nuestro autor Francisco Fernández-Carvajal. Agradecemos el valioso legado que deja en tantos lectores. Le encomendamos en nuestras oraciones. Descanse en paz», publicó la editorial en su cuenta de X tras conocerse la noticia.

Junto a Hablar con Dios, la misma editorial ha publicado con numerosas reediciones otras obras del sacerdote granadino: Vida de Jesús, El Evangelio de San Mateo, El Evangelio de San Lucas, La Tibieza, Hijos de Dios (en colaboración con Pedro Beteta), Quédate conmigo. Vivir de la Eucaristía, Índice ascético del Catecismo de la Iglesia Católica, Como quieras Tú. Cuarenta meditaciones sobre la Pasión del Señor y El día que cambié mi vida. También dejó una extensa Antología de textos para la oración y la predicación, con más de siete mil citas de Santos Padres y otros autores antiguos y modernos. Su último libro, El paso de la Vida, vio la luz en 2018.

De Albolote a Roma: una vocación forjada en la Universidad y en el Opus Dei

Nacido el 24 de enero de 1938 en Albolote, Granada, Fernández Carvajal cursó la licenciatura en Historia en la Universidad de Navarra y se doctoró en Derecho Canónico en el Pontificio Ateneo «Angelicum» de Roma. En 1957 pidió la admisión en el Opus Dei y recibió la ordenación sacerdotal en 1964.

Sus primeros años de ministerio transcurrieron en Barcelona, donde desarrolló diversas labores pastorales. A principios de los años ochenta se trasladó a Madrid y se incorporó a la redacción de la revista Palabra, en la que permaneció más de una década y en la que publicó decenas de entrevistas y artículos de formación e información pastoral.

Una vida entregada al ministerio hasta el final

A lo largo de toda su vida sacerdotal, Fernández Carvajal compatibilizó su labor de escritor con un ministerio pastoral continuado dentro de la Prelatura del Opus Dei. Fue capellán del colegio Orvalle y ejerció como confesor en diversas parroquias madrileñas, entre ellas La Visitación de Las Rozas, hasta que su salud se lo impidió.

Con su fallecimiento, la Iglesia en España pierde a uno de los autores que con mayor profundidad y alcance han contribuido a la formación espiritual de los fieles en lengua española durante el último medio siglo.

Algunos detalles sobre liturgia eucarística en el tiempo de Cuaresma. Por R. H. M.

La liturgia de la Cuaresma nos introduce a la vivencia del misterio pascual. A través de la palabra de Dios, de sus signos y oraciones nos preparamos durante cuarenta día a la noche santa de Pascua. Este tiempo "fuerte" no es sólo una cuenta regresiva, sino un itinerario espiritual de conversión y renovación bautismal.

Para profundizar en la riqueza de este tiempo, aquí tienes algunas pinceladas que pueden ayudar:

El Itinerario del Catecúmeno

La Cuaresma nació originalmente como el tiempo de preparación intensiva para quienes se bautizarían en la Vigilia Pascual. Por eso, cada domingo tiene un propósito pedagógico:

I Domingo (Tentaciones): Jesús en el desierto nos enseña a vencer el mal con la Palabra de Dios. Es el llamado a la lucha espiritual.

II Domingo (Transfiguración): La visión de la gloria de Cristo en el Tabor nos recuerda la meta: la Resurrección, para no desanimarnos ante la Cruz.

III, IV y V Domingo (Escrutinios): Especialmente en el Ciclo A, se leen los "grandes temas" bautismales:

IV Domingo (Laetare): Se permite el color rosado. Es un breve paréntesis de alegría en medio de la penitencia para tomar fuerzas hacia la Pascua.

Música

Para el canto de entrada de los domingos se aconseja en España, por ejemplo, el himno litúrgico ''Me invocará y lo escucharé'' inspirado en el salmo 91 cuyas estrofas están perfectamente preparadas para cada uno de los domingos cuaresmales. A la sazón, el primero ''El Señor ha dado órdenes a sus ángeles...'' (evangelio de las tentaciones), el segundo ''Contemplado y quedareis radiantes'' (evangelio de la Transfiguración) etc.

Durante el tiempo de cuaresma no se canta el gloria, a no ser en las solemnidades de San José y la Anunciación del Señor. Y el Aleluya no se canta ningún día ni en ninguna celebración. Es triste observar en ocasiones cómo esto no se respeta, por ejemplo en los funerales que se celebran en tantas parroquias, donde se interpreta con mucha frecuencia el Aleluya por parte de los músicos, a pesar de ser cuaresma. La omisión de este canto de júbilo no es un capricho, es la forma de resaltar el carácter austero de este tiempo y una forma de prepararnos a la gran fiesta de las fiestas que viene y para la cual nos preparamos. Tampoco la música instrumental es lo mejor para la cuaresma; la Iglesia pide que los instrumentos únicamente se utilicen para sostener el canto, pero no es lo apropiado ni solos instrumentales ni orquestación.

Ornato 

La sobriedad es la característica principal del entorno litúrgico durante estos días, por ello no tienen lugar las flores en el altar ni en ningún espacio del presbiterio, del templo o capilla. Únicamente -si acaso- limitar las flores a las imágenes devocionales de los laterales del templo. Sí tendrían cabida, aunque sin demasiados excesos, los adornos florales el domingo IV de Cuaresma ''Laetare'' así como las solemnidades de San José y la Encarnación. En muchos lugares apuestan, por ejemplo, por decorar los días que está permitido con flores menos llamativas como la flor de siempre. El color de la cuaresma es el morado, símbolo de penitencia, humildad y preparación. También en los manteles del altar se ha de buscar la austeridad de estos días. A veces queriendo dejar tan patente que estamos en tiempo de cuaresma se ponen demasiadas telas moradas por todas partes o decorados demasiado elaborados, cuando lo que mejor indica que es cuaresma es precisamente la sencillez.

Conmemoraciones

La cuaresma es un tiempo en el que parece que tenemos a los Santos olvidados, pues ciertamente, no hay memorias, fiestas ni solemnidades, a no ser al bendito San José; más no es así, pues sí que la Iglesia quiere tenerlos muy presentes, pues ellos son nuestros modelos más cercanos en lo que significa la conversión total y absoluta. Así recomienda la liturgia que en lugar de un canto de entrada apropiado para este tiempo se entone en su lugar las letanías de los santos durante la procesión de entrada del sacerdote y los acólitos hacia el altar; es un gesto bellísimo de cómo la Iglesia peregrina pidiendo la intercesión de sus mejores hijos. 

Durante el tiempo de cuaresma tiene una gran importancia el formulario propio de cada día: no hay memorias de los santos; si acaso conmemoración, lo que significa que únicamente se podría hacer la oración colecta propia del santo, siendo obligatoriamente el resto de la celebración eucarística tomada del propio del día como recuerda la OGMR en su nº 355a. Tampoco están permitidas las misas votivas o por diversas necesidades, a no ser que el obispo diocesano determine lo contrario ante una situación excepcional. Se utiliza el color morado aunque se conmemore algún santo. 

Liturgia de la Palabra

El Itinerario de las Lecturas es de una riqueza singular. Los pasajes del Antiguo Testamento nos irán presentando la historia de la salvación, desde la creación hasta la promesa de la nueva alianza. En la lectura continuada de las misas feriales (entre semana) se proclamarán los textos más destacados de los profetas (Isaías y Jeremías) que denuncian la hipocresía y piden un corazón de carne en lugar de uno de piedra.
La salmodia (los Salmos) adquieren durante este tiempo un tono de súplica y arrepentimiento, como por ejemplo el Salmo 51 denominado ''Miserere''.
Mientras que en los Evangelios -este año Ciclo A- encontraremos de la mano de San Mateo un marcado el aspecto "bautismal", especialmente en pasajes como la Samaritana (el agua viva), el Ciego de nacimiento (la luz) y la Resurrección de Lázaro (la vida).

Propio del tiempo cuaresmal

Como saludo en los ritos iniciales de este tiempo se recomienda decir ''La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos vosotros''. Las invocaciones propias del acto penitencial para el tiempo de cuaresma están en la página 548 del libro de la sede o 438 del misal romano. 

En las solemnidades y fiestas se dice "gloria", pero no se dice ni canta aleluya en ninguna celebración durante toda la cuaresma. El leccionario nos ofrece una antífona que es la que se debe cantar antes de la proclamación del evangelio. También se omite el aleluya en el rezo de la liturgia de las horas. 

Importante recordar que ''No se puede adornar el altar con flores durante el tiempo de Cuaresma, excepto en las solemnidades, fiestas y el Domingo IV «Laetare»'' (OGMR 305). Igualmente, el órgano u otros instrumentos se utilizan únicamente para sostener el canto.

Los prefacios propios de cuaresma están en las páginas 459 a 463, y los apéndices musicalizados de dichos prefacios en las páginas 1155, 1156, 1157, 1158 y 1159. Entre los prefacios de este tiempo la Iglesia ofrece cinco específicos que resumen la teología del tiempo: el dominio de las pasiones, el crecimiento en la caridad y la preparación para las fiestas pascuales.

Es muy aconsejable que los sacerdotes utilicen en este tiempo las plegarias eucarísticas ''de la Reconciliación'' R1 (páginas 607 - 612) y R2 (612 - 618).

Invítese a los fieles a hacer inclinación de cabeza antes de la oración sobre el pueblo, que durante el tiempo de cuaresma el sacerdote reza tras la oración después de la comunión y antes de impartir la bendición. 

Para algún domingo especial como puede ser el IV (''Laetare'') se puede impartir la bendición solemne. Ver página 563 del libro de la sede. 

Devociones y tradiciones

El Vía Crucis: Se reza tradicionalmente los viernes de cuaresma. Es la meditación de la Pasión que une el sacrificio de Cristo con el sufrimiento humano.

El Velo de las Imágenes: A partir del V Domingo, existe la tradición de cubrir las imágenes y crucifijos con telas moradas. Esto aumenta la sensación de "ayuno visual" y espera, revelando todo de nuevo en la noche de Pascua.

viernes, 6 de marzo de 2026

Oración a Jesús de Medinaceli


Amadísimo Jesús de Medinaceli,
Tú que nos has revelado toda la misericordia y el profundo amor que Dios nos profesa a cada uno de nosotros,
escucha atento nuestros ruegos.

Tú que teniendo las manos atadas frente al pecado de los hombres decidiste morir para alcanzar el perdón de todos nuestros pecados, en memoria de tu pasión, te solicitamos ayuda y de esta manera transformar nuestras vidas hacia el Evangelio.

Te rogamos nos concedas
¡oh Cristo de Medinaceli!,
conservarnos mansos y humildes
como lo hiciste Tú, y de esta manera poder devolver el bien cuando reine el mal.

Mirar con ojos humildes los desprecios del prójimo, y de esta forma ser más
compasivos con el padecimiento
de los menos poseídos.

¡Oh Jesús mío!
Concédenos el alivio a todos
nuestros males y auxilio en nuestras
necesidades, y con gran esmero
en esta súplica tan especial
que te hago:

(hacer la petición que corresponda)

Divino Jesús de Nazareno,
atiende nuestros ruegos y
bríndanos tu amparo,
bendícenos y protégenos
desde el Cielo con tu infinito amor.
Amén.

Reflexión Cuaresmal para el 3º Domingo de Cuaresma. Por Mons. Jesús Sanz Montes OFM