viernes, 13 de marzo de 2026

Ha fallecido la señora Juana, de La Serna. Por Jorge Gonzalez Guadalix

(De profesión cura) Ayer jueves a última hora de la tarde y casi de repente. No tuvo tiempo ni de sentirse un poco mala.

Juana era la parroquia de La Serna. 91 años de fidelidad y sonrisa. ¡Cuántas veces habremos celebrado misa los dos solos! Yo sabía que cualquier convocatoria siempre contaría con ella. Pido con fuerza que hoy Juana pueda contemplar cara a cara el rostro de Dios, asombrarse en el cielo ante su Virgen del Socorro, charlar con san Agustín, san Andrés, san Antonio, a los que tanta devoción tenía.

Nos queríamos mucho. Y yo, hoy, me siento más solo, más huérfano.

Mañana celebraremos la misa de cuerpo presente en La Serna a las 11 de la mañana, y a continuación conduciremos sus restos al camposanto.

En mi último libro hablo mucho de ella, de su fe, su buen humor, de esa sonrisa permanente que surgía sobreponiendose a gtanto como ha psado en su vida. Hoy, como homenaje, copio aquí un fragmento de lo recien publicado:

ESTA ES JUANA:

Cumplidos los 91 años de energía, de fe, de entrega, de sonrisa, porque si hay algo que caracteriza a la señora Juana, de La Serna del Monte, es su sonrisa.

Juana es la piedra angular sobre la que se asienta la comunidad parroquial de san Andrés apóstol de La Serna. Somos no pocos, sino poquísimos. Muchas veces la misa es para los dos, días feriados e incluso algún domingo o festivo.

Nos conocemos muy bien. Faltando entre dos y tres minutos aparece Juana. Generalmente, con un bastón. Si la cosa ese día pinta peor, se viene con dos. Nuestra conversación casi que es la misma de cada día:

- ¿Qué tal estamos hoy?

- Muy jodida, no se crea usted.

- A lo mejor estamos los dos solos en misa.

- Tranquilo. Ellos se lo pierden.

Y así celebramos. Los dos. Bueno, los dos que se vean a simple vista, porque ahí tenemos a san Andrés, la Virgen del Socorro, san Agustín, san Antonio, esos en imágenes y otra multitud de ángeles, arcángeles, querubines, serafines… que, hartos de parroquias llenas, se vienen con nosotros que andamos más necesitados de apoyo.

El gran don de Juana es su presencia. En La Serna celebramos viernes y domingos. No falla así caigan chuzos de punta. Tan solo algún día especial de mucha lluvia o nieve que yo me adelanto:

- Que hoy no venga, que está la tarde fatal.

- Tranquilo.

Y ahí que te aparece…

- Pero ¿cómo ha venido con la tarde que está?

- Tampoco es para tanto, y ya me apoyo con el bastón.

- La van a regañar sus hijas…

- Que digan lo que quieran.

Juana garantiza la misa en La Serna. Incluso en esos días de desánimo o pereza, yo sé que va a acudir, y su presencia es el mayor estímulo para celebrar y hacerlo con alegría.

Me quiere. Nos queremos mucho, aunque a veces me llame demonio. Este año, al volver de mis días de vacaciones, algo le traje, creo que unos dulces:

- Demonio de cura, siempre tiene que andar trayendo algo.

- Es mi costumbre, ya sabe.

Y su sonrisa se ilumina de manera especial.

Aquí estaremos. Hasta que Dios quiera. Hasta que doblemos peineta, como ella dice. Dios te bendiga, Juana.

Hoy no me basta un avemaría. Hoy dos. Por ella. Dios se lo pague.

jueves, 12 de marzo de 2026

«Los miserables, el origen»: disección de un cristianismo sin Cristo con personajes de Víctor Hugo

(Rel.) Los miserables, el origen se titula en francés Jean Valjean, y es una revisitación de los dos primeros libros de Los Miserables, de Víctor Hugo, centrándose en el Jean Valjean machacado por la injusticia y la prisión (un pétreo y duro Grégory Gadebois) y monseñor Bienvenu, el amable sacerdote que intentará transmitirle luz y transformación (un contenido y matizado Bernard Campan). Es una película de 98 minutos, meditativa sin llegar a ser experimental.

Magloire, la hermana del clérigo (Alexandra Lamy) y su criada Baptistine (Isabelle Carré) aportan dos enfoques femeninos a la historia. Magloire está enferma y sospecha que morirá pronto, por lo que no tiene miedo a nada. Tampoco tiene fe en Dios ni ninguna esperanza. Ya su nombre suena como "mi gloria" en francés... y, como decimos, apunta a su fugacidad.

La criada Baptistine es creyente pero desconfiada y justiciera, juzga por las apariencias (contra lo que enseña Cristo en Juan 7,24). Está empezando a leer y quiere aprender más. Cuando llega Jean Valjean, herido, enfadado, peligroso, a la casa ruinosa de monseñor Bienvenu, cada uno deberá afrontar sus temores o esperanzas.

Hay que tener en cuenta que el obispo generoso en cuestión existió de verdad; se llamaba François Melchor Charles Bienvenu de Miollis y está en proceso de beatificación. Víctor Hugo no lo conoció en persona pero sí a personas que trataron con él.

Valjean ha pasado 18 años en una cantera, como preso forzado, por robar un pan para alimentar a unos niños, y luego por intentar fugarse. La acogida generosa, cándida, del clérigo, le llevará a repasar mentalmente sus heridas en el cautiverio, su odio acumulado. Su mensaje repetido es que un hombre, bueno en su inicio, queda deformado por la sociedad y la crueldad de los semejantes, que no le acogen ni siquiera cuando es liberado.

Pero si Los Miserables era un ejemplo de romanticismo cristiano, esta película no llega a tener la densa emotividad del romanticismo ni llega a acercar a nadie a Cristo. Dice Fabrice Hadjadj que en el siglo XIX muchos creían en las virtudes cristianas sin Cristo, pero hoy ya no se da eso. Esta película intenta mostrar santos que no parecen beber de Cristo. Y no convence.

La película es más meditativa que emocional. Combina silencios con frases lapidarias. Cuanto más cercana al libro clásico, más convincente.

Si se hubiera filmado la película en la Unión Soviética, diríamos que un director criptocristiano la llena de signos evangélicos. El vaso de agua, ofrecido una y otra vez, remite a Marcos 9,41 ("quien os dé a beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, no quedará sin recompensa"). La escena en que el clérigo entrega solemnemente una vela encendida al exconvicto resuena como la luz en la noche de Pascua.

Sin embargo, la bondad del clérigo, en la novela, remite a Cristo. No aquí, aunque le veamos rezar ante un crucifijo. Nunca cita la Palabra de Dios ni se encomienda a Él. Sabemos que se hizo clérigo tras perder a un ser querido, en una historia que no se nos detalla.

"Yo quería convertir, imponer, ser misionero", explica de sus primeros tiempos como clérigo. No se entiende ese "imponer" puesto que vemos que acude a intentar confesar a un ermitaño enfermo y antisocial, sin más recurso que su presencia. Allí recibe un vaso de agua y un cierto discurso humanista. "No soy descreído por no creer en que una Virgen dé a luz o no creer que un crucificado con corona de espinas vuelva a la vida. ¡La humanidad existe!", dice el ermitaño, que empatiza con los pobres.

Debería sonar solemne, pero parece dudoso que una frase así convenza a nadie (espectadores) después de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, parece que eso basta para convertir al clérigo acomodado en un santo generoso. Un ermitaño laico habría logrado con esa frase un nacer de nuevo que Cristo parece que no le aportaba. Y no será tan fuerte como para llegar a su hermana enferma, a la que acompaña con paciencia y cariño, pero sin aportarle fe.

En otra ocasión, Bienvenu mira las estrellas y su belleza y se la indica a Valjean, pero no porque apunten a un Creador bueno, o a una belleza que alcanza a todos. Y Valjean viene a decir que los pobres no disfrutan de ellas, cosa que quizá sea verdad en ciudades llenas de hollín, pero no en el campo.

Visualmente se transmite frío, piedra, dureza, oscuridad que rodea a las frágiles velas. Hay una hermosura casi de ciencia ficción en el penal-cantera, con sus uniformes rojos de presos, negros de guardias y su polvo blanco, que recuerda a la prisión también blanca de la teleserie Andor. El juego de colores impacta en el espectador.

Con todo, los espectadores que vayan buscando el romanticismo arrebatado de Los Miserables deben saber que no lo encontrarán. Y los que busquen el calor del Espíritu Santo que arrebata con su gozo, alegría, desprendimiento y generosidad, tampoco.

Más bien parece una película de humanistas intentando pasar por cristianos. Por supuesto, siempre podemos decir que el humanismo transformador es mucho mejor que el nihilismo, el consumismo narcotizado o la mera voluntad de poder destructora de los soberbios. Eso ya es una gran mejora respecto a lo que tenemos.

León XIV nombra al agustino español Luis Marín de San Martín nuevo Limosnero de Su Santidad

(InfoCatólica) El Papa León XIV ha nombrado al religioso agustino español Luis Marín de San Martín nuevo Limosnero de Su Santidad y Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, confiriéndole al mismo tiempo la dignidad de arzobispo. El nombramiento, anunciado este jueves por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, supone uno de los primeros reordenamientos curialesde calado del actual pontificado.

Marín de San Martín, de 64 años, sustituye en el cargo al cardenal polaco Konrad Krajewski, quien durante el pontificado de Francisco se convirtió en el rostro más visible de la caridad pontificia. Krajewski ha sido designado a su vez arzobispo metropolitano de Łódź (Polonia).

Un religioso cercano al Papa desde hace dos décadas

La designación no sorprende a quienes conocen la trayectoria del nuevo Limosnero. Nacido en Madrid en 1961, Marín de San Martín se formó en el Colegio de San Agustín de la capital e ingresó en la Orden de San Agustín, en la que fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1988. Obtuvo el doctorado en Sagrada Teología en la Universidad Pontificia Comillas y desempeñó diversos cargos en España, entre ellos consejero provincial, párroco en Madrid y prior del Monasterio de Santa María de la Vid.

Su traslado a Roma en 2008 fue decisión del entonces prior general de los agustinos, Robert Francis Prevost, el actual León XIV. Bajo su dirección, Marín de San Martín ejerció como archivero general y asistente general de la orden, además de presidir el Institutum Spiritualitatis Augustinianae.

En 2021, el Papa Francisco lo designó subsecretario del Sínodo de los Obispos y le confirió la dignidad episcopal, asignándole la sede titular de Suliana. Su ordenación tuvo lugar el 11 de abril de ese año en la Catedral de la Almudena de Madrid.

La «mano derecha» del Papa en la atención a los pobres

El cargo de Limosnero de Su Santidad es uno de los más cercanos a la figura del Pontífice dentro de la Curia Romana. Su misión es ejercer la caridad en nombre del Santo Padre: gestionar recursos para personas sin hogar, inmigrantes y familias en precariedad extrema, financiando necesidades básicas como alquiler, medicinas o facturas con fondos procedentes de las bendiciones apostólicas en pergamino, cuyos donativos se destinan íntegramente a las obras de misericordia del Papa.

El Limosnero no actúa solo desde un despacho: la tradición del cargo implica una presencia directa sobre el terreno, visitando personalmente a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Bajo la gestión de Krajewski, la Limosnería adquirió una dimensión internacional especialmente notable al coordinar cuantiosas ayudas destinadas a Ucrania desde el inicio de la guerra.

León XIV sigue configurando su Curia

El nombramiento de Marín de San Martín llega casi un año después de la elección de León XIV como Sucesor de Pedro y es uno de los primeros de verdadero calado en la reorganización de la Curia. La designación de un hombre de confianza, con raíces agustinas compartidas y una larga experiencia en Roma, en el dicasterio más vinculado a la acción directa del Papa entre los pobres traza una línea de continuidad espiritual con el espíritu que animó la Limosnería en el pontificado anterior, al tiempo que imprime el sello personal del nuevo pontificado.

miércoles, 11 de marzo de 2026

«La vida, un don inviolable», lema de la Jornada por la Vida

(C.E.E.) «La vida, un don inviolable» es el lema de la Jornada por la Vida, que la Iglesia celebra el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida ha sido la encargada de elaborar los materiales para su difusión.

En su mensaje para esta Jornada los obispos indican que la defensa de la vida no es solo una cuestión de fe, sino una exigencia de la recta razón y de la ciencia. «La biología defiende unánimemente que, desde el momento de la fecundación, existe un organismo humano vivo e independiente, con un patrimonio genético propio, un desarrollo embrionario autónomo, ordenado y coordinado», explican.

Por ello muestran su preocupación por «la tendencia a elevar el aborto a la categoría de «derecho», incluso con rango constitucional o en cartas de derechos fundamentales». «El aborto -subrayan los prelados- nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana».

Sin embargo, la mirada desde la Conferencia Episcopal no se queda solo en el seno materno, se dirige también a madres y padres que enfrentan dificultades a la hora de afrontar un embarazo. Por ello, indican que desde CEE «queremos promover una alianza social para la esperanza a favor de la natalidad, que sirva, por una parte, para construir juntos las condiciones necesarias para que nuestros jóvenes puedan plantearse formar una familia abierta a la vida y, por otra, para que ninguna mujer tenga que recurrir al aborto por sentirse sola o sin recursos».

No juguemos con el sacerdocio ministerial. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Empezando por Alemania y siguiendo por la sinodalidad sinodalizada. La cosa, como dirían mis paisanos, no pinta bien y a ver qué sale de lo que sale y de lo que se pretende que salga lanzando globos sonda y matices matizables.

Preguntas que uno se hace:

Si el sacerdote es un hombre de Dios o un delegado de la comunidad, es decir, si es Dios quien lo instituye o la comunidad la que lo crea.

Si el oficio de gobernar va unido al sacramento o es mera delegación del delegado del papa en la diócesis.

Si como consecuencia de esto la pastoral va a depender de unos consejos pastorales formados muy mayoritariamente por laicos, consultivos según derecho, pero decisorios en la práctica real.

Si abundando en todo esto se pretende fiscalizar el ministerio del obispo a través de grupos auditores de su oficio.

Si no estaremos incluso relativizando la sacramentalidad y el oficio propio introduciendo cada vez más celebraciones de la Palabra presididas por laicos, que van siendo, en casos, responsables directos de la parroquia.

A cuento de qué viene encontrarte en documentación eclesial propuestas como volver a dejar el seminario para vivir en comunidades del tipo que sea.

O tener que leer artículos en páginas con respaldo diocesano afirmando que es el momento de ir abriendo camino al diaconado femenino y de ahí para adelante

No juguemos con esto.

El ministerio de regir la comunidad va unido a la sacramentalidad del orden.

Según el Concilio Vaticano II los sacerdotes son presbíteros ordenados para participar del único sacerdocio de Cristo, actuando en su persona como pastores, maestros y dispensadores de los sacramentos. Son colaboradores del obispo y están al servicio del Pueblo de Dios, promoviendo su santificación y la edificación de la Iglesia a través de la evangelización y la Eucaristía.

No queremos convertir al sacerdote en otra cosa. Acabar con el sacerdocio es acabar con la Iglesia.

Pocas bromas.

martes, 10 de marzo de 2026

El arzobispo de Oviedo, Monseñor Fray Jesús Sanz Montes, predicará el Sermón de las Siete Palabras en Valladolid

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, será el encargado de predicar el tradicional Sermón de las Siete Palabras de Valladolid el próximo 3 de abril en la Plaza Mayor. El también fraile de la Orden Franciscana ha aceptado la invitación de la Cofradía de las Siete Palabras para pronunciar esta histórica prédica sobre las últimas palabras de Cristo en la Cruz.

De este modo, Sanz Montes toma el relevo del predicador del pasado año, el sacerdote operario diocesano José San José Prisco, y se suma a la larga nómina de personalidades eclesiásticas que han participado en uno de los actos más emblemáticos de la Semana Santa vallisoletana.

El Sermón de las Siete Palabras es uno de los actos más singulares y destacados de la Semana Santa de Valladolid, organizado por la Cofradía de las Siete Palabras. Cada Viernes Santo a mediodía, la Plaza Mayor, engalanada con telones negros, se transforma en un escenario del siglo XVI en el que un religioso, desde un púlpito, reflexiona sobre las siete palabras que Cristo pronunció en la Cruz, delante de los respectivos pasos que las ilustran. Este Sermón viene precedido de un pregón a caballo que es proclamado a lo largo de toda la mañana en distintos puntos de la ciudad. 

En 1932, a petición del Arzobispo Remigio Gadásegui, la Cofradía de las Siete Palabras organizó un Ejercicio o Sermón de las Siete Palabras en la Catedral con la asistencia de las primeras autoridades religiosas, civiles y militares, así como representantes de todas las cofradías. El primer predicador fue el Canónigo Magistral de Zaragoza.

En el Viernes Santo de 1943 (23 de abril), siguiendo la costumbre de los siglos XVI y XVII de predicar sermones en el escenario de la plaza Mayor, pasa a realizarse allí el Sermón de las Siete Palabras, en la acera en donde se encontró ubicado el Convento de San Francisco, ante el paso Jesús entre los ladrones (hoy denominado En tus manos encomiendo mi espíritu), con el Cristo de las Mercedes de Pompeo Leoni, titular de la cofradía. Predicó este sermón Eduardo Sánchez, canónigo magistral de Valladolid.

El siguiente Viernes Santo (7 de abril de 1944) fue el primero en el que un grupo de hermanos a caballo, con un pregonero, recorrió diversas calles de la ciudad invitando a oír el Sermón. Aquel año Justo García Sanz, por aquel entonces presidente de la Cofradía, fue quien proclamó un pregón-poema escrito por el periodista Félix Antonio González.

A las ocho y media de la mañana, el pregonero recibe de manos del arzobispo, en cuyo nombre se desarrolla el acto, el pergamino con el texto del Pregón, con la siguiente fórmula:

«Con vuestra licencia Señor, vamos a recorrer las calles de la ciudad pregonando la Divina Palabra»

Tras recibir el pergamino, el pregonero, montado a caballo, realiza una primera lectura del pregón en el Palacio Arzobispal. A continuación, durante el resto de la mañana vuelve a pronunciarlo en distintas calles, plazas e iglesias de la ciudad, acompañado por unos sesenta o setenta cofrades también a caballo, ataviados con hábitos diseñados para la ocasión.

El pregonero se dirige a:

«cuantos hombres y mujeres de la Archidiócesis de Valladolid y a los que se encuentren en camino, que esta carta vieren y oyeren»

para anunciarles que:

«a mediodía de hoy, Viernes de la Cruz, ante todas las autoridades locales, cofradías penitenciales y pueblo fiel congregado en la Plaza Mayor, se expondrán las Siete Palabras que Cristo Nuestro Señor dijo desde la Cruz»

El texto del poema-pregón es elegido por la Cofradía entre los que cada año son presentados por diversos autores para la ocasión. En 2018 fue la primera vez que un autor hispanoamericano obtuvo la distinción, el argentino Boris Rozas.​

El cortejo goza de una gran admiración popular, ya que el sonido de los cascos de los caballos, las vestimentas de los cofrades y el fervor del pregonero durante su lectura crean el ambiente de expectación adecuado y sirven de gran antesala para la concentración de fieles en la Plaza Mayor.

La penúltima lectura se realiza en el Atrio de Santiago, de cuya iglesia saldrá la cofradía en pleno y portando a hombros el Cristo de las Mercedes, perteneciente a la séptima palabra. La cofradía entra en la Plaza Mayor por la calle Santiago, efectúa una vuelta completa a la misma y coloca en el lugar correspondiente el Cristo de las Mercedes. Acto seguido, se realiza la última lectura del pregón, justo a continuación de las campanadas de mediodía. El pregonero concluye su labor entregando de nuevo el pergamino al Arzobispo, dando así paso al comienzo de la proclamación del Sermón.

Disposición de la Plaza

La plaza Mayor se convierte en un gran escenario, cuya impresión general es de luto, y que rememora los autos de fe que se celebraban en la antigua plaza del Mercado en el siglo XVI. El montaje del Sermón se coloca en la acera opuesta a la del Ayuntamiento, llamada de San Francisco, por haberse encontrado ubicado allí el convento del mismo nombre. Hasta 1989 se realizaba sólo con el último paso, el de Cristo entre los ladrones. Desde entonces, se lleva a cabo con los siete pasos y la siguiente distribución del espacio: Los siete pasos se disponen a lo largo de la acera de San Francisco, cuyos edificios se cubren con telones negros de los que cuelga el escudo de la cofradía. A la séptima palabra le corresponde el lugar central, que tiene un enorme dosel. Las figuras de los dos ladrones están ya colocadas, mientras que la de Cristo (el Cristo de las Mercedes), entrará portado a hombros con la Cofradía y será colocado en el espacio reservado al mismo. A la izquierda de la séptima palabra se sitúan, consecutivamente, las palabras tercera, segunda y primera. A su derecha, las palabras cuarta, quinta y sexta. Tribuna del predicador. Un elevado púlpito engalanado con telones negros y el escudo de la cofradía, se coloca, mirando de frente, a la derecha de la séptima palabra, un poco más adelantado. El protocolo le marca al predicador hábito coral, el correspondiente a su cargo: sacerdote, canónigo, obispo u arzobispo o cardenal. Mirando de frente, se sitúa a la derecha del paso de la primera palabra. Las cofradías, según hacen entrada en la Plaza Mayor, dejan ahí sus pendonetas, guiones y estandartes, como símbolo de que están presentes en el acto. Se sitúan justo enfrente de la séptima palabra, en diversas filas. Este espacio es ocupado por las autoridades eclesiásticas, civiles y militares locales. Es tradicional la presencia de algún miembro del Gobierno de España, autoridades de otras comunidades autónomas y de varios embajadores acreditados en España. Destaca la silla y reclinatorio del Cardenal-Arzobispo, detrás de la cual se sitúan las de los canónigos. En general, los cargos eclesiásticos asisten al acto ataviados con hábito coral. Se sitúan a lo largo de todo el espacio, en la primera mitad de la Plaza Mayor. Su llegada se produce a lo largo de la media hora anterior a la entrada de la Cofradía, desfilando desde sus sedes y entrando por las diversas calles que desembocan en la Plaza. Ocupan las sillas correspondientes a la mitad más al fondo, mediante el pago de un donativo de 5 o de 10 euros, dependiendo de la zona. También pueden presenciarlo de pie, sin donativo, en las zonas laterales de la plaza y calles adyacentes.

Predicadores

La Cofradía elige al predicador anualmente, anunciándolo en el mes de enero. Es tradición que los sucesivos arzobispos de Valladolid y los consiliarios de la Cofradía lo den el año siguiente de llegar al cargo. Esta distinción se concede por una sola ocasión, con la sola excepción de Marcelo González Martín, que en su condición de Cardenal Primado de España tuvo el privilegio de predicar el Sermón en dos ocasiones. En junio de 2016 Luis Javier Arguello García fue nombrado obispo auxiliar de la ciudad, por lo que le correspondía pronunciar el Sermón del año siguiente, si bien ya lo había pronunciado en 2005 cuando fue Rector del Seminario. Por eso, en su caso, se sustituyó este cometido por el de Pregonero de la Semana Santa. ​

La Universidad Pontificia de Salamanca crea un instituto dedicado a la música sacra

(Infovaticana) La Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) ha presentado el Instituto Universitario de Música Sacra, una nueva institución académica dedicada a la enseñanza, investigación y promoción de la música litúrgica. El objetivo es ofrecer formación especializada y fomentar una práctica musical vinculada a la tradición litúrgica de la Iglesia.

Un instituto para la formación en música litúrgica

Según informó Alfa & Omega, el nuevo instituto nace con la intención de ofrecer un marco académico estable para el estudio de la música sacra en España. Su director, Francisco José Udaondo, subraya que la música no debe entenderse como un simple acompañamiento de la liturgia, sino como parte integrante de ella.

El proyecto pretende integrar la investigación académica, el estudio histórico y la práctica interpretativa dentro de una estructura universitaria vinculada al episcopado español.

Udaondo señala que actualmente en la península ibérica apenas existen programas académicos reglados orientados específicamente a músicos que trabajan al servicio de la liturgia o a agentes pastorales vinculados a la música sacra.

Un máster especializado en música sacra

Entre las principales iniciativas del instituto se encuentra la puesta en marcha de un programa de máster que abordará diferentes aspectos de la música litúrgica.

El plan de estudios incluye materias relacionadas con la liturgia y la historia de la música sacra, el canto y la dirección coral —con especial atención al canto gregoriano y a la polifonía—, así como formación en armonía, composición, órgano e improvisación.

Además, el instituto prevé convocar en los próximos meses un concurso internacional de composición con el objetivo de promover la creación de nuevas obras de música sacra en continuidad con la tradición.

Un espacio de encuentro para músicos de Iglesia

El Instituto Universitario de Música Sacra aspira también a convertirse en un punto de encuentro para músicos vinculados a la vida litúrgica, como organistas, directores de coro y responsables de música en parroquias y catedrales.

La iniciativa busca favorecer el intercambio de experiencias y promover una formación que permita mejorar la calidad de la música litúrgica en las comunidades cristianas.

Música sacra y experiencia espiritual

Udaondo destaca que la música sacra sigue despertando interés tanto desde el punto de vista artístico como espiritual. En su opinión, cuando se interpreta con calidad, continúa siendo capaz de suscitar una experiencia profunda incluso entre personas alejadas de la fe.

El director del instituto recuerda que muchas de las grandes obras del repertorio sacro nacieron como parte de la oración de la Iglesia y no como piezas destinadas exclusivamente al concierto.

En este sentido, subraya que la música litúrgica está llamada a acompañar la celebración de la fe y a contribuir a abrir caminos hacia la trascendencia.