domingo, 28 de febrero de 2021

Caminaré. Por Joaquín Manuel Serrano Vila



Domingo segundo de Cuaresma. Seguimos avanzando en el camino que acompaña al Señor en su subida a Jerusalén. Somos caminantes, y todo camino tiene sus dificultades como el propio camino de la vida, más éste no lo hacemos solos sino que el Señor camina a nuestro lado. En este contexto San Marcos nos presenta hoy la subida al Tabor y la transfiguración como anticipo de lo que nos espera al final del camino temporal y tras nuestras subidas y serpenteos hacia la cima.
 
El fragmento de epístola de San Pablo a los Romanos apenas cuatro versículos que condensan una gran riqueza y profundidad. Vemos en este texto cómo se hace presente en toda la vida de Cristo el amor de Dios. El Apóstol hace un canto, un himno que ensalza la grandeza de este Amor precedido de un formulario de preguntas cuya respuesta es evidente. Es tiempo de mirar a la cruz; al hilo del texto hemos de preguntarnos si podemos quejarnos nosotros de los contratiempos de nuestra vida cuando el mismo Dios no se reservó a su único hijo, sino que lo entregó hasta el sacrificio máximo de la cruz. No hay amor más grande que dar la vida, pero la muerte de Cristo es redentora; esta es la Teología y Cristología de la cruz. Aún hoy sigue siendo "escándalo" para unos y "necedad" para otros. Queda claro que el amor de Dios por sus criaturas está por encima de cualquier cálculo humano o racional que podamos hacer. No se reservó ni a su propio Hijo, sino que consintió su muerte para darnos vida, y ello sigue siendo un reto para nuestra fe.

La exégesis nos presenta el paralelismo entre la lectura del Génesis y el Evangelio, donde unos caminantes avanzan hacia una meta. En primer lugar, Abrahán con Isaac que se dirigen al monte Moria; los apóstoles, Pedro, Santiago y Juan que se encaminan con Jesús a lo alto del Tabor. El texto de Pablo nos ayuda a interiorizar el sacrificio del Hijo de Dios, y está en relación con este pasaje del Antiguo Testamento donde el Señor pide a Abrahán que sacrifique a su hijo Isaac como prueba de su fe. Finalmente no es necesario que la sangre de Isaac sea derramada, como si lo será la de Jesús.

La enseñanza que nos regala Abraham es un referente para nuestra cuaresma; hacemos este camino conscientes de la prueba que supone para nosotros renunciar a nuestras cosas y confiar más en las de Dios. Es un tiempo para poner en práctica las virtudes teologales: la fe desde la oración (en lo escondido), la esperanza desde el ayuno (de tantas cosas), y la caridad desde la limosna (sincera y secreta). Se nos pide tener fe; confiar y darle a Dios aquello que nos plantea aunque nos parezca un imposible. Todo ascenso a una montaña supone un desgaste, un cansancio, un esfuerzo, pero a la vez esto fortalece nuestra musculatura. La Cuaresma es un entrenamiento de purificación interior mientras peregrinamos por la vida mirando a la meta de la cumbre donde encontrarnos con el Señor. 

El evangelio de la Transfiguración que proclamamos siempre el segundo domingo de Cuaresma es el anticipo la Pascua del Señor y la prefiguración de la Pascua eterna. Jesús lleva a estos tres discípulos al monte precisamente entre el primer y el segundo anuncio de su Pasión. Supone una ayuda para aquellos esta experiencia para acabar de entender que la misión del nazareno iba más allá de los límites de este mundo. Jesucristo les hace partícipes de la visión de su transfiguración, de su luz, del misterio de Dios del Él que participa. Los apóstoles quedan maravillados, saborean la presencia del Altísimo en su interior vislumbrando la antesala pascual por lo que ya ni siquiera querían bajar del monte: «Maestro, ¡qué bien se está aquí!... Qué bien se está cuando estoy contigo, cuando comprendo tu llamada, cuando mi fe se activa y mi alma está llena de Tí...

En la visión estaban Moisés y Elías dando respaldo a la acción del mismo Cristo que había afirmado: No he venido a abolir la ley y los profetas, sino a darle plenitud. Ante esta teofanía donde Jesucristo es flanqueado por dos de las grandes figuras del Antiguo Testamento volvemos a escuchar la voz del Padre como ocurriera en su bautismo en el Jordán. El Padre Eterno se pronuncia igualmente en el monte Tabor: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo». Plenitud en Cristo del Antiguo y Nuevo Testamento... Al bajar del monte el Señor les pidió a los tres que no contaran nada de lo ocurrido hasta que Él resucitara de entre los muertos. Muy interpelados siguieron el camino descendente que les acercaba de nuevo a la vida real, a Jerusalén donde se dará plenitud a su experiencia. Quiera el Señor que estas semanas nos sirvan para transfigurar nuestro corazón y prepararnos para resucitar con Cristo en su Pascua, y escuchando también al Salmista caminar siempre ''en presencia del Señor''. 

Evangelio Domingo II de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,2-10):

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Palabra del Señor

sábado, 27 de febrero de 2021

Hoja litúrgica Domingo II de Cuaresma

 

Sor Albina, mirada franciscana. Por Rodrigo Huerta Migoya

El pasado martes día 23 de febrero fallecía en la Comunidad de Aravaca de Madrid Sor Albina Barrera Castañeda F.BC. (Franciscana del Buen Consejo). Tenía noventa y dos años, y setenta y tres de vida consagrada. 

Natural de Castrofuerte (León) en cuya parroquia de Santo Tomás recibió las aguas del bautismo con el nombre de "Priscila". Pronto su familia se trasladó a vivir a Valencia de Don Juan; allí los Agustinos le inculcaron el amor a Santa María en la querida advocación del "Buen Consejo", al igual que el valor de la vida consagrada. 

Ingresó muy joven en la Congregación, en 1948 con apenas 20 años, donde destacó siempre por su carácter bondadoso y sencillo al estilo del "Poverello" de Asís. Pasó por el Seminario de Santo Tomás de Villanueva y San Juan de Ávila, del entonces Priorato de las Órdenes Militares -Ciudad Real, el Hospital de Caridad de San Roque (Cadiz), el Seminario Diocesano de la Inmaculada y Santo Toribio de Astorga...- Pero un destino que marcó su vida y la de los que la rodearon fue el Seminario Metropolitano de Oviedo. En Asturias se sentía como en su casa, pues como ella afirmaba, su tierra era una prolongación del Principado en el verano.

Pequeña en estatura pero muy grande en el alma. Le apasionaba la música y muy pronto empezó a coleccionar "casettes" de música religiosa, llegando a organizar un amplísimo fondo musical que ella ordenaba en función del tiempo litúrgico: canciones de adviento, villancicos, motetes de Semana Santa, etc. 

Los jardines del Seminario, las plantas de los pasillos y capillas, siempre le servían para entonar sus "florecillas franciscanas''. Fue una institución para muchas generaciones de seminaristas que encontraron en ella la eterna sonrisa, la complicidad de amiga y el certificado de autenticidad de que Dios da el ciento por uno a los que le siguen. 

Los años pasaban y pesaban, y así Sor Albina se convirtió en la "abuela" querida del "Prau Picón" con sus blancas mantillas y el apoyo de su bastón. Quería seguir el ritmo de antaño, y cual niña grande se disgustaba cuando la superiora le obligaba por prevención y cautela a bajar su nivel de entrega. Más era tal la bonhomía de Sor Albina que de inmediato su sonrisa volvía a su lugar.

Pensando en su avanzada edad, las superioras de la Congregación decidieron destinarla a la Residencia San Francisco de Astorga, y aquí estará un tiempo hasta que finalmente su último destino será la Comunidad de Mayores de Aravaca, en la cual ha vivido estos últimos años como fiel hija de la Madre Teresa Rodón Asencio: ''en todo lugar teniendo lista la lámpara que arde constantemente''. 

Sus últimos años experimentó en su cuerpo el desgaste y en su mente la cruz; el "Alzheimer" fue ganándole terreno y borrado sus innumerables y bellos recuerdos. A pesar de la dureza con que la golpeó la enfermedad duró muchos años por lo bien cuidada y mimada que lo fue por sus hermanas. Qué cosas tiene nuestra mente: sus últimos días ya sólo respondía a un estímulo, y era éste cuando se la llamaba por su nombre de pila, tal como la llamaba su madre de niña, pues la enfermedad ya le había borrado su nombre de profesa.

La hermana muerte llegó para ir al encuentro del Amado... Alabado sea el Señor por esta Hermana que supo hacer de su existencia un canto de amor. Este es el resumen de la vida de Sor Albina: ''Caridad su norma, su guía y su todo''. En el panteón de la Congregación del Cementerio Sacramental de Santa María de Madrid descansan ya sus restos a la espera de la Resurrección. Así lo dijo el Padre San Francisco: "¡Terrible es la muerte!, pero cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos llama"... Sor Albina con su mirada franciscana ya nos lleva delantera en el camino.
D.E.P.

viernes, 26 de febrero de 2021

Presentes hoy en nuestra oración

 

Carta semanal del Sr. Arzobispo

Dejarse enviar

Era escaso el equipaje. Muy larga la andadura de un viaje de improbable regreso. Los veía subir al barco con su atuendo típico de sayal largo y sobrero de ala grande. Como única enseña una cruz que pendía sobre su pecho. Saludaban a sus familiares y amigos, a sus compañeros que quedaban todos en tierra mientras subían por la rampa de un barco con un destino lejano e incierto. Así pude ver desde niño la partida de tantos misioneros en los documentales que nos ponían en el colegio o en la parroquia. Jóvenes sacerdotes o religiosas que así con esa guisa se encaramaban en el barco rumbo al cumplimiento de su vocación misionera tantas veces soñada, durante tanto tiempo preparada con esmero, escenificando de ese modo el adiós a tantas cosas: sus familias, su tierra, su lengua, sus costumbres. Todo quedaría atrás con el mecer de las olas que surcaría la nave que los alejaban de lo que hasta ese momento habían sido sus vidas.

Estamos despidiendo en Asturias a un misionero en estos días. Alfonso Pombo, de esa hermosa y profunda cuenca minera que tiene en Mieres su cabecera. Pero no irá con el atuendo que a mí me impresionaba de niño. No subirá a un barco que poco a poco lo alejará de nuestras costas y riberas. No es religioso ni sacerdote. Es un laico. Ha vivido su fe y su compromiso cristiano en su parroquia, ha trabajado como profesor en colegios y llevará también su saber como ingeniero químico en el fardo de su entrega.

Llevaba tiempo acariciando esa posibilidad, y la divina Providencia le ha abierto la senda para que pueda cumplir con pasión y gozo la realización de su llamada recibida, de la vocación para la que Dios mismo le convoca y le envía.

Tuvimos la Eucaristía en la que hicimos el sencillo y emotivo ritual del envío. Allí estábamos un buen grupo dentro de las medidas a las que las circunstancias nos obligan. Su madre y hermanos, sus amigos, el grupo de su parroquia, sacerdotes y religiosas, jóvenes y alumnos. Era una celebración de familia en el sentido más hermoso de la palabra, porque la Iglesia diocesana estuvo allí representada y presidida por mí como Arzobispo. Quería hacerlo para significar que el abrazo que le dimos no era una simple despedida al uso, sino un modo de expresar que él se llevaba todo lo que somos como Iglesia que camina misioneramente, y al mismo tiempo que él nos dejaba su testimonio para que nuestro corazón se dilate también más “católicamente” hasta los confines de la tierra. No era el adiós privado a alguien que individualmente toma esa decisión, sino el adiós comunitario de quienes sabemos que Alfonso es un querido hermano que marcha con el apoyo, la gratitud y la oración de todos nosotros. Tanto es así que algo de nosotros marcha para Honduras, y algo de Alfonso se ha sembrado entre nosotros como semilla.

Cuando la tentación es la de encerrarnos en el búnker del miedo, de confinar incluso la esperanza, es muy hermoso ver partir a este querido hermano laico cristiano que como hijo de la Iglesia marcha para un proyecto misionero coordinado por la asociación OCASHA-Cristianos con el sur, en Honduras, donde trabajará con comunidades rurales en la formación de los jóvenes. Es un gesto más de los muchos que nuestra diócesis asturiana ha vivido a lo largo de su historia. Ir a anunciar el Evangelio de Cristo, a llevar al Señor que enciende luz en nuestras penumbras, pone en nuestras manos la paz que sutura nuestros conflictos, y nos hace portadores de la gracia que transforma nuestros pecados en una vida renovada y llena de la verdadera alegría.

Le deseamos lo mejor a Alfonso. Que el Señor que lo ha llamado le dé fortaleza y que nuestra Santina lo cuide cada día. Será un regalo para esa Iglesia hermana de Tegucigalpa, una bendición para tantos hermanos jóvenes, y para nosotros un reclamo para tener el corazón y la mirada abiertos para anunciar aquí la Buena Noticia.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

jueves, 25 de febrero de 2021

Mons. Luis Argüello sobre las inmatriculaciones de la Iglesia

Nota de Cáritas Parroquial de Lugones

Cáritas Parroquial, quiere informar y mostrar su agradecimiento a la Comunidad Parroquial de la totalidad de alimentos recibidos en la Campaña de Navidad.

Se han recogido:

113 Kg. de legumbres - 241 Kg. de Arroz, Azúcar, Harina y Pasta.

204 Latas de conservas - 128 Litros de leche.

177 Paquetes de Galletas, Magdalenas, Turrones y Dulces de Navidad.

12 Botellas de Cava y sidra.

74 Tarros de salsa de tomate - 56 Litros de Aceite - 35 Paquetes de Cacao y Café.

15 Tabletas de chocolate - 11 Piezas de embutidos.

Papillas preparadas para personas mayores, varios alimentos sin gluten y otra partida 
para bebés (cereales, leche, compuestos de frutas, papillas y yogures).

Con todos estos alimentos, se hicieron 91 lotes variados, que han sido repartidos en la segunda quincena de Diciembre, y en los meses de Enero y Febrero a las 44 familias que en estos momentos estamos atendiendo.

Gracias, también, por los 2077 euros que habéis aportado en las colectas y donativos. Sin vuestra colaboración no hubiera sido posible ayudar a estas familias que mensualmente acuden a nuestra Parroquia.

Que el Señor os premie vuestra generosidad de compartir con los más necesitados. GRACIAS.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Lo que la Cuaresma es. Por Jesús de las Heras Muela

1.- La cuaresma nació como desarrollo pedagógico de un aspecto central del misterio cristiano celebrado en el triduo pascual. Destaca la perspectiva de su referencia a Jesucristo.

2.- La cuaresma ha sido siempre el tiempo litúrgico más caracterizado del cristianismo. Es un conjunto de cuarenta días, cuya razón de ser originaria fue la de imitar el ayuno previo del Señor al comienzo de su ministerio apostólico.

3.- La cuaresma es privilegio aptísimo para vivir en y de la Palabra de Dios. Vivir en y de la Palabra significa leerla, rezarla, meditarla, abrirse a ella, confrontarse con ella, poner a su tamiz y a su luz nuestra propia existencia. Llenarse de ella para sea la música y la letra de la pletina de nuestra alma y de la partitura de nuestro corazón.

4.- Toda la liturgia de la cuaresma, tanto en sus aspectos rituales como en la misma liturgia de la palabra, está transida de hermosísimos símbolos que ayuden y hagan visible el camino cristiano de la conversión. Estos símbolos son el desierto, la luz, la salud, el agua, el perdón, la liberación, la cruz y la resurrección.

5.- Los personajes bíblicos que iluminan el camino cuaresmal son José hijo de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, el ciego de nacimiento, el hijo pródigo, el padre del hijo pródigo, la samaritana, la mujer adúltera y arrepentida, Zaqueo, el buen ladrón… y, sobre todo, Jesús de Nazaret.

6.- La cuaresma encuentra en la oración la más apropiada de sus atmósferas y de sus escuelas. La oración cuaresmal debe más frecuente y habitual. Su tonalidad propia es la humildad, la insistencia, la confianza. Es oración de súplica y de petición. La oración cristiana de la cuaresma debe intensificar sus dimensiones bíblica y litúrgica, de gran riqueza, variedad, matices y contenidos durante los cuarenta días de este tiempo. En este sentido, la oración litúrgica ha de ser más pausada, sencilla, cordial, humilde, pobre, seria y profunda.

7.- El ayuno es el segundo camino cuaresmal, según el Papa San León Magno. Se trata del ayuno del hombre viejo, del ayuno del pecado, de la renuncia a los propios caminos para abrazar los caminos de Jesucristo. Se trata de privarnos de algo en favor de alguien necesitado, que podemos nosotros mismos o nuestro prójimo. El ayuno no es, pues, una ejercitación meramente voluntarista o hasta masoquista. Es una opción de purificación y de intercesión.

8.- La vigente normativa eclesiástica de la abstinencia de carne durante todos los viernes de cuaresma y del ayuno y de la abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo pueden ayudarnos a recorrer esta segunda vía cuaresmal y penitencial, antes citada.

9.- La limosna, la caridad, la solidaridad es el tercero de los caminos tradicionales y permanentes de la cuaresma. ¡Tenemos tantas demandas de justicia para vivir la limosna, la caridad cuaresmal!

10.- La cuaresma es un tiempo para vivir de ella. Es un tiempo para practicarla, para ejercitarla no como un fin en sí mismo sino como un medio, un camino hacia la pascua. Por ello, para recorrer adecuada y cristianamente la cuaresma debemos buscar y desarrollar nuevos espacios oracionales y devocionales. El rezo, antes tan habitual del Vía Crucis, durante, al menos, los viernes de cuaresma, es una praxis que, lejos de haber perdido su vigencia y sentido, debe ser potenciada y recuperada en nuestra Iglesia en medio de una sociedad donde la realidad y el misterio de la cruz siguen presentes y desafiantes. Otras maneras espléndidas y siempre fecundas para recorrer este camino cuaresmal de la oración será practicar algún día de retiro o de ejercicios espirituales, que nos llenarán de fuerza, de gracia y de vida, siempre necesarias para todos y participar en conferencias, charlas y escuelas cuaresmales.

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. José Antonio García Siñeriz

Nació en Boal el 9 de noviembre de 1935

Ingresó en el Seminario de Covadonga, y de ahí pasó al Seminario de Oviedo donde concluyó los estudios de Teología.

Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de marzo de 1961 de manos del entonces Arzobispo Coadjutor, Monseñor Segundo de Sierra y Méndez.

Sus encomiendas pastorales fueron:


Coadjutor de San Martín de Moreda - Aller (1961- 1962)

Regente de San Pedro de Villayón con su filial de Santa María de Oneta (1962-1969)

Encargado de San Bartolomé de Parlero - (1962-1972)

Ecónomo de San Pedro de Villayón con su filial de Santa María de Oneta (1969-1972)

Ecónomo de San Bartolomé de Otur - Valdés (1972-1986)

Arcipreste de Luarca (1985 - 1988)

Párroco de San Bartolomé de Otur - Valdés (1986 - 2019)

Párroco de Santiago de Arriba - Valdés (1986 - 2019)

Administrador Parroquial de Santa Marina de Puerto de Vega
y de Nuestra Señora de la O de El Vidural (2005-2006)

Adscrito a la Unidad Pastoral de Luarca (2019 - 2021)

Fue también Consiliario Comarcal de JARC/F para la Vicaría de Occidente
y profesor de religión del Instituto de Luarca

En el año 2019 pasa a la situación de jubilado al verse agravada su salud, sin embargo quiso seguir viviendo en la Casa rectoral de Otur para continuar colaborando en la medida de sus posibilidades en la recién constituida Unidad Pastoral de Luarca, formada por seis parroquias. Recientemente tuvo que ser ingresado en el Hospital Comarcal de Jarrio, donde falleció este 23 de febrero a los 85 años de edad, tras 60 de ministerio sacerdotal.

D.E.P.

La capilla ardiente ha quedado instalada en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Boal. Dada la situación de la pandemia la familia no recibe. El funeral por su eterno descanso se celebrará hoy miércoles día 24 a las cinco de la tarde en Boal, y a continuación recibirá cristiana sepultura en el Cementerio Parroquial de ese su pueblo natal.

''El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias'' (Sal 33)

martes, 23 de febrero de 2021

En España hubo un genocidio católico: el análisis que reciben estos días cientos de cargos públicos

(Rel.) Durante la Guerra Civil española (1936-1939), el bando frentepopulista fue responsable del asesinato de 7000 religiosos (obispos, sacerdotes, monjas y seminaristas) y de una cifra que oscila entre 60.000 y 70.000 seglares que murieron por odio a su fe católica.

Por la magnitud de esta masacre, y porque una gran parte de estos crímenes fueron acompañados de torturas y violaciones, puede hablarse de un "genocidio" católico en España en ese periodo, afirma Ángel David Martín Rubio, sacerdote y doctor en Historia, deán de la catedral de Cáceres, y con varias monografías y libros publicados en torno a la represión en ambas retaguardias.

Una iniciativa que nace en el Parlamento Europeo

Martín Rubio expone estos hechos en un trabajo (¿Fue la persecución de las izquierdas a los católicos equivalente a un genocidio?) incluido en el volumen titulado "Memoria histórica'', amenaza para la paz en Europa que ha publicado el grupo ECR del Parlamento Europeo (Conservadores y Reformistas Europeos), por sus siglas en inglés), en el que se integra, entre otros, el partido español Vox.

El libro responde al impulso del europarlamentario Hermann Tertsch y ha sido coordinado por el escritor y periodista Pedro Fernández Barbadillo. Además de los tres citados, participan, con distintas aportaciones correspondientes a aspectos específicos de la "memoria histórica" y su manipulación, Francisco José Contreras, Stanley G. Payne, Fernando Sánchez Dragó, Pedro Carlos González Cuevas, Alfonso Ussía, Jesús Laínz, Luis E. Togores, Miguel Platón, Javier Barravcoa, Alberto Bárrcena, José Manuel Otero Novas y Jesús Palacios.

El libro se ha publicado en papel en edición sin distribución comercial, y está siendo remitido a todos los diputados y senadores y parlamentarios autonómicos que forman parte de las diferentes comisiones de la "memoria histórica" o "memoria democrática" constituidas en las diferentes instituciones representativas españolas. Puede descargarse gratuita y legalmente en formato PDF pinchando en este enlace.

Las cifras del genocidio

Ángel David Martín Rubio sostiene que la persecución religiosa en España remonta en sus orígenes a la misma proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, "cuando llegó al poder una coalición que coincidía en considerar a la religión como un obstáculo al progreso y un instrumento del régimen derrocado".

Pero fue sobre todo en los diez primeros meses de la guerra (de julio de 1936 a abril de 1937) cuando la zona bajo control del Frente Popular vivió una auténtica devastación religiosa: además de las vejaciones y muertes físicas, "se impidieron las manifestaciones externas del culto y se profanaron con incendios y saqueos miles de edificios eclesiásticos, provocando ingentes e irreparables daños en el patrimonio artístico".

Esta persecución enlaza directamente con las vividas en Rusia y México y se alimentó de dos fuentes, "el laicismo sectario vinculado al liberalismo y el ateísmo propugnado por el socialismo marxista". Aunque el protagonismo inicial fue compartido por radicales, socialistas, comunistas y anarquistas, "la propia evolución política de la República y de la España en guerra iba a provocar", afirma Martín Rubio, "la marginación de los republicanos y la persecución directa a los anarquistas, desembocando en el protagonismo decisivo de las organizaciones marxistas de inspiración soviética": "De aquí que en el magisterio episcopal y pontificio se caracterice lo ocurrido en España como una persecución causada por el comunismo".

El número de víctimas mortales de esa persecución entre el estamento religioso está bastante asentado desde 1961, con el estudio de Antonio Montero Moreno, años después arzobispo de Mérida-Badajoz: 4184 víctimas del clero secular (incluyendo a doce obispos, el administrador apostólico de la Diócesis de Orihuela y un centenar de seminaristas), 2365 religiosos y 283 religiosas, es decir, un total de 6832, "cifra comúnmente aceptada".

Dos datos entre los citados por Martín Rubio avalan la consideración de estas matanzas como genocidio. En la diócesis de Barbastro (Huesca) fue exterminado el 88% del clero, y en el mes de julio de 1936, esto es, en solo 14 días de guerra, en el conjunto de España ha habían sido martirizados 733 religiosos. El ritmo prosiguió en agosto, 1650 muertos (una media de 53 por día), entre ellos 9 de los 12 obispos mártires.

Cuando el 1 de julio de 1937 los obispos españoles publicaron su célebre Carta Colectiva dirigida "al mundo entero" ya se habían producido el 95% de los asesinatos con fecha conocida, lo que da idea de la intensidad de la matanza. 

A partir de diciembre de 1936 y de los primeros meses de 1937 había habido un descenso progresivo del número de víctimas; y desde mayo de ese mismo año y hasta el final de la guerra las cifras van siendo más reducidas: "En todo caso, entre junio de 1937 y marzo de 1939 hemos documentado un centenar de muertes ocasionadas muchas veces entre eclesiásticos movilizados forzosamente y asesinados durante su estancia en los frentes o entre presos ejecutados por el Ejército Popular en retirada".

"También cabe referirse aquí", añade el autor, "a varios sacerdotes hechos prisioneros en las ofensivas sobre Zaragoza (de agosto a septiembre de 1937) y Teruel (diciembre de 1937 a enero de 1938)". Es decir, en las pocas ocasiones en las que el bando frentepopulista logró recuperar terreno al bando nacional, la fobia homicida antirreligiosa (que en su propia retaguardia ya era casi imposible, por estar muertas, huidas o escondidas todas sus potenciales víctimas) se puso instantáneamente en funcionamiento.

Un odio a la fe de raíz marxista

La naturaleza específicamente antirreligiosa de estas matanzas se deduce también del hecho de que muchas torturas y vejaciones que padecieron algunos de los mártires se dirigían exclusivamente a "arrancarles blasfemias".

En cuanto a daños materiales, la inmensa mayoría de los edificios destinados al culto fueron convertidos en cárceles, casas del pueblo, almacenes o garajes, y su contenido saqueado y quemado "entre escenas sacrílegas, burlas, profanaciones, parodias de las ceremonias religiosas y realización de hechos incalificables" con las imágenes, los cadáveres enterrados y el Santísimo Sacramento donde no había podido ser "consumido con reverencia" antes de la entrada de los milicianos.

Como ejemplos más sangrantes, Ángel David Martín Rubio cita el caso del Monumento al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles, dinamitado; la iglesia arciprestal de Santa María, en Castellón de la Plana, que estaba calificada como Monumento Nacional y fue quemada y demolida; o el Tesoro de la catedral de Toledo, incautado por orden del presidente del Gobierno, José Giral, y salvado in extremis al conquistar la ciudad las tropas nacionales, aunque para entonces ya habían desaparecido "objetos notables".

"La situación de hecho de la Iglesia y los católicos, a partir de 1931, pero especialmente desde 1936, fue de acoso y persecución abierta", concluye Martín Rubio, decidida por sus autores en virtud de "sus propios presupuestos marxistas, en los que la religión constituía un elemento alienante que había que destruir, como trataron de hacer en Rusia y luego en las naciones conquistadas por el Ejército Rojo de Stalin, como Polonia, Rumanía, Lituania, Letonia, Croacia, Eslovaquia, Hungría o Bulgaria".

El más antiguo retrato de la Virgen de Covadonga. Por Francisco José Rozada Martínez

La imagen de Nuestra Señora de Covadonga que acompaña estas líneas -pintada al óleo en un lienzo que mide 80 x 57,5 cm.- tiene un excepcional interés histórico por ser el más fidedigno y antiguo retrato de la imagen que presidía el altar del ´templo alto´ que albergaba la Cueva de Covadonga, destruido por un incendio -con todo el santuario- en la madrugada del día 17 de octubre de 1777. 

Por esa fecha esta imagen apenas tendría dos siglos, puesto que Ambrosio de Morales escribía en 1572 que “en el altar está una imagen de nuestra Señora de obra nueva, bien hecha”.

La reproducción de la imagen en este óleo es un trabajo atribuido al pintor Francisco Leopoldo Reiter Elzel (Oviedo 1736-1813).

Como la Cueva que conocemos estaba dividida en dos alturas, esta imagen decimos que estaba en la parte alta de la misma, mientras en la parte inferior había otra imagen a la que se conocía como Nuestra Señora del Sagrario, sentada en una silla y con el Hijo sobre su regazo, con seis ángeles que la coronaban y circundaban.

En este piso inferior estaban los sepulcros de Don Pelayo, su esposa y su yerno Alfonso I.

La tradición decía que esta segunda imagen había llegado a Covadonga desde Toledo cuando la invasión musulmana -junto con el Arca Santa de las reliquias que se venera en la Catedral de Oviedo- y que dicha imagen había sido regalada a Covadonga por el rey Alfonso II el Casto (760-842) -o por el Cabildo de la Catedral de Oviedo- a cambio de llevarse a Oviedo la Cruz de la Victoria, hoy símbolo y emblema del Principado de Asturias en su escudo y bandera.

Las dos imágenes, en bipedestación la del ´templo alto´ y sedente la del ´templo bajo´, convivieron hasta el citado incendio de 1777, tras el cual se envió a Covadonga -como regalo de la Catedral de Oviedo- la imagen que ahora conocemos, más parecida a la que se veneraba y de la que no tenemos una reproducción más antigua que la del cuadro que acompaña estas líneas, conocida como María Santísima de las Batallas. 

De todo ello se deduce que la primitiva y más venerada imagen era de madera, erguida, estaba vestida y medía unos 62 cm. de altura, con el Niño en su brazo izquierdo y que la talla no es anterior a mediados del siglo XVI.

Esta reproducción pictórica (anterior a 1777) de la imagen de la Virgen de Covadonga, de serio rostro -la más antigua conocida- lleva una corona real de ocho nervios, forrada de moaré rojo y esfera con cruz en su remate, portando en su mano derecha una vara con dos tallos de rosas trenzadas de diferente color, mientras su manto es azul como simbología del misterio de la Inmaculada Concepción.

Bien es cierto que en el que se considera hasta ahora como el más antiguo libro específicamente dedicado a Covadonga como santuario -escrito en Bruselas en 1635, que consta de 176 páginas y cuyo autor fue Josephus Geldolphus van Ryckel- se reproduce en su página 15 un grabado de la que se supone sería la imagen de la Virgen de Covadonga, sin prácticamente ningún parecido con la iconografía tradicional que se le atribuye, como ya comenté en otro artículo anterior bajo el titular “Bruselas, Toraño y Covadonga”.

lunes, 22 de febrero de 2021

Hoy celebramos la Cátedra de San Pedro

(Infovaticana) Fiesta de la cátedra de san Pedro, apóstol, a quien el Señor dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro se conserva en el campo Vaticano, y que ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia (elog. Del Martirologio Romano).

Les ofrecemos una explicación del pontífice emérito, Benedicto XVI, acerca del sentido de esta importante fiesta:

La liturgia latina celebra hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Se trata de una tradición muy antigua, atestiguada en Roma desde el siglo IV, con la que se da gracias a Dios por la misión encomendada al apóstol san Pedro y a sus sucesores. La “cátedra”, literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama “catedral”, y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su “magisterio”, es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

¿Cuál fue, por tanto, la “cátedra” de san Pedro? Elegido por Cristo como “roca” sobre la cual edificar la Iglesia (cf. Mt 16, 18), comenzó su ministerio en Jerusalén, después de la Ascensión del Señor y de Pentecostés. La primera “sede” de la Iglesia fue el Cenáculo, y es probable que en esa sala, donde también María, la Madre de Jesús, oró juntamente con los discípulos, a Simón Pedro le tuvieran reservado un puesto especial.

Sucesivamente, la sede de Pedro fue Antioquía, ciudad situada a orillas del río Oronte, en Siria (hoy en Turquía), en aquellos tiempos tercera metrópoli del imperio romano, después de Roma y Alejandría en Egipto. De esa ciudad, evangelizada por san Bernabé y san Pablo, donde “por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos” (Hch 11, 26), por tanto, donde nació el nombre de cristianos para nosotros, san Pedro fue el primer obispo, hasta el punto de que el Martirologio romano, antes de la reforma del calendario, preveía también una celebración específica de la Cátedra de San Pedro en Antioquía.

Desde allí la Providencia llevó a Pedro a Roma. Por tanto, tenemos el camino desde Jerusalén, Iglesia naciente, hasta Antioquía, primer centro de la Iglesia procedente de los paganos, y todavía unida con la Iglesia proveniente de los judíos. Luego Pedro se dirigió a Roma, centro del Imperio, símbolo del “Orbis” —la “Urbs” que expresa el “Orbis”, la tierra—, donde concluyó con el martirio su vida al servicio del Evangelio. Por eso, la sede de Roma, que había recibido el mayor honor, recogió también el oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.

Así, la sede de Roma, después de estas emigraciones de san Pedro, fue reconocida como la del sucesor de Pedro, y la “cátedra” de su obispo representó la del Apóstol encargado por Cristo de apacentar a todo su rebaño. Lo atestiguan los más antiguos Padres de la Iglesia, como por ejemplo san Ireneo, obispo de Lyon, pero que venía de Asia menor, el cual, en su tratado Contra las herejías, describe la Iglesia de Roma como “la más grande, más antigua y más conocida por todos, que la fundaron y establecieron los más gloriosos apóstoles Pedro y Pablo”; y añade: “Con esta Iglesia, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes” (III, 3, 2-3). A su vez, un poco más tarde, Tertuliano afirma: “¡Cuán feliz es esta Iglesia de Roma! Fueron los Apóstoles mismos quienes derramaron en ella, juntamente con su sangre, toda la doctrina” (La prescripción de los herejes, 36). Por tanto, la cátedra del Obispo de Roma representa no sólo su servicio a la comunidad romana, sino también su misión de guía de todo el pueblo de Dios.

Celebrar la “Cátedra” de san Pedro, como hacemos nosotros, significa, por consiguiente, atribuirle un fuerte significado espiritual y reconocer que es un signo privilegiado del amor de Dios, Pastor bueno y eterno, que quiere congregar a toda su Iglesia y guiarla por el camino de la salvación.

Entre los numerosos testimonios de los santos Padres, me complace recordar el de san Jerónimo, tomado de una de sus cartas, escrita al Obispo de Roma, particularmente interesante porque hace referencia explícita precisamente a la “cátedra” de Pedro, presentándola como fuente segura de verdad y de paz. Escribe así san Jerónimo: “He decidido consultar la cátedra de Pedro, donde se encuentra la fe que la boca de un Apóstol exaltó; vengo ahora a pedir un alimento para mi alma donde un tiempo fui revestido de Cristo. Yo no sigo un primado diferente del de Cristo; por eso, me pongo en comunión con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia” (Cartas I, 15, 1-2).

Queridos hermanos y hermanas, en el ábside de la basílica de San Pedro, como sabéis, se encuentra el monumento a la Cátedra del Apóstol, obra madura de Bernini, realizada en forma de gran trono de bronce, sostenido por las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia, dos de Occidente, san Agustín y san Ambrosio, y dos de Oriente, san Juan Crisóstomo y san Atanasio. Os invito a deteneros ante esta obra tan sugestiva, que hoy se puede admirar decorada con muchas velas, para orar en particular por el ministerio que Dios me ha encomendado.

Elevando la mirada hacia la vidriera de alabastro que se encuentra exactamente sobre la Cátedra, invocad al Espíritu Santo para que sostenga siempre con su luz y su fuerza mi servicio diario a toda la Iglesia. Por esto, como por vuestra devota atención, os doy las gracias de corazón.

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. Severino Canal Blanco

Nació en Fano (Gijón) el 18 de enero de 1938

Cursó sus estudios de latín, filosofía y teología en las diferentes sedes del Seminario Diocesano. Concluidos sus estudios recibió la ordenación sacerdotal el 30 de marzo de 1963 de manos del entonces Arzobispo-Coadjutor de Oviedo Monseñor Segundo de Sierra y Méndez. 

Sus encomiendas fueron: 

Coadjutor de Santa María de Pola de Laviana (1963-1965)

Vice Consiliario diocesano de la JARC (1965-1967)

Coadjutor de San Félix de Hevia - Siero (1965-1969)

Encargado de Santo Tomás de Feleches y Ecónomo de Santa Eulalia de Vigil - Siero (1966)

Consiliario diocesano de la JARC/F (1965-1969)

Reegente de San Mamés de Argüero - Villaviciosa (1969-2011

Encargado de San Félix de Oles - Villaviciosa (1971)

Ecónomo de San Félix de Oles - Villaviciosa (1971 -2011)

Encargado de los Santos Justo y Pastor de Sariego y su filial de Santa María de Caes - Villaviciosa (1978 - 2011)

Administrador parroquial de Santa Cecilia de Careñes, San Juan Bautista de Castiello de la Marina y San Pedro de Villaverde - Villaviciosa (1992 - 1993)

Teniente-Arcipreste de Villaviciosa (1992-1997)

Arcipreste de Villaviciosa (2000-2004)

Miembro del Consejo de Pastoral Diocesano (2000-2004)

Administrador parroquial San Miguel de Tazones (2001-2011)

El 26 de marzo de 2009 sufrió un accidente de circulación que le dejó disminuido físicamente, y en octubre de 2010 sufrió otro accidente domestico en la en su casa rectoral. En el año 2011 al no mejorar sus salud pasó a la situación de jubilado, fijando su domicilio en la Casa Sacerdotal de Oviedo. En estos años ha seguido colaborando en la medida de sus posibilidades allá donde se le requería, de forma especial para el sacramento de la reconciliación con las comunidades del Camino Neocatecumenal. Con el paso del tiempo los contratiempos de salud fueron minando su fortaleza, aunque sin perder el ánimo y la sonrisa. Falleció a última hora del domingo día 21 de febrero, en la Casa Sacerdotal a los 83 años de edad, y 58 de ministerio sacerdotal.

D.E.P.

El funeral por su eterno descanso tendrá lugar el martes 23 de febrero, a las 10 h en la Casa Sacerdotal, con asistencia restringida, solo para familiares. A las 12 h se celebrará una eucaristía en la parroquia de Fano y a continuación sus restos mortales serán enterrados en el cementerio de Fano (Gijón). El miércoles 24 de febrero, además, tendrá lugar otra eucaristía funeral a las 13 h en la parroquia de Villaviciosa.

''Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. Acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor'' (Sal 24)

domingo, 21 de febrero de 2021

Con Jesús al desierto. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Atrás ya el Tiempo Ordinario, hemos iniciado la Cuaresma con la imposición de la ceniza. La palabra de Dios en este primer Domingo quiere ser un el eco de la invitación que se nos hacía el Miércoles de Ceniza: ''convertios y creed''; es tiempo de conversión, es hora para tomar el pulso a nuestra fe y adentrarnos en nuestros particulares desiertos buscando el oasis que es Cristo.

Días propicios para meditar sobre la pasión y muerte del Señor, donde de forma concreta nos quiere ayudar este fragmento de la carta de San Pedro. El Apóstol pone ante nuestros ojos no una acción cualquiera de las horas de Cristo en la tierra, sino que ahonda en el momento culmen de su muerte. El autor quiere subrayar que no es un momento sólo importante, sino el primordial. Para esto ha venido el Mesías al mundo, para llevar a término la obra redentora por medio de su propia entrega. No ha muerto Jesús sin motivo, sino que muere por nosotros, ''por nuestros pecados'', por nuestra salvación.

Si el pecado había puesto una barrera entre Dios y los hombres, Cristo ha vuelto a unirnos en su cruz salvadora. La liturgia canta que este plan de redención fue ''trazado desde antiguo''; así lo vemos en las lecturas de este día. San Pedro alude en su texto: ''cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé'', y es que Dios nunca ha sido enemigo del hombre, le dio libertad y aguardó con misericordia su retorno como el buen Padre. Nunca ha querido Dios la muerte del pecador, "sino que se convierta y viva". Esta epístola también nos anima a la fortaleza que hemos de manifestar los cristianos en medio de un mundo tantas veces hostil hacia nosotros. Tenemos la  fuerza del Espíritu Santo que nos empuja a ser testigos y proclamar el evangelio a los espíritus encarcelados y rebeldes de hoy.

Volviendo a Noé, cuya historia final en el diluvio universal se nos ha presentado en la primera lectura del Génesis, pretende ser ésta un aldabonazo de cómo no podemos limitarnos a acudir a Dios sólo cuando las cosas van mal, sino a saber vivir siempre de cara a Él. El Señor no está lejos de nuestros quehaceres cotidianos, sino que nos tiende su mano en las adversidades y nos regala su gracia para salir airosos de la tribulación.

No termina el diluvio en una escabechina vengadora y definitiva, no estaba en los planes de Dios exterminar al hombre por sus pecados, sino que, finalmente, nuestro Creador vuelve a dar muestras de su rica misericordia. En esta cuaresma también nosotros hemos de aplicar nuestro diluvio espiritual, eliminar a chorro de presión todo lo que no nos hace bien y salvar sólo aquello que tiene futuro ante los ojos del Señor. Los seguidores de Jesús queremos ser esa nueva humanidad renacida en el bautismo y prefigurada en los salvos del diluvio mediante la Alianza que Dios pacta con Noé. Las catástrofes vienen a recordarnos nuestra fragilidad para abajar nuestros orgullos y autosuficiencias. En muchas culturas y religiones se interpretan las catástrofes como castigos de la deidad y, sin embargo, nuestro Dios no se presenta como castigador sino como salvador; no como duro juez,, sino como Dios misericordioso. En esto insiste el salmista: ''Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza''.

Estamos en el ciclo "B"; el evangelio según San Marcos no contiene en el relato la carga teológica de otros evangelistas; no tenemos el diálogo de Jesús con el maligno, pero no hace falta dado que el mero hecho de decirnos que Jesús se retira al desierto implica ya la lucha personal frente a la tentación. Prepararnos contra a los ofrecimientos del mal no es un actitud para poner en práctica únicamente en la Cuaresma, sino que, en definitiva, toda nuestra vida habría de tener su esencia cuaresmal en la lucha contra el mal y en la purificación cotidiana. 

Jesús va al desierto "empujado" por el Espíritu. También nosotros hemos de dejarnos guiar estos cuarenta días por el Espíritu Santo y pedirle incesantemente sus dones para que nuestras penitencias, esfuerzos y vivencia de las prácticas de este Tiempo de muchos frutos en nuestra vida interior. No nos faltarán en el camino alimañas, sequedad o aridez, pero como a Jesús, tampoco nos faltarán ángeles. Igual que se nos presentarán los contratiempos también se nos presentarán momentos de gracia. Sepamos aprovechar las circunstancias, personas y vivencias que ponga el Señor en nuestro camino para transformar en virtud nuestras caídas. 

Jesús va al desierto para preparar su misión de anunciar el Evangelio, y nosotros nos adentramos en el desierto de nuestra Cuaresma para prepararnos a vivir la Pascua. El desierto purifica y espiritualiza nuestro interior, por eso los cristianos acostumbramos a "retiros" y "ejercicios espirituales" con intensa oración en vísperas de grandes acontecimientos. El número cuarenta nos sirve como paralelismo elocuente entre la primera lectura y el Evangelio. Cuarenta días de diluvio en tiempos de Noé y cuarenta días de Jesús en el desierto al inicio de su vida pública. La familia de secano se vió rodeada de agua, y el que es el agua viva se vió rodeado de arena. 

No podemos olvidar un personaje que asoma notablemente en el evangelio de hoy: Satanás; el maligno, el enemigo por antonomasia, el Demonio que, finalmente, en Jesús no conseguirá sus planes. Éste no vive en el desierto, sino que acudirá allá donde estemos nosotros. Nuestro desierto personal no requiere ningún desplazamiento significativo; se hará presente en nuestra casa, nos ayudará a manejar el mando del televisor, el ratón del ordenador, se sentará en el sofá con nosotros y nos inspirará nuestros textos y mensajes de "whatsapp" y "facebook"; nuestras conversaciones de peluquería o sobremesa, como un colega o amigo de parranda... Vayamos pues, con Jesús al desierto y pertrechémonos con la fuerza del Espíritu Santo y las armas de la oración, el ayuno -de tantas cosas- y la limosna.

Evangelio Domingo I de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

 Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor

sábado, 20 de febrero de 2021

Hoja litúrgica Domingo I de Cuaresma

 

Inmatriculaciones de la Iglesia ¿un privilegio?

(C.E.E.) Recientemente se ha puesto en duda la capacidad de la Iglesia para poseer bienes materiales y para inscribirlos en el Registro de la Propiedad. Se ha dicho que la Iglesia no debería tener tantos bienes y que además su inclusión en el Registro de la Propiedad se ha realizado de manera fraudulenta.

La Iglesia, el Pueblo de Dios, está formada en España por más de 40.000 instituciones, registradas legalmente, y con capacidad de poseer bienes. Cada una de esas instituciones diócesis, parroquias, comunidades religiosas activas o contemplativas, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, etc. pueden tener sus bienes para realizar la misión que se les ha confiado. Lo pueden hacer como cualquier otra institución civil, social, deportiva, científica, académica que concurren en el espacio público y trabajan en el tejido de la sociedad. Conocer la historia resulta imprescindible.

1. INTRODUCIÓN

La inmatriculación de los bienes de la Iglesia

La Iglesia llegó a la península Ibérica en el siglo I. Durante siglos, el Pueblo de Dios fue construyendo lugares de culto, templos, parroquias o basílicas. Con la organización en diócesis fueron construyéndose las catedrales, y con la aparición de las órdenes religiosas comenzaron los monasterios, abadías y cenobios. Según crecía su presencia surgieron rectorías y seminarios, y la Iglesia recibía donaciones de tierras, fincas, etc. para el sustento de los sacerdotes y la ayuda a los necesitados.

Entonces no se cuestionaba la propiedad de los templos, los edificios y las tierras. Parecía evidente a quién pertenecía la catedral de Burgos, el monasterio de Montserrat o una pequeña ermita “perdida” de cualquier pueblo de España.

Lo mismo sucedía en el ámbito civil con los ayuntamientos y con los edificios públicos y con muchos otros bienes de particulares. No existía la necesidad de garantizar la propiedad de estos bienes porque nadie dudaba de quién eran ni lo ponía en cuestión.

El Registro de la Propiedad

En 1863 se crea en España el Registro de la Propiedad, a partir de la ley hipotecaria de 1861. Con él se pretende conseguir tres objetivos: dar certidumbre al dominio a los demás derechos reales sobre la cosa; posibilitar la libre circulación de la propiedad inmobiliaria; y asentar sobre sólidas bases al crédito territorial.

La inscripción de bienes en este registro no otorga la propiedad, sino que tiene simplemente una función probativa o certificativa, lo que otorga seguridad jurídica, pero no tiene función constitutiva de la propiedad.

En los dos primeros decretos que desarrollan el funcionamiento de este Registro (en junio y noviembre de 1863) se anima a las instituciones públicas y a la Iglesia a registrar sus bienes, para que el Registro acogiera ya desde el comienzo una buena parte de las propiedades que había en España.

Desde ese momento, las instituciones públicas y la Iglesia tienen la capacidad de inmatricular por certificación, un sistema especial para inscribir aquellos bienes de los que no es posible mostrar un título de propiedad, por ejemplo, por su antigüedad o por razones históricas.

El decreto impedía a la Iglesia ya entonces (y así fue hasta 1998) inmatricular los templos (iglesias y ermitas) pues la propiedad era evidente y esos templos no podían ser objeto de comercio.

Es a partir de este momento cuando empieza a inscribir sus bienes para garantizar la identidad, finalidad y uso de estos inmuebles. La Iglesia ejerce el derecho a inmatricular sus bienes porque tiene la obligación de custodiar y mantener lo que le han sido confiado.

2. ALGUNAS CONSIDERACIONES

Algunas consideraciones sobre las Inmatriculaciones

Inmatricular es inscribir por primera vez un bien en el Registro de la Propiedad.

Esto implica que no ha estado nunca ni en todo ni en parte inscrita, pues de lo contrario estaríamos ante el fenómeno de la doble inmatriculación.

Para inmatricular un bien en el Registro de la Propiedad es necesario acreditar el título de propiedad, o bien realizar un expediente de dominio, o bien mediante certificación.

La finca que accede por primera vez al Registro empieza con esta inscripción su historial y ha de ser necesariamente una inscripción del dominio de la finca.

La inmatriculación de los bienes no otorga la propiedad. El registro, y por tanto la inmatriculación, tiene simplemente una función probativa o certificativa, lo que otorga seguridad jurídica, pero no tiene función constitutiva de la propiedad.

Por esta razón, el sistema de inmatriculación prevé un período de 2 años de provisionalidad para corregir errores y presentar alegaciones. En todo caso, y de haberse producido, siempre podrán corregirse errores en el proceso.

El sistema de inmatriculación por certificación, vigente desde 1863 y hasta 2015 en el caso de la Iglesia, busca dar respuesta a la legislación desamortizadora del S. XIX (Mendizabal y Madoz), que había dejado a la Iglesia sin título de propiedad de muchos de sus bienes.

Además, desde el comienzo del Registro de la Propiedad en 1863 hasta 1998 la Iglesia no pudo registrar los lugares de culto. A partir de ese año se comenzó la inmatriculación, hasta 2015 también por certificación, y desde ese año sólo por los cauces ordinarios.

3. LA IGLESIA Y LAS INMATRICULACIONES

¿Qué ha registrado la Iglesia a su nombre?

La Iglesia ha inmatriculado los bienes que durante siglos el pueblo “católico” ha construido y confiado a la Iglesia para que ésta pudiera realizar su labor: el anuncio del Evangelio (apostolado), la celebración de la fe (culto) y el ejercicio de la caridad (servicio). Los bienes de la Iglesia se destinan precisamente a estos fines.

Ha inmatriculado también otros bienes recibidos a través de legados y herencias, que han sido destinados, de un modo u otro a los mismos fines. La Iglesia tiene la obligación de custodiar y mantener los bienes que le han sido confiados afectándolos a sus fines propios y poniéndolos a disposición de la sociedad, con independencia y colaboración con los poderes públicos, al servicio del pueblo cristiano

La inmatriculación por certificación de la Iglesia

Para inmatricular un bien en el Registro de la Propiedad es necesario acreditar el título de propiedad, realizar un expediente de dominio, o mediante certificación.

Este último mecanismo, la certificación, consiste en inscribir “los bienes inmuebles que les pertenezcan mediante la oportuna certificación librada por el funcionario a cuyo cargo esté la administración de los mismos, en la que se expresará el título de adquisición o el modo en que fueron adquiridos”.

Así lo han podido hacer las instituciones de la Iglesia hasta el año 2015, con aquellos bienes que posee y mantiene desde tiempo inmemorial. 

Hasta ese año, la inscripción de los bienes de la Iglesia católica tenía el mismo régimen legal que la inscripción de los bienes del Estado, y se pudieron inmatricular los bienes de la Iglesia de la misma forma y con idéntica tramitación.

Otro elemento resulta especialmente importante. Desde el comienzo del Registro y hasta 1998 no se permitió a la Iglesia la inmatriculación de los templos. Esta restricción suponía una discriminación ya que la Iglesia católica era la única confesión religiosa en España que no podía inmatricular sus lugares de culto. El art. 206 de la Ley Hipotecaria permitió a la Iglesia la inmatriculación de los templos, superando así la discriminación.

La Iglesia católica pudo utilizar el modo especial de inmatriculación -por certificación- desde el comienzo del Registro de la Propiedad hasta la reforma de la Ley Hipotecaria, en junio de 2015. Esa inmatriculación por certificación pudo aplicarse a los templos desde que estos pudieron inscribirse, en 1998. Desde 2015, sólo las administraciones públicas y las entidades de derecho público con personalidad jurídica propia pueden inmatricular los bienes de su titularidad, mediante la aportación de su título escrito de dominio.

La autorización para que la Iglesia Católica utilizara este procedimiento especial se relaciona con el hecho de que la presencia de la Iglesia en España es muy anterior a la existencia del Registro y por tanto es creíble que los títulos de propiedad no existieran o nunca hubieran existido.

Al mismo tiempo, las leyes desamortizadores del S. XIX, especialmente de Mendizabal y de Madoz, y la posterior recuperación de parte de los bienes por la Iglesia católica, en muchos casos sin una titulación auténtica, habían desprovisto a la Iglesia de la capacidad de registrar sus bienes de manera ordinaria.

Es cierto que el procedimiento era excepcional, pero la situación también, ya que nos encontramos con que muchas realidades de Iglesia son las instituciones más antiguas de nuestro país, como los Iglesias de Toledo o Tarragona con una tradición muy consolidada que data del siglo I.

La desaparición progresiva de las circunstancias históricas a las que respondió su inclusión, así como el transcurso de un tiempo suficiente desde la reforma del Reglamento Hipotecario de 1998 que ya permitía la inscripción de los templos, ha propiciado que desde 2015, la certificación no pueda ser un modo de registrar propiedades a nombre de la Iglesia. Desde ese momento, la Iglesia dejó de inmatricular por certificación.

4. LA IGLESIA RESPONDE

¿Tiene la Iglesia personalidad jurídica propia?

Las parroquias, diócesis y otras entidades de la Iglesia católica no son instituciones del Estado ni forman parte de la Administración pública. Existen desde hace muchos siglos y en muchos casos son anteriores a la constitución de los actuales Estados, municipios, concejos, etc.

Siguiendo una constante histórica, tienen personalidad jurídica propia en el Derecho de la Iglesia (Código de Derecho Canónico), reconocida por el Derecho civil: actualmente el Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos (Acuerdos Iglesia-Estado Español), en su art. 1 nº 2, garantiza para las diócesis, parroquias y otras circunscripciones territoriales la personalidad jurídica civil en cuanto la tengan canónica.

Esto significa que las instituciones de la Iglesia católica, al igual que cualquier otra persona jurídica reconocida a nivel civil, pueden tener sus bienes y gozar de la correspondiente seguridad jurídica al inscribirlos en el Registro de la Propiedad. Hasta 1998 las instituciones de la Iglesia católica no podían inscribir sus edificios de culto y a partir de esta fecha sí pueden hacerlo y acogiéndose a ese derecho han solicitado la inmatriculación de dichos edificios, que consideran de su propiedad.

¿Propiedad del pueblo o del pueblo de Dios?

Algunas instituciones públicas y privadas argumentan que los bienes inscritos en el registro de la propiedad corresponderían en realidad a los pueblos en los que se encuentran y que, por lo tanto, la Iglesia se estaría apropiando de lo que es del ‘pueblo’ que debería registrar el Ayuntamiento.

Sin embargo, se confunden interesadamente muchas cosas. Fundamentalmente, se confunde ‘pueblo’ con ‘ayuntamiento’ y se silencia sistemáticamente la importancia histórica y actual de la parroquia y la diócesis. Ambas tienen su personalidad jurídica, sus bienes, sus fondos económicos distintos de los civiles, como queda reflejado en los libros de cuentas custodiados en los archivos eclesiásticos.

El ayuntamiento o concejo no es la parroquia ni la parroquia es el ayuntamiento o concejo. Los bienes parroquiales no forman parte del patrimonio del municipio ni los bienes municipales forman parte del patrimonio de la parroquia. Los bienes eclesiásticos, ciertamente, pertenecen al ‘pueblo’, al pueblo de Dios, a la comunidad cristiana históricamente organizada en la parroquia y diócesis. No a la comunidad civil cuyo representante es el ayuntamiento.

¿Quién mantiene los templos católicos?

Han sido muchas las instancias que han intervenido en la edificación y mantenimiento de los templos católicos a lo largo de los siglos, pero esto no debe hacernos perder de vista el papel fundamental de la Iglesia, sobre todo de la institución parroquial, en este proceso.

En efecto, no hay que olvidar que la Iglesia ha tenido y tiene sus propios fondos económicos, sus propios ingresos, que no se confunden con los de la institución civil. Los cristianos han pagado durante siglos a sus parroquias una serie de impuestos (diezmos y primicias) y cuotas para el sostenimiento de los sacerdotes, las celebraciones (edificios, ornamentos, etc.) y la asistencia a los necesitados. Cualquiera que se asome a los archivos parroquiales, especialmente a los libros de cuentas parroquiales (libros de fábrica y de tazmías), podrá comprobar que la parroquia ha sido una de las instituciones más vigorosas y fructíferas de la historia de Occidente y que en muchos casos la economía parroquial era infinitamente más capaz que la concejil o municipal (cuando ésta existía).

La documentación de archivo muestra la admirable capacidad financiera de la parroquia a la hora de acometer obras y otro tipo de actividades en favor de las necesidades espirituales y materiales de los fieles (…). Todavía hoy, en una situación muy distinta, los feligreses de las 23.000 parroquias existentes en el conjunto de España siguen siendo los principales sostenedores de las necesidades materiales de la Iglesia, incluido el costoso mantenimiento de los edificios.

Antes y ahora la Iglesia ha recibido aportaciones de algunas instituciones civiles, públicas y privadas, que han venido considerando el apoyo a la labor de la Iglesia un servicio al bien común de todos. Pero una donación o subvención no convierte al donante en propietario. Tampoco el antiguo derecho de patronato de los concejos, la Corona, o algunas familias de la aristocracia sobre las iglesias que estaban en su territorio se identifica con el derecho de propiedad sobre las mismas.

¿Cómo se explica la inscripción de bienes tan diversos?

Es evidente que los templos, ermitas o monasterios sirven para el fin propio de la Iglesia. Pero además, el atrio, como elemento integrante del templo católico, la casa en la que vive el sacerdote que la atiende o el local en el que se atiende un comedor social también formanparte de los bienes parroquiales. Tampoco tiene nada de extraño que la Iglesia posea otra clase de bienes. Y es que las parroquias, diócesis, congregaciones religiosas, etc., como cualquier persona jurídica, pueden recibir todo tipo de donaciones (incluso huertas, fincas, edificios u otros bienes).

Por otra parte, además del culto propiamente dicho, la Iglesia desarrolla otras actividades de orden cultural, educativo, social, etc., para las cuales son necesarios diversos tipos de bienes; la Iglesia regenta templos, pero también centros parroquiales, centros culturales, colegios, hospitales, albergues, etc.

¿Las inmatriculaciones de la Iglesia son un privilegio?

Inmatricular consiste en inscribir en el Registro de la propiedad una finca por primera vez, es decir, una finca no inscrita previamente. Hay que tener en cuenta que el Registro es una institución relativamente reciente en nuestro país. Para inmatricular ha habido tres procedimientos: acreditar el título de adquisición, un expediente de dominio y mediante certificación.

Este último sistema ha permitido a determinadas entidades de la Iglesia, hasta 2015, inmatricular bienes de carácter inmemorial, asemejándose en su procedimiento a las Administraciones públicas.

Es cierto que el procedimiento era excepcional, pero la situación también, ya que nos encontramos con que muchas realidades de Iglesia son las instituciones más antiguas de nuestro país, como los arzobispado de Toledo o Tarragona cuyo origen data del siglo I.

Ello supone que hay que remontarse a muchos siglos atrás para encontrar el antecedente de la adquisición, pero es evidente que el destino, uso y mantenimiento de muchos de estos bienes ha correspondido a las instituciones de la Iglesia de siempre.

¿Se trata de un privilegio franquista?

En absoluto. El sistema de inmatriculación deriva del siglo XIX (1863) como respuesta a la legislación desamortizadora y con el fin de otorgar seguridad jurídica, estando presente en la ley hipotecaria de 1909 y en el Reglamento de 1915. Ni siquiera en la Republica fue puesto en cuestión el sistema. La ley hipotecaria de 1946 mantiene el sistema anterior. Desde el comienzo del registro se dan dos circunstancias: la Iglesia puede inscribir en el registro por certificación y no se contempla la inscripción de los templos, por entender que no precisaban inscripción al ser evidente la titularidad, su destino y ser considerada “fuera de comercio”.

¿La reforma de 1998 incrementó los privilegios de la Iglesia?

Tampoco es correcto afirmar esto. Hasta 1998, no estaba previsto la inmatriculación de los templos destinados al culto católico, lo que colocaba a la Iglesia católica en una situación de clara desventaja jurídica en relación con otras confesiones, de acuerdo con el artículo 14 de la Constitución y tal y como se puso de manifiesto en distintos pronunciamientos jurídicos.

Desde 1998 y hasta 2015 se ha permitido a las entidades de la Iglesia inscribir a su nombre dichos bienes, como también a las administraciones públicas inmatricular los bienes de dominio público. Desde 2015 ya no existe esa posibilidad para la Iglesia, entrando en el régimen general.

¿El registro de un bien confiere la propiedad?

La inmatriculación de los bienes no afecta a la propiedad, que se adquiere conforme al derecho civil. El registro tiene una función probativa o certificativa, otorga seguridad jurídica, pero no tiene función constitutiva de la propiedad.

Por esta razón, el sistema de inmatriculación preveía un periodo de 2 años de provisionalidad para corregir errores y presentar alegaciones. En todo caso, siempre podrán corregirse errores en el proceso, caso de que hayan acontecido.

¿Se ha apropiado la Iglesia de decenas de miles de inmuebles?, ¿no es un escándalo de cifras enormes?

En España, hay cerca de cuarenta mil instituciones de la Iglesia que tienen reconocimiento civil. Muchas de ellas tienen más de 1000 años de existencia y a lo largo de su vida han adquirido la titularidad de bienes.

Por ello y teniendo en cuenta que existen cerca de 23.000 parroquias canónicamente erigidas, miles de ermitas y santuarios, miles de cofradías y hermandades, centenares de monasterios…, el volumen de bienes que corresponde a todas estas realidades, aunque de manera unitaria es escaso, en términos globales es muy alto.

Ahora bien, no nos confundamos, es como si quisiéramos calcular cuántos bienes inmuebles son propiedad de las corporaciones locales. También en este caso, la cifra sería muy importante.

¿La Iglesia es opaca y no quiere ofrecer los datos?

Recientemente se ha informado de que el Gobierno está preparando un listado de los bienes inmatriculados y que la Iglesia no quiere dar estos estos. La realidad es muy distinta. Cada una de las cerca de 40.000 instituciones que son Iglesia Católica en España tiene la autonomía que le confieren las normas civiles y canónicas, por lo que no existe, desde el ámbito de la Iglesia un registro de los bienes eclesiásticos.

Es cada persona jurídica la que gestiona su patrimonio conforme la normas canónicas. La Conferencia Episcopal, en este punto, no tiene ninguna jurisdicción.

¿Pero todos estos bienes no son del pueblo?

Durante siglos, efectivamente, el pueblo “católico” ha construido y confiado a la Iglesia distintos bienes para que ésta pudiera realizar su labor: el anuncio del Evangelio (apostolado), la celebración de la fe (culto) y el ejercicio de la caridad. Los bienes de la iglesia se destinan precisamente a estos fines. La Iglesia administra, cuida y pone a disposición de todos estos bienes, que cumplen una función religiosa y también, en muchos casos una función cultural.

Lo importante de todo esto es que gracias a la situación actual los templos de la Iglesia están cuidados, cumplen con su finalidad religiosa desde hace siglos y también con una enorme función social, poniéndolo a disposición de todos y generando un importante valor social y por supuesto económico en aquellos lugares en los que están presentes.

¿La Iglesia se ha enriquecido injustamente con estos bienes?

Las distintas instituciones de la Iglesia son titulares de más de 3.000 bienes inmuebles declarados de interés cultural. Estas declaraciones no afectan a la titularidad sino más bien a que la administración se implique en su mantenimiento y conservación a cambio de que la Iglesia los ponga a disposición de la sociedad para ser visitados.

En su inmensa mayoría, dichos bienes generan importantes costes de mantenimiento y conservación para la Iglesia, que la Iglesia realiza por entender que forma parte de su misión. La inmensa mayoría de esos bienes tienen naturaleza no enajenable, con lo que la posibilidad, que algunos apuntan, de hacer negocio, es inexistente.

Son muy pocos los bienes que son “económicamente rentables” para la Iglesia, precisamente aquellos por los que se insiste hasta la saciedad, frente a otros que pasan de largo. Sin embargo, tal y como demostró hace poco un informe de la auditora PWC, la puesta a disposición de la sociedad de dichos bienes reporta a la economía nacional más de 22.000 millones de euros al año (2% del PIB).

Pero incluso aquellos pocos bienes que reportan recursos, como es el caso de la Mezquita-Catedral, los recursos obtenidos son aplicados a fines culturales (restauración de patrimonio) o a los fines propios de la Iglesia entre los que destaca la ayuda a proyectos sociales. Baste decir, a modo de ejemplo, que entre 2006 y 2014 el Cabildo de Córdoba destinó 16 millones de euros a proyectos de Caritas, Proyecto hombre, ayuda a misioneros, etc.

5. EL PROCESO DE INMATRICULACIÓN

El proceso de inmatriculación según las distintas leyes hipotecarias

El Registro de la Propiedad fue creado en España por la Ley Hipotecaria de 8 de febrero de 1861 y regulado por Real Decreto de 6 de noviembre de 1863. Sin embargo, según el artículo 3 de este Real Decreto, quedan exceptuados de la posibilidad de inscripción los bienes del Estado, los de dominio público y los templos destinados al culto católico. 

El texto no contempla la inscripción de los templos, por entender que no precisaban inscripción al ser evidente la titularidad, su destino y ser considerada “fuera de comercio”. 

La Ley Hipotecaria de 1946 y la legislación subsiguiente mantuvo estas excepciones, así como el Reglamento Hipotecario (Real Decreto de 14 de febrero de 1947) en su art. 5.4. Por tanto, las parroquias y demás instituciones de la Iglesia podían inscribir los bienes que habían conservado o adquirido después de la Desamortización (casas parroquiales, huertos, fincas, etc.), pero no edificios de culto(iglesias, ermitas…). 

En 1998, una reforma del Reglamento Hipotecario efectuada por el Real Decreto 1867/1998, de 4 de septiembre, suprimió, por considerarla inconstitucional y discriminatoria, la disposición contenida en el art. 5.4, relativa a la exclusión de los templos católicos de la inscripción. 

El argumento empleado para esta reforma es que, del mismo modo que las otras confesiones pueden inmatricular sus espacios de culto, el hecho de que la Iglesia católica no lo pudiera hacer resultaba discriminatorio e inconstitucional. Por tanto, desde esta fecha se pudieron inscribir los edificios de culto católico en el Registro de la Propiedad. 

En junio de 2015, con la reforma de la Ley Hipotecaria, se eliminó la posibilidad de inmatricular bienes de la Iglesia mediante certificación (art. 206). En ese momento ya se entiende que ha habido tiempo suficiente para inmatricular todos aquellos templos que la Iglesia poseía desde tiempo inmemorial sin título escrito. 

La Iglesia a partir de ese momento se rige por el sistema general. No así otras instituciones de naturaleza pública (ayuntamientos, diputaciones, etc.), que mantienen la posibilidad de inmatricular por certificación, incluso bienes de dominio público.