martes, 31 de mayo de 2022

Cuatro martirios de Cristo «inspirados por Satanás»: intentaron «asesinar a Dios» en la Guerra Civil

(Rel.) Si una imagen vale más que mil palabras, el valor de las 400 fotografías recopiladas en Inspirados por Satanás (San Román) es incalculable. Especialmente si se quiere comprender la persecución religiosa en España (1931-1939), investigada por el sacerdote, autor del libro y nloguero en Religión en Libertad Jorge López Teulón durante más de 20 años.

Se trata del primer estudio sistemático que se ha realizado sobre cómo esta persecución se plasmó en "el martirio de las cosas" sagradas. Entre ellas, templos, reliquias y monumentos. Pero también expresa, con total claridad, cómo el ensañamiento hacia el arte y mobiliario religioso solo pudo ser fruto de un profundo odio con oscuros orígenes.

Y es que fueron muchos los motivos que esgrimieron los perseguidores para desatar la mayor persecución de la historia sobre la Iglesia, religiosos y religiosas. Las acusaciones, la colaboración con "un régimen faccioso" o la explotación de los trabajadores fueron algunos de los motivos que, aun siendo un mero pretexto, podían explicar esta persecución.

Pero, ¿cómo se puede explicar el fusilamiento de Cristos y vírgenes o la profanación de cadáveres en descomposición de religiosas? Para el doctor en Historia contemporánea y editor Javier Paredes, el "martirio de las cosas" es un fenómeno incomprensible si no es con la intención de "erradicar a la Iglesia".

Algo en lo que coincide el mismo Teulón en Inspirados por Satanas, un libro que no pretende mostrar solo "la pérdida de patrimonio de nuestras iglesias", sino también "repetir hasta la saciedad que el marxismo quiso que la Iglesia desapareciese de España".

De entre los cientos de casos expuestos en este ensayo, recopilamos cuatro de los martirios, fusilamientos y destrozos de los Cristos más representativos de la persecución:

1º El martirio del Cristo de Mena "de la Buena Muerte"

Posiblemente el Cristo de la Buena Muerte de Francisco de Palma es uno de los más conocidos de la imaginería religiosa en España por la popular procesión legionaria realizada cada año en Málaga. Un Cristo que, realmente, está basado en el que realizó el escultor Pedro de Mena a mediados del siglo XVII.

El auténtico Cristo de la Buena Muerte se encontraba en la iglesia del convento de Santo Domingo del Real, fundado en 1494 y duramente afectado por los ataques de la invasión francesa, las desamortizaciones y finalmente, los ataques de 1931.

Una noche, de madrugada, un grupo de asaltantes invadió la iglesia de Santo Domingo y prendieron fuego a los altares, el coro y la sacristía. Uno de ellos entró en la capilla del Cristo de Mena, al que "empezó a flagelar", según presenció el escultor Francisco de Palma García, que acudió a la iglesia para intentar salvar al Cristo. Enzarzado con el atacante, García solo pudo salvar una pierna de la talla que se desprendió en el forcejeo, antes de que el templo ardiese por completo.

Mucho se ha especulado en torno a la posible salvación del Cristo de Pedro de Mena, algo que tanto Teulón como otros especialistas descartan por completo tras profundas investigaciones. "Los datos documentales que se han podido recabar, avalan la tesis de la destrucción de la imagen", explica. "El Cristo de Mena, que se creía salvado, se quemó luego. Han aparecido los carbones. Palma salvó una pierna y mi sobrino tiene un pie casi carbonizado", confirmó el académico Narciso Díaz Escobar en mayo de 1931.

2º El fusilamiento del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles

El del Cerro de los Ángeles es uno de los martirios de las cosas sagradas más conocidos y documentados.

Ocurrió el 28 de julio de 1936, cuando un pelotón de anarquistas fusiló ante las cámaras el monumento al Sagrado Corazón, erigido el 30 de mayo de 1919, con la intención de "asesinar a Dios". No contentos con ello, trataron de demoler el monumento en varias ocasiones hasta que, en el quinto intento, la imagen cayó gracias a "una pericia desconocida sabiendo que el patrón ahora era el diablo". "Ya cayó el barbudo", celebraron los atacantes.

Teulón relata "las vejaciones" a las que se sometieron los restos al ser finalmente derribado. La cabeza de Cristo fue martilleada hasta resultar irreconocible; el corazón fue empleado cómo blanco de tiro -sin ser alcanzado por ninguna bala- y de la inscripción "Reino en España" solo quedó el "No". "Las cabezas -de los arcángeles y santos- siguieron sufriendo ataques y castigos, como blancos de tiro u objetos de mofa sin otro sentido que la blasfemia", relata el sacerdote.

3º La deportación del Cristo de Medinaceli

El Cristo de Medinaceli es otro claro vestigio de la persecución dada en España a lo largo de toda su historia. En su caso, la talla que se cree realizada por Juan de Mesa en el siglo XVII fue primero profanada y "apresada por los moros" en 1681 hasta que fue recuperada por los monjes trinitarios un año después.

Fray Antonio de la Mata, residente en la iglesia donde se encontraba la imagen en 1936, la escondió en una caja de madera hasta que fue descubierta por el batallón de milicianos "Margarita Nelken".

Al ser descubierto, la criminal socialista que daba nombre al batallón firmó el "acta de deportación" del Cristo a Valencia, luego a Cataluña y finalmente a Francia y Ginebra, junto con obras de Velazquez, El Greco, Goya o Murillo, entre otros. Finalizada la Guerra Civil, la imagen pudo ser rescatada por el capuchino Laureano de las Muñecas.

4º El martirio del Cristo de Urda

La imagen del Cristo de Urda, en Toledo, fue otra de las que sufrieron una mayor devastación, lo que lleva a López Teulón a referirse al trato recibido durante la persecución religiosa como un "martirio".

Esta imagen, finalizada por el imaginero Luis de Villoldo en 1596, se encontraba en la ermita de la localidad toledana, donde era venerada por una multitud de fieles y devotos. Según se recoge de una de sus últimas procesiones en septiembre de 1935, este fue "un acto apoteósico, digno de ser presenciado por propios y extraños, algo que habla muy alto en pro de los acendrados sentimientos religiosos del pueblo".

Debido a la gran resonancia que el Cristo tenía en Urda, no tardó en ser un claro objetivo de los milicianos tras el estallido de la Guerra Civil.

A finales de 1936, la imagen fue derribada desde el camarín para caer al suelo. Los restos de la Sagrada Imagen, posteriormente fueron cargados en un vehículo y tirados a una de las canteras existentes en esta Villa. Acto seguido, un cantero y vecino de esta localidad recogió los restos en un saco durante la noche y en combinación con un mecánico llamado “el Alemán”, por ser esa su nacionalidad, los escondieron en el falso techo de su taller, guardando el secreto durante toda la contienda.

En el año 1939, acabada la Guerra Civil, las personas antes mencionadas entregaron dicho saco con los restos de la Sagrada Imagen a la Junta de la Real Archicofradía, siendo enviados éstos a un taller de Imaginería religiosa a Valencia. Al poco tiempo y una vez restaurada, quedaba la Sagrada Imagen con la misma expresión que había tenido anteriormente.

El día 18 de agosto de 1939 de nuevo es colocada en su camarín, ya restaurada, donde permanece abierta al culto hasta la fecha.

Mensaje para el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2022

Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 5 de junio de 2022

MENSAJE DE LOS OBISPOS

Con motivo de la solemnidad de Pentecostés, la Iglesia celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, destacando el papel fundamental que tiene el laicado en la corresponsabilidad eclesial y en la misión evangelizadora, junto con los pastores y la Vida Consagrada.

Este año, en continuidad con la celebración del año pasado, el lema de la Jornada nos invita a seguir construyendo juntos el gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad, que nos propone el papa Francisco con este proceso sinodal que está llevando a cabo la Iglesia universal y nuestras iglesias particulares, congregaciones, asociaciones y movi- mientos laicales.

El proceso sinodal está siendo para nuestra Iglesia que peregrina en España un tiempo de gracia, un kairos, una oportunidad para crecer en comunión, participación y misión.

Aunque hemos llegado al final de esta primera etapa sinodal, no podemos olvidar que la sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, es su dimensión constitutiva. No nos referimos a algo accidental, secundario, sino al ADN de la Iglesia, porque tiene su fundamento en el misterio de comunión, en la Trinidad. De modo que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra sínodo» [1]. Por eso, es clave que concibamos la sinodalidad como un camino que estamos realizando, como un proceso, que debe tener continuidad porque no es sólo una reflexión teórica, sino el modus vivendi et operandi de la Iglesia.

Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia.

El fundamento teológico de esta eclesiología de comunión, tan presente en el Concilio Vaticano II (LG), en el magisterio de los pontífices posteriores y en el Congreso de Laicos, se halla en la recuperación del sacramento del bautismo, por el que se subraya la igual dignidad de todos en la Iglesia y la llamada a ser discípulos misioneros. Por el bautismo, nos sentimos llamados a la misión y a vivir la comunión, la corresponsabilidad. Llamados y enviados, por eso: discípulos misioneros (EG, n. 120). No podemos obviar el sacramento del bautismo, porque aquí se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho. Desde aquí se entiende que la vocación laical no es una vocación residual, por defecto, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada.

Los fieles laicos no están en la Iglesia para pedir a los párrocos o a los obispos que les atribuyan funciones. No se trata de ejercer un poder o de ocupar espacios en las estructuras eclesiásticas, sino que la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia brota del sacramento del bautismo, desde donde descubren su vocación a ser misión, enviados, sin olvidar que, como afirma el Concilio Vaticano II, lo propio y peculiar de los laicos es su compromiso en el mundo. «Se trata de descubrir cada vez más la igualdad fundamental de todos los bautizados y de estimular a todos los fieles a participar activamente en el camino y la misión de la Iglesia» [2].

Por eso, una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual.

Este proceso sinodal nos debe llevar a vivir más intensamente la comunión y a promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera. Para ello es fundamental que se favorezca el diálogo profundo y la escucha mutua, acogiendo también con respeto y cariño aquellas palabras de las personas que no piensan como nosotros.

La escucha es el método del proceso sinodal y una de las claves para poder compartir ideas y proyectos, sueños sobre una Iglesia que vamos construyendo entre todos y que deseamos que sea Iglesia de puertas abiertas, que la habita el Señor y donde se cuidan con esmero las relaciones fraternas.

La invitación del sínodo eclesial nos abre a horizontes nuevos, a redescubrir la fraternidad universal, a caminar juntos, a ir construyendo una Iglesia en diálogo con la sociedad contemporánea, especialmente con los más pobres y sufrientes.

En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios.

El papa Francisco, en su discurso a los fieles de la diócesis Roma, les dijo: “He venido aquí para animaros a tomaros en serio este proceso sinodal y para deciros que el espíritu Santo os necesita. Es verdad: el Espíritu Santo nos necesita. Escuchadlo escuchándoos a vosotros mismos. No dejéis a nadie fuera o detrás” (Discurso del papa Francisco a los fieles de la diócesis de Roma, 18 septiembre 2021).

El Espíritu Santo nos necesita. Es muy importante que no olvidemos que el proceso sinodal es ante todo un proceso espiritual y está orientado al discernimiento. Se trata de preguntarnos cada uno y juntos, en comunidad o en grupos, hacia dónde nos quiere llevar el Espíritu Santo en estos momentos actuales de la historia. Por eso no hay sinodalidad si no hay discernimiento espiritual, si no nos abrimos al Espíritu Santo que nos lleva a pasar de la sombra al asombro, a la novedad, a creernos que otro modo de ser Iglesia es posible e incluso necesario.

El Espíritu Santo es el garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad. Qué importante es que acojamos con alegría la diversidad de vocaciones en nuestra Iglesia, sabiendo que ninguna vocación se entiende sin las otras. Se trata de que nos sintamos una familia, en la que todos somos importantes y nadie sobra, donde todas las palabras son escuchadas y tienen el mismo valor, porque nos une el ser hijos del mismo Dios, Padre de amor y misericordia.

La sinodalidad eclesial no es solo una cuestión organizativa, sino que su finalidad es relanzar el sueño misionero, es la evangelización. «La puesta en acción de una Iglesia sinodal es el presupuesto indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el Pueblo de Dios» (CTI, n. 9). Caminamos juntos, en actitud de escucha, bajo la guía el Espíritu Santo para responder al mandato de Jesús: «Id y anunciad el Evangelio…».

El Espíritu Santo nos necesita para seguir llevando a cabo el servicio de predicar el Evangelio, para hacer camino con toda la humanidad y especialmente con los pobres y los sufrientes. Vivir la sinodalidad nos debe llevar a entrar en las heridas reales que Cristo tiene hoy en las diversas situaciones que experimentan nuestros hermanos, los hombres y mujeres de este mundo.

En este cambio de época que nos ha tocado vivir, tenemos que dejar de mirar hacia atrás con añoranza —con nostalgia del pasado—, como dice el papa Francisco, debemos abandonar el criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» y tenemos que reinventarnos, ser creativos, imaginativos… Como decía el papa emérito Benedicto XVI, «somos minoría, pero llamados a ser minorías creativas que impacten en la sociedad».

Estamos ante una posibilidad de cambio profundo, en autenticidad y coherencia, ante un decisivo impulso evangelizador. Se trata ciertamente de una respuesta imprevista que es el Espíritu quien guía y es una aventura para vivir en comunidad. La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual.

Deseamos que este Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, a la luz del proceso sinodal y del Congreso de Laicos, sirva de estímulo para abrirnos a la novedad del Espíritu Santo que nos llama a la comunión, participación y misión.

Damos gracias a Dios por el trabajo de las Delegaciones Diocesanas de Apostolado Seglar, los movimientos y asociaciones, la Acción Católica, el Consejo Asesor de Laicos, y el testimonio silencioso y abnegado de tantos laicos de nuestras parroquias que se esfuerzan cada día por vivir su vocación laical en la Iglesia y en el mundo, desde las claves de la sinodalidad y el discernimiento.

Que la Virgen María, Reina de los apóstoles, y el Espíritu Santo, nos colmen de sus bendiciones para que sigamos construyendo juntos —pastores, vida consagrada y laicos— una Iglesia cada vez más abierta a la comunión y que tenga como horizonte la evangelización.

Presidente y Consiliario de Manos Unidas
✠ Carlos Manuel Escribano Subías, arzobispo de Zaragoza

Subcomisión de Familia y Vida
✠ José Mazuelos Pérez, obispo de Canarias
✠ Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares
✠ Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos
✠ Ángel Pérez Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón
✠ Santos Montoya Torres, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Subcomisión de Infancia y Juventud
✠ Arturo Ros Murgadas, obispo auxiliar de Valencia
✠ Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

Consiliario de Acción Católica
✠ Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería

Foro de Laicos
✠ Sergi Gordo Rodríguez, obispo auxiliar de Barcelona

Consiliario de Cursillos de Cristiandad
✠ José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla

[1] FRANCISCO, 50 aniversario de la Institución del Sínodo de Obispos, 2015.

[2] FRANCISCO, Carta a los sacerdotes sobre el proceso sinodal (19.III.2022).

lunes, 30 de mayo de 2022

Con flores a María


«¡Habla!». Los lenguajes de Roma. Por Jorge Juan Fernández Sangrador

La periodista asturiana María Teresa Álvarez ha recopilado en un libro los artículos que ha escrito, para el diario La Nueva España, durante sus estancias otoñales en Roma. Se trata de cuarenta aproximaciones a diferentes espacios de la Ciudad eterna, de los que ofrece, con una prosa limpia, su visión como mujer. “Mis otoños en Roma”, se titula.

De los viajes, existen, en la literatura, variados géneros. En las grandes librerías suele haber una sección en la que se encuentran, junto a las guías, las obras de aquellos que las han compuesto para trasladar a los lectores sus vivencias, hallazgos e impresiones como exploradores, turistas, aventureros, arqueólogos o novelistas.

El del viaje a Italia, y, dentro de este, a Roma, está claramente tipificado en la historia de la literatura. Desde que, en el siglo XVIII, en Europa, las clases económicamente pudientes enviaron a sus hijos a realizar el Grand Tour por los lugares más emblemáticos del continente, para conocer, sobre todo, las obras principales de la antigüedad, los testimonios de escritores acerca de sus experiencias de viajeros en Roma fueron vertiéndose en los folios que luego habrían de devenir un libro.

Tal vez el más representativo fue el de Johann Wolfgang von Goethe, aunque hubo otros, también importantes en la historia de la literatura, de los que los protagonistas nos han legado una biblioteca entera de observaciones y dichos metafísicos sobre la ciudad, las puestas de sol, los pinos, las estatuas, las callejuelas, los palacios y las iglesias.

Han alcanzado fama los escritos de Michel de Montaigne, Madame de Staël, Stendhal, François-René de Chateaubriand, Émile Zola, Charles Dickens, Oscar Wilde, Lord Byron, Percy Bysshe Shelley y Gilbert Keith Chesterton, y no han sido menos importantes los de los italianos, con Francesco Petrarca a la cabeza, seguido por Giacomo Leopardi, Giuseppe Gioachino Belli, Gabriele D’Annunzio, Elsa Morante, Alberto Moravia y Pier Paolo Pasolini.

Hay que decir, con todo, que el género literario no resulta tan fácil como parece. En el relato de su viaje desde Múnich a Génova, Heinrich Heine, poeta y ensayista romántico alemán, comenta: «No hay nada más aburrido en el mundo que leer la descripción de un viaje a Italia, excepto, quizá, escribirla; lo único que puede hacer el autor para hacerse más o menos soportable es hablar lo menos posible de Italia en sí».

Fue lo que hizo Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien visitó Roma, por primera vez, en septiembre de 1901. Se enamoró de la ciudad, pero en ella aprendió a hablar de otras cosas, que fueron las que luego estudió, contó y le dieron fama. En una postal que le envió a su mujer le decía: «Parece increíble que no haya venido antes aquí». Y en la que escribió a sus hijos: «Es la ciudad más bella y eterna, de una belleza sin igual». Y en otra dirigida a la familia: «Lástima que no pueda vivir siempre aquí».

Caminaba por ella, en las siete ocasiones en que la visitó, «como un romano». Pero, de todo lo que la Urbe le brindaba, nada se podía equiparar, en la estatuaria, al Moisés de Miguel Ángel, en la iglesia de San Pietro in Vincoli. «Ninguna escultura me ha producido un efecto tan intenso», decía.

En septiembre de 1912, Freud le confesaba a su esposa: «Visito todos los días al Moisés de San Pietro in Vincoli». Y, en 1933, a Edoardo Weiss, su discípulo italiano: «Día tras día, durante tres solitarias semanas de septiembre de 1913 (desliz por 1912), permanecí en la iglesia frente a la estatua, estudiándola, midiéndola y dibujándola, hasta que me alumbró esa comprensión que expresé en mi ensayo, aunque solo osé hacerlo en forma anónima. Pasó mucho tiempo antes de que legitimara a este hijo no analítico».

Se dice que Miguel Ángel conminó a la estatua, golpeándola en la rodilla, con estas palabras: «¡Habla!». Solo que le habló, no al escultor, sino a Freud, que, como fruto de aquellas visitas, concibió su ensayo sobre el Moisés y otros estudios sobre esta figura del Antiguo Testamento y sobre el monoteísmo.

Y es que en Roma existen varias estatuas “parlantes”: Pasquino, Marforio, Il Facchino, Il Babuino, Madama Lucrezia y el Abate Luigi, pero ninguna tan oracular como el Moisés de Miguel Ángel, que habla, sugiere, incita, reprueba, legisla y advierte. Freud halló concentrada en esa imponente y marmórea imagen de Moisés toda la belleza de la Ciudad infinita.

Al igual que le sucedió, en 1823, al poeta Giacomo Leopardi, que encontró la belleza inmarcesible de Roma, inesperadamente, pues hasta entonces no se le había manifestado, en la Cuesta de San Onofrio y en la tumba del poeta Torquato Tasso, ante la cual lloró, en la iglesia de San Onofrio: «Fue el primer y único placer que experimenté en Roma». La plenitud se reveló en toda su magnificencia en un punto y en un instante.

De modo que la Biblia, la Iglesia y el Arte católico han estado, una vez más, presentes, como trasfondo, en el desarrollo del conocimiento humano, porque, ante aquella estatua de Moisés, en San Pietro in Vincoli, realizada por encargo de un Papa, se columbró el método más importante de todos los tiempos en el adentramiento en el interior de la persona y en la identificación de los factores que mayor influjo psíquico ejercen sobre ella.

domingo, 29 de mayo de 2022

''Asciende entre aclamaciones''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila














Celebramos la Ascensión del Señor, que antaño al igual que "el Corpus", se celebraba de jueves, dado que su fecha viene marcada por ser el cuadragésimo día contando desde el primer día de Pascua. Actualmente en nuestro país y desde hace años, trasladamos esta fiesta al domingo siguiente por conveniencia pastoral. Es una celebración para poner nuestra mirada en lo alto, pero no de firma física como aquellos galileos que se quedaron "plantados" mirando al cielo, sino enfocando nuestra vida espiritual hacia la cumbre de nuestra existencia. Es hora de preguntarnos si queremos ir al cielo, y si ponemos los medios a nuestro alcance para ello: confesar mis pecados, vivir unidos a la eucaristía, apoyados en la palabra de Dios, cercano a los pobres... En síntesis: tratar de ser coherentes con el evangelio en nuestro camino personal hacia Dios y su contemplación beatífica.

El día de la Ascensión es también la jornada de las comunicaciones sociales en la Iglesia; nuestros obispos han publicado una interesante nota que no se limita al mundo del periodismo, sino que nos viene bien a todos. Cada día trasmitimos nuestras pequeñas noticias a las personas de nuestro entorno, pero no siempre estas son auténticas ni neutrales, no manipulemos pues a pequeña escala, ni silenciemos nuestra voz de denuncia cuando la verdad no es contada de forma total, sino interesada, o lo que es más grave, cuando se da prioridad al sensacionalismo antes que a la denuncia de las injusticias. Nuestros pastores reclaman en su escrito "dejar hablar al corazón para comunicar la verdad, escuchar antes que hablar y favorecer el diálogo para que nuestra sociedad pueda crecer".

A la luz de los textos de la Sagrada Escritura proclamados compartimo como cada domingo pequeñas reflexiones que pudieran arrojar algo de luz en esa búsqueda personal tratando de responder a lo que el Señor quiere decirnos a cada uno de nosotros en esta fiesta:

Testimoniar la vida que no acaba:

El evangelio de este día será de San Lucas, pero no olvidemos que también el libro de los Hechos de los Apóstoles que venimos meditando en la lectura continuada de este tiempo Pascual es atribuido al mismo autor. Dos pasajes pues, de Lucas, para leer en paralelo de forma que nos sirva para contemplar desde el silencio nuestro camino de fe impulsados por la fuerza del Paráclito que se nos promete. En concreto, el fragmento que hemos leído corresponde a los once primeros versículos del Libro donde el autor nos aclara que  es su segundo libro, pues en el primero -el evangelio- nos señala explícitamente: ''escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo''. Los relatos lucanos son los únicos que se detienen a hablarnos de la Ascensión y, sin embargo, en el evangelio parece que ocurre prácticamente el mismo día de Pascua; en el de "los Hechos" se indica que el suceso tuvo lugar cuarenta días después. Esto es una mera curiosidad, es evidente que ni quita ni pone; los primeros cristianos no eran discípulos de la Ascensión, sino de la Pascua donde todo cobró sentido. 

Decir cuarenta es decir un tiempo impreciso, pero importante -no perdamos de vista la simbología del número 40- en que el Resucitado se les fue apareciendo, instruyendo y preparando no sólo para su marcha física, sino para la venida del Espíritu Santo. Y como nos pasa a todos, por mucho que nos expliquen y repitan las cosas no acabamos de entenderlas en su totalidad. También hubo discípulos que seguían pensando en clave mundana, como vemos ante esa pregunta que le hacen: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?». Ahí lo vemos, algunos se quedaban en pequeñeces políticas, o querían saber detalles de lo que vendría a continuación, o de cómo iba a ser ese reino. Pero Jesús ya no se molesta en explicar más y les remite al Paráclito, pues sabía de sobra que sólo en la Pascua del Espíritu se les abriría el entendimiento.

La Pascua es en sí misma una gozada, disfrutan de la presencia del Resucitado, pero no siempre se puede vivir esperando que el Resucitado nos los dé todo hecho. Jesús prepara a los suyos como nos prepara a nosotros para arreglárnoslas solos aunque Él no se vaya del todo, sino que se queda de otra manera muy especial. Así ha sido su promesa: ''estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo''. Pero nos deja una ayuda: el Espíritu Santo, al que debemos abrirnos, invocar, esperar... ''Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo''. Si el Señor no nos enviara su Espíritu, si no fuera por Él, hace siglos que la Iglesia hubiera desaparecido. Por tanto, los discípulos descubren que la clave no es quedarse cruzados de brazos, sino pedir ayuda al Espíritu Santo para lanzarse de forma plena a la evangelización anunciando al mundo que el que fue crucificado, ahora es el Resucitado, el único que vive para siempre y nos ofrece la vida que no acaba. 

A la diestra del Padre:

El apóstol San Pablo hace suyo el sentimiento vivo de aquellos primeros cristianos que deseaban entender no sólo el sentido de aquella "Ascensión, sino más aún, lo que les aguardaba en aquel futuro marcado por la esperanza de que el Señor habría de volver. De este fragmento de la carta a los cristianos de Éfeso podemos extraer tres enseñanzas: una petición o súplica pidiendo al Creador su intercesión: ''Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos''. He aquí lo que hemos de rezar esta semana: pedir al Espíritu Santo que venga a nosotros, que nos abra los ojos del corazón, nos conceda su don de sabiduría para que nos demos cuenta de que nos llama a ser santos como Él, pues esa es la única autopista hacia el cielo, donde está nuestro tesoro. 

En segundo lugar, se hace una confesión de fe, una confesión cristológica: ''según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo''. No estamos ante una fantasía, sino ante una verdad que solemnemente profesamos en el Credo: ''y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre''... En la Ascensión, Jesucristo resucitado vive su particular exaltación; por medio de Cristo, por su muerte y resurrección, se hace posible que se abra nuestro camino a la gloria, y, además, por su intercesión. El Padre nunca dejó de actuar en Cristo, facilitando "ponerlo todo bajo sus pies". 

En tercer lugar, encontramos una indicación eclesiológica: ''y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos''. Jesús culmina su glorificación legando a la Iglesia la misión de anunciar su reino hasta que Él vuelva. No es nada fácil en nuestro tiempo proponer a los hombres aspirar al cielo, ahora que lo que impera es vivir lo terreno como si el cielo no existiera, pudiera esperar o fuera algo que se puede dejar para última hora. Hermanos: no perdamos el cielo por culpa la terquedad de obviarlo aquí. Jesús se va al cielo no para fastidiarnos ni propiciar que los hombres se olviden de Él; se va por nuestro bien como nos ha dicho: "lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito" (Jn 16, 7). Y así la Iglesia con la fuerza del Espíritu va estar proclamando al mundo sin descanso que sólo en Cristo está nuestra salvación; quien lo acepte bendito sea, y el que no, allá él que se pierde con mucho lo mejor y ratifica su sentencia de soledad eterna.

Vivir la Ascensión ''con alegría''

Hoy es un día alegre y gozoso ya en el ocaso del Tiempo Pascual y del mayo florido, en el que contemplamos a Jesucristo vivo y resucitado entrando en su gloria. Es mucho y muy profundo lo que meditamos en esta festividad, no es sólo recordar el momento en que Cristo ascendió al cielo en presencia de sus discípulos, es mucho más que eso. Es principalmente tomar conciencia de que si el día de Navidad contemplamos cómo Dios viene a nuestra humanidad, la liturgia de la Ascensión nos habla de cómo ahora la humanidad de Jesús es asumida en el cielo. La Ascensión significa esto mismo, que Jesucristo el enviado retorna al Padre que lo envió. Le vemos entrar en el gozo del Creador donde participa ya de la autoridad y el poder de Dios mismo sin perder su humanidad.

El pueblo cristiano siempre ha vivido esta celebración con entusiasmo, y no es para menos: Cristo nos quita todos los miedos posibles ante el incierto futuro. Basta recordar esas palabras suyas que cobran esta mañana una fuerza especial: ''En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, ¿os habría dicho que me voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino»... No olvidemos que todo lo que pasemos en esta vida ya lo ha sufrido Él primero. Nos toca cargar con nuestra cruz, Él la ya lo hizo. Algunos dicen: "me asusta morirme..." También Él lloró y se angustió cuando se acercaba su hora: "no sé si habrá para mí resurrección y cielo"... Él es la Resurrección y la vida... Hay personas que creen en Jesús, pero lo tienen como guardado en el trastero de sus vidas para acordarse sólo cuando viene mal dadas o cuando el final es inminente. Pero es que la cuestión no es pedirle a Él más vida cuando esta se nos acaba en este mundo, la grandeza está en tenerle y sentirle cerca todos los días de nuestra vida. Este ha de ser el motivo principal de nuestra alegría, no que "aparezca" Jesús como quien encuentra un medicamento "milagroso" para revivir cuando me haga falta, sino que caminando siempre asidos de su mano no temamos nada ni a la misma muerte, pues Él, venciéndola y ascendido al cielo, nos muestra el camino de la vida en plenitud que supera ésta conocida.

No dejamos de proclamar que el Señor ha resucitado, pues ahí se sustenta nuestra fe, y sólo desde su resurrección nos atrevemos a mirar al cielo, al mañana soñado, anhelado y esperado; la cumbre de esta peregrinación de fe que es nuestra vida terrena. Los discípulos, de entrada, se pusieron tristes y sólo esperaban que la segunda venida del Señor fuera muy pronto, a nosotros puede ocurrirnos lo mismo, que nos quedemos en lo secundario de esta celebración; no es que no sepamos el día y la hora, lo que nos debe esponjar y ensanchar el corazón es que viendo a Cristo ascender a la gloria, entronizado en los cielos, tenemos la seguridad de tener en nuestro favor al mejor Intercesor, convencidos de que se compadece de nuestras flaquezas dado ''que ha sido en todo como nosotros, menos en el pecado'' (Heb 4,15). En su Ascensión ya vemos anticipado y prefigurado nuestro mañana -¡como en Tabor!-  y nuestro más íntima seguridad de vida plena y en abundancia. 

Evangelio de la Ascensión del Señor

Conclusión del santo evangelio según san Lucas (24,46-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra del Señor

sábado, 28 de mayo de 2022

Hoja litúrgica Domingo de la Ascensión


Carta semanal del Sr. Arzobispo

Cuando llaman a la puerta

No se hace una selección de personal, ni es tampoco un concurso en el que obtener plaza en propiedad. Aquí no hay carreras de obstáculos, ni un pulso contra algo que permita ganar. Es algo mucho más sencillo y misterioso a la vez. Lo cierto es que llevamos ya varios años en los que un número creciente de adultos llama a las puertas de la Iglesia para entrar. Es lo que hemos venido en llamar el “catecumenado de adultos”: un proceso de preparación para acoger y acompañar a estas personas que quieren vivir como cristianos. Algunos de ellos están sin bautizar. Esto se debe a que cuando nacieron y en sus primeros años de itinerario humano y familiar, no se les ofreció la entrada en la comunidad cristiana por diversos motivos, pero a un cierto punto, ellos se han encontrado con el Señor en sus vidas, y entonces piden voluntariamente abrazar nuestra fe recibiendo el bautismo, haciendo la primera comunión y recibir la confirmación. Son los tres sacramentos de toda iniciación cristiana, que ellos recibirán en la misma celebración.

Cuando hablas con ellos y les preguntas cómo ahora dan ese paso, las respuestas son preciosas, y te das cuenta que Dios tiene todos los recursos para salir al encuentro de quienes se dejan encontrar por Él. Quizás ha sido un encuentro con otros cristianos que con sencillez viven todo desde el compromiso de su fe, aprendiendo a llamar a las cosas por su nombre sin trampas ideológicas y sin condicionamientos manipuladores. Abrazar la vida, en todos sus tramos y circunstancias; ser instrumentos de la verdadera paz en un mundo violento, esa que naciendo del corazón de Dios llena completamente nuestras entrañas; indicar la bondad y la belleza que existen en el mundo y en tantas personas, para no ser rehenes de la maldad fea que tampoco nos falta; aportar en este mundo egoísta, insolidario y opulento, una serie de valores morales que nacen precisamente del Evangelio. Todo esto fundamenta esa decisión de algunas personas para pedir libremente su ingreso en la Iglesia, y comenzar a vivirlo todo desde una perspectiva cristiana.

Otros que llaman a la puerta ya están bautizados. Quizás sólo estaban bautizados desde su más tierna infancia, pero que ulteriormente no han tenido o no han sabido tener un cauce de crecimiento en su fe. Formalmente ya eran cristianos, pero sus vidas no estaban iluminadas ni sostenidas por todo lo que significa pertenecer a Cristo y a su Iglesia. Y sucede aquí lo mismo que en el caso anterior: de una manera insólita y sin cita previa, se encuentran con Jesús, se dejan provocar por el testimonio sencillo de algunos cristianos, y entonces deciden ellos llamar a la puerta de la que ya era su casa, pero que vivían dentro de ella como extraños. Es también una alegría reconocer a estas personas que así piden hacer su primera comunión y recibir la confirmación en su edad adulta.

Finalmente están los que habían sido bautizados e hicieron su primera comunión, pero estaban sin confirmar. Es una ocasión para prepararse de modo conveniente y recibir también la plenitud del Espíritu Santo con este sacramento que culmina su iniciación cristiana.

Todo esto es un regalo para nuestra Iglesia diocesana, que celebramos estos días en nuestra Catedral de Oviedo, acogiendo a estos trescientos adultos (¡nada menos!), que dan un paso adelante y desean vivir su vida como cristianos conscientes y comprometidos. Hay personas –muy pocas– que inducidos por conocidas siglas políticas son empujados y jaleados para que apostaten y salgan de la Iglesia. Yo lo siento en el alma cuando esto se da, pero la gozosa desproporción entre los que deciden marchar (quizás sin haber entrado nunca) y los que deciden entrar o continuar de otra manera, nos llena el corazón de esperanza. Este es también un regalo de pascua. Por él damos gracias con toda el alma.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm,
Arzobispo de Oviedo

viernes, 27 de mayo de 2022

El Arzobispado de Oviedo presenta la web “Prerrománico Asturias”

(Iglesia de Asturias) El Arzobispado de Oviedo está comprometido en la conservación y gestión sostenible del patrimonio religioso diocesano, uno de cuyos legados más sobresalientes es el conjunto de iglesias prerrománicas diseminadas a lo largo de la geografia asturiana.

Con este motivo, se pone en marcha una página web dedicada al Prerrománico Asturiano (www.prerromanicoasturias.es), que pretende ofrecer información sobre las manifestaciones arquitectónicas y artísticas que el Ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos acuñó como “Arte Asturiano” y que en la actualidad es mundialmente conocido como Arte Prerromanico al haber sido algunas de sus iglesias más representativas incluidas en la Lista de Patrimonio Mundial.

Junto con la página web se presenta el logo y la imagen de marca del “Prerrománico Asturiano”, que aspira a convertirse en la imagen de referencia de los distintos monumentos prerrománicos.


En la nueva página web se describe la originalidad y significado del Arte Prerrománico asturiano y su vinculación con el Reino de Asturias.

Se pretende ofrecer una visión global de sus manifestaciones arquitectónicas y artísticas.

Además de las iglesias prerrománicas declaradas Patrimonio Mundial, el máximo reconocimiento en materia de Patrimonio Cultural, se presenta el resto de iglesias que el avance de la investigación en el campo de la Arqueología y de la Historia del Arte ha contribuido a reconocer y valorar.

Junto con los edificios, en la página también se muestra el importante conjunto de piezas arquitectónicas, artísticas y epigráficas de cronología prerrománica, que, a lo largo de toda la geografía asturiana, se conservan integradas en construcciones posteriores, y que hacen de Asturias una suerte de “territorio-museo del prerrománico.”

En la elaboración de la contenidos de la página se ha contado con la colaboración de expertos del Museo arqueológico de Asturias y de la Universidad de Oviedo.



Otros proyectos

En el mes de junio se presentará la nueva sala de recepción de visitantes de Valdediós y el nuevo modelo de gestión de las visitas culturales y de promoción de ese conjunto monumental (Iglesia prerrománica de San Salvador y monasterio cisterciense de Santa María).

Nunca es tarde

jueves, 26 de mayo de 2022

La Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo Solidaria con los Refugiados de Ucrania

(Ser) La Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo en el marco del Eje Social (3) del «Plan de Sostenibilidad de la Guardia Civil 2021-2025″, el cual contempla entre sus compromisos el de Implicación con grupos vulnerables (3.1) y el de voluntariado (3.4), ha llevado a cabo, en colaboración con Cáritas Parroquial Lugones.

Han sido dos iniciativas solidarias relacionada con la recogida de alimentos, ropa y útiles de primera necesidad cuyos destinatarios han sido aquellas personas más vulnerables derivadas de la guerra en Ucrania, es decir, principalmente mujeres, niños y varones mayores de 60 años.

Estas iniciativas fueron llevadas a cabo durante los meses de marzo y abrilde 2022, y culminaron con la entrega en los meses de marzo y mayo de 865 kilogramos de ropa convenientemente clasificada y empaquetada y de 260 kilogramos de alimentos no perecederos a Cáritas Parroquial Lugones. Con estas dos acciones solidarias, la familia que conforma la Benemérita de Oviedo ha donado desde 2014 hasta hoy más de tres toneladas elementos de primera necesidad.

Francisco presidirá el Rosario por la Paz en Santa María la Mayor

(Vatican News) “Un signo de esperanza al mundo, sufriente por el conflicto en Ucrania, y profundamente herido por la violencia de los tantos escenarios de guerra aún activos”, reza el comunicado del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. La cita: el 31 de mayo, a las 18 horas, en conexión por streaming desde la Basílica de Santa María la Mayor en Roma

Al final del Mes Mariano, el martes 31 de mayo a las 18:00 el Santo Padre recitará la oración del rosario delante de la estatua de María Reina de la Paz en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, según informa la nota del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

La estatua se sitúa en la nave izquierda de la Basílica, añade el texto. Fue encargada por Benedicto XV y realizada por el escultor Guido Galli, entonces subdirector de los Museos Vaticanos, para pedir a la Virgen María el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918.

La Virgen -explica el comunicado- está representada con el brazo izquierdo levantado como señal para ordenar el fin de la guerra, mientras que con el derecho sostiene al Niño Jesús, dispuesto a dejar caer la rama de olivo que simboliza la paz. Las flores están esculpidas en la base, simbolizando el florecimiento de la vida con el retorno de la paz. Es tradicional que los fieles depositen a los pies de la Virgen pequeñas notas manuscritas con intenciones de oración. El Papa depositará una corona de flores a los pies de la estatua antes de dirigir su oración a la Virgen y dejar su intención particular.

El Santo Pueblo Fiel de Dios unido a la convocatoria

Distintas personas acompañarán la oración del Santo Padre: habrá chicos y chicas que recibieron la primera comunión y la confirmación en las últimas semanas. Además, estarán presentes Scout, familias de la comunidad ucraniana de Roma, representantes de la Juventud Ardiente Mariana, miembros del cuerpo de la Gendarmería Vaticana y de la Guardia Suiza Pontificia y las tres parroquias romanas dedicadas a la Virgen María Reina de la Paz, junto a los miembros de la Curia Romana.

Un signo de cercanía a quienes están implicados en los trágicos eventos

La nota anuncia que una familia ucraniana, personas relacionadas a víctimas de guerra y un grupo de capellanes militares con sus respectivos cuerpos son invitados a recitar las decenas del Rosario.

Otro importante signo es el hecho de involucrar a los santuarios internacionales de todo el mundo, junto a algunos santuarios situados en países golpeados por la guerra o con una fuerte inestabilidad política en su interior, causa de numerosos episodios de violencia. Estos santuarios rezarán el rosario -se indica en el texto- al mismo tiempo que el Santo Padre y estarán conectados vía streaming con la transmisión en directo desde Roma.

Estos son los santuarios marianos que adherirán a la oración

Santuario de la Madre de Dios (Zarvanytsia)en Ucrania

Catedral de Sayidat al-Najat (Nuestra Señora de la Salvación) en Irak

Catedral Nuestra Señora de la Paz en Siria

Catedral de María Reina de Arabia en Baréin

Los santuarios internacionales que se sumarán al momento

Santuario de Nuestra Señora de la Paz y del Buen Viaje

Santuario Internacional de Jesús Salvador y Madre María

Santuario de Jasna Góra

Santuario Internacional de los Mártires de Corea

Santa Casa de Loreto

Santísima Virgen del Santo Rosario

Santuario Internacional Nuestra Señora de Knock

Santísima Virgen del Rosario

Nuestra Señora Reina de la Paz

Nuestra Señora de Guadalupe

Nuestra Señora de Lourdes.

Los fieles de todas las partes del mundo están invitados a acompañar al Papa Francisco en la oración a la Reina de la Paz.

La oración será transmitida en directo a través de los canales oficiales de la Santa Sede, estarán conectados los medios católicos del mundo y será accesible para las personas sordas y con problemas de audición mediante la traducción a la lengua de signos italiana LIS, concluye el comunicado.

Una invitación constante

El domingo 1° de mayo, cuando comenzaba el mes dedicado a la Madre de Dios, después del rezo del Regina Coeli el Santo Padre dirigía, desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, la invitación a orar el rosario por la paz todos los días de mayo y extendía un pensamiento «a la ciudad ucraniana de Mariúpol, “ciudad de María”, bárbaramente bombardeada y destruida.

Y añadía: «Una vez más, y desde aquí, renuevo el llamamiento de que se establezcan corredores humanitarios seguros para las personas atrapadas en la acería de esa ciudad. Sufro y lloro pensando en los sufrimientos de la población ucraniana y en particular de los más débiles, los ancianos y los niños. Llegan Incluso terribles noticias de niños expulsados y deportado».

miércoles, 25 de mayo de 2022

¿CANTA EN LA MISA O CANTAR LA MISA?. Por Óscar Valado Domínguez

PONENCIA EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE COROS EN EL VATICANO 

El autor es el Responsable de Música de la Conferencia Episcopal Española

Todos los que estamos aquí reunidos cantamos, dirigimos, componemos o tocamos algún instrumento… sin embargo, antes de hacer alguna de estas cosas ¿nos hemos detenido a pensar por un instante qué es la música litúrgica? ¿cuál es su finalidad? ¿qué lugar ocupa? ¿cuál es su contexto? ¿cómo debe ser? Pero no desde una perspectiva subjetiva, es decir, “qué es para mí la música litúrgica”, sino “qué es la música litúrgica”, objetivamente. Si no respondemos primero a todas estas preguntas, con dificultad podremosllevar a cabo nuestro ministerio, ya que cuando hablamos de música litúrgica estamos hablando de la celebración de la fe, y esta no nos pertenece, nos viene dada por Cristo a través de la Iglesia. 

En la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, en el capítulo VI dedicado a la música, se afirma claramente que la finalidad de la música litúrgica es “dar gloria a Dios y santificar a los hombres” (SC 112). Pero curiosamente, si leemos cien números antes, ese mismo documento afirma que la finalidad de la Liturgia es “glorificar a Dios y santificar a los hombres” (SC 10). Esto quiere decir que la Iglesia nos enseña que la música litúrgica debe ser la misma liturgia y no otra cosa. 

De aquí el título de mi intervención ¿Cantar en la Misa o cantar la Misa? Es decir, ¿introducir cantos en la celebración o cantar la propia celebración? 

La música litúrgica, al ser parte integral de la misma, liturgia tiene su espacio natural en la iglesia y, sobre todo, en el contexto de la celebración litúrgica1 ; pero este contexto no se reduce a la Santa Misa, sino que en la liturgia de la Iglesia se incluyen los sacramentos (de entre los cuales destaca como fuente y culmen de la vida cristiana la Eucaristía), los sacramentales (bendiciones, consagraciones, exequias…) y la liturgia de las horas. Todo ello en un marco temporal único que es el año litúrgico, que finalizamos justo este mismo domingo con la la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. 

Una vez aclarada cuál es la finalidad de la música litúrgica y dónde se debe interpretar, ahora podemos responder al “cómo debe ser la música litúrgica”; y para ello tenemos que hablar del texto y de la música. 

El texto debe tomarse principalmente de la Sagrada Escritura, aunque también podemos hacerlo de las fuentes litúrgicas. Y si en algún momento se glosa debe estar en comunión con la fe que profesamos. En cuanto a la música, esta debe ser original (no adaptada) y de calidad. Y cuando hablamos de calidad no nos referimos a “complejidad”, sino a música bien compuesta, buscando siempre lo mejor. Dentro de esta calidad habrá obras más sencillas y otras mucho más complejas. 

Dicho todo esto, podríamos pensar en los cancioneros de nuestras diócesis, parroquias o comunidades ¿Todos los textos son de la Palabra de Dios, de la propia liturgia o hacen referencia a alguna de estas dos? En mi país creo que no. 

Siempre que hablo de este tema viene a mi mente el libro de un sacerdote canadiense, James Mallon, que escribió un libro titulado Una renovación divina, en el que habla de la renovación pastoral que hizo en su parroquia y, entre otras cosas, menciona cómo logró mejorar el repertorio que utilizaba el coro de su parroquia. Lo hizo aplicando el “método Jenifer”, para ello invitó a los miembros del coro 1 Acción sagrada y pública de la Iglesia por excelencia por la cual Cristo a través de signos sensibles realiza la santificación del hombre y la glorificación de Dios. 3 a leer todos los textos de los cantos y les dijo: “si sustituís el nombre Jesús por Jenifer y el canto sigue teniendo sentido es que no sirve para la liturgia”.

 Con respecto a la música también podemos preguntarnos si todo el repertorio que utilizamos es original, es decir, se ha compuesto para la liturgia o, por el contrario, encontramos música adaptada (Disney, Leonard Cohen, etc.) o aún siendo original, es de calidad. 

Cantarla fe en el contexto litúrgico va más allá de un sentimiento o un gusto personal. Supone una gran humildad, un deseo sincero y dócil de hacer lo que nos pide la Iglesia y no lo que nosotros –como sucede en algunas ocasiones– queremos imponer. Por ello, hablar de música litúrgica no es discutir de si es mejor cantar en latín o en nuestra propia lengua, si es mejor el canto gregoriano o en algo más popular, si la polifonía es preferible al canto unísono de la asamblea, o si el órgano es mejor que la guitarra… Todas estas cuestiones dejan de ser un problema cuando desde la fe nos centramos en el verdadero sentido de nuestro ministerio: dar gloria a Dios y santificar a los hombres. 

He hecho referencia ya al gran documento de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, sin embargo, pocos años después, en 1967, la Congregación de Ritos publicó la Instrucción Musicam Sacram en la que se amplia el capítulo VI de la Constitución Sacrosanctum Concilium que versa sobre la música. En este nuevo documento, se aboga por la importancia de la formación, se menciona que el coro es un verdadero ministerio e incluso cual es su tarea específica y cómo debe ayudar a participar activamente a toda la asamblea; pero yo quisiera centrarme en los número 29, 30 y 31, ya que en ellos se definen los “Grados de participación” de los fieles. De este modo intentaré responder a la pregunta “cuándo cantar”, es decir, ¿debemos cantar todo? Musicam sacram divide en tres los grados de participación: 

En el primer grado, y más importante, encontramos: aclamaciones, respuestas, antífonas, diálogos, padrenuestro y el Santo. El segundo grado hace referencia sobre todo al ordinario de la Misa, es decir, textos que no no varían jamás: Kyrie, Gloria, Credo (el 4 Sanctus está en el primer grado) y Agnus Dei. El tercer grado es el que pertenece al “propio” es decir, a todos los cantos que varían en función del tiempo litúrgico o del grado de celebración (solemnidad, fiesta, memoria…). Estos son principalmente: la antífona o canto de entrada, de ofertorio y de comunión; los cuales tienen un carácter funcional: acompañan en estos casos procesiones. 

¿Encontráis algo curioso en esta clasificación? Yo, siempre que hablo de los tres grados de participación recuerdo mi primer día en la parroquia, cuando la directora del coro vino a la sacristía cinco minutos antes de comenzar la celebración y me dice: “Don Oscar, cantaremos de entrada «esto», de ofertorio «esto» y de comunión «esto otro»”. ¿Y lo más importante? ¿quién lo canta? En algunos sitios se han invertido los grados de participación y debemos tenerlos muy claros. Recordemos: 

En el PRIMER GRADO, y más importante, encontramos: aclamaciones, respuestas, antífonas, diálogos, padrenuestro y el Santo. Esto quiere decir que se pueden cantar todas las partes de la misa en las que el sacerdote dialoga con la asamblea o esta responde a una aclamación u oración. Desde el inicio (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo) hasta el final (podéis ir en paz): la invocación inicial, el saludo litúrgico, el acto penitencial, el amén de la oración colecta, las aclamaciones a la palabra de Dios, la antífona del salmo responsorial -Se debe cantar el propio del día y no sustituirlo jamás por un canto. Hacer esto demostraría un claro desconocimiento de la dinámica de la liturgia de la palabra en la que Dios habla a su pueblo y este le responde con su misma palabra ''los salmos''- , aclamación al evangelio, respuesta a la oración de los fieles, amén de la oración de ofrendas, diálogo del prefacio, mysterium fidei, amén de la doxología, pax vobiscum, Pater noster, amén de la oración de poscomunión, amén de la bendición y respuesta al envío (ite missa est). Todo esto se debería cantar, aunque en la mayoría de los casos es el sacerdote el que debe hacerlo primero para que los fieles puedan responder. Es por ello que los sacerdotes tienen una gran responsabilidad en esta materia, porque ellos pueden favorecer, o no, este derecho de los fieles a participar en el primer grado de la celebración. 

El SEGUNDO GRADO hace referencia sobre todo al “ordinario” de la Misa, es decir, un conjunto de textos que no varían jamás y que si por alguna razón no se cantan, deben recitarse: Kyrie, Gloria, Credo (el Sanctus está en el primer grado) y Agnus Dei. 

El canto del Kyrie, eleison o Señor, ten piedad, que nada tiene que ver con un canto de perdón, sino que responde a la dinámica del Acto penitencial con el que comenzamos la Misa y en el que reconocemos nuestros pecados. Existen tres fórmulas, las dos primeras son parecidas: introducción (“Para celebrar dignamente…”), petición de perdón (1ª. "Yo confieso ante Dios todopoderoso..."; "2ª. Señor, ten misericordia de nosotros...") y conclusión ("Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna"). Como consecuencia del perdón recibido, aclamamos a Cristo Salvador (el Kyrios) cantando en griego Kyrie, eleison, con el convencimiento de que solo su misericordia nos puede salvar. De tal forma que en estos casos, el Kyrie no forma parte del Acto penitencialsino que es una consecuencia. Sin embargo, existe una tercer forma que se incluyó en la reforma litúrgica, conservando los antiguos tropos e incluyendo el Kyrie en el acto penitencial. Pese a todo, el Kyrie nunca puede ser sustituido por un “canto de perdón”, porque se rompe la dinámica de la celebración. 

El Gloria es una gran doxología trinitaria, joya de origen griego, heredada de la Iglesia antigua y que se introdujo en el rito romano con ocasión de la liturgia de Navidad. Durante las cuatro semanas de Adviento no lo cantamos porque nos reservamos para exultar de gozo la noche de Navidad, recordando al coro de ángeles que anunció a los pastores de Belén el nacimiento de Jesús, el Mesías, diciendo: "Gloria a Dios en el cielo en la tierra paz a los hombre que ama el Señor" (Lc 2, 14). Por ello en la Ordenación General del Misal Romano dice que "el texto de este himno no puede cambiarse por otro" (n. 30). 

El Credo no es un himno ni una oración, es la profesión de nuestra fe, aquello que creemos. En algunas ocasiones se canta una respuesta como respuesta a la renovación de las promesas bautismales (Ej.: Credo, Credo, Amen), sin embargo es preferible 6 cantar el Credo, ya que la renovación de las promesastiene un uso más restringido. 

El Sanctus no forma parte del segundo grado sino del primero, porque es el canto más importante de la celebración y está situado en el corazón de la plegaria eucarística donde, unidos a los ángeles y a los santos cantamos juntos al Santo de los santos, tal y como Juan recoge en el Apocalipsis aludiendo a la liturgia del cielo: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo. Es un momento sublimo donde nos unimos con la iglesia celestial. 

Por último, el Agnus Dei, es la letanía que acompaña la fracción del pan, un momento importantísimo (¿cuándo reconocieron los discípulos de Emaús al Señor? Al partir el pan) por ello no puede ser ocultado por elrito de la paz. Es más, en ocasionesse sustituye el canto del Agnus Dei por un “canto de paz” y esto no se debe hacer. En primer lugar porque el rito de la paz no tiene un canto propio en nuestra liturgia (Carta circular de la Congregación de Culto Divino, 2014), incluso se puede omitir. Y en segundo lugar, la centralidad de este momento esla fracción del pan. Una curiosidad: el canto del Agnus Dei debe prolongarse hasta que finaliza la fracción. 

Todas estas partes: Kyrie, Gloria, Credo, [Sanctus] y Agnus Dei, constituyen una unidad, denominada “ordinario de la misa”, y esta unidad se debe encontrar también en la música. Por ello no debemos tomar una Kyrie de una misa, el Gloria de otra, etc. Debemos conservar la unidad. Esto nos ayudará a utilizar, por ejemplo, un ordinario en el tiempo de Adviento, otro en el de Navidad, etc. tal y como se contempla en el Graduale Romanum. 

El TERCER GRADO es el que pertenece al “propio” es decir, a todos los cantos que varían en función del tiempo litúrgico o del tipo de celebración (solemnidad, fiesta, memoria…). Estos son: antífona o canto de entrada, de ofertorio y de comunión. 

Ya he mencionado que estas tres antífonas tienen un carácter funcional porque acompañan un rito, en este caso procesiones: entrada, ofertorio y comunión. Y dónde encontramos los textos de estas Los tres tienen una estrecha relación con la palabra de Dios. 

Quizás esta realidad funcional ha provocado la pérdida de identidad de estos cantos. Los cantos de entrada expresan movimiento o disposición: venimos, estamos aquí, nos reunimos, cantamos, etc. Los cantos de ofertorio muchas veces glosan las palabras que el sacerdote pronuncia en la presentación de dones: te ofrecemos, te presentamos, bendice, estamos cansados, etc. Y sobre los cantos de comunión parece que existe una ley no escrita en la que se señala todos los cantos en el momento de la comunión deben ser siempre cantos eucarísticos. 

Lo siento, pero no debe ser así. Una vez más debemosir más allá, a lo más profundo del misterio que celebramos. Estos cantos deben brillar sobre todo por el contenido de su texto, porque se trata de los cantos del “propio”, es decir, del propio día. Entonces ¿dónde nos podemos inspirar para componer un canto de entrada? Fácil. Tomamos un Misal, buscamos donde se encuentran losformularios de las oraciones y encontraremos, por ejemplo, antes de la oración colecta un texto que indica: “Antífona de entrada” y a continuación se puede leer un texto bíblico (¿recordáis cuando os mencioné que los textos de la música litúrgica deben tomarse de la Escritura? Pues este es un claro ejemplo). Esta antífona nos dará la clave para entender el misterio que está a punto de comenzar. Del mismo modo la antífona de comunión, también se toma de la sagrada Escritura, nos recuerda los textos proclamados en la liturgia de la Palabra, simbolizando que escuchamos la Palabra, pero también nos alimentamos con ella, porque la Palabra se ha hecho carne. 

Hasta ahora no he mencionado la “Antífona de ofertorio” ya que en la actualidad no se encuentra en el Misal, y esto se debe a que en la reforma del Concilio Vaticano II se crearon dos comisiones distintas: una de músicos y otra de liturgistas. Losliturgistas creyeron que no era necesario incluir esta antífona porque el momento del ofertorio no tenía tanta identidad como en el rito anterior,sin embargo los músicos quisieron conservar estas antífonas de la tradición con su música.

 Todo este trabajo se encuentra en el cantoral oficial de la Iglesia, el Graduale Romanum, donde cada antífona del misal (incluidas las de ofertorio que ya no están) tiene su música. En definitiva, no debemos utilizar cantos de entrada meramente funcionales que no diferencien los tiempos litúrgicos y las diversas fiestas. Y lo mismo con los cantos de comunión. Para ello debemos ser creativos y seleccionar bien nuestros repertorios. 

Ya para terminar (siento haber sido tan pesado), me atrevo a enumerar cuatro principios prácticos y fundamentales que todo coro o coral que presta un servicio a la celebración litúrgica y al pueblo de Dios creo que debe tener en cuenta. 

1. NO IMPROVISAR. Si verdaderamente valoramos el ministerio del canto y la música en la liturgia, nuestra labor no puede ser improvisada, por ello debemos reunirnos, orar, preparar, seleccionar los cantos, a veces preguntar… y concretar qué se va a hacer, quién, cómo y cuando, porque a veces pueden ser muchas las personas implicadas: el presidente, el lector, el salmista, el coro, solistas, asamblea, organista u otros instrumentistas… etc. 9 

2. CONTEXTUALIZAR Es importante tener en cuenta en primer lugar los aspectos litúrgicos, identificar qué celebración es(tiempo litúrgico,solemnidad, fiesta) porque esto ya nos indicará si se canta gloria, credo, aleluya, etc. conocer las lecturas que se van a proclamar para seleccionar el repertorio más apropiado. Y por otra parte, contextualizar para discernir cuestiones técnicas: tonalidad, tesitura, acompañamientos, etc. 

3. ENSAYAR Los ensayos son fundamentales. Si queremos dar lo mejor que tenemos al Señor, tenemos que prepararnos. Los ensayos no solo aumentarán nuestra fraternidad, sino que nos ayudarán a mejorar cada día más. 

4. EVALUAR Todo lo que hagamos debe ser evaluado. Solo así podremos corregir los errores que se comenten. Pero la finalidad no es culpar a las sopranos, sino seguir creciendo y caminando para lograr nuestro verdadero propósito: dar gloria a Dios y santificarnos.

Qué cosa sea lo esencial. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) La lectura del libro de los Hechos de los apóstoles de este pasado domingo, entre otras cosas decía: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables". En la homilía quise planteárselo a los fieles: a ver, ¿qué es lo fundamental para ser un buen católico?

Nos pasamos el día y no digamos las homilías y reflexiones con mucha verborrea y poco asunto. Párrafos y párrafos solemnísimos, rellenos de nada y sin posibilidad de evaluar nuestra vida. Hartos estamos, harto estoy, de frasecitas que parece que son algo pero con menos relleno que pollo en casa de pobres. Seguro que mucha gente me diría que lo indispensable es amarse, abrir el corazón al evangelio, hacer nuestros los sentimientos de Cristo Jesús y vivir el don de Dios en la comunión con los hermanos. Que no está mal, pero no lleva a ninguna parte. Nos falta concreción.

¿Que qué es lo indispensable? Cumplir los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Con eso basta y sobra para ser santos y llegar al cielo.

Yo sé que la palabra cumplir molesta, sobre todo a los no cumplidores. Es muy bonito eso de ser espíritu libre y con el cuento de no concretar hacer cada uno lo que le venga en gana. Me lo sé. Es viejísimo. Y más si añadimos que la obediencia nos hace esclavos, que es argumento de todo cantamañanas.

La cosa es sencilla: hago lo que me apetece, voy a misa si lo siento, porque hay que ser sincero de corazón, vivo mi libertad que está por encima de normas y preceptos y lo único que vale es amar con un corazón generoso. Esto es lo que se llama hacer lo que me apetece pero disfrazado de madurez conciliar y sinodal.

Mucho más simple y concreto lo de los mandamientos. Ahí sí que no hay duda: los diez de la ley de Dios y los cinco de la Iglesia. Basta y sobra. Sencillísimo: ¿usted los cumple? Pues tranquilo, que va por el camino recto.

Me falta ahora lo de los pobres, porque ya se sabe que hay que estar con los pobres, que hasta ahí podíamos llegar. Cada ve que se habla de los mandamientos te tiran a los pobres a la cara con ese cansino argumento de que los que cumplen los mandamientos no quieren a los pobres y los que están con los pobres no necesitan cumplir los mandamientos porque han alcanzado un estatus superior.

Dos reflexiones:

Primera: que no he conocido a nadie más cumplidor con la doctrina de la Iglesia y con mayor compromiso con los pobres que santa Teresa de Calcuta, de la que la progresía en general abomina.

Segunda: el quinto mandamiento de la Iglesia es “ayudar a la Iglesia en sus necesidades, materiales, en lo que se incluye su acción solidaria con los pobres, y también espirituales, que no se nos olvide.

Y un colofón rafaeliano:

Porque dice ella que la cosa es aún más sencilla. Que cualquiera que cumpla con los de la Iglesia casi casi que lo tiene todo hecho, y que una persona que no se pierde la misa en domingos y festivos, se confiesa alguna vez, comulga al menos en Pascua, guarda el ayuno y la abstinencia cuando toca y ayuda a su comunidad, no está lejos del Reino de Dios.

martes, 24 de mayo de 2022

Conferencias en Covadonga


Mensaje de los Obispos de la CECS para la LVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Se comunica de verdad cuando se escucha de corazón

En la solemnidad de la Ascensión del Señor, al final del tiempo de Pascua, resuena en el Evangelio una llamada especial para los apóstoles: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15). Esas palabras sostienen la celebración anual de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en este día en el que la Iglesia destaca el papel imprescindible de la comunicación para la vida plena: Hay una buena noticia que debe ser comunicada y conocida para el bien de todos.

Por eso, en el papel de comunicar estamos todos implicados. Todos compartimos esa misión, de un modo o de otro, porque vivir en relación es vivir en comunicación y es verdad que, solo por estar juntos, ya se produce un caudal de comunicación importante. Sin embargo, el esfuerzo evangelizador necesita una comunicación más profunda, más explícita. Hay que pasar del estar juntos al estar en relación, y eso implica una comunicación de dos direcciones: una de entrada y una de salida. No se comunica quien sólo escucha, ni comunica quien sólo habla. De hecho, se precisan mutuamente: para escuchar es preciso que alguien hable, que alguien transmita, pero para hablar con fundamento es preciso antes haber escuchado. Sólo así se produce el diálogo que vivifica la sociedad y la hace crecer.

El mensaje del Papa Francisco para esta LVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales pone la atención en la escucha y propone “escuchar con los oídos del corazón”. Un escuchar que, por un lado, posibilita la comunicación del que habla y un escuchar que, por otro lado, permite luego hablar con razones, hablar con verdad. La comunicación es auténtica, se produce, cuando el otro queda transformado y esto exige esa escucha del corazón, de la que habla el Papa Francisco.

La escucha sinodal, referente para la sociedad

Estamos ahora en tiempos de escucha. La Iglesia en España se encuentra inmersa en la realización de un proceso sinodal que tiene una primera parada en la escucha. No solo la escucha de quienes participan en la vida de la Iglesia, de los que son miembros, o de los que reciben su ayuda sino, más allá, la escucha de todos. Una escucha que suscitará un discernimiento de los caminos por los que debe transitar la Iglesia en su misión evangélica. El proceso que se está llevando a cabo en miles de grupos en toda España y en todo el mundo, en parroquias, comunidades religiosas, grupos de laicos, etc. quiere escuchar con corazón abierto para encontrar en esas palabras los signos de los tiempos y la acción del Espíritu que quiere renovar la faz de la tierra.

Como ocurrió a los de Emaús, esta escucha sinodal hace compañeros de camino, genera preguntas, recoge quejas, abre diálogos, propone conversaciones nuevas y renovadoras, y termina con el encuentro del corazón y la comida fraterna. Por eso, la escucha sinodal que no oculta los problemas, sino que los afronta entre todos, con mirada renovada, es una buena referencia para una Iglesia atenta a los signos de los tiempos.

Pero, no sólo la Iglesia necesita del diálogo, del encuentro, del caminar juntos. Toda la sociedad, las organizaciones políticas y sociales, los debates parlamentarios, las relaciones internacionales pueden aprender de este camino sinodal que hace de la escucha y del discernimiento una cultura nueva para un tiempo nuevo. Porque en la sociedad, fácilmente encontramos discursos que son monólogos, que no buscan escuchar ni entender al otro, sino que son discursos cerrados, sin respeto al que escucha. Llevados al extremo, son discursos del odio, tan frecuentes en las redes sociales, que desprecian a la persona, la deshumanizan y la descartan.

Por el contrario, en este tiempo, la propuesta de la Iglesia es, más que nunca, una escucha con el corazón que cuando habla no insulta, no calumnia, no engaña, no manipula, no viene a imponer ni a traicionar, sino que viene a aportar su grano de arena en la construcción del bien común.

A quién escuchar

En la vida de la Iglesia la propuesta de escuchar con el corazón tiene dos lugares imprescindibles: la escucha de Dios y la escucha de los tiempos, de la sociedad en que vivimos. La escucha de Dios es imprescindible antes de cualquier otra conversación. En ese diálogo, al que llamamos oración, y del que estamos todos necesitados, descubrimos la voluntad de Dios para nuestra vida y el lugar que Dios nos asigna en la construcción del bien común. Su querer es infalible, es el querer de un Padre que es amor entregado por cada uno y que quiere una relación personal de amor.

La escucha de Dios no solo sostiene la vida personal, la ilumina, le da horizonte y sentido, la llena de esperanza y de futuro. Del mismo modo que ocurre en la vida personal, la escucha de Dios sostiene también la vida de la Iglesia: la Palabra de Dios, la celebración litúrgica, son lugares de escucha de la voz de Dios que edifica la Iglesia.

A veces, en no pocas ocasiones, Dios habla a través de los signos de los tiempos. Los acontecimientos entre los que se mueve nuestra jornada deben ser también atendidos y entendidos. La situación de guerra, esa tercera guerra mundial por partes de la que habla Francisco, las sucesivas crisis económicas, sociales y sanitarias, los desgarros de la humanidad entre el hambre, las catástrofes climáticas y las ideologías antihumanas, llaman también nuestra atención. Mirar el mundo, escucharlo con los oídos del corazón, lleva inevitablemente a poner en el centro a los que sufren, a quienes están solos, a los enfermos, a los tristes. Una escucha con el corazón no puede dejar pasar el dolor humano, lo acoge y lo acompaña. En el mundo de la comunicación esta escucha se hace muy importante. Los comunicadores tienen como misión dar a conocer el sufrimiento para que pueda ser atendido. Por eso su lugar está tantas veces con los desfavorecidos y, en algunos casos, eso cuesta la vida.

Una escucha agradecida

Agradecemos con el corazón la escucha de aquellos comunicadores que, en el ejercicio de la profesión, también han escuchado con el corazón. Son aquellos que ofrecen un periodismo sin prejuicios, un periodismo que escucha con sinceridad la verdad, que se asoma a la vida cotidiana de las personas, que escucha la voz de la justicia que se hace presente en tantos acontecimientos y que, a través de ellos, es ofrecida y conocida. El trabajo del comunicador, bien realizado, ayuda a discernir el tiempo presente y a vislumbrar los caminos que se abren en las situaciones de dificultad para poder hacer un mejor servicio a la sociedad.

También es tiempo de recordar, con igual agradecimiento a todos aquellos muertos por comunicar, por ejercer la noble e imprescindible profesión del periodista, en Ucrania, en México y en los muchos conflictos olvidados de este mundo. Sus voces ya no alcanzan a nuestros oídos, pero la entrega a su vocación periodística seguirá latiendo en nuestra memoria.

La celebración de esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en este año nos recuerda que no se comunica si antes no se ha escuchado, y que no se hace buen periodismo sin una profunda capacidad de escuchar, de escuchar con el corazón. Desde la Comisión Episcopal para las Comunicaciones sociales deseamos que este tiempo convulso y con carencias en la escucha dé paso a una sociedad mejor comunicada con una escucha atenta y recíproca.

Que la Virgen María acompañe a los comunicadores en su misión de escuchar con los oídos y el corazón el latir de nuestro tiempo, contribuyendo con la verdad a la paz y a la justicia, ayudando al crecimiento de las personas y al desarrollo de sociedades libres.

✠ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena, Presidente

✠ Salvador Giménez Valls
Obispo de Lérida

✠ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca

✠ José Ignacio Munilla Aguirre
Obispo de Orihuela-Alicante

✠ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Almería

✠ Francisco José Prieto Fernández
Obispo auxiliar de Santiago de Compostela

✠ Cristóbal Déniz Hernández
Obispo auxiliar de Canarias

✠ Joan Piris Frígola
Obispo emérito de Lérida