sábado, 16 de febrero de 2019

Dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor. Por José Antonio Fernández Quevedo

(Dominicos) Comienza hoy –y continuará leyéndose los dos próximos domingos– una sección del evangelio de Lucas que podemos llamar “sermón de la llanura”, equivalente al que en Mateo se llama “sermón de la montaña”. Ambos empiezan con una de las páginas que se han hecho más famosas de la predicación de Jesús: las bienaventuranzas.

La sabiduría bíblica conoce bien que la vida está hecha de antítesis y de alternativas. Los textos de hoy lo concretan en confiar en el hombre o confiar en Dios. Para Jeremías es maldito (insensato) quien confía en sus propias fuerzas y actúa según los criterios del mundo; y es bendito (sensato) quien confía en el Señor. El salmo se hace eco diciendo: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y también: no así los impíos, no así…

Pablo, en su respuesta a las consultas de los corintios, resalta el contraste entre creer en la resurrección de Jesús y que alguno diga que los muertos no resucitan; para él son cosas íntimamente unidas.

Y Lucas nos presenta cuatro afirmaciones positivas, parecidas a las bienaventuranzas de Mateo, seguidas de cuatro en negativo que son la otra cara de las primeras. No es nada distinto a las antítesis que antes había puesto en labios de María en el Magnificat. Y es un desarrollo de la escena que él mismo nos mostraba hace tres domingos: Jesús en la sinagoga de Nazaret leyendo al profeta Isaías y asumiendo para sí mismo: El Espíritu del Señor me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.


viernes, 15 de febrero de 2019

Orar con el Salmo del Día
















Sal 31,1-2.5.6.7

R/. Dichoso el que está absuelto de su culpa

V/. Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito
y en cuyo espíritu no hay engaño.

V/. Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

V/. Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

V/. Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. Aurelio Fernandez Fernandez

Nació en Tudela Veguín (Parroquia de San Julián de Box) el 22 de noviembre de 1926

Cursó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Oviedo y fue ordenado sacerdote el 10 de Junio de 1951 por el entonces obispo de Oviedo, Monseñor Francisco Javier Lauzurica y Torralba.

Se licenció en Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca y se licenció en Teología Moral por la Universidad Gregoriana de Roma.

Realizó los cursos de doctorado en Filosofía en la Universidad de Munster  con su tesis sobre ``La Consecratio Mundi´´, ampliando posteriormente estudios en las Universidades de Colonia y de Friburgo. Se doctora en filosofía por la UPSA con la tesis ``La libertad en Nicolai Hartmann´´.

En el campo pastoral desempeñó diversas encomiendas:

Ecónomo de San Julián de Cazanes (1953- 1958)

Coadjutor de San Juan Bautista de Mieres (1958-1959)

Ecónomo de Nuestra Señora del Carmen de Mieres (1959)

Profesor y director espiritual en el Seminario de Oviedo (1960 - 1966)

Viceconsiliario diocesano de mujeres de la Acción Católica (1965 - 1966)

Capellán de la Comunidad de religiosas del Amor de Dios - Oviedo (1965 - 1966)

Amplía estudios en teología en Roma (1966-1968)

Así mismo en la diócesis de Oviedo ejerció como Consiliario Diocesano de la J.O.C., profesor de la Escuela de Facultativos de Minas de Oviedo, capellán del Hogar Comandante Caballero de Auxilio Social de Mieres, Director de la Escuela Social de la Diócesis, Capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Oviedo y miembro de la Comisión Diocesana de Liturgia.

Formó parte de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Hombre de una profunda vida espiritual, fue muy solicitado para retiros y pláticas, así como para la dirección espiritual de muchos fieles. Fue un sacerdote muy entregado al confesionario y muy preocupado en la oración por las vocaciones.

En el campo de la docencia fue profesor de filosofía en el Seminario Metropolitano de Oviedo, profesor de Teología Pastoral en la Universidad de Navarra, profesor de Teología Moral en la Facultad de Teología del Norte con sede en Burgos, profesor invitado en la Facultad de Teología de la Universidad de Maguncia (Alemania), impartiendo igualmente múltiples cursos de teología en universidades extranjeras.

Sus obras, libros y artículos, son un referente internacional en el campo de la moral católica.

Los últimos años de su vida los pasó en la Diócesis de Madrid donde ejercía actualmente como Adscrito en la Parroquia Nuestra Señora del Buen Suceso de la Calle Princesa, en la cual mañana sábado se celebrará el funeral por su eterno descanso a las once de la mañana. 

D. E. P.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación (Sal 31)

jueves, 14 de febrero de 2019

A tener en cuenta


Carta semanal del Sr. Arzobispo

Ser un don, 
no un simple regalo

El calendario nos va deslizando fechas y efemérides diversas que vienen a recordarnos las citas que la vida nos concita para no ser desmemoriados y, por ende, para no ser desagradecidos. Hay una fecha anual que coincide con la fiesta de la Virgen de Lourdes, cada 11 de febrero, y que tiene que ver con quienes frecuentan ese santuario mariano: son los enfermos, del cuerpo y del alma. En torno al sufrimiento que implica todo límite, toda carencia, toda menesterosidad, toda pobreza en nuestra vida, María tiene una palabra de consuelo, un ánimo de fortaleza, un regalo que nos permite ver las cosas un poco como las ven los ojos de Dios. Es experimentar en el cuerpo o en el corazón aquello de las bodas de Caná, cuando se quedaron sin vino aquellos novios y María intervino para interceder ante su Hijo con aquel «haced lo que Él os diga» (Jn 2, 5). Y las tinajas de agua aguada, se convirtieron en vino de alegría.

Ante esta nueva jornada mundial del enfermo que en esta semana celebramos, el papa Francisco ha escrito una hermosa misiva en torno a la gratuidad. De ella entresacamos estos pensamientos tan profundos y certeros: «“Gratis habéis recibido; dad gratis” (Mt 10, 8). Estas son las palabras pronunciadas por Jesús cuando envió a los apóstoles a difundir el Evangelio, para que su Reino se propagase a través de gestos de amor gratuito. La Iglesia, como Madre de todos sus hijos, sobre todo los enfermos, recuerda que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.

La vida es un don de Dios —y como advierte san Pablo—: “¿Tienes algo que no hayas recibido?” (1 Cor 4, 7). Precisamente porque es un don, la existencia no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida” (cf. Gén 3, 24). La acción de donar no se identifica con la de regalar, porque se define solo como un darse a sí mismo, no se puede reducir a una simple transferencia de una propiedad o de un objeto. Se diferencia de la acción de regalar precisamente porque contiene el don de sí y supone el deseo de establecer un vínculo. Cada hombre es pobre, necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así en cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo. También esta es una condición que caracteriza nuestro ser “criaturas”. No temamos reconocer esto, porque Dios mismo, en Jesús, se ha inclinado (cf. Flp 2,8) y se inclina sobre nosotros y sobre nuestra pobreza para ayudarnos y regalarnos aquellos bienes que por nosotros mismos nunca podríamos tener».

Lleva razón el papa Francisco al proponernos estas actitudes ante los hermanos enfermos, moviéndonos a ser don para ellos, con la entrega de nosotros mismos, y no como un regalo sobrado de una generosidad que tuviera simplemente nuestra medida. Más que dar… hemos de darnos. Llega un momento en el que con gravedad o como algo pasajero, todos experimentamos la carencia que implica cualquier enfermedad crónica o puntual. Felices quienes han aprendido a vivir la gratuidad de lo que damos aprendiendo los gestos del mismo Dios, dándonos por entero a quienes la vida nos envía.

+ Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.
Arzobispo de Oviedo

Santoral del día: Santos Cirilo y Metodio

(Mercaba. org) Hoy y siempre ha sido el tema del “ecumenismo” algo básico para la Iglesia, y ellos pueden ser considerados como modelos para tenerlos presentes en estos tiempos, que tanto se habla y se escribe sobre ello.

Nacieron en Salónica, hermosa y antigua ciudad de la Macedonia griega. Metodio se cree nació el año 815 y su hermano Cirilo unos doce años después, el año 827. Su padre era un grado muy elevado en la carrera militar y muy versado en Teología, Filosofía y Ciencias. Tuvieron siete hijos, Metodio era el mayor y Cirilo, el menor de ellos.

Metodio, siendo aun muy joven, fue nombrado gobernador de la provincia de Macedonia. Antes había estudiado jurisprudencia. También Cirilo se perfeccionó en toda clase de estudios de su tiempo. Los dos llamaban la atención por su gran erudición y no menos por su virtud, ya que todos eran muy respetados y presentados como modelos.

Metodio y Cirilo fueron enviados a diversas regiones con la misión de llevar la paz y la religión cristiana. Los dos ocuparon cátedras de filosofía y otras materias llamando poderosamente la atención por su gran sabiduría. Pronto el Papa y los Obispos les encomendaron delicadas misiones para extender la fe de Jesucristo por diversos países eslavos, hasta tal punto que se dice que a ellos se debe la conversión de Bulgaria al Cristianismo.

Cirilo abrazó la vida monástica y se entregó de lleno a aquel género de vida austera, renunciando así al honor del episcopado con que quería galardonarle el papa Adriano II. Metodio, en cuyos brazos descansó su hermano, quiso trasladar su cuerpo a Salónica… y él siguió trabajando después como Obispo y Misionero, con todas sus fuerzas. San Metodio, nombrado después Arzobispo de Moravia murió un martes Santo, el 6 de abril del año 885.

miércoles, 13 de febrero de 2019

9 de marzo: beatificación de los Seminaristas Mártires de Oviedo

(Iglesia de Asturias) 

El Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidirá la ceremonia de beatificación de los Seminaristas Mártires de Oviedo el próximo sábado, 9 de marzo, en la Catedral de Oviedo, a las 11 de la mañana.

Esta Congregación hizo pública, el pasado 7 de noviembre, la aprobación por parte del Papa Francisco, de los Decretos de Martirio de los Siervos de Dios Ángel Cuartas Cristóbal y ocho compañeros mártires, todos ellos estudiantes en el Seminario de Oviedo.

Fueron asesinados por odio a la fe en el periodo comprendido entre 1934 y 1937, teniendo el mayor 25 años y el más joven, 18.


¿Quiénes eran?

Ángel Cuartas Cristobal. Nació en 1910 en una familia humilde de Lastres. Entró en el Seminario en 1923. Era subdiácono y estaba en quinto de Teología, fue fusilado el 7 de octubre de 1934. Tenía 24 años.

Gonzalo Zurro Fanjul. Nació en 1912 en Avilés. Pronto marchó a Figaredo (Mieres), donde su padre entró a trabajar en la mina. Ingresó en el Seminario en 1925. Poseía de grandes dotes intelectuales y era amante de las misiones. Estudiaba segundo de Teología. Fue el primero en morir, el 7 de octubre de 1934. Tenía 21 años.

José María Fernández Martínez. Nació en 1915 en Muñón Cimero (Pola de Lena). Su abuelo y su padre fueron sacristanes. Entró en el Seminario en 1927. Estudiaba primero de Teología. Lo fusilaron el 7 de octubre de 1934. Tenía 19 años.

Sixto Alonso Hevia. Era el mayor de once hermanos, y vivía en Luanco. Sixto nació en 1916 e ingresó en el Seminario en 1929. Había concluido tercero de Filosofía cuando comenzó la guerra. Fue apresado, movilizado y enviado al frente en el Puerto de Ventaniella, entre Ponga y León. Allí, el 27 de mayo de 1937 fue degollado mientras clamaba a Dios. Tenía 21 años.

Manuel Olay Colunga. Nació en 1911 en Noreña. Entró en el Seminario en 1926. Fue apresado durante la guerra, estuvo en Gijón y posteriormente lo llevaron a fortificar en San Esteban de las Cruces. Era subdiácono e iba a cursar quinto de Teología. Le dispararon a distancia en Villafría (sobre San Lázaro) el 22 de septiembre de 1936. Tenía 25 años.

Luis Prado García. Nació en 1914 en San Martín de Laspra, hoy Piedras Blancas. Fue sacristán de la parroquia. Entró en el Seminario en 1930. Durante la guerra, se escondió con unos familiares en Avilés, pero fue descubierto y llevado a Gijón. El 4 de septiembre de 1936 le pegaron once tiros, mientras gritaba: ¡Viva Cristo! Tenía 21 años.

Juan José Castañón Fernández. Nació en 1916 en Moreda de Aller. Estudió en el Colegio de La Salle en Caborana. Fue el sacerdote don Custodio Álvarez quien animó su vocación. Ingresó en el Seminario en 1928. Cursaba tercero de Filosofía. Lo ejecutaron el 7 de octubre de 1934. Tenía 18 años. Era el más joven de todos.

Jesús Prieto López. Nació en 1912 en La Roda (Tapia de Casariego). Su familia campesina tuvo once hijos. Entró en el Seminario en 1925. El párroco le pagaba los estudios. En las vacaciones trabajaba en casa y daba catecismo a los niños. Era alumno de tercero de Teología. Lo ejecutaron el 7 de octubre de 1934. Tenía 22 años.

Mariano Suárez Fernández. nació en 1910 en El Entrego. Su padre era capataz de minas. Ingresó en el Seminario en 1924. Estaba en cuarto de Teología. Lo mataron el 7 de octubre de 1934. Tenía 23 años.