jueves, 30 de septiembre de 2021

Una iglesia más mariana, más lugonense, y también del Oviedo.

Por fin hemos terminado los últimos trabajos de mejora de nuestro templo. El interior de nuestra iglesia presentaba un estado de gran deterioro y requería una intervención importante. Los años tampoco pasan en balde para un templo que aunque no tiene ni un siglo de antigüedad juegan en su contra la pobreza de los materiales al haber sido levantado en la postguerra.

La humedad se había apoderado de las paredes ocasionando desconchones, grietas y desperfectos, así como el ladrillo visto de los arcos empezaba a desconcharse con gran facilidad. No hemos hecho nada del otro mundo, tan sólo -y nada menos- que revestir de "pladur" los arcos y pintar toda la iglesia; sin embargo ha sido una obra de gran envergadura que ojalá dure muchos años para disfrute de toda la comunidad parroquial. 

En realidad no sólo hemos rehabilitado el interior, sino que también hemos completado una fase pendiente de realizarse desde 1940. En el proyecto original del templo su arquitecto Rodríguez Bustelo éste había ideado el interior de nuestra iglesias con los arcos cargados y pintados en blanco. Por falta de recursos y al vivir España años de hambre y precariedad económica, hubo algunas partes de la obra de la iglesia que no se pudieron completar; una fue la carga del ladrillo visto, y otra la construcción de un retablo mayor para el presbiterio. El entonces párroco D. Leandro Vigil, no encontró financiación para terminar del todo la iglesia como él hubiera querido, pero nos dejó una iglesia entera y nueva que no era poco para un pueblo recién salido de la contienda civil. Seguro que hoy estará feliz viendo que hemos logrado terminar más de ocho décadas después una de las asignaturas que él por edad y falta de recursos se vio obligado a dejar pendiente. Igualmente hemos recuperado las dos puertas de acceso al presbiterio en su estado original, que otras intervenciones menos afortunadas habían modificado.

Lo que más ha gustado, además de las cargas de los arcos y los remates de las esquinas de las cúpulas han sido los colores, el blanco y el azul separados por la cenefa en tono oro, que dan la impresión cuando uno entra por la nave central del templo de estar no en un lugar cerrado, sino bajo el mismísimo cielo. La elección de los colores no ha podido ser mejor, están siendo muchísimas las personas que se han acercado a la Parroquia para contemplar el cambio, fotografiar su estado actual y para felicitar y agradecer al párroco esta magnífica obra, la cual ha cambiado casi por completo el interior del edificio. 

Se ha ganado en claridad, sensación de amplitud, resaltan más las imágenes de los santos... Los colores ayudan sin lugar a dudas a la oración, pues son suaves y nítidos. Es sin duda un homenaje a la Santísima Virgen María, tan querida en Lugones y cuyas principales fiestas la tienen por protagonista. Ese azul y blanco que nos hablan de la pureza de Nuestra Señora y del azul del cielo quieren ensalzar su concepción inmaculada. Son también los colores de Lugones, de su escudo, de su esencia...Y como alguno ha apostillado también no sin falta de sorna, ''que se note que en Lugones somos más del Sporting que del Oviedo''.

Ahora tocará arrimar el hombro para sufragar los costes de la obra, pero seguro que la Providencia del Señor que nunca nos ha fallado, saldrá a nuestro paso. El coste de toda la obra (materiales, albañilería, pintura, plataforma elevadora de alquiler durante el tiempo de la obra, mano de obra de albañilería y pintura) asciende a 29.982€. Las parroquias se mantienen colaborando entre todos, pues cuantos más ayudan menos cuesta sacar las cosas adelante. Se agradecerá cualquier ayuda, no sólo de unos pocos, sino mejor un poco todos los que buenamente puedan, pues también somos muy conscientes de que los tiempos no son fáciles para nadie.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Oración a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael



A SAN MIGUEL ARCÁNGEL PARA PEDIR LA PROTECCIÓN DEL CIELO

Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.

ORACIÓN A SAN GABRIEL

Dios Señor nuestro, imploramos tu clemencia para que habiendo conocido tu Encarnación por el anuncio del arcángel San Gabriel, con el auxilio suyo consigamos también sus beneficios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN A SAN RAFAEL

Arcángel San Rafael, que dijiste: «Bendecid a Dios todos los días y proclamad sus beneficios. Practicad el bien y no tropezaréis en el mal. Buena es la oración con ayuno, y hacer limosna mejor que atesorar oro», te suplico me acompañes en todos mis caminos y me alcances gracias para seguir tus consejos.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2021

«No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20)

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído. La relación de Jesús con sus discípulos, su humanidad que se nos revela en el misterio de la encarnación, en su Evangelio y en su Pascua nos hacen ver hasta qué punto Dios ama nuestra humanidad y hace suyos nuestros gozos y sufrimientos, nuestros deseos y nuestras angustias (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22). Todo en Cristo nos recuerda que el mundo en el que vivimos y su necesidad de redención no le es ajena y nos convoca también a sentirnos parte activa de esta misión: «Salgan al cruce de los caminos e inviten a todos los que encuentren» (Mt 22,9). Nadie es ajeno, nadie puede sentirse extraño o lejano a este amor de compasión.

La experiencia de los apóstoles

La historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad (cf. Jn 15,12-17). Los apóstoles son los primeros en dar cuenta de eso, hasta recuerdan el día y la hora en que fueron encontrados: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39). La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener. Como decía el profeta Jeremías, esta experiencia es el fuego ardiente de su presencia activa en nuestro corazón que nos impulsa a la misión, aunque a veces comporte sacrificios e incomprensiones (cf. 20,7-9). El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41).

Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes. Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: «Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor» (Carta enc. Fratelli tutti, 68). Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social (cf. ibíd., 67). La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero (cf. 1 Jn 4,19). Esa «predilección amorosa del Señor nos sorprende, y el asombro —por su propia naturaleza— no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo. […] Sólo así puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en “estado de misión” es un efecto del agradecimiento» (Mensaje a la Obras Misionales Pontificias, 21 mayo 2020).

Sin embargo, los tiempos no eran fáciles; los primeros cristianos comenzaron su vida de fe en un ambiente hostil y complicado. Historias de postergaciones y encierros se cruzaban con resistencias internas y externas que parecían contradecir y hasta negar lo que habían visto y oído; pero eso, lejos de ser una dificultad u obstáculo que los llevara a replegarse o ensimismarse, los impulsó a transformar todos los inconvenientes, contradicciones y dificultades en una oportunidad para la misión. Los límites e impedimentos se volvieron también un lugar privilegiado para ungir todo y a todos con el Espíritu del Señor. Nada ni nadie podía quedar ajeno a ese anuncio liberador.

Tenemos el testimonio vivo de todo esto en los Hechos de los Apóstoles, libro de cabecera de los discípulos misioneros. Es el libro que recoge cómo el perfume del Evangelio fue calando a su paso y suscitando la alegría que sólo el Espíritu nos puede regalar. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos enseña a vivir las pruebas abrazándonos a Cristo, para madurar la «convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos» y la certeza de que «quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo» (Exhort. ap. Evanmgelii gaudium, 279).

Así también nosotros: tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia. La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran. Los más frágiles y vulnerables experimentaron aún más su vulnerabilidad y fragilidad. Hemos experimentado el desánimo, el desencanto, el cansancio, y hasta la amargura conformista y desesperanzadora pudo apoderarse de nuestras miradas. Pero nosotros «no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesús como Cristo y Señor, pues no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús» (2 Co 4,5). Por eso sentimos resonar en nuestras comunidades y hogares la Palabra de vida que se hace eco en nuestros corazones y nos dice: «No está aquí: ¡ha resucitado!» (Lc 24,6); Palabra de esperanza que rompe todo determinismo y, para aquellos que se dejan tocar, regala la libertad y la audacia necesarias para ponerse de pie y buscar creativamente todas las maneras posibles de vivir la compasión, ese “sacramental” de la cercanía de Dios con nosotros que no abandona a nadie al borde del camino. En este tiempo de pandemia, ante la tentación de enmascarar y justificar la indiferencia y la apatía en nombre del sano distanciamiento social, urge la misión de la compasión capaz de hacer de la necesaria distancia un lugar de encuentro, de cuidado y de promoción. «Lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), la misericordia con la que hemos sido tratados, se transforma en el punto de referencia y de credibilidad que nos permite recuperar la pasión compartida por crear «una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes» (Carta enc. Fratelli tutti, 36). Es su Palabra la que cotidianamente nos redime y nos salva de las excusas que llevan a encerrarnos en el más vil de los escepticismos: “todo da igual, nada va a cambiar”. Y frente a la pregunta: “¿para qué me voy a privar de mis seguridades, comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”, la respuesta permanece siempre la misma: «Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 275) y nos quiere también vivos, fraternos y capaces de hospedar y compartir esta esperanza. En el contexto actual urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo.

Al igual que los apóstoles y los primeros cristianos, también nosotros decimos con todas nuestras fuerzas: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás. Como los apóstoles que han visto, oído y tocado la salvación de Jesús (cf. 1 Jn 1,1-4), así nosotros hoy podemos palpar la carne sufriente y gloriosa de Cristo en la historia de cada día y animarnos a compartir con todos un destino de esperanza, esa nota indiscutible que nace de sabernos acompañados por el Señor. Los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación.

Una invitación a cada uno de nosotros

El lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), es una invitación a cada uno de nosotros a “hacernos cargo” y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: «Ella existe para evangelizar» (S. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio. Por eso me gusta pensar que «aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 239).

En la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre, recordamos agradecidamente a todas esas personas que, con su testimonio de vida, nos ayudan a renovar nuestro compromiso bautismal de ser apóstoles generosos y alegres del Evangelio. Recordamos especialmente a quienes fueron capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares para que el Evangelio pueda alcanzar sin demoras y sin miedos esos rincones de pueblos y ciudades donde tantas vidas se encuentran sedientas de bendición.

Contemplar su testimonio misionero nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia «al dueño que envíe trabajadores para su cosecha» (Lc 10,2), porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos. Hoy, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión. Y es un llamado que Él nos hace a todos, aunque no de la misma manera. Recordemos que hay periferias que están cerca de nosotros, en el centro de una ciudad, o en la propia familia. También hay un aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico sino existencial. Siempre, pero especialmente en estos tiempos de pandemia es importante ampliar la capacidad cotidiana de ensanchar nuestros círculos, de llegar a aquellos que espontáneamente no los sentiríamos parte de “mi mundo de intereses”, aunque estén cerca nuestro (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 97). Vivir la misión es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana. Que su amor de compasión despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros.

Que María, la primera discípula misionera, haga crecer en todos los bautizados el deseo de ser sal y luz en nuestras tierras (cf. Mt 5,13-14).

lunes, 27 de septiembre de 2021

Santos Cosme y Damián, los Médicos Mártires

(catholic.net) Martirologio Romano: Santos Cosme y Damián, mártires, que, según la tradición, ejercieron la medicina en Ciro, de Augusta Eufratense (hoy Siria), no pidiendo nunca recompensa y sanando a muchos con sus servicios gratuitos (c. s. III).

Etimología: Cosme = ”adornado, bello,” de la lengua griega;

Etimología: Damián = “domador”, también del griego.

Breve Biografía

SANTOS COSME Y DAMIÁN (c. 300). 

San Gregorio de Tours, en su libro De gloria martyrium, escribe: "Los dos hermanos gemelos Cosme y Damián, médicos de profesión, después que se hicieron cristianos, espantaban las enfermedades por el solo mérito de sus virtudes y la intervención de sus oraciones... Coronados tras diversos martirios, se juntaron en el cielo y hacen a favor de sus compatriotas numerosos milagros. Porque, si algún enfermo acude lleno de fe a orar sobre su tumba, al momento obtiene curación.

Muchos refieren también que estos Santos se aparecen en sueños a los enfermos indicándoles lo que deben hacer, y luego que lo ejecutan, se encuentran curados. Sobre esto yo he oído referir muchas cosas que sería demasiado largo de contar, estimando que con lo dicho es suficiente".-

A pesar de las referencias del martirologio y el breviario, parece más seguro que ambos hermanos fueron martirizados y están enterrados en Cyro, ciudad de Siria no lejos de Alepo. Teodoreto, que fue obispo de Cyro en el siglo V, hace alusión a la suntuosa basílica que ambos Santos poseían allí.

Desde la primera mitad del siglo V existían dos iglesias en honor suyo en Constantinopla, habiéndoles sido dedicadas otras dos en tiempos de Justiniano. También este emperador les edificó otra en Panfilia.

En Capadocia, en Matalasca, San Sabas († 531) transformó en basílica de San Cosme y San Damián la casa de sus padres. En Jerusalén y en Mesopotamia tuvieron igualmente templos. En Edesa eran patronos de un hospital levantado en 457, y se decía que los dos Santos estaban enterrados en dos iglesias diferentes de esta ciudad monacal.-

En Egipto, el calendario de Oxyrhyrico del 535 anota que San Cosme posee templo propio. La devoción copta a ambos Santos siempre fue muy ferviente.

En San Jorge de Tesalónica aparecen en un mosaico con el calificativo de mártires y médicos. En Bizona, en Escitia, se halla también una iglesia que les levantara el diácono Estéfano.

Pero tal vez el más célebre de los santuarios orientales era el de Egea, en Cilicia, donde nació la leyenda llamada "árabe", relatada en dos pasiones, y es la que recogen nuestros actuales libros litúrgicos.

Estos Santos, que a lo largo del siglo V y VI habían conquistado el Oriente, penetraron también triunfalmente en Occidente. Ya hemos referido el testimonio de San Gregorio de Tours. Tenemos testimonios de su culto en Cagliari (Cerdeña), promovido por San Fulgencio, fugitivo de los bárbaros. En Ravena hay mosaicos suyos del siglo VI y VII. El oracional visigótico de Verona los incluye en el calendario de santos que festejaba la Iglesia de España.-

Mas donde gozaron de una popularidad excepcional fue en la propia Roma, llegando a tener dedicadas más de diez iglesias. El papa Símaco (498-514) les consagró un oratorio en el Esquilino, que posteriormente se convirtió en abadía. San Félix IV, hacía el año 527, transformó para uso eclesiástico dos célebres edificios antiguos, la basílica de Rómulo y el templum sacrum Urbis, con el archivo civil a ellos anejo, situados en la vía Sacra, en el Foro, dedicándoselo a los dos médicos anárgiros.-

Tan magnífico desarrollo alcanzó su culto, por influjo sobre todo de los bizantinos, que, además de esta fecha del 26 de septiembre, se les asignó por obra del papa Gregorio II la estación coincidente con el jueves de la tercera semana de Cuaresma, cuando ocurre la fecha exacta de la mitad de este tiempo de penitencia, lo que daba lugar a numerosa asistencia de fieles, que acudían a los celestiales médicos para implorar la salud de alma y cuerpo.-

Caso realmente insólito, el texto de la misa cuaresmal se refiere preferentemente a los dichos Santos, que son mencionados en la colecta, secreta y poscomunión, jugándose en los textos litúrgicos con la palabra salus en el introito y ofertorio y estando destinada la lectura evangélica a narrar la curación de la suegra de San Pedro y otras muchas curaciones milagrosas que obró el Señor en Cafarnaúm aquel mismo día, así como la liberación de muchos posesos. Esta escena de compasión era como un reflejo de la que se repetía en Roma, en el santuario de los anárgiros, con los prodigios que realizaban entre los enfermos que se encomendaban a ellos.-

Cabría preguntarse: ¿Por qué hoy estos Santos gloriosos no obran las maravillas de las antiguas edades? Tal vez la contestación podría formularse a través de otra pregunta: ¿Por qué hoy no nos encomendamos a ellos con la misma fe, con esa fe que arranca los milagros?.-

Pero lo que conviene es que no se apague la fe, que la mano del Señor "no se ha contraído". Y si San Cosme y San Damián continúan siendo patronos de médicos y farmacéuticos, bien podemos seguirles invocando con una oración como ésta, de la antigua liturgia hispana: "¡Oh Dios, nuestro médico y remediador eterno, que hiciste a Cosme y Damián inquebrantables en su fe, invencibles en su heroísmo, para llevar salud por sus heridas a las dolencias humanas haz que por ellos sea curada nuestra enfermedad, y que por ellos también la curación sea sin recaída".

ORACIÓN

Al recordar hoy el triunfo de tus mártires San Cosme y San Damián, tu Iglesia, Señor, te glorifica y te da gracias, porque, en tu admirable providencia, a ellos les has dado el premio merecido de la gloria eterna y a nosotros la ayuda de su valiosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.-

¡Felicidades a quienes lleven este nombre!

La batalla del cura de Caces por el patrimonio cultural

(La Voz del Trubia/ F. Romero) La parroquia de san Juan Bautista de la localidad ovetense de Caces está intentandp recaudar fondos para poder restaurar el retablo de los espejos, en estado semirruinoso a pesar de su valor histórico y artístico. Detrás de esta iniciativa está el nuevo cura de Ribera de Abajo, que agrupa las parroquias de Priorio, Caces, Puerto y Siones, y que está dispuesto a ofrecer batalla contra los elementos para conseguir conservar el rico patrimonio histórico artístico de sus templos. Alejandro González, de 45 años, llegó a esta jurisdicción del concejo de Oviedo el pasado mes de septiembre proveniente de Covadonga. Se ha arremangado y, junto a sus cerca de un centenar de feligreses, están trabajando para mejorar el patrimonio local. El principal escollo es que no cuentan con ningún tipo de financiación, así que la cuestión es echarle imaginación y mucho esfuerzo.

El objetivo ahora es recuperar el retablo «de los espejos» de la iglesia de San Juan Bautista, en pésimo estado de conservación a pesar de su valor. Sustituye al que tenía en el siglo XIX la iglesia y que se quemó. Éste fue traído de la Catedral, en donde estaba almacenado y que, a su vez lo habían trasladado desde el antiguo convento de San Francisco, cuyo solar ocupa hoy el parlamento regional, por lo que se calcula que data de 1755. Ya lo han visto expertos en restauración y, tras su primera investigación, apuestan por conservarlo ya que detrás de sus barnices y pátinas se esconde un gran tesoro, tanto en su policromía original como en el misterioso segundo plano, ahora invisible.

Y es que los expertos creen que los espejos fueron colocados muy posteriormente para tapar, posiblemente, pinturas originales que podrían corresponder a las escenas de la Pasión de Cristo. El coste de la restauración está en torno a los 24.000 €. Se ha abierto una cuenta para recaudar fondos: ES 13 2048 0000 2530 0076 8055 y ya se ha organizado un primer mercadillo solidario y, aunque el tiempo no contribuyó, al menos sirvió para recaudar unos primeros 700 €.

«Es un comienzo y además los restauradores nos han dicho que pueden empezar a trabajar aunque no podamos pagar aún, pero será una intervención larga y costosa» explica Alejandro González, respaldado en todo momento por Marcos Álvarez, otro dinamizador local de la zona. Además habrá rifas y el párroco está preparando un libro de recetas de cocina de los pueblos de Ribera de Abajo acompañadas de anécdotas y curiosidades locales que Alejandro ha ido recogiendo meticulosamente de los propios vecinos. Pretende con lo que se obtenga por la venta del libro recaudar otra parte para el retablo.

Lo que sí van a reparar este mismo año son las humedades del templo. Además se pintará y se limpiarán los arcos de medio punto dejando a la vista la piedra noble. No queda ahí la cosa. El objetivo de este cura con sus feligreses es recuperar también la capilla de San Miguel de Siones, que lleva 30 años sin uso y a la que hasta le habían robado la campana. Un plan valiente de un párroco bregado en África y que, además de limpiar los templos de su parroquia, dedica parte de su tiempo a aliviar y ayudar a los enfermos del HUCA.

Programa de actos 1.200 años de la Catedral

 

Santoral del día: San Vicente de Paúl

(COPE) Dios nunca deja de enviar gracias a través de los diversos carismas que ha dispuesto para que el hombre se santifique. La raíz de todo se encuentra en el amor. Esta es la clave del Santo de este día, San Vicente de Paúl. Es fácil muchas veces ensalzar a las personas que han alcanzado la Santidad, pero también es un aliciente ver que fueron pecadores como todos, pero valientes para pedir perdón y buscar el bien.

Vicente es natural de Aquitania. Nace en el año 1581 y reconocerá que renunciaba a su origen humilde. Sin embargo, con el paso de los tiempos, sentiría remordimiento por avergonzarse de su padre por su origen humilde. Enviado a estudiar a los franciscanos de Dax, se ordena sacerdote. Ya parecía haber obtenido sus aspiraciones. El obispo le ofrece una Parroquia, pero esto le queda muy pequeño.

Él quiere seguir estudiando Teología. Tiene una idea superior: ser obispo y luchar para conseguirlo a cualquier precio. Un día confiesa a un moribundo que había tenido fama de ser buena persona. Pero en el transcurso del Sacramento Vicente descubre que Dios le ayuda a que salga de su corazón la ternura para que atienda a los necesitados y anima a grupos de sacerdotes que hagan lo propio.

En otra ocasión, conoce a San Francisco de Sales, el Santo de la dulzura, que le ayudará a tener un carácter más sencillo. Si se iba a dedicar a vivir la caridad intensamente, debía vivir en una ternura que le acompañase siempre. De esta manera funda las Hijas de la Caridad, religiosas dedicadas a vivir el amor de Dios en el prójimo. Su descubrimiento de Dios en el necesitado es tal, que cuando reza ante el Santísimo y llama un pobre necesitado a su puerta, dice que deja a Dios presente en el Santísimo Sacramento del Altar para atender a Cristo escondido en ese pobre que llama. Muere en 1660 colmado de oración, humildad y servicio a Dios y al prójimo.

domingo, 26 de septiembre de 2021

"No se lo prohibáis". Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Nos disponemos a celebrar el día del Señor en este domingo XXVI del Tiempo Ordinario. Él nos convoca una vez más para encontrarnos con su Palabra, en su Cuerpo, y con nuestros hermanos... Abrámonos a la gracia de este nuevo ofrecimiento y dejémonos llenar de Dios para tratar de cambiar desde nuestro ser cristiano la realidad de este mundo tan lleno de males y tan  necesitado de amor y misericordia.

La lectura de Libro de los Números nos presenta una enseñanza que continuamente presenciamos y nos sigue pasando desapercibida, y es que el Espíritu del Señor no se puede secuestrar ni se reduce a “sabios y entendidos”. En este relato vemos la escena donde Moisés no es el protagonista, ni tampoco Eldad y Medad, sino el mismo Señor cuyo espíritu se hace presente en medio de su pueblo. Dios vive en los humildes y sencillos, entre el pueblo llano, por tanto dudemos de aquellos que nos quieren hacer creer que sólo ellos conocen los deseos del Señor o de los que pretenden suplantar al verdadero pueblo abrogándose su representación mientras ellos viven farisaicamente una aburguesada vida.

Por su parte, el apóstol Santiago en la segunda lectura tal parece que se presente casi como el primer sindicalista de la historia, pero sin sindicado ni sueldo de “liberado”: ¡ni mucho menos! Consciente de la dramática situación entre los pobres esclavizados y la opulencia de muchos ricos indolentes y acomodados, denuncia ante todo el mal uso de la riqueza y el abuso del hombre sobre el hombre. Hay que tener también mucho cuidado a la hora de interpretar y explicar este texto, pues a menudo ha sido empleado para hacer ideología política sobre él. El mismo no puede ser visto de forma reduccionista y desde dicotomías donde los pobres son siempre los buenos y los ricos por sistema los malos. Desde la Sagrada Escritura el tema interpela mucho más allá, y se concreta en el uso de la riqueza cualitativa y cuantitativamente que nunca puede ni ser abusiva sobre otros seres humanos ni criminalizar a unos contra otros. La enseñanza de la Palabra de Dios trasciende siempre teorías filosóficas o ideologías políticas; en todas partes hay pobres muy “ricos” y ricos muy “pobres”. La cuestión es si estamos abiertos a la generosidad de nuestras riquezas espirituales y materiales. Ahora que estamos al comienzo de curso podemos plantearlo de este modo: si se me da bien cantar, por qué no unirme al coro; si medito y proclamo adecuadamente la Palabra de Dios, podría echar una mano en las celebraciones; si tengo un espíritu solidario y me preocupan las realidades sociales, por qué no me acerco como voluntario a Cáritas; si Dios me ha bendecido con sobrados o suficientes bienes materiales y económicos, por qué no soy más generoso con las necesidades de mi Parroquia… Estas son las riquezas -y diferencias- entre los ricos y pobres a que se refiere el Apóstol. También en sus palabras está la denuncia de aquellos ricos “miserables” que acumulan y presumen de grandes cantidades de dinero y posesiones qué, finalmente, también son fuente de muchas desgracias y frustraciones para sí mismos, y un foco insalvable de insomnios y desgarros familiares. Igualmente en las parroquias los sacerdotes somos testigos de muchas viudas pobres como la del Evangelio, que dan todo lo que tienen, mientras que los ricos muy ricos no son capaces de meter la mano en el bolso, o lo hacen para que los vean, quedando finalmente retratada en sus “calderillas” su miseria…

En el evangelio, en línea con lo ocurrido en el pasaje del libro de los Números, nos encontramos también con una clara crítica del Señor hacia el puritanismo. En este caso son los discípulos los que encontrando a un hombre que estaba llevando a cabo un exorcismo y quieren prohibírselo porque “no es de los nuestros”… El Señor les pide que le dejen, dado que quien hace el bien a los demás en su nombre está con Él y no en su contra. Podríamos caer igualmente nosotros en la consideración excluyente de aquellos que buscan el bien, y aún no conscientes del todo, buscar al Dios de Jesucristo de maneras diferentes. Es esta casi la primera prefiguración ecuménica de nuestra fe. Por otra parte en el mismo evangelio el Señor nos aprieta a cada cual allá donde está nuestra miseria y pecado, los cuales bien sabemos dónde están y Él bien conoce… Más nos vale entrar mancos, cojos o ciegos en el Reino de Dios, que ser echados al infierno “donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”…

Evangelio Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48):

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: 

«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.»

Jesús replicó:

 «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

Palabra del Señor


sábado, 25 de septiembre de 2021

Hoja litúrgica Domingo XXVI del T. O.

 

“La gente viene buscando una vida digna”

(Iglesia de Asturias) “Hacia un nosotros cada vez más grande” es el lema de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, que se celebra este domingo, 26 de octubre. En nuestra diócesis, este año se ha organizado con un nuevo equipo en el Secretariado de Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana, que hace unos meses recogía el testigo de la gran labor que, desde el año 2012, venía realizando la hermana Alicia Fernández, religiosa de María Inmaculada.

María Luisa García, Misionera Claretiana, es la nueva responsable de un equipo formado por tres sacerdotes de Oviedo, Gijón y Avilés, y cinco laicos. Una nueva encomienda de la que la hermana María Luisa afirma estar “muy contenta”, y para la que siente que “el Señor ha estado preparando mi vida para este tiempo de gracia en el servicio a las personas en movilidad, migrantes y emigrantes, que también hay mucha gente que se va de Asturias”.

La hermana María Luisa García es la cuarta persona que ostenta esta responsabilidad en el ámbito de las migraciones en la diócesis desde que, en el año 1958, el sacerdote Isidoro Rodríguez tomara las riendas. “Con la pandemia no nos hemos podido reunir mucho –reconoce la religiosa–, a finales del año 2020 pudimos elaborar una programación que supone el vislumbre de un plan trienal, y la presentamos al Consejo Episcopal y al Colegio Arciprestal el pasado mes de diciembre, con un resultado muy positivo. También hemos hecho formación con la Conferencia Episcopal, y poco a poco, vamos dando pasos”.

Una de las actividades que sí se han llevado a cabo por el momento es una encuesta a las parroquias asturianas, acerca de la situación y el papel que tienen en ellas las personas migrantes. De las respuestas recogidas, se observa que, mientras son numerosas las personas que acuden al culto y que envían a sus hijos a la catequesis, son pocos, en cambio, los que están activamente asumiendo algún tipo de responsabilidad. Una realidad que, para José del Riego, laico y miembro del equipo del Secretariado, denota que aún queda trabajo de “integración” y “facilitar que se sientan a gusto entre nosotros, porque los migrantes están aquí, es una realidad y forman parte de nuestro futuro”.
“Hacia un nosotros cada vez más grande” es el lema para la Jornada de este año, que para José del Riego le suscita el recuerdo de que “la acogida al emigrante o refugiado no es algo opcional para nuestra fe”. De hecho, “si vamos a Mateo, 25 –dice–, fui extranjero y me acogisteis, vemos que Jesús se identifica con el emigrante. Y si leemos a San Pablo, por ejemplo, podemos ver que dice En nuestras comunidades ya no hay judío ni griego, ni hombre ni mujer; sino que es la fe la que nos une, no la raza, el origen o la cultura”.

“En nuestra cultura asturiana precisamente –añade– el hecho migratorio forma parte de nuestras raíces: no hay asturiano que no tenga entre sus antepasados o familiares alguien que no haya emigrado o venido de fuera. Incluso nuestro himno, Asturias patria querida, es un canto de la emigración. No se concibe, por tanto, que en Asturias pueda no haber un sentimiento especial de acogida al migrante”.

Una de las parroquias que están trabajando de manera especial con las personas llegadas de otros países es la de Nuestra Señora de Fátima, en el barrio de La Calzada, de Gijón. Su párroco, Eduardo Zulaiba, forma parte del equipo del Secretariado de Migraciones, y señala que aunque es muy complicado tener una estadística actualizada de los migrantes que acuden a la parroquia, la última mostraba que tenían un 37% de venezolanos; 21% de colombianos; 6% de cubanos; 7% de brasileños; 5% de dominicanos; 4% de senegaleses; 4% de ecuatorianos, 3% de Mali, 2% de ucranianos, 0,6% rumanos, eso sí, con unas cifras en constante movimiento, en función de las oportunidades laborales que les vayan surgiendo.

“Tenemos un contacto más directo con los migrantes a través de Cáritas parroquial, y poco a poco nos fuimos dando cuenta de que no se conocían entre ellos, por lo que pensamos que podría ser una buena idea realizar unos encuentros, que llevamos a cabo los primeros sábados de mes –explica el párroco de Nuestra Señora de Fátima–. Como son latinos en su mayoría, se han denominado “Latinos amigos de Fátima”, aunque por supuesto está abierto a gente de cualquier nacionalidad”. “También –añade– les hemos pedido que aquellos que puedan, aporten su experiencia y conocimientos, porque vemos que tenemos personas con una grandísima formación: abogados, profesores, médicos, etc. y pueden ponerla al servicio de los demás. Y además hemos abierto un despacho los jueves, atendido por una asistente social y una voluntaria, también migrantes, para escucharles con más calma y abrirles más caminos. Todo esto ha logrado que tengan hoy una gran familiaridad, que esperemos que vaya creciendo a medida que la pandemia vaya desapareciendo”. En general, los problemas que se observan entre la población llegada de otros países a nuestra tierra radica principalmente en la dificultad para acceder a un trabajo, hasta que no consiguen el permiso de residencia. Esto también les impide conseguir una vivienda, y terminan abocados a trabajos ilegales y situaciones muy duras. “La gente no quiere vivir de la caridad –señala el sacerdote Eduardo Zulaiba–. Vienen buscando una vida digna”.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Inicio de la Catequesis

Carta semanal del Sr. Arzobispo

Estuve en la cárcel con ventanas

Hay un texto sorprendente de los que provocan una reflexión en tu corazón. Jesús habla de que “estuvo en la cárcel”, sí. En aquellos años eran cárceles bien distintas, tenían un régimen diferente. Pero la pérdida de la libertad era el común denominador en las mazmorras al uso. Los delitos podían ser parecidos: asesinatos, robos, violaciones. Y entonces, Jesús se identificó extrañamente con ellos: “Venid vosotros, benditos de mi Padre... porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 34-36). 

Es el gesto solidario de Cristo con los que en la historia serán hambrientos de tantos panes, sedientos de tantas aguas, prófugos en tantas intemperies, desnudos de tantos desabrigos, enfermos de tantas dolencias y presos de tantas cárceles. Poner nombre a esto es dibujar el mapa de la tristeza y penuria de la humanidad que con su hambre, su sed, su extranjería, enfermedad o encarcelamiento, representan el lado más oscuro de la sociedad. El día de nuestra Señora de la Merced es la fecha en la que hacemos esa memoria de uno de los grupos con los que Jesús se quiso solidarizar en ese impresionante texto del Evangelio de San Mateo. Esta advocación mariana es la que corresponde al patronazgo de lo que la Iglesia realiza dentro de las cárceles. En la edad media, merced era sinónimo de misericordia, que era ejercitada con los más pobres, necesitados y marginados de la sociedad que entonces eran los cautivos cristianos. María es la madre de la misericordia al pie de la cruz de cada uno de sus hijos. 

Es verdad que, normalmente, quienes están en un presidio no es por motivos de virtud sino por haber hecho algún mal a otras personas, a la sociedad, y también a ellos mismos y su gente más allegada. El elenco de los delitos es grande. Pero incluso en este relato de delincuencia, una persona puede aprender de sus propios errores, arrepentirse sinceramente de lo que hizo, y desear de corazón poder volver a empezar su vida, debidamente redimida y dispuesta a comenzar la andadura de la verdad, la bondad y la justicia. 

El papa Francisco proponía una imagen esperanzadora cuando hace poco hablaba a un grupo internacional que trabaja con la pastoral penitenciaria: “No se puede hablar de un ajuste de deuda con la sociedad en una cárcel sin ventanas. No hay una pena humana sin horizonte. Nadie puede cambiar de vida si no ve un horizonte. Y tantas veces estamos acostumbrados a tabicar las miras de nuestros reclusos. Llevaos esta imagen de las ventanas y el horizonte, y procurad que en vuestros países siempre las prisiones, las cárceles tengan ventana y horizonte, incluso una pena perpetua, que para mi es discutible, incluso una pena perpetua tendría que tener un horizonte”. 

Esta es la labor que la Iglesia hace dentro de las cárceles. Respetando la pena que el recluso debe vivir como pago y rehabilitación de su delito, acompañar con total confianza ese proceso que no mira su destrucción sino la posibilidad de restablecer, o tal vez en algunos casos estrenar, una vida distinta en el respeto a Dios, a los hermanos y a ellos mismos. No entramos en los condicionantes, los atenuantes o los agravantes de su encarcelamiento, sino que nuestra visita a los encarcelados (“estuve en la cárcel y vinisteis a visitarme”), tiene esa motivación netamente cristiana y evangelizadora: que de allí puedan salir mejor que como entraron, y que ese forzado confinamiento, pueda suponer un encuentro con Cristo que es el que realmente puede hacer nuevas todas las cosas.

 Gracias a todos los que trabajan en la pastoral penitenciaria en nuestra Diócesis.

 + Jesús Sanz Montes, 
Arzobispo de Oviedo

jueves, 23 de septiembre de 2021

Hermana Bibiana, la andariega de Lugones. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Nos ha tocado despedir a una persona que ha prestado un importante servicio a esta Comunidad Parroquial de San Félix de Lugones, la Hermana Bibiana Flórez Tamargo, que desde un ya lejano octubre de 1991 ha dado lo mejor de sí misma en la labor del anuncio del Reino de Dios entre nosotros. Son muchos años, demasiados para un adiós “a la francesa”, por eso no hemos querido hacer nada especial, por un lado porque a ella no le gustan agasajos rimbombantes, y por otro, porque ya  le hicimos un merecido homenaje en noviembre de 2019. Además, no se va a la India; la tendremos aún bien cerca en la Comunidad del Santo Ángel del Otero en Oviedo para poder seguir visitándola y esperando también su visita cuando quiera, pues bien sabe ella que esta seguirá siendo su casa.

Los cambios nunca son fáciles; cuestan, tienen su parte de desgarro, pero vividos en clave de Dios dan también fruto abundante. Religiosas y sacerdotes experimentamos al ser trasladados lo mismo que las plantas al ser cambiadas de macetas, hay raíces que se revelan, otras que hay que cortar, algunas que se secan y muchas otras germinan de nuevo. Querida Bibiana, te deseamos que vayas en paz consciente de que llevas las manos llenas, de que has cumplido con creces tu misión ahora el Señor te invita a cambiar de casa, de ritmo descansar merecidamente siguiendo con Él. Te vas junto a tu hermana de sangre y Congregación que ilusionada espera tu incorporación a esa Comunidad, un lugar que no te es desconocido por tus mucho años de docencia en el barrio en una familia mucho más numerosa. 

Cómo Párroco y en nombre de toda la Parroquia te doy las gracias por estos veintinueve años de servicio constante, de los cuales has trabajado cuatro con D. Cecilio (q.e.p.d), doce con D. Fernando, y trece conmigo. Aquí has hecho de todo, desde clases particulares a las catequesis, apoyo en la liturgia y el apostolado de vida ascendente, Cáritas o la Pastoral de la Salud, has sido miembro del Consejo Pastoral y Económico, y tantísimas otras realidades de la Parroquia que nunca te han sido ajenas. En estas más de tres décadas, has visto cómo se ha transformado nuestro pueblo, cómo los pisos ganaban a las pequeñas casas unifamiliares, cómo el cemento ganaba a los prados y cómo las costumbres y formas se iban por otros derroteros. Sólo Dios sabe cuántas viviendas, residencias de ancianos y velatorios y kilómetros has visitado y gastado en nuestro suelo llevando esperanza, consuelo y, lo más importante, "al Señor’’, al que no se le escapan las cuentas...

Has hecho camino, querida Hermana; has sido "ángel visible" en esta Parroquia en la que tu nombre y entrega ha quedado grabado para siempre en el corazón de tantas personas a las que -como María a su prima- visitaste para llevarles el gozo del Señor que se hace presente en nuestro hoy. Gracias Bibiana, sigue viniendo por esta que es y siempre seguirá siendo tu Parroquia, y nunca te olvides de nosotros en la oración, que nosotros no nos olvidaremos de ti. Dios te bendiga...

Joaquín, párroco

Santoral del día: San Pío de Pietrelcina

(COPE) El Padre Pío nació en Pietrelcina (Italia) en 1887. Siendo niño, ya experimenta fenómenos místicos, como apariciones de Jesús y la Virgen. Siendo joven y deseando entregarse del todo al Señor, solicita su ingreso en la Orden de los capuchinos, donde también es ordenado sacerdote. Poco tiempo después, marcha al convento de la Orden en la localidad de San Giovanni Rotondo, lugar donde ejercería su apostolado hasta la muerte.

Si por algo se caracterizó su vida fue por los dones extraordinarios que le dio el Señor. Además de la experiencia de encuentro con Cristo y su Madre, Pío recibió el don de conocer almas. Mucha gente lo notó y peregrinó al Convento en busca del venerable religioso.

Otro don que recibió era la bilocación, pudiendo estar en dos sitios a la vez. Pero la cosa no queda ahí. Un día, al terminar la Santa Misa, le aparecen las llagas de la Pasión del Señor, que permanecerían en sus manos, pies y costado hasta poco antes de su muerte, en septiembre de 1968. El Padre Pío se cubría las llagas, ya que su deseo de una vida de sencillez le llevaba a intentar no destacar.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san Pío, presbítero,
la gracia singular de participar en la cruz de tu Hijo,
y por su ministerio renovaste las maravillas de tu misericordia,
concédenos, por su intercesión,
que, asociados siempre a los sufrimientos de Cristo,
lleguemos felizmente a la gloria de la resurrección.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

El Consejo de Patrimonio aprueba iniciar los ensayos para encalar Santullano

El organismo da luz verde a una obra de 190.000 euros para subsanar humedades en Santa María del Naranco

(lne) El Pleno del Consejo de Patrimonio Cultural de Asturias ha dado luz verde una serie de actuaciones en los edificios prerrománicos de Oviedo. Entre ellas, el inicio de los ensayos para comprobar posibles efectos adversos de un encalado en los frescos interiores, así como para decidir qué tipo de enlucido sería más adecuado para preservar las pinturas de Santullano. En atención a lo que suele ser habitual en estos procedimientos, probablemente se decida aplicar una cobertura a un pequeño lienzo de muro, a modo de prueba y para monitorizar su efecto sobre la piedra.

El organismo también ha aprobado una obra de cierto calado en Santa María del Naranco: se trata de una inversión de 190.582 euros encaminada a corregir las filtraciones del exterior hacia el interior del monumento, que se generan, sobre todo, a través de la fachada norte por las juntas de los encuentros de la misma con los tramos este y oeste de la escalera, así como desde el vestíbulo exterior, a pesar de estar cubierto, que da acceso en la planta alta a la Sala de los Miradores. El proyecto de conservación y mantenimiento es obra del arquitecto Román Villasana, y ya había sido aprobado en 2018, pero retornó al Pleno tras incorporar unas modificación a petición del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE).

El Pleno también dio luz verde a la limpieza de la fuente de Foncalada, un proyecto elaborado por la restauradora Marta Luis Corrada, a instancias de la consejería, que plantea una intervención de conservación y restauración en la fuente prerrománica ovetense con un presupuesto de 35.481 euros. Las obras permitirá corregir los procesos de alteración, realizar labores de limpieza, eliminar algas, musgos, plantas y la costra calcárea, y un retratamiento de intervenciones anteriores. Se consolidarán y sellarán las estructuras pétreas que lo precisen y se aplicará un tratamiento de hidrofugación fundamentado en los análisis petrológicos y pruebas que se han llevado a cabo. El Consejo de Patrimonio aprobó también intervenciones en la iglesia de Santa María de Bendones, a la que se han destinado 112.392 euros para renovar la cubierta.

Otro templo prerrománico que será objeto de una intervención es San Salvador de Valdediós, aunque en este caso no se trata de una intervención directao: el Pleno ha aprobado un proyecto del Arzobispado para habilitar un lugar de acogida para visitantes del Conventín y del Monasterio de Santa María de Valdediós, en una estancia situada al norte del cenobio, flanqueando la plaza del acceso al mismo y ocupando una esquina del entorno libre de la iglesia de San Salvador.

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano D. Ángel Pío Sánchez Iglesias 

Nació en la aldea de Rapalcuarto, parroquia de Serantes (Tapia de Casariego) el 3 de febrero de 1928

Siempre quiso ser sacerdote; al contar 8 años cuando estalló la guerra civil y cerrarse el Seminario de Oviedo, sus primeros estudios eclesiásticos los hizo con el Párroco de su pueblo. 

Inició las humanidades en Tapia y luego pasó a Valdediós. Concluyó la Teología en Oviedo pasando después a estudiar Derecho Canónico en Comillas. 

Fue ordenado sacerdote a los 22 años con dispensa de Roma el 6 de agosto de 1950 en Barrios de Luna con sus compañeros Luis Garcia Pola y José Morán, sobrino de Monseñor Alonso Muñoyerro (Vicario General Castrense - Arzobispo de “Sion”) que les ordenó.  

Sus encomiendas fueron:

Ecónomo de San Salvador de Alesga así como encargado de San Justo de Páramo
 y Santa María de Focella - Teverga (1950 - 1951)

Regente de San Andrés de Serantes - Tapia de Casariego (1951-1961)

Juez Prosinodal (1970-1976)

Miembro del Consejo Presbiteral, por elección (1971-1974)

Juez Prosinodal (1976-1986)

Juez Diocesano (1986-1993)

Párroco de San Julián de Somió - Gijón  (1961 - 2012)

En los cincuenta y un años que ejerció de párroco en Somió colaboró pastoralmente con numerosas realidades que encontró en esa feligresía, tal como el ministerio de la reconciliación  y dirección espiritual de las comunidades de Madres Carmelitas de la Providencia, las Agustinas Recoletas, las Hermanitas de los Ancianos desamparados o las Madres de Desamparados y San José de la Montaña de la Guía. 

En el año 2012 pasó a la situación de jubilado fijando su domicilio en su pueblo natal. En estos últimos nueve años ha colaborado en la Unidad Pastoral de Tapia de Casariego de forma concreta encargándose de la atención de su parroquia natal de San Andrés de Serantes, de la cual también fue cura. Diariamente celebraba la santa misa a las once de la mañana y administraba los sacramentos que le requerían con autorización del párroco. 

Aunque llevaba años luchando contra la enfermedad  y empezaba a tener problemas de movilidad en las piernas, nada hacía presagiar su final; aún ayer celebró la santa misa y estaba previsto que oficiara hoy a las once. El Señor llamó a su presencia mientras dormía a este sacerdote bueno y fiel, que tanto bien hizo allá por donde pasó. Tenía 93 años de edad y 71 de ministerio sacerdotal. 

Los restos mortales descansan en la sala mortuoria de Barres. La misa por su eterno descanso tendrá lugar mañana jueves, a las 17.30 horas, en la parroquia de San Andrés de Serantes. Su en funeral que estará presidido por el Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. A continuación recibirá cristiana sepultura en el cementerio parroquial.

D. E. P. 

''Siervo fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor''. (Mt 25,21)

martes, 21 de septiembre de 2021

⚠️ AVISO IMPORTANTE ⚠️

Homilía en la festividad de San Mateo 2021

Querido Cabildo de nuestra Catedral, sacerdotes concelebrantes y diáconos. Sr. Alcalde y corporación municipal de nuestro ayuntamiento. Miembros de la vida consagrada y fieles cristianos laicos. A todos vaya mi saludo y deseando en este día festivo, que el apóstol San Mateo acompañe nuestras andanzas sosteniendo nuestra fe, encendiendo nuestra caridad y alentando nuestra esperanza.

Parece que hemos hecho hueco a cierta holganza en medio de los agobios y restricciones que nos ha impuesto la malhadada pandemia. Van dando fruto las medidas para ir superando las dificultades que nos han empujado a hacer extrañas tantas cosas en nuestra vida diaria y en nuestras relaciones humanas. Dios sea bendito, porque poco a poco este diluvio pasa, el ramo de olivo nos lo muestra la paloma de la paz, y ya apunta la luz serena que vuelve a amanecer en el horizonte de la confianza.

Apenas hemos comenzado el curso, y vamos calentando motores. Pero siempre estaremos necesitados de la fiesta como tregua en donde ponemos entre paréntesis las fatigas cotidianas que tantas veces llenan de cansancio y sopor el escepticismo al que nos empuja con demasía el paso de los días. No es la fiesta una evasión momentánea que pronto caduca, sabiendo que todo tornará a su sino con el malestar añadido al volver a lo mismo con pereza desgastada. La fiesta es más bien una amable necesidad que hemos de saber orientar para gozarla como es debido, pudiendo estrenar las razones de nuestra alegría y entrega cada mañana.

Hay una antigua canción medieval de la bella región italiana de la Umbría, que conserva todavía hoy un hermoso ritual con el que los cristianos de entonces terminaban el día y se preparaban para un día de fiesta. Las gentes regresaban a sus hogares tras una jornada dura de trabajo en el campo. Quedaban atrás los sudores de aquel día, las pausas y los destajos. Venían tarareando sones populares que les recordaban el hogar, el reencuentro con la esposa y los hijos, con los que compartirían la cena y las viejas historias en torno a un fuego apacible. Era un momento de intimidad familiar lleno de magia y de ternura. Afuera, las enormes puertas que rompían la muralla que rodeaba la ciudad, atardeciendo se cerraban. Entonces se entonaba la canción del día ya declinado. Sucedía en Asís, la patria de San Francisco. Trompetas y cantares esparcían al viento su mensaje: que las puertas de nuestra ciudad se cierren para que no puedan asaltarnos los temores de la noche ni los enemigos que maquinan en la oscuridad sus tramas. Y que nuestros santos velen por nosotros, que mezan el cansancio de la fatiga de este día, nos permitan descansar con aquellos que amamos y esperar gozosos que amanezca el día festivo que juntos esperamos. Que los santos nos bendigan de parte del buen Dios. Paz.

He escuchado muchas veces este canto titulado “Le scolte d’Assisi” en la tierra de San Francisco. Me emocionaba la belleza del gesto, la piedad de su hondura cristiana, mientras se remarcaban valores que nos constituyen como ciudadanos, como personas que encuentran en la fe una ayuda para vivir mejor su humanidad. Era hermoso este ritual de una ciudad cristiana. Sobre todo, porque ponía en juego lo que en cada momento está en danza: el trabajo honrado, la familia como hogar entrañable, la paz ensoñada para todos, los enemigos vigilados en su insidia y violencia, y la compañía de los santos como guardianes de la belleza y de la serenidad bondadosa que como gracia cotidiana se volvía a pedir al Señor.

Cada uno de nosotros volvemos cada tarde a nuestro hogar, señalando la familia como ese espacio en donde somos abrazados sin ninguna trastienda: lugar donde se reconoce lo más noble con gratitud, y donde se corrige lo más torpe con paciencia. Uno desea y vuelve a desear que ningún asaltante destruya la familia, en nombre de nada ni de nadie. Y que la vida sea protegida en todos sus tramos y no malvendida o traficada según el interés de leyes y medidas deudoras del poder tantas veces mantenido desde la conjuración tramposa y la mentira trucada.

Así, en nuestra ciudad de Oviedo celebramos la fiesta de nuestro patrón como un momento de alargado respiro que nos permite dilatar la mirada, ensanchar el corazón y brindar con alegría por lo que vale la pena reestrenar agradecidos cada mañana. San Mateo es fiesta en Oviedo, y supone la fecha final de un recorrido jubiloso en torno a la Perdonanza. Todos tenemos heridas que hemos de acertar a vendar con el mejor de los bálsamos, y preguntas que debemos saber amar con respeto para reconocer la respuesta cuando nos sea dada. Bienvenida la fiesta que redime y recoloca la andadura cotidiana en donde nos lo jugamos todo a diario. San Mateo nos ayuda en el reconocimiento de Jesúsque también a nosotros nos enseña a mirar las cosas y abrazarlas con su misma entraña.

Recordamos a este apóstol, pero no estamos asomándonos a una historia lejana y ajena a nosotros. Los latires del corazón no palpitan tan diversamente como latían hace dos mil años, y compartimos igualmente con aquel recaudador de impuestos sorprendido por Jesús, los ensueños de lo mejor y más noble, así como las torpezas de lo peor y más mezquino. En esa trama de hoy, Jesús entrará en nuestros ámbitos para señalarnos con dulzura, sin reproches acorraladores, y fijará su mirada bondadosa para invitarnos a la aventura de andar los caminos que Él hizo pensando en nuestra felicidad.

Mateo se encontró con Jesús, se dejó encontrar por Él. No tuvo que hacer nada especial, ni limar previamente las aristas oscuras que contradecían en él la luz diáfana de Dios, sino que consintió que esa luz entrase e iluminase. El poeta y cantor Leonard Cohen escribió un precioso tema en 1982, Anthem, donde decía precisamente esto: “hay una grieta -una grieta- en todas las cosas. Así es como entra la luz”. Esto es lo que hizo siempre Jesús: no pelearse contra la oscura tiniebla sino encender su luz bendita disipando así la oscuridad que oculta y secuestra lo que de bueno, verdadero y bello se da en la vida. Todo cambió en la vida de Mateo, incluso lo que siguió en el mismo sitio y con las mismas gentes, pero que a partir del encuentro con Jesús fue mirado y abrazado de un modo tan distinto. Y entonces él comenzó a recaudar otras cosas distintas a las que recaudaba para el Imperio: recaudar el bien, la paz, la belleza, la gracia de Dios que nos sostiene y nuestra buena disposición que nos despierta y desempereza. Es la pregunta que hoy nos provoca San Mateo: qué recaudamos cada cual en ese mostrador que es la misma vida, cuando los esposos, los padres, los hijos, los sacerdotes y consagrados, cada cual con su oficio y destino recogemos y compartimos lo que verdaderamente vale la pena.

Hemos hecho coincidir este año en el Jubileo de la Perdonanza, una fecha redonda que tiene que ver con este templo catedralicio con motivo de sus doce siglos de la iglesita precedente a nuestra preciosa catedral gótica. Bien podemos decir que estamos de cumplesiglos en nuestra Catedral ovetense. Son ya 1200 años desde que se dedicó el primer altar en aquel pequeño templo precedente. Toda una historia en la que se han venido sucediendo tantos momentos en torno a ese pueblo que reconoce en la iglesia madre de la Diócesis de Oviedo, la casa de Dios entre nosotros. Aquí están durante tantos siglos las plegarias, las lágrimas y las sonrisas, aquello por lo que dar gracias en la bonanza y aquello por lo que pedir gracia en las estrecheces. Es el relato mudo de nuestras naves, nuestras columnas, del ábside y la girola, en el claustro contiguo y en la Cámara Santa. Lo que se ha celebrado en los altares, lo que se ha perdonado en los confesionarios, lo que se ha celebrado de tantos modos en doce siglos aquí queda guardado como un tesoro inmarcesible. No sólo el incienso de nuestra alabanza, sino también el humo de los incendios, el arte de nuestro patrimonio y los impactos de bala de las varias violencias que así dejaron su firma de intolerancia, las reliquias y de modo especial el Santo Sudario. Todo un álbum de una historia cristiana que se hace ahora efeméride por la que agradecer tantas cosas.

De esta catedral cumpleañera parte el Camino Primitivo hasta Compostela. De Mateo a Santiago, con la misma pasión que ellos dos tuvieron en poner en cada cosa su sello cristiano. Oviedo y Compostela tienen ese nexo que los une en el camino que recorremos hacia la misma meta que Mateo y Santiago anduvieron, que no fue otra que Jesús, el Salvador que viene a secar las lágrimas de nuestros llantos y a brindar con sidrina por nuestras alegrías.

Feliz día de fiesta cristiana. San Mateo os bendiga junto a María nuestra Santina.


+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
SICBM San Salvador
21 septiembre de 2021

lunes, 20 de septiembre de 2021

Necrológica

Falleció el M.I. Sr. D. José Luis Ballines Covián

Nació en Selorio (Villaviciosa) el 24 de abril de 1934 en el seno de una familia muy religiosa. Su tío, D. Alfonso Covián Moriyón, fue Párroco de Ribadesella, a cuya sombra se forjó su vocación y con el que se estrenó como coadjutor en su primer destino pastoral. 

Ingresó en el Seminario de Valdediós donde inició los estudios de latín, continuando con los de filosofía en Oviedo. Obtiene la licenciatura en Teología en la facultad de Comillas, donde concluye los estudios previos a las órdenes.

Fue ordenado sacerdote el 11 de febrero de 1958 por el entonces Arzobispo de Oviedo, Monseñor Francisco Javier Lauzurica y Torralba

Entre sus destinos están:

Ampliación de estudios de Teología en Roma (1958 - 1960)

Coadjutor de Santa María Magdalena de Ribadesella (1960 - 1961)

Ecónomo de San Juan de Santianes del Agua - Ribadesella (1960-1961)

Profesor del Seminario Menor de Covadonga (1961-1963)

Coadjutor de Santa Eulalia de la Felguera (1963-1964)

Ecónomo de San Lorenzo de la Felguera (1963-1965)

Coadjutor de San Francisco de Asís de Oviedo (1965- 1966)

Capellán del Colegio Mayor San Gregorio de Oviedo (1966-1979)

Beneficiado de la S.I.C.B.M. de San Salvador (1966 - 1985)

Canónigo de la S.I. Catedral B.M. de Oviedo (1985-2021)

Profesor Ordinario de Teología Fundamental en el Centro Superior de Estudios Teológicos del Seminario Diocesano (1982-1987). Era igualmente especialista en los teólogos alemanes del S. XIX cuya lengua manejaba con fluidez, identificado particularmente con Otto Karrer.

Desde hace más de 35 años residía en la Casa Sacerdotal Diocesana de Oviedo en la que  convivió con su tío D. Alfonso, al que cuidó hasta su muerte. Aunque desde hacía años su salud física y mental empezaba a verse mermada colaboró en la pastoral de la Santa Iglesia Catedral mientras las fuerzas se lo permitieron. Acostumbraba a asistir a diario a la misa capitular con su traje coral. Al agravarse más su salud fue ingresado en el Hospital Universitario Central de Asturias donde falleció en el día de ayer 19 de septiembre. Tenía 87 años de edad, y 63 de ministerio sacerdotal. 

El funeral por su eterno descanso tendrá lugar el lunes 20 de septiembre a las 10.00 h en la Catedral de Oviedo, presidido por el Sr. Arzobispo. A las 13.00 h. habrá otro funeral en la parroquia de Santa Eulalia de Selorio. A continuación sus restos mortales recibirán cristiana sepultura en el cementerio Parroquial.


''Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor;
 conforme a tu inmensa bondad'' (Sal 51)

ATENCIÓN

 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Me acoge a mí. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Atrás va quedando el tiempo del verano que no en sí mismo éste, toca ya iniciar otro curso y así nos adentramos en el domingo XXV del Tiempo Ordinario. Hoy el Señor volverá a rompernos los esquemas al presentarnos realidades que se repite constantemente en nuestras frágiles vidas: obrar para esperar algo a cambio, para recibir el aplauso o para superar a otra persona por envidia... Él nos invita a vivir en clave de misericordia, a aceptar al diferente y tender puentes con aquel que piensa de forma distinta a mí. 

La carta de Santiago vuelve a subrayar las claves éticas y morales que hemos de llevar a nuestro vivir cristiano, y lo hace aquí de forma muy concreta, recordándonos que hay dos sabidurías que hemos de saber diferenciar, la que viene de lo alto -es decir, de Dios- y la sabiduría del mundo que nace en nuestro suelo y se apega con tanta facilidad a nuestro corazón. La diferencia es palpable, mientras la sabiduría de este mundo está marcada por celos, luchas, envidias y muerte, la que nos viene del Señor se caracteriza por ser dócil, condescendiente y pacificadora. El Apóstol nos dice que el problema no es que Dios no escuche nuestros ruegos, sino que no sabemos pedir; pedimos mal y por eso no hallamos respuesta. Hemos de pedir lo que es bueno para nuestra alma, no sólo para nuestro cuerpo y apetencias mundanas.

La primera lectura del Libro de la Sabiduría que se hemos escuchado es un tanto compleja, se nos presenta casi como un texto filosófico la contraposición de algo que no sólo se daba en el tiempo de Jesús, sino también y muy actualmente en el nuestro: el criterio impío. A menudo el peso de las normas religiosas, las tradiciones y costumbres sociales axfisiaba la autenticidad de la vida espiritual. En el judaísmo el cumplimiento de tantísimas normas había reducido en muchos casos la práctica de la fe al "cumplo y miento" de normas y se había instalado en un fariseísmo donde todo eran normas a memorizar com base de un comportamiento para nada religioso y lleno de reproches, donde se había mezclado de forma perniciosa poder y religión, y donde un pobre de corazón limpio que se abría a Dios era no reconocido y encorsetado en múltiples normas. La sabiduría divina se manifiesta en la nobleza del corazón que es libre, que ama y es justo. Por eso se dicen: ''Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada...'' De total actualidad.

Finalmente, en el evangelio de hoy Jesucristo nos da la clave de qué modelo hemos de seguir para ser auténticos y vivir de la sabiduría que viene de lo alto, y poder entrar así en el reino de los cielos. Sencillamente ser como niños: inocentes, ingenuos, limpios de corazón, espontáneos para la verdad y nobles en el obrar. Por eso en su camino hacia Jerusalén, consciente de hacia dónde se dirige, regala a todos esta preciosa enseñanza. Jesús les habla de su final en este fragmento del capítulo 9 de San Marcos que llamamos "el segundo anuncio de su pasión". Pasión que va ser entrega, desprendimiento, abrazo a todos desde la cruz, estandarte de amor. Y en aquella conversación aparece otra realidad de nuestro tiempo: "los trepas"; los que se buscan a sí mismos y se consideran mejores y con más derechos, y es aquí cuando Jesús llama a un niño. No lo sabemos con certeza, pero seguramente aquel niño era uno de los que servían en el lugar. Que gesto tan hermoso del Señor: lo pone en medio, lo abraza y les dice: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado»... 

Evangelio Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,30-37):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: 

«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: 

«¿De qué discutíais por el camino?»

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

Palabra del Señor

sábado, 18 de septiembre de 2021

Hoja litúrgica Domingo XXV del T. O.

 

Carta semanal del Sr. Arzobispo

La fiesta que ilumina nuestros días

Toda fiesta es una tregua en donde ponemos entre paréntesis las fatigas cotidianas que tantas veces llenan de cansancio y sopor el escepticismo al que nos empuja con demasía el paso de los días. No es la fiesta una evasión momentánea que pronto caduca, sabiendo que todo tornará a su sino con el malestar añadido al volver a lo mismo. Es más bien una amable necesidad que hemos de saber orientar para gozarla como es debido.

Una antigua canción medieval de la bella región italiana de la Umbría, conserva todavía hoy un hermoso ritual con el que los cristianos de entonces terminaban el día y se preparaban para un día de fiesta. Las gentes regresaban a sus hogares tras una jornada dura de trabajo en el campo. Venían tarareando sones populares que les recordaban el hogar, el reencuentro con la esposa y los hijos, con los que compartirían la cena y las viejas historias en torno a un fuego apacible. Era un momento de intimidad familiar lleno de magia y de ternura. Afuera, las enormes puertas que rompían la muralla que rodeaba la ciudad, atardeciendo se cerraban. Entonces se entonaba la canción del día ya declinado. Sucedía en Asís, la patria de San Francisco. Trompetas y cantares esparcían al viento su mensaje: que las puertas de nuestra ciudad se cierren para que no puedan asaltarnos los temores de la noche ni los enemigos que maquinan en la oscuridad. Y que los santos, nuestros santos, velen por nosotros, mezan el cansancio de la fatiga de este día, nos permitan descansar con aquellos que amamos y esperar gozosos que amanezca el día festivo que juntos esperamos. Que los santos nos bendigan de parte del buen Dios. Paz.

He escuchado muchas veces este canto en la tierra de San Francisco. Y me emocionaba la belleza del gesto, la piedad de su hondura cristiana, mientras se remarcaban valores que nos constituyen como ciudadanos, como personas que encuentran en la fe una ayuda para vivir mejor su humanidad. Era hermoso este ritual de una ciudad cristiana. Sobre todo porque ponía en juego lo que en cada momento está en danza: el trabajo honrado, la familia como hogar entrañable, la paz ensoñada para todos, los enemigos vigilados al abrigo de la seguridad, y la compañía de los santos como guardianes de la belleza y de la serenidad bondadosa que como gracia cotidiana se volvía a pedir al Señor.

No aludo a este cantar como nostalgia de tiempos pasados, sino más bien como sereno deseo de lo que es de suyo intemporal precisamente por su bondad y hermosura. Cada uno de nosotros volvemos cada tarde a nuestro hogar, señalando la familia como ese espacio en donde somos abrazados sin ninguna trastienda: lugar donde se reconoce lo más noble con gratitud, y donde se corrige lo más torpe con paciencia. Uno desea y vuelve a desear que ningún asaltante destruya la familia, en nombre de nada ni de nadie, y menos en nombre de la más interesada vacuidad. Y que la vida sea protegida en todos sus tramos y no malvendida o traficada según el interés de leyes y medidas deudoras del poder tantas veces mantenido desde la conjuración tramposa y la mentira trucada.

Así, en nuestras ciudades celebramos la fiesta como un momento de alargado respiro que nos permite dilatar la mirada, ensanchar el corazón y brindar con alegría por lo que vale la pena reestrenar agradecidos cada mañana. San Mateo es fiesta en Oviedo, y supone la fecha final de un recorrido jubiloso en torno a la Perdonanza. Todos tenemos heridas que hemos de acertar a vendar con el mejor de los bálsamos, y preguntas que debemos saber amar con respeto para reconocer la respuesta cuando nos sea dada. Bienvenida la fiesta que redime y recoloca la andadura cotidiana en donde nos lo jugamos todo a diario. Que San Mateo nos acompañe en el reconocimiento del Maestro divino, Jesús, que nos enseña a mirar las cosas y abrazarlas con su misma entraña.

+ Jesús Sanz Montes,
Arzobispo de Oviedo