martes, 11 de agosto de 2020

Los Reyes en la Casa natal de San Junípero

Santoral del día: Santa Clara de Asís

Dama pobre de San Damián y Patrona de la televisión. Sintió que Dios le tocaba el corazón por medio de uno de los sermones cuaresmales de su convecino San Francisco

(COPE) Dios se recrea en la humildad de sus hijos. Gracias a ella alcanzan la Santidad de vida y son almas a las que el Señor toma como Esposas en preludio de la Iglesia arreglada como una novia que se desposa con el Cordero Inmaculado sin defecto ni mancha. Hoy celebramos a Santa Clara. Nacida en Asís el año 1193, a los 18 años, sintió que Dios le tocaba el corazón por medio de uno de los sermones cuaresmales de su convecino San Francisco.

Fruto de este cambio dejó su rica mansión y fue a visitar al predicador en una morada muy pobre que tenía a las afueras de la ciudad para iniciar esa vida austera. Enviada a unas religiosas que le preparasen para ser una monja santa, sus hermanos, al enterarse, quisieron llevársela en vano de vuelta a casa. Una vez establecida en una Casa, al lado de San Damián, el Convento se llenó de religiosas, entre las que se encontraban su madre y su hermana.

Poco después, es nombrada Superiora de la Comunidad, intentando dejarlo varias veces en vano. Durante este tiempo, se entrega totalmente al servicio de la casa, sirviendo a la mesa, y muy comprometida con las tareas del hogar. Entregada también a la penitencia más austera, con el paso del tiempo tiene que moderarse para evitar caer enferma, algo que Dios tampoco quiere. Así se van consolidando las Clarisas que, actualmente, se reparten por todo el mundo. Su Amor al Señor Sacramentado le libró de muchas pruebas que acecharon al propio Convento.

En sus últimos momentos profundizó en el Misterio Pascual de Cristo, hasta que muere en 1253. Santa Clara es Patrona de la televisión. El motivo es que cuando le tocaba estar haciendo los avatares de la cocina y oía el toque de campana signo de que se iba a alzar al Señor en la Consagración ardía en deseos de poder estar. Entonces la pared se volvía cortina transparente y ella veía ese momento Central de la Celebración Eucarística.

lunes, 10 de agosto de 2020

‘’Señor sálvame’’. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Celebramos nuevamente el día del Señor para compartir su Cuerpo e interpelarnos con su Palabra. Y en esta semana XIX del Tiempo Ordinario los textos bíblicos nos interrogan sobre nuestra relación personal con el Señor.

En la primera lectura del Libro del Reyes vemos cómo Elías se dirige al monte Horeb buscando hallar el encuentro personal aludido. En la lectura se nos expone cómo buscaba a Dios en lo más poderoso y llamativo, pero allí no estaba. Ni en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, ni en el huracán… Finalmente “se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva’’. Y es que el Señor no viene personalmente a nosotros con grandes ruidos o portentos, sino discreto y sigiloso en “tú a tú” que incluso nos permite rechazar o que nuestras muchas ocupaciones “ruidosas” no nos permiten percibir. 

La epístola de este día es un tanto compleja, pero sigue la misma línea de todos los textos: la relación de Dios con su pueblo. En su Carta a los Romanos San Pablo se sincera, quizás por las críticas que recibía en muchos lugares donde predicaba y donde le reprochaban sus orígenes de ciudadano romano. Pablo muestra su vergüenza, no por no haber sido testigo del Señor, sino por el mal testimonio que daban los que sí le habían conocido; los que descendían de su misma tribu, de su mismo pueblo, los que a través de los siglos habían experimentado en sus familias con cierta indiferencia cómo se cumplía la promesa del Señor en sus vidas. Y es que para acercarse al Señor no hay raza, ni categoría, estatus o linaje. Jesucristo viene a romper todo eso. Más en los comienzos de la Iglesia hubo muchas controversias sobre si los no judíos podían ser miembro del cuerpo de Cristo con pleno derecho. Ahora también nosotros seguimos considerando a muchos otros indignos de ser parte de nuestra Comunidad; tal vez nos incomoda compartir el banco en el templo con un extranjero o con una persona que por las vicisitudes de su vida o familia consideramos más “pecador” que nosotros. O incluso me atrevo a juzgar a los demás sólo en función de mis criterios como único método y evaluación... Nuestras claves no son las de Dios, y para llegar a Él el juicio es únicamente suyo. 

Finalmente el evangelio de hoy nos habla de cuál es la clave de nuestra relación con Dios: la fe debidamente cuidada y arraigada en nuestra vida. La duda hace a Pedro hundirse, pues éste se había hecho sus propias ideas sobre Jesús, pero aún no tenía una verdadera fe en Él. Quizá lo tenía por profeta, por taumagurto, por hombre fuera de lo normal y con poderes, pero aún no había comprendido que era el Hijo de Dios y que hasta podía someter la naturaleza. Pedro peca de orgullo y -“retándole”- quiere ir hacia Jesús como el que va a un espectáculo y no como el que camina convencido hacia Dios, por eso duda y empieza a hundirse temiendo ahogarse; es ahí cuando sólo por temor y viéndose morir -como nosotros mismos tantas veces- clama a Jesús y le grita ‘’Señor sálvame’’. Y Jesús apenado de su falta de fe le tiende sin dudar su mano como nos la tiende a cada uno de nosotros cuando acudimos a Él -aún con nuestras dudas y falta de fe- en nuestras tormentas y hundimientos. Sólo cuando Pedro se ve de nuevo a bordo de la barca y seguro reconoce lo que hasta entonces no profesaba, exclamando: «Realmente eres Hijo de Dios». 

La lección de este domingo es ésta, alimentar y cuidar cada día nuestra relación con el Señor, edificar nuestra fe y confianza en Él, y no esperar a vernos en apuros para gritar -sólo cuando nos aprieta el zapato- ¡‘’Señor sálvame’’!...

Para tener en cuenta

 

domingo, 9 de agosto de 2020

Evangelio Domingo XIX del Tiempo Ordinario


Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-33):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»

Él le dijo: «Ven.»

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

sábado, 8 de agosto de 2020

Asunción

Edith Stain, bendecida por la Cruz. Por Serrano Calvo Aladro


Un sol radiante iluminaba una repleta plaza de San Pedro el 11 de octubre de 1998 cuando el papa San Juan Pablo II canonizó a Sor Teresa Benedicta de la Cruz y entre las miles de personas que se encontraban en la plaza, en lugar preferente, su familia. Entrando así Edith Stain a formar parte de la gloria de los mejores hijos de la Iglesia.

Esta extraordinaria mujer que impresiona leer su biografía y que el número de libros que sobre ella se han escrito sobre diversos puntos de vista se cuentan ya por cientos.  Nace en una familia judía, en octubre de 1891 en Bresláu (Prusia oriental). Hasta la edad de catorce años en la que sufre una crisis de estudios -y como ella diría más tarde- de fe. Es la etapa de su primera formación académica, que paulatinamente la va a llevar hacia el ateísmo en el que vivirá existencialmente durante sus años de bachiller y en la primera etapa de formación universitaria. Bien es verdad que en el espíritu de Edith Stain, la búsqueda de sentido es incesante y esto hace que la veamos militar en sus primeros años universitarios como miembro del partido demócrata, como defensora del voto de la mujer… Como bien se describía en el periódico estudiantil ‘’el periódico de la cerveza’’, donde los profesores a modo de adivinanza ponían rasgos de la personalidad de sus alumnos.

‘’El mío decía: Igualdad de la mujer con el hombre, 
Así decía la sufragista, 
A la que un día, con seguridad,
En el Ministerio veremos’’ 

Comienza sus estudios en 1911 en la Universidad de Bresláu donde se matricula en historia y Psicología. Quizás la imposibilidad de estudiar derecho por no tener la facultad en aquel momento matriculada a ninguna mujer aumentará su lucha en esta etapa por la defensa de los derechos de la mujer, pero va a ser una etapa muy fructífera pues en la búsqueda constante del sentido de la vida la llevará a ser miembro de la sociedad filosófica de Fenomenología donde va a conocer a Max Scheller y a Adolf Reinach: lo que le posibilitará los primeros encuentros con la fe cristiana.

Una vez licenciada en la Universidad de su ciudad, e influenciada por la escuela fenomenológica solicita la entrada en la Universidad de Gotinga donde no solamente obtiene la máxima calificación con su tesis doctoral sobre la empatía, sino que es tomada como ayudante por el profesor Husserl. Aparece así una nueva faceta en la búsqueda siempre de la verdad como instrumento que de sentido a la realidad.

En su obra filosófica ser finito ser eterno encontramos un párrafo que nos habla de las causalidades que nos van a situar en el verano de 1921 en la casa de descanso del matrimonio Corad-Martius, y como ella misma nos dice: ‘’quiso Dios, que de los más de 29.000 volúmenes de la biblioteca familiar, tomara para leer el libro autógrafo de Santa Teresa de Jesús’’. Después de leerlo durante toda la noche exclama: ‘’¡esto es la verdad!¡La he encontrado!’’.

A la mañana siguiente bajó a la librería más próxima, y compró un catecismo de la Iglesia Católica, y entró a formar parte de la misma el uno de enero de 1922 donde recibió el bautismo, la confirmación y la comunión.

La conversión de la doctora Edith Stain al catolicismo alemán va a suponer un gran aldabonazo para la Iglesia. Desde este momento no duda que ha encontrado la verdad que tan ansiosamente buscó a lo largo de su vida. Ella misma habla, que su infancia, su estudio en la Universidad, sus amistades, y el mundo en el que había desarrollado toda su actividad eran causalidades que le llevaban hacia la verdad plena. Desde este instante hasta su entrada en el Carmelo de Colonia va a desarrollar una gran actividad como docente católica, conferenciante en diversas ciudades, puesto que es una buena oradora y muy convincente. Escribe mensualmente para la asociación de maestras católicas de Alemania (de la que es miembro) y la asociación de mujeres trabajadoras.

Desde 1928 en que muere Husserl, hasta 1933 en que accede Hitler a formar gobierno intenta acceder a una Cátedra universitaria recomendada por el propio Heidegger que ya ocupa la Cátedra dejada por Husserl, y ya le advierte que no le dejan entrar en la cátedra por ser de raza judía.

 Es el comienzo del vía crucis de Edith, que la llevará a tomar la decisión tantas veces aplazada de seguir los pasos de Teresa de Jesús. El 14 de octubre de 1933 ingresa en el Carmelo de Colonia, y Edith Teresa Stain escogerá el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Como ella misma dirá: ‘’Teresa por Teresa de Jesús -que es la que la llevó a la fe católica-, Benedicta por el gran apoyo que encontró en la abadía benedictina de Beuron; y de la Cruz, porque intuye que su vida está asociada a la Cruz, y como una muñeca de sal que al encontrarse con el mar y ser disuelta por el mismo de esa manera Teresa Benedicta se dejará introducir cada vez más en el misterio de la Cruz hasta llegar a convertirse en una de las grandes místicas del siglo XX.

El Getsemaní de la Santa comienza el 26 de julio de 1942 cuando los obispos católicos de Holanda hacen leer en todas las Iglesias una carta pastoral contra el sufrimiento y deportación de los judíos de Holanda –muy poco conocida por el mundo católico-. Esto hace que la Gestapo el 2 de agosto la arranque de la clausura del convento de Echt (Holanda) para ser deportada el día 7 al campo de exterminio de Auschwitz donde según sabemos por testigos primitivos llegan en la madrugada del día 9 e inmediatamente son gaseadas. Las últimas palabras que conocemos de Edith Stain van dirigidas a su hermana Rosa: (terciaria carmelita) “ ¡Animo, Rosa, vamos a sufrir por nuestro pueblo! 

Santa Teresa Benedicta de la Cruz siempre se consideró judía de raza (siendo desde la época apostólica la primera santa en subir a los altares) de formación alemana y de religión católica.