domingo, 31 de octubre de 2021

Evangelio Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: 

«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús:

 «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: 

«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

 «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

''Amarás''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila



Avanzando hacia el final de este año litúrgico, nos vemos ya en el domingo XXXI del Tiempo Ordinario, en el que la Palabra de Dios nos hablará de la ley y también del corazón. Las normas nos ayudan a orientar nuestra alma hacia el Creador de quien procede todo bien, y que quiere grabar en nuestro corazón la enseñanza del amor. 

Como en los pasados domingos seguimos leyendo la carta a los Hebreos en la San Pablo nos presenta el sacerdocio de Cristo; un sacerdocio nuevo, lejano ya a aquella identidad sacerdotal del Antiguo Testamento en el que se sacrificaban animales para ser ofrecidos en el fuego del altar. Jesucristo actualiza y renueva todo esto al hacer un sacrificio vivo en su misma persona que se inmola en la cruz como sacerdote eterno, el cual con los brazos extendidos en ella abraza a toda la humanidad redimida. No sólo inaugura un nuevo sacerdocio, sino que pone fin al antiguo sacerdocio de los levitas que se habían corrompido medularmente desde las abusivas normas e influencias de las familias donde los hijos heredaban en el cargo de "sumos sacerdotes" de sus padres. Con Jesús se termina también aquel sacerdocio ritualista que se limitaba a continuos sacrificios de expiación; ya no hacen falta más holocaustos, pues su propio sacrificio ha sido de una vez para siempre. 

La primera lectura por su parte, tomada del libro del Deuteronomio, nos presenta la identificación del pueblo israelita con su Dios. En su leyes vemos esa enseñanza vital para el judío practicante y que forma parte indiscutible de su vida, de su hogar, de su orar en el templo; esto es: ¡Escucha Israel! El "Shema". Con este rezo a lo largo del día hacen suyo que deben acordarse de Yavhé, tenerle presente en todo momento, serle constantemente fieles dado que Él les ha sido fiel al elegirles como su pueblo. Dedicar a Dios todo el ser: fuerzas, alma, cuerpo, corazón; todo sin excepción. 

El "Shema" es lo que sale a relucir en el evangelio de este domingo, donde vemos a Jesús respondiendo a un escriba (un docto en el conocimiento de la ley) que se le acerca a preguntarle: «¿Cuál mandamiento es el primero de todos?». Quizás esperaba una respuesta revolucionaria ó, simplemente, salir de su curiosidad sin pretender poner al Señor en un compromiso, pero Cristo como buen judío conocedor de la Escritura le responde con las palabras del capítulo 6 del libro del Deuteronomio que hemos escuchado anteriormente en la primera lectura: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser''. Jesús demuestra nuevamente que no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. Por ello tras responder al escriba lo que quería escuchar, el Señor subraya la segunda parte de este mandamiento primero, que Él denomina ''el segundo'': "Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos''. El Señor nos mete el dedo en la llaga, pues ha encontrado el gran punto débil de los creyentes que igualmente bien explica San Juan con otras palabras: "¿Cómo podemos decir que amamos a Dios al que no vemos, si aborrecemos al prójimo al que sí vemos?...

El Señor está dando un mensaje muy conciso y sintetizando toda la Ley y de todas normas abrumadoras que se imponían de manera abusiva y desproporcionada: "amar a Dios y al prójimo como a uno mismo". La ley es importante, sí; pero ésta sólo tiene sentido cuando se vive de corazón, cuando prevalece servir a Dios y amar al semejante. No son realidades diferentes, separadas ni contrapuestas, sino irrenunciablemente complementarias. Jesucristo nos está diciendo que no puede haber la una sin la otra, pues ambas son la misma. Ciertamente y en los tiempos que corren, el "segundo" mandamiento es todo un reto: Preguntémonos en este domingo en qué hemos de mejorar. Por muy piadosos y buenos que seamos ante Él, no podremos llegar nunca a Dios ignorando al prójimo...


sábado, 30 de octubre de 2021

Hoja litúrgica Domingo XXXI del T.O.

 

Decreto de la Penitenciaría Apostólica sobre las indulgencias plenarias para los fieles difuntos

D E C R E T O

LA PENITENCIARIA APOSTÓLICA, habiendo escuchado las diversas súplicas recibidas recientemente de varios Sagrados Pastores de la Iglesia, debido al estado de la pandemia continúa, confirma y extiende para todo el mes de noviembre de 2021 todos los beneficios espirituales ya concedidos el 22 de octubre de 2020, mediante el Decreto Prot. N. 791/20/I con el que, debido a la pandemia de la “COVID-19”, se prorrogaban las Indulgencias Plenarias para los fieles difuntos para todo el mes de noviembre de 2020.

De la renovada generosidad de la Iglesia, los fieles tomarán ciertamente intenciones piadosas y vigor espiritual para dirigir su vida según la ley evangélica, en comunión filial y devoción al Sumo Pontífice, fundamento visible y Pastor de la Iglesia Católica.

Este decreto es válido para todo el mes de noviembre. No obstante cualquier disposición en contrario.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 27 de octubre de 2021.

Mauro Card. Piacenza
Penitenciario Mayor

Mons. Krzysztof Nykiel
Regente

viernes, 29 de octubre de 2021

Carta semanal del Sr. Arzobispo

El otoño de nuestros días

A estas alturas del año, el ambiente se hace sereno al entrar su tiempo en la magia tan singular como nostálgica. El otoño tiene esa cualidad humilde: nos recoge en torno a sus hojarascas convirtiendo en alfombra nuestros caminos. Huele a humedad más que en otros meses del año. Y a castañas asadas que calientan nuestras manos mientras las pelamos antes de gustar la dulzura de su fruto, junto a la sidra que también es dulce para poder acompañarlas. Es el tiempo de los recuerdos, junto al hogar de una chimenea que nos reúne con su calidez y sus llamas, mientras vemos pasar los días que no admiten pausa entre nuestras prisas, nuestras cuitas, y las miradas dilatadas de nuestra mejor esperanza. 

Se nos va así octubre con sus cuentas del rosario en ese mes que está dedicado a Nuestra Señora. El rosario es un modo de rezar la vida por las cuentas que nos tienen, con momentos de gloria que nos permiten la alabanza agradecida, momentos de dolor con cosas que nos duelen y arrugan, momentos de gozo que dibujan en nuestro rostro la mejor de las sonrisas, momentos de claridad luminosa como contrapunto a las penumbras insidiosas. De todos esos registros están hechos nuestros días… como la vida misma. Y así, los cristianos aprendemos a deslizar las cuentas de la vida, como quien con glorias y gozos, dolores y luces, recita el rosario a Santa María. 

Pero también este octubre nos ha traído el momento misionero en la jornada mundial del Domund. Años atrás se hacía una verdadera campaña de mentalización para comprender que todos somos misioneros allá donde estamos y con quienes convivimos. No obstante, esta jornada tiene una mirada llena de gratitud por nuestros misioneros que habiendo dejado casa, padres, tierra e idioma, se han dejado enviar por el Señor allende nuestros mares y montañas, para anunciar a Jesucristo y su Buena Noticia mientras edifican en algún lugar del mundo la comunidad cristiana con esas gentes sencillas que encuentran, haciendo de ellos nuevos hermanos en la Iglesia.

Asturias tiene una hermosa tradición misionera en África, en América y en Asia. En este momento estamos sólo en Benín, atendiendo a muchas comunidades a través de una inmensa selva. Es enorme el bien que allí se hace, y el bien que el Señor nos hace a nosotros a través de aquellos queridos africanos también ellos sedientos y hambrientos de la paz, la gracia, la belleza y la bondad que Jesús ha puesto en nuestras manos para que las repartamos con generosidad gratuitamente. Ojalá que pudiésemos abrir otra misión en otro lugar de lengua española, sin cerrar esta que tenemos en Benín. Dios nos irá diciendo. 

Pero este mes de octubre que así termina, tiene a su vuelta otra cita también típica de este otoño que avanza. La Iglesia nos recuerda al comenzar noviembre la llamada a la santidad cristiana. La fiesta de Todos los Santos viene a recordarnos que esta es la vocación última que hemos recibido todos los cristianos sea cual sea nuestra edad, nuestra circunstancia o nuestro camino más particular en la sociedad y en la Iglesia. Ser santos no es ser raros o fugitivos, sino vivir cada instante en cada escenario, con la conciencia de que somos sencillamente cristianos. En este mundo plural y contradictorio, los cristianos estamos llamados a aportar nuestra peculiar mirada, nuestro modo de construir una sociedad más como Dios la soñó y no como la teje-manejan nuestras pesadillas. Y junto a los Santos todos, también nuestros queridos difuntos. Familiares, amigos, compañeros… por todos ellos ponemos unas flores, recordamos su paso en nuestra vida con sus gestos y palabras, y elevamos nuestras plegarias pidiendo por su eterno descanso. 

Entre nostalgias otoñales, cuentas del rosario de la vida, andanzas misioneras, santos y difuntos, se nos van estos días que ponen su color malva con aroma a crisantemo, a gratitud generosa y a esperanza bendita. 

+ Jesús Sanz Montes, 
Arzobispo de Oviedo

Carta del Párroco ante las celebraciones de Todos los Santos y Fieles Difuntos

Queridos fieles y amigos:

Poco a poco tratamos de retornar a la normalidad con cautela y precaución para no tener que vernos de nuevo retroceder como hemos presenciado en algunos casos. Ahora con la mayoría de la población está vacunada parece que la situación está algo mejor, sin embargo, no hemos de dar nada por seguro ni perder la prudencia. 

Por ello desde la Parroquia insistimos en evitar las aglomeraciones en los cementerios y acudamos a las celebraciones con mascarilla y uso del gel hidroalcohólico.

Las semanas previas y posteriores a los días propios, también son buenos momentos para visitar a nuestros seres queridos, a sabiendas que los tenemos allí todo el año. Tampoco es necesario acudir toda la familia el mismo día; podemos organizar y escalonar nuestras visitas. 

Para las personas que no puedan acudir u opten por quedarse en casa haremos que puedan seguir en directo las celebraciones y también los medios para que puedan orar desde casa, o incluso cuando ellos mismos acudan al cementerio para orar de forma privada. 

Siguiendo las disposiciones decretadas por el Arzobispado de Oviedo el pasado día 20 de octubre, en el caso de los cementerios y a criterio del sacerdote responsable, se podrán celebrar los actos religiosos siguiendo indicaciones de prudencia y cautela para espacios abiertos como eventos deportivos y demás concentraciones similares.

Aunque ya se ha publicado por diferentes medios recordar que las celebraciones de estos días serán las siguientes: el día 1 Solemnidad de Todos los Santos habrá misas a las 11:00 y 12:30 en la Iglesia parroquial y a las 16:00 horas en el Cementerio. El día 2 habrá misa por los fieles difuntos en el templo a las 19:30 horas. 

Como cada año en las vísperas de Todos los Santos publicaremos la hoja informativa con el movimiento económico correspondiente al último año (ingresos, gastos, obras...). Es buen momento para ponerse al día, de forma concreta este año ante el inminente cambio de la cuota anual de mantenimiento que se actualiza pasando de 8€ a 10€ nicho/año. Hemos hecho muchas cosas y quedan muchas por hacer, pero sobre todo atender permanentemente la dignidad de nuestros difuntos es nuestra premisa.

Como todos sabemo el lugar en el que se encuentra nuestro cementerio es tan húmedo que se necesita un cuidado permanente: Limpiezas, canalones, pinturas (anuales), aceras y arreglos constantes en las baterias. Creo que hemos logrado poco a poco que nuestro camposanto esté en unas condiciones muy dignas, y estamos satisfechos de lo realizado y de que muchas personas nos manifiesten su agradecimiento por tener tan atendido nuestro camposanto de ''Santa Bárbara del Cantaranas''. 

Para cualquier duda o consulta, o para apuntar misas por vuestros seres queridos nos tenéis a vuestra disposición en la sacristía y despacho parroquial de Martes a Viernes de 6 a 7 de la tarde.

Os invito de forma especial a que este año tengamos presentes a los comerciantes de nuestra localidad de cara a este puente, que a buen seguro gastaremos dinero en flores, productos de limpieza, velas y tantas cosas más; acordémonos primero de los establecimientos de Lugones que el pasado año lo han pasado muy mal, y éste tampoco les ha posibilitado remontar el vuelo.

Que los Santos nos ayuden; que su ejemplo nos estimule e intercedan por aquellos difuntos nuestros que necesitan de nuestra oración. 

Joaquín, párroco

jueves, 28 de octubre de 2021

ATENCIÓN

Santoral del día: Santos Simón y Judas Tadeo Apóstoles

(COPE) Cada uno de los seguidores del Señor no siempre destacan por haber hecho muchas cosas, sino simplemente por haber cumplido con sencillez su mandato de predicar el Evangelio por todo el mundo. En este último jueves de octubre es la Fiesta de los Santos Apóstoles Simón y Judas que siguieron estas indicaciones del Maestro. No son excesivos los datos que nos ofrecen sobre ellos Las Escrituras.

Simón ocupa el undécimo lugar dentro de los Apóstoles, tal y como recalca el Evangelio. Nacido en Caná de Galilea, se le conoce con el sobrenombre de “Zelotes”. Este apelativo le viene por su posible pertenencia a los radicales guerreros judíos. Por otra parte, Judas Tadeo, que también entra dentro del Colegio Apostólico, es el que pregunta al Maestro en el Cenáculo el motivo de manifestarse a ellos y no al mundo, según recoge el evangelista San Juan.

A él se debe la carta que lleva su nombre en el Nuevo Testamento, en la Sagrada Escritura, en la que condena algunas desviaciones contra la Fe surgidas en aquel tiempo. El Evangelio les nombra cuando habla de la elección de los Doce por parte del Señor, después de pasar la noche en oración. Como los demás Apóstoles, son testigos de la Resurrección y la Ascensión. Predican la Buena Nueva, misión que les conducirá hasta Asia.

Y de la misma forma que los otros, exceptuando a San Juan, el discípulo amado, mueren derramando su sangre por causa del Reino de los Cielos. San Simón será serrado en dos, mientras San Judas Tadeo caerá bajo la espada, decapitado. Este último Apóstol se le pone en apellido para evitar la confusión con Judas Iscariote que fue el traidor. Dado que ambos iban siempre juntos a predicar, es el motivo por el que se celebra su Fiesta en el mismo día.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Sanz Montes: «San Francisco salvó a la Iglesia porque se dejó salvar y reparar él mismo por ella»

El arzobispo de Oviedo, franciscano, ofrece su visión sobre el «Poverello» de Asís

(Rel./ Luis Javier Moxó) El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, es franciscano y su último libro es un acercamiento a la rica personalidad cristiana de San Francisco de Asís (1181-1226), presentada de forma que convierte al gran santo medieval en un guía esclarecedor para los cristianos de hoy. Su título, San Francisco de Asís, compañía para nuestro destino (Encuentro).

-¿Qué pueden aportar hoy San Francisco y Santa Clara como referencia y ayuda en la situación que están viviendo los jóvenes?

-Los jóvenes de cada generación tienen una serie de retos comunes. El corazón de aquellos dos jóvenes medievales como Francisco y Clara no tiene preguntas distintas a las que puedan tener hoy en día nuestros chavales. Porque, como decía Rainer María Rilke, “la pregunta es lo que está sin resolver en el corazón”. Este autor bohemio-alemán decía que para entender y reconocer la respuesta, hay que amar previamente la pregunta, aunque esto nos deje inseguros, inciertos, vulnerables. Pero sólo quien pone nombre a su sed, es capaz de descubrir la correspondencia que el agua viva tiene con él.

»Francisco y Clara nos ayudan a esta lealtad con las propias preguntas, esas que no hemos puesto nosotros y que nosotros solitariamente no sabríamos responder. Hoy en día se imponen a nuestra juventud preguntas prestadas, falsas, tramposas, para las que no hay respuestas verdaderas. Francisco y Clara supieron amar sus preguntas y reconocieron en Cristo la respuesta. Su amistad fue sólo un cauce para que tal encuentro con el Señor se hiciera más fácil y verdadero.

-¿Se parece la "ruina eclesial" a la que se tuvo que enfrentar San Francisco con la que hoy en día reflejan los medios acerca de la Iglesia Católica?

-Cada época sabe de su ruindad, porque cada época vive la luz de su fidelidad a Cristo y, al mismo tiempo, la oscuridad de sus desvaríos. A San Francisco se le dijo aquello: reparar la Iglesia. Y esta llamada es siempre contemporánea de cada generación cristiana. No necesitamos un “quinto evangelio”, sino que el Evangelio eterno, la Buena Noticia de Dios para sus hijos, ya está proclamada en Jesús para toda la historia.

»Pero, como sucedió en la época de San Francisco, los cristianos podemos olvidarnos del Evangelio por dejar de escucharlo, o podemos traicionar los gestos misericordiosos de Dios hacia nosotros al dejar de conmovernos y agradecerlo. Entonces Dios grita de nuevo sus viejas palabras, visibiliza sus añejos gestos… en la carne de los santos, en su voz y su figura, para que otros podamos volver a escuchar y contemplar. Esto hizo Francisco, y a esto estamos llamados nosotros. Quizás seamos el único Evangelio (si lo escuchamos y lo testimoniamos) que muchos de nuestros contemporáneos podrán oír en sus vidas. Esto es lo que sorprendió de San Francisco, incluso al mismo papa Inocencio III, y el Poverello de Asís se convirtió en un humilde albañil de la casa de Dios que es la Iglesia.

-¿Cuáles han sido las mejores aportaciones del carisma franciscano?

-El carisma franciscano es especialmente bello en su hondura y sencillez, por eso es tan atractiva su propuesta, precisamente por su profunda raíz evangélica. La cosmovisión franciscana de la vida, la espiritualidad franciscana, la he desarrollado ampliamente en mi libro. El punto de partida es esa triple filiación de San Francisco: fue hijo de Dios, hijo de aquella Iglesia, hijo de su tiempo o época. Acertar a conjugar las tres filiaciones con la propia historia y el propio temperamento, es lo que da la originalidad de un carisma como el de Francisco.

»Desde la primordial nota de la espiritualidad franciscana que es el encuentro con Dios como absoluto de nuestra vida, se percibe una fuerte llamada no sólo a amarle a Él, sino también de amar lo que Él ama, que son todos sus hijos que nos entrega como hermanos. Esta es la segunda nota importante: la fraternidad. Es cierto que los hermanos más inmediatos son los que mayormente se nos confían y a los que se nos envía para que nuestro amor y caridad no sean jamás abstracciones que nos inhiben, sino rostros y circunstancias que nos comprometen.

»Pero hay muchos más hermanos a los que abrazar, especialmente los pobres, sea cual sea el nombre de su pobreza (leprosos, mendigos, enfermos, solitarios, confusos, pecadores, desesperanzados…). Y la vida misma tiene esa misma traza fraterna cuando comparte la misma firma de autor en el Creador de todas las cosas: la naturaleza, la creación, se hacen también hermanas que hay que respetar, agradecer, salvaguardar.

»Una tercera nota será la minoridad, que es una expresión de la pobreza evangélica. Ser menor es ser pacífico, estar desarmado de todo aquello que puede generar violencia. Pero la minoridad es una actitud de cristiana humildad que no pretende jamás apropiarse de lo que Dios hace y dice en uno mismo, ni de lo que Dios hace y dice en los hermanos. Esta era la forma con la que Francisco explicaba a sus frailes la condición de menores y pobres: no apropiarse de nada ni de nadie, y menos aún no apropiarse de Dios.

»Una cuarta nota de la espiritualidad franciscana es la eclesialidad. San Francisco salvó a la Iglesia, la reparó, porque se dejó salvar y reparar él mismo por ella. En su tiempo había muchos restauradores falsos que acabaron en la más crasa herejía, porque no amaban a la Iglesia que también entonces tenía defectos, sino que la criticaban proyectando sobre ella sus propias derivas.

-En su libro habla de la compañía para el destino al presentar la figura de San Francisco. ¿Qué significa esto como acercamiento a los santos y quién le inspiró esa perspectiva?

-El Papa Francisco ha hablado de “los santos de la puerta de al lado”, es decir, los santos sencillos y cotidianos que se han santificado a través de una vida ordinaria que ha surcado los instantes diarios desde una conciencia cristiana. Tal vez no estén canonizados por la Iglesia, pero ellos tienen su altar en el cielo de Dios.

»Mi trabajo sobre San Francisco quiere ser también una aportación a la teología de los santos, los cuales no son desplazamiento de la Belleza de Dios ni ensordecimiento de su Palabra, sino la humilde verificación en la historia de los hombres de que esa Palabra se sigue escuchando y esa Belleza se puede contemplar. Ellos se convierten así en el más hermoso testimonio del Señor resucitado, testigos de esa presencia y revelación. "San Francisco era verdaderamente un icono vivo de Cristo", dijo Benedicto XVI. Es lo que de un modo precioso reconoce la Iglesia en esos rostros, como ya enseñaba la Didaché.

»San Francisco de Asís es una de las historias de santidad más enraizadas en el Evangelio, atravesando los siglos y generando en su grande familia espiritual, todos los registros de una santidad encarnada en el tiempo de cada época y en los lares de cada espacio. El Poverello es, por eso, una compañía que nos ayuda con discreción a llegar a ese destino para el que cada uno nacimos, que no es otro que la santidad cristiana. Una compañía que acompaña nuestra fidelidad, no una suplencia que desplaza nuestra libertad.

»Esto lo descubrí en Luigi Giussani, cuando decía que "el santo no es profesión de minorías ni una pieza de museo. La santidad es la sustancia de la vida cristiana. Pero a pesar de la parcialidad de ciertas imágenes queda la huella de una idea fundamentalmente exacta, a saber, la idea de que el santo no es un superhombre, de que el santo es un hombre real, porque sigue a Dios y, en consecuencia, al ideal por el que fue creado su corazón y del que está hecho su destino". Esta es la memoria que me he propuesto hacer de San Francisco como gratitud por la llamada que recibí de seguir al Señor Jesús en ese mismo camino.

»Se trata de un acercamiento a la rica personalidad cristiana de San Francisco de Asís. Ha querido Dios mantener su validez como don para su Iglesia y la humanidad, a través de ochocientos años. Y frente a los fáciles reduccionismos a los que se ha podido prestar (muy a su pesar) San Francisco de Asís, he querido presentar como hijo suyo espiritual que soy y como obispo de la santa Iglesia, ese modo de ser cristiano que se deriva del franciscanismo. He querido evitar que se reduzca a verde ecologista, a blanco pacifista, a pana proletaria, la belleza de una santidad que Dios hizo brillar para la historia cristiana a través de uno de sus hijos más fieles al legado de Jesús.

Por una Iglesia Sinodal


martes, 26 de octubre de 2021

La catedral de Oviedo: Un dechado de belleza. Por Jorge Juan Fernández Sangrador

«Qué deseables son tus moradas, Señor del universo. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre», confiesa el autor del salmo 84 (83), que no encuentra, en su mundo, belleza que iguale a la del templo: «Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa».

Yo tampoco la encuentro en el mío que sea equiparable a la del templo catedralicio de Oviedo: la estilización de las naves, la luz irisada que se proyecta en ellas a través de los vitrales, los rosetones que atraen las miradas hacia el óculo en donde empieza, tras los celajes, el cielo, tan arriba y, a la vez, tan cerca; las colosales columnas, que confieren la seguridad de que, si la mente se eleva a las alturas de donde proviene la luz, los pies están bien afianzados en la tierra; las geometrías y proporciones divinas, la sobriedad de los arcosolios bajo los que reposan las dignidades, los pórticos y sus ornados dinteles, la elegancia y magnificencia de las capillas laterales, los retablos con las imágenes, a las que el magín y la técnica de los tallistas lograron infundir apariencia de vida; y el pavimento ajedrezado, en el que los extremos angulares de las baldosas apuntan en dirección al testero, encaminando así a los fieles hacia el altar y la cátedra, que la girola circunda y en la que ángeles, profetas, apóstoles, pastores, vírgenes mártires, monjes y elegidos rodean, como trasunto de la Jerusalén celestial, el trono de Dios y del Cordero.

Y en el presbiterio, «ad orientem», el retablo mayor, como un pergamino que, desenrollándose desde el cielo, desciende hasta la tierra. En él están representados los principales acontecimientos de la historia terrena del Salvador del mundo, que, prefigurados y profetizados en el Antiguo Testamento, son susurrados al oído del obispo, cuando está sentado en la cátedra, por los apóstoles san Pedro y san Pablo y explicados por los cuatro santos Padres de la Iglesia latina.

Edificado para albergar la cátedra episcopal, es ésta la que le da el nombre de catedral al templo. Encastrada entre episodios evangélicos, de la cátedra emana, por el ministerio apostólico del obispo, la belleza de la doctrina católica. Esta luminosa armonía del Credo fue la que, en 1951, colmaba de una dicha inefable a la escritora Carmen Laforet, nacida en Barcelona hace ahora cien años y Premio Nadal en 1944 por la novela “Nada”:

«Me ha sucedido algo milagroso, inexpresable, imposible de comprender para quien no lo haya sentido y que, sin embargo, tengo la obligación de contar a los que quiero… Rezo el credo por la calle sin darme cuenta. Cada una de sus palabras son luz… La gracia, tal como la he recibido, es la felicidad más completa que existe. La pobre voluptuosidad humana… No es nada comparada con esto. Nada».

La catedral de Oviedo es toda ella expresión de ese Credo, que los artífices lograron visibilizar, alentados por la fe cristiana que profesaban y asistidos por una sobrenatural inspiración, en los materiales sobre los que trabajaron. Y delante de la cátedra, la mesa con los lienzos siempre dispuestos para la Cena del Señor, de la que no hay casilla para ella entre las que componen el retablo, pues la escena se representa al vivo cada vez que se celebra la eucaristía.

Hace siglos que, para actualizar el sacrificio único y redentor de Cristo, fue consagrado el altar de la iglesia sobre la que posteriormente se construyó la que hoy conocemos. Aquella ceremonia no debió de ser ni remotamente como la que presidió Salomón en la inauguración del culto en el templo de Jerusalén: «Ofreció en sacrificio veintidós mil toros y ciento veinte mil ovejas». Pero sí por los efectos en cuanto al favor de Dios: «Mantendré mis ojos abiertos y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar. He elegido y santificado este templo para que mi Nombre esté en él eternamente. Mis ojos y mi corazón estarán en él todos los días» (2 Crónicas 7,5.15-16).

Y así, desde aquella lejana fecha de su consagración hasta el presente, en la iglesia de “San Salvador y de los doce apóstoles”, de Oviedo, no ha dejado de mostrarse amorosa y providente la Presencia divina, que, aunque no puede ser contenida en lugar alguno, se complace en morar y manifestar su esplendor, belleza y gloria en los edificios que manos humanas levantan para darle honor, rendirle reverencia, tributarle respeto, confiarle las súplicas y agradecerle sus dones.

Homilía comienzo fase diocesana del Sínodo

Queridos sacerdotes y diáconos, miembros de la vida consagrada, fieles cristianos laicos. Paz y bien a todos. Estamos comenzando en la diócesis algo que ya ha tenido comienzo en otras. Fue la indicación de la Santa Sede, para poder caminar juntos en toda la Iglesia, en este horizonte sinodal al que nos ha invitado el papa Francisco. Lo hacemos como comunidad cristiana que peregrina en la vida en esta tierra asturiana. Como nos ha dicho la primera lectura del Deuteronomio, hemos de saber escuchar hoy la voz del Señor, esa que Él nos grita para nuestro bien.

No es bueno que el hombre esté solo, decía ya el texto del Génesis cuando se narra la creación del ser humano. Porque aún habiendo sido la criatura más esmeradamente creada por Dios, la única que se le asemejaba, había un poso de extrañeza, de tristeza fatal que le hacía un ser inacabado e incompleto. Fue entonces cuando Dios decidió al varón masculino darle una hembra femenina. No, no era bueno que el hombre estuviese solo, sencillamente porque Dios no es soledad.

Este apunte de la primera página del relato de la creación, nos señala una verdad que no siempre hemos sabido vivir adecuadamente en la historia de la humanidad. Porque pretender saberlo todo, tenerlo todo o poderlo todo, es la vieja tentación humana de querer ser como Dios. La incompletez en la que hemos sido hechos, lejos de ser una maldición defectuosa o una distracción de nuestro Hacedor, es una providencial certeza que nos constituye en criaturas relacionadas, respectivamente referidas, profundamente necesitadas en nuestra vocación de ser imagen y semejanza de Dios.

No todo lo sabemos, pero Dios nos lo enseña en el otro. No todo lo podemos hacer, pero Dios nos lo posibilita en la ayuda fraterna de los demás. No todo lo tenemos, pero Dios nos lo regala en el don del hermano que nos completa. Así, la carencia que como seres humanos nos define, se convierte en la apertura y acogida del otro, en apertura y don para los demás. Que así quiso Dios mismo revelársenos: un Padre que necesita un Hijo en el Espíritu Santo de ambos. Un Amante, un Amado y un Amor, como dirá San Agustín al hablar de la santísima Trinidad. De este modo, nosotros nos necesitamos mutuamente y mutuamente nos regalamos para así parecernos a Dios Trinidad, como nos ha referido el Evangelio de San Juan que hemos escuchado.

De este modo vivimos sin dialécticas extrañas que pueden enfrentarnos, insidiarnos y dividirnos como vemos que quienes son enemigos de Dios y pretenden sustituirlo, están continuamente ensayando esta diatriba enfrentadora: hombre contra mujer, jóvenes contra mayores, ricos contra pobres, para intentar romper en nosotros y entre nosotros la unidad originaria que nos hace humildemente complementarios. Así lo pretenden las ideologías de género en boga con todos los machismos y feminismos que han destruido en la historia la armonía para la que fuimos creados.

En la Iglesia también se han podido dar estos estragos, partiendo y dividiendo la comunidad de ese nuevo Pueblo de Dios que nace de Jesús. No somos adversarios ni rivales, menos aún somos enemigos los pastores con su ministerio, los consagrados con sus carismas, los laicos con su compromiso en el mundo. Pero a veces se ha podido vivir enfrentados, o nos hemos ignorado los laicos, los consagrados y los pastores. Esto ha introducido la necesidad de volver a la comunión eclesial honda, como desde siempre se ha vivido en la Iglesia del Señor con todos nuestros altibajos y contradicciones diversas. Ya se señaló en 1985 cómo uno de los frutos más granados del Concilio Vaticano II fue precisamente la comprensión de la Iglesia como una comunión de vocaciones: pastores, consagrados y laicos. Es lo que se ha llamado la eclesiología de comunión, que tan bellamente desarrollaron San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora el papa Francisco ha querido retomarlo proponiéndos un camino de fraterna comunión tan antiguo como la misma Iglesia.

Efectivamente, estamos trabajando en toda la Iglesia universal en la preparación del próximo sínodo de obispos, que por deseo del papa Francisco se celebrará en Roma en 2023, y que tendrá como tema el de la “sinodalidad”. El término “sínodo” significa en su etimología griega “hacer un camino juntos”. No nos resulta extraña a nosotros en Asturias esa cuestión, pues todavía tenemos reciente la celebración de nuestro sínodo diocesano que pudimos clausurar felizmente en 2012. Todos recordamos lo que supuso aquel “caminar juntos”: auscultamos la realidad en la que vivimos para descubrir los retos sociales, culturales y también eclesiales, que nos plantea este tramo de la historia en la que vivimos nuestra fe como comunidad cristiana siendo testigos del Evangelio de Jesús.

Pero acertar con el nombre de los desafíos que de toda índole encuadran y condicionan nuestro momento también a los cristianos, supuso ponernos en oración para pedir luz al Señor para no extraviarnos y la gracia de la fortaleza para no desanimarnos. Junto a la plegaria, también la comunión fraterna entre nosotros fue una ayuda determinante al comprender que la Iglesia de Cristo la formamos las tres grandes vocaciones: los pastores con nuestro ministerio, los consagrados con sus carismas y los laicos con su compromiso en el mundo del trabajo, la familia y la sociedad.

Todos reconocimos que nos hizo bien. Y todavía seguimos recibiendo inspiración y empuje de sus frutos para escribir la página que se nos asigna en una Iglesia de comunión, mientras trabajamos a todos los efectos las unidades pastorales. Éstas no sustituyen a las parroquias, pero sí nos permiten coordinar los tiempos y los espacios de otra manera, intentando hacer más y mejor la evangelización, con los recursos humanos y apostólicos con los que contamos en este momento para acompañar a nuestro pueblo y testimoniar a Cristo en el mundo.

El Santo Padre ha querido extender esta misma metodología sinodal a toda la Iglesia, caminando juntos como Iglesia del Señor. Siempre ha sido el horizonte último de la presencia y del quehacer de la comunidad cristiana, pero a veces hemos podido descuidar u olvidar algunos de los aspectos que nos constituyen como Pueblo de Dios, y por eso el papa ha visto necesario volver sobre ellos. Por eso, antes de llegar al sínodo de obispos del año 2023, tendremos en las diócesis un trabajo que nos servirá a todos nosotros en primer lugar, y luego podremos desde ahí aportar algo significativo a la reunión del papa y los padres sinodales que se reunirán en Roma.

En la misa de apertura de la preparación a ese sínodo, recordaba el papa Francisco tres verbos para comprender nuestro momento pre-sinodal. Vale la pena indicarlos, porque ahí se nos dan tres claves para entender nuestra participación. Cito sus palabras: encontrar – escuchar – discernir. Encontrarnos con el Señor y con aquellos que Él ha puesto a nuestro lado. Escuchar con el oído del corazón descubriendo lo que el Espíritu hoy nos está diciendo. Y, discernir, es decir, descubrir lo que en medio de nuestro tiempo y en la sociedad puede estar indicando Dios a su Iglesia.

También nosotros haremos el camino juntos, fraternamente, como Iglesia diocesana en comunión con el Santo Padre y toda la Iglesia universal. De este modo aprovecharemos el momento que vive toda la comunidad cristiana recorriendo al unísono nuestro propio sendero en unidad con ella.

Quiera el Señor bendecirnos también a nosotros para construir en este momento de la historia nuestra aportación diocesana para vivir la comunión entre nosotros como laicos, pastores y consagrados. No es bueno que el pastor o el consagrado o el laico vivan solos, aislados e ignorantes de los demás hermanos. Así, encontrándonos en esta cristiana comunión podremos seguir construyendo el Reino de Dios que Jesús nos confió, y viendo los demás cómo nos amamos podrán descubrir nuestro secreto y hacerles el bien por nuestro testimonio cristiano.

Que María, Madre de la Iglesia nos acompañe en este itinerario.


+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

lunes, 25 de octubre de 2021

Misa por la fase diocesana del Sínodo en San Salvador

La Catedral de Oviedo celebró ayer una misa por la inauguración de la fase diocesana del Sínodo, convocado por el Papa Francisco para toda la Iglesia. La Comisión Diocesana para el Sínodo y la Delegación Episcopal de Liturgia propuso a todas las parroquias y lugares de culto unirse a esta intención a través de la oración universal y de la oración al Espíritu Santo de este documento. Los trabajos tendrán una duración de tres años, hasta octubre de 2023. La seo ovetense, además, acaba de celebrar los 1.200 años de la consagración del primer altar a San Salvador.

Mons. Sebastián Chico Martínez, nuevo obispo de Jaén

El papa Francisco ha nombrado a Mons. Sebastián Chico Martínez obispo de Jaén. Mons. Chico Martínez es en la actualidad obispo auxiliar de Cartagena. El nombramiento se hace público a las 12.00 horas de hoy, lunes 25 de octubre de 2021, y así lo ha comunicado la Nunciatura Apostólica en España a la Conferencia Episcopal Española. Desde 2016 es obispo de Jaén Mons. Amadeo Rodríguez Magro. 

Mons. Sebastián Chico, obispo auxiliar de Cartagena desde 2019

El obispo electo de Jaén nació en Cehegín (Murcia) el 12 de mayo de 1968. Una vez realizados los estudios de Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad Politécnica de Cartagena, ingresó en el seminario, en 1995. Obtuvo el título de Bachiller en Teología en el centro de estudios de San Fulgencio, afiliado a la Pontificia Universidad de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 7 de julio de 2001.

Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Cartagena. En el momento de su nombramiento episcopal era rector del seminario mayor San Fulgencio y del seminario menor San José, cargos que ocupaba desde el año 2011. Desde 2016 era también canónigo numerario de la catedral y miembro del colegio de consultores.

El 20 de febrero de 2019 se hace público su nombramiento como obispo auxiliar de Cartagena. Recibió la ordenación episcopal el 11 de mayo del mismo año. Es, además, desde 2019, vicario general y, desde 2020, obispo delegado para los institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios desde marzo de 2020.

Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Jaén desde 2016

Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor, Badajoz. Realizó los estudios eclesiásticos en el seminario de dicha ciudad y recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Es licenciado en ciencias de la Educación (Catequética) por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma (1983-1986).

El 3 de julio de 2003 se hace público su nombramiento como obispo de Plasencia y recibe la consagración episcopal el 31 de agosto del mismo año. El 9 de abril de 2016 se hace público su nombramiento como obispo de Jaén y tomó posesión el 28 de mayo.

En la Conferencia Episcopal Española es presidente de la Comisión Episcopal para la evangelización, Catequesis y Catecumenado desde marzo de 2020. Es miembro de la Comisión Permanente. 

domingo, 24 de octubre de 2021

''Cuenta lo que has visto''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Nos encontramos en el domingo XXX del Tiempo Ordinario, un domingo muy especial dentro del mes de octubre, al celebrar también en él la Jornada Mundial de las Misiones: el DOMUND (Domingo Mundial de la Propagación de la Fe). Y es que la Palabra de Dios de este fin de semana tiene mucho que ver con la Campaña Misionera, pues nos habla de un camino que pasa por la ayuda, superar prejuicios y cegueras y tender la mano a quien nos necesita. Todos estamos llamados a ser misioneros, de forma especial dando luz y abriendo los ojos a tantos que nos gritan pidiendo compasión, la mayor parte de las veces desde el silencio. 

La jornada de las misiones va en los genes de nuestro ser cristiano y, especialmente, la exégesis de la Palabra de este domingo quiero iluminarla desde el lema de la Campaña de este año: ''Cuenta lo que has visto y oído''. Transmitir, dar a conocer y testimoniar nuestra fe, nos ayuda a crecer humana y espiritualmente y evita el empobrecimiento y acomodo de nuestra condición de cristianos. El misionero toma su fuerza de la eucaristía y de la lectura orante de la Palabra; se llena de Dios para poder llevarlo a los demás y dar gratis a manos llenas este tesoro recibido igualmente gratuito. Veamos las claves de la misión a la luz de estas lecturas:

El misionero se pone siempre en las manos del Padre. La primera lectura del profeta Jeremías nos presenta su mejor faceta: está gozoso; por eso invita a gritar de alegría. El autor parece dejar atrás el dolor del destierro en Babilonia, y ahora reconoce que hay luz al final del túnel. El secreto ha sido esperar y confiar en el Señor. Lo roto puede volver a unirse, la desesperación puede desaparecer a favor de la esperanza: ¡el Señor todo lo puede! Así se encamina el misionero, alegre y esperanzado pese a la incertidumbre de la misión sabiendo que no va a ciegas, sino que está en las mejores manos posibles. Jeremías dice: ''Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas''... Es decir; aquí caben todos, nadie queda excluido. Dios quiere que todos seamos su pueblo. Y remata el Profeta revelando el sentir del Altísimo: ''Seré un padre para Israel''. El misionero no va con la autoridad de sentirse "Padre", sino con la pequeñez y humildad de saberse hijo del que es verdadero Padre de todos. Sólo sirviendo servimos de algo, sólo siendo discípulos podremos hacer discípulos. 

El misionero hace de su vida un sacrificio. La segunda lectura tomada de la carta de San Pablo a los Hebreos nos habla de la caridad sacerdotal de Cristo, pues como hemos escuchado el sacerdote es elegido ''para ofrecer dones y sacrificios''. Lo que con frecuencia olvidamos es que todos participamos del sacerdocio común que nos ha sido dado en el bautismo, cuando el sacerdote en la unción del óleo nos dijo: ''para que seas sacerdote, profeta y rey''. Todos tenemos el altar más cerca de lo que pensamos, incluso las mujeres; no para un sacerdocio ministerial, sino para desarrollar el sacerdocio bautismal, tal y como lo hacen los misioneros siendo la mayoría laicos y haciendo de su vida una eucaristía permanente, una ofrenda de sí mismos a los demás, y un imitar a Cristo Sacerdote que ofreció como el mayor don su propia vida consumada en el sacrificio del altar de la Cruz.

El misionero abre los ojos a los que no ven. Como en el evangelio de hoy, en el que Jesús iba predicando por las aldeas y al salir de Jericó aparece el ciego Bar-timeo ("el hijo de Timeo"). El evangelista especifica que el invidente estaba ''sentado al borde del camino, pidiendo limosna''. He ahí un desahuciado social al que Cristo devuelve la dignidad, pero en este caso no es Jesús el que se acerca al enfermo, sino el ciego, quien al enterarse que pasaba Jesús le grita pidiéndole compasión y ayuda. El misionero no es un activista de "Ong" ni un postulante de ideologías o filosofías de vida, sino que su misión principal es transmitir el Evangelio tal como la Iglesia quiere y enseña, sin atajos, remiendos o añadidos. A veces puede dar la impresión que las misiones son una especie de campo de trabajo social, pero no; las misiones son campos evangélicos de pastoral: catequéticos, de fe y de presentación y conocimiento de Cristo, particularmente a los que nunca han oído su nombre. Por eso necesitamos curar nuestras cegueras, para poder ayudar a otros a ver de forma especial, para que vean y descubran en nosotros y por nosotros a Jesucristo. El misionero no lleva nada, es pobre y austero, pero lleva con él un tesoro: al mismo Cristo. 

Como escribía el Papa en su mensaje para la jornada misionera de este año: "La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener"... Que este gozo de ver cómo cambia la vida de las personas que "ven y reconocen" a Jesucristo nos impulse a ser cada día más misioneros en nuestro entorno. El DOMUND nos invita a levantarnos, soltar mantos o muletas y contarle a todo el mundo "lo que hemos visto y oído". 

Evangelio Domingo XXX del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,46-52):

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»

Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor

sábado, 23 de octubre de 2021

Necrológica

Falleció el religioso dominico P. Bonifacio García Solís O.P.

Bonifacio García y Solís, hijo de José Cruz y Rosaura, nació el 19 de junio de 1945 en Santibáñez de Murias, Asturias.

Hizo los estudios de primaria en su pueblo natal y el bachillerato en el colegio de Ntra. Sra. del Rosario, Arcas Reales, Valladolid donde se graduó en 1962 pasando al noviciado en el convento de Santo Domingo, Ocaña, Toledo.

Habiendo profesado el 15 de agosto de 1963 pasó a estudiar filosofía en el Instituto de San Pedro Mártir, Madrid, donde obtuvo la licencia en filosofía en junio de 1967.

A continuación, comenzó los cursos de teología en el Instituto Santo Tomás, Ávila, en 1967, pasando nuevamente al Instituto San Pedro Mártir de Madrid en 1968, donde obtuvo la licencia en teología el día 23 de septiembre de 1971,

Ordenado sacerdote el 27 de junio de 1971, fue enviado ese mismo año a Roma donde se matriculó en los cursos del doctorado en teología, especialidad moral, en la Academia Alfonsiana agregada a la Universidad del Laterano, donde obtuvo el doctorado en teología con especialidad moral en abril de 1974.

Tras unos meses en Inglaterra aprendiendo inglés, fue asignado a la Universidad de Santo Tomás de Manila en 1975, donde comenzó a enseñar teología moral en la facultad de teología y filosofía. Durante estos años enseñó también en el colegio de enfermería, comercio y escuela de graduados y obtuvo, además, el Master of Arts (Major in Philosophy).

En la Universidad de Santo Tomás, Manila, asumió diversas responsabilidades: capellán del hospital de la Universidad 1975-1976. Vice-Rector del UST Seminario Central 1976-1979; Secretario de las Facultades Eclesiásticas 1977-83; Asistente del Decano del Instituto de Religión 1982-85; Prior de la comunidad de Padres Dominicos en la Universidad 1980-1986; Prior Regional en el Vicariato de la Provincia en Filipinas 1986-1994.

En el capítulo provincial de 1993 fue nombrado Socio del Prior Provincial trasladando su residencia a Hong Kong. En el capítulo provincial de 1997 fue elegido Prior Provincial y sucesivamente en los capítulos provinciales de 2001 y 2005. Concluido su tercer cuatrienio como Provincial fue nombrado Maestro de Novicios 2009-2013. En el capítulo provincial de 2013 le asignaron la responsabilidad de administrador provincial.

Desde la ordenación sacerdotal, a lo largo de su vida apostólica, ha simultaneado la pastoral, con la enseñanza, la formación y el gobierno, mostrando una serie de actitudes que le definen como un religioso dinámico, con gran capacidad de trabajo y creatividad, generoso, con grandes dotes de acogida y disponibilidad.

El P. Bonifacio Solís fue elegido como el 110 Prior Provincial de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario en 1997. La Provincia se enfrentó entonces a un momento crucial en la historia.

A lo largo de la historia de la Provincia, los Priores Provinciales que habían sido reelegidos habían sido muchos y habían dejado una huella en la vida de la Provincia. Entre los que se pueden contar en este grupo de hermanos estaba el P. Bonifacio García Solís. No sólo fue reelegido sino que destaca entre nuestros superiores por haber asumido el cargo de Prior Provincial por tres mandatos consecutivos y tras una pausa de 8 años volvió a servir a la Provincia como su superior mayor por otro periodo de cuatro años.

Tomando el "Documento de 1997" como la visión de trabajo de su liderazgo, el P. Solís y los hermanos elegidos para formar parte de su equipo de liderazgo comenzaron el tedioso proceso de refundación de la Provincia, por un lado recuperando la vocación misionera y por otro fortaleciendo y diversificando nuestra presencia en los "lugares de misión". El P. Solís creía que la prioridad de la provincia era la captación de vocaciones y su adecuada formación como clave de este proceso. Con voluntad de hierro, y su clarividencia, las promovió celosamente y comenzó a permitir que muchos hermanos vieran esta realidad como el signo de esperanza para la Provincia.

Quizás una característica que se pueda recordar en sus tres mandatos Provinciales sería la afluencia de vocaciones no españolas a la antigua provincia "europea", la restauración de la misión china y la presencia en Singapur y la incorporación de los hermanos venezolanos a la Provincia.

Bajo su liderazgo, la Provincia comenzó a buscar formas de realizar la restauración de nuestro ministerio en China. Aunque el proyecto había comenzado antes durante la época del anterior Provincial P. Pedro Luis González, finalmente dio sus frutos a principios del milenio. El P. Solís fue el primer Provincial desde la Guerra del Pacífico en hacer una visita canónica a China cuando visitó nuestro noviciado improvisado en 2004. Al ver la indigencia del lugar y las incertidumbres de la comunidad naciente, se conmovió profundamente y tomó la misión como lago muy personal. Finalmente tuvo el privilegio de recibir los votos de nuestras primeras vocaciones chinas y estableció dos fundaciones en 2004 para comenzar la restauración de nuestra presencia en China. Trabajó incesantemente para ayudar a la misión buscando los permisos necesarios de la Orden y de las autoridades eclesiásticas. El gran éxito del proyecto se debe en gran medida a su prudencia, su celo y su previsión.

Esto se repitió cuando el proyecto de Venezuela que comenzó antes se incorporó a la Provincia. Y la Provincia tuvo que asumir la consolidación de la Orden en Venezuela con la formación de vocaciones. Los hermanos fueron enviados a hacer su formación de posgrado y hoy estos hermanos, a pesar de grandes pruebas y desafíos, ahora están asumiendo importantes puestos de responsabilidad.

Del mismo modo, el proyecto de Myanmar fue aceptado por la Provincia a través de su iniciativa.

Durante su etapa de Provincial, pudo restablecer noviciados y casas de Formación en muchas partes de la provincia. Singapur durante un tiempo fue una casa de formación y formó un grupo de hermanos que ahora están incorporados a nuestros ministerios en la misión. China tuvo su primer noviciado recibiendo vocaciones siguiendo paradigmas de formación diferentes y más creativos.

Al darse cuenta de que el futuro de la Provincia necesitaba un centro de formación más cohesivo para formar hermanos en el estilo de vida y los ideales de la Provincia, restableció el noviciado en Hong Kong para todas las vocaciones asiáticas y, finalmente, la fundación de la Casa de Estudiantes Internacionales en el antiguo enclave portugués de Macao, convirtiendo a la región de Hk-Macao en el alma y el corazón de la Provincia del Santo Rosario.

Las misiones emergentes amalgamaron a la Provincia con una visión renovada de sí misma y de su trabajo en la misión. Muchas veces, en el consejo o durante muchos momentos de diálogo en comunidad, siempre diríamos que estabamos enfrentando tantos problemas, pero él siempre nos decía, nos enfrentamos a muchos problemas sí, pero estos son problemas sobre la vida no sobre la muerte. Estas palabras se habían convertido en nuestro mantra diario para ver el desarrollo de la Provincia y nuestros muchos proyectos apostólicos desde los ojos de la fe.

Terminando su mandato como Provincial, fue nombrado Maestro de Novicios en Hk y fue entonces cuando el noviciado fue transferido oficialmente a Rosaryhill. Durante el segundo mandato del P. Javier González, fue elegido para el Síndico Provincial que actuó con el mismo celo y dedicación de siempre.

A pesar de su mala salud cargada con tantos años de servicio a los hermanos y las marcas del envejecimiento, el P. Solís continuó sirviendo a la Provincia por cuarta vez finalmente pasando el testigo al recién elegido Provincial, el P. Rubén Martínez en el verano de 2021.

Seguramente los logros del P. Solís habran dejado una huella en nuestra larga historia. Pero lo más importante es que su amor fraternal por cada uno de nosotros, su generosidad y su disposición a ayuda a cualquiera que buscaba su consejo. Aunque su legado no se repita, había planteado la medida de un líder y animador para esta Provincia cargado de historia pero vibrante con nuevos proyectos apostólicos, de una provincia con envejecimiento pero también de una provincia con vocaciones prometedoras y jóvenes.

Que su celo y su fervor religioso, su sabiduría sensata y su prudencia nos inspiren a servir a Dios y a la Iglesia con este mismo espíritu; y que interceda por la Provincia que tanto amó.

El funeral será el lunes 25 de octubre en el Convento de Santo Domingo de Oviedo a las 11 de la .m. A continuación, el cuerpo restante será llevado al Convento de Santo Tomás de Ávila donde habrá otra misa a las 17.m. Posteriormente será enterrado en el cementerio de Ávila.

Hoja litúrgica del Domingo XXX del T.O.

 

viernes, 22 de octubre de 2021

D. Pío, el venerable sacerdote que cambió Somió. Por Rodrigo Huerta Migoya

Un amigo me preguntaba este miércoles 22 de septiembre por la mañana si había escuchado algo de D. Pío, le dije que no sabía nada, pero que las últimas noticias que me habían llegado de él eran buenas: había superado un cáncer, y aún la página de la Unidad Pastoral de Tapia y Tol anunciaba las celebraciones que él iba a presidir cada día de las próximas semanas. Por desgracia, minutos más tarde el rumor dejaba de serlo para convertirse en confirmación: D. Pío había fallecido.

Se nos había ido un grandísimo sacerdote que por grande y bueno jamás quiso destacar ni sobresalir en nada. Nacido en la aldea de Rapalcuarto, parroquia de San Andrés de Serantes, en cuyo  occidental concejo de Tapia de Casariego abrió los ojos para este mundo un día de San Blas del año 1928. Antes de cumplir los ocho años ya había dado a conocer que el Señor le llamaba a ser sacerdote. Sin embargo, el estallido de la guerra le impediría ingresar en el Seminario. Su párroco, el celoso D. Marcelino Prieto, al ver lo mucho que le dolía al pequeño Ángel Pío no poder responder cuanto antes a su vocación sacerdotal, le dijo que su seminario empezaría allí mismo. Así la casa rectoral y el templo parroquial se convirtieron en el aula y oratorio de aquel aprendiz de seminarista, el cual empezó a estudiar latín y otras asignaturas introductorias ayudado por su cura, haciendo con el joven Pío en aquellos años de guerra una auténtica preceptoría, tal como otrora se formaba el clero secular al amparo y ejemplo de otros sacerdotes. 

Terminada la guerra pudo ya ingresar de forma oficial en Tapia de Casariego en aquel frío y destartalado Palacio que fue el Seminario Menor de Donlebún. Pasó por Valdediós, Covadonga y finalmente Oviedo. Concluida la licencia de Teología es enviado a Comillas para nuevamente licenciarse en Derecho Canónico. Era una mente privilegiada, y con apenas veintidós años ya había concluido no sólo los estudios exigidos para ser ordenado sino, además, la segunda y singular licencia mencionada. Recibe la ordenación sacerdotal en la iglesia parroquial de Santa Colomba de Barrios de Luna junto a sus compañeros Luis García Pola y José Morán, este último sobrino del obispo ordenante, Monseñor Alonso Muñoyerro (Vicario General Castrense-Arzobispo de “Sión”).

Su primer destino fue Teverga, concejo que quedó marcado a fuego en su corazón. Hablaba con mucha frecuencia de aquel su primer destino en San Salvador de Teverga, pueblo de Alesga; corazón del valle de Valdesampedro, uno de los tres que forman la orografía tevergana junto a los valles de Valdesantibáñez y Valdecarzana. Aquí fue un cura de pueblo muy feliz, lo que siempre quiso ser, pero con la altura de la montaña y a la sombra del Puerto Ventana. Además de San Salvador de Alesga de la que fue Ecónomo, atendía dos parroquias más como encargado: San Justo de Páramo y Santa María de la Focella. Estos tres pueblos conformaban en el medievo el llamado Real Privilegio otorgado por el rey Bermudo III en condición de hidalguía, en el año 1033. Hasta el siglo XIX estos tres pueblos fueron concejo independiente de Teverga con ayuntamiento, cárcel y escudo propio. Edificó aquí especialmente D. Pío el profundo amor del pueblo tevergano hacia la Madre de Dios en su advocación del Cébrano. Cuando había nombramientos en la diócesis lo que más ilusión le hacía era ver quién iba para aquellas tierras, y cuando se encontraba con algún joven sacerdote allí destinado o que como él se había estrenado en Teverga, no podía omitir el cariñoso comentario de que ambos habían empezado en el mejor lugar posible. 

Su segundo destino fue ser cura de su propio pueblo; es decir, sacerdote "pilón", encargado de bautizar a los fieles en la misma pila en la que él  también había recibido las aguas del bautismo. Fueron diez intensos años que vivió con muchísima actividad, de 1951 a 1961. Para un corazón tan abierto a todos como el de D. Pío no supuso dificultad alguna tener que ser profeta en su propia tierra. Fue muy querido y muy lamentada su partida cuando llegó la hora de hacer las maletas para marchar rumbo a Gijón. 

La figura de D. Pío es clave para entender la historia reciente de Somió y de su Parroquia, pero antes hemos de traer a colación los antecedentes previos a su llegada a la antiquísima parroquia de San Julián. Lo cierto es que había muchos problemas en Somió; demasiados, y hacía falta un hombre que llevara paz y devolviera al catolicismo aquella feligresía contaminada del Protestantismo por las corrientes imperantes y responsables que atendieron la Parroquia antes de su llegada y que habían divido por completo a la feligresía. No fue plato agradable lo que le tocó. D. Pío, integró en Somió una realidad muy plural en la que convivían aún los caseríos de gente humilde que vivían del campo y de la agricultura con el Somió de pueblo rural que aún quedaba, y con el "nuevo" el Somió urbanita de chalets y de confort que se iba imponiendo. El cura lo tuvo siempre claro: no iba ser de unos ni de otros, ni iba a utilizar el ambón como alguno de sus predecesores para arengas y exhortaciones ideológicas. Él quería ser de todos y, como San Pablo, se hizo judío para los judíos y gentil con los gentiles con el único deseo de ''ganar algunos para Cristo'' (1 Cor 9,22).

No somos muy conscientes los católicos asturianos de hasta qué punto nuestra Diócesis ha tenido mala fama en el resto de España por la manipulación ideológica de antaño, mal llamada "progresista", la cual ha dado la vuelta al mundo. Siempre que fuera de Asturias alguien sabía de mis orígenes inmediatamente me sacaban este tema: ''qué diócesis tan compleja''; ''los últimos obispos están sufriendo mucho por la situación que encontraron''; ''¿es cierto que el clero de tu diócesis estaba en contra de la beatificación de sus mártires?''... Aún este verano un sacerdote amigo de otra diócesis que se encuentra en Roma, me dijo que por allí se decía en broma que el clero asturiano no era muy "católico" y que hasta del Arciprestazgo de Gijón habían llegado comentarios al respecto. Yo traté de defender a mi Diócesis en la medida que pude, pues generalizar nunca es bueno. Pero posiblemente para nosotros los asturianos y para los que como yo somos de Gijón esto no sea nada nuevo. Hoy gracias a Dios, creo que ya no es para tanto, y, como dice un obispo español: ''hay que dejar que la biología siga su curso''. Por esa propia y dramática realidad natural de aquel clero queda muy poco ya, y los que están son absolutamente irrelevantes en sus arcaicos postulados, conscientes que para muchos otros sacerdotes más jóvenes e incluso seminarias que vienen detrás no sólo no son referente de nada sino, por ende, antitestimonio. 

Con este calado convivió D. Pío con aquel clero que pensaban que iban a "hacer nuevas todas las cosas" y que algunos destruyeron otras tantas bien hechas. Por eso cuando escucho las críticas al clero de mi Gijón del alma, yo digo que no es cierto; Gijón tuvo un clero de muchísima altura: D. José Arenas en San Pedro, D. Julio Rimada en San Lorenzo, D. Segundo de Sierra en San José, D. Eladio Miyar en Santa Cruz de Jove... y D. Pío en Somió. El nivel intelectual y pastoral del Arciprestazgo se devaluó profundamente tras esta generación, pasando de ser sus reuniones de sabios teólogos y pastoralistas a meros encuentros sindicalistas de trasnochadas "teologías de liberación" como lo son ya sus protagonistas qué, por otra parte en sus parroquias, eran dictadores que no permitían mover un jarrón o cambiar una bombilla sin su beneplácito. Pero tampoco todos los sacerdotes de la capital de la Costa Verde participaron de esta línea, y fue precisamente en esas otras comunidades cristianas donde han florecido vocaciones, fieles y apostolado, mientras aquellas "revolucionarias" languidecieron en un discurso aburrido y cansino.

Algunos tenían a D. Pío por un cura burgués amigo de ricos: ¡qué gran desconocimiento y mentira! Somió es una parroquia pobre, pues aunque sea la jurisdicción parroquial con más chalets y villas hacendosas, o con más apellidos compuestos y de rancio abolengo por metro cuadrado,  condecoraciones y reconocimientos nobiliarios, ya sabemos lo que dijo el Señor sobre los ricos (también de los "nuevos ricos"): será a los que más les cueste entrar en su Reino... Es curioso que con la cantidad de posibles y pudientes en la Parroquia, D. Pío jamás perdió su tiempo en tratar de hacer dinero; es más, tras su marcha el único reproche que se le pudo hacer fue éste, que tenía que haber exigido más colaboración económica a los que más y mejor podían, pero en esa Parroquia también había muchos ricos de última hora sin fe, con discurso progresista y hacienda y cuenta capitalista.

D. Pío fue el pobre más pobre de Somió; en aquella casona rectoral vivió más de medio siglo sin hacer una reforma, cambiar una ventana o pintar una pared. Vivía una austeridad espartana, hasta el punto que algunos opinaban que se conservaba tan bien por el frío que hacía en aquella casa. Le cuidó con mimo su hermana, afamada cocinera. En su tiempo todos los seminaristas querían ir a Somió por lo mucho que ella mimaba con sus guisos y postres de gastronomía occidental a los futuros sacerdotes.

Aún recuerdo la primera vez que hablé con él, yo era apenas un adolescente y no olvidaré que era un 28 de julio. D. Pío estaba en la capilla del Santísimo rezando, cuando terminó entró en la sacristía y comentó: ''que despistado soy, por la mañana no recordé que hoy era San Melchor de Quirós y recé lo de "feria", pero bueno, ya lo remedié...''. Y pensé: este hombre ha vuelto a rezar todo el oficio del común del mártir, seguro. Hacía gala a su nombre, era ciertamente "pío". Persona de apariencia tranquila pero nervioso en su interior. Relajaba sus preocupaciones con ayuda del tabaco que siempre iba en el bolsillo de la sotana. Aún lo estoy viendo en la sacristía, apoyado en la cajonera y fumando con pausa su cigarrillo, como aquel Padre pitillo de la obra de Carlos Arniches. 

La primera vez que planteó la posibilidad de su jubilación a Monseñor Osoro, éste no se la concedió comentándole: "D. Pío, usted no puede marchar de Somió; ¿cómo va volver a su pueblo si ya no conoce a nadie?"... El buen cura aceptó la decisión del Arzobispo, aunque no compartía la afirmación del Prelado. Para D. Pío su pueblo era muy importante, allí nació a la vida y a la fe, y allí recibió la vocación y comenzó su formación sacerdotal. En su pueblo ejerció la cura de almas y en él quería morir sencillamente, siendo lo que siempre fue: "sacerdote".

Finalmente, con mucha paz y ligero de equipaje abandonó Somió en 2012 cuando Monseñor Sanz tuvo a bien aceptar su renuncia a la cura pastoral de la Parroquia. La noticia de su marcha cayó como un jarro de agua fría en aquella porción del concejo de Gijón, pues todos querían que D. Pío se quedara para siempre con ellos.

La despedida fue apoteósica: homenajes, reconocimientos, números escritos y testimonios agradecidos y hasta la concesión de su nombre a un espacio del barrio con la elaboración incluso de un busto en su honor. Aquello a D. Pío no le gustaba nada porque le sobrepasaba, pero con su habitual bondad aceptó todo lo que sus feligreses le organizaron aún no compartiéndolo en absoluto. Él decía que no había hecho nada en Somió más que estar, que no es poco. Así lo manifestó cuando le comunicaron que un lugar de Somió llevaría su nombre, afirmando que «Mi único mérito es haber estado medio siglo en la Parroquia, como el roble de Villamanín, dando sombra al que la quiso».

Pero la mayor lección de D. Pío que muchos sacerdotes deberían de imitar fue su jubilación. Como pastor curtido en años y experiencias siguió el ejemplo de aquellos renombrados curas de antaño que tenían muy claro que cuando un cura se va de una parroquia -como diría otro antiguo cura de Gijón- "carretera y manta". Esto hizo nuestro buen Párroco a pesar de haber estado más de medio siglo en la Parroquia. Cortó toda relación y evitó cualquier tipo injerencia activa o pasiva  para impedir cualquier problema al nuevo párroco, dejándole por completo el camino libre. Jamás se interesó por cómo seguía la vida de la Parroquia o que cambios se habían producido. Él oraba a diario por Somió y sus gentes, pero sin querer saber nada más. En los últimos nueve años hubo muchas familias que quisieron contar con él para bautizos, bodas, funerales y primeras comuniones; D. Pío jamás entró en el juego de desplazar a su sucesor, cumpliendo así a rajatabla su idea de que su tiempo había pasado y ahora había un nuevo párroco al que debían acudir y querer como lo habían hecho con él. Sólo una vez lograron que volviera a pisar Somió por petición unánime desde la Parroquia, siendo invitado a celebrar la Fiesta del Carmen. Costó convencerle, casi hubo que llevarle obligado, pero al final disfrutó celebrando a su querida Virgen del Carmen de Somió.

Después de tantos años D. Pío no quería que la Parroquia quedara condicionada por su persona, por eso a la hora de su marcha no dejó de insistir sobre la importancia de acoger al nuevo párroco, pues como el mismo venerable comentaba: ''Después de tantos años sería un fracaso si la gente solo estuviera unida a mí por ser cómo soy en vez de por lo que hago como sacerdote, que es lo mismo que es estar unidos a Jesucristo''.

Ahora que tanto abundan las situaciones anómalas en la que los párrocos que se jubilan se quedan condicionando el camino a los nuevos "in situ",  o directamente boicotean a estos desde la distancia mediante sus "próximos", destaca el modelo de este gran sacerdote que tras una vida allí gastada supo apartarse y dejar paso a una nueva etapa.

Recuerdo sus ojos claros, su sincera sonrisa y, sobre todo, las manos grandes y rugosas. Aquellas manos gastadas que -en palabras de Pilar Urbano- fueron "nervudas, fuertes, hábiles y expresivas". Manos que habrán sostenido infinidad de veces la pluma estilográfica, que habrán pasado cuenta a cuenta muchos rosarios, que habrán confeccionado día a día -¡tantos años!- el misterio de la Eucaristía... Han sido manos artesanas, laboriosas, hechas para el trabajo esmerado... algo así como las manos de un gran alfarero.

Y esas manos amanecieron frías un día. La noticia corrió como la pólvora por toda Asturias, en especial en Somió donde su nombre no se borrará fácilmente. Estaba previsto que presidiera y predicara la novena a Nuestra Señora del Rosario en su querida iglesia de San Andrés de Serantes, pero el Señor le quiso llamar antes encaminando su alma a la gran liturgia del cielo.

El día en que la Iglesia Universal recordaba al gran San Pío de Pietrelcina, la Parroquia de San Andrés de Serantes despedía a un vecino, a un hombre "pío" donde lo hubiera, qué, para los que le  conocimos, será sin duda un santo de los que pasan a nuestro lado en la vida y nos guían a la vida que no termina. Descanse en Paz, Don Pío.