miércoles, 15 de septiembre de 2021

La Virgen de los Dolores, símbolo del sufrimiento de María por Jesús

(COPE) La Virgen de los Dolores representa el sentimiento de dolor de María, a lo largo de toda una vida, ante el sufrimiento de su hijo, Jesús. Se trata de una de las devociones más antiguas hacia la Madre de Dios. Celebra su festividad cada 15 de septiembre, aunque esta advocación también goza de una importancia considerable en la Semana de la Pasión (tanto el Viernes de los Dolores como el Viernes Santo).

La historia de la Virgen de los Dolores

La Compasión de la Virgen ya era glosada en el siglo VIII por algunas obras eclesiásticas, lo que no tardó en provocar el surgimiento de las devociones relativas a los siete dolores de María. La fiesta en honor a la Virgen de los Dolores llegó a Occidente en la Edad Media, celebrándose en un principio sólo durante la semana de Pascua.

Hubo que esperar hasta el siglo XVII para que la Virgen de los Dolores tuviese su homenaje festivo cada tercer domingo de septiembre. Sin embargo, este no se fijó hasta 1814, de la mano del Papa Pío VII. Unos cuantos años antes, en 1472, se extendió de manera universal la celebración del Viernes de Dolores (el anterior al Domingo de Ramos) gracias a Benedicto XIII.

Los siete dolores de la Virgen

Son los relativos a la profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús, la huida a Egipto con Jesús y José, la pérdida de Jesús, el encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario, la crucifixión y la agonía de Jesús, la lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto y el entierro de Jesús y la soledad de María.

Oración

Señora y Madre nuestra: tú estabas serena y fuerte junto a la cruz de Jesús. Ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo.

Lo perdías, en cierto sentido, porque Él tenía que estar en las cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, ¡qué hermoso es escuchar desde la cruz las palabras de Jesús: “Ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu Madre”!

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo el corazón, donde mora la Trinidad Santísima. Amén.

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