lunes, 4 de noviembre de 2024

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano D. Regino Chiquirrín Aguilar

Nació en Madrid el 12 de enero de 1930 aunque se crió en Álava, donde era natural su padre. Con doce años ingresa en el Seminario Diocesano de Vitoria. Concluidos los estudios de latín, filosofía y teología recibió la ordenación sacerdotal de manos del entonces prelado vitoriense, Monseñor José María Bueno Monrreal, el 27 de junio de 1954.

Su primer mes como sacerdote atendió las parroquias rurales en la montaña alavesa de Quintana, Campezo, Armentía y alrededores, y los once meses siguientes estuvo encargado de las ocho parroquias que conforman el Condado de Treviño, con una población en aquellos años de menos de 30 habitantes entre las ocho feligresías, en el entorno de Moreda de Álava. Fue Prefecto y Profesor del Seminario Diocesano de 1958 a 1963. Amplía estudios de Filosofía y Letras en Madrid (1963-1967)

Se incorpora a la diócesis de Oviedo donde reside su familia desde hacía años, ya que su padre tuvo que trasladarse aquí para trabajar en "Adaro". Llega en 1967, incardinándose en la Archidiócesis de Oviedo en 1970. 

El entonces Arzobispo de Oviedo Monseñor Vicente Enrique y Tarancón, al tener conocimiento de sus estudios le nombra capellán del Colegio de la Fundación Vinjoy, donde las religiosas Esclavas del Inmaculado Corazón de María llevaban tiempo reclamando al Prelado un sacerdote para atender esta realidad. Así, desde noviembre de 1967 será el preceptor del Colegio de sordomudos de la Fundación Padre Vinjoy, hasta noviembre del año 2002 en que pasó a la situación de jubilado. 

Otras encomiendas que tuvo en la diócesis fueron:

Director espiritual de la Legión de María (Desde 1975 hasta la actualidad)

Delegado para la pastoral de sordomudos y minusválidos (1984 - 2002)

Adscrito a San Isidoro el Real de Oviedo (1984 - 1999)

Director del Secretariado para la pastoral del sordo (Desde 2012 hasta la actualidad)

Don Regino dedicó la mayor parte de su vida a la atención de los sordomudos, campo del que fue todo un pionero y entendido, y a la que consagró totalmente su ministerio al llevar la Palabra de Dios a los que ni siquiera tienen voz o ni oído. Hombre lector y estudioso, era un apasionado por la Psicología o la Teología Dogmática. 

Dedicó mucho tiempo también al estudio y la divulgación de temas pedagógicos o espirituales como la vida del Padre Vinjoy, Logoterapia de V. E. Frankl, la semántica de la lengua de signos o Historia de la Pastoral del sordo en España (escrita por encargo de la Conferencia Episcopal). Publicó también libros de ayuda como la guía para la confesión y la comunión de los sordos, así como diversos artículos científicos de cuestiones filosóficos de Frankl o Foerster. Su último libro ''La misericordia de Dios'', fue publicado en 2021.

En estos dos últimos años su salud empezó a decaer tanto física como mentalmente; haber llevado siempre una vida muy ordenada en la alimentación y abordar los problemas de salud con remedios naturales -era todo un experto en temas de herbolario- hizo que superara diferentes complicaciones e ingresos hospitalarios. Llevaba muchísimos años residiendo en la Casa Sacerdotal de Oviedo desde sus años de vida activa; los últimos meses los vivió ya en la enfermería de la Casa Sacerdotal. Falleció en la misma este domingo 4 de noviembre. Tenía 94 años de edad y 70 de ministerio sacerdotal. 

D.E.P.

El funeral por su eterno descanso, presidido por el Sr. Arzobispo, se celebrará el lunes 4 de noviembre, a las DOCE horas en la iglesia parroquial de Santa María la Real de La Corte de Oviedo. La capilla ardiente estará en la Casa Sacerdotal de Oviedo hasta las 11:00 horas del lunes día 4 de noviembre. Seguidamente sus restos mortales serán incinerados e inhumados en el Columbario de la Parroquia de San Lorenzo de Gijón. 

''Señor ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza'' (Sal 51)

domingo, 3 de noviembre de 2024

''Amarás''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hemos celebrado los días previos la Solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos, y hoy Domingo XXXI del Tiempo Ordinario, la primera lectura nos adentra en ese pasaje del libro del Deuteronomio en el que vemos la catequesis que el Señor regala al pueblo peregrino por el desierto, capitaneado por Moisés. En este relato del Antiguo Testamento que conocemos como el texto del Shemá o los mandamientos deuteronómicos, queda patente que sólo hay un Dios (monoteísmo), y que el amor hacia Él pasa por la fidelidad en comunicación diaria, así como en amarle sobre todas las cosas. Estas claves no eran únicamente una hoja de ruta para aquella caravana errante por el desierto que a menudo se desespera y no era capaz de convivir entre sí ni de ser fieles a Dios, que les había sacado de la esclavitud. A nosotros nos ocurre exactamente lo mismo; nuestra vida es una peregrinación por un camino que desconocemos -nuestra propia vida- en el que nos encontramos con peligros y alegrías, momentos de sed y de oasis, de zozobra y de paz... Pero al final la meta es la tierra prometida que mana leche y miel, y que para nosotros no es un lugar físico como lo fue para los israelitas, sino que nosotros lo llamamos el cielo.

En estos días de visitas a los cementerios, de recuerdo y nostalgia, de emociones y sentimientos encontrados, hemos de hacer un esfuerzo especial en orar por nuestros difuntos y en hacer sacrificios por ellos, de modo que los ayudemos si aún están necesitados de purificación. Un sacerdote explicaba a sus fieles que el purgatorio era como los estudiantes de medicina que han terminado el grado; podemos decir que han terminado la carrera y ya son médicos, ¡pero aún no! pues les falta el MIR... A muchos difuntos les ocurre esto mismo: han terminado la carrera de la vida, pero les falta ese último tramo para llegar al cielo, y nosotros desde aquí podemos ayudarles con la oración en favor de sus almas. ¿Amaron mis difuntos al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo su ser?... Igual no siempre fue así, pero quizá yo pueda remediarlo poniendo en práctica la ley del amor y mediante la oración conseguir su salvación. 

En el evangelio de este domingo tomado del capitulo 12 de San Marcos, vemos al escriba que acude a Jesús para hacerle una pregunta profunda; él sabría qué intenciones tenía; tal vez había oído que el Nazareno le daría una interpretación ajustada a lo que esperaba, o una respuesta profética a la duda que asaltaba su corazón. Jesús le cita la Torá:  “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. 'Y esto no es un mandato al uso ni una orden temeraria: es una propuesta de vida. Si Dios es realmente el centro de mi corazón, de mi alma, de mi mente y mi ser, entonces ya tengo medio camino hecho. Y la otra mitad nos la revela el segundo mandato: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”... ¿Amamos al prójimo como a nosotros mismos? Cuántas palabras, acciones, omisiones y pensamientos de cada uno de nosotros no son de amor hacia mis semejantes... 

El evangelio nos invita a auto examinarnos justamente de lo mismo que tendremos que rendir cuentas llegada la hora de nuestra muerte, y es tan bueno el Señor que nos da las preguntas del examen: el amor a Dios y el amor a los hermanos, tal como explicó Jesús: ''No hay mandamiento mayor que estos''. A menudo nos equivocamos pensando que la muerte está muy lejos y que ya habrá tiempo para mejorar ambas relaciones con el Altísimo y los hermanos. Suele ser una trampa del maligno que nos introduce en el subconsciente esa forma de autoengaño. Hay personas que se dicen cristianas que no lo son en realidad pues viven odiando, viendo siempre el lado negativo, criticando, haciendo la vida imposible al prójimo... En contraposición (a Dios gracias) cuánta gente buena nos encontramos en el camino que sabe, que aman al Señor y a los demás con un corazón sincero, demostrando que en verdad la construcción del reino empieza aquí, haciendo de nuestro mundo un anticipo del cielo. De cada cual depende vivir ya aquí y ahora el anticipo del cielo consiguiendo el previo visado del último viaje con un corazón que ama o, por el contrario, que destila odio, rencor o resentimiento. De cada uno depende el querer ayudar al las almas del Purgatorio o pensar que eso es un cuento chino, hasta que me vea yo mismo en ese estado. Y, finalmente, de cada uno depende la propia salvación o condenación, como nos recuerda San Juan de la Cruz: «A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar como Dios quiere ser amado, y deja tu condición» (n. 59).

Evangelio Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

sábado, 2 de noviembre de 2024

Mons. Demetrio Fernández: «El Purgatorio no es un invento de los teólogos»

«Dichoso mes que empieza por todos los Santos y termina con san Andrés», dice un refrán popular. Es el mes de los Santos, es el mes de los difuntos, es el mes para pensar y relacionarnos con el más allá. Vivimos enfrascados en las tareas cotidianas, con el horizonte recortado de la actividad, o peor aún, del activismo que nos arrastra. Necesitamos de vez en cuando levantar el vuelo, levantar la mirada y otear el horizonte más amplio que da sentido al vivir de cada día.

Los Santos nos hablan de otra vida mejor, de otra vida que continúa más allá del tiempo, de una vida junto a Dios, en su presencia, saciados de su semblante y abrazados por su amor eternamente. Esa es nuestra vocación, ese es nuestro destino: vivir con Dios para siempre y prepararnos durante esta etapa terrestre para esa comunión plena con él. «Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», nos recuerda san Agustín.

El cielo no es algo que puede esperar, porque el cielo es la unión con Dios Padre en su Hijo Jesucristo, hombre como nosotros, ungidos e impulsados por el Espíritu Santo. Ese trato y esa comunión con las tres Personas divinas ya ha comenzado desde el bautismo en cada uno de nosotros, esa es la dirección de todo nuestro caminar en la tierra. Se trata de alimentar esa comunión, esa relación personal con los Tres, y que vayan empapando cada instante de nuestro caminar.

Cuando prescindimos de ese horizonte, nos estrechamos, nos angustiamos, y nuestra existencia se extorsiona. Cuando contamos con esta perspectiva, la que da el tratar con las Personas divinas, nuestro corazón se ensancha, se dilata, se llena de plenitud. Los Santos nos recuerdan esta manera de caminar por la vida. Ellos van delante, ellos han vivido sensatamente la vida, ellos gozan de Dios a plena luz e interceden por nosotros. Son nuestros hermanos mayores, que nos ayudan en el camino de la vida.

Y entre los que ya han partido de este mundo, se encuentran aquellos que todavía están purificándose antes de disfrutar de Dios en plenitud. El Purgatorio no es un invento de los teólogos. El Purgatorio es la expresión última de la misericordia de Dios con nosotros, que nos hace evidente y palpable su amor y genera en nosotros por contraste el dolor precioso de la contrición. El bien que hagas y el mal que sufras te sirva para reparar tus pecados, nos dice el confesor antes de la absolución. Es decir, nuestro pecado es perdonado instantáneamente por Dios en el sacramento, pero el pecado ha dejado secuelas y cicatrices que solo serán sanadas por el crisol del amor. El Purgatorio es una respuesta de amor sin recortes, donde nuestra alma queda limpia y pura para acceder a la presencia de Dios.

La oración de la Iglesia por sus hijos difuntos, que todavía están en el Purgatorio, es constante. Son sus hijos preferidos, porque son los que más sufren en esa llama de amor por parte de Dios y del corazón humano en su presencia. Es un sufrimiento lleno de esperanza, porque goza ya de la salvación. Pero es un sufrimiento que reclama nuestra colaboración y la de todos los Santos en su favor. Cuando rezamos por un difunto, cuando ofrecemos la Santa Misa por él, estamos haciendo no sólo un acto piadoso, sino un acto de comunión y solidaridad con los que necesitan nuestra ayuda y coparticipación.

Mes de noviembre, mes de Santos y de difuntos. Mes para plantearnos de manera más explícita cuál es el sentido de nuestro caminar por esta vida. Esta peregrinación tiene su término, su final, su desembocadura en Dios. Pero esta peregrinación conlleva sus lágrimas, sus sufrimientos y dolores, porque apartados de Dios nos hemos acarreado la ruina. El amor de Dios irá calando en nuestro corazón abierto a ese amor para que sepamos reparar nuestros desvaríos y podamos retomar el camino del cielo.

Diez pasos para un día de difuntos. Por Silverio Rodríguez Zapico

Noviembre es mes de hojas caídas y de olor a crisantemos. Días de visita a los camposantos y de recuerdo de tantos seres queridos que ya nos dejaron. Pero luego la realidad de la muerte es de todos los días y no se aviene a fechas fijas. Su rostro es trágico y doloroso. Los cristianos no somos más listos que nadie en este tema. La centralidad de Cristo resucitado en nuestra fe debería ser potente foco en este asunto, pero no siempre lo es. 

Pensadores como J. Guitton y Julián Marías nos reprochan el haber orillado ostensiblemente el tema de la muerte y resurrección en nuestra catequesis y en nuestra predicación. Quizá si. Y si así fuera, ¿que otra noticia mejor tendríamos para anunciar?. ''Si ya no se predica esta espera de eternidad, una religión acaba por parecerse a un club humanitario, e incluso a un sindicato o partido político'' (L. Sciascia). ''Católicos'', escribe Félix de Azúa, ''no os dejéis arrebatar la gloria de la carne. Que, sobre todo, el cuerpo sea eterno es la mayor esperanza que se puede concebir y sólo cabe una religión cuyo Dios se deja matar para que también la muerte se salvara''.

Quisiera dar diez pasos con mis lectores por si les llevan, o me llevan, a alguna parte.

1. La muerte es un hecho terco. Si se la ignora, ataca desprevenidamente. Si se la silencia, se cuela por las rendijas. La persona lúcida la mira de frente; y el cristiano la ve con los ojos de Cristo.

2. La muerte es rasero que iguala. Venimos desnudos y desnudos abandonamos el mundo. Todos somos iguales al morir, aunque se sea príncipe o simplemente ciudadano, famoso o anónimo. La muerte es observatorio de humildad y sencillez. ¿Nos suena que somos barro?. 

3. La muerte, y su antecedente, la enfermedad, nos ayuda a relativizar. Son demasiadas las cosas por las que luchamos: puestos, dineros... Esas maletas no pasan la frontera, se quedan aquí. Existe una riqueza eterna: el amor. El que ama triunfa sobre la muerte.

4. La muerte avisa de que hay que querer a la gente en vida. Querer mientras es tiempo. Recuerdo una deliciosa historia que cuenta E. Galeano de aquellos indios ''shuar'' en la selva ecuatoriana llorando a una abuela moribunda. Alguien, venido de otras culturas, preguntó: ''¿Por qué lloran si todavía está viva?. Y contestaron: ''Para que sepa que la queremos mucho. Que no se nos vaya sin saber nuestro cariño. Que lo sepa a tiempo''. Cuando sobreviene la muerte nos damos cuenta de lo inútiles que resultan lamentos, flores y homenajes póstumos cuando no ha habido intimidad a tiempo. En vida, en vida... porque si no, a buenas horas. 

5. La muerte evalúa el proyecto. El proyecto ambicioso de ser persona. La vida nadie se la ha dado a sí mismo: es el mayor de los regalos. Corremos el riesgo de dilapidarlo. Toda vida es breve a la hora de sacarle el mejor partido. El proyecto del cristiano es un proyecto con Dios y el prójimo al fondo.

6. La muerte es un revelador de coherencia. Se muere como se vive, la vida y la muerte más apacible s la que ha alejado el temor y descansa en la confianza porque ha sembrado el bien y la justicia.

7. La muerte no es la máxima evasión. Cielo y tierra comienzan aquí. Cuando se ama se vive ya en el cielo, si bien todavía no a tope. Cuando se respeta, ama y sirve al otro, se construye el cielo. Pero con odio y egoísmo se propicia el infierno. Creer en la vida eterna no significa olvidarse de trabajar aquí por un mundo nuevo y mejor, porque el Reino ya está sembrado.

8. La muerte barrunta plenitud y realización. Existe una virtud preciosa, más olvidada y no menos urgente que la fe y el amor, y se llama esperanza. Acercándonos a Cristo muerto y resucitado oteamos la falta de ser humano. Vivimos y morimos con el anhelo de dar esa talla.

9. La muerte es puerta que se abre. Creo en la vida eterna. No tenemos mejor mensaje que anunciar. Vivamos mucho o vivamos poco ''hay un lugar donde podemos ir y nos recibirán'', se cantaba en aquella vieja canción. ''Voy a prepararos sitio'', dijo Jesús. Y vida eterna es también cita de reencuentro con los seres queridos. Será la más plena comunión. La vida eterna no comienza el día d, hora h, sino que llena de sentido cada minuto de los que vivimos.

10. La muerte es ''hermana muerte''. Así la llamó Francisco de Asís. Reconciliarse con la muerte de cada uno es difícil y a la vez gratificante. Dios está ahí como el portor del trapecista. Nosotros, trapecistas, tenemos que volar y el portor estará allí, indefectiblemente, para agarrarnos cuando demos el salto. Lo dijo Jesús: ''Padre, en tus manos pongo mí espíritu''. Cristo venció a la muerte. Confianza 

*Artículo publicado en La Nueva España en Noviembre de 2003 por el Párroco de La Resurrección de Gijón. El autor falleció el 22 de marzo de 2021. 

viernes, 1 de noviembre de 2024

Hoja informativa del Cementerio Parroquial de Lugones 2024

MOVIMIENTO ECONÓMICO:

-SALDO a 01/11/2023: 8.639´68€

-INGRESOS por cuotas, servicios y colectas desde el 01/11/2023 al 31/10/2024: 21.588´00

Seguimos observando que servicios y colectas se mantienen a la baja. En años 2020 y 2021 posiblemente como eco de la Pandemia quedaron muchas cuotas sin abonar; es importante regularizar estas los que no lo hayan hecho en esos años. De igual modo, algunos sólo se ponen al día cuando se les exige por la Funeraria Concesionaria de los servicios al ejercitar -por necesidad- el “Derecho de Uso”. Indicamos que los nichos que en el tiempo se observe que no abonan la cuota y/ó se encuentren en estado de “abandono” (material y económico) podrán ser intervenidos  y puestos nuevamente a disposición parroquial ante la necesidad de nuevos enterramientos, trasladando los restos que hubiere en ellos con el debido decoro al Osario Parroquial.

SE RECUERDA DE MANERA IMPORTANTE QUE LA CUOTA SE ACTUALIZADO EN 2022 EN 10€ NICHO/AÑO. LA ÚLTIMA REVISIÓN FUE EN EL AÑO 2012. HAY GENTE QUE NO HA ACTUALIZADO EL PAGO.

TOTAL INGRESOS: 30.227´68€

GASTOS:

-Por reparaciones y arreglos de zonas comunes (desconchados, cargas, pinturas y saneamiento de nichos antiguos recuperados, drenajes y limpieza de desagües y alcantarillados)  6.500´00€

-Por retrocesiones compensadas en las titularidades de nichos antiguos  4.150´00€

-Por conservación, mantenimiento general y limpieza ordinaria 2.175´45€

TOTAL GASTOS: 12.825´45€

SALDO A 01/11/2024: 17.402´23€

Se mantiene el protocolo de recursos económicos y financiación:

A) -Cuotas y servicios; B) -Colectas de Funerales; C) -Aportaciones de la Parroquia

D) –Créditos (si hiciesen falta)

Las cuentas están saneadas y en positivo, aunque sigue siendo de vital importancia regularizar los “olvidos”, actualizar las cuotas, y mantener la responsabilidad en las obligaciones para poder atender cualquier eventualidad o imprevisto que se pueda presentar, y seguir atendiendo como se merecen y en un lugar digno a nuestros difuntos.

CUENTA CEMENTERIO:

(BANCO SANTADER (misma cuenta y oficina que cuando era “el Popular”):

ES40 0075 0882 19 0600029256 (se debe pagar a nombre del titular, no de terceros, reseñando los nichos y adjudicatario real para la adecuada identificación y poder adjudicar debidamente el pago)

RECORDAMOS que el impago de la cuota puede dar lugar a la revocación del título del “Derecho de Uso” (quien abandona la obligación que conlleva un derecho, abandona también el propio derecho) y, en todo caso, no se atenderá ningún “servicio”, ni por la “Funeraria SAN PABLO” (Concesionaria de los servicios del Cementerio) ni por la Parroquia, que no esté al corriente de pago. Igualmente, TODAS las obras que se realicen en los nichos o en su entorno han de contar con el PERMISO ESCRITO de la Parroquia, titular y única administradora del Cementerio y sus nichos, y, en caso de su concesión, quedará el mismo condicionado al cumplimiento del criterio estético que recoge la normativa eclesiástica vigente, y que se reseña al reverso de los “Títulos o Escrituras.”

-Funeraria San Pablo: (985 27 79 99) exigirá siempre para cualquier intervención en los nichos el Título (“Escritura”) del “Derecho de Uso” y los recibos de estar al corriente de pago de las anualidades del 2005 en adelante, así como el Permiso de Obras y la capacidad jurídica para intervenir en ellos.

ANTE CUALQUIER DUDA O ACLARACIÓN DIRIGIRSE AL DESPACHO PARROQUIAL:

                DE MARTES A VIERNES DE 18 A 19 HORAS; TF.985 26 04 14//URGENCIAS: 659 31 33 53

Los Santos intercedan por nuestros difuntos, y nuestros difuntos nos estimulen a ser santos. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Iniciamos el mes de noviembre con la celebración de Todos los Santos, y el día 2 con la de los Fieles Difuntos que es una jornada para la memoria agradecida. Es hermoso ver cómo aún se mantiene esta tradición en nuestra sociedad tan secularizada de cuidar en estas fechas el recuerdo que de generación en generación hemos aprendido desde niños de visitar el cementerio, limpiar las sepulturas y adornarlas con flores y velas pero, sobre todo, elevar una oración por nuestros seres queridos que duermen ya el sueño de la paz. En Lugones, cuántas personas peregrinan en este otoño al cementerio de Santa Bárbara del Cantaranas; muchos a pie y con no pocos años encima y achaques, llegan al camposanto con bolsas de flores y productos de limpieza...

Hay quienes dicen que el cementerio de Lugones es feo, o que está muy "empozado"; es cierto que no hay panteones de lujo, ni obras de arte funerario ni vistas al mar, pero tiene la belleza de ser de algún modo el relicario de la Parroquia donde están los santos anónimos y los fieles difuntos que compartieron nuestra misma fe y ahora esperan que Jesucristo los llame por su nombre para incorporarlos a su Pascua definitiva. Cuando nos acercamos al Cantarranas nos recibe cual antesala ese caminín de castaños que en estos días disfraza el asfalto con el follaje otoñal, que nos recuerda el otoño de tantos que se han ido, y que igualmente actualiza los sentidos a todos los que estas fueyas pisamos, que  algún día habremos de caer del árbol de la vida para volver a la tierra de la que fuimos sacados. Así lo cantó Espronceda: 

''Hojas del árbol caídas
juguetes del viento son:
las ilusiones perdidas
son hojas ¡ay! desprendidas
del árbol del corazón.
¡El corazón sin amor!
Triste páramo cubierto
con la lava del dolor,
oscuro inmenso desierto
donde no nace una flor''

Son fechas en que se activan los recuerdos y la nostalgia, pero también especialmente la esperanza. El primero de Noviembre es un día para la alegría del corazón al celebrar en una sola jornada a todos los Santos, no sólo los que están en el santoral, sino especialísimamente a los que se escapan de nuestros cálculos y a los que Dios ya ha canonizado. Así, a este primer día del mes tenemos que darle un toque de fiesta: en muchas casas hay postre especial como los huesos de santo, y es que hasta en los pequeños detalles se manifiesta que los católicos festejamos a la Iglesia triunfante, a los amigos más queridos de Dios, a los que nos dan nombre, patronazgo, protección e interceden por nosotros ante el trono del Altísimo. Es verdad que aprovechando que este día primero de mes no laborable, nos adelantamos a venir al cementerio y tener aquí la eucaristía y el responso un día antes, dado que así se facilita que muchas personas puedan acudir y que el día 2 les sería imposible, por eso mi reflexión quiere girar en esta relación tan imbricada de los Santos y los Difuntos.

Celebramos a los Santos pidiéndoles de forma especial por nuestros difuntos; muchas familias colocan en la sepultura la imagen, el relieve o el grabado del santo de su devoción, la patrona del pueblo o el santo que daba nombre al ser ser querido. Y eso es un gran acierto, pues los Santos pueden ayudarnos mucho desde la posición en que ahora se encuentran. Por ejemplo, Santa Teresita del Niño Jesús dijo: ''Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra'', y San Pío de Pietrelcina advirtió: ''Daré más guerra muerto que vivo, y a todos los que vengan a pedir nada les faltará''. Los Santos nos ayudan, pero no van por libre, ellos nos unen más a Cristo y sus caminos siempre nos conducen a Él ''como del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (LG 50). Pidamos pues a los Santos que intercedan por nuestros difuntos, especialmente por aquellos más necesitados de la Divina Misericordia del Señor.

¿Y qué podemos decir de los difuntos? Pues que nos vemos ante un enigma; deseamos que los nuestros hallan llegado ya al cielo esperado, pero no sabemos si ya estarán en la gloria o en el purgatorio, ese gran túnel de lavado donde se purifican las manchas que en el camino de la vida hemos ocasionado a la vestidura blanca de nuestro bautismo. En España siempre ha habido una gran sensibilidad hacia esta realidad de las Benditas Animas del Purgatorio, tradición donde hacemos nuestro lo que ya Judas Macabeo afirmó en el siglo II antes de Cristo, que orar por los difuntos es ''una idea piadosa y santa'' (2 Mc 12,46). Cuando estuve como sacerdote en el suroccidente asturiano, compañeros sacerdotes me contaron muchas anécdotas de una mujer muy curiosa que vivió en un pueblecito de la parroquia de A Ronda, en Boal. Yo no conozco la zona ni conocí a esa mujer que murió en 1995 cuando yo aún era seminarista, pero era muy famosa en todo el occidente asturiano, y la gente acudía a ella sobre todo a preguntarle por los difuntos. La llamaban "bruja", pero aquella anciana no hacía brujería sino que decían que hablaba con los muertos; en todo caso era una nigromante. ¿Sabéis que solución daba siempre aquella mujer?: Misas; encargad misas. Tantas como hicieran falta por sus acciones al alma y necesidad de la persona fallecida. Había sacerdotes que no quería celebrar esas misas, pues al saber que estaba detrás la llamada "bruxa de Brañavara" les molestaba pero, en realidad, aquella mujerina era honrada, no sacaba la bola de cristal para hacer falsas adivinanzas, ni les decían a los que acudían a hacerle consultas que ella iba a sacar a sus difuntos del purgatorio, sino que derivaba a la gente a los sacerdotes... 

En la catequesis aprendemos que una obra de misericordia es "enterrar a los muertos", y esto no sólo implica que si encontramos un cadáver tenemos la obligación moral de avisar a las autoridades pertinentes para que ese difunto sea tratado con dignidad, dado que ese cuerpo fue templo del Espíritu Santo, también en su vertiente espiritual la obra de misericordia implica orar por los fallecidos, y de forma especial por aquellos que ya no tienen quien les recuerde ni ore por ellos. La Iglesia nos enseña también que que esto forma parte de nuestra vida de fe, no sólo la Comunión de los Santos, sino igualmente la comunión con los difuntos, pues ''nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor'' (CIC nº 958). Si nuestros difuntos pudieran hablarnos, ¿Qué nos pedirían para ellos, y qué nos pedirían a nosotros? A buen seguro para ellos nos rogarían oraciones, y esto no quiere ser una campaña de marketing clerical; en Asturias hay más de 900 parroquias donde poder encargar misas por los difuntos; hay personas que las encargan en Covadonga, en la Catedral, en el Santuario del Acebo, del Cristo de Candás, la Casa Sacerdotal etc... El lugar es lo de menos, lo importante es que les ayudemos cuanto antes a gozar de la presencia del Creador. 

¿Y qué nos dirían hoy nuestros difuntos?... No dejéis la misa del domingo; la fe, la confesión; no deis la espalda a Dios que llegada la hora de la muerte uno se da cuenta de sus errores y olvidos. Ante esto, podemos pensar en esa parábola que Jesús relata del mendigo Lázaro y el rico Epulón. Murió el mendigo y después el rico, y viéndose Epulón en el infierno entre tormentos pidió a Abrahán que enviara a Lázaro para mojando la punta del dedo le refrescara la lengua en medio de aquellas tormentosas llamas. Y Abrahán le respondió que debía recordar que él en su vida había recibido bienes y Lázaro males, por ello el aparente perdedor ahora es consolado y el aparente triunfador atormentado. Dice el evangelio además que entre un lado y otro, entre los que quisieron estar con Dios y los que no quisieron saber nada de Él hay un inmenso abismo para que no puedan cruzar de un lado a otro. Ante esto, San Lucas nos cuenta la reacción última del rico Epulón pidiendo un último encargo para el bendito Lázaro: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Los difuntos deben estimularnos a querer ser Santos, a que la muerte nos pille preparados espiritualmente, y eso no se puede dejar para última hora dado que no sabemos el día en que terminará nuestra peregrinación por este mundo. Como afirmó Benedicto XVI: ''Ante el silencio de la muerte, al desvanecerse las expectativas humanas, sentimos viva la esperanza cristiana, que, más allá de las apariencias, descubre el amor de Dios, fiel a sus promesas''. Rogamos de modo especial por los difuntos por las consecuencias de la catástrofe natural en Valencia y Albacete, así como los que experimentan en estos días la cruz antes esa terrible tragedia que pone en evidencia la incapacidad del hombre y sus tecnologías y previsiones, y la profunda necesidad de Dios en nuestras vidas: Jamás menospreciemos el valor y el poder de la oración.