viernes, 4 de noviembre de 2016

Intenciones Apostolado de la Oración + Noviembre 2016

Resultado de imaxes para apostolado de la oración

Intención general:
 “Para que los países que acogen a gran número de refugiados y desplazados, sean apoyados en su esfuerzo de solidaridad.”

Intención misional:
 “Para que en las Parroquias, sacerdotes y laicos, colaboren juntos en el servicio a la comunidad sin caeren la tentación del desaliento”.

Intención de la CEE:
Para que el Señor aumente en todos los fieles una fe más firme en la Vida Eterna y crezca el testimonio de la esperanza cristiana.

¿Dónde están tus difuntos?. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Posiblemente si esta pregunta la hiciéramos a alguna gente de Lugones seguro que más de uno sabría responder con exactitud el bloque, fila y número de nichos dónde reposan los restos de sus seres queridos. Porque lo que está en nuestro corazón ni se borra ni se olvida. Si las personas se empeñan en defender con uñas y dientes su sepultura, su cristal, su puerta, o que el jarrón de encima no manche el nicho de “mi padre”, es porque para nosotros el cementerio no es un lugar cualquiera sino un referente muy particular que aún con el paso del tiempo sigue desatando nuestras emociones, nostalgias y recuerdos, pues en la mayoría de los casos nos remite a las personas más especiales que desaparecidas ya a nuestros ojos Dios había puesto en nuestras vidas y que en muchos casos nos han ayudado a ser lo que somos.

Estos días vamos a limpiar, adornar y a recordar en sus sepulturas a los nuestros mientras la memoria silenciosa se hace en la faena lacrimosa, y afloran así en el pensamiento rebelde y racional las “últimas preguntas” sintetizadas en la que titula este artículo: ¿estarán en el cielo?; ¿estarán aún en el purgatorio?; ¿se habrá condenado aquél que era un cataplasma?... Nuestras abuelas, que ni sabían que es teología y que toda su filosofía la estudiaron en la “Universidad de la Vida”, sabrían sin la menor duda contestar mejor que nosotros: ¡Están con Dios!, donde ya no hay ni muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor (Ap.21,4)

San Pablo nos recuerda que es una piadosa costumbre orar por los muertos, para que lo que anticipamos en párrafo anterior sea una realidad y que en este año de la Misericordia deberíamos acentuar. Una de las obras de misericordia es enterrar a los muertos, pero no quiere decir esto que suplamos el oficio de los empleados de la funeraria. Cumplimos esa función de enterrar con misericordia a los muertos cuando consolamos de corazón a una familia que ha perdido un ser querido, cuando acompañamos a la persona que ha enviudado, cuando encomendamos el alma del que ha partido, y si rezamos o llevamos flores al que ya sólo las arañas se acuerdan al tejer su tela frente a su epitafio… Consolar es estar con el que está solo; acordarse del olvidado… En nuestra parroquia son varias las personas sensibles a esta realidad, las cuales encargan misas por las Animas del Purgatorio: ¿Por qué apuntar misas por muertos que desconozco, pudiendo hacerlo sólo por mi “abuelo”?... pues por misericordia, puesto que mi abuelo podría estar entre aquellas almas que no han completado su ciclo beatífico…

Recuerdo en una visita a Nápoles (Italia) que un amigo sacerdote me llevó a un cementerio ya clausurado y ubicado en una profunda cueva donde había permanecido la costumbre que gente anónima “adoptase” a los difuntos que reposaban en las sepulturas más deterioradas o abandonadas, comenzando entonces a cuidarlas y a rezar para que el alma del desconocido -o conocido- difunto que allí reposaba, pudiese llegar a Dios si es que por sus actos en vida aún no lo había logrado, y, para que llegado a Él, fuese igualmente intercesor de su “adoptante” en la “Comunión de los Santos”… me gustó esa piadosa y cristiana costumbre y le pregunté a mi amigo cuál era el origen de ésta: ¡La Misericordia!, me contestó.

Por último no quisiera terminar sin tener una referencia sobre la reciente Instrucción de la “Congragación para la Doctrina de la Fe” de la Santa Sede titulada: “Ad resurgendum cum Christo”, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación. Algunos medios de comunicación han envuelto este documento en un  reduccionismo sensacionalista que no responde a la verdad que desarrolla el mismo y que sólo pretende el trato adecuado, piadoso y cristiano de los restos cinerarios de nuestros difuntos. Por ello lo sintetizamos aquí, al tiempo que incluimos la Instrucción completa en esta Hoja Parroquial de este mes para que cada cual saque sus conclusiones desde el texto original.

El texto está formado por ocho puntos:

Los dos primeros de una carga más bien teológica y el resto desde un enfoque más pastoral.
En el tercer punto se recomienda (no obliga) la inhumación.
En el cuarto se pide que siempre se respete la voluntad del finado.
En el quinto se aconseja la conservación de las cenizas en el cementerio o columbario
En el sexto señala que sólo en casos excepcionales han de conservarse las cenizas en el hogar
En el séptimo pide que no se permita la dispersión de las cenizas así como su trasformación en joyas etc.
En el octavo señala que cuando el finado haya pedido la cremación por ideas contrarias a la fe se le nieguen las exequias (funeral)

Cabe recordar que las directrices de la Iglesia sólo atañen a los que viven y practican la fe católica, por lo tanto está de más cualquier crítica o aspaviento de aquellos que sin ni siquiera ser cristiano se han apresurado en cargar tintas (como siempre) contra la doctrina eclesial que refrenda el Papa Francisco, al que, a conveniencia, algunos pretenden manipular.

Pienso que todo lo expuesto en este documento es de sobrado sentido común desde cuestiones muy sencillas de entender: ¿Cuántas veces las cenizas de un ser querido conservadas en casa han acabado dónde no debían al faltar la generación que lo conoció?; ¿cuántas veces las familias que han esparcido las cenizas luego se han arrepentido por no tener ni un lugar dónde llevarle flores?; ¿puede considerarse cristiano convertir las cenizas de “la abuela” en una pieza de joyería para llevar al cuello?...

jueves, 3 de noviembre de 2016

Carta semanal del Sr. Arzobispo












 Arca de familia cuando el diluvio arrecia


Nos hemos reunido las cuatro diócesis que formamos nuestra Provincia Eclesiástica: Oviedo, Astorga, León y Santander. Un encuentro de los laicos, que junto a los cuatro obispos hemos reflexionado sobre la familia. Es la unión entre hombre y mujer, en respeto y ternura, en fidelidad para siempre, abiertos a la vida donde cada miembro es reconocido como persona humana desde su concepción hasta su muerte natural, custodiándola en todos los tramos de su historia. Es escuela de solidaridad, donde compartimos los bienes y sostenemos fraternalmente a los miembros más necesitados cuando vienen las crisis todas. En la familia se percibe que cada hijo es un regalo de Dios otorgado a la mutua entrega de los padres, y se descubre la grandeza de la maternidad y de la paternidad. El reconocimiento de la vida como don de Dios donde no se debería privar a ningún niño del derecho a nacer en una familia llamando padre a su padre y madre a su madre, y que toda mujer encuentre en su hogar, en la Iglesia y en la sociedad las ayudas necesarias para tener y cuidar a sus hijos. En el hogar cristiano se descubre la fe y se celebraintroduciendo a cada miembro en la vida de los sacramentos que acompañan los acontecimientos más fundamentales de la historia familiar.

Es hermosa la imagen del arca de Noé con la que el cardenal Müller en su intervención sobre la esperanza de la familia en el Seminario de Oviedo dibujó la navegación de nuestra conciencia y nuestra libertad, viviendo la familia como un viejo proyecto en el que Dios y su Iglesia tienen tanto que decirnos, tanto que recordarnos, corrigiendo o afianzando lo que nos permite crecer y madurar mientras vamos navegando. Müller se pregunta al hilo de lo que el papa Francisco dice en Amoris Laetitia: ¿cómo dar esperanza a aquellos que viven alejados, y especialmente a los que han vivido el drama y la herida de una segunda unión civil después de un divorcio? Son los que, se podría decir, naufragaron en el diluvio de la postmodernidad líquida y han olvidado aquella promesa esponsal por la que sellaron en Cristo un amor para siempre. ¿Pueden regresar al arca de Noé, construida sobre el amor de Cristo, y escapar a las aguas? En tres palabras el papa nos indica la vía para esta tarea de la Iglesia: acompañar, discernir, integrar».

La vida es una travesía, unas veces con aguas tranquilas y los vientos a favor de nuestras velas; en otras las olas se encrespan y los buenos aires no parecen tan amables para llevarnos a la eterna orilla. Esta es la historia de la humanidad y también la historia de la Iglesia. Por eso concluye Müller diciendo que en medio de las aguas turbulentas «la Iglesia puede ofrecer una esperanza a todas las familias y a toda la sociedad, como el arca de Noé. Ella reconoce la debilidad y la necesidad de conversión de sus miembros. Precisamente para eso está llamada a mantener la presencia concreta del amor de Jesús, vivo y eficaz en los sacramentos, que dan al arca su estructura y dinamismo, haciéndola capaz de surcar las aguas».

De todo esto pudimos reflexionar, orar y compartir recursos pastorales en este encuentro de Provincia eclesiástica. En medio de tanta intemperie en la que la familia no es protegida los cristianos queremos con humildad vivir lo que hemos aprendido del mismo Dios y que hemos heredado de nuestros mayores como un precioso regalo lleno de verdad y de belleza. Que la familia santa de Nazaret nos bendiga y acoja nuestras plegarias y preguntas, sabiéndonos por ella escuchados y sostenidos en las respuestas.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El Día de los Difuntos nos invita a ir de la tristeza a la esperanza

Resultado de imagen de papa francisco en el cementerio de roma

(ACI) Tristeza, pero también esperanza y conmemoración. Ese es el doble sentido de la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, como explicó el Papa Francisco durante la Misa celebrada en el cementerio Flaminio –también llamado de Prima Porta– en Roma.

“El sentido de tristeza, un cementerio es triste, nos recuerda a los nuestros que se fueron, nos recuerda el futuro de la muerte. Pero en esta tristeza les traemos flores como un signo de esperanza. También puedo decir de fiesta, pero más adelante, no ahora”, explicó el Pontífice en su homilía.

Antes de presidir la Misa, Francisco colocó flores en diferentes tumbas del cementerio, siguiendo las palabras que pronunció el 2 de noviembre de 2014 y que recordó hoy en su cuenta de Twitter. “Nos detenemos con fe ante las tumbas de nuestros seres queridos, rezando también por los difuntos que nadie recuerda”, expresó a través de @Pontifex.

En la homilía de hoy, el Papa recordó que “Job estaba en la oscuridad, estaba ante la puerta de la muerte. En ese momento de angustia, dolor y sufrimiento Job proclama la esperanza. Yo sé que mi Redentor vive, y que resurgirá del polvo, y yo lo veré, yo mismo con mis ojos que lo contemplarán, y no otros”.

Como explicó el Santo Padre, “la tristeza se mezcla con la esperanza, y esto es todo lo que nosotros sentimos hoy en esta celebración. La memoria de los nuestros ante sus restos, y la esperanza”.

“Pero también sentimos que esta esperanza nos ayuda, porque todos nosotros tenemos que hacer este camino. Antes o después, todos. Con más o menos dolor, pero todos. Y al mismo tiempo, con la flor de la esperanza. Con aquella cadena que está anclada más allá, en la esperanza de la resurrección que no desilusiona”, enseñó.

“¿Y quién hizo primero ese camino? –Se preguntó el Pontífice–: Jesús. Nosotros caminamos el camino que Él ha hecho. El que nos ha abierto la puerta es Él mismo: Jesús. Con su Cruz nos ha abierto la puerta de la esperanza. Nos ha abierto la puerta para entrar donde contemplaremos a Dios. Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo, y yo lo veré: Yo mismo. Mis ojos lo contemplarán, y no otros”.

El Papa concluyó con un mensaje de esperanza. “Volvamos hoy a casa con esta doble memoria, la memoria del pasado, de los nuestros que se fueron, y la memoria del futuro, del camino que nosotros tenemos que andar. Con la certeza, con la seguridad que brotó de los labios de Jesús: ‘Yo lo resucitaré en el último día’”, afirmó.

Una vez finalizada la Misa, y antes de impartir la bendición final, el Papa recordó que “en la visita al camposanto, lugar de reposo de nuestros hermanos y hermanas difuntos, renovamos la fe en Cristo, muerto, sepultado y resucitado por nuestra salvación. También los cuerpos mortales se levantarán el último día, y aquellos que se hayan dormido en el Señor serán asociados a Él en el triunfo sobre la muerte”.

"Recordar a los difuntos en el altar de Cristo"


Resultado de imaxes para cementerio el salvador oviedo

(Iglesia de Asturias) Se acaba de presentar en el Vaticano un documento sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación, bajo el título Ad resurgendum cum Christo. Está redactado ante el aumento del fenómeno de las cremaciones, y en él se recuerda que la Iglesia no es contraria a la incineración, pero prefiere la sepultura. Prácticas como esparcir las cenizas en el mar, o en algún lugar especialmente simbólico para el fallecido, “no van en la línea de la fe de la Iglesia”.

El cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha afirmado en la presentación de este documento, que “debemos superar un pensamiento demasiado individualista, que se cierra en torno a la familia de cada uno. Nuestras familias son parte de una gran familia de Dios. Nosotros creemos en la resurrección del cuerpo y por eso la sepultura es la forma normal para los cristianos, para los católicos”. En el documento también se recuerda la necesidad de evitar malentendidos “funerales panteístas, naturalistas o nihilistas”, que no se corresponden con la tradición católica: “enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, la Iglesia confirma su fe en la resurrección de la carne, y pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el cuerpo comparte la historia. No puede permitir, por lo tanto, actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona, o como momento de fusión con la Madre naturaleza, o con el universo, como una etapa en el proceso de reencarnación, o como la liberación definitiva de la prisión del cuerpo”, explica el documento, que no anuncia ninguna novedad, sino que profundiza en aspectos que ya habían sido presentados por la Iglesia desde hace décadas, y que consideraba que era importante aclarar.
Se acercan las fiestas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, y rompiendo la tendencia, la sociedad vuelve su mirada sobre la muerte de los seres queridos que ya no están. Son días de visitas a los cementerios, de limpieza de lápidas y de renovación de flores y adornos. En el cementerio de Oviedo, por ejemplo, se celebrarán el lunes seis eucaristías, desde las nueve, hasta las siete de la tarde. Es el día, con diferencia, con más trabajo para el capellán, el sacerdote Manuel Fernández, religioso salesiano. Él observa desde fuera, en su labor de cada día, cómo se enfrentan los familiares a la pérdida de un ser querido, y reconoce que “hoy la muerte es una especie de tabú en el que es mejor no pensar”. 

El capellán del cementerio de Oviedo reconoce que siempre procura, cuando asiste un funeral, recordar a los presentes que “hay que aceptar la limitación de la vida, y aprovecharla para que, cuando nos llegue el momento, podamos decir, como en el Evangelio, he hecho lo que he podido, siervo inútil soy”.

Este religioso salesiano ha vivido en países muy diferentes a lo largo de su vida, y como sacerdote, ha tenido que asistir y acompañar duelos de muy distintas características. En Estados Unidos, por ejemplo, donde vivió y trabajó durante diez años, el padre Manuel recuerda que los americanos anglosaceptaban la muerte como algo “social”, y se aceptaba con tranquilidad. “Los ritos eran sencillos, pero profundos y de alguna manera se superaba porque el anglo entiende que la muerte es un acontecimiento propio de la vida”. “Los mexicanos también lo aceptaban”, explica, “pero hacen el duelo mucho más largo y significativo”. En África –vivió durante 3 años en Senegal–, “contemplan la muerte con serenidad porque están acostumbrados a penalidades”, afirma, “aunque el contacto con los difuntos es muy directo, tienen la idea de que, de alguna manera, siguen estando vivos”. El padre Manuel vivió en Ecuador tres años, donde observó un “duelo largo, una aceptación de la muerte como algo natural”. Además, cuatro años en el Vaticano le dieron pie a este religioso salesiano a entender que en Italia priman las celebraciones “pero con un duelo que no excluye aceptar la realidad de la muerte”.

Como conclusión, el capellán del cementerio de Oviedo reconoce que “el desarrollo económico, especialmente en nuestro país, que ha sido tan rápido, ha hecho que nos acostumbremos a una vida de placer, de distracción, y a un nivel en la medicina, que hace que nos creamos casi inmortales, y cuando llega el momento de la muerte, se convierte en algo muy fuerte y conflictivo”.

Por eso, la labor de la Iglesia debe ser de “acogida y consuelo”. Así lo asegura el sacerdote José Luis González, delegado episcopal de Liturgia y capellán también de un tanatorio en Oviedo. En una celebración exequial como las que se celebran en estos lugares con frecuencia, “lo que se hace, en primer lugar, es dar testimonio de la resurrección de Cristo, que es lo que ilumina la vida del cristiano” Además, “se pide por ese hermano que ha partido, que no partió en dirección a la nada, sino que hay Alguien que le está esperando con los brazos abiertos. En tercer lugar, consolar a los que se sienten tristes por la partida de alguien a quien se quiere”, resume el sacerdote.Y este mensaje no es sólo para los cristianos. También las personas que no tienen fe pueden sentirse acogidas igualmente, porque “aunque no haya una dimensión de trascendencia, todos tenemos dimensión humana, y a partir de ahí podemos encontrarnos con las personas. Está en la delicadeza del capellán saber depositar una palabra de vida que pueda iluminar la situación de oscuridad o de muerte”, y es que los capellanes “estamos allí para evangelizar, anunciar el kerigma” –señala- que “puede caer o no en el corazón, pero eso ya no depende de nosotros, del sacerdote que está encargado de este servicio, que no deja de ser una periferia, y todas las periferias son duras”.

La “ternura”, el “saber acercarse y comportarse como un auténtico pastor”, son la clave de estas situaciones, tal y como asegura el delegado episcopal de Liturgia, porque “asumes la parte que te pueda tocar de lo que están viviendo esas personas para que, a través de tu mediación, que siempre es pobre, puedan sentir la caricia de Dios que les sostiene”. Algo que puede parecer muy complicado, incluso algo para lo que no todo el mundo está llamado, aunque José Luis González sostiene que “somos sacerdotes diocesanos, una especie de todoterreno, y no estamos solos. El Señor nos pone en el corazón la palabra que, después, a modo de semilla preciosa, depositamos en el corazón del otro”.
Sin embargo, lo ideal es que los difuntos sean despedidos en el marco de la parroquia, que es donde comienza la vida cristiana, con el bautismo, y donde suele transcurrir, hasta el final. Las próximas celebraciones recuerdan especialmente a los seres queridos que ya no están, pero la Iglesia propone una manera de recordarlos durante todo el año: “La oración por los difuntos siempre ha sido importante en la vida de la Iglesia –explica el sacerdote José Luis González–. Podemos recordar aquel diálogo que tuvo santa Mónica con san Agustín, al borde de la muerte. La madre les decía a los hijos: “hijos no me importa dónde me enterréis, lo que sí os pido de corazón es que me recordéis siempre en el altar de Cristo”. “Y es que –dice– recordamos a nuestros difuntos en el corazón de Cristo, que es donde brota la vida, para que participe de ella”.

martes, 1 de noviembre de 2016

Fiesta de todos los santos. Por el P. Idar Hidalgo

Resultado de imaxes para todos los santos

Hoy, primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos. Para toda la Iglesia es una gran celebración porque hay gran fiesta en el cielo. Para nosotros es una gran oportunidad de agradecer todos los beneficios, todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra y que han sido como nosotros, con las mismas debilidades, y con las fortalezas que vienen del mismo Dios. Celebremos este día con un corazón agradecido, porque Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Hoy es un buen día para reflexionar todo el bien espiritual y material que por intercesión de los santos hemos obtenido y tenemos hasta el día de hoy, pues los santos que desearon la Gloria de Dios desde aquí en la tierra lo siguen deseando en la visión beatifica, y comparten el mismo deseo de Nuestro Señor Jesucristo de que todos los hombres se salven, que todos los hombres glorifiquen a Nuestro Señor.

La Iglesia ha instituido la Fiesta de Todos los santos por las siguientes razones:

1.- Para alabar y agradecer al Señor la merced que hizo a sus siervos, santificándolos en la tierra y coronándolos de gloria en el cielo.

2.- Para honrar en este día aun a los Santos de que no se hace fiesta particular durante el año.

3.- Para procurarnos mayores gracias multiplicando los intercesores.

4.- Para reparar en este día las faltas que en el transcurso del año hayamos cometido en las fiestas particulares de los Santos.

5.- Para animarnos más a la virtud con los ejemplos de tantos Santos de toda edad, sexo y condición, y con la memoria de la recompensa que gozan en el cielo.

Ha de alentarnos a imitar a los Santos el considerar que ellos eran tan débiles como nosotros y sujetos a las mismas pasiones; que, fortalecidos con la divina gracia, se hicieron santos por los medios que también nosotros podemos emplear, y que por los méritos de Jesucristo se nos ha prometido la misma gloria que ellos gozan en el cielo.

Se celebra la fiesta de Todos los Santos con tanta solemnidad porque abraza todas las otras fiestas que en el año se celebran en honor de los Santos y es figura de la fiesta eterna de la gloria.

Para celebrar dignamente la fiesta de Todos los Santos debemos:

1.- Alabar y glorificar al Señor por las mercedes que hizo a sus siervos y pedirle que asimismo nos las conceda a nosotros.

2.- Honrar a todos los Santos como a amigos de Dios e invocar con más confianza su protección.

3.- Proponer imitar sus ejemplos para ser un día participantes de la misma gloria.

Es importante en este día tan importante para toda la Iglesia detenernos a pensar en todo el bien que Dios ha dado a la humanidad por medio de tantos hombres y mujeres que fieles a la voluntad de Dios, fieles a su amor fueron testigos del Reino del Señor. La cantidad de santos, santas y mártires que dejaron una huella tan profunda en su paso por esta tierra que ni el tiempo ni los cambios de generaciones han podido borrar. Y si decimos que es de todos los Santos es porque también celebramos a tantos Santos y Mártires que Dios a querido tener en el anonimato, y que nosotros no conocemos por su nombre pero sabemos por la fe que están dando gloria a Dios.

Celebremos con gozo este día, y pidámosle a Dios Nuestro Señor nos conceda disfrutar en esta tierra de la protección de sus santos y que un día nos conceda estar con ellos para glorificarlo en su eternidad.

Que Santa María Reina de los santos nos conceda la alegría de servir con humildad a Dios esta tierra para verle y gozarle en la vida eterna.

Fallece un religioso de la Comunidad de Pasionistas de Mieres


P. José Gonzalez Sendino C.P.

El P. José nació en Perazancas (Palencia) el 16 de noviembre de 1936. Ingresó en Seminario Menor de Peñafiel (Valladolid) donde realizó el bachiller desde 1947 a 1951. Después del Noviciado, hizo su primera Profesión Religiosa el día 23 de diciembre de 1952 en Peñaranda de Duero (Burgos). Estudió Filosofía (1953-55) y la Teología (1955-59) en Mieres. La Profesión Perpetua la hizo el 17 de noviembre de 1957 también en Mieres del Camín (Asturias) dónde fue Ordenado Presbítero el 8 de febrero de 1959.

Casas donde ha formado Comunidad y Cargos que ha desempeñado:
Profesor en Mieres (1961- 1962)
Coadjutor y Párroco en Colquiri (Bolivia) (1962-1967)
Párroco de la Paz (1968-1971)
Defensor del Vínculo en el Tribunal Eco de la Paz (1971-1973)
Vicario Regional de la Prelatura de Valdevivar (1973-1977)
Párroco de Valdevivar (1977-1981)
Copárroco de las Presas (1981-1985)
Superior de la Comunidad Madrid (1985-1988)
*El 27 de Octubre de 1988 en el Capitulo General fue elegido Consultor General
Superior, Rector del Santuario, Vicario Parroquial y Secretario Provincial. Roma (1988-1994)
En el Capitulo General, fue reelegido como Consultor General . Roma (1994-2000)
Una vez concluido el cargo de Consultor General, se incorpora a la comunidad de Santa Gema de Madrid (2000-2001)
Roma Abr. 2001 Nombrado Superior de la Casa General . Roma (2001-2004)
Vicario y Ecónomo de las Presas (2004-2009)
Párroco de San Gabriel - Madrid (2009-2011)
Comunidad de Mieres (2011- 2016)

A las 8,10 del martes, 1 de noviembre, falleció en esta casa de Mieres, el P. José Sendino, acompañado de la comunidad y de su hermana Balbina, religiosa teresiana que le acompañó y cuidó las últimas semanas durante su enfermedad. El P. José llevaba ya dos años combatiendo el cáncer de pulmón.  Encomendamos su alma al Señor. D.E.P 

ROGAMOS A NUESTRO BUEN PADRE DIOS QUE RECIBA SU ALMA EN SU BANQUETE CELESTIAL Y LE CONCEDA EL DON DE LA VIDA ETERNA.