Nos reunimos en torno al altar del Señor en este domingo II ya del Tiempo de Navidad. El misterio de Dios hecho carne es tan grande que siempre son pocos días para profundizar en este misterio que sólo se comprende desde el amor. Las lecturas de hoy centran su atención en la Palabra, y es que Dios al encarnarse y venir al mundo lo cambia todo. Vemos que para los judíos era una blasfemia nombrar a Yahvé; tenían tal respeto por su nombre que lo consideraban impronunciable. Con la encarnación del Verbo, al habitar entre nosotros, lo sentimos como un Dios que cumple su palabra, cuyo nombre ya es pronunciable. Éste día 3 de enero hemos celebrado el Santísimo Nombre de Jesús, el nombre-sobre-todo-nombre, y es que en Cristo Dios se hizo hermano nuestro.
En la carta a los cristianos de Éfeso, San Pablo les pide y nos pide "espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo". Este himno nos recuerda cómo es el Creador el que toma la iniciativa. Él nos elige, predestina, redime... Y por medio de Cristo nos viene la gracia, el perdón y la herencia eterna. Ahora está en nuestra mano acoger o despreciar estos regalos impagables que el Enmanuel nos da. Estamos aún a tiempo de aprovechar para vivir esta Navidad como el Señor espera y quiere que la vivamos, derribando muros y construyendo puentes. Vaciando nuestro corazón y nuestra vida de tanto que le sobra y que no nos hace bien, y que le impiden a Jesús nacer cada día en nosotros.
En la primera lectura del libro del Eclesiástico anuncia lo que vemos cumplido en estos días: "El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo Pon tu tienda en Jacob y tu heredad en Israel". Qué dicha que quien es la Vida quisiera vivir entre nosotros, poner su casa entre nuestras casas, con la paradoja de que nos dio más vida muriendo que naciendo. Aunque para morir y resucitar, debía nacer primero. Le reconocemos como la Sabiduría eterna que estaba ya junto a Dios desde siempre... El prólogo de San Juan en el evangelio de hoy vuelve de nuevo a interpelarnos en su explicación del Verbo. El primer domingo de Navidad siempre centra la atención en la Sagrada Familia; en este segundo domingo volvemos a fijarnos en el Enmanuel.
De los textos del evangelio sobre la natividad del Señor tenemos estos dos modelos tan diferentes: los que nos relatan el nacimiento de forma tan sencilla y plástica, como por ejemplo hace San Lucas, o este otro formato que es un relato más teológico, menos nítido, pero más profundo. Todos preferimos que nos den las cosas hechas, como cuando llega la hora de la cena y todo el mundo quiere los langostinos pelados. Pero aquí lo interesante es que nos sumerjamos en el texto joánico que de entrada puede parecernos un trabalenguas, pero nos dice mucho más que las descripciones de los sinópticos. Una pregunta a la luz de este evangelio sería ésta: ¿Y quién es para mí el Verbo hecho carne?... Un pretexto para comer turrón y tirar la casa por la ventana, o realmente quiero para mí ver en ese niño de la cuna la Palabra sobre toda palabra. La Navidad nos permite descubrir que Dios quiso tener doble domicilio, que no se quiso quedar en un cielo lejano, ausente ni distante a nosotros, sino que quiso hacerse paisano, vecino, amigo... Vivir la Navidad es acoger esa cercanía del Señor para llevarla a los demás, especialmente a los que están más lejos estando tan al lado.
Quisiera también tener un recuerdo para el querido pueblo de Venezuela, que vive horas de incertidumbre ante su futuro. Oramos para que reine la paz en esa bella tierra; oramos por todos los venezolanos, los que están en el país y los que se reparten por el mundo entero. Por tantos que han tenido que salir huyendo de un país con tanta riqueza, y que la tiranía de los necios ha sumido en la más absoluta pobreza. No sé si es momento de festejar nada; quizás lo que más debería ocuparnos ahora es la oración por una paz tan necesaria en el mundo, y que "el pueblo que caminaba en tinieblas les brille también una luz grande"... Encomendamos a Venezuela a Nuestra Señora de Coromoto y a San José Gregorio Hernández.

No hay comentarios:
Publicar un comentario