La Solemnidad de San José rompe la austeridad cuaresmal, como también de algún modo nos ocurre con la Inmaculada en el tiempo de Adviento, y celebrar, honrar y venerar tanto la Santísima Virgen como su castísimo esposo es siempre ocasión de júbilo, pues estamos seguros que pocos intercesores tan eficaces como estos podremos encontrar para nuestras súplicas y ruegos dado que ellos mismos y solamente ellos son las personas de carne y hueso que han vivido con mayor intimidad ante el misterio del Verbo hecho carne. Ya San Agustín afirmó: ''Lo que el Espíritu Santo ha obrado, lo ha obrado para los dos. Justo es el hombre, justa es la mujer. El Espíritu Santo, apoyándose en la justicia de los dos, dio un hijo a ambos'' (Serm. 51, c. 20). Este año lo miramos especialmente como peregrino de la esperanza, para que nos acompañe en el camino jubilar.
Una primera idea a interiorizar en este día sería cómo el corazón rebosa esperanza aún en los momentos más difíciles y complejos de dolor e incertidumbre; él vive la esperanza contra toda esperanza. Pensemos en el momento en que descubre que su prometida espera un hijo por obra del Espíritu Santo. San José no sabía lo que era el Espíritu Santo; aquello le superaba, más por una vez quiso ser infiel a la ley de Moisés y no denunció a María; no la quiso repudiar ni difamar. ¿Por qué José salva a su prometida de la condena a muerte? Seguramente porque en su interior algo le decía que María no podía haberlo engañado, algo le decía acabaría aclarándose y resolviéndose todo. San José no abre la boca, no dice una palabra, pero sólo este gesto nos dice más que mil discursos y reflexiones. El no conocía al Espíritu Santo, pero estaba obrando en él. Qué grande es la caridad, la fe y la esperanza en José; pidámosle que fortalezca también nuestra esperanza: ¿Cómo no vamos a suplicarle y encomendarle la solución de los más enredados asuntos?... Santo Tomás de Aquino, el teólogo más grande en toda la historia de la Iglesia dijo de él: "Hay muchos santos a quienes Dios ha dado el poder para ayudarnos en las necesidades de la vida, pero el poder que se le ha dado a San José es ilimitado: se extiende a todas nuestras necesidades, y todos aquellos que lo invocan con confianza están seguros de ser escuchados".
La vida de San José es toda una peregrinación, de Nazaret a Ain Karem para acompañar seguramente a María a visitar a su prima Santa Isabel, de Ai Karem volverían a Nazaret, de Nazaret se pusieron en marcha hacia Belén para el censo, de Belén a Egipto para salvar a Jesús de Herodes... De cuántos modos podemos mirar a San José: el padre tierno, el esposo fiel, el hombre justo, el custodio del Redentor, el Obrero honrado, el Patrono de la Iglesia, el abogado para la hora de nuestra muerte, el emigrante en Egipto, protector y modelo de nuestro Seminario y Casa Sacerdotal, el pilar del Hogar de Nazaret, el Peregrino de la Fe... El Papa Francisco nos regalaba el pasado 5 de marzo en el texto de la audiencia que no se celebró pero que nos envió desde el hospital Gemelli de Roma, las siguientes palabras: ''como María y José, llenos de esperanza, pongámonos también nosotros en camino tras las huellas del Señor, que no se deja contener por nuestros esquemas y se deja encontrar no tanto en un lugar, sino en la respuesta amorosa a la tierna paternidad divina, respuesta amorosa que es vida filial”. ¿Nos parece dura nuestra vida, lo que nos toca asumir hoy o las tribulaciones por las que pasamos?... Miremos la vida de José; pongámonos en su lugar, y sí él se dejó moldear por la voluntad de Dios agarrado siempre a la esperanza, imitémosle nosotros también de este modo. Al igual que a su antepasado el rey David el Señor le concedió el germen de la esperanza mesiánica, que en José florece de un modo admirable. En San José se hacen verdad las palabras del salmista: ''no he visto al justo desamparado'' (Sal 37).
San José a pesar de pasar de puntillas o, precisamente por haber pasado por la historia de la salvación sin ruido ni alaracas, lo ha premiado el Señor con el ciento por uno; sí, pero también el pueblo fiel ha sabido ver en él al intercesor cercano y universal del que poco sabemos de su vida exterior, pero del que mucho intuimos de su profunda vida interior. La gracia actuó de una manera incalculable en su existencia, por eso no le vemos como un cualquiera o una figura secundaria sin más, sino siendo importantísima la misión que recibió del Creador para llevar a cabo la redención queriendo siempre permanecer en la sombra y el sigilo. San José es modelo de esperanza, es el ejemplo de la confianza sin fisuras en Dios, como cuando vemos que el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto...» (Mt 2, 13). Habría dudas, miedos, incertidumbres y luchas en su interior, obviamente, más supo anteponer siempre los planes del Señor a los suyos propios seguro de que eso le transformaría, le haría crecer y estar más cerca de quien es la Esperanza (con mayúsculas). A veces nos falta la esperanza y el ánimo hasta en la oración... A este propósito recomendaba San Josemaría: ''A tu Madre María, a San José, a tu Angel Custodio... ruégales que hablen al Señor, diciéndole lo que, por tu torpeza, tú no sabes expresar'' (Forja, 272)
También hoy es el aniversario de la bendición y colocación de la primera piedra del actual templo, por eso nos sentimos también una parroquia muy josefina: ¿Tenemos miedo al futuro?... pensemos que cuando se empezó el proyecto de la Sagrada Familia de Barcelona nadie daba nada por aquel proyecto, parecía que jamás se podría sacar adelante y terminar, y actualmente ya se atreven a poner fecha la de la conclusión. El arquitecto de esa gran obra, el siervo de Dios Antonio Gaudí -actualmente en proceso de beatificación- sabía que él no vería la obra terminada pero profetizó: ''San José acabará este templo''... San José lo puede todo, pidámosle que lleve a término también en nosotros la obra buena que Dios ha soñado para nosotros y no nos falte la esperanza, sino pongámonos bajo la custodia de aquél a quien el Señor puso como administrador de su casa. San José, peregrino de esperanza: ruega por nosotros.
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