martes, 25 de marzo de 2025

«Abrazando la vida», en la Casa de la Guía (Gijón)

(Iglesia de Asturias) Este próximo martes, 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, la Iglesia celebra la Jornada por la Vida, en esta ocasión con el lema «Abrazando la vida, construimos esperanza», en clara referencia al Jubileo 2025 «Peregrinos de la esperanza».

En su mensaje para este año, los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida explican que «uno de los signos de esperanza más importantes consiste en tener una visión de la vida llena de entusiasmo para compartir con los demás», algo que tiene «mucho que ver con haber encontrado el sentido de la propia existencia». «En medio de esta sociedad de ruidos y prisas –dicen– es imprescindible invitar a una reflexión profunda que ayude a plantearse las preguntas más fundamentales como ¿qué es el hombre? o ¿cuál es el sentido del dolor?». Las respuestas a todas ellas se encuentran «soólo en Jesucristo», porque «a la luz de la revelación descubrimos con asombro y agradecimiento que cada persona ha sido creada por amor y para amar».

Son muchas las obras que la Iglesia destina al cuidado de la vida, también en nuestra diócesis es posible encontrar varios ejemplos de ello pero en esta ocasión nos trasladamos a la Casa de la Guía, en Gijón, gestionada por las Madres de los Desamparados y San José de la Montaña. Lleva activa más de 10 años, en el tradicional barrio de la Guía, en la Avenida del Profesor Pérez Pimentel, a medio camino entre Las Mestas, el Molinón y Somió. En aquellos mismos terrenos, cedidos por las religiosas, se volvió a levantar en el año 2015, gracias a la colaboración de los vecinos, la Capilla de la Guía, desaparecida en el 36. Ahora es un sencillo y pacífico lugar de paso donde muchas personas encuentran reposo y quietud, al amparo de la Virgen de la Guía, un reclamo de los vecinos del barrio durante muchos años.

Al lado de la capilla se encuentra la Casa. En estos más de diez años de existencia ha acogido a cerca de un centenar de mujeres embarazadas o con sus bebés recién nacidos. Sus circunstancias eran muy variadas pero todas ellas compartían el mismo infortunio: estar solas y carecer de recursos. Con una capacidad para ocho mujeres junto con sus bebés, la casa se encuentra completa en estos momentos. «Nosotros acogemos a la mamá, y con ella, al bebé que viene. Y lo que intentamos es ayudar a todos los niveles, acogerla para que se sienta querida y acompañada, que tenga todas las necesidades cubiertas y después ya, ayudar a que pueda conseguir un trabajo y una vivienda para que se pueda independizar y seguir su vida, con dignidad». Así lo explica la Madre Mercedes Domínguez, Superiora de la Comunidad en la Casa.

La forma en la que llegan a la Casa es muy variada: «a veces es a través de una Trabajadora Social de un Ayuntamiento o de un hospital. También nos llegan desde Red Madre o de alguna de estas asociaciones que defienden la vida, y en ocasiones ellas mismas buscan este recurso en internet, porque tenemos una página web. Incluso el boca a boca ha funcionado alguna vez», explica la Madre Superiora. Lo que es cierto es que una gran parte de las madres que residen en la Casa de la Guía son de procedencia inmigrante. «Vienen de fuera –explica la Madre Mercedes–, llegan a nuestro país con una ilusión y una esperanza que cuando finalmente aterrizan, se dan cuenta de que no es todo lo bonito que esperaban, ni fácil. A veces llegan a España ya embarazadas, pero otras veces vienen y aquí en estado, pero todas están totalmente desamparadas». Su salida al mundo exterior, en una vida normalizada, no resulta nada fácil. «La mayoría viene sin papeles –explica la religiosa–, lo cual lo dificulta el proceso aún más. Cuando buscan un alquiler y dicen que tienen un bebé, se les cierran muchas puertas. La sociedad que tenemos no ayuda mucho a que estas mujeres se puedan incorporar a la misma. Hay asociaciones que colaboran con nosotros y gracias a eso pueden hacer cursos gratuitos, se forman en diversas materias y reciben también asistencia psicológica para que puedan hacerse fuertes y tener herramientas para afrontar todo lo que tienen por delante».

Y es que la Madre Mercedes lo tiene claro: «esta Casa, sin los voluntarios, no se sostendría». «Nosotras, las religiosas somos muy poquitas, y aquí se necesitan muchas manos para cuidar a los bebés, que son unos quitapenas, pero también unos robatiempos, por lo que gracias a Dios tenemos un equipo muy apañadito de mujeres que vienen a cuidar a los bebés mientras las madres están fuera, trabajando o haciendo cursos. Y después también tenemos otras personas que, con su profesión, nos ayudan mucho, como abogados, dentistas, psicólogos, hasta una matrona».

Gracias a estos voluntarios que prestan su tiempo y sus conocimientos, y también gracias a las personas que colaboran económicamente con sus donativos, la Casa de la Guía puede salir adelante. «Sin lujos, pero sin necesidades», puntualiza la Superiora. Esas personas que colaboran económicamente son las que llenan, como dicen las religiosas «la bolsa de San José», porque «es San José quien se encarga de poner a todas esas personas alrededor de la Casa para que podamos salir adelante». No cuentan con subvenciones de ningún tipo, y tan solo han recibido dinero para alguna obra puntual, de Fundaciones como La Caixa, o Fundación Monasterio. El Banco de Alimentos o Alimerka les proporciona comida, y hay personas que compra pañales o leche de fórmula, según las necesidades que las religiosas les indican en cada momento.

Así transcurren los días y los años, «abrazando la vida», como reza el lema de este año, y de esa manera, «construyendo esperanza», en un tranquilo barrio de Gijón.

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