(De profesión cura) La semana pasada estuve de ejercicios - retiro en el santuario de Santa María de Refet, de la diócesis de Urgell. No es la primera vez que acudo. Tiempo para rezar, escuchar, celebrar. Me habían hablado de unas meditaciones del arzobispo de Burgos, D. Mario Iceta, a los sacerdotes y quise hacerlas mías en este tiempo de retiro.
El clero de Burgos es eminentemente rural. Los sacerdotes que ejercemos nuestro ministerio en pueblos pequeños tenemos siempre por delante el peligro del cansancio y el abatimiento. Nos gastamos, nos dejamos la piel en unos pequeños pueblos sin sacar apenas un mínimo fruto. Se hace recurrente la pregunta de si lo que hacemos tiene sentido y las respuestas en demasiadas ocasiones son un seguir adelante y Dios sabrá. No es facil mantener la ilusión.
De la meditación de D. Mario saqué dos ideas que me han hecho mucho bien.
La primera fue contemplar una meditación sobre el pasaje de los discípulos de Emaús que la verdad es que nunca se me había ocurrido.
Tarde de Pascua. Dos discípulos marchan hacia Emaús, derrotados, decepcionados, sin ilusión y sin futuro. Además, según leemos en el evangelio, son necios y torpes para comprender. Y el resucitado se les hace presente y les dedica toda la tarde. A dos necios y torpes. La tarde entera, sin prisas, explicando la Escritura desde Moisés y los profetas. Incluso se queda a cenar con ellos.
El Señor. Cristo resucitado. Y dedica la tarde de Pascua, entera, a dos necios y torpes. Podía haber pasado la tarde con su madre, con Juan, con Pedro y Santiago, con María Magdalena. Pues no. Con dos medio inútiles. Pero comprendieron, creyeron y regresaron a Jerusalén.
Cómo voy a quejarme de que apenas tengo dos o tres en misa. Me ha hecho pensar mucho.
Y la otra cosa que me ha hecho mucho bien es la de cuidar el corazón para que siempre esté lleno de Dios. Decía D. Mario en esa meditación que el corazón necesita estar siempre lleno, y que si Dios va dejando huecos libres, el corazón los rellena con otros afectos, que suelen ser poco buenos: malas amistades y relaciones, alcohol, internet, juego. Caramba…
Mi impresión siempre será un pobre reflejo de las palabras del señor arzobispo de Burgos. Invito a escuchar la meditación. Muy especialmente a los hermanos sacerdotes que, seguro que como yo, con más o menos respuesta de los fieles, pueden sentirse cansados o tener una sensación de cierta inutilidad. También les vendrá bien a los laicos.
Desde luego a mí me ha hecho mucho bien.
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