martes, 20 de marzo de 2018

HORARIOS SEMANA SANTA 2018


Viernes de Dolores
"María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc. 2,19)

17:30 Santa Misa en la Parroquia

19:00 Vía Crucis Arciprestal. Desde la Parroquia de los Santos Apóstoles (Buenavista) al Santuario del Cristo de las Cadenas.
Sábado de Ramos
''Nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y humillado'' (Is 53,6)

A las 19:00 horas Pregón de la Semana Santa Lugonina a cargo del M.I. Sr. D. Alejandro González Alonso, Canónigo del Real Cabildo de Covadonga

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

''He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno''
(Zac 9,9)

11:00 Misa de niños con bendición de ramos en el templo

11:55 Bendición de los hábitos de los nuevos cofrades.

12:00 Bendición de ramos en el parque de la Iglesia.

12:30 Misa Solemne

            

Martes Santo

''lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él'' (Sal 89, 20-21)

11:00 Misa Crismal en la Catedral de Oviedo.

19:30 Santa Misa en la Parroquia por todos los Cofrades Difuntos.
Miércoles Santo

''En Él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia'' (Ef 1,7)

18:00 Cumplimiento Pascual.
Celebración penitencial con confesiones.

19:30 Santa Misa


Jueves Santo
                                                                      ''si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros''
 (Jn 6,53)

10:30 Laudes en la Iglesia
(oración de la mañana).

17:00 Misa ‘’in Coena Domini’’. Conmemoración de la institución de la Eucaristía y el Sacerdocio. Lavatorio de los pies. Mandamiento nuevo. Día del amor fraterno.

19:00 El párroco y las hermanas del Santo Ángel acercarán la Comunión a los enfermos de la Parroquia.

20:00 Hora Santa. Acompañamos a Jesús en el huerto de los Olivos.



Viernes Santo
''Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios''. 
(Mt 27,54)

11:30 Laudes (en la Capilla del Buen Suceso)

12:00 Vía Crucis (desde el Carbayu)

17:00 Oficio. Pasión según San Juan.
Oración Universal. Adoración de la Cruz. 

18:00 Procesión del Santo Entierro

21:00 Procesión de la Soledad
Sábado Santo

''y bajándole de la cruz, le envolvió en el lienzo de lino y le puso en un sepulcro que había sido excavado en la roca'' (Mc 15,46)

08:00 Rosario de la Aurora
(De la Calle Río Nora a la Parroquia)

21:00 Vigilia Pascual

Domingo de Pascua

''No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Venid a ver el lugar donde lo pusieron'' (Mt 28,6)

11:00 Misa de Niños

12:30 Misa Solemne

lunes, 19 de marzo de 2018

Necrológica Diocesana












El sacerdote diocesano D. Luis Fernando Tolivar Faes falleció, el viernes 16 de marzo de 2018, en el Hospital San Juan de Dios de Pamplona. 

Había nacido en Oviedo el 18 de julio de 1926

Tras cursar los estudios de latín, filosofía y teología en el Seminario de Oviedo recibió la ordenación sacerdotal de manos del entonces Arzobispo de Oviedo Monseñor Lauzurica y Torralba el 6 de abril de 1957.

Sus encomiendas pastorales fueron las siguientes:

Coadjutor de San Miguel de Ceceda (1957 -1961)

Ecónomo de San Julián de Bimenes (1961-1962)

Encargado de Santo Tomás de Priandi (1962)

Encargado de Santa María de Alienes (1962-1963) 

Párroco de San Martín de Ayones (1962-1963)
*Mantuvo el título de Párroco en propiedad hasta el año 1984 
en que presentó oficialmente la renuncia a dicha oposición.

Regente de San Pedro y San Nicolás de Udrión (1963)

Ecónomo de San Cristóbal de Collado – Siero (1963- 1985)

Párroco de San Cristóbal de Collado - Siero  (1985- 1996)

En el año 1996 pasó a la situación de jubilado fijando su domicilio en la residencia sacerdotal Argaray ubicada en el Seminario diocesano de Pamplona. 

El funeral tuvo lugar, este lunes 19 de marzo de 2018, en la capilla del Seminario Diocesano Conciliar de San Miguel, en Pamplona, presidido por Mons. D. Juan Antonio Aznárez Cobo, Obispo auxiliar de Pamplona - Tudela. 

D. E. P. 

Y oí una voz del cielo que decía: Escribe: ``Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor."(Ap 14,13)

El Papa recomendó la devoción de las llagas: el crucifijo no es un adorno, «hay que mirar dentro»

(Rel.) Este domingo Francisco tuvo unas palabras de "afecto y agradecimiento" hacia las diócesis de Benevento y Manfredonia, por la "calurosa acogida" que le ofrecieron el día anterior durante su visita a Pietrelcina y San Giovanni Rotondo, los dos lugares de la vida de San Pío de Pietrelcina. "No lo olvidaré", dijo, antes de pedir que "el Padre Pío bendiga a todos".

Previamente, antes del Angelus, el Papa comentó el evangelio del día, en el que Jesús se da a conocer a algunos paganos griegos. Y afirmó que “quien quiere conocer a Jesús debe mirar a la cruz, donde se revela su gloria”.

“El Evangelio de hoy", añadió, "nos invita a dirigir nuestra mirada al crucifijo, que no es un objeto ornamental o un accesorio de vestir del que a veces se abusa, sino un signo religioso que hay que contemplar y comprender”.

"Mirar dentro"

En efecto, "en la imagen de Jesús crucificado se desvela el misterio de la muerte del Hijo de Dios como supremo acto de amor, fuente de vida y de salvación para la humanidad de todos los tiempos... En sus llagas hemos sido curados".

E invitó a los presentes a preguntarse: "¿Cómo miro yo el crucifijo? ¿Como una obra de arte, o miro dentro? ¿Entro en la llagas de Jesús hasta su corazón, miro el misterio de Dios anulado hasta la muerte, muerte como de un esclavo o de un criminal?". Francisco invitó a practicar "la bella devoción de rezar un padrenuestro a cada una de las cinco llagas", intentando "mirar dentro, en su corazón, porque allí aprenderemos la gran sabiduría del misterio de Cristo en la cruz".

Cristo mismo se compara con un grano de trigo que debe dar fruto "para muchos": “Con la encarnación, Jesús ha venido a la tierra, pero esto no basta: debe también morir para rescatar a los hombres de la esclavitud del pecado y darles una nueva vida reconciliada en el amor”.

¿Qué es para nosotros "perder la vida"?

¿Qué significa "perder la vida", algo a lo que Jesús llama a sus discípulos: “Significa pensar menos en uno mismo, en los intereses personales, en saber ver e ir al encuentro de los más necesitados, del prójimo, especialmente de los últimos”, por medio de las obras de caridad y de misericordia, que constituyen "el modo más auténtico de vivir el Evangelio".

"Quiero ver a Jesús, pero quiero verlo desde dentro", concluyó el Papa, reiterando el leit motiv de este Angelus: "¡Entra en sus llagas y contempla el amor de su corazón para mi, para ti, para todos!"

Hoy celebramos a San José, Patrón de la Iglesia universal

(Corazones.org/InfoCatólica) 
A San José Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Es por eso el santo que más cerca esta de Jesús y de la Stma. Virgen María.

Nuestro Señor fue llamado «hijo de José» (Juan 1:45; 6:42; Lucas 4:22) el carpintero (Mateo 12:55).

No era padre natural de Jesús (quién fue engendrado en el vientre virginal de la Stma. Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios), pero José lo adoptó y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre.

San José es llamado el «Santo del silencio» No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. José fue «santo» desde antes de los desposorios. Un «escogido» de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor.

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. Son al mismo tiempo las únicas fuentes seguras por ser parte de la Revelación.

San Mateo (1:16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3:23), su padre era Heli. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Pero al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13:55 y Marcos 6:3, San José era un «tekton». La palabra significa en particular que era carpintero. San Justino lo confirma (Dial. cum Tryph., lxxxviii, en P. G., VI, 688), y la tradición ha aceptado esta interpretación.
Devoción al santo

La devoción a San José se fundamenta en que este hombre «justo» fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra. Durante los primeros siglos de la Iglesia la veneración se dirigía principalmente a los mártires. Quizás se veneraba poco a San José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, así todo, los Padres (San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros), ya nos hablan de San José. Según San Callistus, esta devoción comenzó en el Oriente donde existe desde el siglo IV, relata también que la gran basílica construida en Belén por Santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a nuestro santo.

San Pedro Crisólogo: «José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes» El nombre de José en hebreo significa "el que va en aumento". Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía «de virtud en virtud» hasta llegar a una excelsa santidad.

En el Occidente, referencias a (Nutritor Domini) San José aparecen en el siglo IX en martirologios locales y en el 1129 aparece en Bologna la primera iglesia a él dedicada. Algunos santos del siglo XII comenzaron a popularizar la devoción a San José. Entre ellos se destacaron San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudiz y Santa Brígida de Suecia. Según Benito XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17), «La opinión general de los conocedores es que los Padres del Carmelo fueron los primeros en importar del Oriente al Occidente la laudable práctica de ofrecerle pleno culto a San José».

En el siglo XV, merecen particular mención como devotos de San José los santos Vicente Ferrer (m. 1419), Pedro d`Ailli (m. 1420), Bernadino de Siena (m. 1444) y Jehan Gerson (m. 1429). Finalmente, durante el pontificado de Sixto IV (1471 - 84), San José se introdujo en el calendario Romano en el 19 de Marzo. Desde entonces su devoción ha seguido creciendo en popularidad. En 1621 Gregorio XV la elevó a fiesta de obligación. Benedicto XIII introdujo a San José en la letanía de los santos en 1726.

San Bernardino de Siena «... siendo María la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer que enriqueciese de ella a su esposo San José, a quién tanto amaba, y del que era respectivamente amada? » Y así, José crecía en virtud y en amor para su esposa y su Hijo, a quién cargaba en brazos en los principios, luego enseñó su oficio y con quién convivió durante treinta años.

Los franciscanos fueron los primeros en tener la fiesta de los desposorios de La Virgen con San José. Santa Teresa tenía una gran devoción a San José y la afianzó en la reforma carmelita poniéndolo en 1621 como patrono, y en 1689 se les permitió celebrar la fiesta de su Patronato en el tercer domingo de Pascua. Esta fiesta eventualmente se extendió por todo el reino español. La devoción a San José se arraigo entre los obreros durante el siglo XIX. El crecimiento de popularidad movió a Pío IX, el mismo un gran devoto, a extender a la Iglesia universal la fiesta del Patronato (1847) y en diciembre del 1870 lo declaró Santo Patriarca, patrón de la Iglesia Católica. San Leo XIII y Pío X fueron también devotos de San José. Este últimos aprobó en 1909 una letanía en honor a San José.

Santa Teresa de Jesús «Tomé por abogado y señor al glorioso San José.» Isabel de la Cruz, monja carmelita, comenta sobre Santa Teresa: «era particularmente devota de San José y he oído decir se le apareció muchas veces y andaba a su lado.»

«No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo...No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a El se encomiendan...Solo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y vera por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devocion...» -Sta. Teresa.

San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: «¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?» José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos.

domingo, 18 de marzo de 2018

Evangelio Domingo V de Cuaresma


Lectura del santo evangelio según san Juan  (12,20-33):                                                                     
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»
Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

sábado, 17 de marzo de 2018

Última Charla


Si el grano de trigo no muere. Por Raniera Cantalamessa

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” . No se trata de la única enseñanza que Jesús saca de la vida de los campesinos. El Evangelio está lleno de parábolas, imágenes e ideas que proceden de la agricultura, que era en su tiempo (y aún lo es para distintos pueblos) la profesión que ocupa a un mayor número de personas. Él habla del sembrador, del trabajo de los campos, de la siega, de trigo, vino, aceite, de la higuera, de la viña, de la vendimia...

Pero Jesús no se detenía naturalmente en el plano agrícola. La imagen del grano de trigo le sirve para transmitirnos una enseñanza sublime que arroja luz, antes que nada, en su caso personal, y después también en el de sus discípulos.

El grano de trigo es, ante todo, Jesús mismo. Como un grano de trigo, Él cayó en tierra en su pasión y muerte, ha reaparecido y ha dado fruto con su resurrección. El “mucho fruto” que Él ha dado es la Iglesia que ha nacido de su muerte, su cuerpo místico.

Potencialmente, el “fruto” es toda la humanidad -no sólo nosotros, los bautizados-, porque Él murió por todos, todos han sido redimidos por Él, también quien aún no lo sabe. El pasaje evangélico concluye con estas significativas palabras de Jesús: “Yo, cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Pero la historia del pequeño grano de trigo ayuda también, en otro versículo, a entendernos a nosotros mismos y el sentido de nuestra existencia. Después de haber hablado de trigo, Jesús añade: “El que ama su vida la pierde; y el que odia [otro evangelista dice pierde] su vida en este mundo la guardará para una vida eterna” (Mt 16, 25). Caer en tierra y morir no es, por lo tanto, sólo el camino para dar fruto, sino también para “salvar la propia vida”, esto es, ¡para seguir viviendo! ¿Qué ocurre con el grano de trigo que rechaza caer en tierra? O viene algún pájaro y lo picotea, o se seca o enmohece en un rincón húmedo, o bien es molido en harina, comido y ahí termina todo. En cualquier caso, el grano, como tal, no ha continuado. Si en cambio es sembrado, reaparecerá y conocerá una nueva vida, como en esta estación vemos que ha sucedido con los granos de trigo sembrados en otoño.

En el plano humano y espiritual ello significa que si el hombre no pasa a través de la transformación que viene por la fe y el bautismo, si no acepta la cruz, sino que se queda agarrado a su natural modo de ser y a su egoísmo, todo acabará con él, su vida se encamina a un agotamiento. Juventud, vejez, muerte. Si en cambio cree y acepta la cruz en unión con Cristo, entonces se le abre el horizonte de eternidad.

Hay situaciones, ya en esta vida, sobre las cuales la parábola del grano de trigo arroja una luz tranquilizadora. Tienes un proyecto que te importa muchísimo; por él has trabajado, se había convertido en el principal objetivo en la vida, y he aquí que en poco tiempo lo ves como caído en tierra y muerto. Ha fracasado; o tal vez se te ha privado de él y se ha confiado a otro que recoge sus frutos. Acuérdate del grano de trigo y espera. Nuestros mejores proyectos y afectos (a veces el propio matrimonio de los esposos) deben pasar por esta fase de aparente oscuridad y de gélido invierno para renacer purificados y llenos de frutos. Si resisten a la prueba, son como el acero después de que ha sido sumergido en agua helada y ha salido “templado”. Como siempre, constatamos que el Evangelio no está lejos, sino muy cerca de nuestra vida. También cuando nos habla con la historia de un pequeño grano de trigo.

Al final, estos granos de trigo que caen en tierra y mueren seremos nosotros mismos, nuestros cuerpos confiados a la tierra. Pero la palabra de Jesús nos asegura que también para nosotros habrá una nueva primavera. Resurgiremos de la muerte, y esta vez para no morir más.