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domingo, 21 de septiembre de 2025
Tambores de guerra. Por Monseñor Jesús Sanz Montes O.F.M.
''Ningún siervo puede servir a dos señores''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila
Este año el calendario de septiembre nos ha caído un poco raro; el domingo pasado la fiesta de la Cruz eclipsó el domingo XXIV del Tiempo Ordinario, y hoy en Oviedo la Catedral y las parroquias de la ciudad que celebran a San Mateo se ven nuevamente de fiesta, clausurándose esta tarde el jubileo de la Perdonanza. Pero nosotros, aunque somos Arciprestazgo de Oviedo, vamos a celebrar ante todo el día del Señor sin dejar de tener muy presente al Santo Apóstol cuyo ejemplo y proyección desde la Ciudad tanto nos estimula. En este domingo XXV del Tiempo Ordinario la palabra de Dios nos pone delante dos ideas que están de actualidad: la paz y el dinero. Veamos qué lecciones podemos sacar para nuestra vida:
San Pablo en su carta a Timoteo nos habla de esto, y vemos cómo ya en los primeros años del cristianismo era una obligación para el creyente la oración por la paz. A veces cuando hay un funeral de Estado o una ceremonia retransmitida por televisión y en la oración de los fieles se pide por el rey, por los gobernantes o por el fin de los conflictos armados, pronto sale la doble vara de medir de algunos para opinar que la Iglesia no debería meterse en política... Las palabras de hoy del Apóstol son claras: ''Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto''. Nunca se logrará fácilmente aquello por lo que no rezamos; orar sin desfallecer da frutos y la historia es un muestrario de ello. No tenía pinta de caer la dominación romana, ¡y cayó! No parecía que fuesen a caer el comunismo y el nazismo en Europa, ¡y cayeron! Parecía inamovible e infranqueable el muro de Berlín, ¡y cayó!... No olvidemos que todo lo puede el Señor, por eso debemos rezar por la paz sin desfallecer. Hemos de orar, pues Pablo nos dice ''Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad''. A veces nos quedamos en frivolidades: si la bandera palestina o bandera israelí... Qué más nos dará un trozo de tierra si de este mundo nada habrá de quedar; preocupémonos más por preparar nuestra parcela en el cielo y que tanto Israel como Palestina descubran en verdad a Jesucristo, Príncipe de la Paz.
Evangelio del Domingo XXV del Tiempo Ordinario
Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.
Él le dijo:
“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dijo:
“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
sábado, 20 de septiembre de 2025
La profanación y destrucción de la talla original del Santísimo Cristo de Candás. Por R. H. M.
Hace meses leí una de las últimas publicaciones del sacerdote diocesano de Toledo D. Jorge López Teulón, una de las personas que mejor conoce el tema de la persecución religiosa en España de los años treinta. Este libro titulado ''Inspirados por Satanás'', aborda con casos concretos el martirio de muchos religiosos y el expolio y profanación del patrimonio religioso en nuestro país a comienzos del siglo pasado en lo referente a templos, conventos, obras de arte, retablos, tallas, reliquias, sepulcros, cuerpos incorruptos, monumentos, santuarios, ornamentos, orfebrería, códices y facsímiles; en definitiva, incontables obras de arte y documentos de gran valor que se han perdido para desgracia de todos, pero especialmente se detiene el autor en las motivaciones concretas de hacer daño destruyendo en ocasiones objetos que no es que tuvieran una gran valía económica, pero sí un valor incontable en cuanto eran queridos por los fieles y por las comunidades religiosas. En lo que respecta a Asturias sólo se relatan dos hechos, por un lado la revolución de 1934 con el plan de profanar la imagen del Sagrado Corazón de la ''Iglesiona'' de Gijón y sustituirla por una estatua de Lenin; y la intención de profanar la imagen de la Santina de Covadonga, con todo el relato de cómo fue escondida y llevada a Francia para preservarla.
Curiosamente, es en el capítulo 34 del libro donde Don Jorge habla de valor del archivo fotográfico de "Pelayo", lo cual ha permitido conocer al detalle la barbarie anticlerical de los años treinta. Acompaña el texto sólo 25 imágenes de ese material gráfico que aquel ilustre catalán regaló en 1938 al Cardenal de Toledo, Don Isidro Gomá. Para mi sorpresa dos fotografías de Asturias, una del estado en que quedó el templo parroquial de San Lorenzo Mártir de Gijón (Pag. 483) y lo que quedó de la iglesia de San Félix de Candás una vez profanada (Pag. 479). La imagen es sobrecogedora, apenas se ve piedra sobre piedra, si acaso los restos de un retablillo lateral y poco más.
Esta instantánea lleva a uno a pensar: ¿cuántas obras de arte, exvotos, retablos y altares, vidrieras, órganos y armóniums, campanas, tallas, candelabros, manteles se arrasaron... Prácticamente toda la historia del Cristo desde su llegada a Candás en el siglo XVI fue pasto de las llamas por el odio a la fe. Pero la pérdida mayor y más dolorosa fue la talla verdadera del Santísimo Cristo de Candás, la auténtica talla encontrada por los marineros de Carreño en el mar del Norte; ya no lo podremos ver ni tocar, ya nadie ha podido volver a rezar ante Él ni besar sus pies. Y es que al demonio le molestaba esta devoción y usando a personas sin alma embriagados de odio y maldad trató de borrar este culto de la faz de la tierra. Y es que peregrinar a Candás, acudir a los pies del Cristo, supone venerar la Cruz, lo que Satanás más odia por ser donde Cristo le venció para siempre salvándonos de sus garras, al precio de su sangre.
Existe un informe detallado que se redactó a finales de los años treinta y que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, donde en los folios del 1 al 21 del expediente nº 6 del legajo 1343 de la Causa general, se describe la destrucción del Santísimo Cristo de Candás de la siguiente forma textual: En la Iglesia de Candás, existía una imagen del Santo Cristo, muy milagrosa y que era visitada anualmente por miles de peregrinos de Asturias y aún de fuera de la provincia. Fue arrojada a la calle, desde el balcón del camarín. Al arrojarla, el individuo que lo hizo, dirigiéndose a las gentes, que fuera esperaban, pronunció las siguientes palabras: “Ahí va eso”. Fue llevada al campo de fútbol, obligando a los niños a pasar delante de ella, a blasfemar y a apedrearla. Separaron la cabeza del tronco, jugaron con ella al fútbol y luego la quemaron. Las riquísimas ropas del santuario, quedaron destruidas y se perdieron más de 4.500 ex-votos. Ya en la francesada se habían perdido algunas piezas de gran valor e importancia como una valiosa cruz de plata, un cáliz de oro, un relicario de plata con los huesos de Santa Tecla, pinturas de Francisco Bustamante y dos sobrerrelieves de Jesús y María de Gregorio Fernández. Pero en los sucesos de 1936 se perdió prácticamente todo: el Retablo Mayor del siglo XVIII con la imagen de San Félix de la misma época; los retablos barrocos del Nacimiento, del Carmen, de San Antonio y de la Pasión; las tallas de la Purísima Concepción, Cristo de la Vera Cruz, San Francisco y el Nazareno; Cristo atado a la columna y Cristo del descendimiento. Únicamente se salvaría la capilla románica, restos de las pinturas de la bóveda de la sacristía, las escaleras de caracol del Santuario, una inscripción en piedra del siglo XVI, el retablo churrigueresco que fue desmontado, la custodia y milagrosamente el Archivo Parroquial.
Muchos exvotos de valor fueron robados, mientras que la imagen del Santísimo Cristo fue sometida a todo tipo de afrentas y maltratos. Estos hechos tuvieron lugar en el verano de 1936, cuando la talla fue arrastrada entre insultos y griterío por las calles del pueblo. Por último, la imagen fue llevada hacia el barrio de La Mata donde un miliciano una vez habiéndose divertido de haberlo tirado a la calle desde el interior del templo, de pasearlo boca abajo por las calles de la localidad, de obligar a las gentes del pueblo a blasfemar a su paso, de haber obligado a los niños a escupir la imagen y, por último, haberle arrancado la cabeza al crucificado obligando a los muchachos del lugar a jugar al fútbol con ella, el mismo miliciano que había ideado todo y le separó la cabeza del cuerpo, se dispuso a prender fuego a la talla... Luego ocurrió algo que se trató de ocultar, pero que ha llegado hasta hoy de forma testimonial (una de las niñas que entonces estuvo presente) y es que a los pocos minutos de prender fuego a la talla aquel hijo de Satanás murió reventado al pisar una mina cuando cuando acabada su fechoría cruzaba campo a través desde La Mata hacia Antromero. Aquello propició miedo, y la noticia se extendió por los alrededores como la pólvora, llevando a la gente a comentar: ¡Sí que era milagroso el Cristo de Candás, que hasta el que lo quemó recibió castigo del cielo!.


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