domingo, 21 de septiembre de 2025

Tambores de guerra. Por Monseñor Jesús Sanz Montes O.F.M.

No por lejanos dejan de ensordecer y amedrentar sus estruendos. Suenan de nuevo los tambores de guerra una vez más en la historia de la humanidad, como una amenaza real que te congela el alma, cuando ves reiterada la sentencia de muerte para tantos hombres y mujeres inocentes, para tantos niños o ancianos sobre los que cae la losa letal de su matanza. Nunca nos acostumbramos a este macabro paisaje que, como plaga de exterminio se reestrena siglo tras siglo, año tras año, ante una deriva que parece imparable sin que hayamos podido aprender medianamente algo de nuestros propios errores.

Hay en este mundo unas cincuenta y seis guerras en curso, con diverso calibre y entidad: desde escaramuzas tribales hasta el riesgo de entrar en una nueva guerra mundial. En no pocas de ellas de entre las menores contiendas, sabemos que poderes ocultos del nuevo orden que quiere regir el mundo con su influencia ideológica, comercial, política y cultural, la razón para declarar el conflicto no es otro que una triste venta de material bélico que se estaba quedando obsoleto y al que había que dar salida.

Luego están las utilizaciones de las guerras desde otros intereses partidistas marcados por la ideología dialéctica de quien subvenciona y apoya, o de quien censura y excluye. No interesa la bandera de la paz, sino la enseña de su causa privada. Hay quienes apoyan dictaduras crueles donde la hambruna, la falta total de libertad, el enrocamiento aislante y absurdo, nutren esa resulta de quienes consienten todo a los “suyos”, mientras niegan todo a los “otros”. Vale cualquier pretexto para organizar por tierra, mar y aire la polémica que distrae y engatusa, la barricada que jalea violentamente, a fin de desviar la atención a otras cuestiones que son las que se quieren propiamente poner a un lado para que la opinión pública y la publicada no hable de otra cosa. Conocemos la estrategia, las cortinas de humo y los ardides de algunas siglas políticas y sus terminales mediáticos preferidos y bien untados con prebendas varias.

Como David frente a Goliat, nos encontramos los cristianos junto a tanta gente de bien que tampoco sabe cómo evolucionará este dislate macabro que se lleva vidas por delante y arrasa el pasado y el presente de los pueblos. Y ante este panorama de dolor y honda preocupación, surge como faro la oración atribuida a San Francisco de Asís, que fue encontrada en el bolsillo de su guerrera en un soldado caído en la Primera Guerra Mundial: “Hazme, Señor, instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe. Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría. Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar, ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar”. Un canto a la fraternidad.

Rafael Narbona, en su ensayo “Elogio del amor”, trae a colación un texto precioso de Antoine de St.Exupery: “La fraternidad es la casa común de todos los que anhelan calentarse con el calor de otro corazón humano. En esa hoguera, los hombres intercambian ideas y sentimientos sin renunciar a sus convicciones. El que piensa de otro modo es como un viajero que nos relata sus aventuras enriqueciendo nuestras vidas con aspectos desconocidos”. Precioso apunte que contrasta con las guerras declaradas en este momento crucial de la historia. El Papa León nos invita a rezar por la paz pensando especialmente en los escenarios de Gaza, Ucrania y Sudán: “la guerra no resuelve los problemas, sino que los amplifica y produce heridas profundas en la historia de los pueblos que tardan generaciones en cicatrizar. Ninguna victoria armada podrá compensar el dolor de las madres, el miedo de los niños, el futuro robado”. Es la paz de Dios que nutre la esperanza cristiana, la que deseamos para toda la humanidad.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

''Ningún siervo puede servir a dos señores''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Este año el calendario de septiembre nos ha caído un poco raro; el domingo pasado la fiesta de la Cruz eclipsó el domingo XXIV del Tiempo Ordinario, y hoy en Oviedo la Catedral y las parroquias de la ciudad que celebran a San Mateo se ven nuevamente de fiesta, clausurándose esta tarde el jubileo de la Perdonanza. Pero nosotros, aunque somos Arciprestazgo de Oviedo, vamos a celebrar ante todo el día del Señor sin dejar de tener muy presente al Santo Apóstol cuyo ejemplo y proyección desde la Ciudad tanto nos estimula. En este domingo XXV del Tiempo Ordinario la palabra de Dios nos pone delante dos ideas que están de actualidad: la paz y el dinero. Veamos qué lecciones podemos sacar para nuestra vida: 

Empezamos por el tema más delicado: el de la paz. En las últimas semanas hemos visto cómo se crispa el ambiente mundial por ejemplo con el boicot a la vuelta ciclista a España, agrediendo de forma absurda a los participantes como reclamo de la paz en Palestina. Cualquier acto que está muy lejos de la paz no puede ser herramienta para la paz que necesita nuestro mundo, que pasa -como ha dicho con tanta claridad el Santo Padre- por una paz desarmada y desarmante, y es que en sus propias palabras "Nada se pierde con la paz; todo se pierde con la guerra". Da la impresión de que nuestro mundo se polariza día a día, hasta tal punto que muchos no le perdonan a León XIV que recibiera al presidente de Israel, como si tuvieran que desaparecer uno de estos dos pueblos enfrentados, cuando el anhelo y la esperanza debería ser que pudieran convivir en armonía. El Papa León nos ha regalado otra sentencia preciosa: "La guerra siempre es una derrota". Hay muchas guerras en curso en nuestro mundo, aunque sin duda, el problema más preocupante en estos momentos es la situación de Oriente medio. Lo triste es que nuestro primer mundo es cómplice y utiliza políticamente según convenga el eufemísticamente llamado "conflicto". Muchos se han rasgado las vestiduras cuando nuestro Arzobispo ha criticado la utilización de esta guerra como plataforma ideológica. De nada sirve presentarse hipócritamente como amigo de Palestina cuando hemos vendido armas a Israel. Como Iglesia tenemos en la mente y corazón a los religiosos y religiosas que hacen presente al Señor en medio de esos pueblos enfrentados. En el Patriarcado latino de Jerusalén hay casi mil religiosas y más de seiscientos religiosos -especialmente de la Orden Franciscana- manteniendo en oración encendida la lámpara de la esperanza. El territorio del Patriarcado se divide en seis vicarías, dos en territorio israelí, dos en territorio palestino y la quinta en la isla de Chipre. Y la Iglesia ahí en medio se dedica a atender a todos sin distinción de bando, raza o pensamiento. Es un dolor grande para nosotros que en la tierra en la que nació el Hijo de Dios no vivan en paz. Pero en ese ejercicio hipócrita de occidente, cabe resaltar que tampoco abren telediarios ni portadas de prensa el asesinato masivo y el martirio constante (más de 500 en los últimos días y casi más de 65.000 muertos en estos pasados años) de cristianos hermanos nuestros a manos del fundamentalismo islámico...

San Pablo en su carta a Timoteo nos habla de esto, y vemos cómo ya en los primeros años del cristianismo era una obligación para el creyente la oración por la paz. A veces cuando hay un funeral de Estado o una ceremonia retransmitida por televisión y en la oración de los fieles se pide por el rey, por los gobernantes o por el fin de los conflictos armados, pronto sale la doble vara de medir de algunos para opinar que la Iglesia no debería meterse en política... Las palabras de hoy del Apóstol son claras: ''Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto''. Nunca se logrará fácilmente aquello por lo que no rezamos; orar sin desfallecer da frutos y la historia es un muestrario de ello. No tenía pinta de caer la dominación romana, ¡y cayó! No parecía que fuesen a caer el comunismo y el nazismo en Europa, ¡y cayeron! Parecía inamovible e infranqueable el muro de Berlín, ¡y cayó!... No olvidemos que todo lo puede el Señor, por eso debemos rezar por la paz sin desfallecer. Hemos de orar, pues Pablo nos dice ''Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad''. A veces nos quedamos en frivolidades: si la bandera palestina o bandera israelí... Qué más nos dará un trozo de tierra si de este mundo nada habrá de quedar; preocupémonos más por preparar nuestra parcela en el cielo y que tanto Israel como Palestina descubran en verdad a Jesucristo, Príncipe de la Paz. 

Y el otro tema de este día es el dinero, que para muchos es no sólo una "religión", sino todo un Dios, por eso el profeta Amós comienza de una forma tan dura sus palabras: ''Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país''. Y esta es la prueba del algodón que siempre se descubre al morir una persona: cómo ha gestionado su dinero, su posibilidad de hacer el bien, su ego, su poder... Hay personas que se dicen creyentes, pero por desgracia son tan pobres que sólo tienen dinero; no caigamos en esa trampa del acumular, del tener y del aparentar. El creyente amigo de Jesucristo tiene que vivir sin miedo al mañana confiando en la Providencia, pues los hay que con la excusa del futuro tienen guardada hasta las propinas de la Primera Comunión. El egoísmo, la avaricia, la falta de caridad no es actitud cristiana. Nos ha hablado Amós de los que se dicen: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal -reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño - para comprar al indigente por plata, y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?». Esto lo seguimos viendo hoy, y es un escándalo. Por ejemplo en nuestra tierra ahora que concluimos el verano: ¿han pagado los dueños de las sidrerías y restaurantes el salario justo a sus empleados, o alguno se ha aprovechado de que al alguno de ellos extranjero le pago menos porque no tiene papeles y no protestará?... O cuántos han alquilado el piso vacío de la abuela como apartamento turístico sin estar dado de alta para ganar unos euros, aunque perjudique a los registrados oficialmente que sí pagan sus impuestos? O para ir de casa al aeropuerto o a la estación he llamado a un taxi pirata que me cuesta mucho menos que uno oficial, aunque sabe que está jugando con el pan de muchos hogares, o a los jornaleros ilegales aprovechando su penosa condición?... A esto se refiere el Profeta con "modificar las balanzas". Por el contrario, qué hermoso es ir a un bar y que los empleados ya sean como de la familia para el dueño; que las personas sean honradas aunque cueste un poco más. Un católico no puede hacer suyo el dicho de ''quien hizo la ley hizo la trampa''... Que nos engañan y roban, ¡allá la conciencia!, pues algún día habrán de dar cuentas ante Dios, no nos quepa duda. Pero en los que seguimos a Jesús no puede haber trampa ni cartón... La oración del salmo responde a la insistencia de Amós: ''Alabad al Señor, que alza al pobre''. 

Finalmente el evangelio de este domingo extraído del capítulo 16 de San Lucas nos presenta la parábola del administrador astuto. Jesús actualiza la enseñanza de Amós explicándoles a sus discípulos cómo el anhelo del hombre es atesorar tesoros en esta vida, mientras que Él nos llama a atesorar los del cielo, que es más difícil; ciertamente, pues nuestro cuerpo nos pide acumular aquello que nos es tangible, mientras que los tesoros de "arriba" son los que pasan por el corazón y nuestra alma. Esta predicación de Jesús suponía un escándalo; en la mentalidad hebrea el tener riquezas no era malo, sino al contrario, un símbolo de cómo Yavhé había bendecido a esa persona. Cristo rompe ese concepto aunque, ojo aquí, no es este el discurso simplón de que los ricos son malos y opresores, y los pobres los justos y oprimidos. El Maestro lo que quiere dejar claro es que el verdadero problema está en acumular por acumular sin mirar al que pasa a mi lado. También San Mateo -el santo del día- conoció de cerca esta realidad de vivir para el dinero; sin embargo, una vez que descubrió a Jesucristo no dudo un segundo en dejar su buen puesto de recaudador de impuestos para seguir a Cristo, pobre y humilde. El apóstol San Mateo entendió muy bien esta enseñanza del Señor que hoy nos dice: ''Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?''.

El hombre rico es Dios, que es el Creador y dueño de todo, y el administrador somos cada uno de nosotros, a quienes nos pone delante en esta vida unos talentos y bienes espirituales que administrar. ¿Y cuándo nos va a preguntar si hemos sido administradores buenos o malos? Pues llegada la hora de nuestra muerte. Será ahí cuando tengamos que rendir cuentas de todas nuestra morosidades: ¿he amado todo lo que he podido? ¿he perdonado y rezado por los que me odian? ¿he compartido mis bienes con los que lo necesitaban? ¿he dado nuevas oportunidades, o no he pasado una? ¿he tendido puentes o levantado muros?... Cuántas veces nos hemos instalado en el pecado y la mediocridad y no nos apetece cambiar, y así nos decimos: ''Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza''... Necesitamos pedir al Señor fuerza para cambiar y corregirnos, y vergüenza para acudir con frecuencia a la confesión y decirle ''he tropezado otra vez, pero quiero levantarme''. Es llamativo lo que hace ese administrador: pide a los deudores de su amo menos de lo que tenían que dar; significa que tuvo misericordia para que si se veía en la calle tuvieran misericordia con Él. Y hay algo más profundo aún, que los que seguramente le difamaron -que eran los socios de su amo- quedaron boquiabiertos, pues en lugar de reclamarles de más les reclamó de menos; es decir, devolvió bien por mal. A la hora de la verdad este ecónomo no se hizo rico en este mundo, quedo con las manos vacías, pero se enriqueció espiritualmente, pues sus enemigos se convirtieron en amigos y su señor que desconfiaba de él se dio cuenta que tenía gran habilidad para las gestiones, por lo que le mantuvo su trabajo asegurándose al menos su supervivencia. Cuántas veces hacemos lo contrario y, por el poseer, el mandar o el trepar, nos da igual que salte por los aires toda la familia, la amistad o lo que sea. Hay que tener presente siempre esta advertencia:  ''Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz''... Cuántas veces nos preguntamos: ¿por qué salen ganando siempre los malos? Pero lo que realmente significa esto es: sí; en este mundo se han salido con la suya, pero no olvidemos que a Dios nadie lo engaña y su justicia no será como la nuestra. Por eso cuidemos nuestras prácticas relacionadas con el tener, cuestionándonos de qué grupo somos. Esta máxima de Cristo nos saca de dudas: ''El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto''. Y es que el que se enriquece de forma inmoral, injusta o sin ética lo único que hace es sentenciar y rubricar su condena eterna... Atesoremos pues, tesoros para el cielo, sin olvidar que en esta vida no se puede servir a Dios y al dinero. El Señor es tajante: ''Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo''. Quiera el Señor algún día recibiros en sus moradas eternas, y premiarnos por haber sido administradores fieles y honrados de los bienes y talentos que Él nos prestó en este peregrinar terreno... 






Oh Dios, que en tu infinita misericordia
te dignaste elegir a san Mateo
para convertirlo de publicano en apóstol,
concédenos que,
fortalecidos con su ejemplo y su intercesión,
podamos seguirte siempre
y permanecer unidos a ti con fidelidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio del Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:
“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.

Le dijo:
“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

Palabra del Señor

sábado, 20 de septiembre de 2025

La profanación y destrucción de la talla original del Santísimo Cristo de Candás. Por R. H. M.

Hace meses leí una de las últimas publicaciones del sacerdote diocesano de Toledo D. Jorge López Teulón, una de las personas que mejor conoce el tema de la persecución religiosa en España de los años treinta. Este libro titulado ''Inspirados por Satanás'', aborda con casos concretos el martirio de muchos religiosos y el expolio y profanación del patrimonio religioso en nuestro país a comienzos del siglo pasado en lo referente a templos, conventos, obras de arte, retablos, tallas, reliquias, sepulcros, cuerpos incorruptos, monumentos, santuarios, ornamentos, orfebrería, códices y facsímiles; en definitiva, incontables obras de arte y documentos de gran valor que se han perdido para desgracia de todos, pero especialmente se detiene el autor en las motivaciones concretas de hacer daño destruyendo en ocasiones objetos que no es que tuvieran una gran valía económica, pero sí un valor incontable en cuanto eran queridos por los fieles y por las comunidades religiosas. En lo que respecta a Asturias sólo se relatan dos hechos, por un lado la revolución de 1934 con el plan de profanar la imagen del Sagrado Corazón de la ''Iglesiona'' de Gijón y sustituirla por una estatua de Lenin; y la intención de profanar la imagen de la Santina de Covadonga, con todo el relato de cómo fue escondida y llevada a Francia para preservarla. 

Curiosamente, es en el capítulo 34 del libro donde Don Jorge habla de valor del archivo fotográfico de "Pelayo", lo cual ha permitido conocer al detalle la barbarie anticlerical de los años treinta. Acompaña el texto sólo 25 imágenes de ese material gráfico que aquel ilustre catalán regaló en 1938 al Cardenal de Toledo, Don Isidro Gomá. Para mi sorpresa dos fotografías de Asturias, una del estado en que quedó el templo parroquial de San Lorenzo Mártir de Gijón (Pag. 483) y lo que quedó de la iglesia de San Félix de Candás una vez profanada (Pag. 479). La imagen es sobrecogedora, apenas se ve piedra sobre piedra, si acaso los restos de un retablillo lateral y poco más. 

Esta instantánea lleva a uno a pensar: ¿cuántas obras de arte, exvotos, retablos y altares, vidrieras, órganos y armóniums, campanas, tallas, candelabros, manteles se arrasaron... Prácticamente toda la historia del Cristo desde su llegada a Candás en el siglo XVI fue pasto de las llamas por el odio a la fe. Pero la pérdida mayor y más dolorosa fue la talla verdadera del Santísimo Cristo de Candás, la auténtica talla encontrada por los marineros de Carreño en el mar del Norte; ya no lo podremos ver ni tocar, ya nadie ha podido volver a rezar ante Él ni besar sus pies. Y es que al demonio le molestaba esta devoción y usando a personas sin alma embriagados de odio y maldad trató de borrar este culto de la faz de la tierra. Y es que peregrinar a Candás, acudir a los pies del Cristo, supone venerar la Cruz, lo que Satanás más odia por ser donde Cristo le venció para siempre salvándonos de sus garras, al precio de su sangre. 

Existe un informe detallado que se redactó a finales de los años treinta y que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, donde en los folios del 1 al 21 del expediente nº 6 del legajo 1343 de la Causa general, se describe la destrucción del Santísimo Cristo de Candás de la siguiente forma textual: En la Iglesia de Candás, existía una imagen del Santo Cristo, muy milagrosa y que era visitada anualmente por miles de peregrinos de Asturias y aún de fuera de la provincia. Fue arrojada a la calle, desde el balcón del camarín. Al arrojarla, el individuo que lo hizo, dirigiéndose a las gentes, que fuera esperaban, pronunció las siguientes palabras: “Ahí va eso”. Fue llevada al campo de fútbol, obligando a los niños a pasar delante de ella, a blasfemar y a apedrearla. Separaron la cabeza del tronco, jugaron con ella al fútbol y luego la quemaron. Las riquísimas ropas del santuario, quedaron destruidas y se perdieron más de 4.500 ex-votos. Ya en la francesada se habían perdido algunas piezas de gran valor e importancia como una valiosa cruz de plata, un cáliz de oro, un relicario de plata con los huesos de Santa Tecla, pinturas de Francisco Bustamante y dos sobrerrelieves de Jesús y María de Gregorio Fernández. Pero en los sucesos de 1936 se perdió prácticamente todo: el Retablo Mayor del siglo XVIII con la imagen de San Félix de la misma época; los retablos barrocos del Nacimiento, del Carmen, de San Antonio y de la Pasión; las tallas de la Purísima Concepción, Cristo de la Vera Cruz, San Francisco y el Nazareno; Cristo atado a la columna y Cristo del descendimiento. Únicamente se salvaría la capilla románica, restos de las pinturas de la bóveda de la sacristía, las escaleras de caracol del Santuario, una inscripción en piedra del siglo XVI, el retablo churrigueresco que fue desmontado, la custodia y milagrosamente el Archivo Parroquial. 

Muchos exvotos de valor fueron robados, mientras que la imagen del Santísimo Cristo fue sometida a todo tipo de afrentas y maltratos. Estos hechos tuvieron lugar en el verano de 1936, cuando la talla fue arrastrada entre insultos y griterío por las calles del pueblo. Por último, la imagen fue llevada hacia el barrio de La Mata donde un miliciano una vez habiéndose divertido de haberlo tirado a la calle desde el interior del templo, de pasearlo boca abajo por las calles de la localidad, de obligar a las gentes del pueblo a blasfemar a su paso, de haber obligado a los niños a escupir la imagen y, por último, haberle arrancado la cabeza al crucificado obligando a los muchachos del lugar a jugar al fútbol con ella, el mismo miliciano que había ideado todo y le separó la cabeza del cuerpo, se dispuso a prender fuego a la talla... Luego ocurrió algo que se trató de ocultar, pero que ha llegado hasta hoy de forma testimonial (una de las niñas que entonces estuvo presente) y es que a los pocos minutos de prender fuego a la talla aquel hijo de Satanás murió reventado al pisar una mina cuando cuando acabada su fechoría cruzaba campo a través desde La Mata hacia Antromero. Aquello propició miedo, y la noticia se extendió por los alrededores como la pólvora, llevando a la gente a comentar: ¡Sí que era milagroso el Cristo de Candás, que hasta el que lo quemó recibió castigo del cielo!. 

Otras personas han señalado que el personaje era un militar, o que no murió en el momento, sino de un rayo o de una bomba, pero lo cierto es que sí perdió la vida el mismo día y poco después que ardió la imagen del Santísimo Cristo de Candás.... Cosas de la vida, en ese lugar -La Mata- se construyó el campo de fútbol de Candás que lleva el nombre de ''La Cruz'', el lugar donde el Cristo que ha hecho a ese pueblo famoso en el mundo entero, fue destruida su Imagen. Y prácticamente al lado, el Tanatorio: otro recordatorio que nos habla que donde el que estaba con los brazos extendidos en la cruz y nos bendecía fue nuevamente asesinado. Ahí mismo llora hoy también Candás la muerte de los suyos. Toda una catequesis para creyentes y no creyentes, pues como le gusta decir al Sr. Arzobispo de Toledo ''también los ateos creen en la muerte''. Allí, en La Mata, trataron de matar a Dios -como diría Nietzsche- personas sedientas de odio y envenenados por el veneno de la ideología; pensaron, ilusos, que el Cristo de Candás era historia cuando sigue muy presente entre nosotros, mientras los únicos que han caído en el olvido han sido ellos, o son recordados para su  ignominia.

Lo único que se salvó fue el retablo del Cristo gracias a la valentía del joven candasín Antonio Rodríguez García “Antón”. Este muchacho que estaba muy preparado, gozaba de gran sensibilidad para el arte y una soberbia destreza para la escultura y la pintura. Cuando los milicianos tomaron el templo parroquial al enterarse Antón de que estaban empezando a tirar los santos y a quemar los retablos fue presuroso a la iglesia a tratar de convencerlos del valor artístico que tenías las piezas y de que no lo hicieran. Por desgracia, no entraban a razones y el joven candasín veía como estaban acabando con todo. De pronto se le ocurrió hablarles del tema pecuniario, y así logró convencerlos de que al menos no quemaran el retablo del Cristo dado que al estar hecho de oro podrían sacar mucho dinero por él vendiéndolo más adelante... La iglesia de Candás fue convertida en cárcel y almacén, en ella pasaría dos meses como prisionero Antón. Cuentan que desmontó con mucho cuidado el retablo del Santísimo Cristo, de estilo churrigueresco, pieza a pieza ayudado de sus compañeros de prisión, y así  pudieron esconderlo en barriles de pescado. Su sueño era que se pudiera volver a montar en el templo pasada la guerra civil. Se cumplió su anhelo aunque él no lo pudo ver, dado que fue detenido y asesinado por milicianos republicanos en las cercanías de Murias de Candamo, en julio de 1937. Tenía tan sólo 27 años, y a pesar de su juventud realizó múltiples obras en favor de su Parroquia y su Pueblo. En el museo que lleva su nombre en el barrio del Cuetu de Candás se conservan los diecinueve dibujos que Antón realizó a lápiz de sus compañeros de cautiverio los meses que estuvo prisionero en la iglesia.

Sabemos que había en la iglesia de Candás una imagen de la Virgen Milagrosa que todos describen como muy hermosa entre las obras de arte "perdidas" de la antigua iglesia, y en cuya referencia siempre se apostilla como ''Milagrosa (Siglo XX)'; es decir, era la obra de arte más moderna de la parroquia de Candás. Yo sabía de la existencia de dicha talla, pues uno de los prisioneros en la iglesia de Candás fue el hoy Beato Domitilo de Ayoó (religioso capuchino del Convento de Gijón) del que sabemos que mientras fue prisionero, aún le dejaron durante algunas semanas celebrar la misa de forma privada para él sólo. Así hicieron también los otros dos sacerdotes detenidos en el lugar: D. Jacobo Campuzano González-Llanos (Mártir también como el fraile) al igual que el cura de San Lorenzo de Carrió, D. Pedro Parajón Corujo, que salvó la vida según dicen, gracias a que sus padres tenían un bar en Lieres donde paraba alguna personalidad republicana que intercedió para que le soltaran, y que años después testificaría sobre la vida ejemplar del P. Domitilo en su causa de beatificación. En la Positio de la Causa está el testimonio de Don Pedro, afirmando que rezaban juntos el rosario y que el religioso capuchino celebraba todos los días la misa en el altar que había a los pies de la Virgen Milagrosa que había realizado Antón. El Padre Domitilo fue fusilado en el cementerio de Peón (Villaviciosa), junto a otras 22 personas. Fue beatificado por el Papa Francisco el 13 de octubre de 2013, a través de un decreto emitido en marzo del mismo año.

José María Vallejo García-Hevia en una publicación titulada ''La guerra civil y sus polémicas: ideas e ideologías, hechos y biografías'' dice lo siguiente sobre la última etapa artística de Antón: ''Durante esa época, llevó a cabo algunas obras de encargo, hoy desaparecidas, como una magnífica imagen, en madera, de La Milagrosa, que fue obligado a quemarla, después de ayudar él mismo a transportarla''... ¿Le costó la vida al escultor Antón haber salvado el retablo? Parece que no tuvo nada que ver, pues de haberse descubierto su plan, el retablo desmontado en barricas hubiera sido también pasto de las llamas como lo fue el Cristo; ¿entonces, si este joven no estaba metido en política, qué motivo pudo haber para poner fin a la vida de aquel joven genio?... Su ficha de detención tenía los espacios que indicaban el partido político, el sindicato y hasta el del motivo de la detención. Parece que tanto ésta como la muerte de Antonio Rodríguez García ''Antón'' se debió a su orientación sexual, por lo que fue seguramente acusado o denunciado por algún vecino... 

Al entonces párroco de Candás D. Florentino, le fue perdonada la vida a cambio de ceder la Casa Rectoral para el Comité de la Aguja, donde las milicianas cosían o arreglaban la ropa para enviar a los que estaban en el frente. Don Florentino era muy mayor y estaba enfermo, pero tenía claro que la parroquia había que empezar a reconstruirla no por el tejado, sino por el Cristo. Así hizo: no llegó a ver el templo arreglado, tan sólo limpiadas las ruinas y poco más. Pero pudo presenciar la llegada de la nueva imagen del Cristo de Candás que fue realizada en el taller Magariños de Santiago de Compostela, y desembarcada en el puerto candasín recordando así la llegada del Cristo original en el siglo XVI, y luego entronizada para una solemne liturgia que se celebró en medio de las ruinas del templo a principios de septiembre de 1938, fecha de la bendición de la nueva talla. Unas crónicas señalan que el Cristo llegó el 4 de septiembre, mientras que otras que fue el día 5 o el día 6; lo que está claro es que se trajo la nueva talla para el comienzo de la novena del Cristo. La talla realizada en Santiago de Compostela fue trasladada por carretera hasta la Coruña donde zarpó rumbo a Candás en la vapora local llamada ''María la Antigua'', que parece que era propiedad de una familia que descendía de Piedeloro y pusieron este nombre a la embarcación en alusión a la parroquia piedelorina. 

Todas las familias de Candás que tenían pequeñas o medianas embarcaciones de pesca se pusieron de acuerdo para ir a esperar al barco que traía al Cristo a la altura del Cabo Peñas, y desde ahí vinieron todas las barcas escoltando cual procesión marítima al Santo Cristo. Desembarcó la talla del Cristo recibida por los sacerdotes de la parroquia y del arciprestazgo de Carreño, con vítores, aplausos, lágrimas y voladores... Fue subido a una camioneta decorada para la ocasión y trasladado entre rezos y cantos a las ruinas de la iglesia parroquial. Cuando la imagen fue depositada en el espacio del presbiterio todo el pueblo cantó a viva voz el himno del Santo Cristo de D. Medardo Carreño. Recordando este hecho el pasado año 2022 el actual párroco D. José Manuel García Rodríguez fijó como fecha para la bendición del Calvario de Magariños (donada por esta familia ese mismo año) el día 5 de septiembre, primer día de la Novena, recordando que 84 años atrás otra talla del taller de D. Máximo Magariños había sido bendecida en el mismo lugar para alegría de todos los devotos y romeros del Santísimo Cristo de Candás. 

 
Noticia de la suscripción popular y fragmento del listado de donantes

Embarcación que trasladó al Santísimo Cristo antes de bajarlo
 al bote que lo llevó a tierra firme

Llegada del Santo Cristo al puerto de Candás 

A punto de desembarcar la imagen del Cristo en la rambla 

Traslado del Santísimo Cristo en procesión desde el puerto a las ruinas de la iglesia parroquial de San Félix

Vista frontal de las ruinas de la iglesia de San Félix de Candás

Fotografiándose con la nueva imagen del Santo Cristo

El Santo Cristo entronizado en las ruinas. La capilla románica y la sacristía que fueron la única zona apenas afectada del templo se habilitó como capilla del Santísimo (se puede ver la lámpara en la foto)

El Santísimo Cristo recién llegado de Santiago de Compostela a Candás

Bendición del Calvario en presencia de la familia Magariños

Detalle del conjunto escultórico de Magariños


Fotografías:
Archivo Parroquial de Candás 
Candás Marinero
José Antonio González Cuervo
Asturias Marisa Díaz 
Lne

Nuevo Curso en el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral San Juan Pablo II

Qué es

El Instituto Diocesano de Teología y Pastoral “San Juan Pablo II”, fundado el año 2015, es heredero del Instituto de Teología “Lumen Gentium” (1969-1983) y una reforma del CEDISET (1983-2015), que con un nuevo enfoque reinicia su andadura en el curso 2023-2024.

Responde a la demanda explícita del Sínodo Diocesano (2011) que pide: “Incidir en la formación básica y permanente de sacerdotes, consagrados y laicos para la pastoral misionera y corresponsable que exige la Nueve Evangelización”

Destinatarios

Dirigido a personas interesadas en conocer y profundizar en los fundamentos teológicos y pastorales de la fe cristiana y su misión evangelizadora.

Se ofrecen varios cursos de formación teológico-pastoral, divididos en secciones, especialmente enfocados para laicos que viven en el mundo y quieren servir a la Iglesia desde su ámbito: catequistas, profesores de religión, ministros extraordinarios de la comunión, voluntarios sociales, atención a enfermos, profesionales del mundo jurídico, etc. y aquellos que son llamados a ejercer los “ministerios laicales”: lectorado, acolitado o catequista.

También para religiosos y diáconos o sacerdotes, que quieran profundizar en algún tema concreto que les interese en su formación permanente.

Reconocimiento/Titulación

Todos los cursos que se imparten en este Instituto estarán reconocidos a nivel diocesano y recibirán su diploma de participación. Algunos, por sus características, a través de la Delegación de Enseñanza tendrán reconocidos créditos de formación por la Consejería de Educación.

Otros de ámbito jurídico serán propedéuticos para formar parte del elenco de profesionales de la Vicaria Judicial. Y los habrá que serán necesarios para ser nombrados para ejercer alguno de los “ministerios laicales”.

Organización

La sede central del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral y su administración se encuentran en el Seminario Metropolitano de Oviedo. Habrá otros lugares donde se impartan cursos a demanda, conveniencia o necesidad eventual de los mismos, y con un número de alumnos que permita su organización.

Todos los profesores que forman el elenco del Instituto “San Juan Pablo II” tienen titulación universitaria además de formación teológica (Bachiller en Teología o Ciencias Religiosas) y capacidades pedagógicas adecuadas.

Matriculación

Los cursos tendrán un coste de 50 euros, destinados a gastos de administración, organización, mantenimiento, dietas, etc. Se ofrecerán becas y algunos cursos, por sus características especiales, estarán exentos de cobro.

Podrá matricularse en el propio Seminario de Oviedo, rellenando el formulario y pagando las tasas, o presentando el resguardo de haberlo efectuado; también en las sedes donde se impartan los cursos; y, para cursos especiales, organizados a través de la Delegación de Enseñanza o la Vicaria Judicial, según el cauce que indiquen.



Más información

Aquí puedes descargar el tríptico:

Aquí puedes descargar la ficha de matrícula:

Seminario Metropolitano de Oviedo
C/ Prado Picón, s/n – 33008 Oviedo (Asturias)
Teléfono: 985 22 08 97
E-mail: institutopastoral@semiovi.es

viernes, 19 de septiembre de 2025

Entrevista al P. Juan Manuel Cabezas, Postulador de la Causa de Beatificación de Monseñor Guerra Campos

(Infocatólica/ Javier Navascués) Este martes 23 de septiembre tendrá lugar la presentación del libro Un faro en la tempestad de Manuel Acosta, basado en las enseñanzas del obispo. Será a las 19, 30 en el salón de actos del Colegio Mayor San Pablo CEU de Madrid.

Como ya entrevistamos al autor Manuel Acosta, hacemos lo propio ahora con el postulador de la Causa de Canonización, el P. Juan Manuel Cabezas Cañavate.

Juan Manuel Cabezas Cañavate, Sevilla 1966. Es un sacerdote de la archidiócesis de Madrid, aunque fue ordenado en Cuenca en 1990 por don José Guerra Campos. Pertenece a la asociación pública de fieles Misioneros de la Santísima Trinidad. Es doctor en derecho canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca, y es catedrático de Derecho de la Vida Consagrada en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, en Madrid. Ha ejercido diversas labores pastorales en las diocesis de Cuenca y de Madrid y ha sido juez Diocesano para las causas de canonización en la diócesis de Cuenca entre 2003 y 2009 y juez presidente de la sala 2 del Tribunal eclesiástico de Madrid entre 2015 y 2023.

Este martes 23 de septiembre tendrá lugar la presentación del libro Un faro en la tempestad de Manuel Acosta, basado en las enseñanzas del obispo. Será a las 19, 30 en el salón de actos del Colegio Mayor San Pablo CEU de Madrid

¿Cómo llegó a ser el postulador de la Causa de Canonización de Mons. Guerra Campos?

Bueno, digamos que hay un origen remoto y un origen próximo. El remoto es cuando siendo él mi obispo, fui enviado a estudiar derecho canónico a Salamanca, disciplina en la que he servido a la Iglesia durante casi treinta años ya. Al estar preparado para llevar a cabo un trabajo tan bonito como es el de las Causas de Canonización, se estaba haciendo posible que algún día llegara a ser postulador del mismo Obispo que me mandó a estudiar hace muchos años. Ni él ni yo jamás pensamos en tal posibilidad en el origen.

En cuanto al origen próximo, fue cuando dos instituciones nacidas en la diócesis de Cuenca unimos fuerzas, los Misioneros de Cristo Rey y el instituto Secular Servi Trinitatis, después sustituido por la Asociación Misioneros de la Santísima Trinidad, para promover el conocimiento y el estudio sobre Don José Guerra Campos, dando vida a una Fundación Canónica cuyo fin fuera promover la conservación del gran legado magisterial, de sabiduría, de trabajo arqueológico en Santiago de Compostela… de Don José así como, cuando fuera posible, iniciar la Causa de Canonización. Somos conscientes de la grandeza del personaje y de la santidad de su vida así como de la gran influencia que ha tenido en la vida de la Iglesia, no sólo en España, sino en todo el mundo, pues no pocas de las instituciones y de los sacerdotes y consagrados que han surgido en su diócesis se han esparcido como misioneros por un gran número de países, sobre todo en América, pero también en el resto de los continentes. Esta fundación fue aprobada por el Sr. Obispo de Cuenca, que fue el que me nombró postulador a petición de dicha Fundación.

¿Qué supone para usted esta responsabilidad?

Es un gran honor. Cuando yo conocí de cerca a don José pude apreciar y entender lo que considera el pueblo fiel cristiano cuando se encuentra con un santo. Él me había confirmado a los 9 años en la parroquia de San Esteban de Cuenca, pero todavía entonces no tomé conciencia de quién era. Con 15 años ingresé en la Juventud de Acción Católica de Cuenca, cuyo consiliario, Don Gratiniano Checa es también otro santo, fue un hombre providencial en mi vida, que me hizo conocer de cerca a Jesucristo, enamorarme de Él y dedicar mi vida al apostolado. Con ese motivo veíamos al menos tres veces al año a Don José, el día de San José, pues celebraba misa en su capilla privada (haciéndola más grande abriendo habitáculos contiguos) para todos los miembros del apostolado seglar de Cuenca que lo desearan. La segunda ocasión era el día de Pentecostés, que celebraba Misa de vigilia de Pentecostés para la Acción Católica y los restantes movimientos de apostolado seglar en la capilla de la Santísima Trinidad de la catedral de Cuenca y, por último, teníamos una reunión con él los miembros de la Comisión Diocesana de la Juventud de Acción Católica a comienzos del curso escolar para presentarle los planes de trabajo y escuchar sus orientaciones sobre los mismos.

En todos estos encuentros Don José era siempre sumamente amable y cortés, con gran elegancia, al mismo tiempo sencillísimo y humilde, pero sumamente elegante, con una gran delicadeza y una gran libertad de espíritu. Siempre escuchaba mucho más que hablaba y nos exhortaba a ser santos militantes en medio del mundo y nos agradecía profundamente nuestro trabajo.

Debo decir que cuando llegue a conocerlo en esta etapa de mi vida, yo estaba lleno de prejuicios contra él que pululaban por el ambiente, pero el trato fue disolviendo todos esos prejuicios, viendo la falsedad de los mismos en el trato directo con él, y lo mismo me han testificado todos aquellos que han tenido contacto habitual con él.

¿En qué medida le ha ayudado espiritualmente conocer en profundidad su vida y su obra?

Su vida como ya he dicho me impactó grandemente y no sólo a mí sino a tantas personas, laicos, sacerdotes y religiosos que lo han conocido y tratado. Su chófer, un laico, la familia que vivió con él los últimos años de su vida en Cuenca, siendo los caseros del Obispado, las mujeres de la limpieza, todos lo querían y lo admiraban enormemente. Lo consideraban un santo. Es más, cuento una anécdota de un sacerdote ya fallecido, que él mismo me había relatado un día a mí. Este sacerdote, siendo bueno, pues también en alguna época de su vida participó en un grupo de sacerdotes (lo llamaban el grupo de los 21) que eran críticos con don José (téngase en cuenta que en aquel entonces había más de 350 sacerdotes incardinados en Cuenca) y que querían cambiar la diócesis boicoteando al pastor. Él mismo un día, sin que la conversación previa tuviera nada que ver, me dijo que Don José era un santo, pues se enteró de que él también andaba en esas actividades y lejos de tomar represalias le dio una parroquia mejor. Este sacerdote murió santamente teniendo unos últimos años de intensa vida espiritual

Conforme he ido conociendo más y más dimensiones de la vida de Don José, más ha ido creciendo la admiración ante la plena integridad de vida de un Obispo en tiempos en que precisamente vemos un olvido tan grande de las exigencias de la vida cristiana y de la vida de santidad, que no es frecuente ni siquiera entre los pastores. Impresiona su humildad, precisamente unida a una inteligencia absolutamente brillante y superdotada, reconocida por los mismos que fueron sus enemigos u opositores.

En cuanto a su obra, qué diré sino que considero que en el futuro será declarado doctor de la Iglesia. Conforme he ido buscando y leyendo su producción escrita (verdaderamente sorprendente en cantidad y sobre todo en calidad y profundidad de pensamiento) me ha asombrado ver que ya como seminarista y no digamos como joven sacerdote tenía una riquísima formación espiritual y humana, en muy diversos campos del saber (siendo muy joven dirigió la Revista Compostellanum) y que durante toda su vida iluminó todas las realidades surgidas en el siglo XX con la luz del Evangelio. Es necesario reunir toda esa obra, que ha ido siendo publicada en su inmensa mayoría por iniciativa privada del pueblo de Dios que ha apreciado su riqueza, ha visto que aquí tenía respuestas sólidas y cristianas a las problemáticas de los tiempos y ha publicado en folletos y libros los sermones, las conferencias y demás enseñanzas de Don José Guerra. He visto centenares de casetes con homilías y predicaciones grabadas a don José por parte de sacerdotes, religiosas, laicas consagradas, jóvenes y adultos de Acción Católica y fieles sencillos sin más. Es una clara manifestación del sensus fidelium del que habla el Vaticano II, que sabe distinguir quién es santo y vive santamente y esto le atrae profundamente, porque descubre en él a Cristo.

¿Qué relevancia tuvo el prelado en la vida española?

Todo Obispo, si es fiel a la misión recibida del mismo Cristo, será de gran relevancia para la vida de la Iglesia. En concreto don José fue ordenado obispo en 1964, en pleno concilio Vaticano II en el cual ya había participado como perito conciliar y entonces como Obispo. Ejerció primero nueve años como Obispo auxiliar de Madrid, pero a la vez acumulando en su persona gran cantidad de cargos, pues en estos años fue Obispo Consiliario Nacional de Acción Católica, fue el primer Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, procurador nacional en Cortes, miembro del Secretariado Pontificio para los no creyentes, del comité de enlace de las Conferencias Episcopales Europeas, representante del Episcopado Español en el primer Sínodo de Obispos en Roma, etc, de donde podemos colegir fácilmente la gran relevancia que tenía en la vida española y aún internacional.

En 1973 fue nombrado Obispo de Cuenca, donde fue obispo diocesano durante veintitrés años, hasta junio de 1996, cuando le fue aceptada la dimisión y apenas vivió un año como Obispo emérito, pues estaba muy desmejorado de salud en aquellos momentos. Estos últimos veintitrés años son indicados normalmente por los historiadores como los de su ocaso humano y su preterición. Es cierto que otros compañeros obispos no lo querían en ciertas instituciones e hicieron lo posible porque él no estuviera, pero Dios escribe recto con renglones torcidos y su influencia en su diócesis es innegable, donde hubo una gran vitalidad de vida cristiana y de movimientos de apostolado seglar.

Por ejemplo, existió una Acción Católica General, tanto de adultos como de jóvenes, con gran número de miembros y una fuerte exigencia de vida de santidad y de apostolado, mientras languidecía en el resto de España. Pero además la diócesis, pese a formar parte de la España despoblada producía un gran número de vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada y misionera, recibiendo continuas felicitaciones por parte de los diversos dicasterios de la Curia Romana, como se puede apreciar en su archivo personal.

Pero no sólo fue de gran influencia en su diócesis, sus pastorales sobre el divorcio, el aborto, la verdadera forma de entender la liberación cristiana, etc, fueron leídas y agradecidas por católicos de toda España y de fuera del país. Y aún más, aprobó durante su ministerio episcopal las siguientes instituciones: Lumen Dei, Discípulos de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Siervos del Hogar de la Madre, Siervas del Hogar de la Madre, Instituto Secular Servi Trinitatis, Misioneros de Cristo Rey, un convento de Mercedarios de la Caridad, etc, que como antes dijimos se han extendido por no pocas naciones de varios continentes.

¿Cómo ayuda la recopilación de sus obras por parte de Manuel Acosta a conocer su figura y su pensamiento?

Don Manuel ha ordenado gran parte de su archivo personal, en el cual hay gran riqueza de contenidos de fe y de moral cristiana, aparte de innumerables documentos que no sólo nos cuentan la vida de Don José, sino gran parte de los acontecimientos por él vividos. Allí la figura de Don José brilla con gran intensidad por la absoluta pulcritud de su vida y de su conciencia. Además esta obra que hoy estamos dando a conocer ha conseguido recuperar el contenido de todas los programas televisivos que don José produjo en Televisión Española, durante más de un año, explicando las verdades de la fe de un modo adaptado a las circunstancias actuales y contestando desde la fe y la moral cristianas a las dificultades surgidas en nuestro tiempo. Es un documento excepcional que además conserva plenamente su validez para el tiempo actual. Por supuesto, este es un eslabón más en el conjunto de publicaciones que estamos preparando para que no se pierda nada de la riqueza del pensamiento de don José. Ya publicamos hace unos años dos libros de sermones suyos sobre la esperanza y sobre los ministros sagrados y estamos terminando el volumen de homilías sobre la Iglesia y el Papa.

¿Qué virtudes destacaría de forma más específica en él?

A partir de lo que yo he conocido directamente, de lo que ha sabido a partir de testigos directos que han tratado con él a diario durante años y de lo que voy sabiendo en el proceso de investigación sobre su vida creo que puedo decir que en él destacan todas las virtudes. Desde luego las teologales, la fe, la esperanza y la caridad. Era un hombre de fe, a la vez absolutamente sencilla como la del último fiel y profundamente honda como el gran teólogo y contemplativo que fue. Vivía ante Dios, buscando agradar a Dios y sin importarle lo que las gentes dijeran o pensaran

Era un hombre de esperanza, no he conocido a autor contemporáneo que habla con tanta belleza y hondura del tema de la esperanza, un tema extensamente presente en su predicación. Sobre la caridad estaba lleno de unción hacia Dios y de delicadeza y respeto hacia todos los hombres. Cuando yo era seminarista, me tocó varios años ayudarle en las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa en la catedral de Cuenca. Estando cerca de él se apreciaba mejor cómo estaba en la liturgia sumido en un profundo recogimiento y presencia de Dios, que casi se transparentaba a su alrededor. Y en cuanto al trato con las personas siempre recibía con respeto, amor y suma delicadeza a todos los hombres, cercanos a la Iglesia o lejanos, coincidiendo todos en describirle como un hombre profundamente amable y afectuoso.

Destacaremos, por elegir alguna de sus virtudes, su profunda humildad. Alguna vez llegó a decir en círculos íntimos y sin ninguna artificialidad que estaba convencido que su elección como obispo era uno de esos errores que Cristo permite en su Iglesia para que ésta se mantenga en humidad. Se creía absolutamente indigno y no era fingimiento, así lo vivía realmente.

De su pobreza, sólo destacar que cuando se conoció el estado en que estaba su vivienda en el palacio episcopal, inmediatamente mandaron arreglar profundamente la misma para el próximo obispo que viniera. Habiendo hecho una colecta sustanciosa entre sus sacerdotes y sus fieles a favor de don José cuando abandonó su querida diócesis en 1996, devolvió íntegramente la misma dedicándola a varios servicios diocesanos, quiero recordar entre ellos al Seminario y a Cáritas. Y así podríamos seguir indefinidamente.

¿Hasta qué punto las vivió con heroísmo?

Esa es parte de la tarea que nos toca en estos momentos. Primero reunir pruebas de la fama de santidad que él ha tenido ya incluso antes de morir. Después investigar la profundidad de la virtud en su vida. Pero ciertamente todas las pruebas que poseemos, que aumentan cada día más conforme avanza la investigación, apuntan a una heroicidad en sumo grado y en muchos campos. Por ejemplo en el campo tan difícil de mantener la unión con otros pastores, algunos de los cuales le insultaban en diversos medios de comunicación y otros que se separaban del magisterio y de la moral de la Iglesia, él por un lado se mantuvo fiel a la doctrina y a la ética, pero a la vez mantuvo el aprecio y la estima por sus hermanos en el episcopado, nunca contestó de malas formas a nadie, respetó la buena fama de las personas concretas, a las que nunca aludió, aunque sin dejar de denunciar los errores y las confusiones producidas en el pueblo cristiano, como muchos han hecho y hacen con el fin de ser bien considerados y estimados o por un falso corporativismo.

Heroica fue también tantas veces su paciencia. Cuento un detalle sencillo, pero como este se podrían contar muchos. Habiéndose encontrado el Sr. Obispo con los Jóvenes de Acción Católica de Cuenca en Santiago de Compostela, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, les acompañó por los principales monumentos de la ciudad y les dio una auténtica lección de historia, arte y religiosidad. Pero un joven del grupo, muy buena persona pero un tanto “patoso” le pisó repetidas y repetidas veces aquella tarde, sin que nunca surgiera una mala palabra o un mal gesto por parte de Don José. Y esta paciencia la tuvo que ejercitar tantas veces en tantas materias.

¿Qué supondría su canonización?

Precisamente el gran bien que está llamado a hacer don José es ser un modelo para el cristiano actual, pues vivió en una época en la que entre la revolución sexual del mundo en el año 1968 y la grave crisis de identidad dentro de la Iglesia Católica (el papa San Pablo VI llegó a hablar de autodemolición de la Iglesia) todo parecía venirse abajo y sin embargo él mantuvo la esperanza contra toda esperanza. Fue fiel a la doctrina y a la moral de la Iglesia, siguió viviendo con aspiración continua a la santidad y nos dio un verdadero ejemplo de pastor. No es el tipo de pastor frecuente hoy en la Iglesia. Los obispos, de manera peculiar, pueden encontrar en él el modelo de ser fieles manteniendo una voz profética clara y potente al mismo tiempo que con una gran humildad, caridad y comprensión y cercanía hacia todos, especialmente hacia los más necesitados en el orden espiritual y material.

Conferencia ''Nicea y Osio en la fe cristológica de la Iglesia''. Por Monseñor D. Demetrio Fernández, Obispo emérito de Cordoba