domingo, 9 de diciembre de 2012

Una historia de una prisionera de la fe




El próximo sábado 15 de diciembre Madrid gozará de un privilegio difícil de conseguir: conocer en persona al marido de Asia Bibi y trasladarle personalmente la solidaridad con ella. Será a las nueve de la noche en el restaurante Pedro Larumbe (ABC Serrano, Serrano, 61) cuando Ashiq Masih recibirá en su nombre, y acompañado de una de sus hijas, Sidra, el premio Hazteoir 2012 que cataloga a su esposa como "heroína de la libertad".

Orgullosa ella de su fe y él de ella

A punto de salir para España, Ashiq concedió una entrevista al diario católico italiano Avvenire, donde da cuenta de la situación de Asia Bibi y de sus esperanzas.

"Como marido de Asia me siento orgulloso de su sacrificio", afirma. Como también ella "se siente orgullosa de ser una prisionera cristiana que se enfrenta a un castigo sólo por su credo. Está a la espera de la mano de Dios, en la esperanza de ser liberada".

Asia Bibi fue detenida en julio de 2009 en Pakistán por supuesta blasfemia contra el islam. Ella, su marido y sus cinco hijos formaban una de las dos únicas familias católicas en su pueblo. Le ofrecieron la libertad si se convertía al islam, pero prefirió la fidelidad a Jesucristo. Fue condenada a muerte en 2010, y los islamistas asesinaron a los dos personajes públicos más relevantes que la apoyaron: Salman Taseer, gobernador del Pendjab, musulmán, y Shahbaz Bhatti, ministro de las Minorías, católico como ella. Actualmente está a la espera de que se resuelva un recurso contra la sentencia.

"Nadie sabe cómo vive un detenido", lamenta el marido de Asia Bibi: "Es inaceptable que alguien como ella deba sentir esta pensa. La tratan bien, pero está aislada por razones de seguridad". La presión internacional ha conseguido eso, pero el trato que recibió hasta que la periodista francesa Anne-Isabelle Tollet aireó internacionalmente el caso fue brutal. Tollet recogio el testimonio en prisión de Asia Bibi en el libro ¡Sacadme de aquí! (LibrosLibres), que HazteOir difunde de manera específica con esta ocasión.

En manos de Jesucristo

Aunque la familia pasará una Navidad más separada, no pierden la esperanza: "Creemos en Jesucristo, que está siempre con ella. Confiamos en que sea liberada para Navidad, pero no estaría segura si la excarcelasen. Hemos pedido a ONG y organizaciones que le den protección internacional en otro país, o si no tememos que sea asesinada. Es necesario el apoyo internacional para sacarla de Pakistán, de otra forma está más segura en prisión".

Para la familia de Asia Bibi ha sido una gran alegría que la niña Rimsha Masih, también encarcelada por "blasfemia", haya sido finalmente liberada: "Es una nota positiva dentro del mal uso de esa ley", dice Ashiq.

La hija mayor de Asia se casó recientemente: "Fue muy triste para ella cuando le dio su bendición para casarse. También nuestros hijos sufren por ver lo que se sucede a su madre". Actualmente cuida de ellos Joseph Nadeem, un laico católico que a través de una fundación les está suministrando educación, así como uniformes del colegio, libros, etc. También le ha dado trabajo a él -quien antes era albañil- como guarda de seguridad en la escuela.

"Estoy orgulloso de mi mujer y de la madre de mis cinco hijos", proclama Ashiq: "Pero en verdad tenemos miedo. Nuestra vida está confiada a Nuestro Señor Jesucristo. Estamos siempre en peligro". Y relata cómo su coche fue atacado en abril cuando acudieron a visitar a Asia acompañados de Joseph.

A continuación reproducimos la carta que Asia Bibi ha dirigido a los españoles con ocasión del viaje de su marido a Madrid:
Carta de Asia Bibi a los españoles

Prisión de Sheikhupura, Pakistán, 5 de noviembre de 2012

Me llamo Aasiya Noreen Bibi y no sé si llegarás a leer esta carta. Escribo a los hombres y las mujeres de buena voluntad de España, desde mi celda sin ventana en el módulo de aislamiento de la prisión de Sheikhupura, en Pakistán. Llevo encerrada aquí desde el mes de junio de 2009. Me han condenado a morir en la horca por blasfemar contra el profeta Mahoma. Dios sabe que es una sentencia injusta y que mi único delito, en este mi gran país al que tanto amo, es ser católica. No sé si estas palabras verán la luz y llegarán a ser leídas por alguien al otro lado de los muros de esta cárcel. Si el Señor misericordioso quiere que así sea, pido a los españoles que recen por mí e intercedan ante el presidente de mi hermoso país para que me permita recuperar la libertad y volver a reunirme con mi familia, a la que tanto echo de menos. 

Estoy casada con un buen hombre llamado Ashiq Masih y, juntos, tenemos cinco hijos que son una bendición del Cielo: un varón, Imran, y cuatro chicas, Nasima, Isha, Sidra y la pequeña Isham. Solo quiero volver a estar con ellos, a ver sus sonrisas y devolverles la paz. Están sufriendo por mí, al verme encerrada y privada de justicia. Temen por mi vida, pues la sentencia que me condena a morir ahorcada es firme y un indulto puede evitar que acabe ejecutándose. Un juez, el honorable Naveed Iqbal, entró una mañana en mi celda, después de condenarme a una muerte horrible, y me ofreció revocar la sentencia si me convertía al Islam. Yo le agradecí de corazón su buena intención, pero también le dije, con toda la claridad de la que soy capaz, que prefiero morir como cristiana que salir de prisión siendo musulmana. “He sido juzgada por ser cristiana”, le dije al señor juez. “Creo en Dios y en su enorme amor. Si usted me ha condenado a muerte por amar a Dios, estaré orgullosa de sacrificar mi vida por Él”, le dije.

Dos hombres justos han sido asesinados por pedir justicia y libertad para mi persona. Su destino me desgarra el corazón. El gobernador de mi región, Punjab, el señor Salman Taseer, fue asesinado el 4 de enero de 2011 por un miembro de su escolta, simplemente porque pidió a las autoridades del Gobierno que me pusieran en libertad y se opuso a la ley sobre la blasfemia que rige en Pakistán. Dos meses después, un ministro del Gobierno, el señor Shahbaz Bhatti, cristiano como yo, fue asesinado por la misma causa. Rodearon su coche y le dispararon con ensañamiento hasta darle muerte. 

Me pregunto cuántas personas más tienen que morir por causa de la justicia. Rezo a todas horas para que Dios misericordioso ilumine el juicio de nuestras autoridades y sus leyes civiles restablezcan la antigua armonía que siempre reinó en mi gran país entre las personas de distintas religiones. Jesús nuestro Señor y Salvador nos amó libres y creo que la libertad de conciencia es uno de los mayores tesoros que nuestro Creador nos ha dado y tenemos que preservarlo.

Sentí una gran emoción al conocer que el Santo Padre Benedicto XVI había pedido mi indulto. Dios me conceda vivir para peregrinar a Roma y, si es posible, agradecérselo personalmente.

Ahora pienso en mi familia. Lo hago a todas horas. Vivo con el recuerdo de mi esposo y de mis hijos, y pido a Dios misericordioso que me permita volver a reunirme con ellos. No sé si esta carta llegará a tus manos, amigo o amiga española. Si así fuera, acuérdate de que hay personas en el mundo que son perseguidas por causa de su fe y, si está en tu mano, pide por nosotros al Señor y escribe al presidente de Pakistán rogándole por que me permita volver a estar con mi familia.

Si lees esta carta, Dios lo habrá hecho posible. Que Él, que es bueno y justo, te colme con su Gracia.

Afectuosamente,

Asia Bibi

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