miércoles, 22 de junio de 2016

Otro baculazo de don Jesús (ya estaba tardando). Por Jorge Glez. Guadalix



Estamos tan acostumbrados a ese “nunca pasa nada”, que el día en que un obispo dice sí pasa, y hasta aquí hemos llegado, la gente enmudece de asombro para explotar en un grito “ostentóreo” de “baculazo, baculazo”.

Le ha vuelto a tocar a D. Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo. Parece ser que habíacosas que no eran de su agrado en la forma de trabajar la pastoral penitenciaria diocesana y ha decidido algo tan simple como suspender a todos los voluntarios. Pues nada que objetar, será más o menos acertado, pero, desde luego,es competencia suya y ha decidido ejercerla.

Dicen que esos voluntarios eran gente entregada, generosa y bien formada, y que además de ofrecer formación cristiana eran expertos en consolar, ayudar, sanar heridas. Es decir, que un obispo se encuentra con un equipo de treinta y cinco personas bien formadas, entregadas, que dan catequesis como se debe y que además hacen una excelente labor caritativay decide prescindir de ellos. No se explica. A no ser que haya otras explicaciones.

¿Otras explicaciones? Pudiera ser. Y posiblemente la raíz de todo sea que hay gente en las diócesis y en las parroquias que enarbolan su propia vara de medir, con la que sacuden sus propios zurriagazos en forma de doctrina propia, liturgia propia, ideas propias, obediencia depende, derechos todos y obligaciones ninguna, y todo basado en un supuesto espíritu del Vaticano II que para todo sirve y para nada vale.

No falla. Me atrevería a colocarlo como uno de los principios de la vida pastoral: todo cura o laico clericalizado que se queja de los baculazos de su obispo lleva en sí un dictador experto en dar varetazos a todo lo que se menea en dirección ligeramente divergente a la suya.

La pastoral penitenciaria, la liturgia, la caridad, la catequesis, la vida católica de la diócesis, es responsabilidad última de su obispo. Es el obispo quien tiene que llevar a sus fieles a la santidad unas veces animando, otras corrigiendo y otras, si necesario fuera, a baculazo limpio para defender a sus fieles de los lobos de fuera y de los de dentro por más que se disfracen de ovejas, que haberlos, haylos.

El problema de todo esto es que llevamos años con demasiados obispos que mantienen el báculo guardadito entre algodones y apenas lo asoman en celebraciones solemnes, cogidito con displicencia, para que no se note demasiado que mandan, aunque este tipo de obispos el día que lo empuñan puedan causar una sarracina.

Llega un obispo, dice que en su diócesis manda él (¿se acuerdan de lo que pasó con aquellas jornadas de enseñanza?) y se monta la marimorena. Pues qué quieren que les diga, que entre el baculazo de don Jesús y el victimismo de esos voluntarios del foro Gaspar García Laviana, me quedo con don Jesús. Y que entre las teorías de Faustino Vilabrille y don Jesús, me vuelvo a quedar con don Jesús. Y viva el báculo, que estamos ya poco acostumbrados. Y que si la pastoral penitenciaria consistía en explicar las teorías de Vilabrille a los reclusos entonces si tengo un reproche, D. Jesús: demasiado ha tardado en lo del báculo.

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