sábado, 4 de junio de 2016

Reflexiones al Evangelio . Por Fr. Gerardo Sánchez Mielgo O.P.



1ª) ¡Jesús itinerante y compasivo con el sufrimiento de los hombres!

Iba Jesús camino de una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Jesús siempre en camino, es el anunciador itinerante del reino por todas partes y a todas las gentes. Todos le buscan y quieren retenerle (Mc 1,38s; Lc 8,1). Siempre acompañado por sus discípulos. Es importante subrayar este dato, porque ellos habrán de ser los testigos de todo lo que Jesús hizo y enseñó. Es la garantía para Lucas cuando se decida a componer su relato evangélico (Lc 1,1). Y también por la gente. Es una constante de los relatos evangélicos afirmar que las gentes acompañaban siempre a Jesús. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores. Una observación narrativa de singular significación: a Jesús le acompaña mucho gentío y a la mujer un gentío considerable de la ciudad. Los dos grupos forman un conjunto, como un coro de los dramas griegos, que juntarán sus voces para dar gloria a Dios. A Lucas le gusta que los acontecimientos importantes sean avalados por testigos. Jesús va a realizar un signo singular, se trata de la resurrección de un joven y debe ser adecuadamente testimoniado. A Lucas le gusta también resaltar los sentimientos de compasión y de misericordia de Jesús. Jesús siente lástima de aquella madre, que era viuda y, por tanto, al morir su hijo único quedaba desamparada en todos los aspectos. Jesús capta perfectamente la situación y siente lástima por aquella mujer.

¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!. El muerto se incorporó y empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre. Jesús siempre se acerca o permite el acercamiento de aquellos que le piden un milagro (leprosos, hija de Jairo, ciego de nacimiento). Jesús posee un imperio del todo singular sobre la muerte. Realiza el milagro sin otros gestos que el de la palabra de vida que impera sobre la muerte. Al mandato de Jesús surge la vida de nuevo. Y se lo entregó a su madre. Último gesto de la delicadeza y ternura de Jesús para con los que sufren. Abundan en los evangelios estos rasgos de la actuación de Jesús, aunque de modo singular están presentes en el relato lucano.

2ª) ¡De Dios procede todo bien y a Dios corresponde toda gloria!

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios diciendo: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros, Dios ha visitado a su pueblo. La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera. El numeroso grupo, resultado del encuentro de los que acompañaban a Jesús y de los que acompañaban a la madre, forma ahora un coro final que cierra esta maravilla del poder de Dios y de la misericordia de Jesús. A Lucas le gusta también subrayar la reacción del hombre frente a lo divino y a lo inesperado: quedaron sobrecogidos. Una reacción adecuada frente a una intervención de Dios que desborda las expectativas de los presentes. Dios siempre sorprende con su bondad y con su poder bienhechor. Y daban gloria a Dios. También esta actitud espiritual de los beneficiarios o de los testigos de alguna acción especial es muy querida y subrayada por Lucas. Dios está en el centro y a él solo hay que darle gloria. Que con ello se manifiesta que Dios ha visitado a su pueblo, es también un elemento importante en la historia de la salvación: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David su siervo, como lo había prometido desde antiguo por medio de sus santos profetas (Lc 1,68ss). Lucas recuerda con frecuencia que los gestos de Jesús (y, más tarde, también de los apóstoles) se divulgan por doquier.¡ No podía ser de otro modo!.

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