domingo, 17 de noviembre de 2013

Un cura con pintas

¿Con pintas? Sí. Permítanme una explicación.
 
Siendo cura de pueblo aprendí que en la maldad humana también de da una escala. Uno puede estar en ese indefinido grupo de “no es buena gente”, lo cual significa que se puede tener una cierta amistad pero con cuidado. Luego viene el “sarnoso”, que además de no ser buena gente anda con el colmillo retorcido y te la puede jugar. Se pasa al “cabrito” (siempre en versión adulta) que ya encierra su buena dosis de maldad. Un escalón más para el “hijo de mala madre”, ustedes ya me entienden, que es alguien malo pero que malo y malo. Ahora bien, se puede ser algo mucho peor que todo eso, y es ser cabrito (adulto por supuesto) ¡Y CON PINTAS! Como uno tenga ya pintas es que es que es Lucifer redivivo y en tarde de cabreo. Pues bien, puestos en antecedentes, servidor se reconoce mal cura y además con pintas.


Lectores del blog, amigos, menos amigos me dicen que si servidor va de buenecito por la vida, que cuando escribo es como si uno fuera perfecto y por eso se permite hablar de lo divino y de lo humano dando lecciones a los demás, que a ver si va a resultar que yo no tengo fallos y debilidades. Pues no. Pero oigan, que una cosa es que uno sea un bicho y otra muy distinta que haya perdido la noción del bien y el mal. Por ejemplo, una cosa es que servidor no tenga costumbre de hacer ejercicio y otra que no reconozca sus beneficios e incluso lo recomiende. ¿Y tú? Yo es que soy así de perezoso. No pasa nada.
Si para poder predicar el evangelio uno tuviera que ser una síntesis de san Luis Gonzaga, san Juan de Ávila, santa Teresa de Jesús y la beata Teresa de Calcuta, pues viva el silencio de los templos católicos. Si para explicar la doctrina de la Iglesia se exigiera la perfecta coherencia, pues ni el papa. Coherente al cien por cien creo que hay un señor en Murcia al que cuidan mucho para que no se acatarre.
Yo no soy ni mejor ni peor que los demás curas. Si miramos al pasado, en todos los desmanes progresistas de los ochenta he caído. Si al presente, me agarro a la canción aquella, recuerdan: me falta fe, me falta caridad… me faltan muchas cosas. Pero una cosa es que uno tenga su pasado, el que fue, tenga su presente lleno de incoherencias y otra muy diferente que no me sepa el catecismo y trate de predicarlo con verdad según lo pide la Iglesia.
Por eso insisto en el título: soy un mal sacerdote y con pintas. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y lo que no puedo permitirme es justificar mi vida a base de decir que el catecismo vete a saber, y la doctrina depende, y la liturgia como te parezca. Eso no. Con pintas. Con todas las pintas. Pero la doctrina “va a misa” y nunca mejor dicho.
 
NOTA A LOS COMENTARISTAS

En los últimos posts he visto de nuevo que algunos comentarios se alargan y alargan. El comentario no puede convertirse en un post más y en ocasiones de mayor extensión que el propio post. Pido de nuevo a los comentaristas que procuren brevedad y en caso de que fuera necesaria una amplia reflexión o un largo debate, que procuren colgarla en otro lugar e indicar el enlace. Por principio y de forma general, no admitiré comentarios que excedan un 40 % de la extensión del post.

Jorge Glez. Guadalix

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