miércoles, 13 de noviembre de 2013

Hay que demoler parroquias


Dios mío, ven en mi auxilio. Señor date prisa en socorrerme…Buenos dias, Señor a Tí el primero…Oh Dios, Tú eres mi Dios, por tí madrugo, mi alma está sedienta de Tí…




Perdone…

¿Si…?

Es que está usted en mi sitio…

¿Como?

Que está usted en mi banco





¿Este banco es suyo?

Si, siempre me siento ahí…¿me permite?

Por supuesto



He aquí un obstáculo a la Nueva Evangelización



Esta conversación tuvo lugar hace unos dias en mi parroquia. Era yo quién procuraba comenzar la oración, como todas las mañanas. La persona que me interrumpió se casó en la parroquia y ha venido todos los dias desde entonces a misa. Hace poco celebró sus bodas de oro. Es alguien de absolutísima confianza y con una vida cristiana acrisolada. Pero que considera que el banco es suyo porque siempre se ha sentado en él.



Por supuesto que me cambié de banco, de hecho acabé haciendo mi oración en el presbiterio, único lugar del que no me puede echar nadie, salvo mi obispo. Pero luego dicen que si los curas estamos alejados de la gente…



Aquella escena terminó con una IDEA CLARA Y DISTINTA en mi mente, como diría el bueno de Descartes:



Hay que demoler la parroquia



No me he vuelto un jacobino de repente, ni un antisistema. Reconozco que una vez más he empleado un titular morboso para atraer vuestra atención. Ya que casi nadie me lee, ni siquiera por misericordia, trato de que lo hagáis al menos por curiosidad.



El tema es el siguiente. La anécdota que he contado es solo eso, una anécdota, pero realmente veo que en las parroquias hay un obstáculo grandísimo a la Nueva Evangelización que está ¡dentro!, no fuera, de la parroquia: me explico.



Cuando llegué a San Antonio, hace dos años me encontré una parroquia… envejecida. Cuando me hicieron párroco de San Pio, hace un año, lo que me enconaré fue una parroquia…cansada. He estado tentado de emplear la palabra “muerta” por “envejecida” o “cansada”, pero no, porque una parroquia, mientras siga celebrando la Eucaristía no está muerta. Pero puede estar enferma. Gozar de poca salud.



Es evidente que ambas parroquias necesitaban renovarse. Ambas habían vivido en el siglo pasado, siglo XX, momentos de esplendor e incluso de un crecimiento explosivo. Pero ahora están estancadas y como no se haga algo seguirán disminuyendo, no creciendo.




El problema es que todo el mundo espera que vuelva lo de antaño o que se mantenga lo que hay. Nadie espera que se pueda hacer algo nuevo, que se pueda avanzar, que se puedan hacer cosas nuevas.



En San Pio, Iglesia en la que caben 1000 personas, celebrábamos 4 misas los domingos, la que más mediovacía. Sumadas a las 5 misas de San Antonio (todas llenas, pero es que no caben más de 150) suponen , junto con la misa en el Hospital un total de 10 misas todos los domingos, en un radio de 500 metros.



Lógicamente se me ocurrió reducir el número de misas. No para mayor comodidad de los sacerdotes sino para poder dedicar el domingo a estar con la gente, apoyar la catequesis, la escuela de padres, etc, en vez de estar ocupado dando vueltas de misa en misa mediovacías.



En San Pio propuse juntar dos misas en una y convertir dos misas medio vacías en una misa llena, con gente jóven, coro y con la posibilidad de poder empezar a pensar en tener un mínimo sentido de comunidad. En la cabeza tenía el significado propio de la Eucaristía dominical como centro de la vida de la comunidad. No trabajar menos. La variación mayor de horario entre lo anterior y lo nuevo era de media hora.



Me has hecho polvo con el cambio de horario, porque yo siempre he venido a misa de 11, 30 para que me de tiempo a hacer la comida…

Qué horario mas malo, me tengo que levantar un cuarto de hora antes para poder arreglar a los niños y llegar…

Nos has fastidiado, porque el coro siempre ha ensayado a tal hora y ahora tenemos que cambiar…



Estas son solo algunos de los comentarios que me han hecho algunos de mis feligreses, los mas “comprometidos”, todo hay que decirlo.



Siempre se ha hecho así



Esa frase concentra en si misma todo lo que obstaculiza la Nueva Evangelización. Ni la cultura postmoderna, ni la secularización de la sociedad, ni el laicismo o anticlericalismo, ni nada… el inmovilismo dentro de la Iglesia.



Esto nunca se ha hecho



Otra cara de la misma moneda.



Yo me resisto a crear un Consejo Pastoral donde no lo hay y a reunirme donde lo hay. Si todo el consejo que voy a recibir es esto siempre se ha hecho así o esto nunca se ha hecho o Uy, esto no va a funcionar… no necesito ningún consejo. ¿Porqué sostener una estructura que mas que ayudar lo que hace es poner palos en las ruedas? Hay que demoler la parroquia.



Hace poco he estado en Tierra Santa. He observado que casi todos los lugares santos están señalados por una edificación que, ¡claramente!, no es de los tiempos de Jesús, pero que sí señala el lugar en el que desde los primeros tiempos ha habido una comunidad cristiana reunida en torno. Hay diferentes estratos: paleocristianos, bizantinos, cruzados, modernos, etc. eso significa que a cada construcción ha seguido una demolición, un reforzamiento y ampliación de cimientos y la construcción de un templo más grande, más adaptado a cada época,…pero siempre en el mismo sitio, por la misma comunidad y para el mismo fin.



Esta puede ser una buena imagen de lo que quiero decir con que hay que demoler. Si quiero poner cimientos, reforzarlos y ampliarlos para volver a construir, primero hay que demoler algunas cosas.

Por que si no, se caen solas, y el derrumbe me pilla dentro.
                                                  Juan Luis Rascón Ors

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