jueves, 2 de mayo de 2013

Carta semanal del Sr. Arzobispo

     
 
Hermano D. Juan Antonio: bienvenido a tu casa
 
Lo decía el viejo relato del Génesis: no es bueno que el hombre esté solo. No únicamente porque la soledad solitaria termina por hacernos siempre extraños, raros, egoístas, sino porque Dios es comunión. Si somos imagen de un Dios que es Amor, todos necesitamos esa vivencia de fraterna alteridad para poder asemejarnos a quien nos creó. Esto viene a cuento por la noticia que esta semana pasada se nos comunicó: que el Papa Francisco ha nombrado un nuevo obispo auxiliar para la Diócesis de Oviedo en la persona del sacerdote asturiano D. Juan Antonio Menéndez Fernández, hasta ahora Vicario Episcopal para los Asuntos Jurídicos y Párroco de San Nicolás (Avilés).
He recordado en estos días un texto muy hermoso de San Francisco, que refleja en su Testamento espiritual al hacer recuento de las gracias recibidas por Dios. Dice así el Poverello de Asís: “el Señor me dio hermanos” (Test. 14). Esto es lo que con motivo de esta noticia también a mí me embarga con un inmenso gozo: en la persona de D. Juan Antonio, el Señor me da un hermano que como obispo me auxiliará en esta dulce y apasionante encomienda de ser pastor de la Iglesia que peregrina en Asturias.
En un tiempo breve, el Santo Padre ha respondido a mi petición con este hermano que ahora pone a mi lado para que me ayude como obispo auxiliándome en mi ministerio de presidir en la caridad esta querida Diócesis de Oviedo. Yo le doy las gracias a nuestro Papa Francisco, por haber atendido mi petición nombrando como obispo auxiliar de Oviedo a D. Juan Antonio. No puedo ocultar mi alegría grande y sincera por este regalo, del que tengo mayor conciencia precisamente por mi conocimiento y estima del elegido en estos años en los que he podido trabajar codo a codo con él.
 
Lo dije el mismo día en que se dio la noticia: que D. Juan Antonio y yo nos vamos a asistir mutuamente mirando el bien de la Diócesis. Se trata de una ayuda mutua para poder ayudar así a todos los demás hermanos. Y será de una rica complementariedad: yo soy de Madrid, D. Juan Antonio es asturiano. Yo he vivido en muchos sitios dentro y fuera de España por mis estudios y docencia, D. Juan Antonio ha estado siempre en esta tierra diocesana en la que ha nacido y crecido. Yo soy teólogo, D. Juan Antonio es canonista. El ser hijo de San Francisco me constituye religioso, mientras que D. Juan Antonio fue llamado al clero diocesano. Así podríamos ir enumerando los muchos motivos por los que considero una gracia grande su ayuda como obispo auxiliar, que viene a complementar mi oficio ministerial como arzobispo de Oviedo en todos los aspectos pastorales. No es un rival sino un verdadero hermano, que además es amigo muy querido, y juntos podremos acompañar a este pueblo que Dios nos confía.
Invito a toda la Iglesia diocesana a que dé gracias conmigo, y acoja con esa gratitud debida a quien viene en el nombre del Señor. Nuestra oración y nuestro afecto se hace abrazo y alabanza mirando a D. Juan Antonio como ese hermano querido que Dios pone a nuestro lado.
Tal y como dije hace unos días: gracias por decir tu sí, querido D. Juan Antonio. Deja que tu nombre lo sigan pronunciando los labios de quien te llamó y que Él sostenga tu fidelidad dando gloria a Dios y siendo bendición para tus hermanos. Que la Santina de Covadonga, San Melchor de Quirós y todos nuestros mártires y santos vengan en tu ayuda y te acompañen con su intercesión. Por nuestra parte, nuestra acogida llena de cariño, de plegaria y de reconocimiento fraterno en el Señor.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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