miércoles, 20 de marzo de 2013

Ir a Misa con niños pequeños

Por el Párroco de la Beata Ana María Molas de Tres Olivos (Madrid)
 
Jorge González Guadalix
 
Antes de nada decir que reconozco que en esto de los niños pequeños en misa hay curas y curas, pero también hay niños y niños, y sobre todo hay padres y padres.
Las cosas son como son, y en algunas ocasiones ha surgido de forma tangencial el asunto de acudir a misa la familia al completo y el problema que puede suponer el que alguno de los niños sea pequeño. Yo quisiera dar otra visión, la que sale desde el otro lado del altar, completada con los comentarios posteriores de despacho y sacristía.
Para empezar, creo que en este asunto concurren básicamente dos derechos: el de la familia, que quiere ir a misa como familia, lo cual es bueno y es todo un testimonio, y el de los fieles que piden poder tener una celebración sin demasiados sobresaltos. Luego parece que debe imponerse la elemental cordura de pedir a unos, los fieles, un poco de paciencia, y a otros, los padres, especial cuidado para que sus retoños incordien lo menos posible.


Como sacerdote que preside la eucaristía he de confesar que los niños me ponen un tanto nervioso, aunque estoy mejorando bastante. Déjenme un par de ejemplos. La homilía sin ir más lejos. No saben lo difícil que puede ser una predicación normal con un niño que de cuando en cuando suelta un chillido (que los hay). Ya, ya sé que hay que tener paciencia, pero yo les reto a cualquiera de ustedes que dé una clase en similares circunstancias. O imaginen en pleno canon de la misa el niño gritando, o el silencio tras la comunión imposible porque es imposible.

Uno hace lo que puede, pero de verdad que celebrar viviendo lo que se celebra, poniendo los cinco sentidos en la liturgia y en la predicación, tratando de mostrar el rostro de Dios a la comunidad, con unos niños que tienen el día latoso, y unos padres que no se dan por aludidos, no es tarea sencilla, se lo aseguro.
 
¿Qué hacer? Porque ahí está la madre del cordero.
Recuerdo una campaña publicitaria en televisión allá por los años sesenta – setenta que llevaba como título “Piense en los demás”. También recuerdo la regla de San Agustín, cuando afirma “conoceréis que estáis en la verdad cuando cuidéis más de lo común que de lo propio”. Desde este punto de vista diría a los padres que piensen que la misa es la misa de toda la comunidad y que deben mirar la forma de ayudar a toda la comunidad a vivirla, con se testimonio de familia, y su saber estar. También pediría a los fieles que procuren no ser especialmente tiquismiquis, y tengan un poco de paciencia. Y a los curas que no se dejen llevar por los nervios, empezando por un servidor.
En algunas parroquias hay habilitadas unas zonas acristaladas con visión suficiente y megafonía adecuada donde pueden colocarse familias con niños pequeños. La solución no es mala, aunque familias hay que se quejan de que se sienten discriminados. En la parroquia de un servidor observo cómo las familias con niños pequeños optan por ubicarse en la capilla lateral, separada del templo principal por cristaleras y que permite participar de la misa a la vez que ayuda a los padres a no tener que andar tan en tensión por si el niño molesta más de lo previsto.
Creo que todo es un problema de saber estar. De ese tan perdido sentido común. De pensar en los demás. Y si no lo hacemos así, malo.

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