miércoles, 22 de julio de 2026

Entrevista al Cardenal Rouco Varela (II): «¿'Resignificar' el Valle de los Caídos? Es una basílica donde se reza por todos. Ya está»

(El Debate) El próximo 20 de agosto cumplirá 90 años, se mantiene en buen estado de salud y con la cabeza despierta y ágil, como de costumbre. Pero el cardenal Antonio María Rouco Varela (Villalba, Lugo, 1936) se cuida, y reconoce que no siguió la final del Mundial que enfrentó a España con Argentina. «Vi un resumen después del partido», puntualiza. «Bueno, en fin, tengo que reconocer que, a veces, viendo partidos donde juega un equipo con el que tengo mucha afinidad, me pongo un poquito nervioso y por lo tanto prefiero no verlo», apunta. Sabia decisión que sería de utilidad para muchos otros.

–La Selección nos da alegrías, pero el resto del panorama patrio anda bastante revuelto... La que le montaron algunos hace unos días a monseñor Luis Argüello por recordar la cita de San Agustín: «Cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones»...

–La traducción que yo conocí era cueva de ladrones... Pero sí, viene a ser lo mismo. Yo eso lo he oído en un acto sobre Europa en la catedral de Espira (Alemania). Es una catedral espléndida, románica, donde están enterrados un buen número de emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. No recuerdo exactamente cuándo fue, pero participaron todos los jefes de Estado de Europa.

Fuimos invitados a ese acto varios obispos y arzobispos titulares de diócesis con un significado europeo singular. Santiago de Compostela evidentemente lo tiene [el cardenal Rouco, en ese momento, era el arzobispo de la diócesis gallega]. Me invitó el obispo de Espira, entonces monseñor Friedrich Wetter, que, por cierto, después fue arzobispo de Múnich y cardenal, y que aún vive, que debe andar cercano a los 100 años y era muy amigo nuestro y de España y venía a veces a Santiago.

Recuerdo que el discurso fue del cardenal Ratzinger, que comenzó con esa frase: Un reino donde no hay justicia es una cueva de ladrones. No eres dueño absolutamente de todos los aspectos de tu vida; tienes que vivir moralmente, éticamente. Por la fe te planteas quién eres tú, cuál es tu vocación, quién te la ha dado, de dónde vienes...

Pero por ahí no vino la crítica a la frase de don Luis, si no por decirla y por el lenguaje, porque es duro, es duro. Y, si lo lees en la actualidad, en una realidad histórica concreta, como la de ahora, pues claro, duele. Pero yo creo que, en el ejercicio del Magisterio de la Palabra por parte del obispo y de la Conferencia Episcopal de obispos, hay que decir la verdad, y hay que proclamarla. Puede costar algo, te puede costar... Siempre ha costado.
Sin miedo

–Hay que decir la verdad, aunque algunos luego reaccionen muy mal...

–Aunque duela, sí, sí. Hombre, vamos a fijarnos en la persona y la historia de Jesús, del Hijo de Dios hecho hombre. Desde el punto de vista humano, pasión y cruz y muerte. Eso lo han vivido los primeros apóstoles y, a lo largo de toda la historia, ha ocurrido muchas veces. Hombre, ahora no. No cuesta sangre, no cuesta martirio, pero cuesta, cuesta. Cuesta comentarios, cuesta contestaciones agresivas o, por lo menos, contestaciones que no brillan por su buena educación.

Un servidor tiene una cierta experiencia en esas situaciones... Yo le comentaba a don Luis –cuando le llamé para animarle– que, un día de San Isidro Labrador en Madrid, yo acostumbraba, después de la misa en la Colegiata, ir a pie hasta mi casa, que no está lejos. Además, yo iba con el capisayo, o sea, que era súper reconocible, y tuvimos que esperar ante el semáforo en rojo para pasar a la calle. Pasaban dos chicos vestidos así, como raro, estos que van con pelos así como... Bueno, y empiezan a hablar de monseñor Setién, donde está Setién y tal. Luego me empezaron a insultar a mí también. Pero pasé al otro lado de la calle. Una señora me besa el anillo y me dice: Señor Cardenal, acaba de ser usted un poco más bienaventurado. Así que dije: Tú aplícate el cuento.
El Valle de los Caídos

–Usted, que ha sido arzobispo de Madrid, ¿cómo ve el tema del Valle de los Caídos? ¿Cómo cree que va a acabar?

–Hombre, a mí me ha extrañado. Las leyes de memoria histórica son súper problemáticas. Los que hemos vivido toda la transición política, en la etapa de mi vida de treintañero y cuarentañero, que fue la de los políticos de entonces, Adolfo Suárez, Felipe González... La reconciliación era necesaria. La Conferencia Episcopal Española lo recordó el año 75. En el fondo era ya una realidad vivida por todos. Yo no recuerdo durante mi vida de joven seminarista, de joven profesor, de joven sacerdote, decir: este era de este bando, este era del otro. Ese dato no se daba en la vida normal y corriente.

Pero en lo político sí necesitamos, creo yo, una especie de punto final, de nuevo comienzo. Lo que no se puede es volver otra vez a una memoria colectiva nacional partida. Eso no es responsable. Cada uno tiene su memoria.

Y claro, eso afecta al Valle de los Caídos. El Valle de los Caídos lo hemos vivido siempre como un lugar de reconciliación donde se reza por todos los que murieron en la guerra. Ya está desligado de los elementos concretos de los años en que fue construido. ¿Hay que resignificar el Valle de los Caídos? Es una basílica donde se reza. Ya está. Pero claro, es una consecuencia de la Ley de Memoria Histórica y Memoria Democrática. En fin...
Los estatutos del Opus Dei

–¿Tiene usted alguna información de en qué punto se encuentran los trabajos en el Vaticano sobre los nuevos estatutos del Opus Dei?

–Esa es una información concreta que no tengo. Pero, conociendo al Papa, el Papa cuida mucho el no herir sin necesidad. Es decir, si tú anuncias que Cristo es el Salvador del hombre y que el momento culminante de su obra salvadora es la cruz, y lo vives, eso molesta. Molesta al enemigo, al enemigo de las cosas de Dios. A Satanás. Por cierto, no ha habido un Papa contemporáneo que hablase tantas veces de Satanás como el Papa Francisco. Y, si tienes que ir al martirio, vas.

Pero, a la hora del gobierno pastoral de la Iglesia, la comprensión, la caridad, es lo que subraya mucho el Papa León. Y, cuando él habla –cuando nos habló al final del Consistorio– vimos que era un espíritu de saber hablar, saber comprender, saber acompañar mutuamente. Cada uno desde su responsabilidad.

La palabra sinodal no puede quedar tan diluida en su significado que valga para todo. Y sobre todo, lo que no puede valer es para negar los elementos constitucionales por derecho divino de la Iglesia. Por lo tanto, en este caso yo creo que el Santo Padre, el Papa, va a actuar sin herir, sin herir. No hay necesidad de herir. En estas situaciones –diríamos de versiones y matices pastorales–, en el nuevo Código de Derecho Canónico del 83, hay todo un capítulo sobre los derechos y deberes de los fieles, y hay que respetarlo. Es decir, no se puede ejercer la autoridad no canónicamente. La autoridad en la Iglesia tiene que realizarse canónicamente según las exigencias del derecho divino.

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