miércoles, 1 de julio de 2026

«Vivimos la marcha de San Esteban del Mar con dolor, pero también con esperanza»


(Iglesia de Asturias) Este sábado, en la parroquia de San Esteban del Mar de Gijón, a las siete de la tarde, tendrá lugar la celebración de la eucaristía presidida por el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, junto con el padre Provincial de los jesuitas y con la presencia de la comunidad de los jesuitas de Oviedo, en la que se hará efectivo el traspaso a la diócesis de la parroquia, que formará a partir de ahora Unidad Pastoral junto con Santa Olaya, en el mismo barrio del Natahoyo.

Desde hacía dos años la comunidad de los jesuitas en San Esteban del Mar, en Gijón, se había trasladado a Oviedo. Al cerrarse canónicamente la comunidad se iniciaba un proceso de despedida de los jesuitas en la parroquia que ya llega a su fin, pero que no supone ni mucho menos la desaparición de la Compañía en la ciudad, puesto que permanecen con presencia en el Colegio de la Inmaculada, en la Fundación Revillagigedo y el Hogar de San José, tres grandes buques insignia con una gran historia y labor a sus espaldas. Hablamos con el, hasta ahora, párroco de San Esteban del Mar, el padre Manuel Rodríguez Carrera SJ.

¿Cómo han vivido desde la comunidad de los jesuitas esta decisión de dejar la parroquia de San Esteban del Mar?

Pues siempre con dolor porque los tiempos de nacimiento son de alegría y celebración y los tiempos de despedida, que es lo que toca ahora, pues siempre causan dolor. Pero a la vez lo vivimos con esperanza, es decir, sabemos que la vida es así: hay tiempo, lo dice el Eclesiástico, para nacer y tiempo para morir. Aunque en realidad esto no es morir porque la parroquia continúa, pero bueno, sí que es verdad que al dejarla nosotros, pues supone también un cierto dolor. Pero vivámoslo como oportunidad, no como maldición, son los tiempos que son y ahora toca menguar y reducir, tengamos esperanza.

La historia de los jesuitas en Gijón es centenaria. Llegaron con la iglesia, hoy Basílica, del Sagrado Corazón, también el colegio, luego está la Fundación y el Hogar de San José. Podríamos decir que la historia reciente de la ciudad no se entiende sin la presencia de la Compañía de Jesús. Cuéntenos de esa presencia en Gijón, ¿cómo llegaron los jesuitas y cómo se fueron desarrollando las diferentes obras?

Hay una prehistoria incluso, que es la llegada de los jesuitas a Oviedo, 38 o 40 años después de fundarse la Compañía. Creo que llegaron en el año 1578. Es una presencia muy antigua en Asturias la de los jesuitas. Fue en Oviedo, en el colegio San Matías, hoy la iglesia de San Isidoro El Real. Eso fue hasta 1767, que fue cuando la supresión de la Compañía en España. La vuelta fue en 1884 creo, y entonces ya llegamos a Gijón.

Desde esa fecha estamos aquí, en el colegio de la Inmaculada y en la Residencia del Sagrado Corazón, que es hoy Basílica. Más tarde se creó la Fundación Revillagigedo, que es de 1929, pensada para la gente del barrio, obreros y demás, que era de los condes de Revillagigedo, y finalmente llegó el Hogar de San José, en la posguerra, nada más terminada la Guerra Civil. Un poco más tarde también nos hicimos cargo de la Universidad Laboral. Ha sido una presencia muy fuerte y variada. En Gijón llegó a haber por encima de 100 jesuitas, en algún momento, 100 ó 120 incluso. Ahora somos 11 en toda Asturias.

Diría que la historia de Gijón va también muy de la mano de la Compañía. Hemos crecido y hemos acompañado el crecimiento de la ciudad y muy especialmente del barrio del Natahoyo. Hoy ya tiene muy poco que ver aquel barrio con lo que era cuando se fundó, por ejemplo, el Hogar de San José, o la Fundación Revillagigedo, pero sigue siendo todavía un barrio como muy familiar, muy cercano. Hemos ido creciendo mucho y ahora, bueno, pues nos toca un poco retirada.

Retirada, sí, pero en el trabajo y los beneficios que reciben tantas personas gracias a todas esas obras que continúan, está ahí. Especialmente como dice en el barrio del Natahoyo donde también está la parroquia de San Esteban del Mar. ¿Qué labor se lleva a cabo en esos centros?

La Fundación Revillagigedo es un centro educativo. Nació, en su día, para hijos de obreros del barrio. De hecho, eran clases nocturnas, muchos de los alumnos que iban trabajaban de día y por la noche acudían a especializarse, digamos. Siempre ha estado pensado y dirigido a la clase obrera, a la gente sencilla. Que a mí eso es una cosa que me gusta recalcar porque quizá la Compañía a veces parece tener una imagen un tanto elitista. Se nos ha acusado de ser los formadores de las «élites». Pero uno luego baja a la realidad y ve que estamos en todas partes, y esto es también un motivo de alegría, de satisfacción y de sano orgullo. La Fundación Revillagigedo, por tanto, hoy, sigue formando alumnos, pero no sólo queremos transmitir conocimientos técnicos, sino también, en definitiva, el Evangelio, con un matiz o un tono jesuítico, al modo de nuestro proceder y actuar, pero intentamos formar buenas personas y buenos cristianos.

El Hogar de San José, por otro lado, nació en la posguerra para atender a niños huérfanos e hijos de represaliados después de la guerra. El perfil hoy ha cambiado, desde luego. Ya no es el niño huérfano o abandonado, pero sí niños con una problemática familiar severa, que tiene que permanecer en régimen de acogimiento.

Respecto a la parroquia, es una parroquia popular, de barrio. El Natahoyo es un pueblo grande todavía. A mí la gente a veces me dice, «hombre, el Natahoyo tiene poco que ver con lo que era cuando tú lo conociste». Y yo siempre digo: «afortunadamente». Es decir, hay cosas en las que ha mejorado mucho, pero en otras, pues sigue siendo también gente muy sencilla. Y desde ahí hemos intentado acompañar también, pues todos esos procesos, de crecimiento de las personas y del barrio.

Si tuviera que definir qué ha supuesto para la ciudad de Gijón la presencia de la Compañía de Jesús a lo largo de estos años, ¿cuál diría que ha sido la aportación fundamental?

Yo creo que el acompañamiento es importantísimo siempre. Y en eso, hombre, tampoco vamos a presumir, pero somos especialistas. La Compañía siempre le dio mucha importancia al acompañamiento personal, a los Ejercicios Espirituales y al discernimiento. No solamente se trata de formar buenos técnicos, que es importante desde luego y yo creo que se consigue, pues se le da mucha importancia a la parte puramente educativa o de transmisión de conocimientos. Pero además está esa otra parte, que no tiene que ir separada, sino que tiene que ir de la mano. Formar buenos profesionales, pero también, gente responsable. Y eso pasa por ese discernimiento que es la bandera insigne de la Compañía. El discernimiento ignaciano. Y luego, los Ejercicios y el acompañamiento espiritual.

Comentaba antes que a los jesuitas se les acusa de formar «a las élites», pero es que la formación del jesuita es una formación de élite en sí misma. Un aspecto que destaca muchísimo, les distingue y ha sido siempre su sello personal.

Sí. En la compañía siempre se ha cuidado de mucho eso. Es una formación larga y profunda. No solamente intelectual, sino que al jesuita, hasta que la compañía decide su incorporación definitiva, pasan años. Es decir, los primeros votos en la Compañía los pedimos nosotros, después del noviciado. Pero la incorporación definitiva te la ofrece la Compañía cuando ve que estás maduro. Pero desde entonces igual han pasado entre 13 o 14 años, es decir, que es una formación muy larga. Y en cuanto a las élites, yo siempre he defendido que desde luego tenemos que dedicarnos a los pobres, y la Compañía también tiene esa opción preferencial, en línea con la Iglesia como no puede ser de otra manera. Pero también a las élites hay que educarlas y formarlas en unos principios y en unos valores que les lleven también a defender luego y a trabajar por los pequeños y por los pobres. Yo creo que en eso no hay que ser excluyentes. Creo que ayudar también a las élites, a personas que van a gobernar, que van a dirigir y a tener poder y formarles en unos valores, en unos principios y un modo de proceder, yo creo que es importante también.

De todas formas no es discutible la presencia de los jesuitas en países en desarrollo y más necesitados, especialmente en Hispanoamérica, trabajando y dando la vida.

Sí, una vez oí decir, no recuerdo el país que era, pero en un país selvático y muy remoto «aquí solamente llegan los jesuitas y la Coca-Cola». Es un esfuerzo agradecido, el que se hace por estar allí y ayudar a promocionar a todas esas personas.

Volviendo a nuestra diócesis, la comunidad permanecerá toda reunida en Oviedo. ¿Cómo queda dibujado el mapa de la presencia jesuítica en la diócesis?

La comunidad del Natahoyo se cerró canónicamente, va a hacer dos años ya. Yo llevo dos años yendo y viniendo todos los días para atender la parroquia, mañana y tarde. De hecho, he ido contando los viajes y son como dos mil doscientos y pico. Efectivamente, la Compañía sigue presente en Gijón: en el Colegio de la Inmaculada trabajan dos jesuitas y ahora van a trabajar tres; en la Fundación Revillagigedo el director es jesuita; en el Hogar San José, aunque la directora es Cristina, hay también un jesuita allí.

En Oviedo tenemos una presencia conocida y muy querida como es la Iglesia del Sagrado Corazón, las Salesas como las conoce todo el mundo. Después también en Oviedo está el Colegio San Ignacio, de larga tradición, heredero de ese primer colegio San Matías.

Puede que la Compañía no sea tan numerosa ni de tanto relumbrón como antiguamente pero sigue presente en la diócesis y colaborando en todo lo que podemos.

Yo siento mucho tener que dejar la parroquia, no por dejarla yo, porque, bueno, la vida nuestra ya sabemos cómo es. Y yo agradecido de haber estado estos diez años, digamos que una cierta prórroga, porque la idea que tenía el Provincial era haber cerrado ya hace dos años, pero bueno, nos parecía que había que cerrar procesos también, por parte nuestra y demás, y él accedió.
Hemos estado siempre muy unidos a la diócesis, nunca hemos querido ser un verso suelto. Y ahora, en lo que podamos colaborar y ofrecer, se seguirá haciendo.

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