lunes, 31 de agosto de 2026

El profesor universitario Leandro Benavides Gómez cumple 100 años: "Fui el primer hombre que se incorporó al Opus Dei en Asturias, en 1951"

(Lne) Natural de Grandas de Salime, alumno de Torcuato Fernández-Miranda, doctor en Derecho, profesor universitario, autor de varios libros sobre Economía, primera persona que se incorporó al Opus Dei en Asturias, uno de los fundadores de la Universidad de Navarra, periodista en París, pionero en las facultades de Derecho de San Sebastián y Córdoba, colaborador en varios medios de comunicación (entre ellos, LA NUEVA ESPAÑA). El próximo domingo, 23 de agosto, Leandro Benavides Gómez cumple 100 años. Se hace centenario mientras reside en una casa del Opus Dei en Oviedo, a muy pocos metros del Instituto Alfonso II, en el que cursó Bachillerato en los años 40 y recibió buenos consejos de Baudilio Arce. Tiene una mata de pelo envidiable, una actividad intelectual privilegiada, oye mal, padece gota y se le ve muy bien cuidado. Cada día madruga, se ducha, reza y sigue con viva atención la actualidad del mundo mediante unos auriculares de gran tamaño conectados a la televisión o al ordenador. Últimamente, está muy atento a las novedades sobre inteligencia artificial (IA). Ha resumido su vida ante una grabadora de este periódico en dos sesiones de dos horas cada una.

Orígenes

"Nací el 23 de agosto de 1926 en una aldea que se llama Santa María, en el concejo de Grandas de Salime. Soy hijo de Manuela y Domingo. Fuimos nueve hermanos y hermanas. La mortalidad infantil era frecuente y las dos hermanas mayores murieron. No llegué a conocerlas, porque yo soy el penúltimo. Sobrevivimos seis varones y una mujer. Éramos una familia de campesinos que practicaban una economía de subsistencia, es decir, se producía para sobrevivir. Y los excedentes eran mínimos. A veces se podía vender un xato (ternero) o un cerdo, no tanto porque sobrara, sino porque el dinero escaseaba. No había nada, no había pensiones… Era la época de la pobreza total. Y había que pagar las contribuciones al Estado, o conseguir algo de ropa, o comprar azúcar… Teníamos pluricultivo: centeno, trigo, patatas, toda la cosa de la huerta… Tendríamos una media de seis o siete vacas y xatos. Ovejas, no".

Grandas y el embalse

"Grandas de Salime era una villa y era cabeza de partido judicial. Cuando se construyó el embalse de Grandas, de mediados de los 40 a mediados de los 50 del siglo pasado, yo ya estaba fuera. Vinieron a vivir a la zona muchos trabajadores: sobre todo gente de Andalucía, que era donde más desempleo había; mayoritariamente como peones, y algunos como técnicos. Fue un impacto en toda aquella zona. Entonces sí que había dinero, la gente tenía sueldos, había trabajo… En una localidad cercana, Sanzo, en el concejo de Pesoz, se hizo un pueblo para los trabajadores. Ahora queda muy poca gente. La iglesia que se construyó, relativamente buena, está ahora desafectada, algo que a mi hermano el cura, Domingo Benavides, le ponía nervioso".

El papel de un maestro de escuela

"Fui a la escuela a Grandas de Salime porque en Santa María no había escuela. Teníamos que caminar dos kilómetros. Desayunábamos antes de salir y, a veces, llevábamos algo para el mediodía. Ahí es donde para mí cambió mi vida gracias a Benito Marco, un maestro que convenció a mis padres, y sobre todo a mi hermano mayor, Paquito, que era ya bastante cabeza de familia, de que yo estudiara. El Instituto de Segunda Enseñanza más próximo estaba en Luarca. Yo no sabía ni que existía. El maestro se empeñó en prepararnos a mi hermano Domingo, que era un poco mayor que yo, para el Seminario, y a mí para el Instituto".

La enseñanza Secundaria.

"Después, el Instituto de Luarca se transformó en un colegio, el Colegio Cervantes, que era laico. Uno de los dueños era el padre de un compañero mío, Román Suárez Blanco, quien después fue presidente de la Caja Rural de Asturias. El primer año estuve viviendo en una aldea próxima, Otur, con un tío mío. Iba en bicicleta de Otur a Luarca. Después, ya viví en Luarca y los dos últimos años de Bachillerato los hice en el Instituto Masculino de Oviedo, ahora Alfonso II, que me pilla a pocos metros de donde vivo actualmente".

La huella de Baudilio Arce

"En el Instituto Masculino había un profesor de Literatura con el que tenía más trato, porque yo tenía cierta afición a leer y me gustaba la asignatura. Era Baudilio Arce Monzón. Don Baudilio era una persona cordial. Me prestaba atención y me animó a que estudiara la carrera de Derecho porque era más abierta que la de Letras. Yo no tenía una inclinación clara, salvo que no me gustaban las matemáticas. Me fié de él, hice el llamado Examen de Estado y me matriculé en Derecho".

El impacto de Torcuato Fernández-Miranda

"Hice en Oviedo toda la carrera de Derecho, entre 1946 y 1951. El mundo del Derecho era desconocido para mí. Tanto es así que me sorprendió mucho, en los primeros días de clase, que saliera sin parar la palabra ‘jurídico’, que para mí era absolutamente nueva. Los profesores del primer curso no me llamaron especialmente la atención. Con una excepción: el joven Torcuato Fernández-Miranda. En 1945 había sacado la cátedra de Derecho Político. Me impresionó por su personalidad, su juventud, su brillantez… Tenía una mentalidad muy universitaria y demostraba mucha ilusión y un gran conocimiento del mundo que lo rodeaba, y también del mundo jurídico y social. Otros profesores eran mayores, algunos bastante mayores. Había algunos que recitaban unos apuntes que tenían. Se notaba que don Torcuato conocía muy bien su materia, y sus clases eran vibrantes, casi una arenga. Eso no significa que hiciera política en el aula, pero sí se le veía interesado en la vida universitaria. Don Torcuato había hecho su tesis sobre San Agustín y le sacaba mucho juego al tema del ‘ordo amoris’ como vía de conocimiento de una persona o de una institución. No es que hiciera política en clase, ¿eh? No, no hacía política. Pero sí tenía preocupación por la vida universitaria y de los universitarios. De hecho, fue rector de la Universidad de Oviedo entre 1951 y 1953, con 35 años. Recuerdo que montó una especie de seminario al que invitó a algunos alumnos y tenía reuniones con nosotros".

El exministro Prieto Bances como profesor

"Tuvimos un catedrático que era justo lo contrario que don Torcuato, que nos daba tema muy árido. Era el catedrático de Historia del Derecho. Fue el único suspenso en toda mi vida. En septiembre volví a presentarme, pero había un profesor distinto, que había sido ministro de la República, don Ramón Prieto Bances. Era muy distinto al anterior, de otro nivel, una persona mayor y con una manera de hablar muy solemne, muy culta… Venía de la Institución Libre de Enseñanza y era republicano, pero era un hombre religioso, muy piadoso… Yo tenía contacto con la Acción Católica, pero no mucho. Iba a misa a las Salesas, a veces por semana, y allí me encontraba con don Ramón Prieto Bances".

Delegado de los alumnos

"En el tercer curso tuve de profesor a don Sabino Álvarez Gendín, que era el rector de la Universidad y, además, catedrático de Derecho Administrativo. Hubo elecciones y yo pertenecía al Sindicato Español Universitario, el SEU. De rebote salí elegido delegado de alumnos de toda la Universidad. En la fiesta de Santo Tomás, yo tenía que dar un discurso. El acto era en el Paraninfo. El Rector me pidió con antelación el texto de lo que iba a decir. Yo le di largas, porque mi propósito era denunciar el mal funcionamiento de la Universidad.

Los campanillazos del rector Gendín

"Ya el día de Santo Tomás, cuando estaba desfilando el cortejo de profesores, me acerqué a Gendín e hice ademán de entregarle los papeles con mi discurso. Él me hizo un gesto de que no era el momento, y me dijo: ‘¿No habrá ningún latiguillo, verdad?’. No le contesté. Llegó mi turno, tomé mis cuartillas y empecé a leer. Al poco, un campanillazo del Rector: ‘Se ruega al representante de los alumnos que sea más comedido’. Y continué. Al poco, otro campanillazo: ‘Se da por terminada la intervención del representante de los alumnos?’. Me quedé preocupado por las posibles consecuencias, claro. Pero acto seguido tomó la palabra Torcuato Fernández-Miranda, y lo primero que dijo fue: ‘Suscribo íntegramente las palabras del representante de los alumnos’. Ya respiré tranquilo y me sentí salvado. No obstante, llegó a convocarme el secretario de la Facultad. Recuerdo que LA NUEVA ESPAÑA se hizo eco de lo sucedido".

Encuentro con el Opus Dei

"El Opus Dei se fundó en Madrid, en 1928, y a Asturias llegó en 1951 de la mano de Carmelo de Diego, quien sacó la plaza de juez de Pola de Lena. Fue el año en el que terminé la carrera. Yo conocí a Carmelo de Diego, pero ya antes había estado una vez en Oviedo con Raimundo Pániker, sacerdote de la Obra. Tenía una personalidad muy atrayente. Yo tenía una noción muy vaga de lo que era el Opus Dei. Pero pronto me interesó el mensaje de santificarse en medio de las cosas normales de la vida y, a principios de 1951, a punto de terminar Derecho, pedí la admisión como numerario, es decir, con compromiso de celibato, de no casarme. Fui el primer hombre que se incorporó a la Obra en Asturias. Ya había algunos asturianos, pero habían solicitado el ingreso estando en otros sitios. Por ejemplo, don José María Somoano, sacerdote que, según todos los indicios, fue envenenado durante la Guerra Civil, y José María González Barredo, investigador en química".

Raimundo Pániker

"Me impresionó Raimundo Pániker. Lo primero, porque era hindú, y su físico era llamativo. Sabía mucho. Recuerdo que, unos días después de estar en Asturias, me escribió una carta en una hoja, tamaño cuartilla, y estructuró el texto de una forma muy llamativa. Y su caligrafía era muy singular, como todo en él. Me proponía vernos en Madrid, si yo iba por allí. Me impresionó el detalle, porque no se correspondía con la impresión que yo tenía de que era un sabio. Un tiempo después, fui a Madrid y nos vimos en el Colegio Mayor Moncloa. Me preguntó qué sabía de la Obra y yo le dije lo que oía: que había mucha ocultación. Y entonces Pániker, en un gesto muy teatral, abrió un cajón, tomó un manojo de llaves, me las dio y me dijo: ‘Vete abriendo los cajones, a ver los secretos que encuentras’".

Final de la mili en Barcelona

"Terminé la carrera y me fui a terminar el servicio militar a Barcelona, donde ya había casas del Opus Dei. Me pagaban algo como alférez provisional, pero necesitaba dinero y empecé a dar clases particulares. Mi primer alumno fue el hijo de un empresario canario".
Pionero de la Universidad de Navarra

«Terminé la mili y me tocaba buscar un trabajo estable. Entonces, el Opus Dei empezaba a instalar una universidad en Pamplona, la Universidad de Navarra. Fue en el año 1952. Inicialmente, se llamaba Estudio General de Navarra y empezó con la carrera de Derecho. Allí ejercí como primer secretario general de la Universidad. Muchos años después, en 2022, una revista de la Facultad de Comunicación que se llama 'Nuestro Tiempo’ publicó un reportaje de aquellos primeros tiempos, y lo titularon ‘Leandro Benavides, secretario de nada’. No es que no hubiera nada, pero es que en el primer curso, 1952-53, había solamente 45 alumnos de Derecho que recibían las clases en la Cámara de Comptos. Posteriormente se habilitaron aulas en el Museo de Navarra. En aquel primer claustro también estaban Ismael Sánchez Bella, que era el alma del proyecto; José Luis Murga, quien después estuvo cinco años en la Universidad de Oviedo; Jerónimo Martel, Rafael Aizpún, Ángel García Dorronsoro, Ángel López-Amo y Manuel Morera».

Profesor de Derecho Político

«Yo no era nada ni era nadie. Al empezar las clases, me asignaron una asignatura que genéricamente se llamaba Derecho Político, pero que en realidad era Teoría de la Sociedad. Me basé en un libro muy bueno de un profesor español exiliado en Buenos Aires, Francisco Ayala, que se titulaba ‘Tratado de sociología’. Cogimos un piso en la calle Carlos III. En mi etapa de Pamplona conocí al fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá. Había estado en Bilbao, visitando el colegio Gaztelueta, e iba hacia Roma. Estuvo en nuestra casa, pero no recuerdo nada de lo que dijo. Sí recuerdo que, en un gesto de afecto, apoyó su mano sobre mi cabeza y me puso todo el pelo hacia delante, hacia la frente».
A París

«Tras dos años en Pamplona, me fui París. Estaba empezando el trabajo del Opus Dei allí y necesitaban gente. Me lo propusieron y acepté. Yo tenía cierta afición, más que a Francia, al francés. No lo hablaba, pero lo había estudiado y lo conocía bastante. Antes de ir a París, pasé por Roma, para participar en una convivencia preparatoria en la que participamos personas del Opus Dei que íbamos a varios países de Europa y América».

Periodista en Francia

«En Francia experimenté lo que significa ser extranjero. Era mi primera estancia fuera de España. Estuve tres años de reloj, porque la estancia dependía de permisos con plazos muy estrictos. Tenía que hacer algo, porque había que vivir, y además éramos pocos. Yo no era periodista, pero me ofrecí a trabajar para la agencia Europa Press, que estaba empezando. La ley vigente no le permitía dar noticias, porque eran un monopolio estatal, pero sí se podía hacer reportajes. Eso hizo que estuviera muy en contacto con la prensa de París, principalmente con las revistas. Visité todas las redacciones de revistas de la ciudad».

Fabiola y Bahamontes

«El material que me enviaban desde Madrid era difícilmente colocable en Francia. Pero hubo un hecho singular. Se anunció que el rey Balduino se había prometido con una española, Fabiola del Mora y Aragón, y los medios franceses no tenían fotos de ella. Varias revistas francesas me las pidieron y conseguí que me enviaran desde Madrid algún material. Después, lo que les enviamos no lo usaron, porque consiguieron otras fotos mejores, pero al menos pagaron. Estuve a punto de ser contratado por la agencia France Press, pero había más españoles candidatos y no cuajó. Estando en París, Bahamontes ganó el Tour de Francia de 1959. Cuando ya se veía que iba a ganar, aumentó el interés por su biografía y vendí a algunos medios una biografía que me mandaron de Madrid. Trabé una cierta relación con el director de su equipo, Dalmacio Langarica».

Ciudad de exiliados

«En París había muchos exiliados, personas de izquierdas. En una ocasión, vino a mi casa un policía francés para enterarse de quiénes vivíamos allí, porque varios éramos españoles. Estando en París, traduje dos libros, y prologué uno de ellos, de un sociólogo y politólogo francés de mucha categoría, Bertrand de Jouvenel. Era una figura intelectual de primer nivel, miembro del Club de Roma. Escribía indistintamente en francés e inglés. Le conocí tiempo después y me contó que, cuando estalló la Guerra Civil española, él estaba en Pamplona. En Francia era muy difícil encontrar un trabajo fijo, y me ofrecieron volver a la Universidad de Navarra para echar una mano en el Instituto de Periodismo, capitaneado por Antonio Fontán, quien años más tarde fue el primer presidente del Senado de la España democrática».

Segunda etapa en la Universidad de Navarra

«En Pamplona colaboré en la revista ‘Nuestro Tiempo’ y di clases en las titulaciones de Periodismo, Derecho y Artes Liberales. Dado que no había carrera de Económicas ni profesores especializados, yo explicaba Economía. Fueron seis años buenos, pero éramos demasiados profesores de Economía General para las necesidades que había. Tenía un amigo notario que vino destinado a Pamplona, y me cuenta que se va a poner una Facultad de Derecho pública en San Sebastián, y que el decano comisario va a ser un catedrático de Derecho Civil, Gabriel García Cantero, que es amigo suyo y que está buscando profesores para empezar. Contactaron conmigo y me fui a Donosti».

La amenaza de ETA

«En San Sebastián estuve diez años que fueron buenos y muy duros. Era el apogeo de ETA. Digamos que estábamos amenazados todos. El secretario de la Facultad, muy amigo mío y que acaba de doctorarse, hijo de un notario de San Sebastián, Juan de Dios Doval, fue asesinado en 1980, con 37 años. Era de UCD, estaba casado y tenía dos hijos. El decano, García Cantero, vino a verme un día y me dijo que acababa de recibir una amenaza, que sabía que era seria y que se marchaba de inmediato con toda su familia. Se despidió de mí, porque tenía más confianza, y de casi nadie más, y se largó.

Policías y etarras como alumnos

«Tuve como alumno a un notable socialista, Ramón Jáuregui, un gran tipo. Y desde policías nacionales que estaban cursando Derecho hasta etarras de distintos pelajes, mujeres y chicos, que yo sabía que eran de ETA. En una ocasión, para amedrentar, me montaron una traca al llegar al aula. Enseguida me di cuenta de que no era más que ruido. Aguanté».

A Córdoba

"Estuve en San Sebastián hasta que la situación se hizo muy incómoda. Llegó un momento en el que alguien me dijo que arrancaba Derecho en Córdoba. Me fui en 1978 y estuve 18 años en Córdoba, hasta que me jubilé. Por cierto, me jubilé dos veces. El PSOE intentó, porque le convenía, adelantar la jubilación, y después les pareció demasiado anticipada, la aplazaron y seguí dos años más. En Córdoba era profesor Manolo Chaves, que más tarde fue ministro de Trabajo, presidente de la Junta de Andalucía y, después, con Zapatero, vicepresidente del Gobierno central".

América y Vuelta a Asturias

"Me jubilé en 1996. Estuve un tiempo en Perú, en la Universidad de Piura. En el año 2000, volví a Asturias para cuidar a mis hermanos mayores. Tenía uno en Gijón y dos en Oviedo. Mi hermano cura, Domingo, era un teólogo valioso. En sus últimos años estuvo en Cáritas. Fueron falleciendo. Viví unos años en Gijón y después me trasladé a Oviedo. Soy el único vivo de los nueve hermanos".

Colaborador en medios y republicano

"Siempre me ha gustado escribir artículos para periódicos porque me interesaba mucho la vida social y política. En algunos medios he tenido sección fija. No he tenido vinculaciones políticas. Durante la carrera, estuve en el Sindicato Español Universitario (SEU) y fui representantes de los alumnos porque el que salió elegido renunció, y quedé yo. No he militado en ningún partido. Soy republicano. Considero que el régimen que tenemos ahora es básicamente una república coronada, con un rey. Pero mi ideal político, fijándome en los clásicos, desde Roma, es que el pueblo tiene que ser protagonista de la vida social. Y la fórmula más adecuada es una república".

Citas con la muerte

"No tengo miedo a morir. En realidad, ya me he visto en riesgo de muerte varias veces: un naufragio, un descarrilamiento y un accidente de tráfico. Estando en Barcelona, a principios de los años 50, hicimos una excursión por la Costa Brava en un barco y estuve a punto de perecer porque el Mediterráneo, cuando se pone bravo, es muy peligroso. Íbamos cinco amigos y el mar nos estrelló contra el acantilado. Yo no sabía nadar y me quedé el último, agarrado a la barca, que gracias a Dios quedó empotrada en la costa y pude aprovechar para bajarme".

Descarrilamiento mortal en Pola de Lena

"El descarrilamiento fue en Pola de Lena, viniendo de Madrid, el Jueves Santo de 1950. Hubo 19 muertos. Yo iba en el último coche, que era metálico, y eso me salvó. Los primeros eran de madera, más lujosos, pero más débiles, y ahí murió bastante gente. En esa ocasión, tomé conciencia de que, cuando hay una catástrofe, surge el fenómeno del pillaje. Yo conseguí sacar mi maleta. Pero vi cómo la Guardia Civil perseguía a mucha gente que se llevaba maletas que no eran suyas. Y el accidente de tráfico fue con un coche que era nuevo. Venía del pueblo con un hermano y una sobrina, y tuvimos un vuelco y un siniestro total".

Vida cotidiana

"Sigo el ritmo de vida de mi casa. Duermo poco. Me levanto temprano y me ducho. No duermo siesta en sentido estricto, no me conviene. Voy a misa y rezo todos los días. Con 98 años, a raíz de una apuesta, fui capaz de escribir un cuento de siete folios que ideé en una noche de insomnio. He tenido una vida muy buena. No he tenido dificultades de trabajo ni de convivencia. He convivido con mucha gente, he estado en muchos sitios. Debo mucho a mi familia, que vivía con penuria de medios y me dio estudios. Debo mucho a mi hermano mayor, Paquito, que me ayudó en todo lo que pudo".

Centenario propio y del Opus Dei

"Cumplo 100 años este mes y el Opus Dei cumple 100 años el 2 de octubre de 2028. Ingresé en el Opus Dei en 1951, con 25 años. No había tenido novia. Había tenido relación con Acción Católica, pero escasa. La Obra fue para mí un gran descubrimiento cuando me la explicó Carmelo de Diego. Además, en el Instituto Alfonso II había sido profesor durante algún tiempo Valentín Vázquez de Prada, más tarde prestigioso catedrático de Historia Moderna en las universidades de Barcelona y Navarra. Me parece que aún vive, aunque es un año mayor que yo. Ya era de la Obra entonces, supernumerario. Le conocí algo, pero no mucho".

Relación con San Josemaría Escrivá

"No tuve oportunidad de tratar mucho al fundador del Opus Dei. Coincidí con Josemaría Escrivá una vez en Pamplona, que ya he comentado, cuando me hizo la broma de echarme el pelo hacia la frente. Después, en una convivencia con bastante gente en Roma antes de irme a Francia. En París nos vimos un día que estaba muy cansado. Me pasó el brazo por los hombros y me dijo: ‘Tienes que perdonarme, pero no he podido pegar ojo esta noche. Cuéntame algo’. Le hablé de algunas personas de la Obra de Pamplona con las que había coincidido en los años anteriores, y me asombró lo bien que las conocía. En otro encuentro me dijo: ‘Me gusta lo que estás escribiendo’. Se refería a unos artículos sobre los padres fundadores de la Unión Europea. Yo no tenía ni idea de que San Josemaría estuviera enterado de ese trabajo mío. Me sorprendió mucho que estuviera en esas menudencias de sus hijos".

El futuro del Opus Dei

"San Josemaría dijo que el Opus Dei iría siempre adaptándose a los tiempos, que nunca sería una realidad al margen del mundo, que siempre rimaría con la sociedad. Eso es lo que está sucediendo, y así seguirá. El carisma de la santificación en medio del mundo va a ser siempre el mismo y va a seguir implantándose en la nueva sociedad que se está forjando, porque es muy bello y necesario".
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Análisis de la IA

"Sigo con atención lo que está sucediendo con la inteligencia artificial (IA). He escuchado a algunos teóricos. Está apareciendo un mundo nuevo. El papa León XIV le ha dedicado una encíclica que acabo de leer despacio y que plantea muchas prevenciones. Está claro que tenemos un instrumento de progreso, en cuanto que va a facilitar el progreso económico y técnico, pero al mismo tiempo va a coartar la libertad y puede esclavizar a la gente".

Homilía de Monseñor Demetrio Fernández -Obispo emérito de Córdoba- en el primer día de la Novena a la Santina

 

domingo, 30 de agosto de 2026

Reflexión de nuestro Párroco en la Fiesta de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel


La celebración de este domingo en nuestra Parroquia nos invita a sumergirnos en el Evangelio que nos llama a contemplar uno de los misterios más hermosos, humanos y divinos, de la vida de la Virgen María: la Visitación a su prima Santa Isabel. Apenas unos días antes, María había recibido el anuncio del Ángel. Su vida ha cambiado para siempre; lleva en su seno al Salvador del mundo. Ante un acontecimiento de proporciones cósmicas, la lógica puramente humana habría dictado el repliegue, el aislamiento protector o la parálisis ante el temor de lo desconocido. María tenía todas las razones humanas para quedarse en su hogar: asimilar el misterio, proteger su reputación ante los cuestionamientos de su entorno y cuidar los primeros síntomas de su propio embarazo. Sin embargo, la Sagrada Escritura rompe esa lógica y nos dice que María «se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá». Esta sola frase contiene una eclesiología entera. La gracia de Dios no es una posesión estática que se almacena; es una fuerza viva que desinstala. Quien verdaderamente se llena de Dios no se encierra en una burbuja autorreferencial ni se vuelve estéril en el intimismo espiritual. Al contrario, la presencia de Jesús en el alma genera una santa inquietud, un impulso incontenible que empuja a salir de uno mismo para ir al encuentro del otro. María nos enseña desde el primer instante que una fe que no se hace camino, que no asume el riesgo de salir a la intemperie por amor, es una fe que corre el riesgo de enfermar.

1. La prisa del amor y del servicio

El evangelista San Lucas subraya que María realiza este viaje «a prisa». Es fundamental entender el significado espiritual de esta prisa. No estamos ante la prisa mundana de nuestro siglo XXI, que nace de la agitación, el estrés, el activismo vacío o la ansiedad cronometrada. La prisa de María es la urgencia de la caridad; es el ritmo del Espíritu Santo que no soporta la apatía ni la postergación cuando hay un hermano que sufre o que necesita ayuda.

Isabel es una mujer anciana que vive un embarazo milagroso, pero humanamente difícil, en la soledad de la montaña. María no viaja para ser servida en su nueva condición de "Madre del Mesías", no viaja buscando los honores ni los aplausos de su parentela. Cruza la accidentada geografía de Judea —un viaje largo, peligroso y extenuante para una joven— movida exclusivamente por el deseo de lavar los platos, de limpiar la casa, de acompañar el silencio de su prima y de sostener sus manos cansadas.

Aquí encontramos una palabra punzante para nuestra vida cristiana diaria: la caridad verdadera no sabe de mañanas. Cuántas veces el Espíritu Santo nos inspira en el corazón el deseo de visitar a un enfermo, de llamar a ese familiar con el que estamos distanciados, de escuchar al vecino que padece la cruz de la soledad, o de involucrarnos activamente en las obras de misericordia de nuestra parroquia. Y, sin embargo, nuestra prudencia carnal nos susurra: «Espera a que tengas tiempo», «hazlo la próxima semana», «ya tienes suficientes problemas»... María destroza nuestros pretextos de comodidad. Ella nos demuestra que el servicio humilde y concreto es la única verificación auténtica de que Cristo habita en nosotros. Si Jesús está en nuestro corazón, nuestros pies deben moverse con premura hacia las necesidades del prójimo.

2. María, el Arca de la Nueva Alianza

Para comprender la densidad teológica de este pasaje, debemos agudizar el oído y escuchar los ecos del Antiguo Testamento que san Lucas introduce sutilmente. El viaje de María a la montaña de Judea sigue, paso a paso, la misma ruta que siglos antes recorrió el rey David cuando trasladaba el Arca de la Alianza hacia Jerusalén (cf. 2 Sam 6).

Recordemos las palabras de David ante el Arca: «¿Cómo va a venir a mi casa el Arca del Señor?». Comparemos esto con la exclamación de santa Isabel al ver entrar a su prima: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?». David danzó con alegría desbordante ante la presencia del Arca que contenía las tablas de la ley, el maná y la vara de Aarón. Del mismo modo, ante la voz de María, el niño Juan el Bautista salta de gozo en el vientre de su madre. El Arca de la Alianza permaneció en la casa de Obededom durante tres meses, llenándola de bendiciones; María permanece en la casa de Zacarías exactamente tres meses.

Este paralelismo no es una coincidencia literaria; es una revelación. María es la verdadera, la nueva y definitiva Arca de la Alianza. Ella ya no lleva piedras escritas por el dedo de Dios, sino al Diseñador del universo; no lleva un maná perecedero, sino al Pan Vivo bajado del cielo. Cuando María entra en ese hogar, no es una simple visita familiar: es la entrada de la gloria de Dios en la cotidianidad de una casa humana.

Y el efecto es inmediato: al escuchar el saludo de María, Isabel queda llena del Espíritu Santo. Notemos que Jesús aún no habla, es un embrión en el seno materno, pero su sola cercanía irradia santificación. Juan el Bautista, antes de nacer, ejerce ya su ministerio profético reconociendo al Salvador del mundo: ¡Qué misterio tan grande! El primer encuentro de salvación de la era cristiana ocurre en el silencio del ocultamiento, en el ámbito sagrado del vientre materno, dignificando la vida humana desde su concepción más temprana y demostrándonos que Dios actúa en lo pequeño, en lo escondido, en lo que el mundo muchas veces descarta o ignora.

3. La bienaventuranza de la fe

Isabel, inspirada por el Espíritu, pronuncia la primera gran bienaventuranza del Nuevo Testamento: «Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». Fijémonos bien: Isabel no dice «dichosa tú porque vas a ser famosa», o «dichosa tú por tus cualidades humanas». El elogio que define la grandeza absoluta de María es su fe. María es la mujer creyente por excelencia. Ella creyó en la palabra del Ángel cuando todo parecía biológicamente imposible, cuando los riesgos sociales para su vida y fama eran inmensos, y cuando el futuro se presentaba como un abismo de incertidumbre. Ella no exigió pruebas, como sí lo hizo Zacarías, quien quedó mudo por su incredulidad. María se fió de Dios con una confianza ciega y total.

Esta bienaventuranza es un espejo en el que debemos mirarnos. En nuestra andadura cristiana, es fácil creer cuando todo marcha sobre ruedas, cuando la salud nos sonríe, cuando la economía es estable y las relaciones familiares son pacíficas. Pero, ¿qué pasa cuando llega la tormenta de la enfermedad? ¿Qué ocurre cuando experimentamos el fracaso, la incomprensión o el luto? Es ahí, en la oscuridad del Viernes Santo personal de cada cual, donde estamos llamados a heredar la bienaventuranza de María. Creer significa confiar en que Dios sigue siendo fiel, que sus promesas tienen fecha de cumplimiento y que, detrás de los nubarrones más oscuros de nuestra existencia, el amor del Padre está tejiendo una historia de salvación perfecta. María nos invita a sustituir nuestras quejas por actos de fe, y nuestros miedos por una rendición absoluta en los brazos de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, el misterio de la Visitación no es una hermosa pintura del pasado para contemplar con una piedad puramente sentimental. Es un programa de vida y una hoja de ruta para la Iglesia del tercer milenio. Estamos llamados a ser, como individuos y como comunidad parroquial, una Iglesia que se deja visitar por el Señor para poder llevarle a otros y así ser visitados por Él; una extensión viva del misterio de María. Nuestro mundo contemporáneo padece de una profunda y dolorosa epidemia de soledad, de indiferencia y de desesperanza. Hay miles de "Isabeles" modernas en nuestros barrios, en nuestros bloques de pisos, en nuestros lugares de trabajo: ancianos olvidados en la última habitación de una residencia, enfermos que cuentan las horas en el hospital sin recibir una visita, jóvenes con las almas vacías que buscan sentido en los paraísos artificiales del alcohol, las drogas o en sórdidas pantallas, matrimonios que sufren en silencio el desgaste de la incomprensión crónica... A todos ellos no podemos llevarles simplemente discursos teóricos, ideologías humanas o palabras huecas. Tenemos que llevarles lo que María llevó: la presencia viva, transformadora e irradiante de Jesucristo. Pidámosle hoy a nuestra Madre del Cielo, Nuestra Señora de la Visitación, que nos conceda su mismo corazón: un corazón desinstalado, libre de egoísmos y encendido en caridad. Encomendamos también a Santa Isabel a todas las mujeres embarazadas, en especial las que pasan dificultades e incertidumbres en su gestación. Que el Señor nos conceda la gracia de ponernos en camino, de cruzar las montañas de nuestros propios miedos, prejuicios y perezas. Que cuando crucemos el umbral de los hogares de los que sufren, nuestras palabras, nuestros gestos de ternura y nuestro servicio desinteresado sean de tal manera que quienes nos rodean puedan percibir que Cristo mismo los está visitando, y que sus corazones puedan volver a saltar de alegría. Que así sea.

Evangelio de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamo:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu Vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como lo había prometido a nuestros padres - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor

sábado, 29 de agosto de 2026

Respuesta a Carta al Arzobispo. Por José Luis González Vázquez

(Lne) Con ánimo de aclarar y no de polemizar, deseo responder a la carta publicada el 25 de agosto en la sección “Cartas al Director” del periódico LA NUEVA ESPAÑA referida a la celebración del pasado 26 de julio en la capilla de San Nicolás, en la parroquia de Tornón, firmada por don José Luis Llera García.

Pensar, como indica el firmante del mencionado escrito, que la indicación de no interpretar el himno de Asturias durante la consagración procede del señor Arzobispo como represalia por tensiones políticas es, sencillamente, pensar mal. No existe relación alguna entre ambas cuestiones.

La nota pastoral no nace de una decisión personal del Arzobispo, sino de los libros litúrgicos promulgados por la Santa Sede para toda la Iglesia. En ellos se establece cómo ha de celebrarse la santa misa, y nunca se ha previsto la interpretación de himnos nacionales o regionales durante la consagración, ni en España ni en ningún otro lugar.

Es cierto que esta costumbre se mantuvo durante un tiempo: primero se interpretaba —en algunos sitios— el himno nacional, y más tarde, el de Asturias. Pero la antigüedad de una práctica no basta para convertirla en norma. Que algo se haya hecho durante sesenta años no significa necesariamente que se haya hecho bien. En este caso, la costumbre no crea ley litúrgica.

La nota enviada a los sacerdotes, a la que hace referencia el autor de la carta, surgió como respuesta a consultas formuladas a esta delegación por algunos de ellos. Se respondió, como no podía ser de otro modo, conforme a lo que la Iglesia prescribe. Por otro lado, el Papa nos recuerda que en la liturgia no debemos quitar ni añadir a nuestro gusto, porque la misa no pertenece al sacerdote, ni a una parroquia, ni a un grupo de vecinos: pertenece a toda la Iglesia y en ella se celebra la fe católica.

Asimismo, y como afirma el escrito, nadie pretende jugar con los sentimientos de los asturianos. El himno de Asturias es querido por todos y puede interpretarse dignamente en otros momentos de la fiesta. Lo único que se pide es respetar el silencio sagrado de la consagración. Hay instantes en los que la música expresa nuestra emoción y otros en los que el silencio nos permite adorar el misterio que se está celebrando.

Agradecemos sinceramente que los vecinos hayan cedido la capilla, que la cuiden y sufraguen su mantenimiento. Todo ello manifiesta un amor verdadero por la capilla y por sus tradiciones. Pero esa generosidad no puede condicionar la obligación del sacerdote de celebrar la santa misa conforme a lo que la Iglesia establece a través de los siglos.

La capilla puede haber sido levantada y cuidada por muchas manos; pero cuando en ella se celebra la eucaristía, el altar es de Cristo. Y ante él, todos —Arzobispo, sacerdote y fieles— somos invitados a obedecer, agradecer y adorar.

Con el sincero deseo de aclarar y no de polemizar, doy por concluido el tema agradeciendo la publicación.

José Luis González Vázquez es delegado episcopal de liturgia de la Archidiócesis de Oviedo

Este Lunes

 

viernes, 28 de agosto de 2026

Facsímiles. Por Guillermo Juan Morado

(La puerta de Damasco) La palabra “facsímil” viene del latín - “fac” (haz) “simile” (semejante) – y se emplea para designar la perfecta imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de un impreso, etc.

Hay libros que son auténticas joyas del patrimonio cultural de la humanidad. Una de estas joyas se conserva, desde 1661, en la biblioteca del Trinity College, de Dublín. Se trata del célebre “Libro de Kells” (que se remonta en torno al año 800 después de Cristo), un manuscrito en vitela maravillosamente ilustrado de los cuatro evangelios. Se cree que fue elaborado por los monjes de San Columba de Iona, en Escocia, y después llevado a la abadía de Kells, en Irlanda, para mantenerlo a salvo de los ataques de los vikingos.

Un erudito del siglo XII, Geraldus Cambrensis, pensaba que el libro era “la obra de un ángel, no de un hombre". Parece que fue creado, no tanto para ser leído sino, más bien, para ser mostrado a los fieles durante la celebración de la misa, mientras el sacerdote recitaba de memoria los pasajes evangélicos. Originalmente estaba encuadernado con una cubierta de oro y joyas, que se perdió cuando el manuscrito fue robado en la abadía en 1007. Para conservarlo en el mejor estado posible, ya no se presta ni se permite su manipulación. Los interesados en su estudio deben valerse de facsímiles.

Si de las tierras célticas de Escocia e Irlanda pasamos a Galicia, nos encontramos con el “Códice Calixtino” o “Liber Sancti Jacobi”, un manuscrito del siglo XII que es la compilación de cinco libros de diferente naturaleza – hagiográfica, litúrgica, de homilías, musical y narrativa - relacionados con el apóstol Santiago el Mayor y con la peregrinación a Compostela. Se conoce como “Calixtino”, en referencia al papa Calixto II, benefactor de Santiago de Compostela. Se conserva en el archivo-biblioteca de la catedral compostelana. Son importantes sus delicadas ilustraciones, unas imágenes que contribuyeron a crear el programa iconográfico jacobeo. El códice también fue objeto de robo en 2011, sin que sufriese deterioro.

Para hacerlo más accesible a los estudiosos y aficionados, la empresa Incipit Manuscript Ediciones ha preparado este año, en colaboración con la Catedral de Santiago, una nueva edición facsímil de 500 ejemplares, numerados individualmente y certificados ante notario. El ejemplar número 1 será entregado al papa León XIV. Gracias a una donación particular, otro ejemplar, el número 12, ha llegado a la Biblioteca del Centro Teológico de Vigo, que tiene su sede en el Seminario Mayor.

Como ha escrito el bibliotecario, Juan José González Estévez: “A las puertas de un nuevo año Santo Compostelano en el año 2027, con la incorporación a nuestra biblioteca de este volumen tan excepcional, tenemos una magnífica oportunidad de seguir aprendiendo de la historia, admirar los trabajos de los maestros de siglo XII y renovar el compromiso con nuestra cultura que, a través del camino de Santiago y las peregrinaciones, se ha hecho europea y universal”.

A los pies de la Madre

 

jueves, 27 de agosto de 2026

La Visitación de María en las enseñanzas de León XIV

En su primera encíclica, Magnífica humanitas, publicada oficialmente por la Santa Sede el 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV recurre al pasaje bíblico de la Visitación como el gran broche de oro espiritual y ético del documento. A través de esta escena evangélica, el Pontífice teje una profunda analogía entre las virtudes de María y la necesidad de preservar la identidad humana en la era de la inteligencia artificial. 

El paralelismo entre la Visitación y la condición humana

En los párrafos conclusivos de la encíclica (especialmente en los apartados nn. 7-10), León XIV utiliza la Visitación para ilustrar las dimensiones fundamentales del ser humano que corren el riesgo de disolverse ante el avance tecnológico: La aceptación del límite frente al delirio de omnipotencia: Frente a lo que el Papa denomina una «Babel tecnológica»—el intento de la IA de operar sin límites corporales ni temporales—, María celebra y acepta el límite humano. Su grandeza no nace de una capacidad infinita de procesamiento, sino de su pequeñez acogida por la gracia divina. La inclusión física del "Otro": La encíclica destaca que en el encuentro entre María e Isabel se genera una inclusión física y real. Dios encarnado en María se hace presente ante el Juan Bautista que gesta Isabel. El Papa argumenta que la empatía, la intuición y el afecto mutuo requieren de la presencia biológica, corporal e histórica, algo radicalmente ajeno a los algoritmos sintéticos. 

El simbolismo del Magníficat

El título del documento, Magnifica humanitas («Magnífica humanidad»), está directamente inspirado en el término inicial del himno mariano por excelencia: el Magníficat (Magnificat anima mea Dominum). León XIV explica que la verdadera «magnificencia» del ser humano no reside en la potencia de sus herramientas artificiales, sino en su capacidad de maravillarse, de componer poéticamente y de bendecir.  El canto de María tras la Visitación exalta un vuelco de perspectivas: el Dios encarnado prefiere el camino de la fragilidad. En contraste, la IA representa a menudo una lógica puramente utilitaria que aplana las diferencias y sacrifica a los vulnerables. 

La urgencia del "Salir sin demora"

En el análisis teológico de la encíclica que realiza la Conferencia Episcopal, se resalta la actitud activa de la Virgen: «María no se queda con la noticia para sí: sale, camina, se encuentra». El Papa utiliza esta prisa de María hacia las montañas de Judá para recordar que la vida cristiana y humana se realiza en el movimiento, el servicio real y el contacto comunitario, previniendo el aislamiento y la alienación digital. 

Fiesta 2026

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Una fiesta de tres siglos para salir, abrazar y alabar. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La Fiesta de la Visitación de María a su prima Santa Isabel cobra en Lugones una dimensión especial, y es que forma parte su ADN. Decía el enamorado Cronista de Lugones y malogrado José Antonio Coppen, que las fiestas de Santa Isabel, al datar del siglo XIX podía presumir de haber conocido tres siglos diferentes: ¡cierto! Esta festividad, que tradicionalmente cierra el mes de agosto, une el misterio evangélico con el latir cotidiano de nuestra localidad. En un cruce de caminos históricamente marcado por el paso de tiempo, el esfuerzo industrial y el constante crecimiento humano. El viaje de la Virgen se convierte en un icono que siempre aporta luz. El relato bíblico nos muestra una fe que no se estanca, sino que se pone en movimiento para servir a los demás. María no guarda la buena noticia en el aislamiento; sale al encuentro de inmediato con prontitud, a compartir el gozo. Al igual que María cruzó la geografía de Judea para abrazar a su prima anciana, Lugones se ha construido históricamente gracias a personas que se pusieron en camino. Desde aquellos primeros pobladores que se asentaron al amparo de las calzadas romanas, hasta las familias que llegaron con el auge industrial del último medio siglo. Lugones, encrucijada de caminos, puede presumir de ser tierra de encuentros, acogida y dinamismo cotidiano.

Cuando María entra en el hogar de Isabel, se desborda la alegría y el reconocimiento mutuo. Las Sagradas Escrituras plasman este momento cumbre que hoy inspira nuestra fiesta local: Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó la criatura en su vientre ( Lc 1, 41). Llevar a Cristo implica transformar los espacios comunes, renovando y acogiendo. Es la crónica de un camino que une la prisa alegre del servicio con la solidez de una comunidad que, a lo largo de los siglos, ha sabido construirse a base de encuentros, trabajo y fe compartida de los propios y los que van llegando. El relato bíblico de la Visitación nos sitúa ante una fe que no es estática ni puramente contemplativa. No es la prisa del ansia contemporánea, sino la urgencia del amor que no puede esperar. María desafía la fatiga, la montaña escarpada y las distancias, para llevar el mayor tesoro: ''el fruto bendito de su vientre''. El encuentro entre María e Isabel es también el abrazo entre el ayer y el mañana, entre la juventud audaz y la ancianidad experta y venerable. El espíritu de la Visitación nos llama a fortalecer la vida espiritual, asociativa, cultural, caritativa... La Visitación es el ejemplo supremo de esta dinámica. María no da un discurso teológico a Isabel; le ofrece su presencia, su ayuda en las tareas domésticas y su testimonio de creyente. La verdad del Evangelio se hace creíble cuando se traduce en conciliación familiar, en el respeto mutuo entre los ciudadanos y en la acogida hospitalaria a quienes eligen, como la mejor posible, esta localidad para vivir.

Afirmaba el Papa León XIV: ''En este día, el del encuentro con su prima Isabel, se contiene el secreto de cualquier otro día, de cualquier otra época. Y las palabras no son suficientes; es necesario un canto, que la Iglesia sigue entonando cada día, al atardecer, «de generación en generación» (Lc 1,50). La sorprendente fecundidad de la estéril Isabel confirmó a María en su confianza; le anticipó la fecundidad de su “sí”, que se prolonga en la fecundidad de la Iglesia y de toda la humanidad, cuando la Palabra renovadora de Dios es acogida. Ese día dos mujeres se encontraron en la fe, después permanecieron tres meses juntas para ayudarse, no sólo en las cosas prácticas, sino en un nuevo modo de leer la historia''. El magisterio del Papa León ilumina con especial fuerza el sentido de esta celebración. En sus recientes intervenciones, el Santo Padre insiste en que las grandes historias de salvación se construyen en los hechos más sencillos y humanos de la vida diaria: «El Dios de la Biblia se manifiesta en la liberación de la esclavitud, en el nacimiento ya inesperado de un hijo, en el amor misericordioso y fiel. Habla a través de hechos y encuentros, rostros e historias». Ahí tenemos el regalo de la reciente encíclica Magnifica humanitas (magnífica humanidad) que no aborda únicamente el reto de la Inteligencia Artificial, sino especialmente, la prioridad de la dignidad humana. Un texto que no deja indiferente a quien se asoma a sus enseñanzas, y también aquí nos encontramos la escena de la Visitación: ''El cántico de María acompaña nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido en la madre del Señor, María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su alma proclama la grandeza del Señor y su espíritu exulta en Dios su Salvador, porque Él eligió a una joven pobre y pequeña para su plan de salvación'' (Nº 243). Este mensaje es un fuerte asidero espiritual. Y cómo olvidar su reciente visita a España, donde nos el Pontífice nos ha regalado unas bellas y profundas reflexiones para nuestra realidad, alguna en el seno de la palabra libre de nuestra democracia. Quizás una de las más aplaudidas por creyentes y no creyentes ha sido su propuesta para huir de la polarización, que pasa por anteponer la cultura del encuentro frente al enfrentamiento; nosotros podríamos traducirlo por vivir en clave de visitación, en lugar de confrontación.

Celebrar la Visitación de María a Isabel es un llamado urgente a caminar «cum festinatione» —con prisa alegre— al encuentro de quienes nos rodean. Es un compromiso a no ser meros espectadores ni a preocuparnos únicamente de lo nuestro. Estamos llamados a imitar los tres pasos del camino de María:  1º Salir: Romper la inercia, la rutina vacía, la comodidad personal y el acomodo, los clichés, los tópicos y estereotipos, los muros. 2º Abrazar: Escuchar con paciencia a las generaciones que nos precedieron y acoger con esperanza a las nuevas, tender la mano a quien jamás se la daríamos: al que no piensa lo que yo pienso, al que no cree lo que yo creo, al que no vota a quien yo voto, a quien no tiene el color de la piel como la mía... 3º Alabar: Los creyentes agradecemos lo que Dios nos concede; sí, pero al tiempo, qué importante es que valoremos el trabajo desinteresado de otros -como en el caso de la Sociedad de Festejos- con reconocimiento y gratitud. Y es que no es poco el esfuerzo, no sólo por sacar las fiestas adelante, sino al mismo tiempo, el de tantas personas que con su trabajo diario, aún movidos por convicciones diferentes, siguen haciendo de Lugones un lugar donde da gusto vivir y donde todos nos queremos quedar. Que la Virgen de la Visitación y su prima Santa Isabel bendigan cada familia de nuestro pueblo, y nos conceda siempre la gracia de caminar con prisa alegres para salir, abrazar y alabar. 

Joaquín, párroco

Santoral del día: Santa Teresa de Jesús Jornet

(Año Cristiano de Edibesa) Aytona, Cataluña, 9 de enero de 1843, nace a la vida una niña, Teresa, la hija primogénita de Francisco Jornet y de Antonia Ibars, que es bautizada al día siguiente. Familias serias y de auténtica fe las de Jornet y las de Ibars. […] La niña crece en un ambiente de seriedad procurado por sus padres, austeros y trabajadores, como lo han sido sus antepasados. Sus tíos Palau han notado que la niña es de inteligencia despierta y aguda. ¿Por qué no hacerle tomar los libros y seguir un curso normal de estudios? La iniciativa atrae también a los padres de Teresita. Y ésta, acompañada por su tía Rosa, marcha a Lérida. Junto a la tía se desarrolla la piedad de la niña y adquiere ya desde entonces un sello eucarístico.

Acabados los estudios en Lérida y cuando Teresita podía alegrarse con la idea de retornar a Aytona, ve que otras voluntades la mandan a Fraga, para proseguir su educación cultural.

Durante los meses de vacaciones, vuelve a Aytona. Con alegría y sencillez, torna a sus costumbres de «mujercita de su casa» y de muchacha de pueblo. En su juventud revela ya las dotes futuras de la organizadora y superiora del mañana.

Novicia en las Clarisas

A primeros de julio de 1868, Teresa y su hermana Josefa abandonan la casa paterna. La primera toma el camino que conduce al convento de Clarisas, en la localidad de Briviesca, en las inmediaciones de Burgos; la segunda se dirige al Asilo de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en Lérida.

Los meses del postulantado y del noviciado corren veloces. El alma de Teresa se esponja con el gozo de ver ya cercano el día en que se unirá definitivamente al Señor por medio de la profesión.

Dios, sin embargo, disponía las cosas de otro modo. Sus designios son indescifrables. Y Teresa, que no se ha movido ante las imposiciones de los hombres, tiene que replegarse ante la enfermedad. Le aparece un buen día en la frente una postilla rebelde a todo cuidado. Las religiosas se alarman. Los médicos dejan caer unas palabras muy tristes. Quizás aquella postilla sea de naturaleza maligna, tal vez, incluso, hasta contagiosa. Tratándose de una novicia. la voz de la prudencia aconseja alejarla del convento.

Con su tío, el Beato Francisco Palau

Una vez más, su tío, el padre Francisco Palau, trata de enfilar a Teresa en su pequeño ejército de Terciarios y Tericiarias Carmelitas. Sin comprometerse definitivamente, Teresa se pone a trabajar con ardor y con inteligencia. No sabe hacer las cosas a medias. El padre Palau la nombra visitadora de las escuelas que él va abriendo en la península y en las islas Baleares. El 20 de marzo de 1872 moría el padre Palau, y en abril Teresa está nuevamente con su familia; pero espiritualmente se encuentra sumida en la mayor soledad e incertidumbre frente al futuro. -Señor, ¿qué queréis que haga?».

Un grupo de sacerdotes de Huesca y de Barbastro, presididos por el maestro de capilla de la catedra] de Huesca, don Saturnino López Novoa, está echando las bases de un instituto femenino que se consagre exclusivamente a la asistencia de los pobres ancianos abandonados.

Don Saturnino entrega a la obra todo cuanto es y cuanto tiene. Pero hay que buscar las obreras de Dios.

En Barbastro abrirá don Saturnino la primera casa. La sede elegida se llama «Pueyo». Se trata de un antiguo edificio, un tanto viejo y en condiciones no muy honrosas, pero que ofrece muchas ventajas para la nueva finalidad. Vienen a habitar al Pueyo doce jóvenes de las cercanías, todas entre los 18 y los 30 años. Abundan en entusiasmos y buena voluntad. Carecen de riquezas materiales. Se comprende, pues, que la vida en el Pueyo discurra por cauces de pobreza y humildad. Pero ¿no es éste el venturoso comienzo de las obras de Dios? Entre las doce se encuentran Teresa.

¿Quién conducirá adelante esa incipiente comunidad? Nadie sino Teresa podía ser la cabeza de aquel grupo.Superiora permanecerá Teresa hasta la muerte. Serán veinticinco años de gobierno, Ha sido Dios, no los hombres, quien ha fijado la elección.

Su nombre primero es el de «Hermanitas de los Pobres Desamparados» Sólo en una segunda etapa y para evitar equivocaciones con el instituto francés del mismo nombre, se llamarán como actualmente se denominan «Hermanitas de los Ancianos Desamparados». ¡Hermanitas! No madres, sino «hermanitas, porque ellas se colocan en el último peldaño de la escala familiar, como el último de los hijos de una familia, dispuestas siempre a cumplir los deseos de los hermanos mayo-res, los ancianos.

El 27 de enero de 1873, Barbastro se viste de fiesta. Se va a proceder a la vestición de las «hermanitas». Toda la población se dio cita en la capilla del Seminario Conciliar. A falta de una iglesia propia, las hermanitas, recibirían el santo hábito en la iglesia de los seminaristas. La ceremonia resultó solemnísima.

Pero no habían de quedarse en Barbastro. El reloj de Dios señala una nueva hora.

En estos mismos días, en Valencia, un grupo de católicos reunidos en una asociación, propone combatir el mal con una obra de caridad. Entre sus muchas iniciativas cuaja un buen día el proyecto de ocuparse cristianamente de los pobres ancianos abandonados. Dicho proyecto presupone unas religiosas a cuyas atenciones se encomiende el cuidado de los ancianos asilados. Dios mismo, por caminos impensados, pone a los miembros de la asociación de Valencia en relación con don Saturnino.
Valencia: junto a la Virgen de los Desamparados

Se unifican los proyectos y se llega a un acuerdo mutuo. Las hermanitas se trasladarán a Valencia. Será el punto de partida para legiones de hermanitas, cuyo destino será poner una sonrisa en medio del dolor de los abandonados, un rayo de esperanza en la soledad de los pobres, un mucho de amor en la tristeza de los ancianos.

Nadie duda —y mucho menos que nadie la madre Teresa que la misma Santísima Virgen es la que les ha llamado a Valencia. Por esto, de ahora en adelante, la Virgen de los Desamparados será la celestial patrona del instituto. La casa está cerca, en la plaza de la Almoyna.

Han llegado a la ciudad el 8 de mayo de 1873. Es la víspera de la fiesta de la Virgen y toda la ciudad se ha puesto en conmoción con la llegada de las hermanitas. Dos días después –fecha que no hay que olvidar–, el instituto acoge a la primera anciana. Una paralítica de 99 años. Se comienza bien...

De nuevo España está en guerra; esta vez se sublevan las regiones en petición de independencia, Valencia se declara en rebeldía contra el Gobierno de Madrid. La ciudad se ve poco después asediada y bombardeada. Las hermanitas deciden refugiarse en Alboraya.
Los Ancianos: «Cuidar los cuerpos para salvar las Almas»

Un año tras otro se multiplican las casas-asilo a una velocidad impresionante. La madre Teresa quería que se llamaran así, casas-asilo no simplemente asilos, porque el término le parecía demasiado frío y humillante. Casas-asilo, donde el anciano encuentre el calor de un hogar y el afecto de una madre y unas hermanitas que se entregan totalmente al servicio afectuoso del pobre que se llega a ellas.

Los ancianos desamparados son los dueños de las casas-asilo. las hermanitas son simplemente las siervas de los ancianos, Ésta era la convicción y la enseñanza de la santa y su vida nos dice que todo su caminar fue orientado por la luz de este pensamiento. Así los ama ella. De día y de noche los ancianos son su preocupación, su dulcísimo tormento, los hijos de sus entrañas, sus «niños grandes» a los que quiere ganar la confianza, para acercarlos más a Dios, y prepararlos a salir serenos al encuentro de la muerte. Es ésta la parte más santa y bella de la misión de la hermanita.
«Cuidar los cuerpos para salvar las almas», era la máxima constante en labios de la santa, y como su gran fe le hacía ver en los ancianos pobres y abandonados, la figura de Cristo, toda su ambición era ayudarles a librarse de las escorias del pecado, a recuperar, si la habían perdido, la gracia y, con la gracia, la dignidad de hijos de Dios.

Intensa vida eucarística, tierna devoción a la Virgen, fidelidad total a la regla, sobrenatural caridad fraterna entre las hermanitas, cuidado asiduo y diligente de los ancianos abandonados. Éstos son los rasgos que diseñan la fisonomía espiritual de las hermanitas.
Misión: por España y por América

Al cumplirse el primer decenio de la fundación del instituto, las casas-asilo son ya 33. Diez años más tarde, han subido a 81, pasan cinco años más y cuando a la santa le toca la hora de dar por cumplida su tarea en este mundo, las casas-asilo de las hermanitas suman ya la cifra maravillosa de 103. En 1885, el instituto cruza el océano. Las hermanitas han sido llamadas a Santiago de Cuba y a La Habana. Parten alegres y su gozo se multiplica con el rápido crecer del número de las casas-asilo. Por primera vez, las hermanitas van a fundar sin la madre, Gustosa les acompañaría, pero ya en este momento, no es sino una inválida.

Tiene apenas 42 años, pero su salud se resiente profundamente. Hace ya años que habría tenido que retirarse a una vida reposada, sin fatigas, sin malos tratos. Y la madre Teresa ha hecho precisamente todo lo contrario.

Sin embargo, no ha sonado todavía la hora de la partida. Es necesario que el insitituto, su obra, se consolide firmemente. Ha recibido ya en 1876 el «Decretum laudis» de Roma. Es el primer paso hacia la aprobación definitiva. Y ésta llega en 1887.

Por abril de 1896. se celebra el capítulo general. La santa suplica a las hermanitas que se dignen librarla del peso de su periora general. Pero no hay quien haga caso de la voz de la madre. Sus hijas se niegan a plegarse a sus requerimientos. La madre es ella y no otra. Y volvió a cargar con la cruz.
Hacia la Casa del Padre

La madre prevé que la meta está ya cercana. Los médicos quieren hacer todavía una nueva tentativa y piden que se traslade la madre a la población de Liria. Creen que el clima le irá mejor. Ella deja hacer. Más de 70 superioras e infinidad de hermanitas desfilan por Liria para recibir la última bendición y los postreros consejos de la madre. Ella continúa dándose y consolando el door de sus hijas, Olvidada de sí, quemada por el fuego, por un ardor que nada puede aplacar. El 12 de julio, el padre Francisco le lleva el Viático y dos semanas después, asistido por don Saturnino, le administra el sacramento de la Extremaunción.

Con el pensamiento en las hijas lejanas, y más aún, con la mente fija en todas las que en un futuro habían de engrosar las filas del Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, la santa dicta una última recomendación, resumen de su vida y de su enseñanza. «Cuiden con interés y esmero a los ancianos, ténganse mucha caridad y observen fielmente las Constituciones. En esto está nuestra santificación«.

En el mes de agosto le llega de Roma la noticia de que las Constituciones del instituto han sido aprobadas definitivamente: era el último sello a la obra de su vida. Llora de alegría y de reconocimiento y sus labios acompañan el canto del Tedeum. Había llegado el momento de pronunciar también ella el «Nunc dímittis...

El 26 de agosto de 1897, noche de insomnio, repetidas veces expresa la enferma el deseo de recibir la Sagrada Comunión. La recibe a diario, pero ¿por qué tanta insistencia esta noche, si todavía no son las tres de la madrugada?

A la primera claridad del alba, viene el sacerdote. Oye a la santa en confesión y sale luego en busca del sacramento.
La madre mira a su alrededor, sonríe a las hermanitas presentes e inclina la cabeza... para siempre.


Sor Edesia del Sagrado Corazon de Jesús Rodríguez. 
Superiora general

martes, 25 de agosto de 2026

Programa de las Jornadas sobre San Pedro Poveda y los Mártires del Siglo XX en Covadonga

 




Polonia y Eslovaquia preparan una ruta internacional de peregrinación tras las huellas de san Juan Pablo II

(Infovaticana) Polonia y Eslovaquia preparan una ruta internacional de peregrinación dedicada a san Juan Pablo II que unirá algunos de los principales lugares vinculados a Karol Wojtyla a ambos lados de los Tatras. La iniciativa fue abordada en Bratislava durante una reunión entre la secretaria de Estado de Turismo eslovaca, Jana Štilichová, y su homólogo polaco, Ireneusz Raś.

Según informó TK KBS, la agencia de la Conferencia Episcopal Eslovaca, ambos países quieren conectar los caminos papales ya existentes en Polonia con las rutas de peregrinación y senderismo de Eslovaquia, especialmente las situadas en los Tatras y en la región histórica de Spiš.
De Wadowice a los Tatras

La futura ruta tendrá como uno de sus puntos de partida el Camino Papal de Pequeña Polonia, creado en 2003. Su itinerario principal recorre unos 231 kilómetros entre Kalwaria Zebrzydowska y Stary Sącz, aunque la red completa, con sus diferentes variantes, suma alrededor de 620 kilómetros.

Los caminos recorren una geografía estrechamente ligada a la vida de Juan Pablo II. Entre sus principales puntos se encuentran Wadowice, donde nació Karol Wojtyla en 1920, y Kalwaria Zebrzydowska, el santuario mariano que frecuentó desde su juventud y al que regresó también como Papa.

Desde allí, las rutas se adentran en los Beskides y los Tatras, las montañas que Wojtyla recorrió durante años a pie y sobre esquís. El itinerario incluye lugares como el Gron Jana Pawła II, el santuario mariano de Ludźmierz y Stary Sącz, donde se conservan el santuario de santa Kinga y el altar levantado con motivo de la visita del pontífice. Una de las variantes pasa también por Zakopane, el santuario de Krzeptówki y Morskie Oko.

La intención de ambos gobiernos es prolongar esta red hacia la vertiente eslovaca de los Tatras y la región de Spiš, aprovechando caminos que ya existen en lugar de crear un itinerario completamente nuevo.
Una geografía ligada a la vida de Juan Pablo II

La dimensión transfronteriza del proyecto responde a la propia biografía de Wojtyla. Antes de llegar al pontificado, el futuro Juan Pablo II recorrió repetidamente las montañas del sur de Polonia y llegó también a los Tatras eslovacos. La montaña ocupó un lugar constante en su vida desde sus años de sacerdote y posteriormente como arzobispo de Cracovia.

Su relación con Eslovaquia continuó después de su elección como Papa. Juan Pablo II visitó el país en tres ocasiones: 1990, 1995 y 2003. En aquellos viajes pasó por algunas de las regiones que ahora podrían quedar integradas en el nuevo itinerario.

El proyecto busca convertir esa geografía común en una ruta de peregrinación que conserve la memoria espiritual del Papa polaco y, al mismo tiempo, conecte santuarios, localidades y caminos asociados a su vida. Las autoridades de ambos países prevén además que la iniciativa contribuya al turismo de las regiones atravesadas y refuerce la cooperación entre los dos países vecinos.

Por ahora, no existe un trazado internacional definitivo ni una fecha anunciada para la apertura de la ruta. Los trabajos se concentran en determinar cómo enlazar los caminos papales polacos con los itinerarios existentes al otro lado de los Tatras.

Avalancha de peregrinos para visita del Papa a Lourdes

(InfoCatólica) En la cada vez más secularizada Francia, la visita de León XIV está suscitando un sorprendente interés. En particular, para el acto de Lourdes de los días 26 y 27 de septiembre se están desbordando las previsiones de los organizadores.

Según informa Tribune Chretienne, un mes antes de la llegada del Papa a Lourdes, más de 100.000 personas ya se han inscrito para un aforo máximo fijado en 150.000. El proceso ha sido vertiginoso. El 11 de agosto, menos de 24 horas después de la apertura de la plataforma, ya se habían registrado más de 30.000 personas. Diez días después, se superaron las 100.000 inscripciones.

Nadie lo esperaba. Cuando comenzó el proceso de inscripción de asistentes, la inscripción se presentaba como como “muy recomendable” y meramente por motivos de organización. En cambio, ahora, a la vista de la avalancha de fieles, el Santuario ha declarado que la inscripción será obligatoria, aunque continuará siendo gratuita.

Por ello, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes ha entrado en la “última fase de inscripciones” y avisa de que estas se cerrarán en los próximos días, a medida que se va llegando al aforo máximo.

Si bien la inscripción para los diversos actos será, como se ha indicado, obligatoria, la Misa del domingo permanecerá abierta a todos, aunque “sujeta a disponibilidad”. Esto significa que gran parte de los asistentes tendrán que seguirla mediante pantallas gigantes desde otras zonas próximas al Santuario cuando la pradera esté llena y se están preparando aparcamientos periféricos y lanzaderas con las autoridades locales.

León XIV será el tercer papa que viaja a Lourdes. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI lo hicieron durante sus pontificados. El Papa Francisco, en cambio, indicó que prefería visitar los países europeos pequeños.

lunes, 24 de agosto de 2026

Santoral del día: San Bartolomé

(COPE) En esta jornada nos acercamos hasta la figura de uno de los más íntimos del Señor. Si por algo se caracteriza es por su sinceridad. Hoy celebramos al Apóstol San Bartolomé. Tal y como cuentan los Evangelios, Cristo después de pasar la noche en oración, llamó a sus discípulos y eligió a Doce de ellos para que estuviesen con Él.

Entre estos se encuentra San Bartolomé. Al principio es Felipe quien le pone en contacto con Jesús. Esto se relata en el Evangelio según San Juan. Se le da el nombre de Natanael y es de Caná de Galilea. No da crédito a lo que le dice a su amigo sobre Jesús de Nazareth.

Al final el encuentro con el Maestro le hace volver a su honradez y sinceridad. Así se lo dice el Señor y él le proclama como el Mesías por el entusiasmo que le da en el corazón. Después de ser uno de los que le siguen, un día Jesús cuando pasa la noche en oración, escoge de entre sus discípulos Doce y él está entre ellos.

Su pertenencia al grupo de los Doce Apóstoles le hace ser también testigo de la Resurrección del Señor y de su Ascensión al Cielo. El Libro de Los Hechos de los Apóstoles le sitúan con el resto del Colegio Apostólico perseverando con María en la Oración a la espera de la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Tal y como cuenta la Tradición, el Apóstol San Bartolomé morirá mártir en la India donde predica la Buena Nueva del Evangelio. Muchos pueblos y ciudades celebran fiestas en honor de este moembro del Colegio Apostólico.

domingo, 23 de agosto de 2026

''El poder del infierno no la derrotará''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy la Palabra de Dios nos sitúa ante la pregunta más importante de nuestra existencia. No es una pregunta teórica ni un examen de conocimiento religioso. Jesús nos mira hoy a los ojos a cada uno de nosotros y nos pregunta: «Y vosotros, ¿Quién dicen que soy yo?». A través de las lecturas de este domingo XXI, la liturgia nos muestra cómo Dios teje su plan de salvación: Veremos cómo le quita el poder a los soberbios, cómo sus caminos superan nuestra mente humana y cómo edifica su Iglesia sobre la roca de la fe confesada por San Pedro. Entremos, pues, con el corazón abierto en cada una de estas lecturas.

En la primera lectura, el profeta Isaías nos traslada a la corte del rey Ezequías en Jerusalén. Allí encontramos a Sebná, el mayordomo palaciego. El mayordomo era el hombre más poderoso después del rey; guardaba las llaves del palacio y decidía quién entraba y quién no. Sin embargo, Sebná se llenó de soberbia, buscó su propia gloria y descuidó la justicia. Dios interviene con fuerza. Destituye a Sebná y elige a Eliaquín, un hombre con corazón de siervo. Dios dice textualmente: «Le colocaré en el hombro la llave de la casa de David; lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá». La llave es el símbolo de la autoridad, pero de una autoridad recibida de Dios para proteger y cuidar al pueblo, no para beneficio propio. Esta lectura nos enseña dos cosas fundamentales, por un lado que Dios tiene la última palabra, dado que el poder humano es pasajero. Y por otra parte descubrimos que la autoridad es servicio. Todos tenemos alguna "llave" o responsabilidad en la vida, e Isaías nos invita a revisar cómo usamos esa autoridad. 

San Pablo, en su carta a los Romanos, acaba de reflexionar sobre el misterio de la salvación, viendo cómo Dios es capaz de guiar la historia humana a pesar de los errores, las caídas y las rebeldías de los hombres. Ante este panorama, el Apóstol no encuentra más palabras que las de la adoración y el asombro: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!». Pablo nos recuerda de forma directa que la mente de Dios supera por completo nuestros cálculos humanos. Necesitamos reconocer nuestra pequeñez. Nadie ha sido consejero de Dios, nadie le ha dado nada primero para que Dios tenga que devolvérselo. Todo procede de Él, todo existe por Él y todo se dirige hacia Él. Muchas veces nos encontramos en la vida con situaciones que no entendemos: sufrimientos, pérdidas, giros inesperados o momentos de oscuridad. Queremos controlar el futuro y exigirle explicaciones a Dios. Esta lectura nos invita a soltar el control y a confiar. Nos llama a tener la humildad de aceptar que los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Cuando no entiendas lo que pasa en tu vida, no caigas en la desesperación; repite con San Pablo: «¡Qué insondables son tus caminos, Señor!», y descansa en su paz.

En el evangelio de este día tomado del capítulo 16 de San Mateo, vemos cómo Jesús se retira con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo. Es un lugar alejado, rodeado de templos paganos y grandes rocas. En ese contexto geográfico tan simbólico, Jesús lanza dos preguntas. La primera: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»... Los discípulos responden lo que escuchan por ahí: que Juan el Bautista, Elías, Jeremías o alguno de los profetas. Para la gente, Jesús es un gran hombre, un personaje del pasado que vuelve, o un maestro admirable. Pero se quedan muy cortos. No captan su verdadera identidad. Hoy en día pasa igual: el mundo ve a Jesús como un líder moral, un filósofo o un ejemplo histórico, pero nada más. La segunda pregunta nos llevará a la respuesta interior. Jesús deja de lado la opinión pública y personaliza el diálogo: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?»... Es una pregunta directa al corazón de los apóstoles y al corazón de cada uno de nosotros hoy. No vale responder con lo que dicen unos y otros; aquí no importa para nada lo que dice la gente. Simón Pedro toma la palabra en nombre de todos y hace la profesión de fe que sostiene a la Iglesia: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le responde con alegría solemnizando el momento, afirmando que esa revelación viene del Padre: «eso no te ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». La fe verdadera es un don de Dios, no un logro de nuestra inteligencia. Y Jesús ratifica: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». El Señor cambia el nombre de Simón por Cefas (Roca). A pesar de las debilidades humanas de Pedro —que más adelante le negará— Cristo lo elige como el fundamento visible de la unidad de su Iglesia. Y nos regala la esperanza de tener por seguro la victoria final: «El poder del infierno no la derrotará». Es una toda una promesa de esperanza. La Iglesia ha pasado por crisis, persecuciones, escándalos y dificultades externas e internas durante dos mil años, pero sigue en pie porque el constructor es Cristo, no los hombres. Con clara alusión a la primera lectura de Isaías, Jesús le entrega las llaves del Reino. Es la potestad para guiar, enseñar y, sobre todo, para perdonar los pecados en el nombre de Dios, santificando y abriendo las puertas de la misericordia a toda la humanidad. Ahí está el poder de atar y desatar de la Iglesia, de Pedro y sus sucesores.

El Dios que quita las llaves al soberbioso Sebná y se las da al siervo Eliaquín, es el mismo Dios cuyos caminos son misteriosos e insondables, y es el mismo Jesús que entrega las llaves del Reino a un pescador frágil, pero lleno de fe llamado Pedro. Al salir hoy del templo, llevemos la pregunta de Jesús resonando en nuestra mente durante toda la semana: «¿Quién soy yo para ti?»... Si Jesús es sólo un personaje histórico, nuestra fe será una costumbre sin sentido. Si Jesús es de verdad el Hijo de Dios vivo para tí, entonces Él es el centro de tu matrimonio, el guía de tu juventud, el consuelo en tu enfermedad y la roca firme en las tormentas de la vida. Amemos a la Iglesia, oremos de corazón por el Papa León y renovemos nuestra confianza en que, pase lo que pase en el mundo, las fuerzas del mal nunca vencerán al amor de Dios.