(Lne) Con ánimo de aclarar y no de polemizar, deseo responder a la carta publicada el 25 de agosto en la sección “Cartas al Director” del periódico LA NUEVA ESPAÑA referida a la celebración del pasado 26 de julio en la capilla de San Nicolás, en la parroquia de Tornón, firmada por don José Luis Llera García.
Pensar, como indica el firmante del mencionado escrito, que la indicación de no interpretar el himno de Asturias durante la consagración procede del señor Arzobispo como represalia por tensiones políticas es, sencillamente, pensar mal. No existe relación alguna entre ambas cuestiones.
La nota pastoral no nace de una decisión personal del Arzobispo, sino de los libros litúrgicos promulgados por la Santa Sede para toda la Iglesia. En ellos se establece cómo ha de celebrarse la santa misa, y nunca se ha previsto la interpretación de himnos nacionales o regionales durante la consagración, ni en España ni en ningún otro lugar.
Es cierto que esta costumbre se mantuvo durante un tiempo: primero se interpretaba —en algunos sitios— el himno nacional, y más tarde, el de Asturias. Pero la antigüedad de una práctica no basta para convertirla en norma. Que algo se haya hecho durante sesenta años no significa necesariamente que se haya hecho bien. En este caso, la costumbre no crea ley litúrgica.
La nota enviada a los sacerdotes, a la que hace referencia el autor de la carta, surgió como respuesta a consultas formuladas a esta delegación por algunos de ellos. Se respondió, como no podía ser de otro modo, conforme a lo que la Iglesia prescribe. Por otro lado, el Papa nos recuerda que en la liturgia no debemos quitar ni añadir a nuestro gusto, porque la misa no pertenece al sacerdote, ni a una parroquia, ni a un grupo de vecinos: pertenece a toda la Iglesia y en ella se celebra la fe católica.
Asimismo, y como afirma el escrito, nadie pretende jugar con los sentimientos de los asturianos. El himno de Asturias es querido por todos y puede interpretarse dignamente en otros momentos de la fiesta. Lo único que se pide es respetar el silencio sagrado de la consagración. Hay instantes en los que la música expresa nuestra emoción y otros en los que el silencio nos permite adorar el misterio que se está celebrando.
Agradecemos sinceramente que los vecinos hayan cedido la capilla, que la cuiden y sufraguen su mantenimiento. Todo ello manifiesta un amor verdadero por la capilla y por sus tradiciones. Pero esa generosidad no puede condicionar la obligación del sacerdote de celebrar la santa misa conforme a lo que la Iglesia establece a través de los siglos.
La capilla puede haber sido levantada y cuidada por muchas manos; pero cuando en ella se celebra la eucaristía, el altar es de Cristo. Y ante él, todos —Arzobispo, sacerdote y fieles— somos invitados a obedecer, agradecer y adorar.
Con el sincero deseo de aclarar y no de polemizar, doy por concluido el tema agradeciendo la publicación.
José Luis González Vázquez es delegado episcopal de liturgia de la Archidiócesis de Oviedo

No hay comentarios:
Publicar un comentario