lunes, 20 de abril de 2026

Se te quitan las ganas de discutir. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Las pocas que me quedan, porque me doy cuenta de que ni merece la pena. Salvo alguna rarísima excepción, ¿de qué vas a debatir con alguien cuyo único argumento es que hay que evolucionar y además te lo deja caer como si fuera la definitiva conclusión del sentido de la existencia humana? No saben qué significa evolucionar, ni tienen medio claro -soy optimista- a dónde llegar.

¿Evolucionar? ¿Desde dónde? ¿Hacia dónde? ¿Cómo? ¿Quién decide si se evoluciona en el sentido correcto? El último argumento es que hay que respetar y que cada uno sabrá. No merece la pena.

No te pierdas al que dice que no se puede ser conservador. Jodo. Y te lo suelta el mismo que acaba de quitarse el capirote de la semana santa.

O eso de que las normas son relativas a la vez que se pasa una tarde discutiendo sobre si la tarjeta roja a Pichichi fue según reglamento o no, o si definitivamente ponemos el acento en sólo cuando equivale a únicamente.

Ya saben eso de que hay que acabar con lo antiguo. Pues si, y que dinamiten las pirámides de Egipto, ya está bien de antiguallas. Mucho mejor aprovechar las piedras para construir casas para los pobres y levantar un buen centro comercial con mezquita adosada.

He sugerido a uno que todavía sigue con lo de vender el Vaticano -mira que hay gente cansina- que podíamos empezar vendiendo la iglesia de su pueblo, que algo nos darían, o convertir la ermita en residencia de inmigrantes.

No merece la pena.

Dialogar, debatir, razonar sin que la otra persona no esgrima más argumento que cuatro adjetivos sacados por sorteo del diccionario, de verdad que no vale la pena: conservador, carca, obsoleto, insolidario, fascista. Es agotador. Y como argumento que sostenga tales palabros el siempre socorrido, inútil y vacío “es mi opinión, cada cual sabrá y hay que respetar", eso sí, la Iglesia anticuada, los curas pederastas y usted mismo anclado en un pasado sin sentido. Leche para respetar.

No me molesto. Decía un agustino eminente en sabiduría, muy eminente, que hablar se puede hablar con cualquier persona culta, aunque las ideas sean contrapuestas. Uno al menos aprende de los razonamientos, la formación y la sabiduría del otro. Son discusiones que merecen mucho la pena.

Pues eso. ¿Y tus argumentos? Que hay que evolucionar. De acuerdo. Buen día.

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