Ante la campaña de ataque y desprestigio iniciada en prensa y redes sociales contra nuestro Padre y Pastor, incentivada por siete sacerdotes diocesanos y un padre jesuita, sería interesante tener en consideración como católicos de la Archidiócesis de Oviedo algunas refelexiones:
1° Avergüenza profundamente que los que se supone son los colaboradores más directos del Arzobispo en el servicio al pueblo de Dios hayan antepuesto la ideología a su vocación. Los presbíteros, como recordó el Concilio Vaticano II, considerando que sólo el obispo ostenta la plenitud del sacramento del Orden, acatan su autoridad reconociendo en ésta la de Cristo, supremo Pastor. La vida y ministerio del sacerdote no se entiende sin la unión con el obispo con sincera caridad y obediencia, ya que sólo así desde esta obediencia sacerdotal, ungida de espíritu de cooperación, pueden vivir su vocación. Por esto, ‘’Ningún presbítero, por ende, puede cumplir cabalmente su misión aislada o individualmente, sino tan sólo uniendo sus fuerzas con otros presbíteros, bajo la dirección de quienes están al frente de la Iglesia’’ (P.O. nº 7)
2° Los sacerdotes deben manifestar con su vida plena comunión con su Obispo, con quien han de vivir una unión espiritual y jerárquica basada en el respeto, la obediencia y la misión compartida, al formar bajo su autoridad diocesana el presbiterio, llamado a ser signo de la unidad de la Iglesia. Esta unión se fundamenta en la participación del mismo sacerdocio de Cristo, manifestándose principalmente en la obediencia pastoral y la colaboración en el ministerio. Como enfatizó San Juan Pablo II en Pastores Dabo Vovis Nº17: ‘’El ministerio de los presbíteros es, ante todo, comunión y colaboración responsable y necesaria con el ministerio del obispo’’. También el Papa Francisco señaló con acierto que un sacerdote nunca vivirá auténticamente su ministerio sin cuidar las cuatro cercanías que le son propias: con Dios, con su obispo, con sus hermanos sacerdotes y con el pueblo de Dios.
3° Un cristiano no puede dejar de solidarizarse con la situación de acoso y derribo, insultos y ataques que ha sufrido Monseñor Sanz, simplemente por dar su opinión, que muchos reconocemos como voz profética y valiente. Lo vivido estas semanas atrás es una muestra clara de la falta de libertad que se vive en la sociedad y que ejercen personas supuestamente de Iglesia, muy amigos de presentarse como promotores de la diversidad, aunque luego en la práctica intentan destruir al que piensa diferente. Es este un gesto muy poco caritativo de quienes se dicen seguidores de Jesús de Nazaret y su Evangelio. Nos viene bien -como pidió el Papa Francisco- tomar conciencia de que ‘’Nuestras comunidades sólo desde el corazón lograrán unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como red de hermanos, ya que pacificar también es tarea del corazón. El Corazón de Cristo es éxtasis, es salida, es donación y encuentro. En él nos volvemos capaces de relacionarnos de un modo sano y feliz, y de construir en este mundo el Reino de amor y de justicia. Nuestro corazón, unido al de Cristo, es capaz de este milagro social’’ (Dilexit nos nº 28)
4° Se han malinterpretado y manipulado las palabras de nuestro Arzobispo, cuya reflexión está perfectamente integrada en lo que contempla la Doctrina Social de la Iglesia. No se pueden admitir a todos sin tener capacidad de acogerles, protegerles, promoverles e integrarles como ellos merecen. Al mismo tiempo, deben considerarse los derechos “de las sociedades de destino de los mismos inmigrantes” (Caritas in Veritate 62). En este sentido: “La regulación de los flujos migratorios según criterios de equidad y de equilibrio es una de las condiciones indispensables para conseguir que la inserción se realice con las garantías que exige la dignidad de la persona humana. Los inmigrantes deben ser recibidos en cuanto personas y ayudados, junto con sus familias, a integrarse en la vida social” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 298). Habría más preguntas que hacerse: ¿realmente preocupa al gobierno la situación de nuestros migrantes o su regularización, o es sólo una estrategia política de cara a las próximas elecciones? ¿Se ha hecho un estudio serio de cómo se va a concretar cada caso? ¿Cómo afectará a la estabilidad, por ejemplo, de la seguridad social, ya colapsada?... Sigue siendo de actualidad el juicio que San Pablo VI dio ante estas realidades de la sociedad post-industrial, donde ha quedado de relieve la insuficiencia de las ideologías para responder a los desafíos de la emigración (Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 100).
5° Queda patente que nos encontramos ante un mal tantas veces denunciado por el Papa Francisco: la falta de comunión, que se traduce en aislamiento e individualismo dentro de la vivencia del sacerdocio. Que la mayoría de los sacerdotes firmantes no participaran con asiduidad de la vida de la Diócesis, que no renovaran anualmente en la misa crismal su promesa de obediencia, ni asistan a la formación permanente o los jubileos sacerdotales de San Juan de Ávila o Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, revela en buena medida esta "enfermedad" señalada por el anterior Pontífice. Para Francisco, era preocupante observar en el clero ‘’división ideológica’’ y ‘’amargura’’. Los firmantes de la nota contra nuestro Arzobispo, en fondo y forma se ajustan en gran medida a ese perfil.
6° Es, al mismo tiempo, motivo para dar gracias por los movimientos laicales que han salido en defensa de nuestro Prelado, y que también han sido atacados en redes sociales por algunos de esos sacerdotes. Un ejemplo del clericalismo que tanto criticó el Papa Francisco, y una negación del "sensus fidei". También oramos por estos sacerdotes, muchos de ellos viviendo una vida contraria a lo que la Iglesia pide, predicando lo contrario de lo que la Iglesia enseña, e incluso con sus propias ideas que consideran por encima de todas. El Señor nos pidió orar por los enemigos; gracias a sus ataques e insultos nuestro Arzobispo encarna en su vida la advertencia del Señor: "os perseguirán". Toca pedir por la conversión de estos sacerdotes, animarles a regularizar su situación y a que dejen de escandalizar al pueblo de Dios con sus vidas, palabras y maltrato a la sagrada liturgia. Como invita el Papa León XIV: "El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy" (Dilexi te nº 120)
7° Es digno de análisis y reflexión que los ocho sacerdotes firmantes, sean la mayoría jubilados, mayores de 65 años o viviendo en situación irregular. Un claro exponente de que son un reducto o muestra de "un ayer que pasó". No representan al Presbiterio ni a la Iglesia de Asturias. Hablar del Arzobispo como un ajeno, pero luego firmar como "un cristiano de base" como hizo un exsacerdote en su carta "A los curas de aquella época" que alentó lo que vino a continuación, pone de manifiesto que no se consideran parte de esta Iglesia, sino de la que tienen idealizada a su gusto, más Protestante -en fondo y forma- que Católica, les convendría interiorizar la enseñanza del Papa Francisco sobre aquellos que se quedan anclados en sus ideas y necesitan abrirse: "Desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro. Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros «una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en otro un crecimiento de su ser». Por ello «en cualquier caso el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo» (Fratelli Tutti nº 88).

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