Nos encontramos ante un tema delicado qué, por desgracia, unas veces por imposibilidad y otras por ignorancia se descuida y no pocas veces se maltrata en detrimento de la celebración y, por ende, desnaturaliza autenticidad de la Semana Santa. A continuación voy a tratar de comentar de forma muy escueta lo que la Iglesia pide y quiere que sea el verdadero acompañamiento musical de la semana más grande del calendario litúrgico. La música en estos días santos no es un simple acompañamiento decorativo o festivo, sino una parte integral del rito que debe brotar del texto y del misterio celebrado. Según la Instrucción General del Misal Romano (IGMR) y las normas de la Iglesia, el canto litúrgico debe ser sagrado, bello y universal. Pero todo esto ha de englobarse en unos criterios generales de interpretación. El criterio clave es que la música debe estar siempre al servicio del culto y no ser un fin en sí misma; es decir, ha de haber una clara subordinación de ésta al rito. La música en la liturgia de la Semana Santa no es un simple adorno, sino una parte necesaria e integral de los ritos. Su función es acompañar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, ayudándonos a los fieles a participar activamente y a elevar las almas hacia lo divino
Domingo de Ramos
Otro aspecto a tener en cuenta es el contexto de la liturgia de cada día; por ejemplo, hay personas empeñadas en presentarnos el domingo de ramos como un día de fiesta y cantos alegres; nada más lejos de la realidad. Jesús entra en Jerusalén para llevar a cabo el misterio pascual, camina hacia su muerte, por ello decimos ''Domingo de ramos en la Pasión del Señor''. Los textos de la liturgia de la Palabra de este domingo nos llevan ya al calvario. Es cierto que para el primer momento de la celebración con la bendición de las palmas hay antífonas propias que son más alegres, como la de "los niños hebreos", pero el resto de la liturgia dominical se centra principalmente en la Pasión. Convertir con los cantos el domingo de ramos en un domingo de Pascua anticipado supone deformar por completo la belleza de la liturgia de Semana Santa, y lo que la Iglesia pide y enseña.
Jueves Santo
Hasta el Jueves Santo seguimos en Cuaresma; no hay lugar para el "gloria" ni el "aleluya". Ha de sobresalir la austeridad penitencial de este Tiempo. Hasta el canto del Aleluya en la noche de Pascua, ha de darse una gran prioridad al silencio, pues es es un "signo sacramental" esencial en estos días, especialmente tras las lecturas, la homilía y la comunión, para favorecer el recogimiento. Con la Misa de la Cena del Señor iniciamos el Triduo Pascual. El canto de entrada que se pide en este día es ''Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor'' (Gal 6, 14). En esta celebración si hay canto del "gloria", pero no habrá canto de "aleluya". El órgano puede acompañar el canto de entrada, el acto penitencial y el gloria, pero una vez terminado el gloria, la liturgia pide que el instrumento enmudezca hasta el aleluya de la vigilia pascual. Es cierto que esto no se cumple a rajatabla, pues con la excusa de sostener el canto se ha normalizado el uso de instrumentos durante todo el Jueves Santo y todo el Viernes Santo. En mi opinión, lo que la Iglesia nos pide es en sí mismo una catequesis: que el órgano enmudezca al concluir el gloria de la misa de la cena del Señor es una invitación a acompañar interiormente al Señor en el cenáculo, en el huerto de los olivos, y en su condena y camino a la cruz. Que el órgano resucite en la Vigilia Pascual es un gesto emocionante que nos ayuda interiormente a la vivencia de la liturgia. Durante el canto del gloria de esta misa de la cena repican las campanas y se tocan las campanillas del altar. Terminada la homilía tiene lugar el lavatorio de los pies; para este momento la liturgia propone 7 antífonas:
1. ''El Señor después de levantarse de la cena, echó agua en la jofaina...'' (Jn 13, 4.5.15)
2. ''El Señor Jesús, después de haber cenado con sus discípulos, les lavó los pies...'' (Jn 13, 12.13.15)
3. ''Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?''... (Jn 13, 6.7.8.)
4. ''Si yo, vuestro Señor y Maestro, os he lavado los pies...'' (Jn 13, 14)
5. ''En esto conocerán todos que sois discípulos míos...'' (Jn 13, 35)
6. ''Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros...'' (Jn 13, 34)
7. ''Permanezcan en vosotros la fe, la esperanza, el amor...'' (1 Cor 13,13)
En las parroquias donde los recursos musicales son escasos, o en las comunidades rurales pequeñas se utilizan cantos más sencillos, pero que recogen estas mismas ideas: Un mandamiento nuevo, Permaneced en mí, Donde hay caridad y amor... Seguidamente tiene lugar el Ofertorio. Para este momento la liturgia pide que se cante ''Ubi cáritas'' u otro canto apropiado. El sacerdote después puede cantar el prefacio (el texto musicalizado está en la página 1169). Si el sacerdote quiere cantar la epíclesis durante plegaria eucarística tiene el texto musicalizado en las páginas 1268 a las 1270. Si va utilizar el canon romano, el resto de plegarias aparecen con el texto musicalizado en las páginas siguientes. El canto de comunión es conveniente que recoja la idea de la antífona de comunión: ''Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, dice el Señor; haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía''. En las parroquias es típico cantar, por ejemplo, "Comiendo del mismo Pan".
Concluida la comunión, se deja la Píxide sobre el altar y tiene lugar el traslado al monumento con el canto del "Pange lingua". Cuando el sacerdote coloca al Santísimo en el Monumento se canta el "Tantum ergo", mientras de rodillas inciensa a Jesús Sacramentado con la puerta del tabernáculo abierta. El sacerdote y los acólitos se retiran sin despedir a la asamblea. Se sale del templo en silencio: no tiene lugar aquí canto alguno. En muchos sitios se cuida también que la Hora Santa no se empiece con ningún canto o saludo ni se termine con canto o despedida. El valor del silencio en estas horas es muy importante, ya que acompañamos interiormente al Señor que ha salido del cenáculo camino del Huerto de los Olivos, donde será prendido y llevado a su condena a muerte.
Viernes Santo
Mucho cuidado deberían tener aquí los sacerdotes: hay personas que se dedican a la música, pero que viven tan al margen de la Iglesia que cuando acuden para acompañar musicalmente la liturgia de Viernes Santo no saben hacerlo, tal vez porque tampoco nadie les ha explicado "nada" o desconocen que ese día no hay "misa". Es el único día del año que la Iglesia no celebra la eucaristía, por tanto, el esquema que traen en mente está ceñido a la estructura propia de una eucaristía dominical o festiva, que no casa con el cuerpo del oficio que se celebra. A veces se ven carteles anunciando el Viernes Santo con la palabra ''Misa'', habría que explicar a los autores que eso no es correcto.
La liturgia del Viernes Santo se empieza en silencio y se termina en silencio, por lo tanto, no hay canto de entrada ni de salida. En este día no hay acompañamiento musical y, ha poder ser, no se encienden todas las luces del templo, sólo las imprescindibles, dando en esa penumbra y ambiente de tinieblas se recuerda el descenso de Cristo a lugar de los muertos.
¿Qué se puede cantar, entonces, el Viernes Santo? En primer lugar el salmo que este día nos presenta la liturgia de la palabra del Oficio que es el 30: ''Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu''. Hay lugares donde se canta la Pasión a tres voces, pero sólo suele hacerse en catedrales y templos muy destacados. Por ejemplo, en Asturias, suelen hacerlo en el Santuario de Covadonga. El evangelio de la Pasión según San Juan puede ir precedido de una aclamación previa, aunque se suele omitir para no alargar en exceso la celebración. Se concluye la Pasión igualmente sin canto alguno, aunque es costumbre muy extendida tras los segundos de silencio guardados tras leer el cronista las palabras ''E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu'', entonar un canto penitencial "a capela", como puede ser "Perdona a tu pueblo Señor", "Perdón, Oh Dios mío", o uno semejante.
La oración universal también puede ser cantada, haciéndose la incoación semitonada y la oración propiamente dicha cantada por el sacerdote, como acostumbre hacer con las oraciones colectas del misal. A continuación se introduce la cruz cubierta en el templo, mientras el sacerdote o diácono entona tres veces ''Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo'', respondiendo toda la asamblea ''Venid a adorarlo''. Es muy importante dejar espacios de silencio entre cada una de las tres aclamaciones. Antes acudían los fieles en filas para besar la Cruz; ahora por prevención sanitaria, se dejan unos minutos de silencio. En otros lugares hacen fila para acercarse al crucifijo, pero los al llegar ante la cruz los fieles, sólo hacen una inclinación de cabeza a distancia. Se intenta respetar la liturgia en función de la realidad sanitaria y pandemia pasada. Durante el momento de venerar la Cruz se cantan los improperios: "Pueblo mío: ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido: ¡Respóndeme!"... Se pueden cantar también otros cantos apropiados como "Ved la cruz de salvación", "Oh Cruz fiel", "Victoria, tu reinarás", etc.
El sacerdote acude al Monumento y lleva al Santísimo al presbiterio; esta pequeña procesión se hace en silencio. Llegado el momento de la comunión, el sacerdote puede entonar la invitación al padrenuestro para seguidamente éste sea cantado por toda la asamblea. Durante la comunión se recomienda cantar el salmo 21: ''Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?'' Aunque también se puede cantar algún otro canto acorde a la celebración, como pudiera ser "Llorando los pecados", "Postrado ante la Cruz"...
Nuevamente, la celebración concluye en silencio: todo el viernes santo es día de silencio, por eso en este día no se tocan las campanas, ni aunque haya un feligrés difunto de cuerpo presente en la localidad.
El Viernes Santo es un día muy propicio para numerosos actos de piedad, como los viacrucis y las procesiones. Para los víacrucis es recomendable utilizar cantos propios que sean conocidos por el pueblo fiel. Para las procesiones de Viernes Santo, cuantos menos cantos mejor; es día para el recogimiento interior, pero si algún sacerdote no es capaz de contenerse y entona algún canto, que éste al menos sea acorde a lo que se celebra y no ocurra como con aquel párroco que entonó en una procesión del Santo Entierro ''Cantemos al Amor de los Amores'', a lo que comentó el coadjutor: ''¡hála, ya se ha cargado el viernes santo convirtiéndolo en jueves!''... Son detalles de sentido común, pues es un día que no se celebra la eucaristía, dado que Cristo está en el sepulcro y no proceden cantos eucarísticos.
Si en la noche hay procesión de "la Soledad", es muy típico en España concluir con la Salve popular en castellano, aunque también se pueden entonar otras piezas conocidas como "Ave Regina Caelorum".
Sábado Santo
Mañana nuevamente de silencio. Hay muchas parroquias que organizan actos marianos en las horas matutinas con rosarios de aurora, laudes, oficio de lecturas o alguna oración especial para acompañar a María en sus horas de Soledad. Se puede cantar "a capella", por ejemplo, "Stabat Mater Dolorosa", "Sola con tu Soledad", "Dolorosa", "Eres Madre Dolorosa", "Sálvame Virgen María", y tantas otras...
Vigilia Pascua
Madre de todas las vigilias, celebrada con fidelidad a las rúbricas, pues es la más gozosa de todas las celebraciones que existen. No voy a detenerme en todos los detalles, pero sí citar lo más reseñable respecto del canto. En primer lugar, la aclamación ''Luz de Cristo" durante la procesión con el cirio pascual. Después el pregón pascual, cuyo texto musicalizado viene en la página 1292 del Misal en su forma larga, y en la página 1299 en su forma breve. El sacerdote suele cantar en esta celebración las oraciones después de cada lectura. Los salmos, que es muy conveniente se preparen antes con tiempo y se canten al menos sus antífonas.
1º Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35cR/. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
2º Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
3º Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 R/. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria.
4º Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
5º Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación
6º Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna
7º Salmo responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 R/. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío
8º Salmo responsorial Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 R/. Aleluya, aleluya, aleluya
En medio de la liturgia de la palabra, cuando concluye la última lectura del Antiguo Testamento con su salmo y su oración posterior, tiene lugar el canto del "Gloria". En este momento se repican las campanas y se tocan las campanillas. Tras la epístola tiene lugar el solemne canto del "Aleluya" que el sacerdote entona tres veces, elevando gradualmente el tono de la voz. Después de la homilía viene la liturgia bautismal: se canta tras la la monición del sacerdote la letanía de los santos. Seguidamente tiene lugar la bendición del agua bautismal que concluye con la antífona ''Manantiales, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos''. Este canto puede hacerse a modo semitonado con una melodía sencilla de alguna salmodia conocida. Si hay bautismos, tras la ablución bautismal y los ritos proios se hace procesión con los neófitos y se puede cantar ''Vi que manaba agua'', u otro canto apropiado. Seguidamente, tiene lugar la bendición del agua común y la renovación de las promesas bautismales. Concluida la renovación de las promesas tiene lugar las aspersión del agua bendita a la asamblea mientras se puede cantar ''Vi que manaba agua del lado derecho del templo, aleluya. Y habrá vida dondequiera que llegue la corriente y cantarán: Aleluya, aleluya'', u otro canto de índole bautismal.
Viene a continuación la liturgia eucarística: para canto de ofertorio conviene uno apropiado que hable al mismo tiempo de la eucaristía y la pascua. En las parroquias rurales es habitual el canto ''Señor te ofrecemos el vino y el pan, así recordamos la cena pascual'', que aunque es un canto que alude más al Jueves Santo, al fin y al cabo el Triduo Pascual está todo entrelazado entre sí. El prefacio pascual I viene el texto musicalizado en la página 1170. La antífona de comunión es ''Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya'' (1 Cor 7, 7 - 8).
Misa de Pascua
La misa del día de Pascua ofrece dos antífonas de entrada posibles: ''He resucitado y aún estoy contigo, aleluya; me cubres con tu mano, aleluya; tu sabiduría es sublime, aleluya, aleluya". (Sal 138, 18. 5-6) o bien: "Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad, aleluya, aleluya". Se pueden emplear otros cantos propios del tiempo pascual. El acto penitencial es sustituido normalmente por al aspersión del agua bendecida la noche de Pascua. Durante el canto del gloria -ya hemos dicho- se hacen repicar las campanas y las campanillas. Tras la epístola y antes del canto solemne del Aleluya tiene lugar la secuencia pascual que también puede ser cantada. En este día, si el sacerdote puede, conviene que se cante la oraciones, el prefacio y la plegaria. En el prefacio de hoy y hasta el próximo domingo se ha de decir ''en este día glorioso''. El prefacio pascual I viene en la página 466, y el texto musicalizado en la página 1170 del misal romano. La antífona de comunión es: "Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Aleluya. Así, pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya, aleluya". La bendición solemne es la misma que la de la vigilia pascual (pag. 317). Se despide a la asamblea con el ''Podéis ir en paz aleluya aleluya''... Como canto final es tradición el "Regina Coeli", para felicitar a la Madre por la resurrección del Hijo.

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