viernes, 19 de abril de 2019

A Jesús Yacente












Duermes, Señor, el sueño de la muerte
tus ojos son luceros ya velados,
tus manos son dos lirios desmayados,
es lívido clavel tu boca inerte.

¿Quién no se mueve a compasión al verte
si claman compasión tus pies llagados,
tus cabellos que en sangre están bañados,
tu rostro cuya palidez se advierte?

Es tal la majestad de tu figura,
impone tal respeto a tu reposo,
que ante ti se anonada la creatura.

Para quien te contempla fervoroso,
no eres sólo un prodigio de escultura
sino de fe y dolor símbolo hermoso.

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