lunes, 1 de abril de 2019

El Cristo del abandono. Por Rodrigo Huerta Migoya

(De la Revista ''Lugones Cofrade'' de la Cofradía del Cristo de la Piedad y Nuestra Señora de la Soledad de Lugones)       

Si hay una imagen que siempre ha sido muy apreciada por los lugoninos en el último siglo, este es el Cristo que hoy preside el presbiterio y el templo en su totalidad. Una efigie de Jesús en sus últimos momentos, realmente hermosa por sus proporciones, sencillez y detalles.

No es un Cristo muerto, con la cabeza inclinada y los ojos cerrados; sino que es un Jesús crucificado lleno de vida, con la cabeza erguida, la boca abierta y la mirada elevada al cielo como pronunciando su séptima y última palabra: ''Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu''.

La Imagen representa desde la angustia de la entrega su último esfuerzo de perdón y reconciliación; su testamento de dejarse en manos del que todo lo puede, por y para nosotros.

Este Cristo que preside nuestras miradas y nuestras celebraciones con los brazos extendidos, es como el sacerdote eterno que acompaña las alegrías y penas del pueblo fiel que a sus pies viene a celebrar los sacramentos que van trazando nuestra existencia. Cuántos bautizos, funerales, bodas, primeras comuniones, unciones de enfermos... se han celebrado a los pies de esta Imagen querida que nos habla de amor y de vida, de misericordia y resurrección.


Este Cristo llegó a la Parroquia en los años cuarenta, mediante la donación de la vecina y feligresa de Lugones Doña María Dolores González Suárez (1874-1963), vecina de la calle La Estación, y más conocida en la localidad como Lola la del Estanco. Hija de Pedro y Rita y esposa de Julián Alonso. Mujer hondamente piadosa que hizo en tiempos nada fáciles este generoso regalo a su Parroquia en los años en que se empezaba a condicionar el nuevo templo. Ya enferma en su casa, recibió los auxilios espirituales de manos del entonces cura Regente de la Parroquia, Rvdo. Sr. D. Julio Fernández de la Riva. Falleció un 26 de Julio en su domicilio familiar cuando contaba 89 años de edad. 

Es una imagen de yeso de aproximadamente 1´20 metros, con la cruz de madera. Actualmente la misma se encuentra deteriorada y ha perdido su brillo natural y su pátina protectora por su permanente exposición a los agentes degradantes, por lo que hace años que el Párroco actual viene estudiando su posible restauración. Igualmente la Cruz requeriría sin mucha tardanza un tratamiento o reposición o restauración completa, dado el efecto que la polilla ha hecho sobre toda ella.

En estos últimos años nuestro Cristo ha sido iluminado con dos proyectores que le alumbran prácticamente durante todo el día y que facilita la oración de los que acuden al templo o lo contemplan desde la reja, sin olvidar que Dios no está ahí, en la imagen, sino un poco más abajo, en el Sagrario, donde Él quiso quedar entre nosotros, el cual se encuentra bajo sus pies e igualmente iluminado.

Y es que la Eucaristía y el Sagrario no son otra cosa que la Cruz. Dios se nos da por su sacrificio, ya que en la Cruz se completa el sí de Jesús a su Padre por nosotros. En el cenáculo nos dice ''tomad, esto es mi cuerpo'', pero en el Gólgota nos da ya su cuerpo entero al ofrecerse por la redención del mundo. El cáliz y el pan de aquella cena con sus discípulos no habría servido de nada sin el sacrificio de su carne atravesada en el madero y la sangre y el agua que brotó de su costado atravesado por la lanza.

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