viernes, 14 de agosto de 2026

Santoral 14 de Agosto: San Maximiliano Kolbe

(Aciprensa) Cada 14 de agosto la Iglesia Católica celebra a San Maximiliano María Kolbe (1894-1941), sacerdote y fraile franciscano conventual que murió voluntariamente en el campo de concentración de Auschwitz (Polonia) durante la II Guerra Mundial. El P. Kolbe pidió ser intercambiado por un prisionero a punto de ser ejecutado. San Maximiliano Kolbe fue un gran promotor de la devoción al Inmaculado Corazón de María y uno de los fundadores de la “Ciudad de la Inmaculada", un complejo religioso construido cerca de Varsovia que contaba con un seminario, un monasterio, una editorial y una estación de radio.

Dos coronas: una blanca y otra roja

Maximiliano, cuyo nombre de pila fue Raimundo, nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, Reino de Polonia (en ese momento parte del Imperio Ruso). De acuerdo al relato de su madre -registrado después de la muerte del santo-, cuando Raimundo era niño, hizo una travesura que ella reprochó enérgicamente: “Niño mío, ¡quién sabe lo que será de ti!”. Días después, la madre vio que el pequeño Raimundo había cambiado de actitud y que oraba llorando con frecuencia ante un pequeño altar que tenía entre dos roperos. Ella le pidió que le contara qué le sucedía. Entonces, con los ojos llenos de lágrimas, Raimundo contestó:

“Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la Iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que aceptaba las dos. Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”. Este hecho marcó la vida de Maximiliano, quien a partir de entonces profesó la más grande de las devociones a la Virgen Inmaculada.

Caballero de la Inmaculada, hijo de San Francisco

Años más tarde, Raimundo se descubrió llamado a la vida religiosa e ingresó a la Orden de los Franciscanos Conventuales. En el noviciado (1910) cambió su nombre por el de “Maximiliano” en honor a San Maximiliano de Celeia, mártir. En 1911 profesó sus primeros votos y en 1914 los votos finales. Es entonces cuando adopta el nombre adicional de “María”, en honor a la madre de Jesús. Como estudiante de filosofía y teología en Roma (Pontificia Universidad Gregoriana), fundó la “Milicia de la Inmaculada” con la finalidad de promover el amor y el servicio a la Virgen y la conversión de las almas a Cristo. En 1918 fue ordenado sacerdote. De regreso a Polonia, publica la revista mensual “Caballero de la Inmaculada” y en 1929 funda la "Ciudad de la Inmaculada" en Niepokalanów, a 40 kilómetros de Varsovia. Luego se ofreció como misionero en Asia. Establecido en Japón, funda una nueva "Ciudad de la Inmaculada" (Mugenzai No Sono) y publica la revista “Caballero de la Inmaculada” en japonés.

La vuelta a Polonia y el inicio de la Guerra

Maximiliano regresa a Polonia unos años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando el clima social y político ya se encontraba convulsionado. Allí se encontró con que “El Caballero de la Inmaculada” -la publicación que fundó y dirigió- se había alejado de su línea estrictamente religiosa, dando un giro inadecuado hacia lo político. Maximiliano, retoma la dirección para enderezar lo que se había torcido, y no pierde la oportunidad de criticar desde la publicación las ideas nacionalsocialistas, es decir, las esgrimidas por el partido nazi, totalmente contrarias a la fe.

Con esto, el P. Kolbe quedó expuesto a la persecución de los nazis. Mientras tanto, continuaba con su servicio sacerdotal heroicamente: alentaba a la gente a mantener la fe y a acercarse al Señor. En solidaridad con el pueblo judío, se negó a ser registrado en la lista de los “alemanes” -su padre era alemán, su madre polaca-, con lo que se hubiese librado de posteriores problemas u hostigamientos. Sin embargo, su opción fundamental era el respeto por la humanidad toda, sin exclusiones. Maximiliano mantuvo una posición firme contra el nacionalsocialismo. Luego de algunos enfrentamientos verbales con los nazis, es apresado y enviado a los campos de concentración. Asignado en Auschwitz, destinado a las barracas, quiso ser signo del amor de Dios en un lugar que todos creían precisamente abandonado por Dios.

El amor más grande: dar la vida

Cierto día un prisionero del campo de concentración logró escapar y los soldados alemanes, en represalia, y como muestra de severidad, seleccionaron a 10 prisioneros para que mueran de hambre en los calabozos. El décimo número le tocó al sargento Franciszek Gajowniczek, polaco también, quien exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos”.

Ante esto, el P. Maximiliano se ofreció para ser intercambiado por el condenado a muerte. El sacerdote fue llevado a un subterráneo, donde alienta a los demás prisioneros a mantenerse unidos en oración. Después de varios días, sin comida ni agua, todos han muerto y solo él queda vivo. Para desocupar el lugar, los soldados decidieron aplicarle veneno, procedimiento que se conoce como “inyección letal". El P. Maximiliano rezó así hasta el final: “Concédeme alabarte, Virgen santa, concédeme alabarte con mi sacrificio. Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir…”. Murió el 14 de agosto de 1941, a los 47 años de edad. El Papa San Pablo VI lo declaró Beato al P. Kolbe en 1971. Fue canonizado por San Juan Pablo II -su compatriota- en 1982. En la ceremonia el Papa polaco lo honró con estas palabras: “Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida”.

Mañana

 

jueves, 13 de agosto de 2026

13 de Agosto: Memoria del Beato Juan Díaz Nosti C.M.F. y compañeros

El Beato Juan Díaz Nosti nació en Oviedo (Asturias) el 17 de febrero de 1880. Creció en el seno de una familia profundamente cristiana, ambiente que favoreció el rápido florecimiento de su vocación religiosa. Atraído por el carisma misionero de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos), decidió ingresar en la congregación, convirtiéndose históricamente en el primer religioso asturiano en profesar los votos dentro de este Instituto religioso fundado por San Antonio María Claret.

Dotado de una notable capacidad intelectual y una profunda vida interior, Díaz Nosti fue enviado a realizar sus estudios eclesiásticos de Filosofía y Teología en los centros formativos que la congregación poseía en Cervera y Santo Domingo de la Calzada. Tras completar con brillantez su preparación, recibió la ordenación sacerdotal en Zaragoza en el año 1906. A partir de ese momento, su vida estuvo guiada por la docencia y el gobierno comunitario. Debido a su carácter prudente, afable y a su sólida preparación teológica, sus superiores le confiaron altas responsabilidades. Fue profesor de Teología Moral dedicando gran parte de su ministerio a la docencia, formando a las nuevas generaciones de sacerdotes. Ejerció como guía espiritual y académico de los estudiantes claretianos en su etapa final de formación como Prefecto de Teólogos. Desempeñó el cargo de superior en conventos y seminarios de ciudades clave como Barcelona, Cartagena, Zaragoza y, finalmente, Barbastro.

En el verano de 1936, el padre Juan Díaz Nosti se encontraba en el caserón-seminario de los claretianos en Barbastro (Huesca), desempeñando el cargo de prefecto de los estudiantes de teología. En la casa residía una numerosa comunidad compuesta mayoritariamente por jóvenes seminaristas, además de los formadores y hermanos coadjutores. Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y el inicio de la Guerra Civil, la situación en Barbastro se volvió extremadamente peligrosa para los religiosos. El 20 de julio, las milicias revolucionarias locales asaltaron el seminario. Toda la comunidad fue arrestada y confinada en el salón de actos del colegio de los Padres Escolapios, convertido provisionalmente en prisión. Durante las semanas de cautiverio, el padre Juan se significó por ser un pilar de fortaleza espiritual para los jóvenes estudiantes, exhortándolos a mantener la fe y preparándolos sacramentalmente para el desenlace que se presentía inevitable.

El ensañamiento contra la cúpula de la comunidad claretiana no tardó en ejecutarse. En la noche del 2 de agosto de 1936, los milicianos seleccionaron a los tres principales responsables de la casa para ser los primeros en morir. Junto al padre superior Felipe de Jesús Munárriz y al administrador de la comunidad Leoncio Pérez Ramos, el padre Juan Díaz Nosti fue conducido a las puertas del cementerio de Barbastro. Allí, en la penumbra de la madrugada, los tres sacerdotes fueron fusilados debido a su condición religiosa. Con su muerte, se abrió el trágico goteo de ejecuciones que pocos días después acabaría con la vida de un total de 51 miembros de aquella comunidad claretiana.

El testimonio de fidelidad de los religiosos de Barbastro conmovió a la Iglesia universal. El proceso de canonización avanzó con firmeza y, el 25 de octubre de 1992, el papa Juan Pablo II los beatificó solemnemente en Roma. Con esta proclamación, Juan Díaz Nosti inscribió su nombre en la historia eclesiástica de su región natal al ser reconocido como el primer beato nacido en la ciudad de Oviedo. Su memoria litúrgica se celebra cada 13 de agosto de manera conjunta con la de sus compañeros de martirio, siendo recordados en el santuario edificado en su honor en Barbastro, donde reposan sus restos, así como en los altares de las iglesias claretianas de toda España.

Ante las Fiestas de Viella 2026


Queridos feligreses y amigos de la parroquia de Santa María de Viella:

Al llegar al ecuador del verano, Viella vive sus días grandes celebrando la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Es una fecha de profunda alegría espiritual en la que contemplamos a nuestra Madre en la gloria del cielo, recordándonos el destino de esperanza al que todos estamos llamados. La fiesta patronal no es sólo una suma de recuerdos pasados; es, ante todo, una oportunidad para vivir el presente sin olvidar el ayer ni angustiarnos por el mañana. En un mundo que a veces camina deprisa y de forma individualista, estos días nos invitan a mirarnos a los ojos, a compartir la misa y la mesa, y a fortalecer la fraternidad vecinal. A veces hay diferentes formas de ver las cosas, complicaciones, contratiempos, momentos de dificultad... Ante esto San Cipriano de Cartago hacía una reflexión muy apropiada: «Las pruebas que vienen a probarnos no son para destruirnos, sino para manifestar la virtud que hay en nosotros». La convivencia no siempre es fácil, pero los asturianos siempre hemos llevado a gala que no hay problema enquistado que no se pueda arreglar delante de un plato, de un vaso o una taza de café, tras una misa. 

Estas fechas y estas fiestas son el momento perfecto para "alzar la mirada" (Jn 4, 35). Es tiempo de abrir las puertas de nuestras casas, abrazar a quienes regresan estos días a descansar un poco en un hogar asturiano y compartir la alegría con los que son amigos, incluso con los que no lo son. Detrás de cada bombilla que ilumina el campo de la fiesta, de cada nota musical del acordeón y de cada acto, hay meses de ilusión y trabajo vecinal para mantener vivas las raíces. Gracias a la Comisión de festejos por su esforzada labor de cada año no sólo por mantener viva la fiesta, sino por tratar siempre de mejorarla. Son estas unas fiestas con mucho pasado a sus espaldas. Y es que el amor de los Paxarros a la Madre de Dios es una realidad milenaria particularmente aquí, tal y como como atestigua un documento del año 1076 que habla de la existencia en este lugar de un monasterio llamado Santa María de Nozana. La devoción de nuestros antepasados por la Reina del cielo ha quedado manifestado como un vínculo íntimo entre Viella y María de Nazaret. Que no se quede en una tradición fría o meramente rutinaria, sino que cuidemos y potenciemos esta unión de hijos con la que es Madre espiritual que consuela, intercede y acompaña nuestras necesidades, penas y dolores. Que hermoso es saber que al tener todos a la misma Madre, podemos sentirnos todos hermanos.

El célebre teólogo dominico San Alberto Magno afirmó: "Jamás se dirá bastante de María; nunca se la honrará ni se la amará bastante; su dignidad y grandeza están por encima de todo lo creado". Quizás esto lo tiene tan interiorizado el pueblo cristiano y más aún aquí en España, que con razón en pleno mes de agosto prácticamente se paralice el país para hacer fiesta grande por María. Pero aún en medio del festejo hemos de seguir insistiendo por el fin de la violencia y el triunfo de la Paz. El pasado 15 de Agosto el Papa León XIV decía en el rezo del Ángelus: ''Hoy queremos encomendar a la intercesión de la Virgen María, asunta a los cielos, nuestra oración por la paz. Ella, como Madre, sufre por los males que afligen a sus hijos, especialmente a los pequeños y a los débiles''. La Paz no es algo que se limite a los gobernantes de las naciones; la paz es tarea de todos. Necesitamos ser instrumentos y constructores de paz, con nuestras palabras y con nuestros gestos. A veces uno está como el rei nun paxu, nos quedamos en la comodidad de nuestros cuarteles de invierno, cuando tantos lazos de camaradería y fraternidad podríamos entretejer y renovar.

Os invito a participar con fe viva en la liturgia de la Asunción, pidiendo a María, nuestra Madre, que bendiga a cada una de nuestras familias, cuide de nuestros paxarros mayores y guíe a nuestros paxarrinos. Le pedimos también a Ella, que es Señora del cielo, que interceda por nuestros difuntos. Que nos lleve a su Hijo, fruto bendito de su vientre. Y que la alegría de estos días festivos se traduzca en gestos de acogida, solidaridad y entendimiento entre todos... Os deseo que paséis unos días felices de descanso y convivencia bajo el manto protector de nuestra Patrona.

A este afallaizu puebliquín de Viella: ¡Felices fiestas de la Asunción 2026!

Con mi bendición y afecto.

Joaquín Manuel Serrano Vila,
                                                                         Párroco

miércoles, 12 de agosto de 2026

Santoral del día: Santa Juana Francisca de Chantal

(COPE) La mujer de este día tuvo un gran espíritu contemplativo de Dios que se unió a su caridad. Hoy celebramos a Santa Juan Francisca de Chantal. Nace en Dijon (Francia) en el año 1572. Hija de familia noble, de muy joven se casó con el barón de Chantal, un militar de prestigio y muy religioso. De él hereda el título nobiliario.

Fruto de su matrimonio nacen seis hijos. Su gran capacidad administrativa es valorada por el marido, por lo que le deja en sus manos la gestión de los bienes y del Palacio que necesitaba retoques. Tras ordenar los estamentos y el entorno, propone la oración para la familia y la servidumbre.

Por fin muestra su faceta más caritativa con los pobres y las víctimas de la hambruna que le tocó padecer. Entonces fija varios parámetros en la vida familiar de la servidumbre. Pronto mueren dos de ellos y su esposo. Entonces busca consuelo en el confesionario.

En su camino aparece San Francisco de Sales, que será su Director Espiritual. Él le aconseja para descubrir lo que la Providencia le pide. Descubriendo un camino de consagración, y tras posicionar bien a sus hijos, fundó la Orden de la Visitación, dedicada a asistir a mujeres de frágil salud.

El nombre que le da es salesas por el Santo que le apoyó. Con el tiempo se vio más oportuno que se dedicasen a pedir al Señor por la Iglesia. Con eso se transforma en Orden de Clausura. Santa Juana Francisca de Chantal muere en en el año 1641.

El cielo proclama la gloria de Dios. Por Pablo Cervera Barranco

(Rel.) Cuando yo era joven, al llegar el verano, mi director espiritual me indicaba que buena forma de hacer oración en esta estación era la de contemplar, admirar la creación, la naturaleza en todos sus aspectos, y elevar el corazón asombrado y agradecido a Dios, alabándole por tanto beneficio. El salmo 18A nos guía de manera privilegiada por esta senda. Los bosques, los lagos, el mar, las montañas, las torrenteras, las aves, todos los animales, todo lo creado se nos presta para elevar el corazón y el espíritu. Al fin y al cabo eso es la oración.

«El cielo proclama la gloria de Dios, y el firmamento la obra de sus manos». El salmo 18 se abre con una afirmación simple que no necesita de grandes explicaciones técnicas ni exegéticas: lo creado nos habla. San Buenaventura decía que Dios nos habla mediante dos libros: el de la creación y el de la revelación. Lo hace de modo discreto pero elocuente, sin grandes discursos. Y este modo de hablar llega a todas las épocas, culturas y lenguas. Se trata, podríamos decir, de una revelación universal. Los cielos están ahí para todos: para el incrédulo, para el creyente, para el niño, para el anciano…

El cielo proclama, la realidad anuncia. Pregón, mensaje, proclamación… Se nos invita a mirar hacia afuera y hacia arriba, frente al repliegue subjetivista en que la época moderna sumerge al hombre. El firmamento con toda su belleza y hermosura es un pregón de la obra de Dios; la noche lo transmite sin palabras en el silencio misterioso de la oscuridad. ¿Es todo esto casual? Si todo es materia eterna, ¿cómo engendra en nosotros pensamiento?

La creación como primer lenguaje de Dios

Este salmo presenta una teología natural sólida: la creación es un signo. El signo remite a una realidad ulterior. No nos fuerza, nos interpela si somos honestos y nos lleva al reconocimiento de Alguien que está más allá de todo, sosteniéndolo en el ser. Todos recibimos este mensaje independientemente de nuestra condición. El mensaje resuena y evoca hasta los confines del orbe (Rom 10,18). El cántico a las cosas creadas se convierte en una magnífica profesión de fe en la trascendencia del Dios único, autor de la naturaleza (el firmamento), un canto a la bondad y sabiduría divinas.

Son solo seis versículos los de este salmo, pero «atronadores» en su silencio que busca catapultarnos a Dios. Sin resolver el problema de Dios no se resuelve el problema de la propia existencia, ni el sentido de la vida, ni la razón de la esperanza. Pero un hombre sencillo y sano descubre la realidad de las cosas casi por connaturalidad, y es capaz de escuchar la voz del silencio. Cristo lo dijo así en una ocasión solemne: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y prudentes, y las descubriste a los pequeñuelos» (Mt 11,25-27).

El sol, imagen de un orden no improvisado

En el centro del salmo aparece el sol, descrito con una fuerza poética que roza lo litúrgico. El sol representa un orden objetivo, una ley inscrita en la realidad que no depende del capricho humano. ¡Qué despliegue, qué grandiosidad, qué incendio de luz! Ese gigante era un dios en la mitología pagana, no aquí, pues el Creador «ha puesto su tienda al sol», le ha creado una tienda de campaña. El sol balbucea la grandiosidad de Dios.

En una época que desconfía de cualquier norma y sospecha de toda estructura, el salmo 18 recuerda que la creación no es caótica ni arbitraria. Hay un ritmo, una coherencia, una finalidad. El sol no discute su trayectoria ni la redefine cada día. Por eso, ilumina y da vida. El hombre moderno contrasta con ello, al estar siempre tentado de redefinirlo todo.

«Estábamos en el campo, en verano, y anochecía. El ambiente se había quedado silencioso, en esa especie de tensa expectación que a esa hora se produce en la naturaleza. Nosotros no podíamos apartar la vista del horizonte. Resplandeciente como un ascua de oro, con mil reflejos nacarados, iba ocultándose lentamente el sol. Entonces pensamos en lo que Dios, con un poco de luz y otro poco de vapor de agua, había hecho para nuestro destierro» (Lamberto de Echevarría, Dios: el gran misterio [BAC, 1979] 30).

Una advertencia para un mundo sordo

El Salmo 18 no es solo una alabanza, sino una advertencia para los que no escuchan. Dios sigue hablando sin palabras a todo aquel que lo quiera escuchar. La naturaleza merece ser contemplada, no solo estudiada técnicamente hasta sus últimos extremos. Es algo más que objeto y materia. Si se reduce a esto, entonces la creación deja de hablar de Dios. Los griegos decían que la metafísica comenzaba con el asombro: hay ser antes que nada. El salmo nos invita a recuperar la mirada limpia, capaz de asombrarse. Ciencia (razón) y fe no se excluyen, se reclaman. Son las dos alas de las que hablaba san Juan Pablo II en la encíclica Fides et Ratio.

Los cielos siguen pregonando la gloria de Dios, lo que ha cambiado es nuestra disposición a escucharlos. El mundo no es algo improvisado, sin sentido, sino una obra que remite a su Autor. Esta oración bíblica no nos aleja del mundo, nos devuelve a él con una mirada más verdadera.

«Te doy gracias, Dios mío, creador nuestro, por haberme permitido contemplar la hermosura de tu creación, y yo me alegro de las obras de tus manos… y he anunciado a los hombres el esplendor de tus obras, en la medida en que mi espíritu limitado las ha podido entender...» (J. Kepler, inventor del telescopio astronómico).

martes, 11 de agosto de 2026

Santoral del día: Santa Clara

(COPE) La pobreza hasta llegar al total desprendimiento de todo, se unen en la Mujer de este día. Hoy celebramos a Santa Clara. Nacida en Asís en el año 1193 procede de una familia muy adinerada y de alta posición. Pero estas cosas le parecían efímeras a ella porque oyó hablar a su paisano Francisco y se sintió tocada por el Cielo.

No quiso tener nada de esas riquezas y rechazó dos planes que fraguó su familia para casarla. Al llegar a la mayoría de edad, el Domingo de Ramos de ese año se fue en busca de Francisco que le cortó el cabello y le impuso un sayal para hablar de la renuncia al mundo.

El paso siguiente fue instalarse en la Iglesia de San Damián para vivir en el más absoluto desprendimiento. Su estilo llamó la atención de otras mujeres -entre ellas su madre y su hermana- que comenzaron a a acercarse y a unirse a esa forma de vida.

Con todas ellas funda las Damas Pobres de San Damián, también llamadas clarisas. Como pasa en la vida contemplativa, se sustentan por la pobreza, castidad y obediencia. Poco después, es nombrada Superiora de la Comunidad, intentando dejarlo varias veces en vano.

Sobre todo es grande su amor al Señor Sacramentado. Debido a esto es también Patrona de la televisión porque cuando estaba en la cocina y tocaban alzar a Dios en la Iglesia, ella siempre lo veía a través de la pared que se trasparentaba. Santa Clara de Asís muere en el año 1253.