viernes, 2 de enero de 2026

El venerable Don José Rivera y el demonio. Por R. H. M.

La vida del sacerdote Don José Rivera Ramírez, estuvo marcado por muchos matices que vivió de forma ejemplar. Uno de estos fue la lucha contra el maligno, que no le dejó en paz en vida ni parece que se haya rendido aún ya muerto. Es esto algo a reflexionar; lo que le preocupa al príncipe de las tinieblas es que haya santos y, en especial, sacerdotes de la fuerza de atracción espiritual de nuestro Venerable. Ya en vida no le faltaron a Don José sacerdotes, religiosas y laicos que le querían y le tenían por padre espiritual, confesor, amigo, modelo y referente. Pero tampoco le faltaron detractores, perseguidores y enemigos; personas que a menudo desde el desconocimiento fueron instrumento del mal para intentar acabar con la obra espiritual de Don José.

Fueron tales las oleadas de ataques furibundos contra este sacerdote, que no era ni siquiera párroco ni ostentaba cargo distinguido en la diócesis, que su vida ministerial los últimos años se limitó a la dirección espiritual, la confesión, la vida de oración, la penitencia, el estudio, los ejercicios espirituales y los retiros. Y aún así, esa figura de maestro de oración y discernimiento ponía de los nervios a no pocos. Se le acusó de loco, ególatra, de hacer negocio con las limosnas que pedía para sus obras de caridad, etc. Hasta se le llamó la atención en más de una ocasión por diferentes denuncias que al Arzobispado llegaban contra él. Tal es así, que llegó a estar tan cuestionado que hasta se tomaron medidas con él, como por ejemplo la prohibición explícita de no pedir limosnas. Los ataques y calumnias cambiaban, pero el fin último era silenciar y poner fin a las peregrinaciones de almas a él acudían. Don José, tras llevarlo a la oración y reflexionar lo profundamente, pide al Arzobispado permiso para abandonar la diócesis y ser enviado a otra donde no le conocieran ni hiciera "ruido", o incluso a "misiones". Gracias a Dios, Don Marcelo no se lo permitió.

La casa familiar, edificio señorial toledano, fue también una cruz en la vida de Don José, que le ayudó a vivir crucificado. No es que tuviera malos recuerdos de su casa paterna, o que fuera un símbolo de un lugar poco cristiano; en absoluto, fue ese hogar de la calle Santa Isabel 2 un verdadero hospital de campaña, que diría el Papa Francisco. No sólo por que el padre de Don José que era médico tuviera allí su clínica, sino porque todo el que llamaba a esa puerta o acudía a ese lugar pidiendo ayuda era acogido como al mismo Señor. La fama de caritativo de su padre y de mujer de piedad de su madre, marcó aquel lugar. No pocos sacerdotes y religiosos frecuentaban aquella casa, y no eran clérigos amigos de tertulias de café y comidas enjundiosas, sino hombres de Dios, padres de espíritu y modelos de caridad, que encendieron los corazones de aquella familia. Por citar algunos, el recordado Don Eusebio Ortega, Don Sabino Catalán Fraguas o el Beato Pedro Ruiz de los Paños, de cuyo martirio el padre de Don José Rivera fue testigo de algún modo, al ser el último en verle con vida. El hermano mayor de nuestro Venerable, Don Antonio Rivera, será el renombrado ''Ángel del Alcázar'', apóstol de la acción católica que murió a consecuencia de las heridas sufridas en 1936 en los hechos vividos junto a los sublevados. Nunca empuñó un arma, sólo llevó un evangelio y un cilicio, y predicó la paz, la misericordia y el amor en medio de aquella guerra que empezaba. De los cuatro hijos de José Rivera Lema y Carmen Ramírez Grisolía, de las dos hermanas, Carmelina, que profesará como religiosa de clausura, y Ana María, será ésta la que cuide de su hermano sacerdote toda su vida. Por tanto, no hablamos para nada de una casa donde hubiera pecado. Sin embargo, Don José soñaba con vivir la pobreza radical, y hasta logró buscarse una casita pobre y pequeñísima con apenas una habitación, un baño y un espacio para el oratorio. Un sacerdote al que le preocupaba aquel experimento, informó al Cardenal-Arzobispo Don Marcelo, quien le prohibió taxativamente dejar su casa de siempre. De ahí esa frase que el venerable decía con humor cuando alguien le sacaba el tema: ''soy todo lo pobre que me dejan ser''. Él se había ordenado a título patrimonial; de una forma clara aquel edificio estaba muy ligado a su ministerio, pero aquello eran rescoldos del pasado, él quería ser un sacerdote diocesano en plena obediencia a su Obispo. Y la obediencia le impidió dejar su hogar, primero siendo coadjutor de Santo Tomé, y después en los años de atención espiritual a tantas almas, con sus cargos en el Seminario de San Ildefonso y del de vocaciones tardías, Santa Leocadia, promovido por él. 

El demonio le había acosado ya de niño; fue rebelde en todos los sentidos, incluido para la vida espiritual. Le hizo sufrir como preadolescente por su rechazo a asistir a la santa misa, algo que se vivió con dolor entre los suyos. El pequeño José vivió dudas, crisis y, en otras épocas, escrúpulos; más su hermana Carmelina sería uno de sus ángeles de la guarda que le ayudaría a regresar al buen camino. Se alimenta de buena literatura espiritual, de la mística y la poesía religiosa, hasta tal punto que siendo aún adolescente ya conocía al detalle a Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y las obras espirituales de otros santos españoles del Siglo de Oro, como San Juan de Ávila. Así termina en la Universidad Complutense de Madrid estudiando literatura, hasta que cae en la cuenta de que el Señor verdaderamente le llama al sacerdocio. Hay muchos buenos pastores que marcarán en su vida: el P. Nieto, el P. Aldama, D. Manuel Aparici, D. Amado el párroco de Santa Leocadia, D. Anastasio Granados... Hasta fue compañero de curso de Monseñor Gabino Díaz Merchán, quien testificó en el proceso diocesano de su Causa de Beatificación. El demonio también tiene sus astucias para poner trabas en el camino de la santidad de las personas, y esto lo vivió Rivera ya en su piadosa juventud. La exigencia que se puso a sí mismo casi le destruye, como le pasó a tantos santos cuando se pusieron manos a la obra para dejar las cosas del mundo y centrarse sólo en Dios. Tristemente, hay que reconocer que se ha acuñado el concepto de espiritualidad riveriana como algo peyorativo, excesivamente radical y desmedido en la vivencia de la piedad. ¡Nada más lejos de la realidad! Una característica de Don José es la dulzura, la flexibilidad, la propuesta antes que la imposición... A él casi le destruye la vivencia desmedida, ciega y extrema de la obediencia, y esto le obligó a parar en su camino de santidad, sanarse y retomar esta obligación con más sosiego y normalidad, pues le afectó mucho psicológicamente. Desde 1966 hasta 1968 deja Salamanca y se retira en una casa de los Hermanos de San Juan de Dios para reponerse espiritualmente de su agotamiento psicológico, fruto de las exigencias que a sí mismo se imponía. 

Jugó un papel fundamental en la nueva orientación que Don Marcelo dio al Seminario de San Ildefonso tras su pastoral ''Un Seminario nuevo y libre''. El amor de Don Marcelo a la Hermandad Sacerdotal de Operarios Diocesanos fue palpable, pues nunca quiso prescindir de ellos ni retirarles la dirección del Seminario. Sin embargo, era consciente de que era una empresa muy grande la que les pedía, y una figura clave, en especial en el nuevo ambiente espiritual que asumirá el Seminario, será la figura de Don José Rivera, que el Arzobispo reclama para este fin en 1975. Hay quienes apuntan que gran parte del cambio, del éxito de la dirección tomada por Don Marcelo en el seminario toledano fue el haber reclamado el retorno de Rivera a Toledo, el cual atesoraba a sus espaldas 18 años de director espiritual primero en Salamanca, en el colegio de Santiago (después llamado de El Salvador) y luego en el colegio "Hispano", llamado luego de Guadalupe. Cuando Don José es reclamado por Don Marcelo estaba de director espiritual en el seminario diocesano de palentino, donde llevaba desde 1970. No faltaron críticas a aquella decisión del Arzobispo; el maligno estaba muy feliz viendo el seminario toledano casi vacío, y el retorno de Rivera a la Ciudad Imperial aceleró el cambio de las tornas, y que un edificio casi vacío se quedara pequeño... 

Los últimos meses de vida de Don José estuvieron marcados por la cruz, el silencio, la inactividad forzada (parecía que el demonio -no faltó éste tratando de salirse con la suya- había triunfado incluso en la enfermedad y en últimos días de vida de Rivera). El infarto que sufrió el 13 de marzo de 1991 a sus 65 años de edad, fue el comienzo del fin. Ingresado en el hospital de Nuestra Señora de la Salud de Toledo, el demonio le quitaba todo sosiego. En su cabeza muchas preocupaciones: las deudas que tenía, sus documentos que no había destruido, pero lo que más le angustiaba era verse a las puertas de la muerte y estar tan lejos de la santidad. Sufrió mucho, aunque la primera visita de Don Demetrio Fernández -entonces Rector del Seminario de Santa Leocadia- le dio bastante paz, pues le aseguró que diera sus deudas por saldadas y, respecto a su angustia de que Dios no le podía llevar sin haber hecho su obra en él, Don Demetrio le respondió con una frase suya: “Dios le puede conceder esa santidad, tanto tiempo esperada, en un instante”. Su muerte no supuso que el maligno claudicara en su labor contra este hombre de Dios, aunque hubo personas que reaccionaron a su muerte reconocieron que habían sido injustos, que le habían impuesto sufrimientos innecesarios y que se habían equivocado en sus juicios. 

La reacción de la ciudad y la Diócesis fue histórica, especialmente la reacción de los pobres y de sus queridos gitanos, que portaron su féretro. Ya siendo seminarista frecuentaba con su madre las cuevas del río; los pobres fueron siempre su pasión principal. Inolvidable aquella pintada en una pared el día de su funeral: ''San José Rivera, el santo de los gitanos''. Ya en la misa funeral se pidió la apertura de la Causa llegado el momento, beatificación que puso en marcha el arzobispo de Toledo Don Francisco Álvarez Martínez el 21 de noviembre de 1998, siendo clausurada dicha fase diocesana el 21 de octubre del 2000. El 30 de septiembre de 2015 José Rivera fue declarado Venerable por la Iglesia Católica. Su cuerpo, como él había pedido, se donó a la Facultad de Medicina de Madrid. Ese sentido de despojamiento total lo cumplió hasta en eso. La fama de santidad llegó a la Facultad de Medicina, hasta el punto que nunca se atrevieron a tocarlo. Enterados de esto en la Diócesis, el Cardenal-Arzobispo Don Marcelo, solicitó su cuerpo. El 24 de marzo de 1994 recibió cristiana sepultura en la iglesia de San Bartolomé, en la capilla del Seminario Mayor Diocesano para Adultos de Santa Leocadia. Para algunos también el maligno hizo las suyas aquí, pues el templo al quedar sin culto regular se convirtió en una dificultad para los fieles poder acceder a su sepulcro. 

Respecto a sus escritos él había pedido la destrucción de todos, salvando únicamente lo que pudiera ser de provecho. Don Marcelo vio la solución: ''como todo va ser de provecho, que no se destruya nada''. El príncipe de la mentira sigue queriendo hacer de las suyas, Don José sigue alejando muchas almas de sus garras, y eso no lo perdona... 

Gracias Don José, por seguir siendo maestro de espíritu desde el cielo. 

Año nuevo

 

jueves, 1 de enero de 2026

Maternidad de Santa María. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Con la celebración de este día concluimos la Octava de Navidad. Todos los años me gusta recalcar esto; no es misa ni fiesta de "año nuevo", los cristianos ya hemos entrenado nuestro propio año con el domingo primero de Adviento. Pero viene muy bien esta coincidencia para iniciar el nuevo año civil de la mano de María, que siempre nos lleva a su Hijo. Cuando veáis un cartel a la puerta de un templo que ponga "1º de enero: misa de año nuevo", tienen que saltar las alarmas de la liturgia. Eso lo ha tenido que poner alguien que no se entera de nada. Nosotros, hoy celebramos exactámente lo que nos dice San Pablo en su carta a los Gálatas: "Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley". María y José, a los ocho días de nacer Jesús le llevan a circuncidar, por eso dice el Apóstol con gran sentido "nacido bajo la ley"; no sólo este detalle nos sirve hoy para pensar en el sentido de saber que cumplían con la ley judía, sino que ya estando en el vientre de su madre, ante el decreto de Roma para el censo, también se trasladan y se someten a la ley, por lo que Cristo, de algún modo, nació fiel a la ley civil y religiosa de su tiempo, lo que nos revela la fidelidad de sus padres en el cumplimiento de toda norma. El evangelio de hoy también incide en esto: ''Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el Ángel antes de su concepción''.

A veces se afirman cosas que no corresponden con el sentido verdadero de la navidad: los hay que dicen que la navidad es sólo motivo de fiesta por ser el cumpleaños del antisistema, libertario y revolucionario más grande de la historia: ¡Qué tristeza quedarse con una visión ideologizada de la figura, vida y mensaje de nuestro Redentor!... Él, siendo libre, se hizo esclavo, para liberarnos con su esclavitud. No vino a abolir la ley y los profetas, sino a darles plenitud. No vino a terminar con lo religioso, sino a convertir en carne lo que era piedra, a dar corazón, sentido, hondura y horizonte a la condición humana. Dios no hace un carnaval aquella primera navidad de la historia, no se disfraza de hombre, sino que se encarna en nuestra propia carne. Esto es algo muy grande: tomar conciencia de que nuestro Dios quiso pasar por uno de tantos, experimentar la fatiga, los dolores, las decepciones, las calumnias, las penas etc. Qué grande es nuestro Dios que no nos salva con un mando a distancia o con una orden desde el cielo, sino que viene vulnerable y en pañales para irse también crucificado, y prácticamente desnudo. Podía haberlo hecho de otra manera, pero lo hizo así. San Ireneo de Lyon argumenta un principio teológico clave para entender este actuar del Creador: "sólo se puede salvar lo que se ha asumido". Y para que viniera a nosotros el Mesías era imprescindible María, cuya maternidad es el título principal que da sentido a todo dogma mariano. María es ante todo ¡Madre! 

Esta solemnidad es relativamente moderna, quizás algunos recordéis cuando en este día se celebraba "la circuncisión del Señor", o "el Dulce Nombre de Jesús", que ahora es el día 3. Fue el Papa San Pablo VI quien quiso colocar esta liturgia de "la maternidad de María" como colofón a la Octava de Navidad con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Qué misterio tan grande éste: María, una mujer que es madre de nuestro Salvador, el cual se hace hombre sin dejar de ser Dios; y Ella le concibe y da a luz sin perder su virginidad. No se puede ser de Cristo sin ser de María, ni se puede ser de María sin ser de Cristo. Ahí está aquella rueda de prensa del papa San Juan Pablo II en un avión, cuando una periodista le preguntó: Santo Padre ¿por qué es usted tan mariano?, y el Papa Polaco con esa genialidad tan suya, respondió: ''por un motivo cristológico''... Aunque no entre en nuestra cabeza, dado que nos supera el misterio, debemos de tener claro que no sería posible el niño Hijo de Dios, sino de la madre Virgen; si negamos una de las dos verdades la ecuación no sale. Por eso la Iglesia llama a María desde el año 431 en que así la reconoció el Concilio de Éfeso, como la “Theotokos”: María Madre, la que dio a luz al Salvador, el Hijo de Dios.

También desde la Parroquia os deseamos feliz 2026 deseando que sea un tiempo de gracia, un tiempo para acercarse más a lo que espera Dios de nosotros, y alejarnos de aquello que nos separa de Él. Que en el nuevo año civil se cumpla la plegaria del salmo y así ''el Señor tenga piedad y nos bendiga''. Igualmente, la bendición que hemos escuchado en el pasaje del libro de los Números y que Moisés dicta a Aarón, es la mejor plegaria que la Sagrada Escritura nos regala en este día: que el Señor nos ''bendiga'', ''proteja'', ''ilumine su rostro sobre nosotros''... Y, especialmente, ''que nos ''conceda la paz''. El 1 de enero la Iglesia Católica celebra también la Jornada Mundial por la Paz, trabajemos por la paz empezando por cada uno de nosotros; no se puede reclamar la paz cuando luego odiamos al que no piensa como yo. Y es que la paz, como dice el Papa León XIV, ''nace y se forja desde el corazón''.

Decir feliz 2026 y feliz año, cada nueva fecha y calendario, es también una plegaria: tantos años desde que Cristo se encarnó, desde su nacimiento en Belén. Todo nos habla de Él. Contemplarlo en brazos de María ha de llevarnos también a pensar: ¡cuántos han muerto esperando saber si era verdad que llegaría el Mesías, y no lo vieron! Y a nosotros se nos concede esta gracia: haber nacido después de Cristo, lo que nos hace vivir con la seguridad de que Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte. Con frecuencia, hay quienes suspiran en estos días por pedir que todo cambie, que vengan tiempos mejores, una situación económica más solvente, una casa más grande, vivir en un lugar más idílico... Y quizás lo que tenemos que pedir al Señor es que seamos capaces de ver con otros ojos lo que tenemos y lo que no llega. Ser felices con lo que tenemos y aceptar lo que no podemos cambiar ni depende de nosotros. El Hombre se equivoca al pensar que el tener, el poder y el placer dan la felicidad. Ahí está el fracaso y frustración de su propia condición presente y de futuro.... Que donde Dios nos plante en este 2026 seamos capaces de florecer. 

Evangelio en la Solemnidad de la Madre de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Sacerdotes fallecidos en 2025



2 de Enero, Rvdo. D. Rafael Santos Laso, Párroco emérito de Salinas (Castrillón). Había nacido en Palencia de Negrilla (Salamanca) en 1931. Ordenado sacerdote en Comillas en 1955. Falleció en el Hospital San Agustín de Avilés. Presidió el funeral por su eterno descanso el Vicario General en Salinas. 

1 de Febrero, P. Jesús María Martín Mateo S.J. (Residencia de Padres Jesuitas de Oviedo). Había nacido en Valladolid en 1932. Ordenado sacerdote en 1962. Falleció en el Hospital Monte Naranco Oviedo. Presidió el funeral el Vicesuperior de la Comunidad P. Teodoro García, a continuación sus restos mortales fueron incinerados en el Tanatorio Los Arenales recibiendo cristiana sepultura en el Panteón de Comunidad en el Cementerio del Sucu en Ceares (Gijón).

16 de Febrero, Rvdo. Sr. D. Manuel Suárez Peñalosa, Capellán Castrense retirado. Administrador parroquial emérito de San Juan Evangelista de Muñó y San Pedro Apóstol de La Collada (Siero). Había nacido en La Rebollada (Mieres) en 1943. Ordenado sacerdote en 1969. Falleció en el Hospital Monte Naranco de Oviedo. Presidió el funeral el Sr. Vicario General en la Parroquia de Santa María la Real de La Corte (Oviedo), recibiendo cristiana sepultura en el Cementerio de Ablaña (Mieres)

19 de Febrero, Rvdo. Sr. D. Vicente Hernández Martin, Sacerdote Jubilado en Ciudad Rodrigo. Había nacido en Nava de Béjar (Provincia de Salamanca y Diócesis de Plasencia) en 1953. Ordenado sacerdote en 1978. Falleció en su domicilio en Ciudad Rodrigo. Presidió el funeral el Sr. Obispo de Ciudad Rodrigo en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Ciudad Rodrigo, y a continuación recibió cristiana sepultura en el cementerio de Nava de Béjar.

13 de Marzo, Rvdo. Sr. D. Ceferino Fernández Suárez, Párroco emérito de Illas y La Peral. Había nacido en Fuejo - Bascones (Grao) en 1938. Ordenado sacerdote en 1964. Falleció en la Casa Sacerdotal de Oviedo. Presidió el funeral el Sr. Arzobispo en la Parroquia de la Natividad de Nuestra Señora (Guillen Lafuerza) Oviedo. Recibió cristiana sepultura en el Cementerio Parroquial de Valduno (Las Regueras). 

27 de Abril, M.I. Sr. D. Víctor Leoncio Diéguez Marcos, Canónigo Maestro de Capilla emérito de la Catedral de Oviedo. Había nacido en Palazuelo de Órbigo (Provincia de León y Provincia de Astorga) en 1941. Ordenado sacerdote en Madrid en 1965. Falleció en el Hospital del Monte San Isidro en León. Se celebró un primer funeral presidido por el Sr. Vicario General de la Diócesis de Astorga el día 28 de mayo en Palazuelo de Órbigo donde recibió cristiana sepultura en el cementerio municipal. En la diócesis se celebró el funeral en la Catedral de Oviedo el día 2 de mayo presidido por el Sr. Arzobispo.

4 de Mayo Rvdo. Sr. D. Manuel Escariz Magariños, Sacerdote diocesano de Mondoñedo-Ferrol. Párroco de Couboeira, Figueiras, Masma, Vilamor y Viloalle (Mondoñedo) así como Organista la S. I. Catedral Basílica de Mondoñedo y Auxiliar del Archivo Diocesano. Había nacido en A Estrada (Pontevedra) en 1950. Ordenado sacerdote en Mondoñedo en 1995. Falleció en el Hospital de Cabueñes (Gijón). Se celebró el funeral en la capilla de la residencia Sagrada Familia de la Fundación Nuestra Señora de Gracia en el Infanzón (Gijón) presidida por el Sr. Obispo de Mondoñedo - Ferrol, a continuación sus restos mortales fueron inhumados en el cementerio parroquial de Castiello de Bernueces (Gijón).

24 de Julio, Rvdo. Sr. D. Armando Sánchez García, Sacerdote Jubilado. Había nacido en San Juan de Arenas - Carbayín (Siero) en 1944. Ordenado sacerdote en 1978. Falleció en el Hospital Valle del Nalón en Riaño (Langreo). Se celebró el funeral en Santa María de las Nieves de Blimea presidido por el Sr. Vicario general. Sus cenizas fueron depositadas en la capilla familiar de El Recuncu (Blimea). 

2 de Agosto, Rvdo. Sr. D. José Antonio García Santaclara, Capellán de las Adoratrices de Gijón. Había nacido en Peñerudes (Morcín) en 1943. Ordenado sacerdote en 1979. Falleció en su domicilio de Gijón. Se celebró el funeral en la parroquia de la Asunción del barrio del Bíbio (Gijón) presidido el funeral por el Sr. Vicario General. 

23 de Agosto, Rvdo. Sr. D. Federico Abad Martínez, Sacerdote Jubilado. Había nacido en San Miguel de Tarlac (Filipinas) en 1937. Ordenado sacerdote en 1966. Falleció en el Hospital Universitario Central de Asturias. El funeral tuvo lugar en la Parroquia de La Corte (Oviedo) presidido por el Sr. Obispo emérito de Sigüenza - Guadalajara. Sus restos mortales recibieron cristiana sepultura en el Cementerio de El Salvador de Oviedo. N-0675 1

8 de Septiembre, Rvdo. Sr. D. José Ramón García García, Sacerdote Jubilado
Había nacido en Valdepares (El Franco) en 1939. Ordenado sacerdote en 1964
Falleció en el Hospital Monte Naranco. El funeral por su eterno descanso se celebró en su parroquia natal de Valdepares presidido por el Sr. Vicario General. Sus restos mortales recibieron cristiana sepultura en el cementerio municipal de Valdepares. 

6 de Noviembre, Rvdo. Sr. D. Héctor José García Montoto, Sacerdote Jubilado (Diocesano de Goiás). Nacido en Bierces (Colunga) en 1937. Ordenado sacerdote en 1968 en Brasil. Falleció en el Hospital Universitario Central de Asturias. El funeral por su eterno descanso se celebró en la capilla de la Casa Sacerdotal presidido por el Sr. Arzobispo. Sus restos mortales fueron incinerados y recibieron sepultura en el Columbario de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Oviedo.

Dales Señor el descanso eterno

Brille para ellos la luz eterna

Te pedimos, Señor, que tus siervos, sacerdotes, a quienes encomendaste
 durante su vida el ministerio sagrado, lleguen a participar eternamente en 
la gran asamblea de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

«Te Deum» y «Veni Creator»: indulgencias plenarias en Nochevieja y Año Nuevo

(InfoCatólica) En la noche del 31 de diciembre y el amanecer del nuevo año, la Iglesia Católica brinda la posibilidad de obtener indulgencias plenarias, manifestando así la misericordia divina y la aspiración a la santificación de sus fieles.

Este tipo de indulgencia implica la completa liberación de la pena temporal asociada a los pecados ya perdonados en términos de culpa.El 31 de diciembre, en la víspera de la Solemnidad de María, Madre de Dios, la Iglesia concede indulgencia plenaria a los fieles cristianos que reciten públicamente el Te Deum, expresando gratitud a Dios por el año que concluye, especialmente en este día.

Además, el 1 de enero, durante la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, se otorga indulgencia plenaria a aquellos que reciten públicamente el himno Veni Creator, buscando bendiciones para el nuevo año que comienza.

El 1 de enero el Papa imparte la bendición al final del Ángelus (y, si ha presidido la Misa, también al final de la celebración), pero no es una bendición Urbi et Orbi en sentido estricto (solo son en Navidad y Pascua). Sin embargo, puede ir acompañada de indulgencia plenaria si así se indica en los decretos habituales sobre indulgencias para la oración del Ángelus o el Regina Caeli y se cumplen las condiciones acostumbradas.

¿Qué es una indulgencia?

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal derivada de los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa -es decir, aquellos cuya absolución se ha obtenido mediante el sacramento de la confesión-. Esta remisión la obtiene el fiel que, debidamente dispuesto y cumpliendo ciertas condiciones, se acoge a la intervención de la Iglesia. La Iglesia, en su misión como ministra de la redención, dispensa y aplica el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos, tal como explicó el Papa Pablo VI en la Constitución Apostólica Indulgentiarum doctrina (1967).

¿Qué es la pena temporal?

Todo pecado conlleva dos consecuencias:La privación de la comunión con Dios: Si el pecado es grave, lleva al castigo eterno, es decir, la separación de Dios. Sin embargo la comunión con Dios se restituye fructuosamente con el sacramento de la Confesión, recuperando así la gracia divina.

La pena temporal: «Todo pecado, incluso venial, causa un apego malsano a las criaturas que necesita purificación, tanto aquí abajo como después de la muerte, en el estado llamado purgatorio. Esta purificación libera de la llamada «pena temporal» del pecado» Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1472)

Esta segunda consecuencia del pecado, es decir, la pena temporal, a la que todavía se puede estar obligado a pesar del perdón de los pecados obtenido en la Confesión, se puede cumplir aquí abajo en la tierra (con oraciones y penitencias voluntarias, con obras de piedad, mortificación y caridad), o en la otra vida, en el purgatorio.
¿Qué es la indulgencia plenaria?

La indulgencia plenaria es aquella que remite completamente la pena temporal derivada de los pecados que ya han sido perdonados en cuanto a la culpa. Esta remisión, en el caso de los pecados mortales, requiere necesariamente la Confesión sacramental.
¿Quién puede obtener indulgencias?

Las indulgencias pueden ser obtenidas por todas las personas bautizadas que no se encuentren en estado de excomunión. Sin embargo, para recibirlas, el fiel debe encontrarse en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal. Esto se debe a que la deuda de la pena temporal solo puede ser cancelada tras la remisión de la culpa y la pena eterna provocada por el pecado, lo cual se logra mediante el sacramento de la Confesión.

En los casos en que la confesión no sea posible, la contrición sincera, con la intención de acceder al sacramento de la penitencia lo antes posible, puede ser suficiente para alcanzar la remisión.

Es fundamental, además, tener la intención de obtener la indulgencia. El beneficio de la indulgencia solo se concede a quienes la solicitan de manera consciente y con el propósito de recibirla, con una actitud positiva.
¿Cómo se obtiene la indulgencia plenaria?

Para obtener la indulgencia plenaria, además de realizar el acto específico al que la Iglesia ha concedido esta gracia, se deben cumplir siempre las siguientes condiciones:Confesarse: La confesión debe ser individual e íntegra, es decir, sin omitir ningún pecado de forma deliberada.
Comulgar eucarísticamente: El fiel debe recibir la Eucaristía.
Rezar según las intenciones del Papa: por ejemplo, un Padrenuestro y un Avemaría, pidiendo por las intenciones del Papa.

Y especialmente, se requiere además, que se excluya todo afecto al pecado, incluso venial (Indulgentiarum doctrina, norma 7)

martes, 30 de diciembre de 2025

Para 2026. Ya quisiera yo. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Me preguntan o me pregunto por el año nuevo. Deseos, esperanzas, anhelos… Sin pensar demasiado, lo que me salga. También pueden ustedes añadir sus sueños, que esperemos que sean más que eso. Ahí voy con lo mío.

- Que se acaben los sustos en la Iglesia universal. Pido que podamos vivir con normalidad, sin sobresaltos. Creo que vamos por buen camino.

- Me gustarían algunos relevos en la curia romana. Para mí sería buena noticia el relevo en Doctrina de la fe, que cese ya Parolin y que se pusiera orden en el de Vida consagrada.

- Espero que este 2026 nos traiga la normalización de la liturgia, en toda la Iglesia, y un acuerdo satisfactorio para la liturgia tradicional. Ya era hora.

- La vida religiosa lleva años viviendo una profunda crisis. No se soluciona poniendo bajo la lupa los institutos más tradicionales mientras otros llevan años y años haciendo de su vida un fracaso global. Apoyemos a los institutos con vida abundante.

- Confío en que poco a poco se abandone la senda del relativismo doctrinal y moral y la arbitrariedad en la normativa eclesiástica. Por favor, que vuelva el derecho canónico a ocupar su puesto.

- Es urgente poner coto a cualquier tipo de mafia rosa, lobbys gays o similares. Es un cáncer extendido en la Iglesia a todos los niveles.

- Que Cáritas y demás obras sociales de la Iglesia mantengan viva su identidad católica.

- Que se cuide especialmente a los pobres, recordando siempre que la mayor pobreza es no conocer a Jesucristo. No somos una ONG más.

- Transparencia económica y austeridad en obras y personas.

- Espero que perdamos el miedo a anunciar el Evangelio íntegramente. Ojalá el año 2026 sea el momento de reconocer, agradecer y valorar el sacrificio de tantos cristianos en el mundo, muy especialmente en África.

- Sería una buena noticia el fin del cisma de facto que se vive en Alemania y desde Alemania con la Iglesia universal.

- En España aguardo una solución para el Valle de los Caídos que respete en su integridad la basílica y el sentido del lugar desde la oración por la reconciliación, la justicia y la paz en España.

- En Madrid tenemos convocada una asamblea general sacerdotal para los días 9 y 10 de febrero. Que sea realmente un momento de gracia y renovación para todos.

- Y que Dios nos conceda a todos el anhelo de santidad y que un día lleguemos a la vida eterna.

Se pueden pedir muchas cosas. Con estas yo me doy por satisfecho.

Feliz 2026.