miércoles, 24 de junio de 2026

Carta de la Comisión Permanente al Pueblo de Dios para dar las gracias «por vuestra participación entusiasta» en el viaje de León XIV

Los Obispos miembros de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, haciéndonos eco del sentir de todos los Obispos de las diócesis españolas, queremos dirigirnos al pueblo de Dios y, a través de la comunidad cristiana, a toda la sociedad española para dar las gracias a todos por vuestra participación entusiasta en el viaje apostólico de León XIV a España. 

El Papa ha sido el gran protagonista de este viaje pero, junto a él, es necesario resaltar la respuesta del pueblo de Dios. Gracias por vuestra presencia en calles, plazas, estadios y templos en Madrid, Barcelona, San Felíu de Llobregat, Canarias y San Cristóbal de la Laguna. Gracias también por vuestro seguimiento a través de los medios de comunicación en el resto de España. Gracias por vuestro entusiasmo y paciencia, por la alegría y testimonio de fe. Gracias a las familias, tantas habéis presentado a vuestros hijos recién nacidos para recibir la bendición del Papa. Gracias a los sacerdotes que habéis acompañado grupos, a los consagrados y a los millones de laicos que habéis recogido la insistente invitación del papa León XIV a ser Iglesia en el mundo.

Gracias a la sociedad española por su cercanía al sucesor de Pedro y por la comprensión ante las inevitables molestias que ha supuesto la logística del viaje. Gracias a la Casa Real, a las Cortes Generales, a todas las Administraciones públicas y a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por su extraordinaria colaboración. Gracias a los medios de comunicación, a los equipos de trabajo y al voluntariado.

Os aseguramos nuestro compromiso para acompañar todo lo que el Papa ha sembrado en estos días. Os animamos a leer los discursos, a compartirlos y ponerlos en práctica. El viaje en sí mismo ya ha merecido la pena, nos ha hecho alzar la mirada y contemplar la Cruz gloriosa de Jesucristo, fuente de alegría y consuelo.

Continuemos juntos el viaje en comunión y misión para anunciar el Evangelio, cuidar la dignidad de la persona humana y servir al bien común.

El precursor del Mesías: la singular grandeza de San Juan Bautista

(Infovaticana) La Iglesia celebra este 24 de junio la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, una fiesta excepcional dentro del calendario litúrgico. Junto con Jesucristo y la Santísima Virgen María, Juan es la única persona cuyo nacimiento terreno es objeto de una celebración litúrgica universal. No se trata de un detalle menor: refleja el lugar único que ocupa en la historia de la salvación como último de los profetas de Israel y precursor inmediato del Mesías.

Mientras la Iglesia suele conmemorar la muerte de los santos —su verdadero nacimiento para el Cielo—, en el caso de San Juan Bautista se celebran tanto su nacimiento, el 24 de junio, como su martirio, el 29 de agosto. El propio Cristo explicó la singularidad de su misión cuando afirmó: «Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie más grande que Juan el Bautista» (Mt 11,11).

La fecha de la solemnidad está vinculada al relato del Evangelio de San Lucas. Allí se indica que Isabel se encontraba en el sexto mes de embarazo cuando recibió la visita de la Virgen María. Por ello, la Iglesia situó el nacimiento de Juan seis meses antes de la Navidad, estableciendo la celebración el 24 de junio.

El niño que despertó el asombro de Israel

El Evangelio de San Lucas relata cómo el nacimiento de Juan estuvo rodeado de signos extraordinarios. Isabel, considerada estéril y ya avanzada en años, dio a luz un hijo cuando toda esperanza humana parecía extinguida. La noticia provocó admiración entre vecinos y familiares, que reconocieron la acción de Dios en aquel acontecimiento.

La reacción de quienes presenciaron aquellos hechos es significativa: «Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: “¿Qué llegará a ser este niño?”» (Lc 1,66).

La pregunta revela una intuición profunda. Aquellos hombres y mujeres comprendían que estaban ante algo que superaba la normalidad de la vida cotidiana. No conocían todavía el alcance de la misión de Juan, pero percibían que Dios estaba actuando.

El papa Francisco recordaba precisamente esta dimensión del relato al señalar que todo el acontecimiento está envuelto en «un alegre sentido de asombro, de sorpresa y de gratitud». Una actitud que contrasta con la indiferencia y el acostumbramiento espiritual tan frecuentes en nuestro tiempo.

Un nombre recibido de Dios

Otro detalle central del relato es la elección del nombre. Los familiares querían llamar al niño Zacarías, siguiendo la tradición familiar. Sin embargo, Isabel se opuso con firmeza: «Debe llamarse Juan».

La decisión no respondía a un capricho personal. El nombre había sido indicado por Dios a través del ángel antes de la concepción del niño. Cuando Zacarías, que había quedado mudo por su incredulidad, confirma por escrito esa elección, recupera inmediatamente el habla.

La obediencia abre así una etapa nueva. Allí donde el hombre había encontrado un límite a causa de su falta de fe, Dios vuelve a actuar cuando encuentra disponibilidad para cumplir su voluntad.
El único santo cuyo nacimiento celebra la Iglesia

La singularidad litúrgica de San Juan Bautista no se limita a que la Iglesia celebre tanto su nacimiento como su martirio. La tradición cristiana ha visto en ello una consecuencia de la misión excepcional que recibió de Dios.

Numerosos Padres y teólogos sostuvieron que Juan fue santificado antes de nacer, cuando aún se encontraba en el seno de Isabel. El Evangelio relata cómo el niño saltó de gozo en el vientre de su madre al recibir la visita de la Virgen María, que llevaba en su seno al Salvador. Por ello, la tradición católica ha considerado que Juan fue purificado del pecado original antes de su nacimiento, aunque no concebido sin él como ocurrió con la Santísima Virgen.

Esta antigua convicción ayuda a comprender por qué la Iglesia celebra su nacimiento terreno, algo reservado únicamente a Jesucristo, a la Virgen María y al Precursor. Su vida estaba enteramente orientada a preparar la venida del Mesías.

Una de las fiestas más importantes de la cristiandad

Durante siglos, la Natividad de San Juan Bautista fue una de las grandes celebraciones del calendario cristiano. En numerosas regiones de Europa era día de precepto y se preparaba con ayuno y abstinencia en su víspera, siguiendo una tradición que subrayaba la importancia del Precursor del Señor.

La noche del 23 de junio también dio origen a una de las costumbres populares más extendidas de la cristiandad: las hogueras de San Juan. Encendidas en pueblos y ciudades de toda Europa, simbolizaban a aquel a quien Cristo definió como una «lámpara que arde y resplandece» (Jn 5,35) y expresaban la alegría por el nacimiento de quien preparó los caminos del Mesías.

La importancia litúrgica de esta solemnidad fue tal que durante siglos contó incluso con una octava propia y, en algunos lugares, se celebraba con varias misas a lo largo de la jornada. Aunque muchas de estas prácticas desaparecieron tras las reformas litúrgicas del siglo XX, siguen recordando el lugar excepcional que San Juan Bautista ha ocupado siempre en la tradición de la Iglesia.

Cuando Dios abre caminos imposibles

La figura de Juan Bautista está marcada desde su origen por la irrupción de Dios en situaciones humanamente cerradas. Una mujer estéril concibe. Un hombre que había perdido la palabra vuelve a hablar. Una familia anciana recibe un hijo inesperado.

Son signos que anuncian una verdad constante en la historia de la salvación: Dios no está condicionado por las limitaciones humanas.

Por eso la liturgia de esta solemnidad invita también a contemplar la propia vida desde la esperanza. Allí donde todo parece agotado, donde los proyectos fracasan o las fuerzas escasean, Dios continúa siendo capaz de abrir caminos nuevos. Como anuncia el profeta Isaías: «Voy a hacer algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,19).

La voz que preparó el camino de Cristo

Nacido de los santos Zacarías e Isabel mediante una intervención extraordinaria de Dios, Juan creció en el desierto llevando una vida austera de oración y penitencia. Los Evangelios lo presentan vestido con piel de camello y alimentándose de langostas y miel silvestre, mientras predicaba la conversión y anunciaba la inminente llegada del Reino de Dios.

Su misión alcanzó su punto culminante cuando reconoció a Jesús como el Mesías y lo bautizó en las aguas del Jordán, dando comienzo a la vida pública del Salvador. Fue entonces cuando pronunció una de las frases más decisivas de toda la historia cristiana: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

Por eso la tradición de la Iglesia lo considera el último de los profetas del Antiguo Testamento y, al mismo tiempo, el primer testigo del Nuevo.

Un profeta que murió por defender la ley de Dios

La misión de Juan Bautista no terminó a orillas del Jordán. Después de señalar a Cristo como el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», continuó predicando la conversión sin hacer concesiones al poder político.

Su denuncia pública de la unión ilícita entre Herodes Antipas y Herodías le costó la prisión y finalmente la vida. Por petición de Salomé, hija de Herodías, el rey ordenó su decapitación.

La Iglesia celebra este martirio cada 29 de agosto. No fue una muerte accidental ni fruto de rivalidades políticas, sino la consecuencia de haber defendido la verdad moral frente a la arbitrariedad del poder. Juan murió por mantenerse fiel a la ley de Dios, convirtiéndose así en modelo para todos los cristianos llamados a dar testimonio de la verdad incluso cuando ello exige sacrificio.

Por eso Cristo pudo decir de él: «Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie más grande que Juan el Bautista». Su grandeza no residió en los milagros ni en el poder humano, sino en haber sido la voz que preparó el camino del Señor y el testigo que permaneció fiel hasta el final.

La figura de San Juan Bautista sigue recordando que la verdadera misión del cristiano consiste en señalar a Cristo y permanecer fiel a la verdad, aunque ello tenga un precio. Como dijo el propio Precursor al contemplar el comienzo de la misión del Salvador: «Es necesario que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30).

martes, 23 de junio de 2026

Aniversario de la dedicación del templo parroquial

Hoy se conmemora el aniversario de la consagración de la iglesia de San Félix de Lugones, que fue oficialmente consagrado el 23 de junio de 1940 por el entonces obispo de Oviedo, Monseñor Manuel Arce Ochotorena. Este hecho histórico marcó el renacimiento espiritual y social de la localidad en la época de la posguerra. Son 86 años de una historia de fe. 

La consagración del templo tuvo lugar en un período complejo marcado por la reciente finalización de la Guerra Civil Española. En este contexto, la apertura y bendición de la iglesia de San Félix no sólo representó la edificación de un espacio de culto, sino también un símbolo de reconstrucción, unión y esperanza para toda la comunidad  parroquial de Lugones.

Presidió la celebración Monseñor Arce Ochotorena, quien en ese momento ejercía como obispo de la Diócesis de Oviedo (cargo que ocupó entre 1938 y 1944 antes de ser nombrado arzobispo de Tarragona y, posteriormente, cardenal). Aquel 23 de junio, Monseñor Arce Ochotorena ungió los muros del templo con el santo crisma, dedicando formalmente el edificio al servicio divino bajo la advocación de San Félix. La fiesta congregó a las autoridades locales de Siero y a una multitud de fieles que celebraron el nacimiento de su nuevo centro espiritual.

Décadas después de aquella jornada de 1940, la iglesia de San Félix continúa siendo el corazón latente de Lugones. Más allá de su valor arquitectónico y su patrimonio sacro, el valor real del templo radica en su comunidad viva. La iglesia es centro de encuentro, formación y caridad, además de ser un referente de la identidad local. Celebrar este aniversario es rendir homenaje a los hombres y mujeres que en 1940 hicieron posible el levantamiento del templo, y a todos los que, día a día, mantienen viva la llama de la fe. 

Zubiri y la inteligencia artificial. Por Tomás Salas

Me parece equívoca la expresión, hoy omnipresente, de «inteligencia artificial». Sospechaba, incluso sin argumentos rigurosos para apoyar esta tesis, que el concepto esconde algo oscuro; algo, como decíamos en nuestros juegos infantiles, que «tiene truco». «Artificial» se opone a «natural». Artificial es lo que ha sido hecho por el hombre. Este parece su sentido más lógico. Pero, en el uso que se da hoy a la palabra, percibo otra connotación distinta: artificial es lo que no es humano, aunque materialmente sea obra del hombre. Desde los postulados del transhumanismo se pretende situar al hombre en una tierra de nadie. Entre el puro animalismo (instinto, apetito, satisfacción inmediata de cualquier deseo) y la inteligencia artificial (cálculo, capacidad de concatenación lógica hasta unos límites que el hombre no alcanza). Entre estos dos extremos, entre estas dos oscuras simas, ¿dónde queda la luz de la inteligencia humana?

Encuentro ayuda para desatar este nudo en algunos textos de Xavier Zubiri. Zubiri (para mí, el más grande filósofo español contemporáneo; Ortega es el más grande intelectual, otra cosa) desarrolla en varias obras suyas un concepto fundamental en el conjunto de su pensamiento: «inteligencia sentiente». Trato de explicar breve y sucintamente (que me perdonen mis amigos filósofos) lo que excede los límites de un artículo.

En el pensamiento clásico, de tradición aristotélica, la acción de inteligir consta de dos momentos. Puesto que siempre conocemos a través de los datos (sensaciones, percepciones), que nos llegan por los sentidos, hay un momento de sentir y otro de inteligir a partir de las sensaciones. Zubiri cambia este concepto que ha llegado hasta su tiempo sin apenas variación. No hay dos momentos en este proceso, sino uno. «El sentir es inteligir, es sentir intelectivo. Inteligir no es, pues, sino otro modo de sentir…» (Inteligencia y realidad). Los sentidos captan el contenido de la realidad, mientras la inteligencia capta su forma. Ambas operaciones se dan en un solo acto, como son inseparables el contenido y la forma de cualquier realidad.

Y aquí hace el autor vasco una importante matización. La inteligencia animal y la llamada inteligencia artificial, no son, en rigor, inteligencia porque captan solo el mero contenido de la realidad, pero no la forma, que es lo propio del acto de inteligir. El concepto zubiriano de «forma» y «formalidad» es complejo. Trataré de exponer un sencillo ejemplo. El animal puede captar un trozo de pan y se hará con él si tiene hambre. Ésta también es una forma de percepción. Una máquina sofisticada puede procesar los datos sobre la lluvia del último siglo y predecir cómo actuará este fenómeno en el siglo que viene. Se trata de una acumulación de datos inabarcable para la razón «natural» de un hombre. Pero sólo la inteligencia humana puede captar el pan o la lluvia en su formalidad, es decir, como realidades, cosas en sí mismas (Zubiri habla de la «suidad»). Sólo el hombre puede comprender que el pan sea un objeto material o que la lluvia pueda servir de inspiración para un poema.

Diríamos que el animal siente, pero no intelige; y la máquina intelige, pero no siente. Ninguna de las dos acciones es propiamente inteligencia.

El pensamiento de Zubiri concibe al hombre como «animal de realidades».

Pueden servirnos estos conceptos para vindicar el viejo humanismo, de raíces clásicas y cristianas, frente a ese Transhumanismo que nos invade.

lunes, 22 de junio de 2026

Regresa la JEMJ a Covadonga, entre el 10 y el 12 de julio

(Iglesia de Asturias) La tercera edición de la Jornada Eucarística Mariana Juvenil (JEMJ) está ya a la vuelta de la esquina. Este año tendrá lugar entre los días 10 y 12 de julio, de nuevo en el Santuario de Covadonga, y de nuevo también volverá a reunir a miles de jóvenes llegados desde diferentes países en torno a la fe, en esta ocasión con el lema «Haced lo que Él os diga». Con el tiempo estos encuentros se van dando a conocer cada vez más y este año se está notando en la afluencia de participantes. Según la voluntaria Teresa García Serrano, «las cifras aumentan día tras día». Hasta ahora están inscritos ya más de 1.600 jóvenes, y en esta ocasión llegan un gran número desde Irlanda y Estados Unidos.

Estas jornadas, celebradas en Covadonga como cuna de la fe y cuna de España, se pensaron desde el primer momento como un instrumento para ayudar a los jóvenes a profundizar en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Una cuestión que, ya desde hace unos años y muy especialmente en Estados Unidos, se ha observado que es cada vez más olvidada entre los creyentes. «Queremos que sea una jornada que esté en torno a la Eucaristía y a nuestra Madre María. Qué mejor lugar que Covadonga, cuna de España, que tenemos allí a la Santina, que nos cuida y nos protege. Es precioso ver cómo todos los jóvenes van hasta ese Santuario en medio de la montaña para recordar que Jesús Eucaristía es el centro y que es nuestra Madre la que nos lo da. La verdad es que es una gracia poder ir a la JEMJ y realmente vivir esto, que sea Jesús el centro y que sea nuestra Madre la que nos lleve a Él», afirma Teresa.

Los horarios y las actividades seguirán el esquema de los años anteriores. Todos los días se celebrará la eucaristía y el viernes, junto con la acogida a los jóvenes habrá como siempre un festival: en esta ocasión podrá disfrutarse de una representación orquestada y representada por jóvenes voluntarios sobre los «Mártires de Barbastro». Ellos serán los santos protectores de la JEMJ de este año, e incluso estará presente durante los tres días una reliquia de Faustino Pérez. «Él fue el líder de los Mártires claretianos de Barbastro y la reliquia nos va a acompañar esos días», explica Teresa García Serrano. El sábado será el turno de los talleres y conferencias a los que los jóvenes se están apuntando. Entre otros, estará el titulado «¿Es Jesús el que nos describen los Evangelios?», a cargo de Jorge Manuel Rodríguez Almenar; «Donde la ciencia no llega: Guadalupe», por Andrés Brito, o el encomendado al sacerdote y YouTuber Patxi Bronchalo, titulado «En busca del amor verdadero», entre otros. El sábado por la noche también se celebrará la Vigilia de jóvenes en la explanada de la Basílica.

Como siempre la asistencia es gratuita y existen varias opciones de alojamiento diversas que pueden consultarse en www.jemj.org.

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. José Luis Alonso Tuñón 

Nacido en Proaza el 27 de febrero de 1942

Ingresó en el Seminario Diocesano donde cursó los estudios de filosofía y teología. Concluida su formación recibió la ordenación sacerdotal en la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari de Avilés por manos del entonces arzobispo de Oviedo Monseñor Vicente Enrique y Tarancón el 29 de junio de 1965. Siendo seminarista colaboró muchos años en nuestra parroquia de San Félix de Lugones donde celebraría una de sus primeras misas. 

Sus encomiendas pastorales fueron:

Coadjutor de San Pedro Apóstol de Pola de Siero (1965- 1984)

Párroco de San Julián de Box de Tudela Veguín y Administrador Parroquial de Santiago Apóstol de Tudela Agüeria - Oviedo (1984- 1997)

Teniente - Arcipreste de Oviedo Sur (1985 - 1991)

Miembro del Consejo Presbiteral (1988 - 1990)

Miembro elegido del Consejo Pastoral Diocesano (1989 - 1990)

Vicario Episcopal de la Vicaría Centro (1991 - 1997)

Miembro nato del Consejo de Pastoral Diocesano (1991 - 1997)

Párroco de San Isidoro el Real de Oviedo (Desde 1997 hasta la actualidad)

Consiliario de la Escolanía de San Salvador de Oviedo (Desde 2007 hasta la actualidad)

Delegado Episcopal de Piedad Popular (2012 - 2023)

También era el Rector de la Archicofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores en su Inmaculada Concepción de Oviedo. Hombre recio, apasionado y piadoso. Era un enamorado del casco histórico ovetense y la Ópera. Fue un gran impulsor de la religiosidad popular y del culto a los santos vinculados a la Diócesis. En los últimos años experimentó un fuerte deterioro físico y afrontó varios problemas de salud que fue superando. Al no presentarse a celebrar la misa de la mañana de hoy, empezó la preocupación. Varios feligreses se desplazaron hasta la vivienda parroquial de la calle Magdalena. Después de llamar repetidamente sin obtener respuesta, decidieron alertar a los servicios de emergencias. Hasta el lugar se desplazaron efectivos de los Bomberos de Oviedo, que consiguieron acceder al interior de la vivienda. Fue hallado sin vida en la casa parroquial. El Señor lo llamó a su descanso, cuando el sueño temporal se entrelazó con el eterno. Lo encomendamos a Nuestra Señora de los Dolores, a San Isidoro y a San Melchor para que intercedan por Él ante el Señor.

D. E. P. 

El funeral por su eterno descanso tendrá lugar este miércoles 24 de junio a las 12'30 horas, presidido por el Sr. Arzobispo en la parroquia de San Isidoro el Real de Oviedo. A continuación sus restos mortales recibirán cristiana sepultura en el Cementerio parroquial de Proaza. La Capilla ardiente estará abierta desde el martes, día 23, a las once de la mañana en el tanatorio Los Arenales en la Sala n.º 10

''Señor, que me escuche tu gran bondad'' (Sal 68)

domingo, 21 de junio de 2026

"Valéis más vosotros que muchos gorriones". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


En este XII domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos sale al encuentro en un terreno que todos conocemos muy bien: el territorio del miedo. El miedo es una de las emociones más primitivas y más humanas. Tememos a la enfermedad, al fracaso, a la soledad, a la crítica y, en última instancia, a la muerte. El miedo tiene el poder de paralizarnos, de hacernos esconder nuestros talentos y hasta de silenciar nuestra fe. Sin embargo, el mensaje central de la liturgia de este domingo no es una negación de las dificultades de la vida, sino una invitación rotunda a la valentía. Dios no nos promete una vida sin problemas y tormentas, pero sí nos garantiza su presencia absoluta en medio de ellas.

Para comprender el Evangelio de hoy, debemos mirar primero al profeta Jeremías, y ver aquí su grito de perseguido. Su misión no fue fácil; le tocó anunciar la verdad en un tiempo de crisis, y por decir la verdad se ganó el desprecio de su propio pueblo. He aquí el dolor de la traición; Jeremías llega a decir: "Oía las burlas de la gente... hasta mis amigos esperaban mi caída". Es el dolor del aislamiento. Cuando intentamos vivir con coherencia cristiana en un mundo que a menudo camina en dirección contraria, experimentamos esa misma presión. Nos da miedo ser el centro de las burlas o el "raro" del grupo. Pero para ello viene el Señor con poder: Jeremías no se hunde en la autocompasión. En medio del terror, brota una certeza: "Pero el Señor está conmigo como un guerrero poderoso"... Dios no es un espectador pasivo de nuestro dolor. El profeta pasa del lamento a la alabanza, terminando con un canto de victoria: "Él ha librado la vida del pobre". He aquí la lección: aprendemos de Jeremías que tener fe no significa no sentir angustia, sino saber a quién dirigir esa angustia. La fe transforma el valentia del cuerpo el miedo en oración.

San Pablo nos ofrece el marco teológico y profundo de esta confianza. Nos habla de un contraste radical entre dos hombres: Adán y Jesucristo; es decir, el triunfo de la gracia sobre el pecado. Partimos de una herencia del miedo: "Por el pecado de Adán entró la muerte" y, con ella, el miedo más profundo del ser humano. El pecado divide, rompe nuestra relación con Dios y nos hace ver al Creador como un juez temible del que hay que esconderse. Pero el Apóstol nos da una noticia maravillosa: el don de Jesucristo es infinitamente superior al daño del pecado. Esto es, la sobreabundancia de la gracia. Si el error de uno tuvo tanto impacto, el amor y la gracia de Cristo tienen una fuerza multiplicada para darnos vida: ¿Qué enseñanza entresacamos?... No tenemos por qué vivir como esclavos de nuestras caídas o del peso del ambiente. Cristo ha roto las cadenas del pecado. Y si la gracia sobreabunda, la esperanza debe reinar en nuestros corazones por encima de cualquier pesimismo.

En el texto del capítulo 10 de San Mateo, Jesús está preparando a sus discípulos para la misión. Sabe que encontrarán persecución, incomprensión y rechazo. Por eso, en apenas unos versículos, repite tres veces la misma orden: "No tengan miedo". Jesús nos desglosa los motivos de esta santa audacia que "Nada queda oculto". Es decir, la victoria de la verdad. Son palabras del Señor y muy claras: "No hay nada oculto que no llegue a descubrirse". A veces nos asusta que la mentira, la injusticia o la corrupción parezcan ganar la partida en el mundo actual. El cristiano puede sentir la tentación de callar por miedo a las consecuencias. Jesús nos recuerda que la verdad de Dios tiene la última palabra. Vivir en la verdad, aunque hoy cueste, es apostar por el caballo ganador al final de los tiempos. También afirma "No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma". Aquí Cristo nos recoloca las prioridades. El mundo puede quitarnos los bienes materiales, la reputación e incluso la vida física, pero nadie puede arrebatarnos nuestra condición de hijos de Dios a menos que nosotros lo permitamos. El único miedo legítimo debería ser el "temor de Dios", que no es pánico, sino el temor reverencial, el santo miedo a perder su amor y apartarnos de Él por el pecado.

Finalmente, la imagen que utiliza Jesús es de una ternura conmovedora. Dos pajarillos se venden por unas monedas de poco valor y, sin embargo, el Padre cuida de ellos. Luego añade: "Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados". Si Dios pone tanta atención en los detalles más insignificantes de la creación, ¿cómo no va a cuidar de tí? Dios conoce tus noches de insomnio, tus preocupaciones económicas, tus dolores familiares y tus dudas, tus miedos... No eres un número en el universo; eres un hijo amado con un valor infinito.
Y remata el evangelio con un examen de conciencia de los que dejan aviso: "Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo". Quizás una pregunta que nos podemos hacer es ¿Cómo ponerse de parte de Jesús hoy?... No callar cuando es necesario defender la dignidad del ser humano, del injustamente tratado, del pobre o del no nacido -como lo hizo el Papa León XIV valientemente en el Congreso-. Mantener la honradez en el trabajo aunque otros hagan trampa. Perdonar en lugar de alimentar el rencor. Hablar de Dios con naturalidad en nuestras familias y ambientes. Hermanos, salir a la calle a vivir como cristianos da miedo en un entorno a veces hostil o indiferente. Pero recordemos la promesa: No estamos solos. El "guerrero poderoso" de Jeremías es el mismo Dios que cuenta nuestros cabellos. Vayamos a la mesa de la eucaristía a alimentarnos de Aquél que venció al mundo, para qué, fortalecidos con su Cuerpo y su Sangre, podamos regresar a nuestros hogares libres de temores y llenos de su paz. También hoy celebran las Hermanas del Santo Ángel el santo del Padre fundador, del Beato Luis Antonio Ormieres, seguro que la figura de San Luís Gonzaga patrono de la juventud católica le estíimuló siempre en su vocación de educador. Feliz día a toda la familia angelina.