martes, 25 de agosto de 2026

Programa de las Jornadas sobre San Pedro Poveda y los Mártires del Siglo XX en Covadonga

 




Polonia y Eslovaquia preparan una ruta internacional de peregrinación tras las huellas de san Juan Pablo II

(Infovaticana) Polonia y Eslovaquia preparan una ruta internacional de peregrinación dedicada a san Juan Pablo II que unirá algunos de los principales lugares vinculados a Karol Wojtyla a ambos lados de los Tatras. La iniciativa fue abordada en Bratislava durante una reunión entre la secretaria de Estado de Turismo eslovaca, Jana Štilichová, y su homólogo polaco, Ireneusz Raś.

Según informó TK KBS, la agencia de la Conferencia Episcopal Eslovaca, ambos países quieren conectar los caminos papales ya existentes en Polonia con las rutas de peregrinación y senderismo de Eslovaquia, especialmente las situadas en los Tatras y en la región histórica de Spiš.
De Wadowice a los Tatras

La futura ruta tendrá como uno de sus puntos de partida el Camino Papal de Pequeña Polonia, creado en 2003. Su itinerario principal recorre unos 231 kilómetros entre Kalwaria Zebrzydowska y Stary Sącz, aunque la red completa, con sus diferentes variantes, suma alrededor de 620 kilómetros.

Los caminos recorren una geografía estrechamente ligada a la vida de Juan Pablo II. Entre sus principales puntos se encuentran Wadowice, donde nació Karol Wojtyla en 1920, y Kalwaria Zebrzydowska, el santuario mariano que frecuentó desde su juventud y al que regresó también como Papa.

Desde allí, las rutas se adentran en los Beskides y los Tatras, las montañas que Wojtyla recorrió durante años a pie y sobre esquís. El itinerario incluye lugares como el Gron Jana Pawła II, el santuario mariano de Ludźmierz y Stary Sącz, donde se conservan el santuario de santa Kinga y el altar levantado con motivo de la visita del pontífice. Una de las variantes pasa también por Zakopane, el santuario de Krzeptówki y Morskie Oko.

La intención de ambos gobiernos es prolongar esta red hacia la vertiente eslovaca de los Tatras y la región de Spiš, aprovechando caminos que ya existen en lugar de crear un itinerario completamente nuevo.
Una geografía ligada a la vida de Juan Pablo II

La dimensión transfronteriza del proyecto responde a la propia biografía de Wojtyla. Antes de llegar al pontificado, el futuro Juan Pablo II recorrió repetidamente las montañas del sur de Polonia y llegó también a los Tatras eslovacos. La montaña ocupó un lugar constante en su vida desde sus años de sacerdote y posteriormente como arzobispo de Cracovia.

Su relación con Eslovaquia continuó después de su elección como Papa. Juan Pablo II visitó el país en tres ocasiones: 1990, 1995 y 2003. En aquellos viajes pasó por algunas de las regiones que ahora podrían quedar integradas en el nuevo itinerario.

El proyecto busca convertir esa geografía común en una ruta de peregrinación que conserve la memoria espiritual del Papa polaco y, al mismo tiempo, conecte santuarios, localidades y caminos asociados a su vida. Las autoridades de ambos países prevén además que la iniciativa contribuya al turismo de las regiones atravesadas y refuerce la cooperación entre los dos países vecinos.

Por ahora, no existe un trazado internacional definitivo ni una fecha anunciada para la apertura de la ruta. Los trabajos se concentran en determinar cómo enlazar los caminos papales polacos con los itinerarios existentes al otro lado de los Tatras.

Avalancha de peregrinos para visita del Papa a Lourdes

(InfoCatólica) En la cada vez más secularizada Francia, la visita de León XIV está suscitando un sorprendente interés. En particular, para el acto de Lourdes de los días 26 y 27 de septiembre se están desbordando las previsiones de los organizadores.

Según informa Tribune Chretienne, un mes antes de la llegada del Papa a Lourdes, más de 100.000 personas ya se han inscrito para un aforo máximo fijado en 150.000. El proceso ha sido vertiginoso. El 11 de agosto, menos de 24 horas después de la apertura de la plataforma, ya se habían registrado más de 30.000 personas. Diez días después, se superaron las 100.000 inscripciones.

Nadie lo esperaba. Cuando comenzó el proceso de inscripción de asistentes, la inscripción se presentaba como como “muy recomendable” y meramente por motivos de organización. En cambio, ahora, a la vista de la avalancha de fieles, el Santuario ha declarado que la inscripción será obligatoria, aunque continuará siendo gratuita.

Por ello, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes ha entrado en la “última fase de inscripciones” y avisa de que estas se cerrarán en los próximos días, a medida que se va llegando al aforo máximo.

Si bien la inscripción para los diversos actos será, como se ha indicado, obligatoria, la Misa del domingo permanecerá abierta a todos, aunque “sujeta a disponibilidad”. Esto significa que gran parte de los asistentes tendrán que seguirla mediante pantallas gigantes desde otras zonas próximas al Santuario cuando la pradera esté llena y se están preparando aparcamientos periféricos y lanzaderas con las autoridades locales.

León XIV será el tercer papa que viaja a Lourdes. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI lo hicieron durante sus pontificados. El Papa Francisco, en cambio, indicó que prefería visitar los países europeos pequeños.

lunes, 24 de agosto de 2026

Santoral del día: San Bartolomé

(COPE) En esta jornada nos acercamos hasta la figura de uno de los más íntimos del Señor. Si por algo se caracteriza es por su sinceridad. Hoy celebramos al Apóstol San Bartolomé. Tal y como cuentan los Evangelios, Cristo después de pasar la noche en oración, llamó a sus discípulos y eligió a Doce de ellos para que estuviesen con Él.

Entre estos se encuentra San Bartolomé. Al principio es Felipe quien le pone en contacto con Jesús. Esto se relata en el Evangelio según San Juan. Se le da el nombre de Natanael y es de Caná de Galilea. No da crédito a lo que le dice a su amigo sobre Jesús de Nazareth.

Al final el encuentro con el Maestro le hace volver a su honradez y sinceridad. Así se lo dice el Señor y él le proclama como el Mesías por el entusiasmo que le da en el corazón. Después de ser uno de los que le siguen, un día Jesús cuando pasa la noche en oración, escoge de entre sus discípulos Doce y él está entre ellos.

Su pertenencia al grupo de los Doce Apóstoles le hace ser también testigo de la Resurrección del Señor y de su Ascensión al Cielo. El Libro de Los Hechos de los Apóstoles le sitúan con el resto del Colegio Apostólico perseverando con María en la Oración a la espera de la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Tal y como cuenta la Tradición, el Apóstol San Bartolomé morirá mártir en la India donde predica la Buena Nueva del Evangelio. Muchos pueblos y ciudades celebran fiestas en honor de este moembro del Colegio Apostólico.

domingo, 23 de agosto de 2026

''El poder del infierno no la derrotará''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy la Palabra de Dios nos sitúa ante la pregunta más importante de nuestra existencia. No es una pregunta teórica ni un examen de conocimiento religioso. Jesús nos mira hoy a los ojos a cada uno de nosotros y nos pregunta: «Y vosotros, ¿Quién dicen que soy yo?». A través de las lecturas de este domingo XXI, la liturgia nos muestra cómo Dios teje su plan de salvación: Veremos cómo le quita el poder a los soberbios, cómo sus caminos superan nuestra mente humana y cómo edifica su Iglesia sobre la roca de la fe confesada por San Pedro. Entremos, pues, con el corazón abierto en cada una de estas lecturas.

En la primera lectura, el profeta Isaías nos traslada a la corte del rey Ezequías en Jerusalén. Allí encontramos a Sebná, el mayordomo palaciego. El mayordomo era el hombre más poderoso después del rey; guardaba las llaves del palacio y decidía quién entraba y quién no. Sin embargo, Sebná se llenó de soberbia, buscó su propia gloria y descuidó la justicia. Dios interviene con fuerza. Destituye a Sebná y elige a Eliaquín, un hombre con corazón de siervo. Dios dice textualmente: «Le colocaré en el hombro la llave de la casa de David; lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá». La llave es el símbolo de la autoridad, pero de una autoridad recibida de Dios para proteger y cuidar al pueblo, no para beneficio propio. Esta lectura nos enseña dos cosas fundamentales, por un lado que Dios tiene la última palabra, dado que el poder humano es pasajero. Y por otra parte descubrimos que la autoridad es servicio. Todos tenemos alguna "llave" o responsabilidad en la vida, e Isaías nos invita a revisar cómo usamos esa autoridad. 

San Pablo, en su carta a los Romanos, acaba de reflexionar sobre el misterio de la salvación, viendo cómo Dios es capaz de guiar la historia humana a pesar de los errores, las caídas y las rebeldías de los hombres. Ante este panorama, el Apóstol no encuentra más palabras que las de la adoración y el asombro: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!». Pablo nos recuerda de forma directa que la mente de Dios supera por completo nuestros cálculos humanos. Necesitamos reconocer nuestra pequeñez. Nadie ha sido consejero de Dios, nadie le ha dado nada primero para que Dios tenga que devolvérselo. Todo procede de Él, todo existe por Él y todo se dirige hacia Él. Muchas veces nos encontramos en la vida con situaciones que no entendemos: sufrimientos, pérdidas, giros inesperados o momentos de oscuridad. Queremos controlar el futuro y exigirle explicaciones a Dios. Esta lectura nos invita a soltar el control y a confiar. Nos llama a tener la humildad de aceptar que los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Cuando no entiendas lo que pasa en tu vida, no caigas en la desesperación; repite con San Pablo: «¡Qué insondables son tus caminos, Señor!», y descansa en su paz.

En el evangelio de este día tomado del capítulo 16 de San Mateo, vemos cómo Jesús se retira con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo. Es un lugar alejado, rodeado de templos paganos y grandes rocas. En ese contexto geográfico tan simbólico, Jesús lanza dos preguntas. La primera: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»... Los discípulos responden lo que escuchan por ahí: que Juan el Bautista, Elías, Jeremías o alguno de los profetas. Para la gente, Jesús es un gran hombre, un personaje del pasado que vuelve, o un maestro admirable. Pero se quedan muy cortos. No captan su verdadera identidad. Hoy en día pasa igual: el mundo ve a Jesús como un líder moral, un filósofo o un ejemplo histórico, pero nada más. La segunda pregunta nos llevará a la respuesta interior. Jesús deja de lado la opinión pública y personaliza el diálogo: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?»... Es una pregunta directa al corazón de los apóstoles y al corazón de cada uno de nosotros hoy. No vale responder con lo que dicen unos y otros; aquí no importa para nada lo que dice la gente. Simón Pedro toma la palabra en nombre de todos y hace la profesión de fe que sostiene a la Iglesia: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le responde con alegría solemnizando el momento, afirmando que esa revelación viene del Padre: «eso no te ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». La fe verdadera es un don de Dios, no un logro de nuestra inteligencia. Y Jesús ratifica: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». El Señor cambia el nombre de Simón por Cefas (Roca). A pesar de las debilidades humanas de Pedro —que más adelante le negará— Cristo lo elige como el fundamento visible de la unidad de su Iglesia. Y nos regala la esperanza de tener por seguro la victoria final: «El poder del infierno no la derrotará». Es una toda una promesa de esperanza. La Iglesia ha pasado por crisis, persecuciones, escándalos y dificultades externas e internas durante dos mil años, pero sigue en pie porque el constructor es Cristo, no los hombres. Con clara alusión a la primera lectura de Isaías, Jesús le entrega las llaves del Reino. Es la potestad para guiar, enseñar y, sobre todo, para perdonar los pecados en el nombre de Dios, santificando y abriendo las puertas de la misericordia a toda la humanidad. Ahí está el poder de atar y desatar de la Iglesia, de Pedro y sus sucesores.

El Dios que quita las llaves al soberbioso Sebná y se las da al siervo Eliaquín, es el mismo Dios cuyos caminos son misteriosos e insondables, y es el mismo Jesús que entrega las llaves del Reino a un pescador frágil, pero lleno de fe llamado Pedro. Al salir hoy del templo, llevemos la pregunta de Jesús resonando en nuestra mente durante toda la semana: «¿Quién soy yo para ti?»... Si Jesús es sólo un personaje histórico, nuestra fe será una costumbre sin sentido. Si Jesús es de verdad el Hijo de Dios vivo para tí, entonces Él es el centro de tu matrimonio, el guía de tu juventud, el consuelo en tu enfermedad y la roca firme en las tormentas de la vida. Amemos a la Iglesia, oremos de corazón por el Papa León y renovemos nuestra confianza en que, pase lo que pase en el mundo, las fuerzas del mal nunca vencerán al amor de Dios. 

Evangelio Domingo XXI del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra del Señor

sábado, 22 de agosto de 2026

22 de Agosto: Santa María Reina

Dios te salve, Reina y Madre... Reina de los ángeles, Reina de los patriarcas, Reina de los profetas, Reina de los apóstoles, Reina de los mártires, Reina de los que viven su fe, Reina de los que se conservan castos, Reina de todos los santos, Reina concebida sin pecado original, Reina elevada al cielo, Reina del Santísimo Rosario, Reina de la familia, Reina de la paz...

María quiso ser Virgen. Y Dios aceptó su deseo y la enriqueció con la maternidad divina, sin perder la virginidad. María nunca pensó en ser Reina. Pero Dios la colocó por encima de todos los coros celestiales, y los hombres de todos los siglos la aclaman como «Reina y Madre» en la «Salve». Y en la letanía lauretana, el título de Reina es la más reiterada proclamación.

Las letanías de la Virgen dejan de ser invocaciones suplicantes para hacerse en el cielo clamores de triunfo. Madre del Salvador, Virgen Poderosa, Espejo de justicia, Rosa mística... Resuena el Avemaría. ¡Dios te salve, llena de gracia...! El final se ha suprimido para siempre, porque en la gloria ya no hay «pecadores, y «la hora de la muerte» pasó ya.

Dios Padre recibe a su hija. Dios Espíritu Santo acoge a su esposa. Dios Hijo dice: «Ven Madre mía. Niño era, y me alimentabas y vestías... Tuve hambre y me diste de comer. Sed, y la apagaste. Después vinieron treinta años de vida oculta en Nazaret, la vida pública, la Cruz... Para ti, como para mí, no faltaron penalidades para así entrar en la gloria del Padre». […]
Éxtasis de humildad en apoteosis de triunfo

Ahora se entreabre el cielo... Los desterrados de la tierra perciben a lo lejos la sinfonía suavísima de un rumor que se hace imponente. Enajenada de amor y gratitud a María, la Iglesia peregrina y crucificada se agrega jubilosa al coro de la gloria. Llena de ilusión y esperanza, exclama: «Los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, en ti confiamos... Muéstranos a Jesús después de este destierro... Ruega por nosotros,..

Cesan los cánticos y la Virgen tararea rebosando gratitud estrofas de su himno predilecto: «Glorifica mi alma al Señor y salta de gozo mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque hizo en mí cosas grandes el Todopoderoso». Es el éxtasis de la humildad en la apoteosis del triunfo.
Después de este destierro, muéstranos a Jesús

Jesús subió al cielo el día de la Ascensión, María es elevada a la gloria en su Asunción. Nosotros entraremos también el día de nuestro triunfo. Pensamos muy poco en esta recompensa eterna. El Evangelio para algunos es un quitalegrías. Acervo de múltiples prohibiciones que hipotecan la libertad.

Muchos más bríos sentiríamos al pensar en la felicidad futura para conformarnos con la voluntad de Dios Padre... Miremos no sólo el camino, sino la meta final. La ruta es pedregosa y empinada, pero el fin es esplendoroso. «Poco durará la batalla, pero el fin es eterno... Allí todo se nos hará poco lo que se ha padecido, o nonada en comparación de lo que se goza» (Santa Teresa).

»Canta y camina» (San Agustín). En el cielo está preparado tu trono. La palma está a punto. Un poco de paciencia todavía... Llegaremos al tránsito definitivo como hemos llegado al fin de tal año, que nos parecía tan largo. Salvaremos la última etapa como tantas otras dejadas atrás...

Pasará la gran tribulación de la tierra (cf. Ap 7, 14), Este mundo de dolores y muerte dará paso a un universo nuevo. «Nuevos cielos, nueva tierra» (2P 3, 13), en que Dios «será Todo en todos» (cf. 1Co 15, 28).

Canta mientras caminas, mirando a María... 'Hoy, la Virgen Inmaculada, limpia de todo afecto de tierra, llena de pensamientos de cielo, no volvió a la tierra. Siendo ya un cielo animado aquí, es llevada a los celestiales tabernáculos... ¿Cómo iba a morir aquélla de la que nació la Vida para todos? ¿Cómo iba a corromperse el cuerpo que albergó la Vida? Cristo, Verdad y Vida, dijo: Donde yo estoy, allí estará mi servidor. Luego, con mayor razón, la Virgen tenía que estar donde él estuviese" (San ,luan Damasceno).

La fiesta de María Reina fue instituida por el papa Pío XII. La reforma del Calendario Romano de Pablo VI decidió que se celebrara, con rango de memoria obligatoria, el 22 de agosto, octava de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos.

Tomás Morales, S. J.
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director), Año Cristiano de EDIBESA