sábado, 15 de agosto de 2026

Reflexión de nuestro Párroco en la Solemnidad de la Asunción + Parroquia de Viella


Queridos hermanos y hermanas en Cristo

Celebramos hoy la fiesta patronal de nuestra Parroquia unidos a toda la Iglesia universal, que detiene su caminar cotidiano en el centro de este mes de agosto para contemplar un misterio que desborda de alegría y consuelo: la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma a los cielos. Al término de su vida terrena, Aquella que estuvo exenta de toda mancha de pecado original no conoció la corrupción del sepulcro. Dios no permitió que la tierra reclamara el cuerpo inmaculado y sagrario donde el Verbo de Dios se hizo carne. De este modo, cada 15 de agosto recordamos ese día bendito en que María entró por la puerta grande del Cielo; no como un espíritu incorpóreo, sino con la totalidad de su ser humano, abriéndonos camino y convirtiéndose en el espejo de nuestro anhelo de creyentes.

El Cielo es nuestra meta soñada, y para éste nos hemos de preparar día a día tomándonos muy en serio la salvación de nuestra alma. Si nuestra vida no se edifica por medio de la práctica sacramental, seremos cristianos de nombre y costumbres, pero sólo eso. Necesitamos redescubrir la grandeza de orientar nuestra vida a la luz del evangelio, de los mandamientos de la ley de Dios y de los de la Santa Madre Iglesia que nuestros mayores vivían con tanta seriedad y cumplimiento. Por ejemplo, se ha diluido demasiado el término "Precepto"; hoy es uno de esos días, y es que en nuestra sociedad líquida y anodina parece que ha quedado como en algo del pasado que para un católico practicante sea: ¡es! obligatorio escuchar misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. Hay quien dice: Yo voy sólo cuando el cuerpo me lo pide (otros sólo a los funerales para dejar la tarjeta); perfecto, cada cual es libre, pero entonces no se ponga en la fila para comulgar pues está en pecado, teniendo en cuenta, además, que para comulgar hay que estar en gracia tras haber confesado, algo bastante olvidado... Las normas de la Iglesia no han cambiado en absoluto, y sigue vigente que para poder comulgar hay que confesarse al menos una vez al año. El Papa León XIV lo ha recordado recientemente: «El inmenso tesoro de la misericordia de la Iglesia permanece inutilizado». Redescubramos el tesoro de nuestra fe, el regalo de ser católicos y de poder vivir ya aquí en la tierra el anticipo del Cielo.

El Evangelio nos muestra que el camino de María hacia esa corona de estrellas no comenzó con un estallido de poder humano, sino con un humilde "sí" en Nazaret, y con un viaje de servicio que todos conocemos, al encontrarse con Isabel, María prorrumpe en el canto del Magnificat ''Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humillación de su esclava''... La Asunción nos enseña una ley divina inquebrantable: el camino hacia la verdadera grandeza, pasa por la humildad. Dios derriba a los poderosos... y enaltece a los humildes. María está hoy en lo más alto porque así lo entendió y supo hacerse la más pequeña. Necesitamos aprender de Ella, a mirar a los demás con sus ojos, a hablar de los demás con sus labios, a amar con su corazón sincero y agradecido.

Celebrar la Asunción de María en cuerpo y alma es de vital importancia para el mundo de hoy. Vivimos en una sociedad contradictoria: por un lado, se rinde un culto obsesivo al cuerpo a través de la estética y cosmética consumista; por otro, el cuerpo es a menudo instrumentalizado, cosificado y descartado (como vemos en el drama del aborto, la eutanasia o la explotación humana). Frente a este desvío, la Asunción de María es un reclamo también de la dignidad del cuerpo. Dios nos está diciendo hoy que nuestra carne importa, que nuestra corporalidad es sagrada y templo del Espíritu Santo. El cuerpo no es una cárcel del alma, ni un traje viejo que nos quitamos al morir para ser disueltos en la nada. Nuestro cuerpo está llamado a la transfiguración, a la santidad y a la resurrección. María es la criatura humana en la que la Pascua de Cristo ya ha dado su fruto pleno. Ella ya experimenta en sus propias carnes lo que todos nosotros —si somos fieles— experimentaremos al final de los tiempos. Al mirar a María asunta al cielo, recordamos que nuestros ojos verán a Dios, que nuestras manos resucitarán, y que cada fatiga, cada enfermedad sufrida con fe y cada arruga ganada en el servicio a Dios y a los hermanos por amor, tiene un eco de premio en la gloria eterna. No fuimos creados para la corrupción de la muerte y el polvo del sepulcro; fuimos creados para la inmensidad y la eternidad del Cielo.

El Prefacio de la Misa de hoy afirma bellamente que María, asunta al cielo, es "principio y aurora de la Iglesia de la gloria, señal de consuelo y de esperanza firme para el pueblo que todavía peregrina en la tierra". María no se ha marchado a un cielo lejano y aristocrático para desentenderse de nosotros. Al contrario, al estar plenamente en Dios, está más cerca que nunca de cada uno de sus hijos. Ella es la madre que ha llegado primero a la casa paterna; la que ya conoce las habitaciones del palacio del Rey y ha encendido las luces para esperarnos. Ella sabe lo que cuesta caminar por este "valle de lágrimas", por eso nunca nos desampara. Nuestra Señora nos recuerda en este día que nuestra patria definitiva está en los cielos [Flp 3, 20]. María también es llamada en las letanías del Rosario "Puerta del Cielo". Ella, que fue la puerta por la que Dios entró en nuestra historia, es ahora la puerta que nos mantiene abierto el horizonte de la eternidad.

La fiesta de hoy alegra nuestro caminar cristiano. Que María asunta al cielo, nos rescate de la banalidad, de la queja y protesta estéril y de vivir como si esta tierra fuera nuestro único destino. Pidámosle hoy a la Santísima Virgen que nos conceda un corazón semejante al suyo: un corazón humilde que sepa decir "¡Hágase!" a los planes de Dios; un corazón servicial que corra al encuentro del hermano necesitado, y una mirada limpia qué, aun con los pies firmes en la tierra, mantenga siempre los ojos en la esperanza de los bienes del cielo.

Santa María, Asunta a los cielos, ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. ¡Amén!

Evangelio en la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” - como lo había prometido a “nuestros padres” - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Palabra del Señor

viernes, 14 de agosto de 2026

Santoral 14 de Agosto: San Maximiliano Kolbe

(Aciprensa) Cada 14 de agosto la Iglesia Católica celebra a San Maximiliano María Kolbe (1894-1941), sacerdote y fraile franciscano conventual que murió voluntariamente en el campo de concentración de Auschwitz (Polonia) durante la II Guerra Mundial. El P. Kolbe pidió ser intercambiado por un prisionero a punto de ser ejecutado. San Maximiliano Kolbe fue un gran promotor de la devoción al Inmaculado Corazón de María y uno de los fundadores de la “Ciudad de la Inmaculada", un complejo religioso construido cerca de Varsovia que contaba con un seminario, un monasterio, una editorial y una estación de radio.

Dos coronas: una blanca y otra roja

Maximiliano, cuyo nombre de pila fue Raimundo, nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, Reino de Polonia (en ese momento parte del Imperio Ruso). De acuerdo al relato de su madre -registrado después de la muerte del santo-, cuando Raimundo era niño, hizo una travesura que ella reprochó enérgicamente: “Niño mío, ¡quién sabe lo que será de ti!”. Días después, la madre vio que el pequeño Raimundo había cambiado de actitud y que oraba llorando con frecuencia ante un pequeño altar que tenía entre dos roperos. Ella le pidió que le contara qué le sucedía. Entonces, con los ojos llenos de lágrimas, Raimundo contestó:

“Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la Iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que aceptaba las dos. Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”. Este hecho marcó la vida de Maximiliano, quien a partir de entonces profesó la más grande de las devociones a la Virgen Inmaculada.

Caballero de la Inmaculada, hijo de San Francisco

Años más tarde, Raimundo se descubrió llamado a la vida religiosa e ingresó a la Orden de los Franciscanos Conventuales. En el noviciado (1910) cambió su nombre por el de “Maximiliano” en honor a San Maximiliano de Celeia, mártir. En 1911 profesó sus primeros votos y en 1914 los votos finales. Es entonces cuando adopta el nombre adicional de “María”, en honor a la madre de Jesús. Como estudiante de filosofía y teología en Roma (Pontificia Universidad Gregoriana), fundó la “Milicia de la Inmaculada” con la finalidad de promover el amor y el servicio a la Virgen y la conversión de las almas a Cristo. En 1918 fue ordenado sacerdote. De regreso a Polonia, publica la revista mensual “Caballero de la Inmaculada” y en 1929 funda la "Ciudad de la Inmaculada" en Niepokalanów, a 40 kilómetros de Varsovia. Luego se ofreció como misionero en Asia. Establecido en Japón, funda una nueva "Ciudad de la Inmaculada" (Mugenzai No Sono) y publica la revista “Caballero de la Inmaculada” en japonés.

La vuelta a Polonia y el inicio de la Guerra

Maximiliano regresa a Polonia unos años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando el clima social y político ya se encontraba convulsionado. Allí se encontró con que “El Caballero de la Inmaculada” -la publicación que fundó y dirigió- se había alejado de su línea estrictamente religiosa, dando un giro inadecuado hacia lo político. Maximiliano, retoma la dirección para enderezar lo que se había torcido, y no pierde la oportunidad de criticar desde la publicación las ideas nacionalsocialistas, es decir, las esgrimidas por el partido nazi, totalmente contrarias a la fe.

Con esto, el P. Kolbe quedó expuesto a la persecución de los nazis. Mientras tanto, continuaba con su servicio sacerdotal heroicamente: alentaba a la gente a mantener la fe y a acercarse al Señor. En solidaridad con el pueblo judío, se negó a ser registrado en la lista de los “alemanes” -su padre era alemán, su madre polaca-, con lo que se hubiese librado de posteriores problemas u hostigamientos. Sin embargo, su opción fundamental era el respeto por la humanidad toda, sin exclusiones. Maximiliano mantuvo una posición firme contra el nacionalsocialismo. Luego de algunos enfrentamientos verbales con los nazis, es apresado y enviado a los campos de concentración. Asignado en Auschwitz, destinado a las barracas, quiso ser signo del amor de Dios en un lugar que todos creían precisamente abandonado por Dios.

El amor más grande: dar la vida

Cierto día un prisionero del campo de concentración logró escapar y los soldados alemanes, en represalia, y como muestra de severidad, seleccionaron a 10 prisioneros para que mueran de hambre en los calabozos. El décimo número le tocó al sargento Franciszek Gajowniczek, polaco también, quien exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos”.

Ante esto, el P. Maximiliano se ofreció para ser intercambiado por el condenado a muerte. El sacerdote fue llevado a un subterráneo, donde alienta a los demás prisioneros a mantenerse unidos en oración. Después de varios días, sin comida ni agua, todos han muerto y solo él queda vivo. Para desocupar el lugar, los soldados decidieron aplicarle veneno, procedimiento que se conoce como “inyección letal". El P. Maximiliano rezó así hasta el final: “Concédeme alabarte, Virgen santa, concédeme alabarte con mi sacrificio. Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir…”. Murió el 14 de agosto de 1941, a los 47 años de edad. El Papa San Pablo VI lo declaró Beato al P. Kolbe en 1971. Fue canonizado por San Juan Pablo II -su compatriota- en 1982. En la ceremonia el Papa polaco lo honró con estas palabras: “Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida”.

Mañana

 

jueves, 13 de agosto de 2026

13 de Agosto: Memoria del Beato Juan Díaz Nosti C.M.F. y compañeros

El Beato Juan Díaz Nosti nació en Oviedo (Asturias) el 17 de febrero de 1880. Creció en el seno de una familia profundamente cristiana, ambiente que favoreció el rápido florecimiento de su vocación religiosa. Atraído por el carisma misionero de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos), decidió ingresar en la congregación, convirtiéndose históricamente en el primer religioso asturiano en profesar los votos dentro de este Instituto religioso fundado por San Antonio María Claret.

Dotado de una notable capacidad intelectual y una profunda vida interior, Díaz Nosti fue enviado a realizar sus estudios eclesiásticos de Filosofía y Teología en los centros formativos que la congregación poseía en Cervera y Santo Domingo de la Calzada. Tras completar con brillantez su preparación, recibió la ordenación sacerdotal en Zaragoza en el año 1906. A partir de ese momento, su vida estuvo guiada por la docencia y el gobierno comunitario. Debido a su carácter prudente, afable y a su sólida preparación teológica, sus superiores le confiaron altas responsabilidades. Fue profesor de Teología Moral dedicando gran parte de su ministerio a la docencia, formando a las nuevas generaciones de sacerdotes. Ejerció como guía espiritual y académico de los estudiantes claretianos en su etapa final de formación como Prefecto de Teólogos. Desempeñó el cargo de superior en conventos y seminarios de ciudades clave como Barcelona, Cartagena, Zaragoza y, finalmente, Barbastro.

En el verano de 1936, el padre Juan Díaz Nosti se encontraba en el caserón-seminario de los claretianos en Barbastro (Huesca), desempeñando el cargo de prefecto de los estudiantes de teología. En la casa residía una numerosa comunidad compuesta mayoritariamente por jóvenes seminaristas, además de los formadores y hermanos coadjutores. Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y el inicio de la Guerra Civil, la situación en Barbastro se volvió extremadamente peligrosa para los religiosos. El 20 de julio, las milicias revolucionarias locales asaltaron el seminario. Toda la comunidad fue arrestada y confinada en el salón de actos del colegio de los Padres Escolapios, convertido provisionalmente en prisión. Durante las semanas de cautiverio, el padre Juan se significó por ser un pilar de fortaleza espiritual para los jóvenes estudiantes, exhortándolos a mantener la fe y preparándolos sacramentalmente para el desenlace que se presentía inevitable.

El ensañamiento contra la cúpula de la comunidad claretiana no tardó en ejecutarse. En la noche del 2 de agosto de 1936, los milicianos seleccionaron a los tres principales responsables de la casa para ser los primeros en morir. Junto al padre superior Felipe de Jesús Munárriz y al administrador de la comunidad Leoncio Pérez Ramos, el padre Juan Díaz Nosti fue conducido a las puertas del cementerio de Barbastro. Allí, en la penumbra de la madrugada, los tres sacerdotes fueron fusilados debido a su condición religiosa. Con su muerte, se abrió el trágico goteo de ejecuciones que pocos días después acabaría con la vida de un total de 51 miembros de aquella comunidad claretiana.

El testimonio de fidelidad de los religiosos de Barbastro conmovió a la Iglesia universal. El proceso de canonización avanzó con firmeza y, el 25 de octubre de 1992, el papa Juan Pablo II los beatificó solemnemente en Roma. Con esta proclamación, Juan Díaz Nosti inscribió su nombre en la historia eclesiástica de su región natal al ser reconocido como el primer beato nacido en la ciudad de Oviedo. Su memoria litúrgica se celebra cada 13 de agosto de manera conjunta con la de sus compañeros de martirio, siendo recordados en el santuario edificado en su honor en Barbastro, donde reposan sus restos, así como en los altares de las iglesias claretianas de toda España.

Ante las Fiestas de Viella 2026


Queridos feligreses y amigos de la parroquia de Santa María de Viella:

Al llegar al ecuador del verano, Viella vive sus días grandes celebrando la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Es una fecha de profunda alegría espiritual en la que contemplamos a nuestra Madre en la gloria del cielo, recordándonos el destino de esperanza al que todos estamos llamados. La fiesta patronal no es sólo una suma de recuerdos pasados; es, ante todo, una oportunidad para vivir el presente sin olvidar el ayer ni angustiarnos por el mañana. En un mundo que a veces camina deprisa y de forma individualista, estos días nos invitan a mirarnos a los ojos, a compartir la misa y la mesa, y a fortalecer la fraternidad vecinal. A veces hay diferentes formas de ver las cosas, complicaciones, contratiempos, momentos de dificultad... Ante esto San Cipriano de Cartago hacía una reflexión muy apropiada: «Las pruebas que vienen a probarnos no son para destruirnos, sino para manifestar la virtud que hay en nosotros». La convivencia no siempre es fácil, pero los asturianos siempre hemos llevado a gala que no hay problema enquistado que no se pueda arreglar delante de un plato, de un vaso o una taza de café, tras una misa. 

Estas fechas y estas fiestas son el momento perfecto para "alzar la mirada" (Jn 4, 35). Es tiempo de abrir las puertas de nuestras casas, abrazar a quienes regresan estos días a descansar un poco en un hogar asturiano y compartir la alegría con los que son amigos, incluso con los que no lo son. Detrás de cada bombilla que ilumina el campo de la fiesta, de cada nota musical del acordeón y de cada acto, hay meses de ilusión y trabajo vecinal para mantener vivas las raíces. Gracias a la Comisión de festejos por su esforzada labor de cada año no sólo por mantener viva la fiesta, sino por tratar siempre de mejorarla. Son estas unas fiestas con mucho pasado a sus espaldas. Y es que el amor de los Paxarros a la Madre de Dios es una realidad milenaria particularmente aquí, tal y como como atestigua un documento del año 1076 que habla de la existencia en este lugar de un monasterio llamado Santa María de Nozana. La devoción de nuestros antepasados por la Reina del cielo ha quedado manifestado como un vínculo íntimo entre Viella y María de Nazaret. Que no se quede en una tradición fría o meramente rutinaria, sino que cuidemos y potenciemos esta unión de hijos con la que es Madre espiritual que consuela, intercede y acompaña nuestras necesidades, penas y dolores. Que hermoso es saber que al tener todos a la misma Madre, podemos sentirnos todos hermanos.

El célebre teólogo dominico San Alberto Magno afirmó: "Jamás se dirá bastante de María; nunca se la honrará ni se la amará bastante; su dignidad y grandeza están por encima de todo lo creado". Quizás esto lo tiene tan interiorizado el pueblo cristiano y más aún aquí en España, que con razón en pleno mes de agosto prácticamente se paralice el país para hacer fiesta grande por María. Pero aún en medio del festejo hemos de seguir insistiendo por el fin de la violencia y el triunfo de la Paz. El pasado 15 de Agosto el Papa León XIV decía en el rezo del Ángelus: ''Hoy queremos encomendar a la intercesión de la Virgen María, asunta a los cielos, nuestra oración por la paz. Ella, como Madre, sufre por los males que afligen a sus hijos, especialmente a los pequeños y a los débiles''. La Paz no es algo que se limite a los gobernantes de las naciones; la paz es tarea de todos. Necesitamos ser instrumentos y constructores de paz, con nuestras palabras y con nuestros gestos. A veces uno está como el rei nun paxu, nos quedamos en la comodidad de nuestros cuarteles de invierno, cuando tantos lazos de camaradería y fraternidad podríamos entretejer y renovar.

Os invito a participar con fe viva en la liturgia de la Asunción, pidiendo a María, nuestra Madre, que bendiga a cada una de nuestras familias, cuide de nuestros paxarros mayores y guíe a nuestros paxarrinos. Le pedimos también a Ella, que es Señora del cielo, que interceda por nuestros difuntos. Que nos lleve a su Hijo, fruto bendito de su vientre. Y que la alegría de estos días festivos se traduzca en gestos de acogida, solidaridad y entendimiento entre todos... Os deseo que paséis unos días felices de descanso y convivencia bajo el manto protector de nuestra Patrona.

A este afallaizu puebliquín de Viella: ¡Felices fiestas de la Asunción 2026!

Con mi bendición y afecto.

Joaquín Manuel Serrano Vila,
                                                                         Párroco

miércoles, 12 de agosto de 2026

Santoral del día: Santa Juana Francisca de Chantal

(COPE) La mujer de este día tuvo un gran espíritu contemplativo de Dios que se unió a su caridad. Hoy celebramos a Santa Juan Francisca de Chantal. Nace en Dijon (Francia) en el año 1572. Hija de familia noble, de muy joven se casó con el barón de Chantal, un militar de prestigio y muy religioso. De él hereda el título nobiliario.

Fruto de su matrimonio nacen seis hijos. Su gran capacidad administrativa es valorada por el marido, por lo que le deja en sus manos la gestión de los bienes y del Palacio que necesitaba retoques. Tras ordenar los estamentos y el entorno, propone la oración para la familia y la servidumbre.

Por fin muestra su faceta más caritativa con los pobres y las víctimas de la hambruna que le tocó padecer. Entonces fija varios parámetros en la vida familiar de la servidumbre. Pronto mueren dos de ellos y su esposo. Entonces busca consuelo en el confesionario.

En su camino aparece San Francisco de Sales, que será su Director Espiritual. Él le aconseja para descubrir lo que la Providencia le pide. Descubriendo un camino de consagración, y tras posicionar bien a sus hijos, fundó la Orden de la Visitación, dedicada a asistir a mujeres de frágil salud.

El nombre que le da es salesas por el Santo que le apoyó. Con el tiempo se vio más oportuno que se dedicasen a pedir al Señor por la Iglesia. Con eso se transforma en Orden de Clausura. Santa Juana Francisca de Chantal muere en en el año 1641.