En este V domingo del Tiempo Ordinario la Palabra de Dios nos hablará de cómo en nuestro seguimiento de Jesús hemos de tener presente que hemos de ser sal y luz en medio de nuestro mundo, y esto sólo se encarna cuando no cooperamos con el mal, cuando sabemos ver el bien en todo y en todos, especialmente en los que más sufren:
La primera lectura del profeta Isaías es un aldabonazo nuestra conciencia cuando dice: "parte tu pan con el hambriento". Qué bien nos viene esta invitación en el día en que celebramos la Campaña de Manos Unidas contra el Hambre. Podemos pensar, tal Vez, que no está en nuestras manos que el hambre desaparezca, y es cierto; quizás no tenemos los medios para que sea una realidad que todo el mundo tenga su pan de cada día; sin embargo, y aunque la obligación de acabar con el hambre en el mundo le corresponde a los gobiernos que manejan el dinero de los impuestos de todos, con nuestra aportación, oración y cooperación hoy, podremos lograr que el próximo año igual algunos tengan un poco menos de hambre.
El salmista nos dice: ''el justo brilla en las tinieblas como una luz'': ¿Qué significa ser justo? ¿Quién es justo?... En medio de nuestro mundo, donde tantas veces da la impresión de que el mal se sale con la suya, donde las noticias malas duplican a las buenas, donde cada cual consideramos que el mal o los malos son los otros, que los equivocados son los demás y que únicamente yo tengo razón, las palabras del salmista nos interrogan. Y es que el justo es aquel que camina en la ley del Señor, el que cumple los mandamientos y vive sin doblez, consciente de que a Dios no le puede engañar nadie.
En estos últimos domingos estamos avanzando en la lectura de la epístola de San Pablo a los Corintios, y en la que hoy afirma sin rodeos que ''nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado''... La comunidad de Corinto le dio muchos dolores de cabeza al Apóstol, y él pronto se dio cuenta que la mejor catequesis que les podía regalar era explicarles el sentido profundo de la Cruz. Lo que aparentemente fue un fracaso y una frustración, pronto se convirtió en la mayor victoria, con ese estilo inconfundible y de confusión que al mismo tiempo que tiene Dios, manifestando su fuerza en la debilidad. Sólo Él logró hacer de un símbolo de tortura repugnante el mayor símbolo de amor de la historia. Pablo no era un ignorante; era una persona culta, pero experimentó en su peregrinar apostólico cómo había lugares donde las personas no se les podía hablar únicamente con palabras, sino con el corazón. La ciudad de Corinto tenía un fuerte presencia griega y de otras culturas; se daba mucho valor a las ideas filosóficas y a otras teorías, por lo que San Pablo se desvincula de entrada de debates intelectuales, y por ello afirma: ''cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría''. Pero poco tenían que ver esa sabiduría filosófica con la sabiduría de Dios que difícilmente encaja con los criterios de nuestro mundo. El Apóstol no se avergüenza de reconocer sus límites, por eso afirma ''También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios''. No nos quedemos en sabiduría humana, sino vivamos nuestra fe desde el Espíritu. También, con frecuencia, la mundanidad entra en nuestra espiritualidad, y aplicamos a la vida de fe criterios del mundo que no le son propios.
En el evangelio de este domingo, tomado del capítulo 5 de San Mateo, nos habla de la importancia de ser "sal de la Tierra y luz del mundo", algo de lo que Jesús habla en su Sermón de la Montaña. Es una llamada directa que nos hace el Señor, sencilla y fácil de comprender. Si no somos luz que disipa oscuridades y da calor, sino somos sal que da sabor, conserva y cura, no estamos viviendo lo que espera el Maestro de nosotros. Quizás hoy estas parábolas, o ejemplos que utiliza el Señor, puedan parecernos insignificantes, pero pensemos en el momento en el que son dichas: ¡Cuánto valor tenía entonces poder tener sal y poder tener luz!... Pero esta invitación y reclamo de Jesucristo para nosotros sigue teniendo su misma actualidad y vigencia. Si somos la sal que se vuelve sosa, que no conserva y permanece, que no es símbolo de alianza y valor, ésta terminará por ser pisada por la gente. Podríamos pensar que ''ser pisados'' sería lo mismo que llevados por la corriente del mundo; es lo que pasa cuando perdemos la esencia de nuestro ser católico... Decir, que continuamos con el Sermón de las Bienaventuranzas; no es un comentario adicional, es que no podemos ser luz y sal si las bienaventuranzas no se encarnan en nuestro día a día. La radicalidad del evangelio pasa por ello, siguiendo los pasos del Mesías, el cual nos encaminan a su Reino. El seguimiento de Jesús no es algo de pasatiempo, no es para unas horas o días, ni para ser cristiano de palabras. Hay que ser cristiano viviendo, siendo ejemplo, o sabiendo cuándo uno debe de pasar desapercibido; cuándo uno puede ayudar, o cuándo uno debe dar el paso para el perdón, o en qué momento debe pararse a preguntar por qué odio a una persona si apenas le conozco...
Hoy la Campaña de Manos Unidas debe hacernos también reflexionar sobre las realidades a las que con frecuencia no prestamos atención: ¿Por qué sólo nos acordamos de los que pasan hambre una vez al año; cómo nos atrevemos a tirar tanta comida a diario, habiendo tantísimas personas que no tienen nada que llevarse a la boca?. ¿Cuándo dejaremos las ideas e ideologías para centrarnos de verdad en ser sal y luz en medio de nuestro mundo?. Que Jesús predicara todo esto en la montaña, tienen un paralelismo hermoso: es como el nuevo Sinaí, la nueva identidad que regala a los que le siguen, con la que conformar la nueva Jerusalén del mañana. Jerusalén tenía su templo, que era un faro que irradiaba a todo el país. Nosotros, hoy, una vez que comulguemos, saldremos del templo llevando al Señor en nuestro corazón, el cual es "Luz de Luz"... No le ocultemos, no lo pongamos debajo del celemín, sino que ''alumbre a todos los de la casa''. No hay cabida para un cristianismo interiorista, para una fe bajo llave, sin compromiso y sin profundizar en su Palabra, ni en buscarle en los pobres.
Hemos encontrado el mayor tesoro de todos: ¡démoslo a conocer! Ojalá brille nuestra ''luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos''... Damos gracias por la labor de Manos Unidas, que es la labor de la Iglesia en este compromiso concreto para erradicar el hambre en el Mundo. Esto debe ser un orgullo para nosotros, pero también hemos de seguir insistiendo en que el hambre en el mundo no es algo a lo que nosotros podamos ponerle fin de un plumazo, por ello oramos, para que los que tiene en sus manos terminar con este escándalo algún día lo consigan. Que "Manos Unidas" no tuviera que hacer más campañas contra el hambre sería la mejor noticia, pero como dijimos al principio, al menos que el próximo año sean menos los que pasen hambre. Pedimos por ellos, y por todos los que han muerto por falta de alimentos y recursos.





