sábado, 10 de enero de 2026

Fiesta del Fundador de las Hermanas del Santo Ángel

 

«Cuando una persona recibe una declaración de nulidad de su matrimonio, siente que se le quita un peso terrible de encima»

(Iglesia de Asturias) No es un tema de especial actualidad y si bien hace años se hablaba de ello incluso vinculado a personajes del papel couché, el silencio ha caído últimamente como una losa sobre el tema, limitado en la actualidad, más bien, a una cuestión de conciencia. Pero la labor de la Vicaría Judicial en el ámbito de las nulidades matrimoniales siempre está activo, trabajando en silencio. Después de unos años de pandemia donde divorcios y separaciones entraron en un periodo de estancamiento e incluso descenso, desde el año 2024 el número de las rupturas matrimoniales ha vuelto a crecer. Al mismo tiempo, son muchas las personas que ya no eligen casarse por la Iglesia y ha descendido, por tanto, el número de las personas que solicitan la nulidad, pero aún así, siguen acudiendo, los procesos son «más complejos» y ha nacido un nuevo perfil que llega a los tribunales de la Iglesia: aquellas personas que han vivido una experiencia en un movimiento de primer anuncio, del estilo de Emaús o Effetá. Hablamos de todo ello con el Vicario Judicial de la diócesis, D. Andrés Pérez.

¿Cómo definiría lo que es una nulidad matrimonial?

A veces, incluso entre los mismos clérigos o gente de Iglesia, se utiliza la palabra «anulación» para hablar de este tema, como si la Iglesia «anulase» un matrimonio en este proceso. Esto no es así porque si no, sería lo mismo que un divorcio pero por la Iglesia. La nulidad significa que ese matrimonio nunca existió por las causas que sean. La nulidad es declarar, mediante una sentencia judicial, que el matrimonio nunca existió.

¿Y cuáles son las causas principales por las que un matrimonio se declara nulo?

Las principales y las que son, estadísticamente, más corrientes, se refieren a temas de tipo psicológico o psiquiátrico. Es lo que se llama el «grave defecto de discreción de juicio», es decir, que una persona, por una inmadurez u otra psicopatología resulta que no sabe o no conoce cuáles son los derechos y los deberes del matrimonio o, por otras circunstancias, no goza de la suficiente libertad a la hora de casarse. También, por ejemplo, si tiene alguna psicopatología, alguna enfermedad psicológica o psiquiátrica grave: drogadicción, alcoholismo, esquizofrenia etcétera y contrae matrimonio así, pues esta persona está totalmente incapacitada para llevar una vida normal y pacífica de matrimonio. Estas son algunas de las causas. También si, por ejemplo, se excluyen los hijos de modo permanente y total, o también si se excluye la fidelidad o se casa pero con la intención de romper ese matrimonio, es decir, que no admite la indisolubilidad. Estas son las causas más corrientes que normalmente se dan.

A lo largo de los años ha visto ya centenares de causas de nulidad. ¿Cómo ha ido evolucionando? ¿Existen hoy nuevos problemas que antes quizá no se veían?

Sí, yo he notado un cambio, pero este cambio se nota en todas las personas, no solamente de cara a los matrimonios, sino de cara, por ejemplo, a la vida consagrada o también de cara a seminaristas, porque todos bebemos y estamos en la misma sociedad. Yo percibo una mayor inmadurez psicológica en las personas y una mayor fragilidad ante los problemas, una incapacidad muchas veces para gestionar dificultades que hay en la vida. Vuelvo a repetir esto en la vida religiosa, en la vida de seminaristas o en la vida del matrimonio. Gente, por ejemplo, que lleva un trabajo perfectamente del tipo que sea, pero luego en la vida afectiva, la vida matrimonial, pues es incapaz de gestionar y llevar adelante eso.

Hablamos de inmadurez pero a veces estos términos pueden parecer un poco ambiguos, ¿en qué momento la inmadurez se hace tan radical que impide a una persona llevar un matrimonio adelante? ¿Cuándo se hace un problema casi patológico?

Bueno yo, por ejemplo, tuve un caso donde un matrimonio que llevaba «x» años de casados, tuvieron varios hijos y él nunca nunca entregó el sueldo en casa. Decía que no se lo había dado a su madre, no se lo iba a dar a la mujer. Nunca se ocupó de atender a los hijos, ni de ir al hospital, ni de ir a médicos, ni de ir al colegio. Nunca se ocupó de nada de la casa. Todo era tarea de la mujer. Es decir, era un hombre que se casó pero que llevó siempre una vida de soltero. Como digo yo, la que se casó fue la mujer, no él. Esto es signo de una inmadurez, de un egoísmo tremendo.

Hace años se hablaba de la nulidad como si fuera una cuestión monetaria, como si la consiguiera gente que tenía dinero y fama. ¿Cómo funcionan en realidad, económicamente, los procesos de nulidad?

Aquí en Asturias, el 40 % de los casos de nulidad que llevamos son de personas que no pueden pagar. Es lo que se llama la «justicia gratuita». Cuando una persona pide la nulidad de su matrimonio, lo primero que se hace es ver, en un estudio previo, si hay indicios suficientes. Si vemos que sí, luego ya vamos a la cuestión dineraria o económica. Si una persona no tiene medios económicos, por ejemplo, gana menos de 1.200 euros al mes, se sobreentiende que no tiene esos medios económicos y entonces la Iglesia, el Tribunal, le concede lo que se llama la «justicia gratuita», bien sea de modo total o en un porcentaje, un 25%, un 75%. Pero nunca se deja de llevar una nulidad matrimonial por cuestión económica. ¿Cuánto cuesta la nulidad de matrimonio si una persona puede pagarla? Bueno, pues son en torno a entre 4.500 o 5.000 euros. Esto conlleva el pago del abogado del Tribunal Eclesiástico –tenemos un listado de ellos–, del procurador, del coste del tribunal y también del perito o psiquiatra si tiene que intervenir en el caso de que haya causas de tipo psicológico. El proceso suele durar un año y en ese año se va aportando ese dinero. Pero repito, si alguien no puede pagar lo que cuesta, lo demuestra y se le concede la «justicia gratuita».

Es muy interesante que, antes de empezar la causa, se haga un estudio previo para ver si tiene visos de salir adelante. ¿Cuáles son los pasos que se dan en el proceso de nulidad?

Lo primero que se examina es el relato de los hechos. Trasladamos un cuestionario a los párrocos o a quien nos lo pide. Se rellena ese cuestionario y tienen una entrevista, por ejemplo, conmigo. Ahí se ve si hay indicios, porque la certeza absoluta solamente se da con la sentencia. Si se ve que hay indicios, se le informa a la persona y, si quiere seguir adelante, contrata a un abogado –o se le da a un abogado si es de justicia gratuita–, se elabora la demanda, se comunica a la otra parte, es decir, al esposo o a la esposa, para comunicarle que su cónyuge quiere la nulidad de matrimonio y proponerle que pueda colaborar para dar su versión de los hechos. Hay gente que dice que no y que no quiere saber nada. Se establece el tribunal: son tres jueces más luego el Defensor del Vínculo, se recogen las pruebas, las declaraciones del esposo o de los esposos, de los testigos, después hay un informe del perito psiquiatra o psicólogo, luego las alegaciones del abogado, del Defensor del Vínculo y finalmente la sentencia. Si no hay muchos problemas, pues esto puede durar entre 10, 12 meses normalmente.

Lo cierto es que las personas que llegan hasta el Tribunal lo harán con un gran sufrimiento a sus espaldas.

Sí, aquí mucha gente se echa a llorar porque, claro, como yo suelo decir es «desenterrar un muerto», pero yo les animo porque en el fondo es un problema de conciencia. Hay personas que no tienen fe y tienen claro que les vale con tener el divorcio, pero para otras eso no es suficiente. Una persona de conciencia quiere que Dios, que la Iglesia, se pronuncie de alguna forma sobre eso que han vivido. Y cuando una persona recibe, por ejemplo, la sentencia favorable de nulidad, siente como que un peso terrible se le quita de en medio. Normalmente, entre el 90-95 % de las nulidades que se juzgan aquí son positivas, es decir, se declara la nulidad. Evidentemente porque ha habido ese estudio previo para valorar los indicios.

Una cosa curiosa y propia de estos últimos tiempos es que al Tribunal han empezado a acudir personas para pedir la nulidad de su matrimonio que tienen en común el hecho de haber pasado por un proceso en un movimiento de primer anuncio del estilo Emaús o Effetá. ¿Es así?

Es cierto, sí. Cuando alguna persona tiene una conversión o, por ejemplo, da con una nueva pareja que es creyente y se da un acercamiento a Dios o comienzan a valorar la parte espiritual, esas personas empiezan a considerar que no les vale con ese divorcio que consiguieron hace dos, tres o diez o quince años. Y entonces piden que la Iglesia, que Dios, se pronuncie sobre ello. Entonces sí, están acudiendo bastantes gentes de este mundo o de procesos personales de conversión.

¿Le ha pasado alguna vez que alguna pareja en pleno proceso de nulidad se llegue a reconciliar?

Bueno, la verdad es que eso sucede muy raramente porque normalmente las personas vienen de un momento de mucho sufrimiento o ya suelen estar ya con otra persona y a mí en todos los años que llevo después de cientos de causas nada más me ha sucedido en una ocasión. Recuerdo que fue del siguiente modo: pidió la nulidad a ella, vino a declarar, luego al día siguiente vino a declarar él y al poco tiempo me llamó ella por teléfono y me dijo «mire don Andrés, que vamos a dejar la causa de nulidad porque es que nos hemos vuelto hablar y nos hemos reconciliado y vamos a intentarlo otra vez». No tuve más noticias.

Una vez que la pareja obtiene la nulidad es frecuente que alguno de los dos tenga ya pareja de nuevo y quieran volver a casarse por la Iglesia. ¿Tiene que pasar algún tiempo para casarse después de que se obtiene la nulidad? ¿Existe algún tipo de veto?

Efectivamente, si se ha dado la nulidad de matrimonio y no ha habido ningún recurso, ninguna apelación en el momento de la sentencia, entonces se declara firme y mandamos un oficio a los párrocos para que, en las partidas de bautismo y de matrimonio se ponga «este matrimonio ha sido declarado nulo». A partir de ahí, inmediatamente, podrían preparar los trámites para una nueva boda canónica. Sin embargo, en un porcentaje muy alto, en la sentencia se pone un veto, una prohibición para volver a casarse, bien sea a uno de los cónyuges, bien sea al otro o bien sea a los dos. Y es porque, si una persona tiene un problema grave psicológico-psiquiátrico, una esquizofrenia, por ejemplo o una dependencia de drogas o de alcohol y en el momento actual de la sentencia sigue con esa psicopatología, no se le puede permitir que se vuelva a casar porque volvería hacer infeliz a la nueva persona con la que se casara y volvería a hacer nulo ese matrimonio. Entonces la Iglesia trata de proteger esto mediante el veto o prohibición. Estamos teniendo ahora dos casos en que personas a las que se les puso el veto y ahora ha pasado ya un tiempo, están solicitando que les hagamos el levantamiento del veto. En esos casos, examinamos si efectivamente aquella causa que produjo la nulidad ha desaparecido. En el caso de que haya desaparecido levantamos el veto. En el caso de que prosiga la causa, nos pronunciamos por el no levantamiento de veto y no pueden volver a casarse por la Iglesia, al menos de momento.

¿Cuántas sentencias de nulidad se firman en la diócesis cada año?

Estamos haciendo ahora un recuento porque siempre tenemos que informar a la Conferencia Episcopal, al Obispo y también a Roma. Y resulta que este año pasado se hicieron 26 sentencias de nulidad en Asturias. En principio no son muchas, han bajado porque la gente se casa menos ahora por la Iglesia por lo tanto pide menos la nulidad. Pero son más complicadas. Porque antes se casaba uno de Grao con una de Colloto y ahora, pues, a lo mejor uno de ellos es de otro país y se hace un poco más complicado localizar a esas personas o también sucede que uno de los dos puede no ser católico. En todo caso, hay menos causas pero son un poco más complicadas jurídicamente hablando.

viernes, 9 de enero de 2026

Regalos de la Parroquia esta Navidad

         

      

Santoral diocesano: San Eulogio y Santa Lucrecia

San Eulogio de Córdoba es celebrado por el rito romano el 9 de enero, pero el calendario hispano-mozárabe fija la fecha el 1 de junio junto a su discípula Lucrecia. San Eulogio vivió en tiempos del emirato de Córdoba, un tiempo con muchas censuras y limitaciones para los cristianos como por ejemplo no poder evangelizar a los no cristianos. Las abundantes confesiones de fe de los mártires que crearon en el año 851 una gran conmoción en la ciudad de Córdoba fueron apoyadas por este santo que se convirtió en su defensor y cronista. La mayor parte de su obra literaria está consagrada a la crónica de los martirios y a animar a los cristianos que por la fuerte persecución estaban abandonando la fe. Es tanta la fama de este presbítero que tras la muerte del metropolitano de Toledo es elegido para sucederle. Debido a las grandes tensiones en la ciudad de Córdoba no puede trasladarse a Toledo para ser consagrado arzobispo. Un nuevo arzobispo será elegido tras el martirio de Eulogio.

Sería condenado por que a través de sus escritos y predicaciones convertía a los no cristianos. El caso de Lucrecia sería el punto final para condenar a muerte a Eulogio. Lucrecia era hija de musulmanes, pero educada como cristiana por una tía suya. Sus padres habiéndose enterado, quieren ocultar que es cristiana, pero ella huye a casa de Eulogio para seguir profesando su fe. Eulogio la recibe pero son arrestados y en el interrogatorio Eulogio reconoce haber instruido en la fe cristiana a Lucrecia y haberla animado a mantenerse firme en la fe y ser fiel al bautismo. Invitado a abrazar el islam para no ser ejecutado, San Eulogio profesan la fe cristiana y así es condenado a muerte. Fue sepultado en la basílica de San Zoilo. Unos días más tarde su discípula Lucrecia correrá la misma suerte martirial. El 9 de enero de 883 los restos de San Eulogio son trasladados a Oviedo. San Eulogio de Córdoba, en su obra, nos emite un testimonio personal de cómo se vivía en la persecución procurando no acabar siendo mártir, no por no profesar la fe, sino por no considerarse dignos del martirio.

Inquietos además los paganos por causa de los mártires y sacudido con una enorme furia el mismo rey, consideró este en su interior varias medidas con las que poder reprimir la intención de los santos. Preguntó también los sabios, consultó a los entendidos e interrogó sobre este asunto a los notables de su reino. Todos ellos, en un anime conjura para la ruina de los fieles, determinaron que se arrestase a los cristianos Y que se los encadenarse en rigurosísima a prisión. En ese momento, en caso de que se presentara espontáneamente algún osado que insultara a su profeta, se suprimieron sin duda las trabas para matarlo. Nosotros, desdichados, tras averiguar esta decisión tuvimos, nos alejamos, anduvimos errantes, Nos ocultamos y, en temeroso de ambular y cambiando de aspecto, aprovechamos los silencios de la noche; nos asustamos con la caída de una hoja, cambiamos frecuentemente de morada, buscamos lugares más seguros y nos escabullimos temblorosos de todos lados por miedo a morir por la espada aun cuando un día habríamos de morir por necesidad. Y acaso oímos del martirio no por temer la muerte, que ha de llegar un día, sino por ser indignos del mismo, que se ha concedido a algunos y no todos. Pues quienes ahora sufren martirio y quienes van a ser martirizados están predestinados desde el principio del mundo, según dice el apóstol: ‘A quienes conoció de antemano, también los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, a fin de que fuera Él el primogénito entre muchos hermanos. Más a quienes predestinó, a estos también los llamo, y aquí les llamo, a ellos también los glorifico’ (San Eulogio de Córdoba, Memorial de los santos, II, XIV).

jueves, 8 de enero de 2026

Vídeo mensual del Papa León XIV

 

Muere la «auténtica» Sor Citroën: enseñó a cantar a Rocío Jurado y fue la primera monja con carnet

(Rel.) La hermana Tomasa, apodada Sor Citroën, fue llevada a la pantalla por la actriz Gracita Morales en la película de 1967 dirigida por Pedro Lazaga. Una obra que se ha convertido en todo un clásico del cine español.

Impulsiva, abierta e inocente, aprendió a manejar un Citroën 2CV con el propósito de colaborar en el orfanato de niñas que atendía su congregación. Sus dificultades al volante dieron lugar a situaciones realmente divertidas.

La verdadera Sor Citroën

Aunque Sor Citroën pasó a la historia como un personaje de ficción, su personaje se inspiró en una monja real, María Teresa López Canabal, que falleció el pasado 31 de diciembre los 97 años. La Razón cuenta su historia.

Los que la conocieron aseguran que María Teresa fue una mujer de gran corazón, siempre dispuesta a ayudar a los demás. Daniel Vigo le dedicó un artículo en 2018 en el Diario de Pontevedra que tituló ''Héroes de Pontevedra: Teresa,, la monja revolucionaria''. En él contaba que, con solo 17 años, Teresa ingresó en la orden de las Calasancias.

Inició su labor docente en el colegio de la Divina Pastora, en Chipiona, donde llegó a enseñar canto a Rocío Jurado. Según recoge el artículo, "una de sus alumnas fue la cantante Rocío Jurado, cuyo padre, zapatero y empleado de las bodegas Rodríguez Hermanos, le enviaba cada mes un garrafón de vino dulce".

"Teresa me contó la historia de un chico que estaba enganchado a la heroína. Una mañana le sacó una navaja en los baños de la estación. Teresa le miró a los ojos y le dijo: 'Pero que me vas a hacer pobre'. El chico soltó la navaja con los ojos llorosos. Ella comenzó a invitarlo a comer todos los días en la cafetería de la estación y así pasó el tiempo, los meses, entre charla y charla, hasta que un día no volvió más. Años después, este chico regresó a la estación para verla. Iba con su mujer y una niña pequeña, su hija. Se había quitado de la droga, se había casado y tenía un trabajo. Le dijo a Teresa: 'Yo he tenido una madre porque me parió, pero usted es mi segunda madre porque me rescató'", continúa el artículo.

"En otra ocasión estaba una chica sentada en un banco del andén. Pasaban las horas, los trenes y ella no entraba en ningún vagón. Al caer la noche Teresa se le acercó y le preguntó porque no cogía ningún tren. Le contó entre lágrimas que iba a Ourense. Venía de la Toja porque trabajaba como sirvienta en el chalet de una familia y al regresar paró a tomar un café en la alameda, donde le robaron el bolso. Se había quedado sin dinero y sin documentación. Teresa le compró el billete destino a Ourense y le ofreció dinero por si lo necesitaba a su llegada. A los ocho días la chica regresó al estanco para darle las gracias con una caja de bombones".

"En la estación de trenes de Pontevedra también había un pintor de Vilagarcía que realizaba pinturas al óleo de manera magistral y exponía sus cuadros en los andenes. Tenía un problema con la bebida. Una tarde, Teresa observó como los guardias de seguridad le estaban pegando hasta que alzó la voz para detenerlos: '¡No os dais cuenta que es una persona enferma, que manera es esa de tratar a un ser humano!'. A partir de ese momento el pintor le juró a Teresa que no volvería a beber jamás y siguió pintando en la estación. El pintor meses después se marchó a Barcelona. Un año más tarde vino la madre del pintor, ya anciana, para darle las gracias a Teresa por salvar a su hijo de la bebida, porque no volvió a beber más y ahora vivía en Barcelona siendo un pintor con mucho éxito", añade Vigo.

Su siguiente destino fue un colegio del barrio de Salamanca en Madrid. Allí se convirtió en la primera monja de España y una de las primeras mujeres en obtener el carné de conducir. En Asturias dio clases en la localidad de Pola de Allande y organizó una compañía de teatro. Con el dinero recaudado en las funciones, financió una excursión a Covadonga para todo el pueblo, cuyos vecinos no podían permitirse el viaje.

Desafiaba la imagen convencional de una monja. Regresó a Pontevedra y continuó su incansable ayuda a los más desfavorecidos. A punto de cumplir 90 años, Vigo la describía como "una mujer con pelo blanco, menuda, sonriente, con la mirada llena de bondad y alegría. Si la ven pasear por la calle Sagasta denle un beso y un abrazo".

miércoles, 7 de enero de 2026

Homilía del Sr. Arzobispo en la Fiesta del Santo Nombre de Jesús

Querido Señor Abad, hermanos sacerdotes concelebrantes y hermanos todos en el Señor, paz y bien de todo el corazón. También Covadonga está iluminada con este ambiente propio de la Navidad. Da gusto venir al Santuario de la Virgen y encontrar que también aquí la Navidad está señalada en este escenario como aquel que nos damos en nuestros hogares, en nuestras calles y plazas, en tantos escaparates, en nuestras iglesias y parroquias. Junto al misterio delante del altar, veis que hay una pequeña vela con una pañoleta de scout que la rodea. Es una vela que viene desde Belén. Un grupo de scouts europeos cada año viaja hasta la gruta de Belén y allí encienden una candela especialmente protegida que traen hasta Viena, en Austria. Hasta allí fueron los scouts asturianos para traer, también protegida, a luz que se encendió en Belén y que ahora alumbra y arde en tantos de nuestros ámbitos. Es un símbolo que estamos celebrando en estos días: que allí hubo una luz que Dios encendió en la persona de su Hijo recién nacido. Eso fue lo que ocurrió hace dos mil años, y mientras recordamos aquella venida primera, nos preparamos a la última venida que prometió realizar al fin de los tiempos, al tiempo que también le reconocemos continuamente presente en medio de nosotros. Tres venidas, tres esperas que nos permiten cantar como hacemos en este tiempo navideño. La Navidad es particularmente tierna y hermosa.

Hoy tenemos una fiesta en la liturgia católica que se ha recuperado no hace tanto tiempo. Es la fiesta del Santo Nombre de Jesús. Es una fiesta que tuvo comienzo, litúrgicamente hablando, en el siglo XVIII. Y que luego se perdió. La última edición del Misal Romano, con el que celebramos la Santa Misa ha recuperado esta fiesta que tiene un largo sabor franciscano. El Nombre de Jesús.Aprender el nombre es empezar a conocer al otro. Porque si no, el otro es anónimo. Si yo no sé cómo se llama alguien, no sé quién es. Cuando comienzas a conocer a otra persona y comienzas a quererla, le preguntas cómo se llama. Y sabiendo el nombre, es el primer paso que se da para una historia de cariño y de amistad. Jesús nos reveló su nombre. Jesús significa que Dios nos salva, el Salvador. Y este nombre que nos salva se hizo pequeño, se hizo niño.

Es lo que estamos celebrando en esta época de Navidad, pero a este pequeñín hay que dejarlo crecer. Vino sin saber hablar como todos nosotros nacimos. Vino sin saber andar como nosotros gateamos. Pero en Jesús, al igual que sucedió con nosotros, hay un momento en que aprende a hablar, y que también aprendió a andar. Lo importante es que ese Jesús que habla y anda me diga cosas y yo las escuche diciéndole las mías. Ese Jesús que anda frecuente mis caminos y yo vaya por sus senderos. Es lo que pedimos a este pequeño niño Jesús dejando que se adentre en nuestras vidas. El Evangelio que acabamos de escuchar es un Evangelio hermoso porque es el primer encuentro que tiene Jesús ya adulto, que hablaba y andaba, con aquellos que serían sus dos primeros discípulos, Andrés y Juan. Estaban escuchando a un profeta que era el primo de Jesús, Juan el Bautista. Cuando el Bautista vio llegar a Jesús lo señaló diciéndole, este que viene por allí, a la orilla del río Jordán, es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y es tan grande que es el Mesías. Tanto, que yo no puedo desatarle las correas de sus sandalias, que era la labor que hacían los siervos más esclavos. Ni siquiera eso se consideraba digno de hacer el Bautista, cuando vio llegar a su primo Jesús, junto a la orilla del río Jordán.

Aquellos dos discípulos no le preguntaron cosas extrañas, sino algo bien sencillo. ¿Maestro, donde vives? Jesús les respondió, venid y lo veréis. ¿En dónde vives? Esa fue la pregunta. Porque en el fondo, tanto Andrés, como Juan, como tú y yo, tenemos tantas intemperies demasiadas veces. La intemperie de nuestros fríos, la intemperie de nuestras dudas, la intemperie de nuestros miedos, la intemperie de nuestros conflictos. Por eso preguntar a alguien dónde vives, sabiendo que ese no es un alguien cualquiera, es decirle: mis conflictos buscan la paz, mis dudas buscan respuestas, mis fríos buscan el calor y la lumbre que tú me das.

Yo quiero vivir contigo, dime dónde está tu casa. Nos dice el evangelista que fueron con él y se quedaron con él, y jamás se separarían. Esta es la fiesta de la Navidad, amigos. Le pedimos al Señor, al buen Dios que, dado que también nosotros tenemos nuestras tiritonas y escalofríos, nuestros conflictos y apagones, podamos encontrar en una casa con las puertas abiertas, una casa encendida en la que somos esperados y saben nuestro nombre, como nosotros sabemos el suyo en este día de su fiesta.

Vamos a pedir de una manera especial la noticia de esta madrugada por Venezuela, donde ha empezado el bombardeo Caracas. Tenemos varias guerras en el mundo, conocidas son la de Gaza, la de Ucrania y desde esta madrugada también en Venezuela, para que aquellos que han abusado dictatorialmente sean retirados. Ojalá no sufra el pueblo tan maltratado por el narco-gobierno y que no mueran más inocentes. Pedimos para que resuelvan cuanto antes la tragedia de los dictadores sin pagar el precio de ninguna masacre. Por eso pedimos por este querido pueblo hermano, Venezuela, en este momento tan delicado.

Y a vosotros que habéis venido a Covadonga como yo también esta mañana desde Oviedo, que la Virgen Santa, nuestra Santina, nos proteja con su manto, escuche nuestras oraciones, mientras pedimos por aquellos que nos faltan, especialmente aquellos que otros años han podido gozar de nuestra compañía y nosotros de su presencia. Tenemos presentes a nuestros familiares y amigos que hemos dejado en sus casas. Y pedimos también por aquellos que nos faltan porque han fallecido. Que Dios los bendiga. Feliz Navidad, feliz Año Nuevo llenos de la paz y el bien que proceden del Señor.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Covadonga, 3 enero de 2026