lunes, 27 de julio de 2026

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Nombramientos en otras diócesis de sacerdotes asturianos


Obispado de Alcalá de Henares

Con fecha 17 de junio de 2026, el Sr. Obispo complutense, Monseñor Antonio Prieto Lucena, ha tenido bien nombrar al sacerdote Rvdo. Sr. D. Alejandro Rodríguez Catalina. Adscrito a la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Ambite de Tajuña. Cesa como Párroco de San Cristóbal de Alalpardo y Administrador parroquial de la Inmaculada Concepción de Valdeolmos (Madrid).

Obispado de San Cristóbal de la Laguna

Con fecha 7 de julio el obispo nivariense Monseñor Eloy A. Santiago Santiago tuvo a bien nombrar al Rvdo. Sr. D. Ramón Luis García Guardado, Párroco de Ntra. Sra. de la Caridad, en La Caridad; de Ntra. Sra. La Luz, en La Luz y Nuestra Señora del Carmen en Lomo Colorado (Arc. Tacoronte). Cesa de administrador parroquial de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz y la Unión, en La Cuesta, La Laguna.

Arzobispado de Madrid

Con fecha 27 de julio, el Cardenal arzobispo matritense Monseñor José Cobo Cano tuvo a bien nombrar al Rvdo. Sr. D. Manuel Fanjul García: Adscrito a Nuestra Señora de los Ángeles.

En la misma fecha de hoy 27 de julio, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor José Cobo Cano ha tenido a bien nombrar al sacerdote Rvdo. D. José Manuel Lanas Coto: Párroco de San Félix de Madrid. Cesa como capellán de las Hermanitas de los Pobres

domingo, 26 de julio de 2026

Reflexión en la fiesta de San Félix. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


En este día nuestra Parroquia se reune para celebrar la memoria de San Félix, nuestro patrono. Un testigo heróico de la fe que derramó su sangre en el año 304 durante la gran persecución de Diocleciano. Su vida y su martirio no son reliquias del pasado, sino un espejo en el cual debemos mirarnos hoy para reavivar nuestro propio compromiso con el Evangelio.

A continuación, quiero compartir tres grandes enseñanzas que nos deja su testimonio:

1. El valor del compromiso

San Félix no fue obispo, ni sacerdote, ni monje; fue un comerciante que entendió que su profesión no era un obstáculo para la fe, sino su principal plataforma de misión. Viajó desde el norte de África hasta Gerona simulando negocios materiales, pero su verdadera mercancía era el tesoro de la Palabra de Dios. Esto nos enseña que la santidad no está reservada a los templos. Tu lugar de trabajo, tu familia y tu entorno social son la "Gerona" actual donde estás llamado a anunciar a Cristo con integridad y caridad, aún a riesgo del rechazo y estigmatización social, martirio sin sangre de nuestro tiempo.

2. La fe inquebrantable en la tribulación

Las actas de su martirio nos narran que Félix sufrió torturas desgarradoras antes de entregar su vida. El prefecto Daciano le ofreció salvar el cuerpo si renunciaba a Dios, pero Félix prefirió salvar su alma. En un mundo que nos presiona constantemente para que compremos una paz barata a cambio de silenciar nuestras convicciones morales, San Félix nos recuerda las palabras del Evangelio: "El que pierda su vida por mi causa, la encontrará". Su perseverancia nos demuestra que quien confía plenamente en el Señor jamás se siente abandonado.

3. Morir como el grano de trigo para dar fruto

San Félix es el primer mártir documentado de Gerona, y su sangre se convirtió en la semilla de una comunidad cristiana vigorosa que perdura hasta nuestros días. El imponente templo levantado sobre su sepulcro, la actual Basilica de San Félix , es el testimonio físico de un triunfo espiritual. El grano cayó en tierra en el siglo IV, murió, pero sigue alimentando nuestra fe en pleno siglo XXI. Su memoria nos invita a preguntarnos: ¿estamos dispuestos a desgastarnos y "morir" a nuestro egoísmo para que otros conozcan el amor de Dios?…

Señor Dios, que diste a San Félix de Gerona el valor de proclamarte como único Salvador a costa de su propia vida, concédenos por su intercesión la gracia de una fe valiente; que no tengamos miedo de ser mensajeros contracorriente en medio del mundo y que nuestras vidas reflejen siempre la alegría inquebrantable de pertenecerte. Amén.

Evangelio Domingo XVII del Tiempo Ordinario



Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor 

San Joaquín y Santa Ana: la Iglesia celebra a los abuelos de Jesús y la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

(Infovaticana) La Iglesia celebra este 26 de julio la memoria litúrgica de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana. La festividad coincide, además, con la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, instituida por el papa Francisco y celebrada este año bajo el pontificado de León XIV.

Con motivo de esta jornada, el Papa difundió el pasado mes de junio un mensaje centrado en el lema «Yo no te olvidaré» (Is 49,15), en el que invita a redescubrir el lugar de las personas mayores en la vida de la Iglesia, anima a visitar a los abuelos y a quienes viven en soledad, y agradece el testimonio y la oración de tantos ancianos que sostienen diariamente a la comunidad cristiana.

Los padres de la Virgen María

Los Evangelios no ofrecen información sobre los padres de María. La tradición que los identifica como Joaquín y Ana procede principalmente de antiguos escritos apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del pseudo-Mateo, que inspiraron posteriormente la devoción popular y la iconografía cristiana.

Según esa tradición, Joaquín y Ana vivían en Jerusalén y permanecieron largos años sin poder tener hijos. En la mentalidad judía de la época, la esterilidad era considerada una señal de ausencia de la bendición divina, circunstancia que les ocasionó sufrimiento y humillaciones.

Tras un tiempo de intensa oración y penitencia, un ángel anunció por separado a ambos que serían padres. De ese anuncio nació María, a quien, según la tradición, presentaron en el Templo cuando cumplió tres años para consagrarla a Dios.
Una devoción con siglos de historia

El culto a san Joaquín y santa Ana surgió primero en las Iglesias orientales y posteriormente se extendió a Occidente.

En 1481, el papa Sixto IV incorporó la fiesta de santa Ana al Breviario Romano y fijó su celebración el 26 de julio. Poco más de un siglo después, Gregorio XIII extendió su memoria litúrgica a toda la Iglesia latina. La celebración de san Joaquín fue introducida posteriormente y experimentó diversos cambios de fecha hasta que, con la reforma litúrgica de 1969, ambos esposos quedaron unidos en una única memoria litúrgica el 26 de julio.

«Yo no te olvidaré»

En su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, León XIV tomó como hilo conductor las palabras del profeta Isaías: «Yo no te olvidaré», recordando que el amor de Dios alcanza a cada persona y constituye una respuesta frente a la soledad y al olvido que experimentan muchos ancianos.

El Pontífice advirtió que, con frecuencia, las personas mayores corren el riesgo de quedar relegadas al anonimato, especialmente cuando viven solas o permanecen hospitalizadas, donde su identidad puede verse reducida «al número de su cama o a su patología».

Por ello, afirmó que esta jornada quiere recordar que la Iglesia está llamada a ser «madre de todos» y que en cualquier etapa de la vida cada persona sigue siendo hijo o hija de Dios.

Una invitación a visitar a los mayores

León XIV dirigió una llamada especial a los jóvenes para recuperar la costumbre de visitar a los abuelos, a los mayores de la propia familia y también a quienes no reciben visitas.

El Papa les pidió llevarles «la cercanía y el afecto» de la Iglesia para que el lema de la jornada se traduzca en encuentros concretos. En este contexto recordó una reflexión de su encíclica Magnifica humanitas, donde señala que, aunque las tecnologías multiplican las conexiones, «el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad».

La ancianidad como tiempo de fe y esperanza

El mensaje también presenta la vejez como un tiempo privilegiado para profundizar en la relación con Dios. León XIV recuerda que nunca es tarde para iniciar o retomar una vida espiritual y anima a vivir la propia fragilidad como una oportunidad para abrirse a los demás y confiar más plenamente en el Señor.

Finalmente, el Papa agradece a los mayores el apoyo constante que ofrecen a la Iglesia mediante su oración, especialmente a través del rezo del santo rosario, y les exhorta a unirse a su petición por la paz en un mundo marcado por la guerra y la violencia social, confiando en que Dios «nunca se olvida de nosotros».

sábado, 25 de julio de 2026

Santiago Apóstol, cuando España recuerda quién la puso en camino. Por Luis Javier Moxó Soto

(Rel.) Cada 25 de julio, llueva o haga sol, la Plaza del Obradoiro se convierte en un espejo donde España vuelve a verse a sí misma de un modo insólito. Llegan peregrinos cojeando, ciclistas con barro hasta las cejas, grupos de parroquia, matrimonios mayores, jóvenes de medio mundo, algún turista que no sabe bien qué hace allí y, en medio de todos, esa mezcla de lágrimas, risas cansadas y abrazos que solo se da cuando uno ha caminado mucho más de lo que imaginaba. Frente a la fachada de la catedral, una pregunta flota en el aire: ¿quién nos ha traído hasta aquí?

La respuesta tiene un nombre y una historia que mezclan hechos y leyenda, como casi todo lo vivo. Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, hermano de Juan, uno de los primeros en dejarlo todo por seguir a Jesús. La tradición más antigua dice que, tras la Ascensión, predicó el Evangelio hasta los confines de la Hispania romana, conoció la pobreza de estas tierras y, de regreso a Jerusalén, fue el primero de los apóstoles en entregar la vida por Cristo. Sus discípulos habrían traído sus restos hasta Galicia, donde quedaron escondidos durante siglos, hasta que una luz misteriosa —la famosa “campus stellae”— señaló a un ermitaño el lugar de la tumba. A partir de ahí, la historia de España ya no se entiende sin ese sepulcro.
Un apóstol entre la historia y la leyenda

Los historiadores discuten fechas, viajes, detalles. La fe, en cambio, se fija en otra cosa: desde hace más de mil años, la Iglesia confiesa que en Compostela se venera la tumba de un apóstol, y eso basta para cambiar el peso espiritual de un país. Un pueblo que tiene enterrado en su tierra a un amigo directo de Jesús queda marcado para siempre.

La tradición cuenta que Santiago anunció el Evangelio en Hispania con poco éxito y mucho cansancio. Hay un episodio que ha quedado grabado en la memoria cristiana: la visita de la Virgen María en Zaragoza, cuando aún vivía en Jerusalén, para consolarlo y animarlo a perseverar cuando todo parecía estéril. Es la escena del Pilar: una Madre que se adelanta a la desbandada, que sostiene la misión cuando los frutos no se ven, que recuerda al apóstol que no se trata de resultados, sino de fidelidad.

Más tarde llegarían otros relatos, entre ellos el más polémico: la aparición de Santiago “Matamoros” en la batalla de Clavijo, en el siglo IX, ayudando a las tropas cristianas frente al ejército musulmán. Es una imagen que ha sido leída de mil maneras, a veces mal utilizada, otras interpretada como símbolo de una lucha más profunda: la del Evangelio contra todo lo que deshumaniza al hombre. Más allá de debates, lo que permanece es que la figura de Santiago se convirtió en bandera de una España que se sabía llamada no a cerrarse sobre sí misma, sino a llevar la fe hasta “el fin de la tierra”.

Entre hechos verificables y tradiciones piadosas, aparece un hilo firme: Santiago es para España el apóstol que vino a sembrar cuando casi nada germinaba, que volvió aquí con su tumba para sostener a un pueblo entero, que ha sido invocado durante siglos en momentos de crisis, de guerra, de plaga, de reconstrucción.

La ofrenda de los Reyes y una nación de rodillas

Desde el siglo XVII, la monarquía española mantiene un gesto que dice más de lo que parece: la Ofrenda Nacional al Apóstol. Instituida por Felipe IV, se realiza cada 25 de julio (y también el 30 de diciembre, fiesta de la Traslación), y en los años santos de manera especialmente solemne. No es un mero protocolo: es la confesión pública de que la Corona, y con ella la nación, se reconocen deudoras de la fe recibida y la confían de nuevo a la intercesión de Santiago.

En los últimos años, reyes de distintas sensibilidades han mantenido la tradición. En sus palabras ante el Apóstol se repiten algunas constantes: pedir por la unidad de España, por los más vulnerables, por las víctimas de tragedias como Angrois, por la superación de las crisis, por la concordia entre territorios. Más allá de agendas políticas, hay algo profundamente significativo: un jefe de Estado que se presenta cada cierto tiempo ante la tumba de un apóstol para decir, en nombre de todos: “No nos bastamos a nosotros mismos”.

¿Sigue teniendo sentido este gesto en un país secularizado, plural, herido por tantas divisiones? Más que nunca. No porque la fe sea un elemento “identitario” que haya que exhibir, sino porque recuerda algo esencial: España no se explica sin Cristo, sin la Iglesia, sin la sangre de sus santos. Intentar borrar esa memoria no hace al país más neutral: lo deja sin alma.

Que todavía exista una Ofrenda Nacional, que todavía se pronuncien ante el Apóstol palabras de gratitud y súplica, es un recordatorio de que la historia no empezó ayer y de que ninguna ingeniería social puede cambiar el hecho de que este pueblo se ha forjado a la sombra de la cruz.

El Camino: una arteria que sigue llevando vida

Si la tumba de Santiago es el corazón, el Camino es la red de arterias por la que la gracia ha circulado durante siglos. Camino Francés, Portugués, del Norte, Primitivo, de la Plata… Más allá de las rutas, lo que importa es la experiencia: salir, cargar con lo necesario, dejar atrás seguridades, convivir con desconocidos, aprender a pedir y a agradecer, caminar en silencio, descubrir que el propio cuerpo tiene límites, y que muchas veces el alma va por detrás.

La Iglesia ha visto siempre la peregrinación a Santiago como una metáfora viva de la vida cristiana: el pueblo de Dios en marcha, entre polvo y ampollas, con etapas duras y otras agradecidas, con noches de cansancio y amaneceres de consuelo, con desvíos y reencuentros, con un objetivo que no es solo llegar a una ciudad, sino dejarse encontrar por el Señor.

El Camino nació como experiencia profundamente religiosa: penitencia, conversión, cumplimiento de votos, búsqueda de indulgencia, deseo de reparar pecados, petición de ayuda ante grandes decisiones. Hoy se mezcla de todo: turismo, deporte, búsqueda espiritual difusa, moda, curiosidad. Y sin embargo, una y otra vez, quienes empiezan “por fuera” acaban descubriendo que algo muy hondo se ha movido “por dentro”.

“Es una experiencia interior”, escriben los que han reflexionado sobre su espiritualidad: una pedagogía que, a base de kilómetros, mochilas y encuentros, enseña a soltar pesos del alma, a reconciliarse con el propio pasado, a abrirse a Dios aunque uno no supiera ponerle nombre. Muchos testimonios de conversión y de vuelta a la fe publicados en estos años nacen precisamente ahí: en una etapa bajo la lluvia, en una confesión inesperada en un albergue, en una Misa de peregrinos donde alguien se derrumba al oír el Evangelio.

Que en pleno siglo XXI el Camino de Santiago siga lleno, que jóvenes agnósticos, matrimonios rotos, ejecutivos quemados, jubilados cansados y familias enteras se lancen a recorrerlo, es uno de esos signos que hablan por sí solos: el corazón humano sigue teniendo sed, y Dios sigue sirviéndose de un apóstol enterrado en Galicia para saciarla.

Santiago y España: raíces que no caducan

En los últimos años, distintos papas han insistido en la necesidad de que Europa no reniegue de sus raíces cristianas. León XIV, en continuidad con Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo ha repetido con particular fuerza a propósito de España. Un país que ha dado santos, misioneros, mártires, universidades, catedrales, caminos de peregrinación, no puede tratar su propia historia cristiana como si fuera un accidente vergonzante.

Santiago Apóstol encarna, de algún modo, el nervio de esas raíces:

Es discípulo antes que símbolo: su autoridad no nace de una identidad nacional, sino de su cercanía a Cristo.

Es peregrino: no se quedó en casa; cruzó mares y tierras para anunciar el Evangelio hasta el último confín.

Es mártir: su palabra no fue barata; la selló con la sangre.

Es intercesor: desde su tumba, sigue recibiendo las plegarias de quienes se acercan con fe sencilla: familias, parados, enfermos, políticos, jóvenes buscadores.


España se ha mirado durante siglos en ese espejo. Cuando ha sido fiel a la imagen que le proponía —una nación en camino, abierta a la misión, dispuesta a gastar la vida por Cristo— ha generado frutos que han llegado hasta América, África y medio mundo. Cuando ha traicionado esa vocación, se ha quedado atrapada en sus propias luchas internas, en proyectos ideológicos que, tarde o temprano, se revelan incapaces de sostener la esperanza.

Hoy, cuando se reavivan debates sobre identidad, memoria histórica, símbolos religiosos, unidad territorial, libertad religiosa, la fiesta de Santiago invita a bajar el volumen de los eslóganes y subir el de la oración. Antes de discutir quién es España, convendría recordar Quién la puso en pie, Quién caminó con ella cuando era casi nada, Quién la ha sostenido en sus horas más oscuras.

Oración

Señor Jesús, que llamaste a Santiago a dejar las redes para seguirte hasta dar la vida, mira a España, que lo venera como patrono.

Haz que esta nación recuerde que su verdadera grandeza no está en sus éxitos ni en sus derrotas, sino en haber recibido tu Evangelio y haberlo llevado a otros pueblos.

Que el Camino de Santiago siga siendo escuela de conversión, de perdón y de encuentro contigo para tantos que buscan sin saberlo.