jueves, 16 de julio de 2026

El hombre del escapulario: San Simón Stock y la Virgen del Carmen Por: Mons. Alberto José González Chaves

He aquí otro santo que los historiadores modernos contemplan con gesto escéptico; pesan documentos, discuten fechas, afinan manuscritos, sospechan interpolaciones y revisan leyendas con el bisturí frío de la crítica. Pero después de tanta disección, el pueblo cristiano continúa arrodillándose exactamente en el mismo lugar de siempre. Tal sucede con San Simón Stock. Desde hace años, algunos estudiosos relativizan o incluso niegan su historicidad concreta y la de la aparición de la Virgen del Carmen entregándole el escapulario. Pero miles de catolicos siguen besando el escapulario con una confianza filial que atraviesa los siglos.

Porque si la tradición del escapulario no puede salir de un laboratorio documental, ha impregnado de tal manera la oración, la liturgia, la iconografía y la vida espiritual de la Iglesia, que es imposible arrancarla del alma católica.

El muchacho del tronco hueco

Fue Simón un muchacho singularísimo. A los doce años —dice la piadosa narración medieval— se retiró a vivir dentro del hueco de un árbol, entregado a la oración y a la penitencia. De ahí habría venido el sobrenombre de Stock, tronco. La imagen tiene algo profundamente bíblico y profundamente inglés al mismo tiempo: un adolescente escondido en un árbol como un pequeño profeta de bosque húmedo y cielo gris.

¿Ocurrió exactamente así? Que los historiadores siguan discutiéndolo: lo cierto es que la tradición quiso ver en él a un hombre radicalmente enamorado de Dios y de la Virgen, un alma contemplativa y fuerte, moldeada por el silencio y por la austeridad. Algo que encaja admirablemente con el espíritu del Carmelo naciente.

El escapulario no cae del cielo como si hubiera descendido flotando solo, sin historia, sin manos, sin rostro, sin contexto humano. Dios nunca obra así: se sirve de hombres concretos, de biografías reales, de almas preparadas durante años.

La Virgen vino a darle el escapulario a un hombre, un varón fuerte enamorado de María, un hijo apasionado de la Señora del Carmelo. Hacía falta un religioso capaz de recibir aquel don y transmitirlo después a generaciones enteras. Y ahí aparece Simón Stock. Aunque algunos quieran desdibujarlo entre nieblas documentales, la tradición carmelitana lo ha venerado durante siglos como el gran receptor de aquella confidencia maternal de María.

“Recibe, hijo amadísimo…”

Estamos conmemorando el 775 aniversario (Año Jubilar), porque la tradición sitúa la aparición el 16 de julio de 1251. La Virgen habría dado el escapulario a Simón, apenado por la deriva de la Orden, naciente y moribunda, diciéndole: «Recibe, hijo amadísimo, este escapulario de tu Orden; señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas. Quien muera con él no padecerá el fuego eterno».

Naturalmente, los teólogos han explicado siempre que esta promesa no debe entenderse de manera mágica ni supersticiosa. El escapulario no es un amuleto. Es un signo de consagración, de pertenencia, de vida cristiana, de confianza filial en María vivida seriamente. No se puede vaciar de contenido sobrenatural una tradición abrazada durante siglos por tantos santos, pontífices y fieles.

Los Papas han hablado del escapulario con inmenso respeto y profunda devoción; no como quien tolera una ingenuidad medieval, sino como quien reconoce un verdadero camino espiritual mariano.

Juan XXII difundió el llamado «privilegio sabatino», según el cual la Virgen llevará al cielo, el sabado siguiente a su muerte, a quien lleve devotamente el escapulario y haya vivido cristianamente.

Mucho después, Pío XII escribió sobre el escapulario preciosamente en su carta «Neminem profecto latet» (1950), el texto pontificio más bellos sobre esta devoción carmelitana. Allí llama al escapulario “signo de consagración al Inmaculado Corazón de María” y lo califica como la primera entre todas las devociones marianas.

¿Solo un pedazo de tela?

Hay algo conmovedoramente católico en el escapulario. Dos pequeños trozos de tela marrón: nada espectacular ni deslumbrante. Nada moderno. Y, sin embargo, detrás de él, siglos de procesiones, agonías acompañadas, conversiones silenciosas, marineros, ancianas, soldados, niños, conventos enteros, seminaristas, campesinos y moribundos.

¡Cuántas veces el escapulario fue el último objeto besado antes de morir! ¡Cuántas madres lo colgaron al cuello de sus hijos! ¡Cuántos sacerdotes lo impusieron al neófito, temblando un poco, conscientes de estar entregando algo infinitamente más grande que una simple devoción externa! Porque el escapulario resume admirablemente el estilo de María: discreto, silencioso, humilde, protector.

Yo seguiré celebrando cada 16 de mayo a San Simón Stock. Y seguiré haciéndolo aunque algún especialista me asegure un día, con gesto doctoral y pie de página impecable, que quizá no existió exactamente como lo hemos imaginado. Francamente, me da igual. Porque si no hubiera existido, habría que inventar a ese viejo carmelita inglés que mira a la Virgen con ojos de hijo enamorado. Habría que inventar a ese hombre silencioso que recibe sobre sus hombros un hábito de misericordia para millones de almas. Habría que inventar a ese fraile austero que aparece en los cuadros sosteniendo el escapulario como quien sostiene una promesa.

Pero no hace falta inventarlo: Simón sobrevive a la crítica histórica por la fuerza espiritual de lo que transmiten. Y el pueblo cristiano posee un misterioso instinto de autenticidad que no cabe en las notas de una edición académica.

Tal vez ahí esté el secreto último del escapulario carmelitano: en que no deslumbra la lana humilde y parda de María. No es una corona de oro; es un trocico de estameña: tela pobre, monástica, hogareña, maternal.

La Virgen del Carmen no quiso dejar a sus hijos una joya, sino un vestido; no un símbolo de poder, sino de cobijo; de algo apoyado sobre el pecho, junto al corazón. Por eso el escapulario sigue atravesando los siglos con una fuerza que desconcierta a los modernos. Y es que el hombre contemporáneo, aunque no lo confiese, sigue necesitando lo mismo que necesitaba Simón Stock: sentirse cubierto por el abrazo de una Madre.

María, estrella de los mares y columna de España

(Rel.) Cada 16 de julio, en puertos grandes y pequeños, España se asoma al mar con un gesto que conserva algo de súplica antigua y de gratitud filial. Barcos engalanados, sirenas, flores arrojadas al agua, procesiones marineras, pescadores con la mirada seria, familias enteras siguiendo la imagen de la Virgen del Carmen: no es solo una costumbre de verano, sino la memoria viva de un pueblo que sabe que el mar da pan, pero también pide respeto, y que el hombre no lo domina nunca del todo.

Por eso la devoción del Carmen toca un nervio muy hondo de España. La gente del mar no venera una abstracción, sino a una Madre. La llama Estrella de los Mares porque, cuando la costa desaparece y la noche se cierra, hace falta una luz que no deslumbre pero oriente; una presencia que no sustituya al esfuerzo del navegante, pero lo sostenga cuando la fuerza humana ya no basta. Esa experiencia, tan concreta y tan popular, dice mucho más sobre la fe de un pueblo que muchos discursos. España ha aprendido a invocar a María no solo en las catedrales, sino también en cubierta, entre redes, temporales, salitre y silencio.

Del Monte Carmelo a las costas de España

La advocación de la Virgen del Carmen hunde sus raíces en el Monte Carmelo, en Tierra Santa, lugar unido a la memoria del profeta Elías y a la vida de los primeros ermitaños que allí buscaron a Dios. De esa tradición nació la Orden del Carmen y, según la tradición carmelita, el 16 de julio de 1251 la Virgen se apareció a san Simón Stock entregándole el escapulario como signo de protección y pertenencia.

Desde la Edad Media, y de modo creciente con la expansión carmelita, la devoción del Carmen fue arraigando en España hasta hacerse una de las más queridas del pueblo fiel. Su vinculación con la mar se volvió tan fuerte que la Virgen del Carmen quedó unida oficialmente a la Armada por Real Orden de 1901, y desde entonces es patrona de la Marina de guerra española. Pero esa oficialidad solo confirmó algo que el corazón del pueblo ya sabía desde mucho antes: cuando un barco sale, conviene que salga bajo el manto de la Virgen.

La fe de los puertos

Hay advocaciones que se comprenden mejor en una biblioteca, y otras que se entienden mirando una procesión popular. La del Carmen pertenece a estas últimas. En Málaga, A Coruña, Santurce, Vila Joiosa, Asturias y tantos otros lugares costeros, la imagen de la Virgen sigue siendo embarcada cada año entre vítores, lágrimas y promesas, mientras se recuerda a quienes no regresaron del mar y se pide protección para los vivos.

Ahí se percibe una verdad profunda: la piedad popular, cuando es sana, no banaliza la fe, la encarna. La Virgen del Carmen acompaña a pescadores, marineros, buzos, familias de puerto, armadores humildes, viudas del mar y jóvenes que quizá no pisan una iglesia con frecuencia, pero se descubren quitándose la gorra al paso de la imagen. En torno a ella, la fe deja de ser un concepto y vuelve a ser pertenencia, memoria, amparo y comunidad.

Del Carmen al Pilar

Sin embargo, la fuerza del Carmen en España no se entiende del todo si no se la inserta en una realidad mayor: este país ha vivido históricamente bajo una constelación de advocaciones marianas que no compiten entre sí, sino que se iluminan mutuamente. La Virgen del Carmen guarda a la gente del mar; la del Pilar sostiene al apóstol desalentado; Guadalupe ensancha el horizonte hacia América; Covadonga custodia los comienzos de una resistencia; la Inmaculada resume una intuición teológica y espiritual que España defendió durante siglos.

La tradición del Pilar, tan unida a Santiago, muestra a María sosteniendo la misión cuando parece estéril. El Carmen hace algo parecido, pero con imágenes marineras: cuando no se domina el oleaje y el horizonte se vuelve incierto, la Madre acompaña. Una columna en la orilla del Ebro, una estrella sobre el mar: dos símbolos distintos para la misma certeza. España no se ha sentido guiada por María de forma decorativa o sentimental, sino en momentos en los que la fe, la misión o la propia supervivencia parecían vacilar.

Una mariología nacida del pueblo y pensada con hondura

Reducir todo esto a simple folclore sería no entender nada. España no solo ha amado a la Virgen; también la ha pensado. La mariología española e hispana ha tenido una continuidad notable, desde los teólogos que defendieron con especial ardor la Inmaculada Concepción hasta la producción mariana del siglo XX articulada en torno a instituciones como la Sociedad Mariológica Española y publicaciones como Estudios Marianos.

Esa combinación de piedad popular y reflexión teológica explica por qué ciertas frases no son solo retóricas. Cuando se dice que España es “tierra de María”, no se está aludiendo únicamente a procesiones o imágenes patronales, sino a una cultura católica en la que la fe del pueblo, la liturgia, la teología y la misión han convergido con particular intensidad en torno a la Madre de Dios. Hay países donde María es un rasgo de sensibilidad; aquí ha sido también una forma de pensar la historia y de entender la vocación colectiva.

Calanda, o la carne devuelta

En ese tejido entra con fuerza el milagro de Calanda, atribuido a la Virgen del Pilar. En 1640, Miguel Juan Pellicer, que había sufrido la amputación de una pierna, amaneció con la extremidad restituida; el hecho dio lugar a un proceso con testigos, médicos y documentación notarial, y al año siguiente la autoridad eclesiástica reconoció el milagro. Para los creyentes, se trata de uno de los prodigios mejor documentados de la historia de la cristiandad.

Más allá de controversias modernas, Calanda posee una fuerza simbólica extraordinaria. María no aparece ahí como mero consuelo subjetivo, sino como intercesora en una historia concreta, corporal, verificable, que devuelve a un hombre lo que parecía perdido para siempre. Dicho de otro modo: la Virgen no solo calma el alma; puede rehacer una vida. Y esa imagen tiene una resonancia muy poderosa para una España tantas veces herida, desgajada o amputada de su memoria cristiana.

España, tierra de María

San Juan Pablo II entendió muy bien todo esto. En varias ocasiones habló de España como “tierra de María”, y no lo hizo como cortesía diplomática, sino como lectura espiritual de una realidad histórica. Para él, la devoción mariana española no era una reliquia folclórica, sino un depósito vivo de fe capaz de seguir fecundando la Iglesia y de sostener una vocación misionera abierta también a la hispanidad.

Ahí el Carmen cobra un relieve especial. La Virgen que guía a marineros y pescadores sirve también como imagen de una nación llamada a no perder el rumbo. El mar puede leerse como metáfora de la historia: oleaje ideológico, tempestades culturales, nieblas morales, puertos falsos. En ese contexto, María aparece como la estrella humilde y segura que no sustituye a Cristo, pero conduce hacia Él.

Y desde España, esa protección se proyecta hacia la gran familia hispana. La hispanidad, entendida cristianamente, no es una nostalgia de poder, sino una comunidad de memoria, lengua, fe y misión que ha aprendido a rezar bajo distintas advocaciones marianas a uno y otro lado del océano. Del Carmen al Pilar, de Guadalupe a tantas otras imágenes queridas, la misma Madre ha ido tejiendo una geografía espiritual que une puertos, montañas, caminos y pueblos enteros.

Bajo la misma estrella

La Virgen del Carmen ofrece una puerta de entrada concreta, popular y hondamente española a una verdad mayor: que este país solo se entiende de verdad si se tiene en cuenta la presencia maternal de María en su historia. Después vendrá Santiago, patrono de España, y con él la memoria del apóstol, del Camino y de la misión; pero antes de la tumba del discípulo está la Madre que lo sostuvo cuando parecía desfallecer.

Quizá esa sea la enseñanza más actual de la fiesta del Carmen. Un pueblo puede olvidar muchas cosas, pero mientras siga llevando a la Virgen hasta el mar, mientras haya hombres rudos que se santigüen al verla pasar y mujeres que le recen por los suyos desde el muelle, no estará del todo perdido. Bajo la mirada del Carmen, España recuerda que su grandeza nunca estuvo en dominar las aguas, sino en saber a Quién invocar cuando las aguas se embravecen.

miércoles, 15 de julio de 2026

Diana Catalán: ''Damos gracias a Dios por la gran acogida de la peregrinación a Covadonga''

(Infocatolica) Se celebrará la VI edición del 25 al 27 de julio y hoy acaba el plazo de inscripción

Diana Catalán Vitas (Tudela, 1996). Enfermera. Fundadora y presidente de Nuestra Señora de la Cristiandad - España, que organiza anualmente la peregrinación con liturgia tradicional a Covadonga.

¿Qué supone celebrar ya la VI edición de la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga?

Cuando echo la vista atrás no me puedo creer que esta sea ya nuestra VI edición. Parece que fue ayer cuando nos embarcamos en esta aventura, sin saber si tendría aceptación, si podríamos perseverar… ¡Y aquí estamos! Damos gracias a Dios por la gran acogida que ha tenido la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad en España. Tras un grandísimo crecimiento los primeros años, estos dos últimos hemos experimentado una estabilización y afianzamiento. Pero ya podemos decir que este año se va a superar el récord de inscritos que se alcanzó en 2024. ¡Deo gratias!

¿Cómo la experiencia de estos años les ayuda cada vez más a consolidarla y a mejorar?

Conforme se van estableciendo guías, protocolos, formas de trabajar… cada vez es menor el tiempo que hay que invertir en preparar lo más básico y esencial de la peregrinación. Esto nos permite ir implementando mejoras poco a poco, corrigiendo errores… El año pasado ya pudimos distribuir mejor el trabajo de los voluntarios, incluir ratos de descanso en común y charlas espirituales. Creo que esto ayudó a mejorar el ambiente de trabajo considerablemente. Es por eso que muchos de esos voluntarios repiten este año.

Respecto a los peregrinos, también se van logrando mejoras poco a poco: en el cumplimiento de horarios, la atención al clero más personalizada, a las familias, etc.

Incluso ya son una referencia para otras peregrinaciones nuevas como las de Italia, Reino Unido o Portugal…

Hemos tenido el placer de ver el nacimiento de estas tres peregrinaciones, que han adoptado el mismo nombre, fijando también su modelo en nuestra “hermana mayor”, la peregrinación de Chatres. Gozamos de una muy buena relación todos los organizadores, incluyendo la peregrinación a Luján, procurando siempre ayudarnos entre nosotros. Así como Notre-Dame de Chrétienté nos ha invitado en diversas ocasiones a todos nosotros para poder aprender de su organización, también nosotros estamos encantados de enseñar lo poco que sabemos a estas peregrinaciones más pequeñas. Este año, por ejemplo, nos acompañará en la organización Andrea Cabanas, presidente de Our Lady of Christendom-UK.

¿Cómo se han preparado espiritualmente para ello?

No hemos dejado de tener varios encuentros a lo largo del año. Algunos abiertos a todos los fieles y otros propios de la organización. Retiros espirituales, encuentros de jóvenes… todo ello como complemento y dirigido hacia la preparación de la Peregrinación, que no deja de ser nuestra actividad principal y la razón de ser de la Asociación.

¿Qué supone incrementar la participación este año?

Si bien es cierto que este año recibimos más peregrinos, no es un incremento tan repentino como el que experimentamos los primeros años, por lo que es más fácil adaptar la organización a este mayor número de participantes.

Siempre es una gran alegría ver que la peregrinación sigue teniendo una gran acogida y el número de peregrinos va incrementando. Si además es a un ritmo que nos permita hacer frente a ello con los medios actuales de los que disponemos, mucho mejor, claro.

¿Van a contar con mucha presencia internacional?

Así es. La presencia internacional no para de crecer. Este año recibimos capítulos de Francia, Reino Unido, Irlanda, Holanda, Portugal, Italia, Polonia, Australia, México y Estados Unidos. Muchos de estos capítulos ya existen en la peregrinación a Chartres y sabemos el gran esfuerzo que realizan año tras año para venir también a España y compartir con nosotros la ruta de Oviedo a Covadonga.

¿En qué consiste la mini ruta que añaden este año?

Durante estos años veíamos como muchas familias con niños pequeños tenían dificultades para participar en la peregrinación. Este año hemos querido facilitárselo un poco creando una ruta adaptada para poder hacer con carritos de bebé. Es apenas una hora caminando al día, pero también podrán compartir otros momentos con el resto de peregrinos, como las comidas, o actividades con los peregrinos de la ruta de familias. Este año, por ser el primero, hemos puesto un límite de plazas, hasta completar un autobús. Si funciona bien y tiene buena acogida, intentaremos aumentar las plazas para las siguientes ediciones.

¿Siguen necesitando voluntarios?

Gracias a la generosidad de muchos peregrinos que han solicitado cambiar su inscripción para ser voluntarios ya casi se ha conseguido completar el gran número de voluntarios que todavía faltaban. Desde aquí quiero agradecerles a todos ellos y les puedo asegurar que no se arrepentirán. Como podrán comprobar, la experiencia de peregrino voluntario es tan única como la de peregrino caminante.

¿Quiere añadir algo?

Me gustaría también aprovechar para agradecer a todos aquellos que han contribuido económicamente para que esta peregrinación salga adelante. Como anunciamos hace un tiempo en redes sociales, el pasado año tuvimos más gastos de los habituales y nos quedamos en una situación económica bastante precaria. Gracias a la ayuda desinteresada de muchos peregrinos hemos podido sacar esta edición adelante. Siempre intentamos que el precio de inscripción sea bajo, para que esto no sea impedimento para nadie. Pero este precio no llega a cubrir todos los gastos, por lo que siempre dependeremos de las donaciones para poder organizar año tras año esta peregrinación. ¡Gracias!


Por Javier Navascués

Oramos por las nuevas encomiendas pastorales en la Archidiócesis

 SACERDOTE

 DESTINO

 HASTA AHORA

  D. Juan Ignacio García Iglesias



 Canónigo de la SICBM

 


Adscrito a San Melchor y San Antonio de Oviedo

  D. Jorge Juan Fdez. Sangrador 

 


Párroco de San Isidoro el Real de Oviedo



Vicario Episcopal para la Cultura (Encomienda que mantiene)

D. Vicente Pañeda Requejo 

 


Vicario Parroquial de San Melchor y San Antonio de Oviedo

 


Párroco de San Martín de Laspra - Piedras Blancas, Pillarno y Quiloño

D. Juan Luis Monzón Viera 



Párroco de la Unidad Pastoral de Ribera de Abajo (Las Caldas) - Oviedo 

 


Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de San Lázaro - La Manjoya (Oviedo)

D. Artemio Grande Bermejo 

 

Diácono permanente adscrito a la Unidad Pastoral de 


Diácono permanente adscrito a la Unidad Pastoral de La Carrera - El Berrón

D. Constantino Bada Prendes

 


Vicario Parroquial de San Juan el Real de Oviedo

 


Párroco de Trasona, Los Campos, Cancienes y Solís

D. Gabino Cienfuegos Prada 

 


Diácono permanente adscrito a la Parroquia de San Juan el Real y a la Capellanía de Tanatorios 



P. Juan Felipe Restrepo Díez LD 



Párroco de la Unidad Pastoral de Bimenes 

 


Adscrito a la Unidad Pastoral de Cangas de Onís, Amieva, Ponga y Onís

D. Juan B. González Crespo



Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Mieres 

 


Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Grandas de Salime - Pesoz - Los Oscos

D. Adrián Menéndez Conde 

 

Diácono permanente adscrito a la Unidad Pastoral de Riaño y La Felguera (Langreo)

 


X

D. Antonio Nistal Hernández  

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Roces - Granda  (Gijón)



Administrador Parroquial de San Melchor del Cerillero (Gijón) 

D. Fernando Velado González 



Párroco de Caldones y Lavandera en la Unidad Pastoral de Vega  



Párroco de Nuestra Señora de Covadonga de Roces 

D. Serrano A. Calvo Aladro 

 

Párroco de San Juan de Tremañes (Gijón)



Administrador parroquial de Monteana - Fresno, Poago y Serín ( Encomienda que mantiene)


D. Segundo Fernández Arias 

 


Administrador parroquial de San Esteban del Mar

 


Administrador parroquial de Santa Olaya del Natahoyo (Encomienda que mantiene)

D. Eduardo Zulaiba Cordero 

 


Párroco de San Melchor del Cerillero (Gijón)



Párroco de La Calzada y Jove (Encomienda que mantiene) 

 D. Enmanuel González Ortiz

 


Párroco de la Asunción y San Juan XXIII de Gijón

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Villayón - Coaña

D. Miguel Ángel Bueno Sierra 

 


Párroco de la Unidad Pastoral de la Marina de Villaviciosa



Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Colunga - Caravia 

D. Edgar Perales Barboza 


Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Colunga - Caravia y Administrador parroquial de Camoca y Valdebárcena  



Diácono transitorio adscrito a San Melchor y San Antonio de Oviedo 

 D. Pelayo Díaz Avello

 


Diácono transitorio adscrito a la Unidad Pastoral de Ribadesella



D. Alfonso López García 

 


Párroco moderador de la Unidad Pastoral de Piloña



Párroco in solidum de la Unidad Pastoral de Piloña 

D. Rafael García Fernández 



Párroco in solidum de la Unidad Pastoral de Piloña 



Diácono transitorio adscrito a la Unidad Pastoral de Ribadesella 

 D. Daniel Rojo Fernández 



Vicario parroquial de la Unidad Pastoral de Cabrales  

 


Ministerio en la Diócesis de Getafe

D. Modesto Mateo Aristy 



Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Cangas de Onís, Amieva, Ponga y Onís 



Diácono transitorio adscrito a la Unidad Pastoral de Cangas de Onís, Amieva, Ponga y Onís 

D. Sergio Martínez Mendaro 

 


Párroco de Trasona, Cancienes, Los Campos y Solís

 


Vicario Parroquial de San Juan el Real de Oviedo

D. Jorge Luis Fernández Cuesta 

 


Vicario Parroquial de Santo Tomás de Cantorbery - Las Mareas (Avilés)



Párroco de la Unidad Pastoral de Tapia de Casariego - Tol 

D. José María García Castro 

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Guimarán (Carreño)



Colaboraba en Santo Tomás de Cantorbery (Avilés) 

D. David Álvarez Rodríguez 

 


Párroco de Las Vegas, Molleda y Villa (Corvera)



Párroco moderador de la Unidad Pastoral de Piloña 

D. Andrés Fernández Díaz  

 


Párroco de San Martín de Laspra - Piedras Blancas, Pillarno y Quiloño (Castrillón)



Párroco de La Asunción y San Juan XXIII de Gijón 

D. Manuel García Velasco 

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Luarca




Administrador parroquial desde diciembre de 2025.


 D. Alfonso López Menéndez


Párroco de la Unidad Pastoral de Navia 


 


Ampliaba estudios en Pamplona 

D. Jonathan Solano Monge 



Párroco de la Unidad Pastoral de Coaña - Villayón 



Vicario parroquial de la Unidad Pastoral de Tineo  

 D. Luis Holguín Millán

 

Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Grandas de Saime - Pesoz - Los Oscos


 Diácono transitorio adscrito a la Unidad Pastoral de Grandas de Salime - Pesoz - Los Oscos


 D. José Alejandro Soler Castelblanch

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Tapia de Casariego

 


Párroco de Las Vegas, Molleda y Villa (Corvera)

 D. Jhon Ángel Terán Quintero

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Tineo 



Diácono adscrito a la Unidad Pastoral de Tineo 

 D. Geoffrey Bravo Zarpán



Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Tineo 

 


Diácono transitorio adscrito a la Unidad Pastoral de Villayón - Coaña

D. Yesid Montoya Aguirre 

 


Diácono transitorio adscrito a la Unidad Pastoral de Tineo




D. Ángel María Vilaboa Pérez

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Cangas de Narcea

 


Ampliaba estudios en Roma de filosofía

D. Juan José Blanco Salvador 

 


Enviado a Roma a ampliar estudios de pastoral

 


Párroco de la Unidad Pastoral de Cangas de Narcea

D. Marcos Cuervo Martínez 

 


Se le envía a ampliar estudios de Doctrina social de la Iglesia en Madrid



Continúa con la encomienda pastoral que tenía como párroco de la Unidad Pastoral de San Martín del Rey Aurelio