domingo, 8 de noviembre de 2026

“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Nos encontramos ya en las últimas semanas del año litúrgico. La Iglesia, con una profunda pedagogía espiritual, nos invita a levantar la mirada hacia las realidades últimas, hacia lo que los teólogos llaman el carácter escatológico de nuestra fe, el final de los tiempos, nuestra propia muerte y el encuentro definitivo y gozoso cara a cara con el Señor. Las lecturas de hoy no buscan infundirnos miedo, sino todo lo contrario; buscan sacudir nuestra apatía, avivar nuestra sensatez y encender una esperanza firme y gozosa en la vida eterna. Detengámonos con calma a escuchar lo que el Espíritu Santo nos quiere decir hoy a través de cada uno de los textos proclamados. 

El libro de la Sabiduría nos regala una bellísima personificación de esta virtud divina. Nos dice el texto que «la sabiduría es radiante e inmarcesible» y que se deja encontrar fácilmente por aquellos que la aman y la buscan. Incluso añade un detalle reconfortante: ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella, saliéndoles al encuentro en cada pensamiento. La sabiduría en la Sagrada Escritura no es la simple acumulación de conocimientos intelectuales o científicos. La sabiduría es el arte de ver la vida con los ojos de Dios. Es la prudencia consumada de quien sabe ordenar las cosas de este mundo hacia el fin eterno. El sabio es aquel que sabe qué es lo verdaderamente importante y no gasta su vida persiguiendo lo que se marchita.  El texto nos advierte que para alcanzar esta sabiduría hay que "madrugar" por ella; es decir, desearla activamente. En un mundo lleno de ruidos, prisas y sobreinformación, la sabiduría divina requiere de nuestra parte atención, silencio y oración. Preguntémonos hoy: ¿Buscamos la guía de Dios en nuestras decisiones cotidianas, o nos dejamos arrastrar por la necedad de los criterios del mundo? El salmo nos da la respuesta: «Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío». El salmista utiliza una imagen muy elocuente: nuestra carne tiene ansia de Dios «como tierra reseca, agostada, sin agua». Describe el anhelo existencial del ser humano. Fuimos creados por Dios y para Dios, y como decía san Agustín, nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él. Nada en este mundo —ni el dinero, ni el éxito, ni los placeres materiales— puede saciar el vacío infinito del alma. La oración sincera nace cuando reconocemos nuestra indigencia. El salmista busca a Dios desde el lecho, en las vigilias de la noche, meditando en su auxilio. Esta sed nos mueve a mantenernos despiertos, a no conformarnos con los sustitutos baratos de la felicidad que ofrece la sociedad actual. 

San Pablo, por su parte, se dirige a la comunidad de Tesalónica para responder a una gran inquietud que los atribulaba: ¿Qué pasará con los cristianos que ya han muerto antes de la segunda venida de Cristo? La respuesta del Apóstol contiene una de las declaraciones de esperanza más firmes del Nuevo Testamento: «No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza». El fundamento de la escatología cristiana es cristocéntrico: «Si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto». La muerte no tiene la última palabra. La resurrección de Cristo es la garantía de nuestra propia resurrección. Al final de los tiempos seremos transformados y, como escribe San Pablo de forma gloriosa «así estaremos siempre con el Señor». El dolor ante la pérdida de un ser querido es natural y humano; Jesús mismo lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Sin embargo, el luto del cristiano está bañado por la luz de la Pascua. No nos afligimos como los que creen que la muerte es la nada absoluta. Por eso, Pablo concluye diciendo: «Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras». En un mundo que esconde la muerte y la vive con desesperación, los cristianos estamos llamados a ser testigos de la vida eterna. 

Llegamos a la cumbre de la Liturgia de la Palabra con el evangelio tomado hoy del capítulo 25 de San Mateo, donde contemplamos la famosa parábola de las diez vírgenes que esperan al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes o sensatas. Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron aceite de reserva; las prudentes, en cambio, llevaron alcuzas con aceite junto con sus lámparas. Como el esposo se retrasaba, a todas les entró sueño y se durmieron. A medianoche se oyó el grito: «¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!». Al intentar encender las lámparas, las necias descubrieron que se apagaban y pidieron aceite a las prudentes, quienes se negaron alegando que no alcanzaría para todas, invitándolas a ir a comprarlo. Mientras iban, llegó el esposo, las preparadas entraron con él al banquete y la puerta se cerró. El Esposo es Jesucristo. La boda es el Reino de los Cielos, el banquete celestial. La lámpara representa la fe recibida en el Bautismo, la pertenencia exterior a la Iglesia. El aceite representa las obras de amor, la caridad, la vida de gracia alimentada por la oración y los sacramentos. La fe sin obras es una lámpara apagada.

A primera vista, la negativa de las vírgenes prudentes a compartir su aceite puede parecernos egoísta o insolidaria. Sin embargo, encierra una verdad teológica profunda, el aceite de la gracia y de las obras de amor es intransferible. Nadie puede amar a Dios por ti. Nadie puede creer por ti, ni presentarse ante el tribunal de Dios con la santidad de otro. Hay dimensiones de nuestra relación con el Señor que se forjan en lo íntimo y son estrictamente personales. La puerta cerrada nos recuerda la urgencia del momento presente. El tiempo de la misericordia es ahora, durante nuestra vida terrenal. Cuando llegue el momento final, lo que no hayamos amado, lo que no hayamos perdonado, lo que no hayamos sembrado, ya no se podrá improvisar. Las palabras del Señor concluyen con un mandato rotundo: «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora». Estar en vela no significa padecer insomnio de angustia o miedo. Significa vivir con el corazón despierto, amando intensamente hoy. El peligro más grande del cristiano no es la maldad extrema, sino la desidia, la tibieza, el vivir "despreocupados" como las vírgenes necias, asumiendo que siempre habrá un mañana para volver a Dios o para pedir perdón. Para el que no gestione adecuadamente su ser cristiano, se cerrará la puerta.

Que la Santísima Virgen María nos ayude a conservar nuestras alcuzas llenas del aceite de la fe activa, la caridad cotidiana y la firme esperanza, para que cuando el Esposo vuelva, nos encuentre con las lámparas encendidas y podamos entrar con Él para siempre en el banquete del Reino.  Amén.

Evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor

Cuando Dios cuenta contigo. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.

Puede parecer un viejo eslogan deportivo, pero se trata de otra cosa. Recuerdo en mi más tierna mocedad una célebre campaña publicitaria en aquel lejano 1968, promovido por Juan Antonio Samaranch, invitando a los españoles a hacer deporte. Era tal vez un incentivo saludable para subir el tono vital hispano, acaso pensando en nuestras comparecencias olímpicas internacionales, pero también para asegurar la vida sana y la salud estable. El eslogan que hizo fortuna era así: “contamos contigo”. Su objetivo era cultivar la afición por el deporte en cualquiera de sus formas. Y se consiguió, gracias a una intensa y sugerente insistencia en publicidad televisiva.

¿Quién contaba con quién? Estábamos en nuestro país en los últimos coletazos del régimen del General Franco, mientras en Europa se debatían las crisis diversas con la revolución del ’68 en París, que luego se iría expandiendo por todo el mundo Occidental. La Iglesia misma, atravesaba su lenta y, al mismo tiempo, alterada aplicación de lo que supuso el Concilio Vaticano ii. En medio de esa coyuntura de una encrucijada compleja en tantos sentidos, apareció la inocente y refrescante campaña: contaban con nosotros.

Es lo que desde siempre ha hecho Dios con sus hijos. No es el dios autómata y extraterrestre que con su mando en mano dirige las cosas sin cuidado y sin entraña, sino más bien ese Dios padre y hermano que sabe nuestro nombre, conoce los años de nuestra edad y el domicilio de nuestra variopinta circunstancia.

Somos imagen y semejanza de Dios que nos ha llamado a la vida para plasmar esta cercanía que nos hace parecernos a Él como ninguna otra criatura se le parece. La similitud o el desenfoque se factura con esa manera de ver y abrazar las cosas con sus mismos modos y maneras cuando caminamos por sus senderos y siempre a su paso, o con los que dictan los demonios que nos enredan haciéndonos autónomos e independientes de ese Corazón entrañable y misericordioso.

La Iglesia no es otra cosa sino eso: la comunidad de los creyentes cristianos que se saben sostenidos y acompañados por Dios, el buen Dios que cuenta con cada uno de nosotros. Y esto se trasluce y concreta en los mil gestos y opciones que nos identifican como católicos: la liturgia con la que alabamos al Señor y recibimos sus sacramentos, la catequesis en la que nos formamos continuamente para madurar según nuestra edad dando razón de la fe y la esperanza, la caridad a través de la cual testimoniamos la solidaridad cristiana y nuestro compromiso por la justicia y la paz en tantos escenarios locales, nacionales e internacionales.

Para llevar adelante la concreción de nuestro parecimiento con Dios siendo en todo momento su imagen y semejanza a título personal y comunitario, la Iglesia necesita herramientas, espacios y cauces para expresar su liturgia, su catequesis y su caridad, junto a todo el bagaje que implica la cultura y el patrimonio que vamos heredando generación tras generación y que debemos seguir cuidando. Cuando hablamos de la Iglesia diocesana no hablamos de una entelequia abstracta, sino de personas concretas que en su rostro llevan escritas todas las letras de sus anhelos y añoranzas, sus momentos de aciertos y lo que yerran, sus gracias y pecados.

Aparecen niños con sus dependencias y jóvenes con sus preguntas, adultos con sus encrucijadas y ancianos con sus avatares. Gentes llenas de salud y personas que están heridas con las enfermedades. Espacios de acogida para los que siendo forasteros llaman a nuestra puerta, huyendo quizás de hambrunas, de dictaduras y de guerras. Pobres con todas sus pobrezas y mendigos de la verdad, la bondad y la belleza que no encuentran. Además, nuestro rico patrimonio hecho de piedras en las iglesias, los claustros, y tantas edificaciones que reclaman nuestra aportación y presupuestos.

Todo esto configura el tesoro de la comunidad cristiana, y Dios nos dice también aquí y ahora: estas personas te pertenecen, os las hemos confiado sabiendo que no podéis volver la cabeza para no hacer nada. Son vuestros sus llantos y con vosotros amasan sus esperanzas. Pero también el patrimonio cultural: la arquitectura, las artes plásticas varias, la música y la literatura. Todo es vuestro para que lo custodiéis y dejéis que hable contando una buena noticia. Dios cuenta con nosotros. Esta es su herencia y esta nuestra tarea. Y desde ahí nos asomamos a toda la realidad desde una mirada cristiana, ciertos de que los ojos de Dios nos miran.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 7 de noviembre de 2026

Un estudio identifica 49 sacerdotes mártires más enterrados en el Valle de los Caídos

(El Debate/InfoCatólica) Un estudio pormenorizado y minucioso ha permitido identificar a 49 sacerdotes más asesinados por odio a la fe durante la Guerra Civil española que reposan en la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Hasta ahora constaban 119 beatos y siervos de Dios en proceso de canonización enterrados en el templo subterráneo; a ellos se añaden ahora estos 49 sacerdotes martirizados durante la contienda, para ninguno de los cuales se ha abierto todavía proceso alguno.

El hallazgo forma parte de un volumen enciclopédico de 650 páginas, titulado «Los caídos del Valle» y publicado por Homo Legens, que recoge la investigación llevada a cabo desde 2009 por Pablo Linares y Pepa Jiménez. Los autores han estudiado, analizado y digitalizado las más de 21.000 fichas originales custodiadas en el recinto monumental, que recogen los datos personales de los fallecidos de ambos bandos enterrados en la basílica. A ese trabajo se suma la consulta de archivos históricos provinciales, de las relaciones de traslado del Consejo de Obras y de la documentación eclesiástica, además de la recopilación de información de toda índole.
Sin jerarquía ni distinción

«En el Valle no hay vencedores ni vencidos. Los restos de unos y de otros reposan sin jerarquía ni distinción, hermanados ante la muerte y confiados a la oración de la Iglesia», afirma Linares, nieto de un trabajador republicano que participó en la construcción del monumento. Lleva más de cuarenta años investigándolo, preside la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, que fundó en 2009, y este es su tercer libro sobre el Valle.

«No existe en el recinto una disposición que otorgue predominio a los caídos de un bando sobre los del otro, pues el propósito del lugar fue precisamente superar la división de la guerra bajo el signo reconciliador de la Cruz», añade Jiménez, que tiene familiares por parte paterna entre los fallecidos trasladados al Valle desde Quintana de la Serena, en la provincia de Badajoz.

El 17 de marzo de 1959, la basílica recién inaugurada recibió los primeros restos mortales: los de José Hernández Molina, mecánico de Malpica, en Toledo, asesinado en Madrid el 28 de agosto de 1936. Hasta 1983 llegaron 33.847, de los que 12.530 carecían de identificación. Los anuncios oficiales de 1958 invitaban a trasladar a los caídos «sin distinción del campo en el que combatieron».
La primera obra sistemática sobre quienes reposan en el Valle

Los autores subrayan que su trabajo «no es una historia del monumento ni de la guerra, sino, en buena medida, la primera obra que estudia de forma sistemática a quienes reposan en el Valle». Y el descubrimiento más novedoso y sorprendente es precisamente el de estos 49 sacerdotes asesinados in odium fidei que hasta ahora no figuraban como tales.

«Ojalá que este libro, fruto de 17 años de trabajo, sirva para que, a muchos de ellos, si no a todos, se les postule para la santidad», señala Linares. En el caso de algunos de estos 49 sacerdotes mártires, «fueron asesinados a la vez que otros que sí se encuentran en proceso de beatificación», observa el presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos.
Puede haber todavía más

Los autores no descartan, con todo, que entre los 33.847 caídos que reposan en el Valle haya varios sacerdotes mártires más. «De entrada, 12.530 cadáveres se trajeron sin identificar, porque estaban en fosas comunes o enterrados de cualquier manera», explican. En otros casos, «en las fichas de enterramiento aparece el nombre del difunto, pero no a lo que se dedicaba, por lo que es muy probable que hubiera varios curas entre ellos».

viernes, 6 de noviembre de 2026

La importancia del viaje de León XIV a Sudamérica. Por Rafael Navarro - Valls

(Rel.) Hoy inicia León XIV un importante viaje a Sudamérica, que se prolongará hasta el 17 de este mes. El desplazamiento no es a un continente desconocido ni se limita a cumplir una agenda diplomática: vuelve a una tierra que conoce muy bien ya que durante años fue misionero y obispo en Perú. Sus mensajes serán fruto de la experiencia, no de la simple teoría. El recorrido incluirá Uruguay, Argentina y Perú, donde visitará diez ciudades en once días, y que lo llevará desde el Río de la Plata hasta los Andes y, finalmente, hasta la Amazonía.

Un emocionante regreso

La etapa peruana será, sin duda, la más esperada. León XIV llegó a Perú en 1985, fue misionero y, desde 2015 hasta 2023, obispo de Chiclayo. Es un Papa que conoce el calor de sus comunidades, las dificultades de las parroquias rurales, la generosidad de los catequistas y la paciencia que exige acompañar a un pueblo durante años.

La visita a Perú tiene una vertiente pastoral definida. No hay que olvidar que Perú es un país muy plural, con realidades muy distintas entre la selva, la costa y la sierra. Me da la impresión de que la inclusión de Cuzco y Pucallpa en el itinerario no es casual. Cuzco representa el mundo andino, con todo lo que conlleva de desafíos sociales, riqueza cultural, y memoria histórica. Pucallpa se asoma a la Amazonía, con todas las reflexiones que lleva anejas ese inmenso territorio: los derechos de los pueblos indígenas.

La Amazonía es un lugar donde se cruzan la defensa del medio ambiente, los derechos de los pueblos indígenas, los problemas ambientales, la violencia y la pobreza. Allí terminará su viaje, con la seguridad de que las periferias no son un simple apéndice de la Iglesia.

Uruguay

Uruguay plantea un desafío diverso. En el plano religioso es el país más secularizado de América Latina. Aproximadamente el 32 por ciento de su población se declara católica ( aunque sólo el 4 por ciento cumple el precepto dominical), la mitad no pertenece a ninguna religión o incluso se define como atea. Pero hay que tener en cuenta que no hay hostilidad hacia la religión. En realidad es la indiferencia el gran problema, junto con una laicidad que considera el fenómeno religioso como recluido en el ámbito privado.

El lema de la visita uruguaya, "Les anuncio una gran alegría", no significa un grito de reconquista, habla más bien del corazón del mensaje cristiano: una alegría que despierta una esperanza que resuena en los corazones de los creyentes y no creyentes. En un país donde la fe es minoritaria, el testimonio vale más que el marketing. La visita papal sólo dejará huella si consigue que algunos o muchos se pregunten, aunque sea fugazmente, si aquello que la Iglesia anuncia tiene algo que ver con su vida.

Argentina: la memoria de Francisco

El Papa Francisco nunca llegó a visitar Argentina siendo Pontífice Romano. Esa ausencia dejó una marca profunda entre los argentinos, aunque probablemente había razones políticas que lo justificaban. De ahí, que la visita a Argentina de León XIV cubre una laguna importante, con la consiguiente carga histórica.

Visitará Buenos Aires, Córdoba y Luján. Cada uno de estos lugares aporta algo distinto. Luján es el santuario mariano más importante de Argentina, de algún modo el centro de la devoción del país. Buenos Aires es el gran centro vital del país, con gran carga política y eclesial. Córdoba tiene una vida eclesial activa, fruto de su fuerte tradición católica.

León XIV no viene a copiar el estilo de Francisco ni tampoco a repetirlo. Es una herencia viva, que deberá respetar pero con su voz, no con imitaciones. El diálogo, la cercanía a los pobres o la atención a las periferias no eran exclusivas de Francisco. Todos los Papas, de uno u otro modo, con su estilo propio, defendieron esos valores. León XIV lo hará a su modo.

Argentina tiene alrededor de 46 millones de habitantes, de los cuales cerca de 30 millones son católicos, atendidos por casi 6000 sacerdotes. Es una Iglesia con gran capacidad de movilización social. Pero, al mismo tiempo, vive en un país con una alta polarización política, y una cierta fatiga institucional, que dificulta la acción pastoral. En ese contexto, según los expertos argentinos, el Papa debe evitar dos tentaciones. La primera, sería dejarse instrumentalizar, convirtiéndose en otra bandera política, de las que abundan en Argentina. La segunda, utilizar un lenguaje tan alejado de la realidad social, que a la postre deje a los ciudadanos perplejos. Desde luego que el Papa no tiene como misión resolver los problemas económicos de un determinado país, ni a tomar partido en sus disputas electorales. Pero sí puede recordar que la política no es solo gestión, que las personas no son cifras y que la fraternidad es una exigencia moral antes que un eslogan de campaña.

Fraternidad

León XIV ha resumido el sentido del viaje en una frase sencilla: quiere que sea una ocasión para "abrir nuestros corazones los unos a los otros". Puede parecer una expresión convencional, pero en el contexto sudamericano tiene mucha fuerza. América Latina vive tensiones políticas intensas, desigualdades persistentes, desconfianza hacia las instituciones y una polarización que convierte con facilidad al adversario en enemigo. En ese clima, hablar de fraternidad no es una ingenuidad. Es una crítica indirecta, pero clara, a la lógica del enfrentamiento permanente, y de la política entendida como guerra cultural.

El Papa no podrá arbitrar los conflictos nacionales ni ofrecer soluciones técnicas a problemas complejos. Pero puede ayudar a situar el debate público en otro plano. Cuando un líder religioso mundial habla de dignidad, esperanza, reconciliación y cuidado de los más débiles, está ofreciendo un criterio para juzgar la vida política más allá de las encuestas y de los intereses inmediatos.

Si León XIV logra transmitir que la Iglesia no viaja para recuperar privilegios, sino para caminar con los pueblos; que no pretende imponer recetas, sino proponer esperanza; y que la fraternidad es posible incluso en tiempos de división, su visita habrá sido algo más que una agenda diplomática. Podrá recordar al continente que la fe cristiana no debe ser una fuerza de presión social, sino una fuente de esperanza, servicio y reconciliación.

La Iglesia celebra a los Mártires de España del siglo XX, en lo que fue «la mayor persecución desde Diocleciano»

(El Debate) Numerosos historiadores han definido la persecución religiosa de los años 30 del siglo XX en España como «la mayor desde la época del emperador Diocleciano». Y no es ninguna exageración. Está perfectamente documentado el asesinato por odio a la fe de, al menos, 10.000 sacerdotes y monjas, la inmensa mayoría de ellos, durante la Guerra Civil española, y a manos de los radicales de izquierdas.

Actualmente están en proceso de beatificación 3.040 mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España, ya han sido beatificados 2.404 y 11 han sido proclamados santos. Los casos de varios miles más no han comenzado siquiera a ser investigados –pese a estar bien documentados– y otros muchos parece ser que fueron motivados por el odio antirreligioso, aunque no hay pruebas suficientes para corroborarlo.

Cada 6 noviembre la Iglesia celebra, con rango de memoria obligatoria, a todos aquellos mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España que están ya en los altares. San Pedro Poveda, presbítero diocesano y fundador de la Institución Teresiana, y san Inocencio de la Inmaculada, religioso pasionista, encabezan la multitud de santos y beatos, obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, «que dieron a Cristo el testimonio supremo del amor, martirizados en odio a la fe en España, entre 1931 y 1939, durante la persecución religiosa contra la Iglesia», según recoge la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Desde el año 2010 se celebra la memoria de estos hombres y mujeres asesinados in odium fidei, unos días después de la fiesta de Todos los Santos, como es el caso, según detalla la Oficina para las Causas de los Santos de la CEE, «de los más de 10.000 mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España, de entre los que ya contamos con 2.404 en los altares».
Murieron perdonando

En esa cifra ya están incluidos los fieles de las diócesis de Santander y Madrid, que serán beatificados el próximo sábado y el 28 de noviembre respectivamente. Prácticamente todas las diócesis españolas tendrán alguna celebración especial para recordar a los mártires. «Creo que pueden ser hoy ejemplo de perdón y unión en un mundo como el nuestro, con tanto rencor y tanta división. Ellos murieron, dieron la vida, pero también perdonaron. Ojalá que celebrar esta memoria nos ayude a conocerlos más y a saber que interceden por nosotros ante Dios en el cielo», ha señalado Marcos Argüelles, delegado episcopal para las Causas de los Santos del arzobispado de Oviedo. Precisamente en el seminario de esa archidiócesis, su arzobispo, monseñor Jesús Sanz Montes, presidirá hoy la eucaristía de celebración de esta Memoria a las 20:00 horas, en el transcurso de la cual, además, cuatro seminaristas recibirán los ministerios de Lectorado y Acolitado.

En La Rioja, por ejemplo, monseñor Santos Montoya presidirá la celebración hoy a las 20:00 horas en la concatedral de Logroño. En Jaén, su obispo, monseñor Sebastián Chico Martínez, presidirá a las 19 horas, una eucaristía en la cripta de la catedral de Jaén. Vera acogerá la Jornada Martirial Diocesana en memoria de los beatos mártires de Almería. Se celebra cada año en distintos lugares de la provincia relacionados con la vida y el testimonio de sus mártires, especialmente desde la beatificación de 115 mártires de Almería, el 25 de marzo de 2017, entre ellos 95 sacerdotes y 20 laicos que dieron su vida durante la persecución religiosa del siglo XX.

Hoy también concluirán los actos conmemorativos de la beatificación de los 20 sacerdotes mártires de la diócesis de Ibiza con la primera fiesta litúrgica de los nuevos beatos en todas las parroquias. El obispo de Ibiza, monseñor Vicent Ribas, presidirá esta primera celebración, a las 18 horas, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Pilar, en Formentera.
90% del clero aniquilado

En Barbastro (Huesca), «la persecución religiosa golpeó de forma extraordinaria esta diócesis». La fiesta de los Mártires del Siglo XX recorre cada año distintos puntos de la geografía de la misma «para mantener viva la memoria de aquellos que fueron perseguidos por su fe durante la Guerra Civil española». Este año, la solemne eucaristía recalará en la iglesia de San Salvador de El Grado. En esta pequeña diócesis oscense, se calcula que el 90% del clero fue aniquilado. Pero hay otros abundantísimos y espeluznantes casos. Ángel Lanao fue fusilado por ser sobrino del párroco Antonio Artasona. Nicolás Perrela Blasco, de 29 años, era un joven mecánico y antiguo presidente de la Juventud Católica de Barbastro, fusilado en El Grado; su padre y su hermano pasaron por lo mismo en Barbastro. El hijo del relojero de Graus, Vicente Salinas Torres, tenía 20 años y pertenecía a la Congregación Mariana. También fue fusilado.

En el puente sobre el Cinca, varios sacerdotes fueron llevados a la fuerza para ser precipitados al cauce. Así le ocurrió a Pedro Pueyo Quintilla, párroco de Benavente de Aragón, lanzado desde el puente a la zona seca del río, como el párroco de Laluenga, Ramón Salas Clavero, o los de Campo, Artasona y Villanueva de Sijena, José María Español Farré, Mariano Nacenta Muzás y José Torres Peralta, respectivamente.

jueves, 5 de noviembre de 2026

Fallece en Oviedo la Hermana Salomé Estrada SAC, Religiosa del Santo Ángel que fue muy querida en Pravia

Con profundo pesar, la Comunidad Madre Serafina de Oviedo y todos aquellos que tuvieron la fortuna de conocerla despiden a la Hermana Salomé, Religiosa de la Congregación de las Hermanas del Santo Ángel, quien ha cerrado sus ojos a este mundo esta madrugada. Su partida deja un vacío inmenso, pero también el recuerdo imborrable de una vida entregada por completo al servicio de los demás, a la enseñanza de los más pequeños y al cuidado de sus hermanas de comunidad.

Sus primeros pasos y el tierno recuerdo de Pravia

En los años de su juventud, la Hermana Salomé fue destinada a la localidad asturiana de Pravia. Allí ejerció con absoluta dedicación como tutora en los años de parvulario, dejando una huella profunda en muchas familias. Entre los niños a su cargo se encontraba nuestro querido Don Luis Marino Fernández Solís. La impronta de la religiosa en su infancia fue tan grande que, según recordaba siempre con cariño su propia familia, la primera palabra del pequeño Marino no fue "mamá", sino "memé", en un tierno intento de pronunciar el nombre de su cuidadora y maestra, la Hermana Salomé.

Una larga y querida trayectoria en Palencia

Tras su etapa en Asturias, su vocación la llevó a estar destinada durante muchos años en Palencia. En tierras castellanas, su bondad y carisma volvieron a florecer: se convirtió en una figura sumamente querida tanto por los alumnos del colegio —a quienes educó con paciencia infinite— como por las hermanas mayores de la congregación. De estas últimas vivía siempre pendiente, asegurándose con infinito mimo de que no les faltase de nada y ofreciéndoles su compañía constante en la última etapa de sus vidas.

El deseo de volver a Asturias 

Plenamente consciente del avance de su edad y del delicado estado de su salud, la Hermana Salomé tomó una decisión guiada por su profunda fe y su amor a la tierrina. Este pasado verano, solicitó formalmente a su Superiora Provincial ser destinada a Oviedo. Su mayor deseo era pasar sus últimos días cerca de la Santina, la Virgen de Covadonga, bajo cuyo manto protector quería entregar su alma. Su petición fue concedida y, finalmente, esta madrugada ha fallecido en la Comunidad Madre Serafina, ubicada en la calle Velasquita Giráldez de Oviedo. La Hermana Salomé ya descansa en la paz del Señor, habiendo cumplido su última voluntad en este mundo y dejando un legado imperecedero de amor cristiano, entrega generosa y ternura infinita.

Descanse en paz.