lunes, 28 de septiembre de 2026

Mons. Argüello denuncia tres «desahucios» en España: la vivienda, Ceuta y el vientre materno

(InfoCatólica) Una anciana que pierde el piso en el que vivía de alquiler en Madrid, una crisis humanitaria en Ceuta y un hijo al que se le niega la vida en el seno de su madre. Con la palabra «desahucio» como hilo conductor, el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, ha reunido en un texto difundido en redes sociales tres asuntos de la actualidad española y ha apuntado un cuarto que, a su juicio, los atraviesa todos, que es la expulsión de la razón y de la voluntad de acuerdo del debate público.

La vivienda y el caso Mari Carmen

El primero de los desahucios es el de la vivienda, a raíz de la polémica por el caso de Mari Carmen, una anciana desalojada del piso que tenía alquilado en Madrid y cuya situación ha saltado a la arena política y mediática. Argüello constata que existe «un acuerdo social respecto al reconocimiento del grave problema que vivimos», que concreta en la escasez de viviendas, los pisos cerrados por falta de confianza, las casas vacías de la España rural, los precios y rentas muy altos, los alquileres por habitación sin «derecho a cocina», porque «hasta la cocina se transforma en habitación», y los millones de pisos de uso unipersonal.

Sobre el caso concreto, el arzobispo percibe un acuerdo «emocional más que moral» en torno a un asunto «convertido en bandera», y a la vez un «desacuerdo legal, manipulación ideológica y conflicto político y social sobre las causas y las posibles soluciones a este grave problema». Por ello lo considera una cuestión que debe tenerse en cuenta en el «nuevo Contrato social» al que se refirieron trabajadores y empresarios en su encuentro con el Papa León XIV durante su visita a España.

Ceuta, una crisis humanitaria «que afecta a todos»

El segundo desahucio se vive en Ceuta, donde, según escribe, «los ceutíes viven el desahucio de sus calles, plazas y de su normalidad». Los inmigrantes, por su parte, «algunos desahuciados de sus países de origen, otros desplazados por intereses geopolíticos», son deslocalizados continuamente y «se resisten a un desahucio definitivo». Argüello añade que los ceutíes, como gran número de españoles, «desean un desahucio rápido y total de los que han entrado en la ciudad como "okupas"».

Entre unos y otros, el presidente del episcopado sitúa una crisis humanitaria de orden físico, psicológico y moral que alcanza a inmigrantes y ceutíes, y advierte de que, «por contaminación de esta crisis que no es primariamente migratoria, se está condicionando la manera de mirar a los inmigrantes en toda España».

Argüello considera «imprescindible un acuerdo nacional para ayudar a los ceutíes y solucionar la crisis humanitaria», y reclama un pacto de Estado y europeo que aborde las causas de las migraciones en los países de origen, combata a las mafias y a los Estados que instrumentalizan los éxodos de personas por intereses geopolíticos, regule los flujos migratorios y «acoja a los que llegan respetando su dignidad, que no se pierde al atravesar la frontera, aunque luego hubieren de ser retornados a sus países de origen». Advierte además de que, si la natalidad sigue como hasta ahora, «en pocos años Europa competirá por el inmigrante escaso».

El aborto, un desahucio «de consecuencias irreversibles»

El tercero es «el desahucio del vientre materno provocado mediante el aborto». Argüello critica la «campaña moralista del Gobierno» que lo presenta como un acto bueno por ser legal, bajo el lema «tienes derecho», y autónomo, con el mensaje «decidas lo que decidas, estará bien». Frente a ello, afirma que «la ciencia demuestra que en el seno de una mujer embarazada hay un ser humano, un hijo, distinto de ella, sobre el que no puede decidir sin plantearse la moralidad de esa decisión».

El arzobispo sostiene que la madre necesitará ayuda social, laboral, de vivienda y apoyo pleno, y reconoce que «habrá casos de un gran conflicto ético, pero nunca podrá justificarse la solución en un derecho legal que niega al hijo la vida en cuya dignidad se fundamentan todos los derechos».

Para respaldarlo recoge las palabras de León XIV en las Cortes: «La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización». Y también: «la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad».

El «cuarto desahucio»

Argüello denuncia que ante estos tres casos la argumentación ética cambia de forma interesada, y pasa «de la defensa a ultranza del derecho a decidir del propietario o de la embarazada, si la decisión es legal, sin tener en cuenta a quien sufre las consecuencias, al rechazo de la libre decisión aunque sea legal y confirmada por un juez, pues afecta a personas que deben de ser tenidas en cuenta por encima de la decisión del propietario».

En el caso de Ceuta, señala que algunas propuestas, para que el desalojo sea inmediato, animan a prescindir de la legalidad y «quieren cerrar los ojos ante aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad», mientras otras «se niegan a ver que muchos ceutíes también son víctimas de la crisis humanitaria desencadenada por el éxodo-invasión-ocupación».

«Los tres asuntos reclaman diálogo sereno y grandes acuerdos», concluye el presidente de la Conferencia Episcopal, antes de señalar el último de los desahucios, porque «la razón y la voluntad de acuerdo por la defensa de la dignidad humana y el bien común parecen haber sido expulsados de nuestra casa común».

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