(Rel.) Después de doce años al frente de la comunicación de la Conferencia Episcopal Española, Josetxo Vera hace balance de una etapa marcada por las redes sociales, la irrupción de la inteligencia artificial y profundas transformaciones en el periodismo. En esta entrevista habla de los errores de la Iglesia al comunicar, critica el periodismo «low cost» y desvela los dos rasgos de León XIV que, a su juicio, generan confianza.
- Durante doce años ha estado en el centro de la comunicación de la Iglesia española. Si tuviera que señalar los tres mayores cambios que ha vivido en este tiempo, ¿cuáles serían?
En el ámbito de la comunicación, sin duda la incorporación de las redes sociales y el desarrollo que están teniendo desde sus comienzos, hace quince años, hasta nuestros días. Suponen una revolución en la que todas las personas, locos o cuerdos, sensatos o insensatos, tienen la capacidad de convertirse en emisores de opinión, de información, de bulos, de bromas, de intereses, de ideologías, etc.
Ante tal aumento de contenidos, de calidad tan diversa, al receptor le toca hacer un esfuerzo ingente para encontrar, entre tantas cosas, lo que le hace mejor persona. Porque realmente en este mundo digital hay cosas muy valiosas para el desarrollo personal y social. Pero a veces para llegar a ellas hay que tragar muchas cosas falsas, aburridas, interesadas o dañinas. Y quien no hace ese esfuerzo de espigar la verdad presente en ese caos puede perder su tiempo, su dinero, su vocación o incluso su vida.
A ese cambio se une uno más reciente y más radical que es el de la inteligencia artificial, una revolución -quizá la primera- que va a afectar al mismo tiempo a todo el planeta, a todos los estratos sociales y a todas las actividades profesionales y laborales. Esta revolución presenta un crecimiento de progresión geométrica en un período muy corto de tiempo, que ha evolucionado de la IA analítica, a la IA generativa y a la IA agente.
- ¿La Iglesia comunica hoy mejor que cuando usted llegó en 2014?
Quizá alguien podría pensar que la comunicación de la Iglesia se decide en una pequeña oficina de la Conferencia Episcopal. Pero eso es un error. La Iglesia comunica en cada uno de sus miembros, con sus palabras y con sus acciones (y sus omisiones).
Por eso, sería valioso que cada miembro de la Iglesia pensara cómo comunico yo la Iglesia, cómo la encarno, cómo la vivo, cómo la cuento. Para muchas personas, el único encuentro verdadero y directo que tienen con la Iglesia es al hablar con su vecino, o con un amigo, o con un profesional, si todos ellos tienen conciencia de su misión de vivir y comunicar la Iglesia seguramente su imagen mejoraría mucho.
En la CEE, como institución, se han incorporado las redes sociales, se ha elaborado y difundido contenidos según los nuevos modos de hacer, se ha procurado una buena relación con los profesionales y con los medios, pero eso no es nuevo, se hace siempre y se seguirá haciendo. Pienso que hay una mayor conciencia de la importancia de la comunicación, de lo que nos jugamos en ella, que es una mayor y mejor presencia en la plaza pública que nos permita cumplir mejor nuestra misión. La comunicación ayuda a la misión de la Iglesia si se toma como tarea imprescindible.
De manera institucional hay que seguir haciendo el esfuerzo de hablar con palabras y expresiones que el público al que nos dirigimos entienda. Solemos decir que cuando alguien no te entiende, el problema lo tienes tú. Y en la Iglesia nos suele pasar y no nos damos cuenta. Se trata de hacer el esfuerzo por la claridad del mensaje adaptado a la capacidad de quien lo escucha.
Ahora bien, en este contexto digital, las redes sociales y las retransmisiones en directo te ponen delante de un público al que no ves, del que desconoces todo: su cualidad, su formación, su capacidad, su interés, su intención. Eso es algo que hoy hay que tener en cuenta aunque sea muy difícil. Cuando no ves a las personas a las que te diriges, porque te siguen a través de pantallas o redes, las posibilidades de malos entendidos, malas interpretaciones, equívocos son muy grandes.
En realidad, la comunicación de una crisis comienza mucho antes de que esta se produzca. La relación con los periodistas, con las instituciones cercanas, con los miembros de la Iglesia facilitan la gestión de la crisis. También la elaboración de los mapas de riesgos y de los escenarios que se pueden producir ayudan a la resolución.
Cuando la crisis llega la solución está en los responsables de la institución y a los de comunicación les toca, a través de los canales que estén accesibles, que han creado y que han cuidado , contar la verdad. En este sentido suele ser tan malo contar como hecho lo que no se ha hecho como no contar lo que sí se ha hecho
- Mirando atrás, ¿hay alguna decisión comunicativa que hoy tomaría de otra manera?
Hay un ámbito de la comunicación institucional que es el de las relaciones públicas que a mí siempre me ha costado. Creo que un director de comunicación tiene que tomar muchas cafés al día y yo he tomado pocos.
- Cuando llegó a la Conferencia Episcopal, Twitter era la gran conversación pública. Hoy dominan WhatsApp, TikTok, Instagram o YouTube. ¿La Iglesia ha sabido adaptarse a ese cambio?
La Iglesia desde sus comienzos ha utilizado todos los medios disponibles pero luego nunca ha dejado de utilizar ninguno, aunque fuera menos conocido. Y creo que eso es bueno. Fue incorporando la predicación oral, las cartas pastorales, la homilía, el libro, el cine, la radio, la televisión, internet, las redes sociales... y sigue con todo.
En las redes más que dominar unas sobre otras creo que tienen públicos distintos e intereses distintos por eso pienso que hay que estar en todas. Donde haya personas tiene que estar la Iglesia. Entre todas ellas, ahora mismo, la imprescindible es whatsapp.
- ¿Qué consejo daría a un periodista joven que empieza a informar sobre la Iglesia?
Conocer la institución de la que se va a hablar (su identidad, su misión, su estructura), conocer a las personas que la forman y conocer a quienes se encargan de su comunicación es el consejo básico para cualquier periodista que se va a ocupar de hablar de una institución con un mínimo de honestidad. Hay periodistas que hablan de la Conferencia Episcopal sin hablar con la Conferencia Episcopal.
No es algo que solo pase con nosotros, es un periodismo "low cost", de poco prestigio y de poco valor añadido, que practica un género periodístico que suelo llamar "ensaladilla": un poco que sé, un poco que me gustaría, un poco que me cuentan, un poco que invento y todo, bien aderezado, presentado como exclusiva.
- Ha participado en la comunicación del primer viaje de León XIV a España. ¿Qué rasgo del nuevo Papa cree que marcará su relación con los medios?
Hay dos rasgos que son muy valiosos para generar confianza, que está en la base de una buena comunicación. En primer lugar la honestidad que trasluce el Papa, que se manifiesta en la palabra justa, dicha con claridad y con caridad, sin molestar. No busca el compadreo ni la lisonja.
El otro rasgo es la capacidad para la escucha. Está más interesado en escucharte que en decirte cosas. Cuando las dice es claro y conciso, pero antes te ha escuchado para conocer la anchura y la profundidad de lo que le cuentas. Una persona que escucha genera confianza.
- ¿Y qué es lo primero que le apetece recuperar al volver a una dedicación más pastoral?
Durante estos años no he perdido la relación pastoral pues cada semana, durante estos quince años, he vuelto a mi diócesis para ayudar a algún compañero sacerdote en sus parroquias. También para celebrar la eucaristía en lengua de signos a un grupo de personas sordas.
Pero es verdad que con más tiempo en la pastoral se pueden hacer más cosas, quizá la catequesis o la predicación, y la atención a la vida práctica de una parroquia.
- Si mañana tuviera que escribir un decálogo para el próximo director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal, ¿cuál sería el primer consejo que pondría?
Dedicar el primer rato del día a pensar en lo que convendría hacer, más que en lo que hay que hacer. Pensar en el largo plazo, en el horizonte.
- En estos doce años ha explicado la Iglesia a miles de periodistas. Si ahora tuviera un minuto para explicar la Iglesia a alguien que nunca ha tenido contacto con ella, ¿qué diría?
El Pueblo de Dios que lleva a cada persona a la plenitud que anhela su corazón. La Iglesia es gente normal, con pocos medios, haciendo cosas grandes, que habla a Dios de los hombres y a los hombres de Dios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario