jueves, 1 de junio de 2017

Carta Semanal del Sr. Arzobispo


Braceros para una inmensa mies

 Lo dijo el mismo Jesús al indicar que la cosa desbordaba: mucha es la mies y los brazos escasean para poder sembrar, hacer cosecha y repartir los bienes de sus frutos. Y tras llamar a algunos, muy pocos, con los que iba de aquí para allá diciendo palabras que llevaban vida, esparciendo la gracia que perdonaba y revivía en quien le acogían, pronunció aquella oración que ha ido pasando de boca en boca a través de los veinte siglos del cristianismo: "rogad al Dueño de la mies, que envíe obreros a su mies" (Lc 10,2). Y toda mies, como todo campo, tiene una geografía y una época, un tiempo y un espacio.

La geografía de esa mies coincide con el mapa de cada diócesis, en donde se fueron levantando las comunidades parroquiales, los centros de atención a enfermos, ancianos y necesitados de tantas ayudas, las instituciones educativas para niños y jóvenes. Cada una de estas realidades tiene su exigencia y reclama una atención que pone en vilo nuestra ayuda material y económica a través de los recursos de los que disponemos. Pero hay otro tipo de ayuda que es personal, que pasa por la dedicación de personas que debidamente preparadas puedan realmente acompañar todo cuanto en esa geografía llevan adelante los cristianos como concreción de la Buena Noticia que Jesús nos dejó para que encendiésemos la esperanza y llenásemos la ciudad de alegría.

El tiempo de esa mies tiene que ver con la época de cada tramo de la historia, y así vamos viendo pasar a través de los años los diferentes modos y maneras con los que abrazamos esa realidad inmensa que pide braceros para sembrar y recoger lo que se ofrece como una gracia que viene de Dios y su providencia. Aquí también hay un elemento personal que pasa por algunos hombres que han sido llamados precisamente a entregar su tiempo como quien dona la vida a quienes se les ha confiado.

La geografía de un lugar y el tiempo de una época pasan, por tanto, por una entrega personal en quienes han sido llamados por Dios. Esta es la alegría que tendremos esta semana, pues el domingo de Pentecostés podré ordenar a dos sacerdotes y a cuatro diáconos en nuestra Catedral de Oviedo. Un regalo para nuestra Diócesis y para la Iglesia universal. Nuestros Seminarios Metropolitano y Redemptoris Mater y el Seminario de la Unión Lumen Dei, se llenan de gratitud por estos hermanos que salen de sus centros de formación e irán por los espacios de la geografía y en el tiempo de nuestra época anunciando a Jesucristo como el Camino que no nos extravía, la Verdad que jamás nos engaña y la Vida que nos llena de plenitud bendita.

Son los braceros que esparcirán las semillas del Evangelio en todos los surcos en donde la luz de Dios, la gracia de su Palabra y de la Eucaristía, puedan llenar de su paz y ternura, del perdón y la misericordia, las vidas de los hombres y mujeres nuestros hermanos. El bálsamo de los sacramentos y la compañía de una entrega humana, hace que los sacerdotes sean ese regalo con el que Dios se pone a nuestro lado para sostener nuestra esperanza, nutrir nuestra fe y hacer que nuestra caridad arda. Por sus ojos nos contempla Dios, con sus manos nos bendice Él, en su corazón descansan nuestros secretos y con su ministerio el Señor nos levanta de caídas y nos acompaña en las andanzas.

Damos gracias al buen Dios por el regalo de estos dos sacerdotes y cuatro diáconos, y que nos siga bendiciendo con vocaciones sacerdotales, muchas y santas. Lo necesitamos para llevar a Dios por la geografía diocesana en este tiempo de encrucijadas.



+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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