domingo, 9 de octubre de 2016

Suben a los altares. Por D. Ángel Garralda García


Semblanza ante la beatificación de cuatro abanderados de Cristo que aceptaron la afrenta del degüello

Tras cuatro meses de cárcel en la sala de la Adoración Nocturna de Nembra, hartos de palizas y torturas en la Iglesia parroquial, con los varales del palio que portabais el día de Corpus, no teníais la menor duda de que un día más o menos próximo os condenarían a muerte. Ahora, después de un silencio demasiado largo de 80 años, la Iglesia reconoce que no le negasteis a Cristo como Pedro, ni le vendisteis a traición, como Pilatos y Judas; antes bien, nos brindasteis el perdón como Cristo clavado en la Cruz y nos mandasteis perdonar.
Hoy, la Iglesia ovetense arde en fiestas y repica las campanas en todos los pueblos porque el romano pontífice, Francisco, os declara mártires de Cristo y os beatifica, este sábado 8 de octubre, en la Catedral de Oviedo, como ejemplo para que, pisando vuestras huellas, resolvamos el problema pendiente de nuestra salvación personal.
Vosotros aceptasteis el suplicio, mientras nuestro cómplice olvido busca el regalo. Nosotros buscamos impacientes la gloria mientras vosotros, abanderados de Cristo, aceptasteis la ofrenda del deguello. 
Os abrió paso en el suplicio una valiente mujer, también de Nembra, Otilia Alonso Gonzalez se llama la dominica de la Anunciata, ya beatificada en Roma en 2007 por Benedicto XVI. Tenía 20 años, y era virgen y hermosa. El jefe de la banda pretendió quedarse con ella . Pero ella corrió junto a la Madre superiora, sin vacilar un instante en dar su vida por Cristo en Vallvidriera (Barcelona).
Os precedió también en el martirio Antonio Gonzalez Alonso, un jóven de 24 años, adorador nocturno que, en lo mejor de su vida , no quiso perder la oportunidad de ser mártir y,tras ser torturado con singular furor, nos dice el Padre Colunga, el 11 de septiembre, como cuenta el chofer que hizo el servicio , al pasar al pie de su casa , ve a su madre asomada en la puerta y dijo: ``adiós madre, hasta el cielo´´.Lo llevaron al comité de Sama de Langreo y de allí al calvario del alto de San Emiliano, entre Lada y Mieres, echando bocanadas de sangre , cortada la lengua por no querer blasfemar . Bajo el golpe de una porra en la sien es arrojado vivo a un pozo de mina abandonado. Así acabó Antonio su andadura, en la noche negra, con su mirada de estrella el que quiso ser misionero dominico pero la providencial enfermedad lo preparó para el martirio cuando se preparaba en la normal de Oviedo pra ser maestro católico.
Y el mejor broche de oro: el pueblo de Nembra, bañado por el río Negro y con la fe recia de las aguas bautismales escucha la respuesta cargada de teología de la madre de Antonio cuando le dicen: ``Hemos cogido a los que mataron a tu hijo´´¿que quieres que hagamos con ellos?. Ella contestó: ``Quiero verme con ellos y con mi Antonio en el cielo´´. ¿Hau quién nos dé más confinza para saber hacer mudanza de vida cuando la noche se hace muy oscura y la Cruz no parece llevarnos a la luz?
Esperan en la cárcel, impacientes, Segundo e Isidro. Éste último lo cuenta a sus hijos, que asisten a la escuela enfrente de la cárcel, cuyos servicios higiénicos usan los presos acompañados por el miliciano de turno. A éste no le consiente el maestro, Jesús García, entrar en la escuela y permanece afuera para que Isidro tenga la oportunidad de habla con sus hijos, Darío y Mª Luisa y despedirse con un beso.Estas son sus palabras a Darío en vísperas de su martirio: ``Dile a tú madre, que si quiere, que vaya a Gijón a hablar con el comité provincial pero que ya no hay nada que hacer: a Segundo hace dos días que le han sacado y no sabemos si vive. Hoy espero que me saquen a mí. Este beso es para tú madre y tus hermanos también, ya no nos veremos más. Dile que no llore porque somos mártires. Nos persiguen y abofetean como a Jesucristo. Rezad mucho por nosotros. En el cielo nos veremos´´.
Y, respondiendo a la pregunta de ¿por que no escapas como hizo el padre de ...? que le hizo Mª Luisa contesta: ``No puedo, soy testigo de Jesucristo. Tenéis que perdonar a todos, como yo les perdono de corazón. Se lo dices a tu madre y a tus hermanos. Buscan a tu hermano Silverio para matarlo conmigo, ; a él no le matarán, pero a mí ,sí. Ya sacaron para la Iglesia a Segundo y ahora me toca a mí´´. Se despidió dándome un beso y diciéndome que fuera buena con todos.
Y así fue, Isidro es llevado al templo parroquial dónde se encuentra y se abraza con Segundo y, ya de noche, llega una camioneta con tres presos de Moreda;uno de ellos Don Jenaro, el párroco que va a tomar posesión de la parroquia, conseguida en concurso hacía 32 años
¡Que grata sorpresa para Segundo e Isidro! ¡Que dicha morir junto al buen pastor amado! Precisamente, en la fecha de las bodas de plata del matrimonio de Segundo, y en el mismo templo , en vísperas de las bodas de oro sacerdotales de Don Jenaro.
Saben que van a morir. Saben que ese día, 21 de octubre, estarán con Cristo en el paraíso. El Santo párroco les prepara para ofrecer sus manos abiertas e inclinar su cuello , sumisos.
Por fin, llega la hora del suplicio . Les obligan a hacer su sepultura en la Iglesia dónde han padecido tantas torturas. Segundo e Isidro hacen la suya la misma para los dos próxima al altar de los mártires dónde , dónde habitualmente oían misa; y no consienten que su anciano párroco haga la propia a los 72 años y se la preparan ante el altar mayor , dónde a diario celebraba la Eucaristía.
Entre tanto, los verdugos preparan una  gran cena en el comité de guerra, sito en la rectoral, cuando llegan al templo , los reos rezan y esperan.
Al abofetear al párroco, le defienden con valor porque pegar a un sacerdote es un sacrilegio; y asoman los cuchillos en la noche negra: van a ser degollados.
Don Jenaro prefiere ser el último. Acuestan en un banco de la Iglesia a Segundo y a Isidro. Son quince los verdugos, de los que cinco son mujeres que recogen la sangre en un barreño, revolviendo la para hacer morcillas para los carcas.
¿las hicieron? por si gruñían como los cerdos, pusieron en marcha el motor de la camioneta que trajo a Don Jenaro para que nadie se enterara de sus gritos.
Cuando Cristo fue abofeteado por el alguacil en Casa de Caifás , respondió diciendo: ¿Por qué me hieres?
Don Jenaro les dijo: ``No puedo comprender que si yo os bauticé y preparé para la Primera Comunión, procurado haceros personas , os portéis así, pero yo os perdono´´.
Una vez degollados y descuartizados Segundo e Isidro, embriagados de odio diabólico, bailaron sobre sus cadaveres, según confesión de las mujeres cooperadoras y al salir a la fuente próxima del pueblo a lavar los cuchillos ensangrentados, una familia ,siempre vigilante, dio testimonio de ellos.
Y este final llega porque, queridos mártires, inclinasteis sobre el banco el cuello sumiso y hoy la iglesia nos dice- porque no olvida a sus mártires- estáis con Cristo en el paraíso.
Al día siguiente, cuando la familia, como un día más , les llevaba la comida, fingieron los verdugos que se habían escapado, buscándolos palmo a palmo cerca de sus casas y y también de lejos; pero la familia les echó en cara el crimen y se vistieron de luto porque, como en el caso de Hijo del hombre, la vida ha muerto.
Lloraban las familias, que todos los días rezaban el rosario a la Virgen de los Dolores.
Hoy las campanas de Asturias tocan a gloria porque la Iglesia reconoce que en Nembra, triunfó la victoria del primer sacerdote diocesano que sube a los altares junto a dos mineros y un joven , adoradores nocturnos, hermanos y padres de misioneros, bautizados con agua y con sangre en el mismo pueblo.

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