jueves, 24 de octubre de 2013

Carta semanal del Sr. Arzobispo

 
 
Roma y Asís con Francisco
 
Fue el genio literario de aquel escritor alemán que fue J.W. Goethe, el que acuñó una frase acertada sobre nuestro viejo continente: “Europa nació peregrinando”. Sí, fue peregrinando como el viejo continente ahondó en la raíz que sembraron los primeros cristianos que llegaron hasta nosotros. En torno a tres lugares se forjó esta siembra: Compostela con sus peregrinos, Jerusalén con sus palmeros, y finalmente Roma con los romeros, como gustaba decir al literato italiano Dante Alighieri.

Nuestra Diócesis de Oviedo quiere hacerse romera y peregrinar hasta Roma. No nos convoca la vieja gloria de aquel Imperio que aún deja vestigios en su también vetusta capital, aunque nos asomaremos a lo que allí todavía sigue en pie como testimonio de una cultura a la que también pertenecemos. No es tampoco el esplendor renacentista y barroco con la que Roma fue adornada por aquellos papados mecenas de arte lo que nos mueve a ir allí, aunque podremos también gustar del encanto de callejuelas, plazas, fuentes y edificios que nos trasladarán a otra época que junto a su magia y fulgor tuvo también su exceso y picaresca.

Vamos a Roma en este año de la Fe para visitar el lugar en donde los Apóstoles Pedro y Pablo junto a la primitiva comunidad cristiana dieron el testimonio supremo con el martirio de su vida. Visitar la tumba del Apóstol Pedro, y celebrar allí la santa Misa, recorrer las Basílicas romanas que enmarcan nuestra historia, adentrarnos en las catacumbas donde los cristianos celebraban su fe y daban sepultura a sus difuntos, es un modo de peregrinar que nos hace distintos a cualquier interés simplemente turístico o cultural. Nosotros iremos como peregrinamos los cristianos: abiertos a las sorpresas con las que Dios tenga a bien sorprendernos.

Pero no hacemos este viaje, como tampoco lo están haciendo tantas diócesis de España y del mundo entero, para retrotraernos nostálgicamente a un tiempo y a un espacio que no son ya los nuestros. Nos abriremos con gratitud a esas páginas que escribieron otros cristianos con sus vidas y en sus contextos, pero sobre todo nos interesa poder escribir nuestra historia que tiene el domicilio de nuestra tierra y la fecha de nuestro tiempo. Por eso nos encontraremos con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco, uniéndonos a la vigilia de oración que haremos con las familias del mundo entero en la Plaza de San Pedro el sábado próximo. Igualmente nos uniremos a la Misa que el domingo se celebrará precisamente allí y en la que como Diócesis de Oviedo participaremos.

En esta breve peregrinación como romeros, no queremos volver a Asturias sin haber pasado por un lugar que tiene una importante significación para todos nosotros: Asís, patria chica de San Francisco. Esa ciudad medieval conserva como un tesoro la memoria de un santo que el Señor señaló para siempre como un camino ejemplar, profético, bello para todos los cristianos a través del modelo de santidad de este hijo suyo e hijo de la Iglesia como fue San Francisco de Asís.

Somos peregrinos del Señor, y la tierra hacia la que caminan nuestros pies es la que Él nos ha señalado como meta de nuestros pasos, mientras que abrazamos la vida que tenemos delante para transformar con su ayuda el mundo que tenemos a nuestra vera con sus heridas y sus encantos. Francisco en Roma, Francisco en Asís, y nosotros peregrinos de la gracia que en este camino se nos concede y que ellos siguen testimoniando.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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