sábado, 24 de mayo de 2025

«La Iglesia, refugio de amor y de esperanza». Día de la Iglesia Diocesana 2025

(Iglesia de Asturias) «La Iglesia, refugio de amor y de esperanza» es el título del Día de la Iglesia Diocesana que se celebra este próximo domingo, 25 de mayo. Una jornada en la que volvemos la mirada hacia la Iglesia más cercana, la de nuestras parroquias y templos del barrio, la realidad más concreta y palpable, para ver cómo podemos ayudar, cómo hacer Iglesia todos juntos desde nuestra aportación económica, pero también nuestro tiempo y nuestras cualidades.

En el cartel que se ha distribuido por todas las parroquias asturianas, se ha elegido como ilustración la obra de la pintora estadounidense Sandra G. McKeehan, titulada «Journey». Sobre ella ha escrito una reflexión el Vicario episcopal de Cultura y de Relaciones Institucionales, Jorge Juan Fernández Sangrador, donde explica que la autora «ha tratado de plasmar en su acuarela la soledad del hombre modernos, al que ni el progreso, representado pro los altísimos edificios de una megaurbe, ni la variedad de ofertas religiosas, representadas por las cúpulas de distintas mezquitas, impiden que se halle sumido en una profunda soledad, en la que, por otra parte, se siente único, protagonista, grande, omnipotente. Para él la libertad es estar solo, ir y venir a su antojo, hacia una sociedad sin alma».

«En la pintura –afirma– se aprecian igualmente testimonios de la destrucción causados por esa nueva forma de hacer la guerra que el Papa Francisco ha calificado de «guerra a pedazos», que ha tenido un momento de decisiva importancia en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. La cruz es, en realidad, la del punto cero en Manhattan».

Por ello, Fernández Sangrador afirma que «Es precisamente dirigiéndose a la cruz como el hombre satisface su deseo de encontrar un sentido a su vida desnortada, al individualismo que lo entristece, a la necesidad de estar con otros. En torno a la cruz se origina la humanidad nueva, que nace del costado abierto de Aquel que murió clavado en ella: Cristo. Y ese espacio en el que, a la sombra de la cruz, todos pueden encontrarse, caminar juntos, avanzar hacia el verdadero progreso y experimentar una genuina relación con Dios es la Iglesia, que se hace visible en cada diócesis, parroquia y comunidad cristiana, y es refugio, hogar y santuario del amor verdadero y de una gozosa esperanza».

viernes, 23 de mayo de 2025

Valladolid del 5 al 9 de Junio


Inutilidades pastorales (o casi). Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Inutilidades o casi. Porque lo que todos podemos constatar es que, salvo excepciones del todo excepcionales, a las cosas fundamentales de la Iglesia y de la fe cada vez acude menos gente. Las confesiones en caída libre, asistencia a misa dominical bajando, bautizos y bodas qué les voy a contar. Hasta disminuyen las primeras comuniones, en demasiados casos primeras y últimas.

Cuando pasan estas cosas y constatamos que a lo esencial, la vida de la gracia, es decir, vida de oración y sacramental, cada vez acude menos personal, nos ponemos nerviosos, poco es, debíamos estar en estado de shock, y nos entran las prisas por ver qué podemos hacer para que la gente vuelva. Pastoral de la ocurrencia.

Técnicamente, en tiempos, se hablaba de la necesidad de lo que los pastoralistas de moda llamaban pre evangelización. Esto quería decir que en momentos de gran incredulidad uno no podía ir por la calle anunciando a Jesucristo sin más, porque era perder el tiempo. La pre evangelización consistía en ofrecer vías de aproximación a la Iglesia como podían ser el deporte, el teatro, actividades sociales, encuentros festivos y luego, a partir de ahí, llegaría el anuncio del evangelio. Todos recordamos en nuestras parroquias el cine forum, clubs juveniles, salidas, excursiones, grupos de teatro. Rarísima vez se llegaba al “a partir de ahí".

Faltos no sé si de ilusión, convencimiento o lo que sea, periódicamente volvemos al “a ver qué podemos hacer". Si esto es un problema en las grandes ciudades, imaginen en pueblos mínimos. Servidor ha trabajado infinitamente en ocurrencias diversas, como todos, con el magnífico resultado de unos templos cada vez más vacíos. Al final, ya les digo lo que estoy haciendo:

- Misa y predicación dominical en todos los pueblos, y los días laborables repartiéndome.

- Fomentar el rezo del rosario y la exposición del Santísimo.

- Disponiblidad para confesar.

- Celebrar las fiestas patronales con solemnidad litúrgica y aprovecharlas para animar a le gente, convencido de que para la inmensa mayoría de la gente de estos pueblos la devoción a la Virgen o al Santo, mezcla de fe, tradición y costumbre, es su enganche con lo divino y con la iglesia y que hay que cuidarlo.

- Celebrar los sacramentos y los entierros con dedicación, cuidado, afecto y cercanía.

- Estar atento a enfermos y gente en dificultad.

- Cuidar los templos.

- Y estar en los pueblos.

Otras cosas ni las sé ni me parecen fundamentales.

Vamos a aclararnos. Que una cosa es que en el proceso de evangelización surjan actividades que ayuden a hacer grupo, hacer comunidad, a hacer Iglesia, y otra muy distinta pensar que simples actividades son ya evangelizar.

jueves, 22 de mayo de 2025

Restauración de la imagen del Salvador, en la Catedral

(Iglesia de Asturias) «Entre dos y tres meses», esta ha sido la estimación de tiempo aproximada para los trabajos de restauración de la talla del Salvador de la Catedral, que han comenzado recientemente. Así lo ha manifestado en la mañana del miércoles, 21 de mayo, la persona encargada de los mismos, Jesús Puras, que explicó que, durante este tiempo, tratarán de «recuperar la estética de la época de la imagen, su estratigrafía original y los estratos superpuestos de interés, así como eliminar un repinte que le hicieron en el siglo XIX, que es el que oculta todos los vestigios anteriores».

La imagen del Salvador es «icónica», no solo para la Catedral, sino para la ciudad, tal y como reconoció Jesús Puras. El Salvador es el titular de la Catedral de Oviedo y, como explicó el Deán, Benito Gallego, es «una imagen muy atractiva, desde allí salen los peregrinos para hacer el Camino y queremos que esté reluciente y en buenas condiciones» para el día de su fiesta, el 6 de agosto, día de la Transfiguración del Señor, donde la costumbre es recubrir la talla con laurel, como «signo de triunfo: Cristo muerto y resucitado», recuerda el Deán.

Además de la limpieza y recuperación de la talla, los trabajos de restauración permitirán acotar mejor la época de creación de la imagen, de la que lo único que se tiene certeza es que se trata de una obra anónima, creada entre los siglos XI y XV. También se sabe de ella que fue trasladada a su lugar actual, junto al Altar Mayor, en el siglo XVII, pero se desconoce también cuál fue su paradero previo o para qué hueco fue creada.

Por el momento, los dos trabajadores que van a ocuparse de la imagen del Salvador los próximos meses, están buscando el método más idóneo para realizar la intervención, en la que utilizarán varias técnicas y especialmente intentarán eliminar el repinte que tiene de comienzos del siglo XIX, «de la mejor manera posible y sin dañar los estratos subyacentes», explica Jesús Puras.

Curiosamente y a pesar de su antigüedad y popularidad, la talla del Salvador nunca se había sometido a ningún estudio ni trabajo de restauración. El repinte del siglo XIX antes mencionado fue la última, quitando alguna limpieza puntual y muy superficial que se hizo en el año 89, coincidiendo con la visita del Papa San Juan Pablo II a Asturias, o la que se llevó a cabo sobre los años 40, a cargo del escultor Víctor Hevia, para tratar de subsanar los desperfectos que le provocaron los ataques durante la revolución del 34. De aquel momento aún tiene alguna pieza desaparecida, como la cruz del orbe, que se añadirá en esta intervención.

Estos trabajos de restauración están siendo financiados íntegramente por el Cabildo catedralicio.

Peregrinamos a Covadonga

miércoles, 21 de mayo de 2025

El sacerdote Daniel Palau Valero, nuevo obispo de Lérida

(C.E.E.) La Santa Sede ha hecho público, a las 12.00 horas de hoy, que el papa León XIV ha nombrado obispo de Lérida al sacerdote Daniel Palau Valero, en la actualidad decano de la Facultad de Teología del Ateneo universitario Sant Paciá de Barcelona (FTC-AUSP). Así lo ha comunicado la Nunciatura Apostólica a la Conferencia Episcopal Española.

Desde 2015 era obispo de esta diócesis Mons. Salvador Giménez Valls, que seguirá al frente como administrador apostólico hasta la toma de posesión del nuevo obispo, el próximo 19 de julio.

Decano de la Facultad de Teología de Catalunya desde enero de 2025

Daniel Palau nació el 7 de diciembre de 1972 en Barcelona. Se licenció en Geografía e Historia, en la especialidad de Historia del Arte, por la Universidad de Barcelona en 1995. También hasta ese año estudió música – piano – como alumno libre en el conservatorio de música del Liceo de Barcelona.

En 1996 inició los estudios en el seminario conciliar de Barcelona y fue ordenado sacerdote el 23 de noviembre de 2003. En el año 2006 alcanzó el grado en Filosofía por la Universidad Ramon Llull y en Teología Dogmática por la Facultad de Teología de Catalunya. Es Doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde cursó los estudios de 2008 a 2013.

Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de S. Feliu de Llobregat. Tras su ordenación estuvo siete años de servicio parroquial en sant Antoni Abat de Vilanova i la Geltrú, cinco de ellos como vicario (2003-2008). Tras cursar los estudios en Roma, fue nombrado rector de las parroquias de santa María de La Palma de Cervelló (2013-2015) y de santa María de Corbera de Llobregat, a la que se unió después la parroquia sant Antoni Abat en esta misma localidad. De estas dos últimas, sigue siendo párroco en la actualidad.

Esta labor pastoral la ha compaginado con la docencia en la FTC-AUSP, donde, además de profesor, ha sido jefe del departamento de Teología sistemática de 2019 a 2023. Este último año fue nombrado vicedecano de esta Facultad, de la que es decano desde enero de 2025, responsabilidad que comparte, desde 2024, con la de vicerrector académico del Ateneo universitario Sant Pacià.

También dirige la cátedra de Teología pastoral «arquebisbe Josep Pont i Gol» y, desde 2016, la revista «Quaderns de Pastoral» (2ª época). Es Miembro consejero del Centro de Pastoral Litúrgica desde 2020.

Mons. Salvador Giménez Valls, obispo de Lérida desde 2015

Mons. Giménez Valls nació el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el seminario metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia.

El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lérida y el 20 de septiembre tomó posesión.

En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales.

Audiencia general del Santo Padre León XIV. Miércoles 21 de mayo de 2025

Catequesis - Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. I. La infancia de Jesús. 6.«El sembrador. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas»(Mt 13).

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra darles la bienvenida en mi primera audiencia general. Hoy retomo el ciclo de catequesis jubilares sobre el tema «Jesucristo, nuestra esperanza», iniciado por el Papa Francisco. 

Hoy seguiremos meditando sobre las parábolas de Jesús, que nos ayudan a recuperar la esperanza, porque nos muestran cómo obra Dios en la historia. Hoy me gustaría detenerme en una parábola un poco particular, porque es una especie de introducción a todas las parábolas. Me refiero a la del sembrador (cf. Mt 13,1-17). En cierto sentido, en este relato podemos reconocer la forma de comunicarse de Jesús, que tiene mucho que enseñarnos para el anuncio del Evangelio hoy.

Cada parábola cuenta una historia tomada de la vida cotidiana, pero quiere decirnos algo más, nos remite a un significado más profundo. La parábola suscita en nosotros interrogantes, nos invita a no quedarnos en las apariencias. Ante la historia que se cuenta o la imagen que se me presenta, puedo preguntarme: ¿dónde estoy yo en esta historia? ¿Qué dice esta imagen a mi vida? El término parábola proviene, de hecho, del verbo griego paraballein, que significa lanzar delante. La parábola me lanza delante una palabra que me provoca y me empuja a interrogarme.

La parábola del sembrador habla precisamente de la dinámica de la palabra de Dios y de los efectos que produce. De hecho, cada palabra del Evangelio es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida. Muchas veces Jesús utiliza la imagen de la semilla, con diferentes significados. En el capítulo 13 del Evangelio de Mateo, la parábola del sembrador introduce una serie de otras pequeñas parábolas, algunas de las cuales hablan precisamente de lo que ocurre en el terreno: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza, el tesoro escondido en el campo. ¿Qué es, entonces, este terreno? Es nuestro corazón, pero también es el mundo, la comunidad, la Iglesia. La palabra de Dios, de hecho, fecunda y provoca toda realidad.

Al principio, vemos a Jesús que sale de su casa; una gran multitud se reúne a su alrededor (cf. Mt 13,1). Su palabra fascina y despierta la curiosidad. Entre la gente hay, evidentemente, muchas situaciones diferentes. La palabra de Jesús es para todos, pero actúa en cada uno de manera diferente. Este contexto nos permite comprender mejor el sentido de la parábola.

Un sembrador, bastante original, sale a sembrar, pero no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos. Esta actitud sorprende a los oyentes y los lleva a preguntarse: ¿por qué?

Estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor! La forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Es cierto que el destino de la semilla depende también de la forma en que la acoge el terreno y de la situación en que se encuentra, pero ante todo, con esta parábola, Jesús nos dice que Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y acogedores. Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios.

Al contar cómo la semilla da fruto, Jesús también está hablando de su vida. Jesús es la Palabra, es la Semilla. Y la semilla, para dar fruto, debe morir. Entonces, esta parábola nos dice que Dios está dispuesto a «desperdiciarse» por nosotros y que Jesús está dispuesto a morir para transformar nuestra vida.

Tengo en mente ese hermoso cuadro de Van Gogh: El sembrador al atardecer. Esa imagen del sembrador bajo el sol abrasador me habla también del esfuerzo del campesino. Y me llama la atención que, detrás del sembrador, Van Gogh haya representado el trigo ya maduro. Me parece una imagen de esperanza: de una forma u otra, la semilla ha dado fruto. No sabemos muy bien cómo, pero es así. En el centro de la escena, sin embargo, no está el sembrador, que está a un lado, sino que todo el cuadro está dominado por la imagen del sol, tal vez para recordarnos que es Dios quien mueve la historia, aunque a veces nos parezca ausente o lejano. Es el sol que calienta la tierra y hace madurar la semilla.Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué situación de la vida nos alcanza hoy la palabra de Dios? Pidamos al Señor la gracia de acoger siempre esta semilla que es su palabra. Y si nos damos cuenta de que no somos terreno fértil, no nos desanimemos, sino pidámosle que siga trabajando en nosotros para convertirnos en terreno mejor.

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Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Los animo a contemplar con esperanza esta maravillosa imagen del Señor derramando su amor en nuestro corazón. Pidámosle, sin desanimarnos, que sea Él quien lo transforme en tierra fecunda, que da fruto sin que nosotros sepamos cómo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.