(De profesión cura) Esta mañana he celebrado misa en el noviciado de las Hijas de María Inmaculada de Buitrago del Lozoya. Al acabar la celebración, una canción a la Virgen: “Yo cantaré al Señor un himno grande…". Me la sabía de mis tiempos del seminario. En cuaresma seguimos cantando “A ti levantos mis ojos” o “Sálvame Virgen María". Cantos de entrada habituales en muchas parroquias y conocidísimos pueden ser “Vienen con alegría", “Qué alegría cuando me dijeron", “Alrededor de tu mesa"… ¿Sabemos de cuándo son? ¿Y el archifamosísimo y requetecantado “Tú has venido a la orilla"?
Nos decía una vez un conocido experto en música litúrgica de la buena, y además catedrático en el Real Conservatorio de Madrid que uno de los criterios para conocer la buena música es que el pueblo de Dios la hiciera suya y cuanto más universalmente, mejor.
Tampoco importa mucho el idioma. El Tantum ergo o la Salve regina, en latín, claro, se cantan hoy en medio mundo o en el mundo entero. No digamos “Cantemos al amor de los amores” o “Salve, Madre". Los salmos de Manzano o las cosas de Palazón calaron, como hoy, a pesar de todos los pesares, siguen actuales las cosas de Gabarain.
Me pregunto qué nos ha pasado, pero llevamos cincuenta años cantando lo mismo. El pueblo de Dios tiene asimilado su propio cancionero que no falla. Diría más, es que ni se editan nuevos cancioneros.
En un mes, semana santa. Volveremos a lo de siempre: “Un mandamiento nuevo” y “Ubi charitas". “Victoria tú reinarás", “Perdona a tu pueblo” y “Amante Jesús mío". No faltarán “Este es el día en que actuó el Señor” y “Hoy el Señor resucitó". Supongo que en algunos grupos y parroquias algo irán renovando, pero si la gente no hace propios los cantos es que está fallando algo.
Fallan letras no siempre adecuadas, sobran grupos que se escuchan a sí mismos y tenemos el reto de una buena música que, en lugar de entretener, enseñe a rezar y nos introduzca en el Misterio. Así que, a falta de nada mejor, lo de siempre, que es lo que realmente ha calado en el alma del pueblo.

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