domingo, 1 de febrero de 2026

"Bienaventurados vosotros". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Seguimos avanzando en estos comienzos del tiempo litúrgico que llamamos Ordinario, acompasando nuestros pasos con los comienzos de la vida pública del Señor, la cual comenzó con su bautismo. La liturgia de la Palabra de este día nos presenta el retrato de cómo es el corazón de Dios, para que así, nosotros mirando ese modelo, nos esforcemos por llegar a tener un corazón semejante al suyo. Un corazón bienaventurado, pobre, manso, humilde, sencillo, limpio, misericordioso, justo, pacífico... A veces dibujamos en nuestra mente estereotipos de Dios sin estas características; nunca nos acercaremos lo suficiente a tener una idea real de cómo es el Dios de Jesucristo.

En su epístola, San Pablo nos regala una reflexión bellísima: "Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristocratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios". La realidad de la comunidad de Corintio era la de un pequeño resto también, una minoría en una localidad portuaria donde otras religiones eran mayoritarias y con personalidades destacadas. Por eso Pablo hace esta catequesis brillante que tanto bien nos hace hoy que nuestras comunidades parroquiales en España, tanto en zona rural como en ciudades se ven así: pequeñas en número y en fuerzas. El Apóstol nos dice de que Dios ha escogido lo despreciable, lo que no cuenta para anular lo que cuenta. Y así nos habla de la sabiduría de Dios, y de que el que quiera gloriarse, que lo haga en el Señor. Esto nos lleva a la cruz, donde también Dios abajándose hasta lo más profundo fue elevado sobre la tierra, elevándonos también a nosotros con Él.

El profeta Sofonías, por su parte, nos ha preparado ya sobre este concepto de lo pequeño y lo humilde al hablarnos del "resto de Israel". El contexto histórico del momento que vive el autor corresponde al reinado del profeta Josías: años de incertidumbre, crisis, temor al mañana y, al tiempo, esperanza de salvación. Y la clave nos la daba precisamente ese "resto", ese pequeño grupo que siempre se mantuvo fiel a pesar de las adversidades. Y estos no fueron precisamente los poderosos, los distinguidos, los bien situados, sino los últimos, los pobres, los justos...

El evangelio de este domingo, tomado del capítulo 5 de San Mateo, nos regala el conocido como "Sermón de la Montaña" en que Jesús nos propone las Bienaventuranzas; sin duda, el sello identificativo del cristiano. Si el domingo pasado concluía el evangelio afirmando "está cerca el reino de los cielos", hoy el Señor vuelve a incidir en que viene ese reino de Dios para asentarse con estas premisas como cimiento. He aquí la voluntad de su reinado; he aquí la carta magna del evangelio, la predicación más solemne del Señor. Sólo si de verdad hacemos por vivir estas enseñanzas, seríamos capaces de vivir como Dios espera que vivamos... Hay personas no cristianas que también se han quedado maravillados ante esta página del evangelio y han sido capaces de reconocer que las enseñanzas de Jesucristo no dejan indiferente a nadie, siguen teniendo la fuerza de ayer y que de llevarlas a la práctica nuestro mundo éste sería mucho mejor de como lo tenemos. Pero la belleza del evangelio es que empieza ya aquí; sí, pero nuestra meta y misión no es pasarnos la vida únicamente batallando por una justicia social que nadie duda que sea un bien, pero este no es el fin fundamental del cristiano. Nuestra meta y es buscar el reino de Dios y su justicia, no sólo la que nosotros calculamos con nuestras ideas, conceptos y sentencias personales de nubes para abajo, sino como decía un amigo: "más importante es la justicia de nubes para arriba "... Vivir el evangelio, vivir las Bienaventuranzas no puede quedar en meras palabras o en una declaración de intenciones, sino que éstas deben tomar carne en nosotros. El evangelio nunca podrá fructificar sin nuestro compromiso real, testimonial y comprometido.

Tampoco podemos limitar el evangelio a un reduccionismo en que lo aprisionaron algunas corrientes teológicas. Quedarnos en esas visiones puramente "sociales" supone perdernos el verdadero mensaje del Señor, que no podemos limitar a la pobreza de lo únicamente material. El anuncio del reino es escándalo para todos: para los pobres porque se convierten en favoritos, y para los ricos por ser los que necesitan conversión y ser curados de su pobreza. Los ricos de espíritu a veces son pobres en lo material, pero su corazón también puede estar corrompido por el deseo de tener, de poder, de medrar... Aquí la cuestión no estriba una disputa de clases sociales. A Jesús no le preocupan tanto las pobrezas que quedarán aquí, sino las que necesitamos llevar más allá. Si nos quedamos en la dimensión puramente social pero omitimos la teológica-espiritual, nos quedamos en las antípodas de conocer a Jesús y a su evangelio en verdad. Jesucristo no nos dice hoy que esté únicamente en los pobres (que lo está, lógicamente), sino en toda persona de la condición que sea: pobre de espíritu, manso, al que las personas o la vida han maltratado dejándole al borde del camino, con el que se ha cometido injusticia y no ha sido resarcido, o los que trabajan por la paz en medio de tanta violencia. A todos los que seguimos al Señor, Él nos da hoy nos da una palabra de aliento: "Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regociajaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo"... Este es un buen día este para dar gracias incluso por los que nos calumnian, por los que nos insultan o persiguen a los sacerdotes, a los fieles laicos, a las religiosas por nuestra condición. Gracias por estos enemigos por los que estamos llamados a orar y amar y que también son filtro para nuestra perfección en el ser cristiano. Por sus bocas se hace verdad las palabras del Señor en nuestras vidas, y nos sentimos ante sus ataques "Bienaventurados"...

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