(EWTN News/InfoCatólica) En Roma, un grupo de académicos se reunió el 17 de febrero en la Embajada de Alemania ante la Santa Sede para honrar la visión de Joseph Ratzinger sobre Europa y su insistencia —a lo largo de toda su vida— en que el continente no puede sobrevivir si se reduce a un simple engranaje económico y político desligado de sus fundamentos cristianos. La reunión se celebró pocos días después de que cuatro de los obispos más relevantes del continente pidieran a Europa «redescubrir su alma», un eco claro de la tesis que Ratzinger defendió de manera constante.
Benedicto XVI —como teólogo, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y como 265º Papa— sostuvo, según se remarcó, que Europa no se sostiene como mero proyecto de poder o de mercado. Su argumentación, repetida durante décadas, subrayaba que la identidad europea queda vaciada cuando pretende construirse como si Dios fuese un estorbo o una reliquia del pasado.
En ese marco se recordó una intervención considerada decisiva: la conferencia de 2005 en Subiaco, pronunciada por el entonces cardenal Ratzinger el día anterior a la muerte de san Juan Pablo II. Allí advirtió que lo que ofende a personas de otras religiones no es «la mención de Dios» en los documentos fundacionales europeos, sino «el intento de construir la comunidad humana absolutamente sin Dios». Para los participantes, esa frase resume el núcleo del diagnóstico ratzingeriano: un continente que quiere organizar su vida pública prescindiendo de Dios termina debilitando su propia humanidad.
Los ponentes conectaron esa advertencia con un llamamiento reciente. El 13 de febrero, los presidentes de las conferencias episcopales de Francia, Italia, Alemania y Polonia emitieron un mensaje conjunto reclamando que Europa recupere su identidad espiritual en un mundo que describieron como «desgarrado y polarizado». En ese texto, los obispos invocaron a los padres fundadores católicos de la Unión Europea —Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi— y advirtieron que Europa «no puede reducirse a un mercado económico y financiero» sin traicionar la visión que ellos defendieron.
En la conferencia organizada en Roma, Giovanni Maria Vian, historiador y exdirector de L’Osservatore Romano, subrayó la perseverancia de Ratzinger en este punto: «Y nunca se cansó», dijo, al describir su implicación prolongada con la crisis de identidad europea. El acto se organizó en preparación del centenario del nacimiento de Ratzinger, previsto para el 16 de abril de 2027.
El evento llevó por título «Ricordando Benedetto XVI» y sirvió también como presentación en Roma de una exposición dedicada al pontífice fallecido, que se celebrará en el Museo Diocesano de Arte Sacro de la ciudad italiana de Pordenone entre el 21 de febrero y el 12 de abril.
En declaraciones vinculadas al encuentro, Vian destacó el alcance de la labor de Ratzinger en la Iglesia. Señaló como ejemplo que «Uno de los mayores ejemplos fue que el cardenal Ratzinger llevó la antigua Santa Inquisición» —en referencia al organismo hoy conocido como Dicasterio para la Doctrina de la Fe— «como institución romana al mundo entero». Con ello quiso subrayar su impacto dentro y fuera de Europa.
Vian relató además que, tras la renuncia de Benedicto XVI en 2013, visitó al Papa emérito y quedó impresionado por su atención a la realidad. Según dijo, Ratzinger «seguía todo» y se mostraba «curioso y atento» no sólo respecto a la vida eclesial, sino también frente a la política global y al mundo secular.
El padre Mariusz Kuciński, director del Centro de Estudios Ratzinger en Bydgoszcz, Polonia, afirmó que la actualidad del legado de Benedicto se percibe en la cantidad de libros que se reimprimen y en el surgimiento de nuevos institutos en Alemania, Europa y otras regiones del mundo. A su juicio, «Ratzinger verdaderamente luchó una batalla» tanto en el plano intelectual como mediante una «fuerte acción pastoral, para ayudar a Europa a recuperar su naturaleza».
El sacerdote precisó que no se trata de pintar un pasado ideal: «No es que Europa sea perfectamente cristiana, porque nunca lo fue». Sin embargo, insistió en que Ratzinger combatió para que el continente «reclamara sus raíces cristianas». Según explicó, el teólogo bávaro entendía que Europa se construyó sobre tres fundamentos: los Diez Mandamientos, la filosofía griega y el derecho romano. Cuando esas tres bases se separan, «no queda nada», advirtió, recalcando que «el cristianismo ayudó a unirlos a todos».
En esa perspectiva, Kuciński sostuvo que, en medio de la confusión contemporánea, se necesita una guía doctrinal nítida: «En nuestra época difícil, necesitamos una enseñanza clara y concreta» como la que ofreció Benedicto XVI.
El homenaje recordó que la preocupación de Ratzinger por Europa atravesó toda su trayectoria y dio lugar a intervenciones especialmente conocidas, entre ellas su llamada constante a que los católicos sean una «minoría creativa». También se citó su libro de 2004 «Without Roots», coescrito con Marcello Pera, entonces presidente del Senado italiano, donde afirmaba que «Europa no es un continente que pueda comprenderse limpiamente en términos geográficos; más bien es un concepto cultural e histórico».
En esa obra, Ratzinger advertía de un fenómeno interno de Occidente que juzgaba grave: «un odio a sí mismo en el mundo occidental que es extraño y que puede considerarse patológico; sí, Occidente está haciendo un intento loable de estar completamente abierto a comprender valores ajenos, pero ya no se ama a sí mismo». Y añadía una conclusión tajante sobre el futuro europeo: «Para sobrevivir, Europa necesita una nueva —y ciertamente crítica y humilde— aceptación de sí misma, es decir, si quiere sobrevivir».
Finalmente, se volvió a su intervención de Subiaco, donde unió su análisis con «una propuesta a los secularistas». Allí afirmó: «El intento, llevado al extremo, de gestionar los asuntos humanos despreciando completamente a Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, al aislamiento cada vez mayor del hombre respecto de la realidad». Y llamó a Europa —y a Occidente en general— a invertir el axioma de la Ilustración: «Incluso quien no logra encontrar el camino de aceptar a Dios, debería, sin embargo, buscar vivir y dirigir su vida ‘veluti si Deus daretur’, como si Dios existiera».

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