(De profesión cura) Bienvenidos al tiempo de cuaresma. Espero que todos tengan claras las prácticas penitenciales cuaresmales, en qué consisten y a quién obligan. Por si acaso, ahí va un resumen:
Abstinencia: Prohíbe comer carne (mamíferos y aves) los viernes de cuaresma, especialmente miércoles de ceniza y viernes santo, desde los 14 años en adelante.
Ayuno: Consiste en hacer una sola comida completa y dos más pequeñas que, sumadas, no igualen la comida fuerte. Se aplica el miércoles de ceniza y viernes zanto para personas entre 18 y 59 años.
Y ahora viene la casuística de cada año, exactamente la misma de toda la vida, porque hasta en las pegas hemos dejado de ser originales:
Si no como albóndigas y como langosta vaya penitencia.
Me encanta el pescado, así que la cuaresma para mí es una fuente de alegría y buen comer.
Para mí sacrificio sería justo dejar de comer pescado los viernes.
Qué más dará la abstinencia el viernes o el sábado.
Tampoco creo que a Dios le importe mucho si me desayuno en viernes un bocadillo de mortadela.
Mejor sería ayunar de otras cosas.
Seguro que mis amabilísimos lectores podrían aportar mil casos más. Somos expertos. No me voy a molestar en quitarles la razón. Pero sí en aportar algunas cosas:
PRIMERA. Que la clave de todo se llama obediencia y humildad. Por tanto, si en el cuarto mandamiento de la Iglesia leo “ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la santa madre Iglesia", ya está todo dicho. Se acepta y se cumple simplemente por obediencia. Quizá sea este, y sin quizá, el mayor sacrificio.
SEGUNDA. Mayorcitos somos todos para cumplir con sentido común entendiendo la raíz del mandato. Déjense de bobadas con que si la langosta. Eso lo entiende cualquiera si quiere.
TERCERA. Ayuno y abstinencia son prácticas para toda la Iglesia. Universales. Vamos a cumplir aunque sea solo en afras de sentirnos comunidad más allá de sinodalidades varias.
CUARTA. La cuaresma nos pide, además del ayuno y la abstinencia, perseverar en la oración y dar limosna a los pobres. También eso.
RESUMO. Nuestro mayor pecado, desde el paraíso terrenal, es el orgullo. Todo lo que sea doblegar el yo es avanzar en el proceso de conversión personal de cada uno. Toca agachar la cabeza, aguantarse y cumplir el ayuno y la abstinencia como se nos manda y simplemente por eso.

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