sábado, 14 de febrero de 2026

"¿Está llena la barca?". Por Ramón Alonso Nieda

Entre el 39 y el 45, Suiza estaba rodeada por la Alemania nazi, por la Italia fascista, por Austria y la Francia de Vichy, ocupadas por Hitler. Los judíos buscaban refugio en los cantones fronterizos huyendo de la deportación y el exterminio. En ese contexto, el ministro de Justicia helvético dejó caer, en el 42, esta frase que era una sentencia: "La barca está llena". Suiza no podía acoger a más judíos y les cerraba la frontera con la falacia legal de excluir del "derecho de asilo" la persecución racial.

Frente a África, ocupada por el hambre y la miseria que también matan, Europa es la Suiza de la prosperidad. ¿Está llena la barca? "Francia no puede acoger toda la miseria del mundo". Michel Rocard, primer ministro de François Miterrand, suscitó la polémica con esa frase en el 89. Desde entonces, políticos de izquierda y de derecha la retoman como un estribillo en el tema, siempre recurrente por irresuelto, de la emigración (el último, Macron, en el 23, en eco al Papa Francisco).

La polémica zarandea ahora al arzobispo de Oviedo por una frase simétrica a la de Rocard: «Los inmigrantes tienen nuestra acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? Todos no caben". Cómo que no caben, monseñor, si ya están cabiendo. "Ab esse ad posse valet illatio": si ya están aquí, será que cupieron. A primera vista, solo ventajas se pueden seguir de que lo legal asuma lo real. A primera vista, pues, vista más de cerca, la emigración se perfila como "una gaita de muchos furacos" que habría que tratar "con medidas sensatas, no populistas ni demagógicas".

A ver si, más allá de la polémica, el Arzobispo va a tener más razón que un santo al reivindicar que el corazón caliente sea compatible con la cabeza fría. Algo que los progres no están programados para entender, que un obispo, como cualquier hijo de vecino, pueda tener más razón que un santo. Poner a caldo a la jerarquía es un deporte olímpico entre los curas y las feligresías movilizadas (a lo mejor les baja el colesterol). El mismo cardenal Lustiger, arzobispo de París, hombre de inmenso prestigio, se vio envuelto en polémica cuando, en los 90, decidió poner límite a la ocupación de iglesias por los "sans papiers".

Cristianos que se autodenominan "de base", y otras franquicias homologables, quieren convencernos de que, votando a la izquierda, acercamos el Reino de los cielos. El que suscribe piensa, al contrario, que el voto de izquierda apuntala esa obscena factoría de millonarios que es el partido o partida de Sánchez. Con Zapatero y José Blanco de albaceas, genuinos ejemplares del "Homo rapax" que horada su madriguera en cualquier dictadura que no ponga tope al botín. Me encantaría estar equivocado. Pues que alguien me presente a uno de esos cristianos de pata negra que me desengañe. El sentido hipercrítico de esa buena gente con la nomenclatura eclesiástica contrasta con su docilidad pecuaria frente al poder civil: ninguno se pregunta por las segundas intenciones del Presidente con la regularización masiva.

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