lunes, 25 de enero de 2016

El Papa beatificará a 4 alleranos asesinados en la Guerra Civil


El cura Jenaro Fueyo, los mineros Segundo Alonso e Isidro Fernández y el joven Antonio González murieron en 1936

Oviedo, Eduardo GARCÍA 

Los ritmos de la Iglesia son lentos, pero casi siempre seguros. Cuando en el año 2000 Roma puso plazos (largos) al proceso de beatificación de cuatro asturianos asesinados en 1936 por su defensa de la fe, su promotor asturiano, el párroco emérito de San Nicolás de Bari, Ángel Garralda, llegó a la conclusión de que no iba a vivir para contarlo. Se hablaba entonces de no menos de diez o doce años.

Fueron 15, para ser exactos. El Papa Francisco firmó ayer el decreto de reconocimiento del martirio del sacerdote Jenaro Fueyo, de los mineros Segundo Alonso e Isidro Fernández (trabajaban en la Hullera Española, empresa del marqués de Comillas) y de Antonio González, estudiante de Magisterio. Eran alleranos, formaban parte del grupo local de la Adoración Nocturna y acabaron siendo víctimas de la locura de odio durante la Guerra Civil.

El decreto de reconocimiento papal es el último requisito para la proclamación de beatos, tras el informe del prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal italiano Angelo Amato.

La historia del sacerdote Jenaro Fueyo es conocida desde que el propio Garralda la incluyó en 1976 en su libro sobre las persecuciones a curas en Asturias. Fueyo era párroco de la iglesia de Nembra. Tenía ya 72 años cuando estalló la guerra. Los dos mineros tenían 48 y 33 años. El joven Antonio González estudiaba en la Escuela Normal, en Oviedo, y tenía 24 años. Lo mataron en un paraje entre Lada y Mieres y dejaron su cuerpo en una bocamina abandonada.

Cuenta Ángel Garralda que sus asesinos "le querían obligar a que blasfemase". No lo hizo y al parecer le cortaron la lengua antes de matarle.

Los otros tres cuerpos fueron enterrados en la misma iglesia de Nembra, que la guerra se llevó por delante y que fue una de las primeras en Asturias en ser reconstruidas tras el final de la contienda, en 1939.

Ángel Garralda, según contaba a LA NUEVA ESPAÑA en un reportaje sobre "los mártires de Nembra" en el pasado mes de mayo, se encargó de llevar personalmente a Roma, por orden del entonces arzobispo Gabino Díaz Merchán, el resultado del proceso llevado a cabo en Asturias. Era el año 2000. Toda la documentación fue entregada en la vaticana Congregación de los Santos. El relator general de las Causas de los Santos, el sacerdote español José Luis Gutiérrez, fue el destinatario del trabajo. Gutiérrez fue también relator de la causa de beatificación del arquitecto catalán Antonio Gaudí.

Se abre ahora un nuevo plazo, pero la rúbrica del Papa Francisco acorta los tiempos. La decisión está tomada.

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