(Iglesia de Asturias) «Un solo espíritu, una sola esperanza» es el lema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que dará comienzo este domingo, 18 de enero y se prolongará hasta el día 25 y al que se une nuestra iglesia diocesana con todas sus parroquias. Este año, la Iglesia Apostólica Armenia ha sido la encargada de preparar los textos oracionales y de meditación de este Octavario, que se pueden encontrar en la página web de la Conferencia Episcopal. En su mensaje, los Obispos de la Subcomisión episcopal para las relaciones interconfesionales y el diálogo religioso han mostrado su satisfacción por los «diversos encuentros ecuménicos que hemos podido celebrar a lo largo del año 2025 conmemorando el 1700 aniversario de la profesión del credo de Nicea. Proclamar juntos la misma fe cristianos de distintas confesiones ha sido un gran signo de esperanza en medio de un mundo que no deja de caer en polarizaciones que obstaculizan la reconciliación».
También describen la Iglesia en Armenia, de la que recuerdan que, «tras la conversión del rey Tiridates III, fue el primer pueblo en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301, antes incluso de que el Imperio romano lo abrazara». Aún así, desde sus comienzos hasta nuestros días, «los cristianos armenios han experimentado la persecución, como ocurrió en 1915 al sufrir un auténtico genocidio que volvió a regar con la sangre esperanzadora de los mártires el campo de la Iglesia. En la actualidad, la Iglesia apostólica armenia aporta su rica tradición a las relaciones interconfesionales haciendo de puente entre ortodoxos y católicos, y abre el diálogo a otras confesiones cristianas, así como a otras religiones, especialmente al islam».
En este sentido y recordando la experiencia de la Iglesia en Armenia, los Obispos recuerdan en su mensaje que «la Iglesia está llamada a establecer puentes, como lo ha hecho históricamente la Iglesia apostólica armenia, entre mundos fracturados y polarizados», porque afirman, «unos y otros bebemos de la misma luz, que es Cristo, y respiramos del mismo amor, que es el Espíritu». «Nuestro mundo necesita el consuelo de la paz que otorgó Jesucristo –manifiestan– por eso, sentirnos llamados a esta noble causa de la unidad nos obliga a mirarnos entre nosotros como hermanos y sentirnos involucrados en la vocación a la unidad, para llevar la alegría del cenáculo a los hombres sedientos de paz».

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