lunes, 19 de enero de 2026

Las cuatro últimas Hermanas Terciarias Capuchinas dejan Gijón tras 35 años de entrega el Albergue Covadonga

(El Comercio) La hermana María Jesús no le salían las palabras. «Perdonadme que no diga nada, pero no podría expresar lo que siento. Simplemente, gracias a todos», se limitó a articular. Ella y sus compañeras Anuncia, María Tomasa y Maribel –esta última ausente en el acto–, son las últimas religiosas terciarias capuchinas que aún residen en el Albergue Covadonga, en Gijón, que abandonarán en unos días poniendo fin a 35 años de presencia de la comunidad en este equipamiento que contribuyeron a fundar y mantener. Y este domingo recibieron junto a otras hermanas de la misma orden que han pasado por allí en todos estos años –Celsa, Trini, Ana, Soledad, Bozena...– un homenaje impulsado por los voluntarios del albergue.

«Esto no es una despedida, sino un acto de agradecimiento; ni es un adiós definitivo, sino un hasta siempre lleno de cariño y gratitud», señaló en representación del voluntariado Susana Pérez, quien recordó que las religiosas «sois y seréis siempre el alma del Albergue Covadonga». Emocionada como ellas –y como todos los presentes–, les agradeció «habernos enseñado el significado de la entrega sin esperar nada a cambio». Y las definió como «un claro ejemplo de lo que significa ser voluntario, generosas, humildes, serenas, pacientes y agradecidas».

La presidenta de la Fundación Albergue Covadonga, Begoña González, recordó cómo en 1988, «en un barrio en plena reconversión naval, con unos enormes problemas sociales y con una gran necesidad de atención», Tomás Marcos, el jesuita Francisco Herrero y la hermana Covadonga Donate impulsaron la creación de un espacio que permitiera atender los problemas de exclusión social y residencial. «Cuando el alcalde José Manuel Palacio le dio a Tomás Marcos las llaves de un matadero desmantelado y este entró en él, quedó horrorizado al ver un espacio lleno de la maquinaria, restos en las paredes, suciedad... Volvió al Ayuntamiento y dijo: 'Voy a enseñárselo a las hermanas terciarias capuchinas y, si están mínimamente cuerdas, dirán que ahí no se puede hacer un albergue. Solo lo aceptarían si están tan locas como yo'. Y se ve que sí lo estaban, porque le apoyaron en esa labor y lo echaron a andar», relató entre bromas. Se preguntó por ello «¿cómo se despide a quién funda una estructura como esta? El albergue, sus usuarios y Gijón os debe una inmensidad. Cualquier 'gracias' se queda pequeño».

Desde la orden, representada por su superiora provincial, Matilde Mena, señalaron cómo «todas las hermanas que han vivido y servido aquí, las que hoy están y las que han pasado por la comunidad todos estos años, han encontrado en todos vosotros un apoyo constante, una colaboración generosa y una amistad que ha sostenido la misión incluso en los momentos más difíciles». Cada una de las religiosas recibió una placa de metacrilato que llevaba grabada a la virgen de Covadonga, el emblema del Albergue Covadonga y el texto «en agradecimiento a las hermanas terciarias capuchinas por su entrega y dedicación».

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