sábado, 3 de enero de 2026

Christopher Hartley: «La Iglesia se ha dedicado mucho a lo social y ha dejado de anunciar a Cristo»

(Rel.) El misionero no quiso prolongarlo. En cuanto le fue posible, inició una investigación buscando “lo más pobre y terrible” de México para llevar el Evangelio. Finalmente, Sosa Arriaga, obispo de la Diócesis de Tlapa (Guerrero) desde 2013, le encomendó la evangelización de Arroyo Prieto.

Se trata de un lugar sin presencia de la Iglesia, compuesto por más de 160 pueblos que atendió solo desde su llegada en 2023, hasta que su conocido y amigo, el arzobispo Sanz Montes, visitó su misión y envió unos religiosos misioneros que colaboran con la Fundación Misión de la Misericordia.
"Un lugar que no recomendaría a nadie"

“Es una zona terriblemente peligrosa. Los secuestros, asaltos y asesinatos son frecuentes. No es un secreto para nadie, es como está todo México. No hay policía ni fuerzas del orden y no existe más ley que la del más fuerte o la del más violento. Es muy peligroso”, remarca Hartley, que admite que ni él mismo iría de no ser sacerdote.

“No es un sitio que recomendaría a nadie que tenga familia, ni siquiera para ayudar, a menos que sea consciente del riesgo de muerte”, advierte.

En la citada quinta carta desde Sierra Madre, Hartley celebra el aumento de sagrarios donde poder celebrar en su región, desde Arroyo Prieto hasta El Coyul o San Pedro el Viejo. También anuncia puntualmente los avances de su proyecto en marcha, la casa de Joya Real, para el que ya cuentan con 63.000 de los 130.000 euros presupuestados que le permitirán atender a decenas de pueblos y comunidades.

Las urgencias de la misión

El misionero lo describe como un pueblo grande con cientos de niños, con educación preescolar, primaria, secundaria y bachillerato.

“Hay una labor enorme que hacer con los niños y la juventud”, comenta, “gentes perdidas, desorientadas, que no conocen a Jesucristo, terriblemente alcoholizadas, la mayoría no ha recibido los sacramentos… Necesitamos con urgencia más evangelizadores, sacerdotes, religiosas, misioneros laicos que quieran venir a perder la vida por el Reino, por amor a estas gentes que no saben que son amadas hasta la locura”.

Junto con la necesidad de nuevos misioneros, el sacerdote observa un arraigado sincretismo entre la población a él encomendada.

Hartley no exagera al describir el panteón, en el que “lo mismo es el dios de la lluvia que el Corazón de Jesús”, y donde “Jesucristo no es rey de reyes, sino un santo más al que se reza”.

También está la barrera del idioma, ya que la gran parte de la población, de etnia mixteca, no habla nada o casi nada de español, su idioma es el mixteco y solo algunos son capaces de entender español. [NdR: Según el INALI, Instituto Nacional de Lenguas Indígenas de México, el mixteco cuenta con cerca de 500.000 hablantes, ubicados en 23 municipios de Guerrero, 141 de Oaxaca y 8 de Puebla.]

Con todo, agrega, “siempre podemos hacernos entender”, ya sea gracias a traductores jóvenes o a homilías traducidas cada domingo.

La amenaza más grave, que Dios no es amor

Para Hartley, la amenaza más espantosa y la urgencia más acuciante es, sin embargo, que, para la población, la palabra `amor´ no está relacionada a la fe o la religión.

“Dios no es amor. No es que lo nieguen, es que no lo saben. Por eso se ofrecen sacrificios a su dios. Tienen que aplacarle, temerle y pedirle. Incluso usan a Dios pidiéndole que haga daño. No es infrecuente que venga alguien a pedir una misa para que Dios le de a sus enemigos `lo que se merecen´”.
El sacerdote asegura que todo ello, lejos de ser por maldad, es, sobre todo, porque nunca han sido evangelizados.

La pregunta, dice, “no es por qué son así, sino dónde estaba la Iglesia para que esta gente sea así, por qué no se les ha anunciado el Evangelio. Ellos mismos me dicen: `Si todo esto es verdad, porque la Iglesia ha tardado tanto en venir a contarlo´. El dedo nos señala a nosotros. Por supuesto que las estructuras del Estado no están presentes, pero tampoco las de la Iglesia”.

En este sentido, el sacerdote misionero lamenta una acusada contradicción que podría darse en algunos lugares: “No conozco una parroquia de gente rica que no tenga sacerdote, pero aquí, millones de personas esperan que venga alguien”.

Optimizando la evangelización: menos, pero más eficaces

En su caso, no solo pretende tapar dicho vacío, sino que su labor evangelizadora se encuentra en constante definición. En la misma carta, anuncia que algunas de sus modificaciones de cara al próximo año será la de grupos más pequeños de evangelización. En lugar de diez voluntarios que se trasladen de la misión a los pueblos, ahora dos o tres se irán a vivir a las propias casas de los autóctonos.

“Es una cuestión práctica. Se pierde mucho tiempo en ir y venir. Esto se trata de vivir más `en precario´, buscar una habitación, linternas, latas de conserva, un plato y poco más. Viviendo con ellos se les conoce mejor y no se pierde un minuto en ir y venir. Así se da mayor fruto evangelizador y menos gasto”.

Se trata de una práctica que Hartley puede poner en práctica al ser conocedor de la entrega y generosidad de los pueblos a los que evangelizan. “Dan incluso lo que no tienen. Es muy tierno que, cuando se va de dos en dos [voluntarios] es la misma gente la que les da de comer, comparten su comida, sus tortillas, sus frijoles y maíz. Son los pobres los que dan”.

Algo especialmente llamativo si se tiene en cuenta que, como explica Hartley, muchos de los mixtecos “no saben ni lo que es tener”. “Algunos me dicen: `Padre, deme algo´. Al preguntarle qué quieren, le responden: `Lo que quieras. No tengo nada´”.

Las iglesias evangélicas, al alza: los motivos

Preguntado por el fenómeno al alza del protestantismo en Hispanoamérica, admite que también en su región, de las más pobres del país, se asiste al surgimiento de pequeñas iglesias evangélicas. “Donde yo vivo son pequeñas, pero van aumentando”.

Preguntado por los motivos, apunta a la propia “ausencia de la Iglesia católica”, seguido de la corrupción que aprecia en las propias estructuras católicas.

En tercer lugar, dice, “la Iglesia en México, como en muchos países de Hispanoamérica, se ha dedicado mucho a lo social y ha dejado de anunciar a Jesucristo”.

“Los sacerdotes están entretenidos con cuestiones humanitarias como si la Iglesia fuera una ONG. En cambio, estas iglesias [evangélicas] se dedican a hablar de Jesucristo, la Biblia, el amor de Dios y la salvación”, admite.

¿Inculturar el Evangelio o evangelizar la cultura?

El sacerdote contempla como algo irónico el hecho de secundar algunas de las razones que los mismos evangélicos emplean a la hora de hablar de la Iglesia.

Por ejemplo, la de una población alcoholizada 

“La Iglesia no dice nada. Donde yo vivo, la cerveza se almacena dentro de las iglesias. Los protestantes lo critican y los párrocos lo permiten por el mito de la cultura y de respetar sus costumbres. La demagogia está en que se habla de inculturación del Evangelio, pero no se habla de la evangelización de la cultura. ¿Si lo hacemos nosotros, es un vicio, pero si lo hacen ellos, es cultura?”, plantea.

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