martes, 19 de marzo de 2019

San José y el Día del Seminario

(C.E.E.) 1. EL NACIMIENTO DEL DÍA DEL SEMINARIO: LA FIESTA DE SAN JOSÉ Y SU PATROCINIO

El "Día del Seminario" surge en el contexto eclesial de la preocupación por las vocaciones sacerdotales. En España la escasez de vocaciones comenzó a palparse como consecuencia de la revolución de 1868, que provocó el cierre de varios Seminarios y el fuerte descenso en el número de seminaristas. Uno de los pioneros en la preocupación por las vocaciones fue el Beato Manuel Domingo y Sol, entonces un joven sacerdote de Tortosa. El año 1873 estableció una Colegio para seminaristas pobres. El Obispo de Tortosa, D. Benito Vilamitjana, que luego sería Cardenal Arzobispo de Tarragona, determinó que se llamara "Colegio de San José" y regaló para el altar de la capilla de dicho Colegio un devoto cuadro de San José con el Niño Jesús en su regazo. Recordemos que el año 1870 Pío IX, por el Decreto Quemadmodum Deus proclamaba a San José Patrono de la Iglesia Universal y que en 1871 por el documento Inclytum Patriarcham exhortaba a promover su culto en toda la Iglesia y a venerarlo con íntima y afectuosa devoción.

D. Manuel Domingo y Sol recordará agradecido la idea feliz del Obispo: "Un alma grande, un bienhechor insigne, el propio Prelado de la Diócesis, nos señaló con la mano y nos prescribió casi con mandato al Patriarca San José como sombra que nos guareciera y que, en medio de las dificultades, penuria y contradicciones, pusiera a salvo la Obra de nuestras manos. Bendito sea el momento en que nos fue dado tan poderoso Protector. ¡Nuestra esperanza no se vio defraudada!". De hecho todos los Colegios de vocaciones que funde D. Manuel se llamarán "Colegio de San José". Él pone también en marcha la Obra de Fomento y sostenimiento de las vocaciones Eclesiásticas en Tortosa bajo el patrocinio de San José. Este inicio carismático se completaría con la idea de una "Asociación de sacerdotes para el fomento de las vocaciones", que daría lugar a la fundación en 1883 de los "Operarios Diocesanos", que serán popularmente conocidos como "Josefinos"[1].

San Enrique de Ossó, fundador de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, también sacerdote tortosino, ya en el primer número de la "Revista Santa Teresa de Jesús", en 1874, recomendaba la Obra de las Vocaciones eclesiásticas fundada por el Beato Domingo y Sol, amigo personal suyo, y el apoyo al Colegio-Seminario de San José. En otros números anima a implantar la Obra de Vocaciones Eclesiásticas por todas las Diócesis y a ponerla "bajo la especial protección de San José y Santa Teresa de Jesús, porque son dos almas llamadas por Dios a cooperar muy eficazmente con su intercesión al buen éxito de esta empresa, que debe llamar preferentemente la atención de todos los católicos"[2].

Es justamente en el "humus" creado por los Sacerdotes Operarios y a iniciativa de ellos como surge la celebración del "Día del Seminario" y su correspondiente Campaña en cuanto acción diocesana. La idea nace también en Tortosa y vinculada a San José, precisamente el año 1921, que había sido proclamado por Benedicto XV Año jubilar josefino conmemorando el 50 aniversario de la declaración del Patrocinio Universal de la Iglesia[3].

En efecto, el Obispo de Tortosa en una circular de 23 de febrero de 1921 se dirigía a los diocesanos: "Al celebrarse este año las fiestas jubilares del glorioso Patriarca San José, nos parece ocasión oportunísima para que todos acudamos a él con oportunas súplicas, implorando de su poderosa intercesión el remedio de una grande necesidad, que cada día se hace sentir más apremiante y aterradora en nuestra amada Diócesis también, cual es la escasez de clero y de vocaciones eclesiásticas. ¿Y a quién mejor que a San José podríamos acudir para alcanzar su remedio? ¿Quién más poderoso y quién más interesado que este bendito Patriarca de que la Iglesia esté provista de numerosos y buenos sacerdotes, de los cuales él mismo es perfecto modelo? Pero, aparte de esto hay una razón muy principal que nos obliga a poner en manos de San José nuestra presente necesidad, y es que en esta Diócesis más que en otras debemos mirar al glorioso Patriarca como Protector y Abogado especialísimo del fomento de vocaciones eclesiásticas. A nuestra amada Diócesis cabe la gloria de haber sido la primera, no ya solo en España, sino en el extranjero, en iniciar la Obra del Fomento de vocaciones Eclesiásticas bajo el Patrocinio de San José. (…) Nadie de vosotros desconoce la Obra de Mosén Sol: cómo debido al celo de este insigne sacerdote, tenemos en la capital de nuestra Diócesis desde hace 40 años el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José, en el cual han sido educados casi todos los sacerdotes de nuestra Diócesis. Y de esta Obra, que fue luego extendiéndose por España y fuera de ella, así como es San José el Titular, así ha sido hasta ahora su principal Abogado y Protector, y con nuestras oraciones debemos procurar que lo sea también en adelante".

Y continúa exhortando que se pidan vocaciones a San José particularmente en ese año jubilar, para acabar estableciendo: "Que todos los años, a partir del presente, el día de San José, durante el Oficio solemne, se haga en todas las Parroquias de las Diócesis una colecta con destino al Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José; ese día podría llamarse Día de la Obra del Fomento de Vocaciones Eclesiásticas, no tanto por el socorrro y ayuda material con que todos y cada uno de los fieles, confiadamente esperamos, contribuirá dentro de su posibilidad al sostenimiento de una obra tan necesaria e importante, sino y sobre todo por las oraciones que a favor de la misma elevarán al Santo en el día de su Fiesta"[4]. Detrás de esta iniciativa del Obispo de Tortosa están los Operarios, que regentan el Colegio de San José, que soñaban en un Día especial para las vocaciones sacerdotales, lo mismo que ya existía el Día de la Prensa o el Día de las Misiones.

Los Sacerdotes Operarios, con su carisma de la pastoral vocacional y a a la vez josefino, propiciaban en sus Colegios un ambiente favorable a unir a San José con los Seminarios y las vocaciones. En su revista interna "El Correo Josefino", que se editaba en Tortosa, se pueden encontrar abundantes referencias: semejanzas entre el Seminario y la casa de Nazaret, San José como modelo del sacerdote y diversos artículos y poesías dedicadas al Santo[5]. Lo mismo se aprecia a través de la revista "Vocaciones", que empezaron a publicar los Operarios en 1938 desde el Seminario de la Diócesis de Tucumán (Argentina) confiado a ellos. Ya el primer número se abría con un editorial sobre "San José y las vocaciones sacerdotales"[6]. La Hoja, que tuvo una amplia difusión, ofrecía en muchos de sus números una referencia al Santo Patriarca.

La ida de la celebración del "Día del Seminario" fue prendiendo en numerosas Diócesis, juntamente con la implantación de la Obra de Fomento de Vocaciones. A ello contribuyó notablemente el mandato del Papa Pío XI, en carta de 8 de Junio de 1923 al Vicario de Roma, de instituir un Día a favor de las vocaciones sacerdotales, con carácter preceptivo para Roma, a fin de que sirviera de ejemplo para las demás. La fecha que determinaba era un día fijo del mes de Junio, para impetrar vocaciones al Corazón de Jesús[7].

En las Diócesis españolas se comenzó a celebrar en fechas distintas, pero pronto se fueron orientando hacia la fiesta de San José. En ello influyó de modo decisivo el acuerdo que se adoptó en la Semana "Pro Seminario" de 1935 que se celebró en Toledo, organizada por los Operarios. Sobre la fecha el ponente sugería el día de la Ascensión o el que cada Prelado señalara en su Diócesis. Se propusieron varias en debate dentro de la Asamblea, "abundando varios en señalar como día más a propósito el de la festividad del Patriarca San José, 19 de marzo, apoyándose en el patronato de este Santo Patriarca sobre toda la Iglesia Universal y en que él fue el padre putativo del primer sacerdote Cristo Jesús, de cuyo sacerdocio único y eterno participan los sacerdotes de la Nueva Ley. Después de una breve intervención de la Presidencia, es aprobada esta fecha como la más conveniente para la celebración del Día del Seminario"[8]. Los efectos beneficiosos de esta Semana se notarían después de la guerra civil.

2. ETAPA DE IMPLANTACIÓN Y EXPANSIÓN DEL DÍA DEL SEMINARIO:
S. JOSÉ, PROTECTOR Y PROCURADOR DEL SEMINARIO

Tras la guerra, en relación con los Seminarios había dos necesidades urgentes: la primera era suscitar nuevas vocaciones, tras el descenso de seminaristas durante los años de la República y el martirio de más de 4.000 miembros del clero secular; la segunda era recabar medios económicos para el mantenimientos de los seminaristas y para la reconstrucción y habilitación de los Seminarios.

La Campaña nacional "Pro Seminario" de la Acción Católica en el curso 1940-1941 propició que en las Diócesis donde ya estaba establecido el "Día del Seminario", se reforzaran y ampliaran las iniciativas y en aquellas Diócesis donde solo había colectas a favor del Seminario, se organizara propiamente el "Día" con su Campaña. A la vez se fue estableciendo en todas las Diócesis la Obra del Fomento de Vocaciones, sobre todo a partir de 1941, en que Pío XII instituyó la "Obra Pontificia de las vocaciones Eclesiásticas", vinculada a la Sagrada Congregación para la Educación Católica[9]. El hecho es que en la década de los '40 en todas las Diócesis se celebra ya la Campaña del "Día del Seminario".

En cuanto a la fecha, la mayoría de las Diócesis fueron coincidiendo en celebrar el Día del Seminario en la Fiesta de san José, uniéndose al acuerdo que se había adoptado en Toledo en 193510. Sobre la oportunidad de vincular la Jornada con San José, se manifestaba así el semanario Ecclesiaen un editorial de 1943: "Muchos Prelados han fijado en el día de San José el Día del Seminario. La designación es feliz ya que el glorioso Patriarca rigió y sostuvo aquel hogar en que crecía en edad y gracia, preparándose para su apostolado público, el Sumo y Eterno Sacerdote, Cristo"[11].

Los Obispos, en las Pastorales que dirigían a los fieles con esa ocasión, solían destacar la relación de San José con el Seminario. Así en 1941 el Boletín del Obispado de Mondoñedo, según cuenta la crónica de Ecclesia, "luego de evocar el ambiente apacible, amorosamente disciplinado, de la casa de Nazaret, como origen de nuestros Seminarios con Jesús por seminarista y San José como rector, deduce que ninguna obra más grata para el Santo Patriarca que ésta del Seminario, cuyo modelo acabado nos ofreció con su vida de hogar"[12].

Esta vinculación del Día del Seminario con San José estaba en consonancia con la Obra Pontificia de las Vocaciones eclesiásticas, pues las Normas para la aplicación de los Estatutos establecían la solemnidad del Patrocinio de San José como una de las fiestas principales tanto de la Obra Primaria Pontificia como de las filiales de las Diócesis[13].

En estos años hay una referencia especial a la relación entre San José y el sostenimiento económico del Seminario. Así, el Arzobispo de Pamplona, en una Pastoral de 1947, hablando de la necesidad de proveer de medios económicos a las vocaciones, comenta: "Cuando de esto se trata, parece que Dios dice: "Ite ad Ioseph", y esto debe entenderse, primero y principalmente, en su sentido más propio acudiendo al santo Patriarca, que ha sido constituido Patrono de la Iglesia universal y cuida de un modo especial de sus Seminarios; pero también, y como auxiliares e instrumentos del santo, parece que Dios quiere hacer a los Prelados ese honor, para que tengan las inquietudes y trabajos que tenía San José cuando tenía que alimentar al Niño Jesús en los años parejos a los de nuestros seminaristas; y por extensión, al pueblo fiel, que debe alimentar al que otro día ha de darle su alimento espiritual y llevar en sus brazos al que más adelante lo ha de regir: Senex puerum portabat; puer autem senem regebat"[14].

La Hoja "Del Seminario" de Logroño en 1942 comentaba así la relación con San José: "A San José, después de Dios, debe el nuevo Seminario todo lo que es y tiene. Los sacerdotes que vivieron en el antiguo Seminario de esta capital (aquel viejo caserón macizo en verdad por la piedra y los años) recordarán cómo fue S. José el primero que supo de nuestras inquietudes y tentativas primeras para obtener la gracia del Nuevo, entonces sueño e ilusión y hoy realidad viva y palpable. Una miniatura de cartón, símbolo del Seminario deseado, se le puso al gran Patriarca entre las manos, como indicando que a su secreta y oculta, pero eficaz labor, se encomendaba tan necesaria y difícil tarea. Conocíamos a S. José y sabíamos que daría a la empresa término feliz. Nuestras esperanzas no salieron fallidas. En la fiesta del Patrocinio de San José colocaba nuestro Sr. Obispo D. Fidel García la primera piedra del nuevo Seminario (año 1928). En las breves palabras que dirigió a los que asistíamos a la magna ceremonia, dio público testimonio de agradecimiento al excelso Patriarca. Construido el edificio material, S. José no ha cesado de ayudarnos y creemos que seguirá prestándonos su ayuda en la edificación de ese otro edificio espiritual que soñamos, más difícil e importante que el primero: la formación de un clero lo más santo y sabio posible como lo exigen las circunstancias actuales para la reconstrucción religiosa y moral de toda la Diócesis. En esta empresa hemos elegido a San José como abogado nuestro".

3. ETAPA DE UNIFICACIÓN DEL DÍA DEL SEMINARIO:
SAN JOSÉ, MODELO PARA LOS SEMINARISTAS

Esta etapa está vinculada a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española. En 1957 la Comisión creó un Secretariado Permanente, una de cuyas secciones se encargó de la animación de la Obra de Vocaciones. El Secretariado se propuso entre sus principales objetivos prestar ayuda a los Seminarios y Delegaciones Diocesanas de la Obra de Vocaciones en orden a una mejora del material de propaganda empleado. Se pretendía confeccionar materiales que rebasaban las posibilidades económicas y técnicas de muchas Diócesis, y sobre todo, organizar la propaganda de ámbito nacional (gran prensa, televisión, etc.)., pero sin interferir la acción de las Diócesis, sino estando simplemente a su servicio. Y así comenzó a organizar la Campaña desde el año 1962. El Día del Seminario se mantuvo el 19 de Marzo y, con la unificación de la Campaña para toda España, se implantó esa fecha en todas las Diócesis, excepto en las del País
Vasco, que continuaron celebrándolo en la Fiesta de la Inmaculada.

3.1. San José en los materiales de la Campaña del Día del Seminario

En esta etapa última, los lemas propuestos por el Secretariado de la Comisión Episcopal han ido orientando distintos aspectos de la teología del sacerdocio o de la vocación. Los materiales de propaganda o catequéticos distribuidos por todas las Diócesis sirven para desarrollar y difundir esos temas. Entre esos materiales están los guiones litúrgicos para la Misa del Día del Seminario. Dichos guiones, respetando el tiempo litúrgico y las lecturas bíblicas, tratan de sensibilizar a la comunidad cristiana sobre el tema del Seminario. Desde que San José dejó de ser día festivo en varias Comunidades Autónomas, los guiones tenían en cuenta la posibilidad de celebrar el Día del Seminario tanto en la Fiesta de San José como en el domingo más próximo. Y normalmente han venido ofreciendo ideas para la homilía en ambas fechas.

Con relación a San José, en bastantes casos suelen hacer notar algún aspecto de su personalidad que tiene que ver con el tema de la vocación sacerdotal y su formación. Así la mirada a San José en esta etapa no es tanto para poner bajo su protección la ayuda económica, sino para considerarlo como modelo de fe y de cumplimiento de la voluntad de Dios y de colaborador en la educación del primer Sacerdote.

Recogemos algunas sugerencias de los Guiones Litúrgicos. El de 1991, sobre el lema "Id y anunciad el Evangelio", sugería en torno al Evangelio del día (Mt 1,16ss): "José recibe la Palabra de lo alto: la criatura… viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo… que salvará a su pueblo de los pecados. Esta es la Buena Noticia (Evangelio): el anuncio explícito de Jesucristo como Salvador del mundo. El Espíritu Santo es quien actualiza la salvación también para nosotros hoy. Tendremos que redescubrir al Espíritu para que nuestro trabajo apostólico encuentre sentido en Él. La fe y disponibilidad de José señala la actitud espiritual de todo evangelizador".

El lema de 1992 fue "Sacerdotes para la nueva evangelización". En el guión litúrgico se decía: "Por San José y bajo su patrocinio celebramos la fiesta del Día del Seminario. Él hizo de padre y custodio de Jesús, él es padre y custodio de la Iglesia y de las vocaciones sacerdotales. Precisamente él, un padre de familia y trabajador, sencillo y humilde, dichoso y evangelio vivo, con su testimonio de fe, callado pero realmente eficaz. Lo proponemos también como modelo de vida para cada uno de nosotros y de nuestras comunidades, aprendiendo su sed de Dios, su serenidad en la vida, su amor a Santa María y al Hijo de Dios, a quien tuvo que servir como educador. Por eso a él también nos encomendamos cuando encomendamos la educación de los seminaristas, que un día representarán como sacerdotes a Jesucristo en medio de la comunidad y del mundo.

El seguimiento fiel al Señor y la abnegación generosa de sí mismo son condiciones de la nueva evangelización, que vivió San José en su peregrinar junto a María y a Jesucristo. San José fue custodio de Cristo: que sea él el guardián de los que se forman en nuestro Seminario. Él tuvo un corazón puro, una entrega total, una justicia y honestidad como actitud vital, una estrecha relación con Jesucristo y su madre la Virgen María: que también conceda un corazón puro, la misma entrega y honestidad, junto con una relación firme e íntima con el Señor y la Madre, a quienes se preparan para el sacerdocio. San José estuvo al lado del crecimiento de Jesús: que él esté también al lado del crecimiento de la nueva evangelización".

La Campaña de 1997, año en que se iniciaba la preparación del gran Jubileo, llevó por lema: "Apóstoles para el 2000". El guión litúrgico sugería para la homilía de la fiesta de San José: "San José, cumpliendo la voluntad de Dios, testimonia quién es el Salvador. Todas las personas tenemos una vocación y misión que Dios nos encomienda. A San José Dios lo llamó a una misión especial: acoger virginalmente a María y a Jesús, cuidar de ellos y darle nombre al Hijo de Dios: llamarle 'Jesús' = Dios Salvador (el nombre significa la realidad de la persona). José, en medio de sus dudas y dificultades, fue fiel a la misión confiada. Es un ejemplo para todos nosotros y para los seminaristas. Los sacerdotes tienen la misión de anunciar al único Salvador y acercar a las personas a Él. Hoy hacen falta personas que, como San José, muestren al hombre contemporáneo, necesitado de salvación, dónde está su verdadero Salvador".

En 1998, año dedicado al Espíritu Santo, el Día del Seminario llevó como lema: "Hombres del Espíritu". En el guión litúrgico la referencia a San José aludía a esa aspecto: "San José descubrió el misterio de Jesús, nacido por obra del Espíritu Santo (cf. Mt 1,16-21). En el Evangelio hemos leído cómo Dios revela a San José que el hijo que espera María es obra del Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo es la Persona-Amor de la Trinidad, la encarnación es la manifestación suprema del amor de Dios al hombre. San José colaboró en la obra del Espíritu Santo, ayudando al Niño Jesús en su maduración y crecimiento en edad, sabiduría y gracia".

El lema de 1999 fue: "Los sacerdotes, un regalo de Dios". También el guión litúrgico ponía a San José en relación con este lema: "La concepción virginal de Jesús en el seno de María resalta el aspecto de regalo de la encarnación. Jesús nace sin intervención de varón, por pura gracia de Dios y obra del Espíritu Santo. El Señor ayuda a San José a descubrir este misterio y le encomienda la misión paternal de darle nombre y cuidarlo. El nombre que le da -Jesús- significa "Dios salva" y manifiesta de nuevo en qué consiste ese regalo de la misericordia de Dios: salvará a su pueblo de sus pecados".

El guión litúrgico de 2001, sobre el lema "El Seminario, corazón de la Diócesis", sugería varios aspectos en los que San José es ejemplo: "Abraham y San José son dos hombres de fe. Tuvieron que superar dificultades y oscuridades. No todo lo que Dios puso en su camino lo comprendieron, pero se fiaron de Él. Son buen modelo para nosotros. En la visita al Templo (2º Evangelio), cuando Jesús tenía doce años les descubre a María y a José su vocación: ocuparse de las cosas del Padre. María y José serán fieles instrumentos para ayudar al Hijo de Dios a cumplir su misión mesiánica. El Día del seminario nos invita a plantearnos qué colaboración nos pide Dios a cada uno en apoyo de los que elige como sacerdotes y continuadores en la historia de la misión de su Hijo. Estamos en tiempos difíciles para estas vocaciones. Por eso hace falta más fe y más empeño. El Seminario, como el hogar de Nazaret, cuida a los futuros sacerdotes".

Consiguientemente, estos guiones que se han distribuido por casi todas las Parroquias de España, han podido ayudar a presentar y difundir algunas facetas de la personalidad y vocación de San José que muestran cierta originalidad y que conectan con un tema de tanta importancia pastoral como es el desarrollo y formación de las vocaciones sacerdotales.

3.2. San José en las Pastorales de los Obispos ante el Día del Seminario

La mayoría de los Obispos con ocasión del Día del Seminario suelen escribir una Carta Pastoral o Mensaje a la Diócesis o tienen una Misa especial. Al ir vinculado el Día con la fiesta de San José, casi siempre hacen alusión al Santo y a su intercesión. En algunos casos le han dedicado algunos párrafos más amplios. Espigamos algunos.

El Obispo de Córdoba, D. Manuel Fernández Conde, en la homilía de la fiesta de San José de 1965 decía: "En esta fecha celebramos -junto con la festividad del Santo Patriarca- una solemnidad eclesial. Desde aquel hogar de José el carpintero entroncamos con otro hogar -el Seminario- encantador también, que tiene la misma finalidad. Si allí se formó aquel a quien José, por mandato del ángel, puso el nombre de Jesús, porque él salvaría a su pueblo de sus pecados; aquí se forman los ministros de este Redentor puestos para continuar su misma misión. Éste es y no otro el objetivo fundamental del "Día del Seminario": conseguir que el concepto, el fin, la trascendencia del sacerdocio y de este colegio eclesiástico penetren en la mentalidad y en el corazón de todos los fieles. ¿No será San José el mejor abogado
de esta magna empresa?"[15].

En 1971 D. Marcelo González, Arzobispo de Barcelona, en la Carta Pastoral para el Día del Seminario decía: "No puedo limitarme a una llamada a la cooperación económica. Se necesita algo más. La obra de las vocaciones es eminentemente sobrenatural. Sería un oportunismo carente de sinceridad y de valor religioso celebrar esta jornada del Seminario el día de la festividad de San José y no reflexionar sobre lo que debe ser nuestra respuesta a la voz de Dios que nos invita a seguirle. Si los sacerdotes y los seminaristas no son capaces de ver el sentido de nuestro servicio a la Iglesia con la humildad, fe y obediencia de que nos da ejemplo el Patriarca San José, es mejor no importunemos al pueblo cristiano con nuestras peticiones.

La Biblia nos da lecciones permanentes, pero no tenemos el derecho de seleccionarlas según nuestros gustos. San José es un modelo vivo para todos nosotros porque supo vencer dificultades en silencio, porque oró, porque obedeció a Dios y siguió el camino que le fue señalado. Deberíamos meditar más en él nosotros los sacerdotes y los alumnos del Seminario, las familias y el pueblo cristiano. Deberíamos hacer más de lo que hacemos para romper estos círculos viciosos que nos ahogan. Deberíamos hacer un esfuerzo supremo por liberarnos de tanta complicación y tanta crítica y, unidos todos como una familia, como la familia de Nazaret, seguir más sencillamente los caminos que Dios nos traza por medio del Magisterio de la Iglesia, por medio del Papa, y lanzarnos a trabajar denodadamente entre los niños y los jóvenes para despertar su posible vocación…"[16].

Ese mismo año el Arzobispo de Burgos D. Segundo García Sierra ponía de relieve la consonancia entre San José y el Seminario: "Para celebrar el Día del Seminario se reservó el día 19 de marzo, fiesta de San José. Recordamos con indecible gozo el día en que el Papa Juan XXIII nos habló de San José como Patrono del Concilio: mención y encomienda que Pablo VI reiteraba, indicando a todos los fieles el valimiento del Santo Patriarca en la marcha de la Iglesia. Permítasenos a nosotros implorar el patrocinio del Santo sobre la Iglesia Universal en esta fecha. ¿Hay algo más íntimo y decisivo en el edificar la Iglesia, en el espacio y en el tiempo, que el Sacerdocio?"[17].

En línea parecida argumentaba el mismo año D. Ireneo García, Obispo de Albacete: "El Día del Seminario es día de oración en primer lugar. Necesitamos más que nunca contar con la ayuda del Señor. Él es quien ha de dar el crecimiento y la fructificación de todos estos planes. Él es quien llama al sacerdocio y nos manda que pidamos al dueño de la mies que envíe operarios a su mies. Por eso la Jornada está patrocinada por San José. En la Santa Misa, en la predicación, en la oración de los fieles, encomendemos al Señor nuestro Seminario, nuestros futuros sacerdotes. Pongamos en San José la misma confianza que nuestra Doctora Santa Teresa: 'Tengo experiencia que socorre en todas las necesidades y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra (primer 'seminario' de Nazaret), así en el cielo hace cuanto le pide'"[18].

En 1973 D. Antonio Briva, Obispo de Astorga, veía la relación entre San José y el Seminario por su actitud vocacional: "Se aproxima el Día del Seminario, vinculado tradicionalmente en nuestra diócesis a la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y padre nutricio de Jesús. San José, actor tan importante como silencioso en la historia de la salvación, ha sido venerado por el pueblo cristiano con el apelativo bíblico de 'varón justo', pendiente de los designios de Dios sobre él. Dios ciertamente irrumpió en su biografía y por medio de signos y manifestaciones de su voluntad le condujo hasta la ribera de una plenitud desbordante de fecundidad sobrenatural. Por esto es el siervo bueno y fiel, que influyó en la realización de la historia de la salvación, por su entrega sencilla e incondicional a la obra de Dios, aunque tuviera que atravesar, estremecido, las nieblas oscuras de acontecimientos interpretados válidamente sólo por la fe.

Esta idiosincrasia de la santidad de San José está en la base de su proclamación de Patrono de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX y movió al Sumo Pontífice Pío XII a poner bajo su patrocinio la Obra Pontificia de las Vocaciones Sacerdotales.

Con densa unción, la oración litúrgica de la fiesta de San José, recoge la base teológica de estas decisiones pontificias: 'Dios todopoderoso confió a la fiel custodia de San José los primeros misterios de la salvación de los hombres y a su intercesión sigue encomendado que la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a su plenitud en su misión salvadora'. Esta actitud del santo nos ofrece siempre el único observatorio válido para otear el panorama vocacional de la Iglesia universal y de nuestra Iglesia particular de Astorga"[19].

En años más recientes siguen los Obispos hablando de San José y su relación con el Seminario. D. Julián Blázquez, siendo Obispo de Ávila se expresaba así en 1992, año en que el lema de la Campaña era "Sacerdotes para la nueva Evangelización": "El Día del Seminario tiene ya una historia prolongada en nuestra diócesis, como en todas las diócesis españolas. Su vinculación a la fiesta de San José nos lleva a comparar al Seminario con el hogar del Santo en Nazaret. Allí crecía Jesús en edad, en gracia y en sabiduría, bajo la mirada y la protección de José, en la espera prolongada de su hora de predicar el Reino de Dios. En el Seminario se preparan quienes en nombre de Cristo deberán continuar la oferta del Evangelio a los hombres de hoy"[20].

D. Antonio Ceballos, obispo de Ciudad Rodrigo, en 1992 proponía a San José como modelo de educadores para el Seminario: "José, pobre y humilde, se entrega y se pierde en su misión: Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados(Lc 2,48). José es humilde en su tarea educadora. No es autosuficiente. Él, en su vida de custodio y educador, no hace de protagonista, sino de colaborador. Aparece siempre en la sombra. No es el hombre que habla, sino el que escucha mucho, el que ama mucho, el que vigila, el que protege. Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados (Lc 4,48). Él espera recibir los dones de Dios. Es un pobre instrumento en las manos de Dios. Dios hace maravillas con José como educador. Él lleva al niño Jesús de la mano o le sostiene en sus brazos o le mira, aunque no comprenda por qué se ha portado así con María y con él. José, pobre y humilde, se entrega y se pierde en su misión. José se entrega y se pierde en su humilde magisterio"[21].

El Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, D. Ramón Búa, con ocasión del Día del Seminario de 1995 escribe una original carta titulada "La vara de San José", con la preocupación por la escasez de vocaciones: "Cuando yo era seminarista en el Colegio Español de 'San José', al llegar el 19 de Marzo se decía, no sin cierto convencionalismo solemne, que en la fiesta del Santo Patrono 'florecía la vara de San José'. En algún momento de la celebración profana de la fiesta (normalmente al final de la comida del día), el Rector debía pronunciar la ritual frase alusiva al florecimiento de la vara o el bastón de San José, so pena de que la fiesta quedase incompleta o desvirtuada por la falta de la magia de la frase esencial. El florecimiento de la vara de San José hacía referencia a la ordenación sacerdotal que recibían ese día los seminaristas del último año de estudios teológicos. Yo también florecí el 19 de Marzo de 1961. Florecí como sacerdote en la vara de san José del Colegio Español de Roma.

En la actualidad la vara de San José apenas florece. Apenas tiene brotes vocacionales. Al ver muchos Seminarios cerrados y algunos semivacíos como el nuestro, nos parece contemplar a San José con su vara sin flores. Triste debe estar nuestro patrono. Sin especiales ánimos para hacer o recibir fiesta. Pues la fiesta de San José no es su fiesta si no es la fiesta del Seminario y de las vocaciones al sacerdocio. Nuestros Seminarios tampoco están para grandes fiestas, puesto que las casas vacías carecen de la luz y del calor necesarios para la fiesta.

Sin embargo, aun en las familias pequeñas y pobres, que viven la sencillez y la esperanza, se pueden celebrar con inefable gozo los grandes días de fiesta. Quizás desde la humildad se posean unos mayores quilates de autenticidad, que suelen faltar en la superficialidad y el triunfalismo que siempre amenazan en la bonanza y en la riqueza. Pienso que la humildad y la eficacia oculta de la autenticidad de San José pueden hacerle, ahora más que nunca, patrono de nuestros Seminarios, que hoy de nada tienen que presumir en una sociedad y una cultura hipersensible a las magnitudes superficiales y espectaculares.

Al mismo tiempo, la fiesta de San José y Día del Seminario debe ser ocasión para el examen de conciencia de todos los que formamos la Iglesia. La falta de brotes y flores en la vara de San José ¿no será debido a que hemos abandonado el cuidado de esta planta-vara vocacional de San José que es la familia, la catequesis parroquial y la escuela como 'primeros seminarios'? Si el Seminario está semivacío y en los próximos años van a florecer cada vez menos sacerdotes en la vara de San José, quiere decir que la sequía que agota el jardín vocacional ha empezado en la familia, la parroquia, la escuela, los movimientos apostólicos y de espiritualidad.

Pidamos al Señor, con esperanza y por intercesión de San José, que aumente las vocaciones sacerdotales en nuestra diócesis y en toda la Iglesia. Que nuestra oración a Dios sea, sin embargo 'con el mazo dando' y no sólo rogando. Las vocaciones hay que pedirlas al Dueño de la mies, pero también hay que trabajarlas. Un jardín, como la vara de San José, no florece si no se cultiva y riega con esfuerzo permanente y vigilante cuidado"[22].

CONCLUSIÓN

El "Día del Seminario" nació vinculado a la fiesta de San José. Así se fue difundiendo a la mayoría de las Diócesis españolas. Cuando el 19 de Marzo ha dejado de ser una fiesta estable desde el punto laboral en diversas Comunidades Autónomas, el Día del Seminario se traslada al domingo más inmediato, pero sigue manteniéndose la referencia a San José.

Según hemos podido apreciar a lo largo de este recorrido, esta vinculación con San José ha sido beneficiosa para el Seminario, porque le ha proporcionado constantemente la referencia educativa del hogar de Nazaret, la actitud de fe y las virtudes de San José como modelo de fidelidad a la vocación y la visión sobrenatural de todo lo referente a la pastoral de las vocaciones.

Y también, creemos, ha resultado beneficiosa para la devoción a San José e incluso para la misma teología josefina. La amplia difusión de la Campaña ha ayudado a difundir la figura de San José como intercesor y protector de la Iglesia y particular cuidador del corazón de la Diócesis, que es el Seminario. Además, a través de la predicación y de las cartas pastorales de los Obispos, se han desarrollado facetas de San José originales en la comprensión de su figura: su actitud vocacional, el cuidado y educación del primer sacerdote, servir de modelo de educadores o ser ejemplo para el anuncio de Jesucristo y hasta para la vida del sacerdote, que ha de cuidar de la comunidad cristiana y hacer crecer a Cristo en ella.

Esta perspectiva josefina del Día del Seminario en el siglo XX hereda y a la vez continúa la rica tradición española de devoción a San José, que encuentra hitos gloriosos en Santa Teresa, en la literatura, la iconografía o la espiritualidad del barroco y en la devoción e instituciones que nacen bajo su amparo en el siglo XIX. Adentrados ya en el siglo XXI, una vez más acude la Iglesia a San José, ahora sobre todo pidiéndole el aumento de las vocaciones. Puesto que su nombre mismo significa "Dios aumente", tenemos en él la garantía de un buen abogado y el indicador de que en las vocaciones, como en toda la pastoral eclesial, la primacía es de Dios y de su gracia.

1 Cf L. RUBIO PARRADO - J. DE ANDRÉS HERNANSANZ - F. MARTÍN HERNÁNDEZ, Sacerdotes Operarios Diocesanos. Aproximación a su historia, Sígueme, Salamanca 1996, esp. p. 55-94.

2 Cf. RT (1874) 301; (1877) 127-128; 156-159; 187-190. Sobre su devoción a San José, cf. sus escritos: Hermandad Josefina: Exposición y Estatutos (1876); El Devoto Josefino (1890): Escritos de Don Enrique de Ossó y Cervelló, I, p. 960-1236.

3 Por el "Motu proprio" Bonum sane de 25 de julio de 1920: AAS 12 (1920) 313.

4 Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Tortosa, (1920) nº 1.

5 Cf. por ejemplo, El Correo Josefino: (1906) 65-66; (1910) 99-103; (1913) 94-96; (1919) 65-71; (1920) 353-355; (1921) 65-103 (nº monográfico); (1930) 75-76; (1932) 68-69; 97- 100.

6 La editorial decía así: "Honramos la primera página de nuestra Hojita con la imagen del glorioso Patriarca Nazareno como signo de amor, de gratitud y de esperanza. De amor porque realmente se lo profesamos; de gratitud por los muchos beneficios que ha hecho en particular a nuestra Obra; y de esperanza porque en él confiamos para las necesidades venideras. La Obra del Fomento de Vocaciones Eclesiásticas nació y vive bajo el patrocinio de San José. Él, que cuidó al primer seminarista, Jesús niño; Él que mereció ser llamado su Padre; Él, custodio de María, la Madre de los sacerdotes; el Protector de la Iglesia, a quien sirven los sacerdotes, es quien protege nuestra Obra, quien excita la caridad en el corazón de los que tienen, quien suscita las vocaciones sacerdotales y quien inspira arbitrios y da fuerza a todos los que en la Obra trabajamos. Por eso no podemos menos de honrarle y glorificarle, pagando así una deuda contraida con él y con nuestros lectores; deuda de agradecimiento que nos pide para el Santo nuestros homenajes y para los lectores el bien que les hagamos excitando su devoción en honor del bendito Patriarca, la cual les traerá innumerables bienes".

7 Cf. AAS 15 (1923) 348-349.

8 Cf. Crónica de la Semana "Pro Seminario" celebrada en Toledo los días 4-10 de noviembre de 1935, Ed. Católica Toledana, Toledo 1938, 397 p.

9 Por ejemplo, en la Diócesis de Madrid se instituye el Secretariado para el Fomento de Vocaciones y se inicia la celebración del "Día del Seminario" el año 1944.

10 Algunas Diócesis, sin embargo lo celebraban en otras fechas: ya hemos mencionado Vitoria, que lo celebra en la fiesta de la Inmaculada, y a partir de 1950 lo harán también en esa fecha Bilbao y San Sebastián, desmembradas de Vitoria. En la fiesta de la Asunción lo celebraban Oviedo, Málaga, Vich, Seo de Urgel, Lérida y Ávila, aunque estas dos últimas también pedían por el Seminario el día de San José. En Pentecostés lo hacían Santiago y Mondoñedo; y a comienzo del curso: Pamplona (domingo siguiente a la Natividad de Ntra. Señora), Valladolid (Septiembre), Burgos (domingo 1º de Octubre). Algunas Diócesis, sin embargo lo celebraban en otras fechas: ya hemos mencionado Vitoria, que lo celebra en la fiesta de la Inmaculada, y a partir de 1950 lo harán también en esa fecha Bilbao y San Sebastián, desmembradas de Vitoria. En la fiesta de la Asunción lo celebraban Oviedo,
Málaga, Vich, Seo de Urgel, Lérida y Ávila, aunque estas dos últimas también pedían por el Seminario el día de San José. En Pentecostés lo hacían Santiago y Mondoñedo; y a comienzo del curso: Pamplona (domingo siguiente a la Natividad de Ntra. Señora), Valladolid (Septiembre), Burgos (domingo 1º de Octubre).

11 Ecclesia, n. 88 (1943) 268.

12 Ecclesia, n. 7 (1941). 26.

13 La fiesta principal de la Obra Pontifica es el Jueves Santo y fiestas especiales son: la solemnidad de la Virgen Reina de los Apóstoles, la de San José, Patrono de la Iglesia Universal (miércoles de la III Semana de Pascua) y la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo: cf. Seminarios n. 13 (1961) 174.

14 Ecclesia, n. 317 (1947) 147.

15 Boletín del Obispado de Córdoba (1965) p 214.

16 Boletín de la Archidiócesis de Barcelona (1971) p.114-115.

17 Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Burgos (1971) p. 97.

18 Boletín del Obiapado Albacete (1971) p. 51.

19 Boletín del Obispado de Astorga (1973) p. 322-323.

20 Boletín de la Diócesis de Ávila (1992) p. 104.

21 Boletín de la Diócesis de Ciudad Rodrigo (1992) p. 285.

22 Boletín del Obispado de Calahorra y La Calzada-Logroño (1995) p. 69-70.


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